Actualizo rapido! :D gracias a todos los que leen y siguen la historia x3 lo aprecio muchisimo

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Domingo

I

Kamimatsu tarareaba feliz una canción que había escuchado de la lista de reproducción del celular de Osoko. Sus manos se movían con facilidad entre las ollas y sartenes casi al mismo tiempo que picaba, sazonaba y salteaba lo que desayunarian ese día, ademas quería darle a Akumatsu una buena impresión de sus habilidades en la cocina, no todos los dias sus hermanos y él tenian visitas que se quedaran a desayunar; El comedor estaba extrañamente en un sepulcral silencio. Tres pares de ojos miraban de distinta manera al joven de sudadera negra que estaba sentado despreocupadamente en la misma mesa que ellos.

Los ojos azules de Karamatsu expresaban curiosidad, no era extraño que varios amigos de su hermano mayor lo visitaran con frecuencia, sobre todo Osoko, pero lo que sí era raro era que se quedaran a dormir con su hermano como lo había hecho aquel extraño con cara de psicopata pero Karamatsu se obligó a no pensar mal ni juzgar apresuradamente, para él todas las personas tenían algo bueno dentro de sus corazones, es lo que Kamimatsu siempre solía decirles y si su hermano confiaba en aquel tipo lo suficiente como para dormir con él en la misma cama entonces no tenía de que preocuparse.

Los ojos verdes de Choromatsu escaneaban con recelo de arriba abajo al, según él, intruso que se encontraba en su comedor, Choromatsu solía ser algo cerrado con las demás personas por lo que siempre prefería mantener una distancia prudente con las visitas que su hermano traía a casa pero a aquel tipo de negro no iba, ni de cerca, a considerarlo como un amigo mas de su hermano mayor, sobre todo por la forma en la que estaba vestido y los gestos que hacía además que aun desconfiaba de las intenciones de aquel sujeto con respecto a su hermano; definitivamente ese tipo no podia ser amigo de su hermano mayor.

Los ojitos dorados de Jyushimatsu, de un ambar mas suave que los de Kamimatsu, brillaban con la usual alegría que los caracterizaba además de no borrar para nada la enorme sonrisa de su rostro. Para él tener mas personas en la casa era sinonimo de más diversión, siempre eran solamente ellos cuatro los fines de semana y entre semana normalmente solo eran Choromatsu y él pues Kamimatsu trabajaba hasta muy tarde y Karamatsu salía despues de ellos con su nuevo horario en la secundaria. Tal vez ese nuevo amigo de su hermano mayor tambien se quedaría a vivir con ellos de ahora en adelante y ahora tendrian más compañía para no sentirse tan solos en el departamento. "¡Jugaremos mucho Baseball!" era el único pensamiento que rondaba la cabecita del pequeño de amarillo.

Akumatsu sentía las miradas de los tres niños pero había decidido ignorarlos, después de todo la primera impresión que les dio no fue precisamente buena, de solo recordar la cara horrorizada del enano de verde al verlo cubierto de sangre de la cabeza a los pies no podía evitar soltar una carcajada. Por suerte Kamimatsu llegó a tiempo para comenzar a servir el desayuno y terminar con aquella ligera tensión que se habia formado entre los niños y el de negro.

– Entonces señor Akumatsu… – comenzó repentinamente el de verde captando la atención de todos – ¿Podemos saber como fue que conociste a nuestro hermano mayor?

– Choromatsu… – Kamimatsu no quería una discusión tan temprano pero al parecer Akumatsu se le adelantó y no precisamente con buenas intenciones.

– Que amargado eres niño ¿Seguro que tienes once años? Yo a tu edad le lanzaba bolas de lodo con gusanos a los autos que pasaban por mi calle, además no me digas señor que tengo la misma edad que tu hermano – sonrió el de negro ante la mueca de enojo del menor. Mentira, a la edad de Choromatsu ya comenzaba sus primeros robos en pequeñas tiendas y ahora, a sus veinticinco años, lo consideraban ya todo un criminal con experiencia – Lo que pasa mis niños es que su hermano es la versión masculina de la Santa Madre Teresa de Calcuta. Resulta que una noche cualquiera yo me encontraba repartiendo los pedidos de la pizzeria en la que trabajo arduamente…

Kamimatsu casi se atraganta con el jugo al escuchar tremenda mentira que Akumatsu le contaba a sus hermanitos. El de negro solo lo miraba con una sonrisa maliciosa… "Y vendran cosas peores" se podía leer en su escarlata mirada, el de blanco tembló de solo imaginar lo que estaba planeando el otro pero por otro lado sus hermanos parecían completamente atentos a la historia del de negro.

– Aquella noche por desgracia había tenido un leve accidente con mi motocicleta por lo cual perdí muchas de las ordenes cuando éstas cayeron al sucio suelo – los tres pares de ojos no parpadeaban con tal de estar atentos a las expresiones que el de negro hacía al contar la historia – Creí por un momento que todo estaba perdido pues mi jefe es tan cruel que las perdidas siempre me las descuenta de mi humilde sueldo. Entonces lo ví, ahí rodeado de esa brillante luz angelical, una aparición de blanco que se acerco a mí en mi desdicha y preguntó con su suave voz de terciopelo "¿Te encuentras bien?"

El de blanco no sabía si reirse, golpear al de negro para que se callara de una buena vez por todas o esconder su cabeza dentro de un hoyo para que nadie notara el enorme sonrojo que adornaba su rostro pero debía darle credito a Akumatsu, él jamas había conseguido tener la atención de sus hermanitos de aquella manera aun y cuando de mas pequeños les leía historias de todo tipo antes de dormir.

– Nuestras miradas se conectaron de una manera cosmicamente especial mientras me ayudaba a recoger la comida tirada y se ofrecía a pagar por ella al ver mi desesperación – continuó haciendo pausas y onomatopeyas para darle mas dramatismo a la historia – Le dije que no era necesario pero su hermano insistió tanto que al final no pude negarme, para compensarlo le propuse ir a tomar un café para conocernos mejor, la verdad es que desde ese día quede prendado de la amabilidad de su hermano y no pude evitar querer estar mas cerca de él… fue así como tuvimos nuestro pequeño Rendez-vous.

– ¡How beautiful, hermano! – Karamatsu se habia puesto a llorar cuando Akumatsu terminó, siempre habia sido el mas sentimental y romantico de sus tres hermanitos. – ¡Es tan bonito que hasta se parece al inicio de esa nueva novela de amor adolescente que comencé a ver hace dos dias! ¡Incluso el protagonista también trabaja como repartidor de pizza! ¡Amazing!

– ¡Es porque es el estupido inicio de esa tonta novela barata! ¡Deja de copiar las historias de la televisión y cuentanos la verdad de como conociste a nuestro hermano! – Choromatsu no podía creer que trataran de engañarlo con esa burda novela barata de amor a primera vista.

– ¡Kamimatsu tiene novio! ¡Kamimatsu tiene novio! – canturreaba Jyushimatsu alegremente haciendo que el de blanco se sonrojara hasta las orejas más de lo que ya estaba si es que eso era posible. – Akumatsu y Kamimatsu sentados bajo un arbol B-E-S-A-N-D-O-S-E…

– Tu sí que me caes bien, enano. – Akumatsu revolvió con cariño los cabellos de Jyushimatsu. – ¿Quieren saber la verdad? Bien, ahí les va. Ser un delincuente es mi oficio, a veces tengo comida en mi mesa y otras más paso hambre, alquilo mi conciencia para las almas que quieran liberarse de culpas que no las dejan dormir, asalto en los caminos a las personas, a veces tengo suerte y puedo levantar a alguna chica despistada que quiera abrirme las piernas, soy un anarquista y siempre busco mi propio beneficio aun si con eso debo destruir a quien se me ponga enfrente. Su hermano y yo nos conocimos cuando él me encontró desangrandome en un sucio y abandonado callejón y me trajo a su departamento, mientras ustedes dormian placidamente, y curó mis heridas.

Los cuatro quedaron con la boca completamente abierta; Kamimatsu rogaba porque la tierra se abriera y se lo tragara para después escupirlo en alguna otra parte del mundo. De improvisto Choromatsu comenzó a reir de manera estruendosa, Karamatsu y Jyushimatsu le siguieron casi a los pocos segundos mientras los mayores los miraban con una enorme expresión de interrogación en el rostro.

– Esta bien señor Akumatsu – habló apenas el de verde recuperandose de ese ataque de risa, el de negro hizo una mueca al volver a ser llamado "señor" – No tiene que avergonzarse en decir que es… ¡Comediante!

– No tiene nada de malo – continuó el de azul también aguantandose las pequeñas carcajadas que querían salir de su boca – It's a good job!

– ¡Cuentenos otro chiste! ¡Cuentenos otro chiste! – Jyushimatsu era el más animado de los tres aunque no era de extrañarse pues el pequeño de amarillo era facilmente impresionable.

– Creo que ya fue suficiente comedia por hoy – cortó Kamimatsu antes que al de negro se le ocurriera decir otra locura frente a sus hermanos – ¿Qué les parece si mejor vamos al parque a jugar Baseball…?

Ni bien terminó de formular la pregunta el de amarillo saltó de su asiento para correr hacia su habitación a preparar sus cosas, Karamatsu y Choromatsu le siguieron preocupados de que, en su emoción, hiciera un desastre en el cuarto que compartían los tres. Cuando los dos quedaron solos Kamimatsu se permitió respirar con tranquilidad.

– Definitivamente esos tres son hermanos tuyos – Akumatsu aun no se lo podía creer ¿Qué tan inocentes podían ser esos cuatro? Jamás había conocido a personas que realmente creyeran que había gente buena en este mundo, peor aun, que le abrieran las puertas de su casa a un completo desconocido con toda la pinta de ser un delincuente.

– Eres de lo peor – le sonrió, no podía enojarse con el de negro pero debía agradecerle a Dios que sus hermanos no se creyeran nada de lo que Akumatsu les dijo por muy cierto que aquello fuera. – ¿Vendrás con nosotros?

– ¿Tu quieres que vaya? – lo miró con esa sonrisa de superioridad que siempre portaba. Kamimatsu se mordió el labio inferior con algo de nerviosismo sin saber que responder realmente.

– ¿No se supone que era de mala educación responder una pregunta con otra? Ademas ya sabes la respuesta – bajó la mirada, no podía enfrentarse a esos rubíes que lo miraban atentamente.

– Quiero oirlo de tus labios – acercó su rostro sin borrar la sonrisa de su rostro, por fuera mantenía esa mascara de hombre seguro de sí mismo pero por dentro sentía que el corazón se le iba a salir del pecho.

– Quiero que vayas… conmigo, con nosotros – susurró quedamente rogando por que el de negro lo hubiera oido a la primera y no tuviera que repetirlo. – Sera divertido, puedo asegurarte que Jyushi ya te tiene en la mira como lanzador.

– Por suerte para ti no tengo nada que hacer hoy – alejó su rostro del de blanco, demaciada cercanía repentina lo estaba mareando. – Y por suerte para el enano tengo una muy buena derecha.

Kamimatsu sonrió de manera tan deslumbrante que Akumatsu no pudo evitar compararlo con el sol.

II

Durante practicamente todo el día se la pasaron en el parque jugando, paseando y haciendo un pequeño e improvisado picnic. Cuando el sol comenzó a ocultarse en el horizonte y dio paso a las primeras sombras de la noche decidieron que era hora de volver a casa. Akumatsu cargaba a un cansado y durmiente Jyushimatsu sobre su espalda mientras unos pasos mas atrás Kamimatsu conversaba con Karamatsu y Choromatsu. Al llegar al departamento Kamimatsu arropó a sus hermanos en sus respectivas camas y cuando se cercioró que los tres estaban profundamente dormidos regresó a la sala en donde encontró a Akumatsu tumbado en el sofá.

– ¿Ya se durmieron? – preguntó sin voltear a ver al de blanco

– Cayeron muertos a penas tocaron sus almohadas – sonrió de solo recordarlo pero pronto su rostro tomó un matiz decaido – ¿Vas a irte?

– Debo hacerlo – se paró dispuesto a irse mirando a los ojos de Kamimatsu por primera vez desde que llegaron al departamento, estaba completamente seguro que nada bueno saldría de todo aquello, sobre todo porque sabía que esa enorme atracción que sentía por el de blanco no era solamente fisica.

– Quedate – se acercó al de negro sujetandolo suavemente por los hombros mientras miraba de manera suplicante a los ojos escarlatas de Akumatsu.

– Solo por esta noche – cedió el de negro esquivando la mirada dorada del otro ¡Malditos ojos que lo hacían ceder tan facil!

Akumatsu mantenía el ceño fruncido mientras se perdía en sus pensamientos, Kamimatsu lo miraba sin perder ningún detalle, siempre tan misterioso pero a la vez tan deslumbrante a su modo que no pudo evitar compararlo con la luna.

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