—N-No puedo… —Susurra la chica, temblando levemente.
Los ojos fríos del chico si quiera la miran, están inspeccionando el lugar. Como si buscaran algo desesperadamente, cosa que la inquieta de sobremanera. Al final se detienen otra vez en ella, concentrándose en la chica que tiene adelante. Y le sale una pequeña sonrisa de lado; burlesca.
Se iba a divertir.
—¿Queeeeee? ¿Por qué no? —Dice con inocencia que no logra demostrar por la sonrisa que tiene, además de que en ningún momento la ha soltado. Y al parecer no tiene intención de hacerlo.
Ella se intenta armar de valor. Pero es que la persona (o lo que sea que es él) que tiene al frente la intimida. Y ni si quiera escucha los ladridos de Plue para alentarla, es como si estuviera sola en ese momento, con el cuerpo con miles de sensaciones extrañas que quieren salir. Miedo, curiosidad, valor, vergüenza, orgullo, y muchas más. Entonces; frunce un poco el ceño para parecer ruda. Pero eso no le sale en absoluto.
—P-Porque… —Se muerde la lengua mientras tartamudea, haciéndola parecer más torpe—. ¡N-No te conozco! Y…
Él sonríe. Pero sus ojos siguen igual de inexpresivos que desde el principio.
— ¿Y?
—Y…tú…
Retrocede una vez más, temerosa. Pero sin querer esta vez queda acorralada contra la pared por aquella criatura extraña que tiene cuernos y la intimida. Es que ella casi nunca sale de casa. Encontrarse con esa sorpresa en su misma casa es mucho más de lo que podría soportar, su respiración esta acelerada y siente como el corazón está a punto de desbordarse de su pecho. Sus instintos le dicen que corra (aunque no pueda hacerlo). Que intente golpearlo, cualquier cosa que le pueda dar una oportunidad de escapar. Pero es como si de algún modo la hipnotizara. Y no de la manera buena.
—¿Yo...?
— ¿Qué…Qué eres?
La asustaba. La asustaba mucho. Y él parecía notarlo e incluso disfrutarlo, observando a la chica indefensa que tiene adelante. Es todo un espectáculo para ese singular chico (con cuernos). Posa sus brazos sobre ambos lados de Lucy, inclinándose hacia ella sin sonrisa alguna. Con un semblante serio y de alguna forma diabólica, hasta que queda a unos centímetros de su rostro.
—Un demonio.
El terror aumenta. No sucede nada por su mente. Esta confundida y aterrorizada. ¡Todo al mismo tiempo!. Por un lado jamás había tenido a alguien tan cerca suyo, y por el otro menos a un Demonio. ¿Eso…existía? Según tenía entendido; ya no. ¿Era una broma? Porque si es así no le gusta para nada. Y, aún con el corazón saltándole por el nerviosismo, vuelve a preguntar:
—¿Qué quieres? —Dice firmemente. Cerrando los ojos con fuerza.
—Yo… —Ella siente un cosquilleo en su oreja, porque le está susurrando en ese lugar, inquietándola aún más al sentir su aliento—. Te quiero a ti. Lucy Heartiflia.
Y todo se volvió negro.
…
Una niña de unos 9 años estaba sentada en el suelo, jugando con una especie de muñeca de trapo de cabellos celestes. Se reía de sus comentarios y chistes propios mientras continuaba jugando con esa pequeña muñequita. Pero dos hombres tenían una charla privada.
— ¿Qué harás con ella, entonces? —Preguntó el hombre con el sombrero que le cubría toda la cara.
—Por ahora esperaré —Respondió el otro. Un hombre mayor de edad de cabellos claros y un bigote.
—Jude, creo que ya sabes los problemas que tendrás más adelante. Por esto.
—Sí. Pero no tengo más alternativa… —El hombre mira de reojo a la niña de cabellos rubios, que sigue jugando ajena a la conversación—...Por ella.
Entonces la imagen se comenzó a teñir borrosa, alejándose del mundo.
Y despertó.
La luz entraba por sus pestañas provocándole malestar enseguida, se sentía caliente, como si hubiera estado bastante rato bajo la luz del sol. Sentía un movimiento de subir y bajar mientras algo le agarraba de la cintura, algo desconcertada comenzó a abrir los ojos. Lentamente. Lo primero que hizo fue encontrarse con el sol arriba de sus ojos, rodeado del celeste cielo. Pero rápidamente su vista se desvió hacia el rostro de aquel chico. Que parecía cargarla sin mucho esfuerzo.
—Ya despertaste.
Su voz. Los ojos de ambos se encontraron como imanes. Los ojos verdes y fieros de él tan inexpresivos como los recordaba, en cambio los chocolates de ella expresaban curiosidad y temor al mismo tiempo.
Se asustó. Lanzó un pequeño grito e intento bajarse de sus brazos, pero él la sostenía con tanta fuerza que se le hizo imposible. Incluso le dolió.
—Si te calmas de una vez, quizás te explique… —Dijo el chico. Lanzándole una mirada llena de fastidio. — Y si no lo haces; perfectamente puedo amarrarte la boca para que te calles.
—¿Qué? —Frunció el ceño, aunque por dentro estaba terriblemente asustada—. ¿C-Cómo quieres que me calme? ¡B-Bájame!
—No.
Fue su simple respuesta, continuando caminando con ella en brazos. Habían muchos árboles a su alrededor; algunos pequeños, como si se trataran de árboles en miniatura y otros altos, tanto que no podías visualizar la punta de su final. Era como una especie de bosque pero distinto a los bosques comunes. Y ella lo presentía, no sabía como pero lo presentía. Aunque nunca hubiera ido a uno directamente, había leído cientos de veces libros donde salían bosques pero ninguno era como aquél.
En primer lugar, los arboles tenían diferentes colores. Morados, azules, amarillos, naranjas, y mucho más. Era extraño, porque algunos árboles eran normales y otros no. Como si estuviera en dos mundos distintos a la vez. Algunos tenían frutas que jamás había visto en la vida pero que a simple vista se veían deliciosas.
— ¡Tú…! ¡Y-Ya me cansé de esto! ¡Suéltame!
Pero él ni si quiera le estaba prestando atención en ese entonces, mientras ella continuaba haciendo su pataleta no se daba cuenta de algo distinto en la mirada del chico, como si sus ojos nuevamente se hubieran perdido en otro lugar. En ese momento, por un segundo, divisó un pequeño brillo de color rojo.
—Cállate. ¿Quieres que ellos nos escuchen?
— ¿Ellos?
—Sí, sí, shh…
Ella frunce el ceño. Vamos, a quién no le molestaría una situación en el que eres raptada por nada más y nada menos que un demonio, más encima sin si quiera saber absolutamente nada de lo que sucede.
Entonces deja de patalear, le aprieta levemente el hombro mientras se hace para atrás y siente como sus pulmones se llenan de aire, sintiendo algo extraño en su interior. Como si lo que estuviera a punto de hacer la podría meter en varios problemas, pero aun así, decide hacerlo. Sintiendo la adrenalina en su interior.
Luego, grita.
— ¡¿Estás loca?!
La suelta de sus brazos, tirándola al suelo como impulso mientras le tapa la boca con ambas manos. Los dos caen en el suelo. Ella cierra los ojos esperando el golpe de parte de él, con fuerza, e intenta ocultar su miedo. Ya que lo que acaba de hacer si fue muy estúpido de su parte considerando que está con él, aunque si alguien la escucha podría venir a ayudarla, así que habría valido la pena. Él en cambio la mira fijamente, apretando con más fuerza su cara de la que debería usar para no dañarla. Y ahora si se puede notarla furia en su expresión.
—Ellos, vendrán y…
Se escucha un fuerte sonido interrumpiendo sus palabras, los animales que antes podrían haber estado allí salieron corriendo desesperadamente. El ruido se hace más intenso, hasta tal punto en que la tierra incluso tiembla, moviendo los arboles peligrosamente a su alrededor. Y después, un silencio estremecedor aparece.
El pelirosa se levanta, ayudándola a ella de paso (u obligándola a levantarse).
— ¿Q-Qué fue eso? —Dice asustada.
—Ellos…. ¡Te hubieras quedado callada!
Él la comienza a arrastrar rápidamente sin mirarla, adentrándose mucho más profundo en el bosque en que se encuentran y sin cuidado alguno de ver si se golpea o algo. Y, sin darse cuenta, ambos ya se encontraban corriendo. Él huía. Ella lo seguía.
— ¡No entiendo nada! ¿Quiénes son ellos? ¿Por qué….? —Iba a continuar su serie de preguntas hasta que algo asalta su mente como un remolino. Provocándole una pequeña risa—¿Por qué… por qué te estoy siguiendo?
Le suelta la mano. Decidida. Quedándose quieta en el lugar como seña de que no va a seguir haciendo lo que él quiera. Desde que despertó no sabe dónde se encuentra y menos quien es su acompañante, que es un demonio, y ahora tiene que huir de algo que no conoce. No puede seguir así, se niega a alejarse más de su casa con un extraño.
No puede.
Extrañamente su cuerpo comienza a temblar, y no sabe por qué. Solo sabe que debe alejarse de ese lugar y de él, tiene que llegar a su casa a salvo con su padre y Plue. Sentarse en su cama leyendo un libro como suele hacer o pintar. Sin darse cuenta ya se está alejando, es su oportunidad, puede escapar.
Él parece notarlo. Así que simplemente se queda viendo como ella comienza a retroceder asustada, pero no hace nada al respecto, solo observar cómo se aleja. Pero una diminuta sonrisa reaparece mostrando sus afilados colmillos, acompañada de su macabra mirada.
Lo siguiente que se ve es como una flecha negra aterriza sobre el hombro derecho de Lucy.
Esa flecha portaba una rosa blanca.
Rosa que es teñida de rojo.
