CORAZÓN COBARDE


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El amor y el temor deben ir juntos.

Sin amor, el temor se vuelve cobardía.

Sin temor el amor se vuelve soberbio.

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Bella POV

—Bella, debes ver esto— era Mike quien me había dado un buen susto.

— ¿Qué cosa? Mike lo siento no puedo...

— ¿Te vas? ¡No puedes irte Bella! Estamos en el ojo de la tormenta. El diario hizo un acuerdo con la televisora de Jacksonville, nos enviaron a su camarógrafo y a McCarty para cubrir la noticia.

— ¿Qué? ¿Emmett va a venir a Forks?— dije sin aliento. Mi grandote, mi mejor amigo de la universidad. El único fuera de mi familia que sabía la verdad. No podía permitirlo, no Emmett.

—No Bella, no me entiendes. No van a venir. Ya están aquí— antes que pudiera gritar mi asombro, la risa inconfundible de mi amigo resonó en el pasillo.

— ¿Bells?— gritó a unos metros de mí. – ¡Pero si eres tu mi Bells!

—Em— dije nerviosa. Me sentía acorralada, yo debía salir de aquí, de Forks, de Washington. No estaba bien.

—Tenemos que reunirnos peque, esta noche debemos enviar un reportaje en directo. Estoy al tanto pero me faltan datos para entender esto. Ya fui a preguntar esta mañana ¿Dónde estabas?— preguntó abrazándome.

—Tuve una reunión con las adolescentes embrazadas— confesé.

—Excelente, yo fui a buscar a los padres. Tengo una exclusiva con uno de ellos. Un tal Garrett que no quiere saber nada de su novia... ¿Kate? Sí, aquí lo tengo anotado. Dice que las niñas están locas y está dispuesto a hablar sin mostrar su rostro y alterando su voz.

— ¿Qué? ¿Los padres de quien fuiste a buscar?— pregunté sin saber de dónde había obtenido la información.

—Los padres de esos críos Bella. Creí que estabas tras eso ¿Viniste a investigar no?

—Llevo más de dos semanas aquí grandulón y apenas he conversado con una de ellas y las demás casi me crucifican hoy— dije sacando mi maleta.

—No, no puedes irte Bells. Te necesito, quiero ver al director de esa escuela, tengo un contacto con los federales creo que hay un pez gordo metido en esto. Hace como 10 años pasó algo parecido en Massachusetts y se culpó a las niñas pero no era así. Hay gente detrás de esto.

—Pues te doy su dirección si quieres, yo me marcho.

—Quédate al menos hoy. Déjame los nombres, preséntame algunas personas y te vas mañana. No me puedes dejar así Bells, es importante.

—Salir de aquí para mí es importante— dije con lágrimas en los ojos.

—Por favor Bells. No des hagas tus maletas, solo dame esa información y luego puedes huir si quieres— me sonrió.

— ¿Huir? ¿Cómo sabes que estoy huyendo?

—Estas en Forks, un lugar al que juraste no volver. Quieres irte sin decir nada– miro en todas direcciones y se acercó para susurrar en mi oído. – ¿Volviste a ver al padre de Ness?— preguntó.

— ¡Cállate! Tengo que marcharme Emmett –sollocé.

—No debiste venir, cuando me dijeron que estabas aquí no podía creerlo. Pero necesito tu ayuda de veras Bells, esto es más siniestro de lo que parece.

— ¿Siniestro?

—Hay una organización tras estos casos. Este no es el único, un grupo radical ha influenciado en esas niñas.

— ¿Hablas en serio? ¿No son solo un grupo de niñas estúpidas que creen en cuentos de hadas?

— ¿Qué? Claro que no. Quizás es un modo que tienen de operar en el 2008 también pasó lo mismo, ellas decían que querían una familia perfecta, su felices por siempre y blablabla

—Pues de perfecto no tiene nada, suenan como un coro de cuervos a punto de destriparte.

—Necesito que me lleves con el director de esa escuela

— ¡No!

—Si no lo necesitara con tanta urgencia no te lo pediría Bells.

— ¿Ahora?

—Sí, mientras más rápido mejor.

—Lo deje en la escuela, estaban reunidas esas niñas...

—Vamos para allá, por favor. No tienes que entrar, con que me acerques lo suficiente y me lo señales es todo lo que necesito, no me puedo equivocar de hombre.

—No podrías, es Edward Cullen, todo el mundo lo conoce.

— ¿Edward? ¿Tu Edward?

— Si, ese Edward— le sostuve la mirada. Tuvo el tino de no decir nada más.

—Vamos Bells, es urgente, deja tu maleta mañana yo mismo te llevare a Port Ángeles a tomar tu vuelo.

A regañadientes acepte, tomamos un taxi aunque algo me decía que no era buena idea, que debí irme cuando pude hacerlo. Pero estábamos de camino a la escuela nuevamente, mi corazón palpitaba otra vez intranquilo. Nunca debí aceptar venir a Forks, no soy fuerte, aunque por años haya intentado serlo, no tengo suficiente valor.

Llegamos a la escuela pero las puertas estaban cerradas, el conserje, un tipo muy malhumorado desde que yo estaba en la prepa, nos echó diciendo que todos se habían marchado.

—Llévame a su casa— pidió Emmett.

—Está bien, pero yo regresaré en este taxi, ni creas que pondré un pie en la casa de los Cullen.

Llegamos a la casa de los padres de Edward, Emmett le pidió al taxista que no se vaya hasta estar seguro de encontrar a Edward pero lamentablemente en la casa nadie le abrió. ¿Dónde estaría?

Nuevamente en el taxi ya no sabíamos a donde ir.

—Quizás en el hospital— dije.

—O en la estación de policía— Emmett comentó en voz alta.

—No para allá no voy. Llevo dos semanas aquí y no he saludado a Charlie— le dije avergonzada.

— ¿En todo este tiempo no has sido capaz de ir a ver a tu padre? Madre mía Bells, eres la mujer más rencorosa del mundo— se quejó.

— ¡Oye! ¿Qué te pasa grandulón?— repliqué muy molesta.

Bueno quizás era verdad, llevo seis años fuera de Forks porque mi ex novio no me apoyó cuando me embaracé y un año sin hablar con papá porque volvió a casarse. Pero es algo que no puedo evitar, cuando me dan la espalda, me voy y no vuelvo atrás. Considero que me fallan y eso no lo perdono. Sin embargo, yo también he fallado muchas veces. Y siempre me pesará que a la persona que más me necesitó en el mundo, también le fallé. Pero ella es feliz, no le arruiné la vida con mis estupideces o mis resentimientos. Sé que Nessie es una niña alegre, hermosa y tiene una infancia perfecta.

Llegamos a la estación de policía y efectivamente, las adolescentes estaban allí. Muchos padres también, las niñas gritaban a voz en cuello, algunas madres tiraban de ellas mientras que en el despacho de Charlie la puerta estaba cerrada.

— ¡Fue ella! Ella es la abortera, a ella deberían encerrarla— gritó Tanya, la rubia que más me atacó en la escuela.

— ¡Tranquilas!— gritó una de las madres de familia. –Señora por favor controle a su hija— le advirtió a la madre de Tanya, quien me miró de arriba abajo y sólo apretó el brazo de su encantadora retoño.

—La profesora Jane no hizo nada malo, sólo nos ayudaba en nuestro proyecto— se le escapó a Kate. Había tanta tensión en el ambiente que tenía ganas de salir corriendo. La única que estaba sentada en un rincón, sin decir palabra era Rosalie.

—Necesito hablar con alguna de ellas Bells, cúbreme por favor— pidió Emmett.

— ¿Ustedes son periodistas?— se acercó un afectivo cuando las niñas me señalaron como reportera.

—Ella es la hija del jefe Swan— le contestó Emmett quien se alejó de mí sin que me dé cuenta, mientras yo confirmaba con el policía, que en efecto, Charlie era mi padre.

— ¿Entonces vienes a ver a Charlie? Porque está ocupado en algo grueso— se relajó conmigo aquel agente del orden.

—Sí bueno, hace tiempo que no lo veo. Quizás deba volver en otro momento— estaba por poner pies en polvorosa cuando la puerta del despacho se abrió. Edward, Charlie y Jane salieron juntos. La profesora iba esposada.

—Por favor. Necesito unas palabras con las madres de las menores— dijo mi padre en voz alta antes de verme directamente. –Por favor pasen. Jeremy, hazte cargo un momento— pidió al efectivo que estaba a mi lado. Edward también me miró, era obvio que al igual que mi papá también quería hablarme pero con él ya no tenía nada que tratar.

—Hola Charlie— dije cuando mi padre llegó hasta mí.

—Bella ¿Qué es lo que haces aquí?— preguntó.

—Pues llevo dos casi dos semanas en el pueblo investigando este problema— miré a las adolescentes.

—Vas a tener que declarar— dijo muy serio.

—Gracias por la cordial bienvenida— dije fastidiada.

—No acabas de llegar, estás aquí hace días y ni te molestaste en pasar a saludarme. ¿Qué soy? ¿Un maldito extraño? Me parece infantil que no quieras verme ni contestarme el teléfono porque re hice mi vida. Tu madre se casó dos veces y sigues viviendo con ella— se encogió de hombros.

—No vivo con mi madre— dije entre dientes.

—Da lo mismo. Mira nunca he cuestionado tus errores Bells pero ya es hora que empieces a madurar— me dijo tajante. ¿Qué? ¿Acaso soy inmadura? Él no entiende todo lo que he tenido que pasar.

—Soy una mujer papá— dije molesta intentando no elevar la voz.

—Entonces deja de comportarte como una nena. Necesito tu testimonio, no te vayas— me dio la espalda y entró a su despacho. Me crucé de brazos y me senté, de reojo miré que Emmett estaba sentado al lado de Rosalie Hale, al parecer él era mucho mejor reportero que yo.

Edward POV

La eterna noche por fin se desvanece,

nada es eterno ni siquiera el dolor.

¿Desaparecerán las angustias y los malos recuerdos?

Los barrotes de mi infierno personal han caído,

estoy tan acostumbrado a la noche

que la luz del día me ciega

y aún no me permito soñar.

Mi hija, mi sangre, mi carne, mi sueño.

¿Cómo renunciar a algo que nunca tuve pero que es tan mío?

¿Cómo olvidar la que llevo grabado en el alma?

Infinitas noches en las que he muerto

y renacido al día siguiente a seguir viviendo.

Uno muere muchas veces, cuando falta el aire,

cuando falta la esperanza, te ahogas, nadie escucha,

la soledad te envuelve, te cansas de esperar por algo...

Mueres de tanto desear, de tanto amar, de tanto sufrir...

"Si ustedes no defienden a sus niños indefensos ¿Quién lo hará? ¿El director de la escuela? ¿La policía? ¿La sociedad? Esta sociedad está podrida, porque la gente no cree en sí misma, no tiene sueños, están muertos por dentro. Ustedes tienen un deber para con sus niños, deben salvarlos de las garras de esos aborteros que se hacen los inocentes. Debemos ser fuertes, rechazar esas ideas de violencia contra los niños no nacidos, contra la moral y todo lo que Dios odia. Esa mujer que les presentaron, es una abortera, mató a su hijo en su vientre, es una asesina. No merece el perdón de dios, no merece vivir en este mundo..."

Me detuve al escuchar la voz de Jane, saqué mi celular y empecé a grabar lo que decía, si iba a denunciarla debía tener pruebas.

—Mamá, llama a la policía— le dije al oído a Esme.

Estuve unos minutos más detrás de la puerta hasta que ella terminó de hablar. Entré y cerré.

—Si ustedes creen que es fácil tener un hijo se equivocan— dije mirándolas. –Yo no soy padre, es cierto pero he visto cuanto han sufrido los míos por sacarnos adelante. Han sacrificado parte de su vida y también sus sueños. Y ninguna de ustedes tiene una pareja al lado. ¿Qué pretenden? ¿Vivir de fantasías?— le pregunté tranquilamente. No debía perder los estribos con estas niñas ni dejar que Jane huyera.

—Yo me voy a casar señor director. Este fin de mes, ya enviamos las invitaciones— respondió Carmen.

— ¿Tu Tanya? ¿Cuándo te casas?— pregunté.

—En cuanto mi hijo nazca, mi prometido ya me dio el anillo. Mírelo— me mostró su mano.

— ¿Kate?— seguí preguntando.

—Ya me lo ha pedido, sólo falta la fiesta de compromiso— dijo algo avergonzada.

—Díganme algo. ¿Todos sus novios lo tomaron bien? ¿Ninguno se asustó? ¿Ninguno protestó? ¿Todos están felices de no ir a la universidad y quedarse en el pueblo para criar a sus hijos?

Se quedaron calladas por un momento.

—Mi prometido está muy feliz— dijo Carmen secamente.

—Y el mío— la secundó Tanya.

—Lamentablemente los hombres no pensamos igual que ustedes. Maduramos más lento, tenemos arranques tontos a veces. Podemos ser duros, intransigentes. Y caprichosos. No nos gusta que nos obliguen, que nos chantajeen, menos que nos manipulen. No lo digo por ustedes, lo digo en general. Ustedes son menores, sus novios apenas alcanzan la mayoría de edad. Y a veces por mucho amor que exista las cosas no funcionan.

—Va a funcionar— me corrigió Tanya.

—Les creo y les deseo lo mejor porque se merecen ser felices— en ese momento llamaron a la puerta. Era mi madre al lado de Charlie Swan y algunos efectivos más.

—Director ¿Qué problema tiene?— me preguntó el jefe de policía.

—Pase, quiero que aclaremos algo muy delicado en la delegación— me hice a un lado mientras escuché a mis espaldas los murmullos. –La profesora Jane Volturi, asesora de bienestar familiar— la presenté con la policía. –El día de hoy la escuché dándoles una charla peligrosa a las estudiantes y me gustaría aclarar esto no sólo con ella sino con miembros del orden— saqué mi celular y puse el altavoz cuando la grabación se escuchó. Todo se hizo silencio mientras Jane, visiblemente preocupada, se movía con impaciencia.

— ¿Todas son menores de edad?— preguntó el jefe indicando a las estudiantes.

—Sí. Todas.

—Yo cumplo 18 en una semana— corrigió Tanya.

—Debe acompañarnos señorita— dijo el policía mirando a Jane, quien me fulminaba con los ojos.

— ¡No se puede llevar arrestada la maestra!— gritaron a coro las adolescentes.

—Esto no es un arresto pero necesitamos aclarar algunas cosas. Después de usted profesora Volturi— el jefe Swan se hizo a un lado para dejarla pasar, de reojo miré que algunas estudiantes sacaron sus teléfonos y empezaron a marcar desesperadas. Esto no pintaba bien, Dios mío. Es en estos momentos en los que me pregunto porqué escogí la docencia.

Íbamos saliendo hacia la puerta de la escuela cuando Jane empezó a correr, los policías se alarmaron y dos de ellos se abrieron desplegándose en el estacionamiento. Jane alcanzó su coche y entró en él. Charlie Swan subió a su patrulla y le bloqueó el paso cuando estaba por alcanzar la avenida. El resto de los policías con arma en mano acorralaron su auto y ella tuvo que bajar con los brazos en alto. Lamentablemente al salir, según su procedimiento a un fugitivo o intento de fuga los miembros del orden, la esposaron. Esto generó un gran revuelo entre mis estudiantes que por su estado, rodearon a Jane en su afán por protegerla.

Mi madre y yo intentamos tranquilizarlas pero el jaleo era general, una a una fui hablándoles pero parecían no escuchar, llegaron dos unidades más y los policías las disuadieron. Antes de subir a Jane en la patrulla dos madres de familia llegaron alarmadas, temiendo por la vida de sus menores hijas. Tuve que hacerme oír entre todas, a pesar de los gritos y el llanto.

—Qué pasó director ¿Qué sucede? ¿Por qué se llevan a la maestra Volturi?— fueron las preguntas con las que me bombardearon.

—Vamos a investigar a esta docente, hoy descubrí que ella es militante de alguna organización religiosa o secta peligrosa. Tengo un audio que les haré llegar para que ustedes juzguen. Acompáñennos a la delegación por favor— les pedí.

Subí a mi auto con mi madre, aún mi corazón latía con fuerza. Demasiadas emociones para un día.

—Hijo lo estás haciendo bien. Ten fe— me animaba Esme.

Al llegar al departamento de policía, más padres estaban apostados, lamentablemente también algunos periodistas. No veía a Bella por ningún lado, espero que no haya huido de Forks. ¿Cómo voy a encontrar a mi hija si ella desaparece?

—Según nuestra base de datos, usted fue detenida en el 2010 por ser miembro del grupo extremista El Refugio. Atacó un hospital en Arkansas. Y los miembros de su agrupación tienen orden de captura en Carolina del Norte y Massachusetts. Usted está en la lista— anunció el jefe Swan con hoja en mano. Ya le había pasado la grabación y estaba siendo analizada en otro departamento.

—Nosotros luchamos por erradicar el paganismo de esta sociedad, contamos con el apoyo de la Iglesia católica, protestante, presbiteriana y de siete iglesias evangélicas. Sólo propagamos la palabra de Dios— se defendió la menuda profesora.

—No me importa si propagan la llegada de los extraterrestres, si usted adoctrina a menores de edad está cometiendo un delito.

—No las adoctrino, soy su maestra, su consejera— dijo muy segura. –No he cometido ningún delito.

— ¿Tiene algo que ver usted con los embarazos múltiples en la preparatoria?— pregunté. El jefe Swan me miró sorprendido.

—Después que el delegado de informática me pase el reporte, vamos a levantar cargos. Señorita Jane Vulturi, está usted detenida por intento de fuga y resistencia al arresto.

En cuanto el jede de policía firmó la detención, procedió a pedir que el oficial que estaba escribiendo el atestado se lleve a Jane a una celda.

—Director, necesito hablar con los padres de las menores— me dijo mientras abría la puerta. –Usted debe estar presente.

—No será difícil, están casi todas afuera. Incluyendo mi madre— suspiré. En ese momento algo atrajo la atención del comisario, dejó lo que estaba haciendo para caminar directamente hacia su hija. Bella estaba allí. No se había marchado cómo pensé. Di gracias al cielo y rogué porque se quedara un poco más. Porque dejara su dirección, una pista o lo que sea para poder encontrarla. Nuestra conversación no ha concluido como ella cree. Yo no me voy a dar por vencido hasta saber dónde está mi hija.


Gracias por leer

PATITO