— ¿Q-Qué? No… ¡Eso es imposible! ¡D-Deja de jugar! Yo…no te creo.
—Pues deberías hacerlo.
Los ojos de él se vuelven completamente oscuros, como si no hubiera vida en ellos, y esa sonrisa en su rostro es imborrable. Y es que lo disfruta, disfruta ver cada expresión de ella cuando siente miedo. Sus colmillos se asoman nuevamente y se acercan peligrosamente a ella. Que solo retrocede asustada, pero tampoco es como si pudiera alejarse tanto. La tiene completamente acorralada.
—Tú sangre huele tan bien… —Susurra. Mientras su nariz viaja lentamente por su cuello hasta su hombro, deteniéndose allí.
—D-Detente.
"¿Me tienes miedo, verdad?"
Se sorprende al oír esa voz a su alrededor, como si flotara en el aire pero solo estaba en su mente, y es que él no había hablado. O por lo menos no había visto que hiciera movimiento alguno con sus labios.
Él solo sonríe.
"Vamos. No me digas que te comió la lengua el ratón."
Definitivamente él no había hablado. Y más encima ya se había alejado de su hombro volviendo a tener esa apariencia fría y distante como tiene desde que lo conoce. Y, sorprendentemente, ya no siente salir más sangre de su herida. Incluso está mejor que antes.
— ¿C-Como haces eso?
"¿Hacer qué? ¿Esto?"
— ¡S-Sal de mi cabeza! —Hace un puchero bastante lindo y levemente sonrojada, mientras frunce el ceño levemente. Con sus ojos fijos en la boca de él que no se ha movido en ningún momento.
"Te digo como lo hago si tú me dices como haces eso."
— ¿Hacer qué?
—Eso. —Dice y apunta el hombro de ella que ya ni si quiera tiene la herida, es como si nunca hubiera ocurrido. Ni si quiera una cicatriz; nada. Absolutamente nada.
Lucy da un pequeño gritó revisándose el hombro. ¿Se había vuelto ya loca? Tenía una flecha incrustada profundamente en ese lugar y de un momento para otro ya no está. Mueve un poco el brazo sintiéndolo bien, incluso decide apretar el lugar porsiacaso sin conseguir que la herida apareciera. Ya saliendo del shock voltea a verlo completamente sorprendida, pero él parece no estarlo. Es como si se lo esperara. ¿Él lo había hecho?. Primero le habla con la mente y ahora le sana el hombro. Bueno, sin considerar que es un demonio tiene derecho a sorprenderse por esas cosas.
— ¿C-Como lo hiciste?
—No lo hice yo, lo hiciste tú. Ya te dije…
— ¡Pero es imposible! ¡Yo no sé hacer eso!
—Tsk. ¿Crees que yo sí? Si lo sabría ya lo habría hecho con mi mano.
Baja la mirada hacia la muñeca de él y efectivamente seguía igual que antes, solo que ahora estaba mucho peor. Su color había cambiado y ahora estaba más pálido, con leves tonos morados por el orificio donde cayó la flecha. También estaba bastante hinchada. Pero por alguna extraña razón eso parecía no incomodarle en absoluto a él, no se quejaba, era como si no lo sintiera. El dolor.
De pronto sintió un extraño deseo de ayudarlo.
Pero no sabía cómo.
"Escúchame. Solo te lo diré una vez. Y solo te lo mostraré una vez. ¿De acuerdo?"
Asiente. Tiene que admitir que siente una maldita curiosidad por saber qué le va a decir, por qué ella puede sanarse a sí misma o si de verdad están todos muertos. Quiere saber qué paso, por qué la encontró y si de verdad la salvó. Ya no quiere más mentiras y está dispuesta a escuchar. Aunque eso la aterrorice de verdad.
"Dame tu mano."
Ahoga un suspiro y estira el brazo, acercándose a él de forma en que ahora puede tocar su piel tan rasposa, y es que esta tiene escamas en algunas partes, sorprendiéndose. Pero bueno, ese día se ha llevado varias sorpresas y algunas más no harán gran diferencia.
Él le toma la mano entrelazando sus muñecas al instante, y puede sentir como las garras del chico le clavan un poco en la piel por lo que tiene que aguantarse los quejidos que le provoca. Misteriosamente el fuego ya se había apagado.
— ¿Qué vas a hacer?
Al no obtener una respuesta por parte de él cierra los ojos.
Al instante comienza a ver imágenes extrañas aparecer y desaparecer; un niño pequeño se visualiza. Debe tener unos 8 años de edad, está solo, llorando, atrapado bajo un extraño objeto que le cayó encima. Pero no solo eso, sino que alrededor de ello hay mucho fuego. Se escuchan más gritos y la imagen comienza a cambiar distorsionándose. Las personas desesperadas corren hacia lugares seguros donde poder protegerse, dejando todo atrás, incluso a sus seres queridos, pero no es posible escapar. No hay escapatoria para ellas. Una a una son todas masacradas por sombras negras que se mueven a una velocidad altamente peligrosa.
Hay caballos negros. Muchos, todos contienen un jinete que va armado hasta la cabeza y al parecer hay un líder al que no se le puede ver el rostro pero si se le puede ver el cabello perfectamente oscuro, como la noche misma. Estas personas lo están destruyendo todo sin piedad alguna, y parecen buscar algo, pero no puede comprender el qué. Y no tienen ninguna justificación para hacer eso solo por buscar algo.
Estas imágenes simplemente alteran a Lucy, que ya no puede dejar de llorar desconsoladamente, y eso es porque reconoce a las personas. Reconoce el lugar. Es su hogar, su pueblo, las personas que solía ver desde su ventana.
No quiere ver más.
Todo se comienza a hacer borroso, como a desaparecer, pero antes se logra observar como la casa de Lucy arde en llamas. Y frente a ella se encuentra el líder de los que ocasionaron todo eso.
—N-No me muestres más…
Él la mira en silencio mientras suelta su mano, viendo como intenta parar de llorar pero no lo consigue, y como ella misma intenta ocultar su rostro entre sus piernas.
Pero no siente culpa alguna. Él es un demonio, si fuera por él si quiera la hubiera salvado.
—Lo lamento princesa, pero tú no decides aquí —Dice indiferente a su llanto—. ¿Ahora me crees?
Ella aprieta los puños, mordiéndose el labio para dejar de comportarse así. Levanta la mirada, aún con las lágrimas, y aunque intenta encontrarse con el chico la oscuridad no la deja ver bien, dándose cuenta recién de que el fuego ya no existe.
Y como por arte de magia las piezas comienzan a encajar a su alrededor.
—Esos caballos negros…. Esas personas oscuras… ¿Son ellos? ¿Los que nos tiraron flechas en el bosque?
Su voz no se vuelve a escuchar por unos segundos que parecen eternos, segundos en los que se encuentra solamente ella y nada más que ella, porque es como si no hubiera presencia absoluta del chico (demonio), juraría que si él no hablara pensaría que está sola allí.
—No es momento para que lo entiendas.
— ¿Por qué…? ¿Por qué no…? —Pregunta sin ocultar su curiosidad por todo lo que está pasando—. Necesito entenderlo… ¡N-Necesito saber quiénes nos quieren matar, y el por qué!
—No. No necesitas entender nada.
—Por favor…
Se quedó esperando su respuesta pero está nunca llegó. Además de que sus pensamientos estaban hechos un lio, completamente enredados unos con otros, y ni si quiera se ha apuesto pensar aún en esos extraños sueños que tiene con su padre. Sueños que nunca le habían aparecido antes, pero con las imágenes que vio ahora de todo su pueblo cree que sus sueños estarán inundados de pesadillas.
Luego, algo se le vino a la cabeza que fue difícil de contener.
— ¿Tú…? ¿Sabías que eso iba a ocurrir?
Y él, con voz queda, responde:
—Sí. Sabía que iban a morir todos, y que no iba a hacer nada para evitarlo.
Por primera vez en su vida sintió ganas de golpear a alguien, sintió ese sentimiento tan ajeno para ella; enfado. ¿Cómo podían existir criaturas así, que no sienten nada? No les importa si alguien sufre, si alguien llora, si alguien ama, no les importa nada, ni si quiera ellos mismos.
Intentó buscar su mirada entre la oscuridad nuevamente, sin éxito, y ahora sentía mucha lástima. Lástima por la gente que murió por culpa de ellos por no intervenir, también sentía lastima por ella al ser salvada por alguien como él, pero más que todo, sentía lastima por el chico que tenía delante de ella.
—Entonces… ¿Por qué me salvaste a mí?
—Te necesito. Y ahora debo protegerte —Suspira, y se escucha un movimiento por parte de él, como si se acostara en el suelo—. Así que hazme el favor de dormirte, mañana nos espera un largo día.
No dice nada más y también se acuesta con cuidado de no chocar con algunas rocas, y cuando cierra los ojos simplemente no puede dormir. No es solo por el frio, ni por el hecho de estar demasiado incomoda, o por qué este junto a un demonio que podría matarla cuando él quisiese, es por su padre, por su hogar.
¿Qué le habrá pasado?
Se intenta consolar con la idea de que no estuviera en casa en ese momento y lograra escapar, también que Plue fuera más rápido que cualquiera de esos caballos. Debe pensar positivo, debe dejar de llorar.
Pero no puede. Se siente tan sola.
—Oye… —Susurra abriendo levemente los ojos—. ¿S-Sigues despierto?
—No.
—Rueda los ojos, ignorando su comentario—. ¿Tienes… nombre?
El demonio frunce el ceño, haciendo una mueca.
— ¿Qué crees que soy? Hasta los animales tienen nombre y yo no tendré uno.
—P-Perdón… ¿Cómo te llamas?
—Mejor duérmete.
—S-Si vamos a estar juntos necesito saber tu nombre…
Al no oír respuesta por parte de él al instante piensa que la está ignorando, y que no tiene caso insistirle más porque simplemente no va a responder. Así que cierra los ojos, sintiendo por primera vez que el cansancio la absorbe.
—Natsu.
— ¿Eh?
—Ese es mi nombre.
Sonríe, hasta que el sueño la vence y se queda dormida a pesar del intolerable frio que solo siente ella. Después de todo lo que le ocurrió hoy dormir es como un descanso para ella.
Pero mañana será un día lleno de sorpresas.
