Gracias por leer! sobre todo a Yunisu Motakano, tus comentarios me animan mucho :'3
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Lunes
I
Akumatsu daba vueltas en la comoda cama mientras roncaba levemente, aun era muy temprano para levantarse pero al no sentir el calido cuerpo de Kamimatsu a su lado se obligó a sí mismo a abrir los ojos. La luz del sol ya resplandecía con fuerza tras las cortinas y el departamento estaba inusualmente silencioso. Con pereza el de negro se estiró en la cama mientras tallaba sus ojos de manera despreocupada, se levantó con algo de dificultad y se encaminó hacia la sala con la esperanza de encontrar a alguien.
Al observar mejor pudo ver una pequeña nota sobre la mesita de estar con la pulcra letra del de blanco.
Aku:
¡Te ves adorable durmiendo! Asi que por esa razón no quise despertarte cuando me fui al trabajo. Karamatsu, Choromatsu y Jyushimatsu ya estan en la escuela asi que si te levantaste tarde es probable que no los veas. Te dejé el desayuno en el horno de microondas, solo tienes que recalentarlo ¡Espero que te guste!
PD: ¿Puedes hacerme un ultimo favor? Choromatsu y Jyushimatsu salen temprano hoy asi que no me dara tiempo de ir por ellos como siempre, por favor ve por ellos, estoy seguro que se pondran contentos de verte (sobre todo Jyushi) No te preocupes por Kara, él ya conoce como regresar solo.
Akumatsu arrojó la nota con un sonrojo en el rostro, ambos parecían un matrimonio. Su estomago rugió exigiendo comida y como había dicho Kamimatsu la comida estaba en el horno; comer solo no era algo nuevo para él, normalmente no compartía mucho tiempo con Osomatsu, pero por alguna razón preferia tener el ruido de los tres pequeños o las platicas tranquilas con Kami antes que solo silencio. Definitivamente se estaba volviendo un blando.
II
Karamatsu entró al salón de clases con una sonrisa, le gustaba ir a la secundaria, aprender nuevas cosas y sobre todo poder tener la oportunidad de hacer nuevos amigos; durante la primaria se juntaba con un pequeño grupo de niños y juntos hacian la tarea o solian ir a comer, ahora en la secundaria se había separado de sus amigos y tuvo que empezar de nuevo solo. La secundaria publica del centro era enorme y recibia muchos estudiantes, los salones en ocaciones se encontraban tan llenos que comenzaron a implementar bancas para dos personas y así aprovechar mejor el espacio.
Karamatsu se sentó en su lugar correspondiente mientras sus demas compañeros entraban al salón, todos parecian tener ya un compañero con el cual sentarse menos él, aun no se lo explicaba del todo pero sentía que desde que llegó todos sus compañeros se empeñaban a alejarse de él, incluso llegó a pensar que se burlaban de él a sus espaldas pero desechó el pensamiento rapidamente, no recordaba haber hecho algo que molestara a sus compañero así que no tenían porque molestarlo. Lo que sí que había conseguido era ser el favorito de los profesores, siempre respondía correctamente las preguntas en clase y entregaba las tareas. Cuando el salón se vio lleno el de azul volteó a ver el lugar vacío a su lado, de nuevo aquel día nadie pensaba sentarse junto a él.
– Buenos dias alumnos – entró el profesor, un amable señor que ya debería estar jubilado en lugar de tener que aguantar todo un cuarto lleno de pre adolescentes malcriados – hoy se unirá a nosotros un nuevo compañero asi que espero le den una calida bienvenida, pasa Osomatsu.
Un muchacho, que obviamente parecía mayor que cualquiera de los alumnos de ese salón, entró por la pequeña puerta con cara de pocos amigos. Los cuchicheos no tardaron en escucharse por todo el salón mientras el joven de rojo comenzaba a buscar con la mirada un asiento disponible. Karamatsu sintió un estremecimiento de pies a cabeza al sentir como su mirada azul se conectaba con la roja del chico, el mayor le sonrió con burla mientras se acercaba hacia donde estaba sin romper el contacto visual.
– ¿Puedo sentarme? – el tono burlon y la sonrisa coqueta con la que habló hizo que el menor se sonrojara mientras bajaba la mirada asintiendo un par de veces con la cabeza.
– ¿Ya viste? El nuevo se sentó al lado de la basura – Osomatsu escuchó perfectamente el comentario y estaba seguro que el menor a su lado tambien lo había hecho pero seguía haciendose de oidos sordos.
– ¡Iugh! Par de raritos – los comentarios seguian mientras el profesor daba la clase – mira nada mas las pintas que trae, seguro salió de una correccional de menores
– ¿Eh? ¿Y si es un asesino? ¿O un ladron? – se burlaron algunos – bueno nos haria un favor si desapareciera a Nojima.
– Si, ese idiota lo único que ha hecho desde que llegó es estorbar – concordaon algunos. – ni siquera tiene amigos, que patetico.
– El solo mirarlo me hace querer golpearlo – habló repentinamente uno de los chicos del salón conocido por ser un buscapleitos sin razón. – algún día que se descuide lo hare rodar por las escaleras
– ¡Pagaría por ver eso! – corearon sus amigos entre carcajadas.
– ¿No te molesta? – Osomatsu se giró al de ojos azules que parecía estar mas concentrado en las clases que en lo que sus compañeros decían de él pero no pasó por alto la leve tensión el los hombros del menor – Realmente estan hablando mierda de ti.
– ¿De mi? Bueno normalmente me ignora asi que el que esten hablando de mi, sea bien o mal, es algo – sonrió Karamatsu haciendo que Osomatsu soltara un bufido molesto.
– Si estuvieran hablando mal de mi ya les hubiera partido la nariz a cada uno de esos idiotas para que aprendieran cual es su lugar – se pavoneó el de rojo, Karamatsu lo miró sorprendido y algo asustado. Osomatsu pensó que, de cierta manera, se veía adorable – pero como hablan de ti ¡Que importa!
– Si… – …Que importa. Karamatsu apretó con fuerza el lapiz que tenia en la mano ¿Qué importaba de todos modos?
III
Akumatsu caminaba por la calle mientras sujetaba con su mano derecha una de las pequeñas manos de Jyushimatsu y con la izquierda un helado que se habia detenido a comprar por pedido del pequeño de amarillo, atrás de ellos Choromatsu los seguía con la cabeza metida en un libro, Akumatsu solo rodo los ojos "Estaran alegres de verte" Si, claro que si Kami, fue lo que le diría al de blanco ni bien lo tuviera enfrente. Aunque debía admitir que el enano de amarillo si que saltó a sus brazos, literalmente, cuando lo vió en la entrada de la primaria, aquello hizo que una pequeña sonrisa bailara en su rostro.
– ¡Y entonces la pelota salió volando por los aires! – Jyushimatsu movía las manos hacia todas las direcciones posibles tratando de explicar como su equipo habia ganado el partido de Baseball aquel dia, Akumatsu aun no entendía como el helado que le había comprado al niño seguía en su lugar por mas que éste moviera los brazos de manera frenetica. – ¡Anoté un home run! El profesor me felicito y dijo que seria un gran bateador
– No me sorprende enano – le revolvió los cabellos, ultimamente aquel se había vuelto un gesto común cada que veía al pequeño de amarillo, ojala Osomatsu hubiera sido asi de lindo a esa edad, pero rapidamente desecho la idea, si su hermano hubiera sido así no hubiera durado ni un par de horas en las calles. – tienes una anormalmente rara fuerza sobrehumana para alguien de tu edad.
– ¡Hermano! ¿Qué es anormalmente? – se volteó a ver a Choromatsu quien durante todo el trayecto se había quedado leyendo uno de sus libros de texto, se negaba a aceptar que el "amigo" de su hermano seguía viviendo con ellos. – ¡Choromatsu! ¡Choromatsu!
– Algo que no es normal – le respondió para que dejara de molestarlo para después agregar en voz mas baja – Como el que ese loco siga viviendo con nosotros.
– ¡Te escuché! – Akumatsu le lanzó una mirada entre divertida y molesta, si supiera que es por culpa de su hermano mayor y de sus, ironicamente, horriblemente hermosos ojos dorados que no podía irse aun. – ¡Hieres mis sentimientos, viejo verde!
– ¡Eso carece de total logica! ¡Soy un niño, es imposible que sea un viejo verde! – La cara de Choromatsu podía competir facilmente con los jitomates.
– Puede que seas un niño por fuera pero por dentro tienes el alma de un anciano
Dio por finalizada la conversación mientras sonreía disimuladamente al ver como el de verde se ponía a su lado izquierdo para seguir replicandole, tal vez –solo tal vez– podía quedarse a disfrutar de esa pequeña paz por un par de dias mas.
IV
Kamimatsu caminaba con más cansancio del usual por las iluminadas calles, aquel día había sido de los mas pesados en el trabajo y todo porque llegó una chica nueva que sería la secretaria del jefe de piso. De solo recordar la mueca indignada de Osoko al enterarse que le habían quitado el puesto que tanto quería hacia que quisiera soltar genuinas carcajadas que en su momento tuvo que reprimir por respeto a su amiga. Pero lo peor no había sido eso, o no. La chica, que se llamaba Totoko Yowai, se la había pasado pegada a él como una garrapata durante toda la jornada laboral.
– ¡Maldita bruja arrimada! – le había dicho Osoko cuando salieron a tomar su descanso de media hora y pudo esquivar la propuesta de Totoko de salir a comer – ¡Estupidos hombres que solo ven una cara bonita con falda corta y ya estan babeando como si fuera la ultima mujer en el mundo!
– Tranquila Osoko – trató de calmar a la alterada castaña – Yo sigo pensando que eres la chica mas bonita de la empresa.
– ¡¿Por qué no todos los hombres son como tu Kami?! –se lanzó a abrazarlo – pero debes tener cuidado
– ¿Cuidado? – despegó con algo de disimulo el cuerpo de su amiga del suyo.
– ¡Esa arpía ya te tiene en la mira! – levantó un puño al aire con gesto iracundo – No voy a permitirlo ¡Definitivamente no voy a permitirlo!
– O-Osoko – Sonrió nervioso al ver que las personas se les quedaban mirando como si fueran una especie de bichos raros en peligro de extinción.
Su amiga podía llegar a ser algo exagerada a veces pero tenía que reconocer que ahora si hablaba con justa razón. Durante todos estos años había lidiado con el constante acercamiento de muchas mujeres, algunas eran madres jovenes de los compañeros de sus hermanitos, otras eran empleadas de algunas tiendas que frecuentaba, vecinas, compañeras de trabajo de otros pisos, etc. Y si había algo que Kamimatsu sabía reconocer al instante era el descarado coqueteo de una mujer, pero era parte de su comportamiento ser politicamente correcto y siempre buscar la manera mas amable de hacerles entender a las chicas que él no deseaba nada con ellas pero al parecer Totoko era mas terca que las demás.
– Ya llegué – habló sin pensar, no quería hacerse muchas esperanzas de que Akumatsu siguiera en el departamento.
– Bienvenido – fue la respuesta que le llegó desde el sofá de la sala junto con una enorme sonrisa burlona – ¿Al parecer nos hicieron polvo en el trabajo, eh?
– Como no tienes idea – dejó su maletin en el suelo mientras se recostaba a un lado del de negro relajando su cuerpo. – Te quedaste
– No, lo que usted esta viendo en estos momentos es un holograma pre programado por el grandioso Akumatsu para que lo recibiera y le dijera que es un idiota – el tono sarcastico empleado por el de negro lejos de molestarlo lo hizo reir con ganas – este mensaje se autodestruira en tres… dos… uno… ¡Pum!
– ¿Los chicos? – preguntó cuando el pequeño ataque de risa terminó, ambos se miraban sonriendo.
– Durmiendo ¿Tienes idea de a que hora es? – señalo el reloj de pared donde marcaban las doce en punto. – ¿Sueles salir así de tarde siempre?
– A veces llego media hora antes – apuntó mientras aguantaba la risa al ver la mueca incredula en el rostro de Akumatsu.
– ¡Joder, detente! – lo zarandeó con suavidad – vas a hacer que se me agote el sarcasmo.
– Vamos a la cama – soltó el de blanco pero rapidamente se mordió el labio inferior al notar lo sugerente que habia sonado la oración – m-me refiero… vamos a dormir.
– Ya me había emocionado – Kamimatsu lo golpeó suavemente mientras ambos se dirigian al dormitorio aun sin borrar las sonrisas en sus rostros. Estaba tan cansado que apenas tocó el colchón cayó dormido al instante. Akumatsu sonrió mientras pasaba disimuladamente su brazo por la delgada cintura del de blanco. – Descansa Kami.
El de negro no tardó mucho en quedarse dormido también.
V
– ¿Quién hubiera pensado que gastarías tus últimos dias de vida jugando a la casita? – una negra silueta miraba las fotos que estaban esparcidas por su escritorio con una enorme y retorcida sonrisa – disfruta mientras puedas, Akumatsu, disfruta antes de que te lo quite todo.
