CORAZÓN COBARDE
CAPÍTULO 2
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"¿Quieres romance? Lee un libro. ¿Quieres fidelidad? Cría un perro. ¿Quieres amor? Busca a tus padres."
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La conferencia de prensa estaba a punto de iniciar, este problema ya se sabía hasta en la costa este. Es que los quinceañeros no se guardan nada hoy en día, esta mañana me enteré que las embarazadas adolescentes de la escuela tenían un blog y una página de Facebook. Incluso subían sus fotos allí.
Pobres idiotas pubertas ¡Creen que la gente las admira!
Me situé en el lugar que me designaron, éramos más de 15 periodistas, incluso dos cadenas de televisión. Cullen iba a tenerla difícil hoy.
Apenas apareció en el estrado del gimnasio los flashes volaron y se armó un alboroto, una de las profesoras mandó a callar a todo el mundo. Parece que es ella quien lleva los pantalones en la escuela, he coordinado directamente con ella para una entrevista en privado.
—Buenos días, voy a responder todas las preguntas que deseen formular— dijo con semblante abatido, el flamante director de la escuela. El hombre más cobarde que yo haya conocido, Edward Cullen.
Afortunadamente ya nos habíamos repartido turnos, primero iban los de las televisoras, periódicos y las revistas como la mía, venían al final.
—Señor director ¿Se ha sancionado a las estudiantes?— preguntó la rubia de la CNN.
—Estamos investigando los hechos, las estudiantes están asistiendo con regularidad.
— ¿Es cierto que todas se confabularon para embarazarse al mismo tiempo?— se escuchó otra pregunta.
—No. No hay pruebas de ello.
—Disculpe… Siete estudiantes con 6 meses de gestación cada una ¿No le parece concertado?— le replicaron.
—Eso no es cierto, una ya ha dado a luz y otra está a punto de hacerlo. Las otras 5 oscilan entre lo meses de embarazo.
— ¿Cómo cree que afecte esta situación al resto del alumnado de la escuela?— preguntó el corresponsal del Times.
—Estamos en una fuerte campaña de educación sexual, los estudiantes han sido correctamente informados de los peligros del practicar el sexo sin protección.
—¿Es cierto que antes de los embarazos estaban prohibidos los cursos de educación sexual en la escuela?—poco a poco las preguntas subían de nivel e iban directo a acusar a los que dirigían la escuela.
—No es cierto. No tenían un curso especializado en sexualidad pero muchos de los profesores hablaban con los estudiantes.
—¿Va a hacerse cargo la escuela de los gastos médicos de las estudiantes?— con cada nueva pregunta el rostro de Edward se endurecía.
—Estamos coordinando con el hospital y los padres de familia….
Era mi turno… levanté la mano y me pasaron el micrófono.
— ¿Es cierto que su hermana menor es una de las adolescentes implicadas en el escándalo?— arremetí con mi pregunta, sabía que debía ser agresiva si quería que me respetara. Cuando leí en la relación de las estudiantes el nombre Marie Alice C. P. comprendí que se trataba de la pequeña Alice que Esme y Carlisle adoptaron hace muchos años. Pero sólo yo pude suponer que las iniciales de los apellidos correspondían a la hermana de Edward. Ya debía tener 17 años.
Sus ojos me buscaron y tardó en responder.
—Eso es algo personal— dijo masticando las palabras. Si las miradas mataran, ya me habría fulminado con su visión asesina. Pero no pudo acallar el murmullo que de desató, la mujer rubia dio por concluida la conferencia y se marcharon.
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—Nos cancelaron la entrevista— me anunció Mike.
—Era de esperarse, Edward no tiene valor para nada— sonreí. Lo veía venir. El mismo avestruz que esconde la cabeza. Las cosas no cambian por aquí.
— ¿Qué vamos a hacer?
—Nada. No le voy a rogar que me reciba pero puedo acosarlo. Voy a ser el aguijón, la astilla que lo atormenta…
— ¿No exageras Bella?
—Tal vez pero conseguiré esa noticia o me dejo de llamar Bella Swan.
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Dos días después seguía en las mismas. Las familias de las embarazadas tampoco ayudaban mucho y apenas podíamos filmar a las adolescentes a la salida de la escuela. Eran menores así que no podíamos acercarnos, salvo una que ya había cumplido 18 años. Por su apellido la reconocí, era Rosalie Hale, hermana de Jasper, quien estudió un par de años detrás de mí. Y a él precisamente quería encontrar, según había investigado un reportero del New York Times, Jasper era el padre del hijo de Alice, la hermana de Edward. Y él era practicante en la escuela, profesor de apoyo. Debía haber alguna forma de presionarlo para que hablara.
No sabía que más hacer, así que inicié una campaña de planificación sexual, pedí a algunos laboratorios que me ayuden con el material anticonceptivo. Si nadie iba a darme declaraciones me abriría paso sola. Pedí permiso al municipio para repartir profilácticos y pastillas del día después, la edad permitida era a partir de los 16 años.
Me ubiqué en la plaza del pueblo por las tardes y fuera de la escuela en el horario de salida. Era muy divertido repartir preservativos, los muchachos me sonreían y las chicas parecían avergonzadas. Dos madres de familia me miraron muy raro pero yo seguía firme. Si se acercaban les hablaba e intentaba sonsacarles información. Me di cuenta que Forks seguía siendo un pueblo atrapado en ideas antiguas. Las adolescentes creían que si entregaban su virginidad era una prueba de amor. Y por su parte los chicos pensaban que ellas les amaban si se les entregaban. Me parecía mentira que en estos días la gente siga pensando en que el primer amor durará para siempre.
— ¿No le da vergüenza?— me preguntó una anciana que pasaba por allí.
—Vergüenza me daría vivir en un lugar donde hay tanta adolescente embarazada—le dije con una amable y cálida sonrisa. Mi lengua estaba muy afilada sobre todo después de ver que Forks vivía en la época de las cavernas y las cosas seguían igual que hace años cuando me embaracé, también caí como ellas, por tonta y creer en el amor eterno.
La señora no dijo más y se fue mascullando alguna cosa que no alcancé a oír.
Una joven tímida se acercó a mí, llevaba el cabello revuelto y le cubría gran parte del rostro. La ropa holgada me hizo pensar que quería pasar desapercibida.
— ¿Tienes pastillas del día después?— preguntó atemorizada.
—Sí. Pero sólo funcionan en las primeras 72 horas— le dije muy seria.
— ¿Me regalas una? En la farmacia no han querido venderme.
—Por supuesto, es mejor prevenir que lamentar, tienes mucho que perder si te embarazas ahora, piensa en tu futuro.
— ¿Puedes dármela dentro de algún folleto?— preguntó mirando en todas direcciones.
—Desde luego, pero no pierdas ni un minuto más, no te arriesgues— le sonreí. Rápidamente metí uno de los blíster dentro de un folleto y se lo di. Una mujer mayor se acercó a ver.
—Aquí tienes información que te puede ayudar sobre enfermedades venéreas— dije en voz alta.
—Gracias, lo necesito para mi tarea— sonrió la muchacha enseñándome sus aparatos dentales.
—No deberían darle estas cosas a los chicos— se quejó la mujer que llegó con cara de pocos amigos.
—Tengo el permiso señora, si hubieran repartido esto antes no habría tanta niña encinta.
— ¡Eso promueve la promiscuidad!— se quejó.
—Pero previene los embarazos— sonreí.
— ¡Esto va en contra de Dios!— empezó a vociferar.
— ¿Usted va a ayudar a criar a los niños de las adolescentes embarazadas?— le pregunté sin inmutarme.
— ¿Qué? ¿Qué tiene que ver eso…?— no la dejé terminar su pregunta.
—Le pregunté si usted va a hacerse cargo de alguno de esos niños que nacerán pronto.
—Ese no es mi problema— me respondió altanera.
—Bien. Entonces tampoco es su problema los anticonceptivos en vista que usted ya no está… tan joven como para usarlos— sonreí.
La mujer abrió la boca desmesuradamente y salió hecha una fiera. Seguramente iba a acusarme con el sacerdote del pueblo o con otras viejas metiches. De aquí solo me sacan con una orden judicial, tengo permiso y no va contra las leyes repartir preservativos. Aunque debo esconder las pastillas del día después.
No pasó mucho tiempo hasta que una persona se acercó. Me di cuenta que estaba embarazada así que intenté no parecer interesada y saltar sobre ella. Las puntas de sus cabellos negros sobresalían de la capucha, se tapaba el abultado vientre con un enorme suéter. Sus rasgos eran finos, su nariz puntiaguda me recordaba a un duende. No parecía llegar a la mayoría de edad.
—Hola ¿Me das unos folletos?— pidió.
—Puedes tomar los que quieras— le sonreí.
— ¿Tú eres Bella? Isabella Swan, quiero decir…
—Esa misma soy yo— sus ojos traviesos me hicieron recordar las tardes en la casa de Edward haciendo la tarea. Una niña pequeña de cabellos negros y coletas me pedía dulces. ¡Esa era Alice Cullen! La hermanita adoptiva de Edward, quien era una de las adolescentes implicadas en el escándalo. —Si Alice, soy Bella. ¿Ya no me recuerdas?— soltó una tintineante carcajada.
—Si me acuerdo de ti, antes tenías el cabello muy largo y de color chocolate igual que tus ojos.
—Lo recorté un poco y me hicieron iluminación. Y ahora uso anteojos de aumento, soy algo miope.
—Te queda mejor así el cabello, pero deberías usar lentillas— dijo muy perspicaz.
—Lo he pensado, quizás más adelante.
—Yo las uso, no irritan tanto cuando te acostumbras.
— ¿Qué haces aquí? Tu no necesitas preservativos— cambié de tema.
—Quiero saber qué pasó contigo y Edward. ¿Por qué se odian tanto?— me miró interesada.
—Yo no odio a tu hermano. Simplemente lo desprecio.
— ¿Qué pasó? ¿Qué hizo él? Nunca entendí porque desapareciste así. Escuché cosas que dijeron mis padres, vi a mi hermano sufrir, incluso llegó a escaparse de la casa. Y durante mucho tiempo pareció que te había superado pero ahora…
—Ahora he vuelto y debo recordarle algunos eventos desagradables.
—Ustedes estaban muy enamorados…
—No. Nosotros éramos un par de adolescentes con las hormonas revueltas, muy sexosos. Eso era todo.
—Quiero saber Bella… quiero entender porque él te ha prohibido la entrada a la escuela, porqué está tan estresado… Todo este problema es bastante para él ¿Sabes? Y ahora que tú estás parece que en cualquier momento saltará de algún acantilado…
—Si tu hermano no puede con sus emociones no es mi culpa Alice. Edward siempre fue tan… pusilánime. No me sorprende que no pueda con una escuela.
— ¿Pusilánime? Edward no es así, es un hermano maravilloso…
—Tú sólo lo conoces en un aspecto de su vida, lamento decir que en los demás...
— ¿Qué paso? Nadie me quiere decir, ni mamá, ni papá. Ni siquiera he podido convencer a Jasper de que me cuente algo…
—Tú tienes una gran duda y yo tengo otra. Creo que podemos ayudarnos.
—Quieres saber sobre nuestros embarazos ¿Verdad? Si te cuento… si te lo digo, me confesarás lo que pasó.
—Lo prometo pero sólo si me dices todo. Si tú te sinceras conmigo yo lo haré contigo. Pero tú debes hacerlo primero.
—Está bien. Pero no puedo hablar aquí. Tiene que ser en algún otro lugar…
— ¡Alice!— escuché llamar. A unos metros, una mujer con cara de pocos amigos me miraba con abierta antipatía. El tiempo apenas había logrado envejecer a Esme.
La niña asustada colocó un papel sobre los folletos.
—Llámame— susurró antes de girarse y caminar al lado de su madre.
Me quedé confundida viéndolas caminar. ¿Qué hacía aquí Alice? ¿Me había buscado por curiosidad? ¿La habría enviado su hermano?
Tomé el papel y lo guardé en mi bolsillo, algo debía sacar de esta visita. No me apetecía relatarle mi historia a una muchachita que juega a ser adulta. Aunque quizás su curiosidad me ayude a desenredar la madeja de misterio que hay en torno a estos embarazos.
Bella está llena de rencor hacia quien cree que es el único culpable de lo que pasó en el pasado. ¿Alguna vez podrán perdonarse? ¿Qué sentirá Edward por ella?
PATITO
