¡Hola a todas! :D

Por fin logré actualizar, me demoré, pero aquí esta el último capítulo de esta historia. Gracias a las de siempre por comentar, Dayana, Pau20 y Medalit :) tuve un gran apoyo por sus comentarios y ya saben, sin ustedes no hubiera seguido la historia n_n

También agradezco a todas las visitas que tuve aquí y también a aquellas y aquellos lectores que estuvieron leyendo en anonimato, espero que disfruten el final y bueno...nos vemos al final del capítulo.

¡A leer! :)


Capítulo 10 : Tu nombre será… Kakaroto.

Había pasado ya una semana y media, Sharotto mantenía en secreto su pequeño dolor, las pastillas que la doctora le había dado eran de gran ayuda para tranquilizar los dolores matutinos de aquella mordedura. A medida que pasaba el tiempo, y tal como la doctora le advirtió, el tono de su piel cambió, esparciéndose por toda su espalda.

Cada mañana miraba tras su espejo su cuerpo, el color que tenía era de un intenso color morado mezclado con ciertos tonos rojizos, su cara se volvió sombría al verse de tal manera. El efecto del veneno era cada vez más potente, tanto así que su rostro empezaba a cambiar de tonalidad a uno más pálido.

- Tengo que decirle, si mi cuerpo sigue cambiando lo notara de una forma u otra, ya me es imposible ocultarlo - Suspiró. Sharotto se vistió con una polera más sus pantalones favoritos y bajó las escaleras.

- ¡Hola mamá! - la saludó Raditz con un abrazo - Sabes qué día es hoy ¿verdad?

- Oh, claro que lo sé, hoy cumples cinco y…

- ¡Y me voy a entrenar a otro planeta!, ¿¡no es eso genial!? - dijo, dando pequeños brincos.

- Lo es - ella alborotó sus cabellos - ¿Has visto a tu padre?

- Esta afuera con mis cosas - Raditz la tomó de la mano y la llevó donde se encontraba su padre, este se estaba sin polera con unos pantalones y botas, acomodando el equipaje de su hijo.

- Con que ahí estabas ¿no? - Bardock se quitó el poco sudor que recorría su frente con el brazo y le entregó una mirada coqueta - Iré a buscar a tu hermano para que te despidas de él - dijo Sharotto y voló hasta la recamara del bebé por la ventana, luego salió de ella y bajó suavemente junto con el pequeño.

- ¡Papá prometo volverme muy fuerte!

- Ya lo veremos, hijo - él acarició su cabeza, desordenando su peinado.

- Dile adiós a tu hermano, Raditz - ella sujetó a su bebé mientras Raditz tomaba de sus manitas para despedirse - Cuídate mucho ¿sí? - Sharotto colocó a su bebé a un costado de su cuerpo, afirmándolo con una mano mientras que con la otra abrazó a su pequeño de 5 años.

- Adiós, mamá - le sonrió y emprendió vuelo junto con su padre que lo ayudaba con sus pertenencias.

- Adiós, hijo - dijo en voz baja, observando cómo ambos volaban - Bien - miró a su bebé - Solo quedamos tú y yo ahora - el bebé rió y jaló de su flequillo - Eres fuerte, hijo - rió, retirando las manos del bebé de su mechón de pelo.

Al entrar nuevamente a la casa Sharotto preparó la leche para su bebé y se lo llevó a su habitación, colocándolo encima de su cama para verlo beber leche. De pronto al escuchar tanta paz junto a su hijo, el rostro de la mujer cambió drásticamente a uno de tristeza.

- Pensar que en unos días ya no te podre ver más - dijo ella, acariciando a su hijo con delicadeza - Mas te vale comportarte bien con tu padre ¿sí? - unas lagrimas se asomaron por sus ojos, recorriendo su mejilla hasta caer en la cama - Sé un buen niño y un gran guerrero - el bebé la miraba con atención, sujetándole su dedo mientras tomaba leche de la mamadera - ¿Qué sucede, eh?, suéltame… - le dijo con una sonrisa, el pequeño no hizo caso y con su mano abierta tocó la mano de su madre, quien sostenía la botella de leche - No lo hagas más difícil… solo duérmete - el pequeño parecía comprender y cerró sus ojos lentamente, quedándose sumergido en un largo sueño.

Sharotto tapó a su hijo menor con la sabana preferida de este y se sentó en la silla del escritorio de Bardock, agarró un lápiz y un papel y comenzó a escribir.

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- ¿¡Sharotto!?, ya llegué - era la voz de Bardock. Él recorrió la cocina con la mirada pero al ver que yacía vacía subió las escaleras - ¿Cariño, estás aquí? - abrió la puerta de su habitación y la vio recostada encima de la cama durmiendo junto a su hijo, este sonrió, ambos se veían hermosos juntos. Al verla de esa manera Bardock no quiso despertarla, pero también quería ser parte de este momento y se acurró junto a su hijo, mirando a su amada que dormía plácidamente.

Bardock comenzaba a cerrar los ojos para dormir junto a ellos cuando Sharotto se movió, cambiándose de lado, este la miró detenidamente hasta fijarse en su espalda. Su polera quedó levemente levantada, dejando al descubierto su cambio de color en la piel. Apenas vio aquel cambio en el cuerpo de su amada, el rostro de Bardock fue de horror.

A causa del repentino pánico que lo invadió, tomó rápidamente a su hijo en brazos y lo llevó a su cuna y al volver a la habitación decidió despertar a Sharotto de su sueño.

- ¿¡Me puedes explicar qué rayos te sucedió en la espalda, mujer!? - alzó la voz tan fuerte que hizo que Sharotto despertara de un salto. No quería tratarla así, pero se sintió traicionado de cierta forma al no saber nada de su estado tan grave.

- ¿Qué?, ¡Bardock cómo se te ocurre despertarme de esa forma! - ella se colocó su mano en su frente para controlar el mareo repentino que le causó aquel despertar tan brusco.

- ¿Que cómo se me ocurre?, ¿¡Cómo se te ocurre a ti no decirme lo que te sucedió en tu cuerpo!? - chilló, colocándose de rodillas para estar a la altura de ella.

- ¿Có-Cómo lo sabes? - preguntó sorprendida.

- ¡Dime! - le ordenó, mirándola seriamente a los ojos.

Sharotto se sentó en la cama, tomando aire para tranquilizarse y le contó todo lo que había sucedido, desde el momento en que ocurrió el accidente hasta donde fue atendida por la doctora.

- Siento no habértelo dicho antes Bardock, entiéndeme - dijo en un susurro.

- ¿¡Entenderte!?, ¡no sabes el daño que me has hecho en estos momentos, mujer! - Bardock se levantó del suelo y miró desde la ventana, sujetándose la cabeza con ambas manos.

- Solo… cálmate ¿sí?, no es tan grave como crees que es - dijo Sharotto para tranquilizarlo.

- ¿Calmarme?, ¿crees que soy estúpido? - dijo de manera serena, aun mirando hacia la ventana - Se sincera conmigo y dime cuánto te queda de vida… - su cuerpo se tensó, preparado para escuchar lo peor.

Un silencio incómodo se apoderó de la habitación, Sharotto soltó un largo suspiro, preparándose para hablar mientras Bardock aún esperaba la noticia. Tenía los músculos de su cuerpo literalmente tensos y la mirada fija en algún lugar lejano mientras que su mente yacía en blanco.

- Probablemente unos días - Sharotto bajó la cabeza y se mordió el labio inferior.

- No… - dijo, casi inaudible. Bardock colocó sus brazos a los lados y apretó su mandíbula tanto como pudo, aguantando la angustia que lo golpeaba una y otra vez en su garganta.

La noticia fue embriagadora, sintió que el corazón se le partió en mil pedazos y emprendió vuelo, saliendo con gran velocidad de la habitación. En esos momentos deseaba golpear algo, matar, incluso hasta desaparecer. Estaba tan enojado con su mujer que no podía pensar racionalmente las cosas.

- ¡Bardock! - gritó ella para detenerlo, pero él aumentó la velocidad aún más, perdiéndose en el cielo.

Sharotto, al ver el daño que le había causado, soltó por fin sus lagrimas que había retenido por tanto tiempo, dejándolas salir. Liberando cada dolor por el cual había pasado, tanto era su dolor que sus piernas no aguataron su peso y cayó de rodillas al suelo, dando pequeños golpes con las manos para despejar el odio que sentía al ver lo furioso que estaba su amado por no haberle contado de su situación.

La mujer apoyó su frente junto al suelo sin dejar de llorar, balanceando su cuerpo levemente, tratando de abrazarse para encontrar un poco de consuelo, pero nada, sentía frío y soledad.

Luego se sentó en el suelo y apoyó su cabeza en el costado de su cama mientras las lagrimas caían de sus ojos de manera abrumadora, recorriendo sus mejillas lentamente, sintiendo un leve cosquilleó que se volvía molestoso.

Atacada por la tristeza, su mirada se nubló rápidamente por culpa de su llanto, impidiéndole ver con claridad.

Ahogada en sus lagrimas trató de respirar, tratando de serenarse, pero al recordar lo sucedido y el rostro serio de Bardock, el llanto volvió a atacarla como un fuerte golpe. Su cuerpo se retorcía con cada suspiro que daba y el dolor de su herida comenzó a arderle de manera casi insoportable, sintiendo punzadas que penetraban dentro de su cuerpo, seguido por fuertes dolores de cabeza y una fiebre que se elevaba repentinamente.

Sharotto reaccionó ante las señales que le estaba dando su cuerpo y secó sus lagrimas con el dorso de su mano para luego colocarse de pie, aferrándose a su cama. El dolor se volvía insoportable con cada movimiento que daba, pero a pesar de eso logró sentarse en su litera y dejó la tristeza que sentía de lado, concentrándose en el dolor que le abrumaba de manera sorprendente.

Con gran rapidez agarró su cabello y se lo ordenó para despejar su rostro, tomó la cinta roja que siempre usaba y se la amarró, formando una cola.

- Debo ir…al hospital - se decía a sí misma mientras trataba de tomar una de las pastillas para que alivianara el dolor que sentía. Con gran dificultad tomó una de ellas y esperó a que le hiciera un poco de efecto y cuando el dolor comenzaba a desaparecer logró levantarse.

Sharotto sentía que este sería lo último que haría y empacó un poco de ropa para el bebé más unos biberones con leche en polvo, listas para ser preparadas. Las metió al bolso y se dirigió con algo de lentitud hacia el cuarto del bebé, el cual dormía plácidamente. Lo tomó con delicadeza en sus brazos, envolviéndolo con una cobija y salió volando de la ventana.

En esos momentos no sabía cuánto demoraría Bardock en llegar, por lo que decidió irse junto a su pequeño.

Sharotto trataba de concentrarse en el ki de Bardock, pero este debió de haberlo disminuido a tal punto en que era casi imposible detectarlo.

Los dolores de espalda volvieron a aparecer, dando puntadas por todo su cuerpo, provocándole que bajara la velocidad, impidiendo mantenerse en los aires por mucho tiempo.

Estaba a solo unos metros de llegar a su destino, pero el malestar persistía, provocando que descendiera lentamente mientras trataba de no caer.

Mientras tanto, los guardias que vigilaban el palacio real vieron a lo lejos como la mujer se dirigía hacia ellos con gran dificultad y acudieron a ella con rapidez. Sharotto descendió de golpe al no aguantar más el dolor, cayendo de rodillas, logrando proteger al bebé de la fuerte caída.

- ¿Se encuentra usted bien? - le preguntó uno, ayudándola con el bolso y el bebé, mientras que otro se encargó de levantarla.

- Necesito ir al hospital… - dijo con voz cansada.

Los guardias asintieron con la cabeza, dos de ellos la cargaron, rodeándola por la espalda mientras que el otro sostuvo al bebé y el bolso.

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Bardock destruyó gran parte del bosque, descargando toda su furia interna. Ni si quiera tuvo tiempo de pensar que si lo que estaba haciendo estaba bien o mal, pero cuando se dio cuenta del daño que le hizo al lugar y cuando volvió a escuchar las palabras de su mujer en su cabeza regresó a la casa para disculparse con Sharotto, sabía muy dentro de él que si no le había dicho antes era para impedir que este se preocupara de ella por más de la cuenta.

- ¿Sharotto? - entró por la puerta, mirando a su alrededor. Todo parecía mas tranquilo que de lo normal - ¿Sharotto, estás arriba? - subió las escaleras de dos en dos, la pieza matrimonial estaba vacía y desordenada, sus ojos se abrieron de par en par y pasó por la habitación del bebé.

Al no ver rastro de ninguno de ellos el saiyajin sacó una polera verde musgo y se la puso, haciéndola combinar con aquel pantalón azul marino que llevaba puesto. Bardock, con gran velocidad, buscó su localizador con desesperación hasta que lo encontró, lo activó y se echó a volar, tratando de ubicar el ki de Sharotto. "Donde diablos estas cariño… me tienes preocupado…".

Bardock apretó su mandíbula hasta que el localizador sonó de repente, apuntando a la dirección que esta marcaba.

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- ¿Dónde… está mi hijo? - preguntó una débil Sharotto, acostada en una camilla, en su brazo le colocaron suero y calmantes - ¿Qué… es… esto? - preguntó casi de mal humor al ver su brazo con una aguja más un tubo que seguía de esta.

- Descuida Sharotto, tu hijo está en aquella cuna - era la doctora que la había atendido hace unas semanas - Convencí a las enfermeras de que no se llevaran al niño debido a tu condición - le dijo en un tono apaciguador.

- Gra-Gra…cias - dijo con dificultad, los saiyajines raramente se disculpaban debido a su orgullo, pero hizo una excepción debido a su estado - ¿Puedo cargarlo? - se refirió a su bebé.

- Claro - la doctora lo tomó con cuidado y se lo colocó en los brazos de la joven madre.

A lo lejos la voz de Bardock retumbaba por los pasillos.

- Bardock… - suspiró emocionada.

- Sharotto, tu pulso baja cada diez minutos… - le avisó la doctora, atenta a su situación. Ella asintió, sabía que su muerte se acercaba a pasos agigantados.

- Ay hijo… espero que tu padre cuide mucho de ti - dijo abrazándolo, el bebé no hacía más que mirarla con atención, tratando de acariciar el rostro de la mujer, el cual era un poco más pálido.

- ¡Sharotto! - era Bardock, quien apareció de pronto en la entrada de la habitación - Cariño… - se acercó con pasos fuertes. La doctora, al notar el aura preocupada del sujeto, se alejó un poco de la mujer, permitiéndole al saiyajin acercarse al lado de la camilla, colocando una mano en el rostro de ella - Serás capaz de…de…

- Shh… - lo calló ella con su dedo - Te entiendo, quiero aprovechar estos momentos contigo… y con nuestro hijo… - Bardock abrió su boca levemente y miró a la doctora como queriendo preguntarle sobre el estado de su mujer, ella entendió el gesto de preocupación y asintió con tristeza, luego volvió a mirar a Sharotto, quien desprendía lagrimas por sus ojos.

- No… - murmuró Bardock, apoyando su cabeza en el vientre de su mujer, y ella le acarició sus cabellos suavemente - ¿¡Por qué!? - se decía a sí mismo, mientras los ojos de Sharotto se aguaban cada vez mas de forma silenciosa - No sé qué hacer sin ti - decía, aún apoyado en su estómago - No soy nada sin ti Sharotto… - murmuró con voz desgarradora. La doctora se entristeció con la escena y sin hacer ruido dejó la habitación para darles privacidad - ¿Qué se supone que haga ahora?...¡dímelo! - gruñó Bardock.

Triste y desolado la miró a los ojos, este tenía los ojos de un leve color rojo, pero no habían rastros de lagrimas en sus mejillas. Orgullo, pensó ella.

- Cariño…siempre estaré contigo… aquí - ella apoyó su mano en su pecho, indicándole el corazón - Viviré ahí, en tus recuerdos, viviré mientras tu amor por mi aun permanezca ahí - sonrió con tristeza - Debes prometerme que serás fuerte… pase lo que pase, y que cuidaras de él… - miró a su hijo y sonrió levemente - Y debes ponerle un nombre, antes de irme…debo saber cómo lo llamaras - se dirigió a Bardock acariciándole el rostro.

- No he pensado en ello aun - su labio le temblaba y sentía que sus ojos le ardían cada vez más, pero aun no habían señales de lagrimas.

- ¿Qué?, cariño… ya ha pasado tiempo suficiente…vamos, ponle un nombre - le sonrió ella, secándose con el dorso de su mano sus lagrimas. Bardock miró a su hijo y luego a Sharotto.

- Su nombre será… - sonrió tembloroso - Kakaroto - dijo, el pequeño ladeó su cabeza, mirando por breves momento a su padre.

- Kakaroto - repitió la mujer - Me gusta - sonrió.

- Decidí llamarlo así, para recordarte, suenan similar...de cierta forma, claro - Bardock agachó la cabeza - Después de todo, Kakaroto se parece más a ti que a mí en carácter - le tomó la mano a su hijo, luego la retiró y tomó la mano de su mujer.

- Tienes razón… - Sharotto se detuvo en los ojos negros de Bardock, contemplándolos, luego desvío la mirada y cargó a su bebé en sus brazos para darle un beso en la mejilla, hecho eso se lo pasó al guerrero quien lo recibió con calidez sin dejar de mirarla - Cuídalo mucho - Bardock asintió, se acercó más a su mujer y se besaron por última vez, sintiendo los labios del otro, humedeciéndose poco a poco, perdiéndose en la calidez que ambos emanaban al besarse de una forma lenta y tierna a la vez - Jamás olvidare nuestra primera noche en aquel lugar - dijo sonriendo, recordando la primera vez que hizo el amor con él.

- Lucias despampanante - sonrió, luego recordó que Sharotto jamás conoció su planeta de forma completa, su mirada se torno seria y la miró a los ojos, desolado - No dejare que mueras aquí, no así - él se levantó de un salto y le encargó su hijo a la doctora, que yacía en el pasillo. Al volver, Bardock quitó la aguja del antebrazo de Sharotto y la cargó en sus fuertes brazos.

- ¿Qué haces?... debo estar aquí - le ordenaba.

- Shh…confía en mí - Bardock rompió de un puñetazo la ventana que estaba en la habitación, no había tiempo que perder y salió volando por esta, dirigiéndose al lugar más hermoso que pudo encontrar en el planeta Vegita. El cual, aún, no conocía Sharotto.

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Bardock aterrizó en el césped, donde el viento soplaba con calidez, bajó con cuidado a Sharotto quien se sentía cansada y casi sin energías.

- ¿Qué es este lugar? - preguntó, posando sus pies en el suave pasto, esta miró el lugar, dando un giro de 360 grados, observando cada detalle, era una laguna rodeada de árboles, que tenía un color verde por el reflejo de la vegetación que había. Sharotto empezó a caminar, mirando el área sorprendida, se acercó a una de las cuantas rocas que había alrededor de la laguna y observó el agua, luego escuchó a lo lejos el ruido de la cascada que se encontraba a unos pocos metros de distancia.

Al ver tal hermoso paisaje sonrió conmocionada, dejando caer sus pies en el agua fresca para chapotear con sus piernas, moviéndolas de un lado a otro sintiendo como el liquido se posaba en su piel. Bardock miraba de lejos como ella disfrutaba de aquel sector y sonrió por un momento.

El saiyajin se quitó su pantalón, sus botas y su polera, dejándolas amontonadas encima de un roca que yacía cerca de la laguna. Luego se dirigió hasta donde yacía Sharotto.

Bardock la abrazó tiernamente por su cintura, apoyando su mentón en el hombro de la mujer. Esta apoyó su cabeza al lado de él, suspirando por un momento.

- Bardock… - él se colocó en frente de ella, impidiendo que hablara - Pero ¿qué haces? - sonrió, casi soltando una carcajada.

- Vamos a recordar viejos tiempos - dijo, regalándole una sonrisa de lado, este le ofreció su mano, Sharotto la miró, dudando si tomarla o no - ¿Solo vas a mirarla? - preguntó Bardock al ver que esta observaba su mano.

- Me gustan, son varoniles - rió - Si piensas que me tirare así hasta la laguna estas muy equivocado - dijo, jugando a ser seria.

- Si es por como luce tu cuerpo a mi no me importa, para mí siempre será hermoso de la manera que luzca - Sharotto lo miró cautivada, bajó de la roca con delicadeza y se acercó hacia él. Bardock retiró su ropa sin romperla, dejándola desnuda, luego desató su cabello, tirando la cinta y el resto de la ropa encima de la roca en la que ella estaba.

La tomó en sus brazos y caminó hasta que el agua le llegó a su cintura, luego dejo caer a la mujer posando su espalda en el agua y ella flotó disfrutando de la sensación mientras Bardock le incitaba a nadar. Sharotto sonrió al ver cómo él la animaba a hacer cosas en su estado, y al notar en que estaba en las ultimas lo abrazó.

- Gracias por esto - sonrió, abrazada a él, mientras este nadaba sujetándola de la cintura. Bardock besó su cuello para luego acariciar su cabeza y suspiró, disfrutando la compañía de su mujer.

Ambos se divirtieron aquel día hasta que el cielo cambió de color. Era tarde y la brisa se hizo más fría, Bardock sabía que el momento llegaría y sacó a Sharotto del agua, secándole su cuerpo entero con su polera verde musgo, luego le colocó su ropa y el la suya. La mujer apenas podía mantenerse en pie, la poca energía que le quedaba la gastó completamente en aquel romántico momento con él.

- ¿Qué harás ahora? - dijo Sharotto mirándolo con ternura, tocándose sus piernas, sentada en el pasto.

- Iremos a las montañas a ver el atardecer - sonrió, terminando de colocarse sus botas, se acercó a ella, pero esta se levantó antes - ¿Qué haces?, yo te llevare.

- No, quiero volar por última vez por mí misma, aún…me queda algo de energía - sonrió, Bardock había olvidado por un momento que la perdería y bajó su cabeza con tristeza - Ven aquí - lo besó tiernamente, luego se colocó su cinta roja usándola como un cintillo - Vamos - dijo ella elevándose, este la siguió y la condujo hacia las montañas tomándole la mano.

Se sentaron en la roca más alta, ella se sentó delante de él mientras que era rodeada por los grandes brazos de Bardock y así ambos vieron el atardecer que era contorneado por montañas. Cada minuto que pasaba el sol bajaba aun mas, desapareciendo detrás de las colinas, abajo había un hermoso riachuelo que reflejaba el color naranjo del sol en el agua. Sharotto se aferró aun mas a su amado mientras que él apoyó su cabeza al lado de ella.

- Te amo - susurró muy bajo como si ya las fuerzas la estuvieran abandonando lentamente, Bardock la miró a los ojos como queriendo recordar por siempre aquella hermosa mirada.

- También te amo, cariño - acarició su rostro y lo acercó hacia el suyo. Ella sonrió, ya no lloraría más, había pasado un momento único con el hombre que amó y eso bastaba para ella.

- Tengo mucho sueño - Sharotto ya no podía mantener los ojos abiertos, su cuerpo de pronto se hacía más pesado, debilitándose poco a poco. Bardock la tomó y la sentó en sus rodillas para tenerla mucho más cerca de él, aún no estaba listo para dejarla partir - Hazme dormir - le pidió, derramando una lagrima, la cual era tanto de alegría como de tristeza.

Bardock en ese momento sintió un nudo en la garganta y obedeció sin chistar a su dulce petición, meciéndola lentamente hasta que ella se quedó "dormida" con una leve sonrisa en sus labios. Él solo miraba el atardecer, abrazando con fuerza el delicado cuerpo de su mujer, había estado así por tanto tiempo que ni cuenta se dio cuando ya era de noche.

- Sharotto… - acarició su rostro que yacía inmóvil, reflejando una sonrisa - ¿Cariño…? - a él le tembló el labio al no ver reacción de su parte y con un dedo, que no dejaba de tiritar por el miedo, tocó su cuello para tomarle el pulso, pero nada. Bardock apoyó su oído en su corazón y se detuvo ahí por un largo rato, soltando por primera vez las lagrimas que tanto contuvo.

Se había ido.

Bardock tomó a su mujer inmóvil en brazos y voló hasta llegar al hospital, posó sus pies en el suelo y caminó hasta donde yacía la doctora que estaba jugando con su hijo, al ver al hombre se puso de pie de inmediato y sus ojos fueron directos al cuerpo sin vida de la mujer.

- Lo lamento mucho señor - se disculpó, Bardock asintió y se dirigió hasta la camilla posando a Sharotto mientras recogía sus pertenencias. Kakaroto vio a su madre en la cama que yacía con los ojos cerrados, alzó sus brazos para ir donde ella, pero la doctora no se atrevió a acercarse con el pequeño, el bebé al no ver que lo acercaron hacia su madre, comenzó a llorar.

- Sáquelo de aquí - ordenó con voz suave pero demandante, la doctora obedeció y esperó afuera para dejarlo a solas. Al tener el bolso ordenado, salió de la habitación y recogió a su hijo, quien paró de llorar cuando vio a su padre.

- ¿Hacia dónde lo llevara? - preguntó la doctora.

- Al funeral de su madre - dijo serio y con algo de amargura. Volvió a la habitación y se puso el bolso alrededor de su cuerpo, dejó a Kakaroto en la camilla y tomó a su madre en los brazos luego se acerco para tomar a su hijo, pero el bebé quedó mirando a su madre, acercándose hacia ella y se subió hasta llegar a su pecho. Bardock quedó sorprendido al ver a su hijo actuar de esa manera, este se acurrucó en ella y se apoyó también en su padre. "¿Se habrá dado cuenta que su madre…? no, no lo creo…"

El saiyajin tragó saliva y se empeñó a volar hacia su casa. Dejó a su mujer en la cama matrimonial mientras que a su hijo lo dejó en su cuna. Bardock se apoyó en la pared casi sin fuerzas tratando de asimilar lo ocurrido, soltando nuevamente unas lagrimas al ver el cuerpo de su mujer que yacía sin vida en su cama. Se acercó débilmente hacia ella y la contempló por última vez, vio que aun tenía su cinta roja y se la sacó, llevándosela hacia su nariz para oler aquella fragancia única que emanaba de esta y se la colocó en su frente amarrándola hacia atrás.

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Ya de noche, con su hijo en brazos, alzó su extremidad para desprender de su mano una bola de energía apuntando hacia el suelo, dejando un gran hoyo en la tierra. Dejó a su hijo abajo y tomó a Sharotto en sus brazos por última vez, depositándola con delicadeza en la tierra, cogió una sabana que tenía y se la colocó por encima del cuerpo de Sharotto mientras el pequeño Kakaroto veía la escena, aferrándose del pie de su padre y ambos vieron su silueta por última vez.

Kakaroto quedó inmóvil queriendo ir donde estaba su madre, pero Bardock lo tomó en brazos y quedaron en silencio por un momento.

Fue en ese instante cuando el pequeño comenzó a llorar y Bardock lo miró confundido, lo meció un poco pensando en que eran lagrimas por la muerte de su madre, pero no dejaba de llorar.

- ¿Ahora qué quieres, mocoso? - lo alzó con los brazos y ambos se miraron. Tiene hambre, cariño escuchó en su mente, era la voz de Sharotto. Bardock quedó helado y fue a prepararle leche - Ahora… ¿cómo se hacía esto? - Kakaroto miraba lo que hacía su padre en silencio mientras este lo cargaba con un brazo Busca en mi bolso escuchó nuevamente en su cabeza - Sharotto… - dijo con tristeza. Sin pensarlo dos veces abrió el bolso de la mujer y había una botella con la cantidad de leche en polvo que el bebé necesitaba tomar, calentó agua y la colocó en la mamadera, la agito rápidamente y luego puso la botella de leche en un balde de agua fría para entibiarla.

Al pasar diez minutos sacó la botella de leche del agua fría. Estaba a punto de llevársela a la boca del pequeño cuando, nuevamente, la voz de Sharotto retumbó en la mente del saiyajin Pruébala tú primero - ¿Pero que…? - se sintió regañado, pero hizo caso y se echó unas gotas de leche en su mano, luego se la dio al bebé hasta que este quedó profundamente dormido - Sin ti no sé qué hacer… - musitó, por si ella lo estaba escuchando.

Hecho esto, subió las escaleras y entró en la habitación del pequeño para dejarlo en su cuna y lo arropó con su cobija. Avanzó unos cuantos pasos y voló desde el ventanal para luego descender lentamente hacia la tumba de su mujer que quedaba a unos metros de la casa.

Bardock dio un suspiro y con sus propias manos comenzó la ardua y triste tarea de enterrar a su mujer.

Al cabo de una hora y media la tumba de Sharotto estaba lista, luego la decoró con pequeñas piedras alrededor de la tumba y dejó encima de esta un ramo de flores silvestres.

- Espero algún día volver a verte - dijo Bardock en susurros, bajó su cabeza y contuvo su dolor, parado al lado de la tumba de su mujer hasta medianoche.

Al cabo de un rato Bardock subió las escaleras con desgano, deteniéndose a pocos metros de su habitación, miró con nostalgia el cobertor de la cama, imaginándose a Sharotto dormir de lado como siempre lo hacía, los recuerdos que se le vinieron a la mente fueron tan desgarradores como grandes puñaladas en su estómago y garganta, impidiéndole entrar al dormitorio.

Volteó su rostro y sus ojos se posaron en el cuerpo de su hijo que yacía durmiendo en su cuna. Él entró y cerró la puerta, sentándose en el sofá que había en la habitación, buscó una manta y se cubrió, hasta quedarse dormido. No podía volver a esa habitación cuando sabía que sería peor para él al notar que al día siguiente ella no estaría allí.

[Bardock]

- Bardock… - su voz me golpeó suavemente, acompañada con escalofríos en mi nuca - Abre tus ojos - quería abrirlos pero no podía, tenía por primera vez miedo, miedo a que cuando de verdad despertara no pudiera verla ni sentirla - Cariño, no fue mi intención dejarte de esa manera - su voz me consolaba completamente, se escuchaba más clara y tierna a la vez, como sonidos místicos que provenían de otro lugar.

- Sharotto… - aun quise mantener mis ojos cerrados cuando sentí su cuerpo encima de mi - Oh… - suspire con tristeza al verla, su piel era distinta, era más limpia y pura, su cabello era más brillante que de lo normal y su cuerpo era perfecto, como si fuera una mujer distinta, pero sabía que era ella. El lugar en donde estábamos era desconocido para mi, casi no podía ver nada, una luz rodeaba el lugar casi por completo, pero había césped y el sonido del agua al caer se escuchaba de lejos - Te extrañe - yo permanecí sentado mientras ella abrió sus piernas y se aferró a mi cuerpo lo mas que podía, la abrace fuertemente, sintiendo cada textura de su cuerpo y de su aroma que provenía de su cabello. Todo era tan real.

- Sabes que aun sigo aquí contigo, siempre lo hare - me tranquilizó, acariciando mi cabeza y mi rostro, observándome por unos instantes para luego besarme.

- No quiero despertar de este sueño - dije, abrazándola aún más.

- Lo sé, tampoco quiero dejarte ir, pero al menos te acompañe toda la noche, es hora de que despiertes - me dijo, acariciando mi rostro.

- ¿Volveré a verte? - la mire a los ojos mientras ella dejaba de estar apoyada en mí, la luz blanca hacia desaparecer a mi mujer lentamente cuando ella se alejaba.

- No - me miró con tristeza - Quise acompañarte hoy, pero no tendré permitido una segunda vez, se fuerte y cuida de nuestro hijo ¿sí? lo harás bien. Te amo - se acercó a mi por última vez para besarme y se desvaneció en aquella luz cegadora.

Abrí los ojos y lo primero que escuche fueron los llantos de Kakaroto, me quede sentado por un momento y me coloque las manos en mi cabeza. Luego me levante de golpe y me dirigí hacia la cuna para calmarlo.

- Ahora qué tienes ¿eh? - lo miró de pies a cabezas, el pequeño lo observó por un momento en silencio para luego volver a llorar - ¡Ahh!, veamos… ¿tienes hambre? - Bardock le mostró una botella vacía donde tomaba leche, el pequeño la miró extrañado y agarró la polera de su padre con fuerza, volviendo a llorar - ¿¡Pero qué tienes!? - lo alejó de su cuerpo tomándolo aun en brazos, luego vio su pañal y lo acercó hacia él - ¡Pero qué peste! - exclamó horrorizado, dejándolo en la cómoda que tenía frente a la cuna para cambiarle de pañal - Veamos… - el joven guerrero quitó el pañal con suma rapidez, limpió sus partes y sacó un nuevo pañal para su hijo - ¿Ahora cómo logro…amarrar esto…? - decía, intentando atar los pequeños adhesivos.


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Era apenas medio día cuando Bardock decidió que no podía hacerse cargo del pequeño él solo, necesitaba a Sharotto.

"Perdóname Sharotto…pero no puedo…no sin ti…"

Decidido, empacó las cosas para el bebé y las dejó en un bolso. Era un día caluroso así que le quitó la polera a su hijo para luego tomar rumbo al hospital.

- Señor Bardock ¿a qué se debe su visita? - preguntó la doctora, quien había atendido a su mujer.

- ¿Dónde se encuentra el laboratorio del doctor…? - trató de recordar el nombre, pero le fue imposible, aun así la doctora sabía a quien se refería y le indicó la dirección con su brazo.

Al llegar al laboratorio, Bardock le entregó su hijo a aquel anciano doctor, quien poseía un delantal blanco protegido por una armadura de hombreras que usaban algunos saiyajins, aquel doctor estaba acompañado por su leal servidor humanoide, perteneciente a una raza de lagartos que con los años evolucionaron, aprendiendo las mismas costumbres que hacían los hombres.

- ¿Qué te trae por aquí, muchacho? - le preguntó el anciano.

- Necesito que te hagas cargo de mi hijo… nadie debe saberlo, te pido que lo cuides en mi ausencia - añadió al final, el anciano tomó al bebé para examinarlo con la mirada y se lo pasó a su acompañante, quien lo dejó reposar en una capsula para analizar su cuerpo y poder.

- ¿A dónde iras? - le gritó el doctor mientras que Bardock se echó a correr. El doctor merodeó su laboratorio con las manos hacia atrás, deteniéndose en la capsula donde yacía el niño - Kakaroto - leyó él de un papel, el cual había sido retirado antes de ponerlo en la capsula. Bardock se había tomado la molestia de escribir el nombre de su hijo para que otros no le pusieran un segundo nombre.

- Parece ser que es un guerrero de clase baja - añadió su acompañante mirando la maquina que registraba los datos del bebé - Tiene un poder de pelea bastante bajo - se acercó a la pantalla para comprobar - Solo nos queda enviarlo a un planeta donde no haya seres con muchos poderes, doctor.

- Si, tienes razón - apretó un botón y la tapa de la capsula se abrió hacia arriba, el pequeño no paraba de llorar, se sentía solo, además de estar completamente desnudo. Ambos doctores miraron al pequeño y le dieron de comer para luego volverlo a encerrar, siendo esa una forma de cuidar al pequeño de toda enfermedad que poseía el ambiente.

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Mientras tanto, Bardock se había enlistado nuevamente a la organización interplanetaria, siendo jefe del escuadrón por sus grandes habilidades y logros en el pasado. Su primera misión fue despoblar al planeta Kanassa, como en los viejos tiempos.

Antes de dirigirse a la nave, recordó las últimas palabras de su mujer, le dolieron al reconocer que estaba faltando aquella promesa de cuidar de su hijo, su corazón dolió demasiado, tanto así que no podía actuar de una mejor manera más que esta, volver a hacer lo que él había hecho desde un principio, dedicarse a la destrucción y así de esa forma desquitarse por su gran perdida, era el mejor método que conocía para alejarse del dolor de la muerte de su mujer. De ahora en adelante pelearía por el dolor que sentía, la muerte de Sharotto fue un golpe tan grande para su corazón que parte de aquel ser frío que era antes, volvió a él.

Suspiró por última vez antes de subirse a la nave y miró con tristeza hacia el lugar donde estaba su hijo.

"Por favor Sharotto…perdóname"


.*.


Fin.


¡Hola de nuevo! ¿Qué les pareció el capítulo? :O

Bueno, la historia queda aquí, ya que luego de eso viene lo que pasa en la película de Bardock (la primera, no es en la que Bardock se transforma en súper saiyajin, por si acaso n_n) Creo que la película se llama "Bardock, el padre de Goku".

Espero que les haya gustado la trama, ya que mi intención fue siempre aclarar cómo empezó todo esto para luego llegar a la parte en donde empieza esta película. Nuevamente les agradezco a todos por seguir la historia y espero sus lindos reviews para saber sus reacciones n.n.

Un abrazo apretado a cada uno de ustedes y espero encontrarlos en una de mis otras historias :)

¡Gracias por pasar y hasta pronto! :D