Capítulo 28: Hablemos del pasado
Disclaermi: Los personajes de este fics no me pertenecen a mi sino a la gran SM, yo solo me dedico a jugar con los personajes y hacerlo vivir una loca y retorcida vida.
Empieza la cuenta regresiva para el final, gracias a todas por si RR, en verdad me emociona leerlo y para las que kerien asesinarme por matar a Ali, oh vamos sabían q eso iba a pasar jajajaja, pero bueno todo pasa x algo cuando una vida se desvanece otra nueva vida nace… jejeje en este capitulo ya verán a lo q me refiero
www. Facebook groups / elite . fanfiction / capitulo veteado por Flor Carrizo
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Bella POV
—¿Me estás diciendo que la persona que yo creía que era mi abuela en realidad era mi hermana? —Edward me tomó por los brazos y me sentó en sus piernas antes que matara a alguien.
Eso no podía estar pasando en verdad, mis padres no eran nada de lo que yo creía que eran. Siempre supuse que tendría entre 40 a 45 años, jamás les gustaba decir su edad y cuando alguno de ellos cumplía años sólo colocaban una velita en el medio del pastel; jamás imaginé que hacían eso porque no deseaban que yo supiera que tenían más de un siglo de edad. Lo peor era que me estaba enterando que la mujer a quien siempre le decía abuela, no era ni por cerca mi abuela sino mi hermana, ¡mi hermana! Dios mío, no podía creerlo.
Estuve a punto de golpear a mis padres… ¿cómo pudieron ocultarme algo tan importante como eso? Eso explicaba por qué cuando mi abuela, digo mi hermana, murió mis padres habían estado tan desesperados. Empezaba a recordar todas las veces que estaba con mi abuela, no le gustaba que mis padres estuvieran separados. En más en una ocasión los escuché discutir, pero sólo tenía cinco años en ese momento y siempre creía que estaba escuchando cosas.
Fue bueno que Edward me sentara en sus piernas, porque no sabía qué hubiera hecho.
—Pero… ¿por qué? No entiendo. ¿Por qué si ustedes son inmortales su hija no obtuvo el gen? —preguntó Jasper interesando
—Fue porque yo simplemente nací con el gen —empezó a decir Renée—. Verán, a diferencia de Charlie, Elizabeth y Edward Padre, mi familia era humana, pero yo nací con el gen; por lo que si hubiera tenido un hijo con un humano, este sería normal o heredaría el gen, eso mismo ocurría si me casaba con un inmortal, ya que mi gen no es heredado. Cuando nació nuestra primera hija fui la mujer más feliz del mundo, pero fue entonces que descubrimos que nuestra Isabel nació siendo completamente humana… —Vi la tristeza en los ojos de mi madre—. Si yo hubiera nacido dentro de un clan de AtakaNosus, mi pequeña estaría aún con vida.
Mi padre abrazó a mi madre por detrás.
—Pero aun así vivimos como si ella jamás moriría, pero siete años después de haber nacido ella, una noche Renée tuvo a nuestra segunda hija —empezó a decir mi padre y aquellas imágenes volvieron mí, el nacimiento de una bebé, mi padre diciendo que huyera, entre otras cosas—. Ellos volvieron a aparecer, esa vez tenían planeado asesinarnos a todos, pero unos viejos amigos llegaron para impedirlo. Tuvimos que huir, no podíamos quedarnos, ellos ya conocían nuestra ubicación, nos dimos por muertos y nos refugiamos durante 40 años.
—Pero… ¿por qué yo tengo esas visiones? —me pregunté a mí misma casi en voz baja, pero todos me escucharon
—Tú no lo recuerdas, cariño, pero cuando tenías tres años tuviste un accidente en el que casi pierdes la vida, para ese entonces estabas con tu… con Isabel. Perdiste demasiada sangre por lo que ella tuvo que donarte parte de la suya, pero ella tenía una habilidad muy particular, podía trasmitir sus pensamientos, recuerdos, sentimientos y deseos con sólo tocar a alguien —explicó mi padre. Ahí entendí que mi abuela tenía la misma habilidad que Nessie—. Creemos que cuando Isabel te dio parte de su sangre, también te dio parte de sus recuerdos y vivencias.
—Ahora comprendo muchas cosas.
Todo eso explicaba muchas cosas, por eso sentía esa angustia cuando esas imágenes venían a mi mente, pero al mismo tiempo sentía como si no me pertenecieran.
—Cariño, ni tu padre ni yo quisimos mentirte jamás, pero cuando tú naciste fue un milagro, pensamos que ya no podíamos tener más hijos —explicó mi madre—. Isabel, al saber que tendríamos otro bebé, prefirió que tú la vieras como tu abuela y no como tu hermana, ya que sabía que iba a morir, no deseaba causarte más dolor.
—Pero lo hizo. —Estaba molesta, pero al mismo tiempo triste, siempre quise a mi abuela, la veía como una segunda madre, siempre me mostraba una sonrisa sin importar cuán triste estuviera—. ¿El abuelo quién era?
En casa de ella había muchas imágenes de ella con un hombre al que siempre le dije abuelo.
—Fue el esposo de Isabel, murió cuando tú tenías ocho años, pero nunca tuvieron hijos, ya que ella no podía tenerlos —contó mi madre—. Él conocía nuestro secreto desde un principio, aun así meses después de conocerse se casaron. Nosotros nos hicimos pasar por sus hermanos, luego ambos decidieron que era mejor que Charlie se hiciera pasar por su hijo cuando nos mudamos a Forks.
—¿Cómo explica el sello de sangre que posee Bella con los hermanos Masen? —preguntó Unni interesando.
—¿Sello de sangre? —todos preguntamos al mismo tiempo.
—Eso yo lo puedo responder… —por primera vez habló la madre de Edward—. Pero primero hay algo que debemos decirte, Alice —volvió a hablar Elizabeth—. En realidad sólo deseamos entregarte unas cosas que te pertenecen y una carta de tus padres.
—¿Mis padres? —preguntó Alice mirando a Elizabeth—. ¿Ustedes conocían a mis padres?
—Así es, ya que tu madre era mi hermana —explicó la señora Masen.
—¿Su hermana? Es decir, ¿usted es mi tía?
—Sí, Alice, tú también heredaste el gen, pero mi hermana nació siendo humana. Cuando tú empezaste a tener visiones, mi hermana se preocupó ya que tu padre no conocía el secreto, aunque desde pequeña pasabas las vacaciones en nuestra casa. —Sonrió con ternura a Alice—. Tu padre creía que algo andaba mal contigo y te internó, para ese momento mi hermana había caído enferma y no sabía si iba a sobrevivir, por lo que no pudo hacer nada por ti. Nosotros no sabíamos que había pasado contigo, pero cuando nos enteramos habían pasado dos años desde que fuiste internada. Cuando llegamos supimos que los cazadores estaban tras de ti, por lo que decidimos dejarte en ese lugar ya que era el más seguro para ti.
—¿Seguro para mí? ¡Sufrí cuando estuve ahí! —gritó molesta.
—Lo sé, sabíamos que estabas sufriendo pero no deseamos exponerte a los cazadores, temíamos que ellos te usaran para aumentar el número de su clan; así que un vampiro amigo de nosotros se encargó de cuidarte y evitar que los humanos te hicieran daño, aunque no pudo evitarlo por completo. Cuando nosotros caímos enfermos, los cazadores detectaron tu poder y atacaron el hospital donde te encontrabas… —Su mirada se ensombreció—. Chris no tuvo otra opción, sabía que si te dejaba siendo como nosotros ibas a sufrir, por lo que tomó la decisión de transformarte, como tu sangre estaba sellada no evitaste que la ponzoña se esparciera. Chris trató de sacarte del hospital y llevarte a un lugar seguro, pero los cazadores lo encontraron y antes de que pudieran llegar a un lugar seguro él logró esconderte a costa de su propia vida. Él te había tomado mucho cariño, pues le recordabas a su hija.
—Lo recuerdo, son imágenes borrosas, pero él siempre me sonreía y me llevaba algunos dulces. —Alice bajó la mirada triste.
—Él siempre quiso que tú supieras la verdad, pero también deseó que encontraras a alguien con quien compartir tu vida —dijo Edward padre mirando a Jasper y le tendió un álbum—. Esto es algo que deseaba que tú tuvieras. —Alice tomó el álbum y lo abrazó con fuerza.
—Gracias —susurró con emoción.
—Esto es de parte de tu padres. —Elizabeth le dio una caja grande, de la cual sacó una carta y un álbum de fotos—. Ambas cosas fueron hechas por tu madre y tu padre… —Alice dudó antes de tomar los recuerdos de sus progenitores—. Ahora creo que Edward desea saber por qué fue que nos dimos por muertos, ¿no es así?
Vi a mi Edward asentir.
—Cuando tu padre cayó en estado de letargo, supe que yo también caería, por lo que sólo me dediqué a cuidarte —comenzó a contar mirando a su hijo—. Al igual que Isabel, Junior no era completamente como nosotros, por alguna razón mi bebé era más humano que inmortal, tuve miedo de que él muriera, pues ya habíamos perdido a tu hermana y no podía soportar perderte a ti también, Junior. Cuando nos llevaron al hospital, sentí el aroma de un vampiro, al principio creía que buscaba alimentarse de los que estaban a punto de morir, pero cuando vi a Carlisle… —Su mirada se fijó en él—. En ese momento supe que no eras como los otros vampiros, tus ojos eran dorados, supuse que jamás te había alimentado de humanos, por lo cual te rogué para que salvaras a mi bebé. Luego de eso el cansancio llegó, sospeché que no me quedaba mucho tiempo, por lo que reduje mi ritmo cardíaco para que tú creyeras que había muerto, una vez que te fuiste, como pude salí de ahí. Fui al único lugar que sabía que jamás irías.
—El Mausoleo de la familia —afirmó mi vampiro.
—Así es, tú jamás entraste ahí, por lo que no sabías que existía una habitación debajo del Mausoleo, en donde tu padre y yo nos mantuvimos hasta que nuestro organismo logró vencer a la influenza. —Asintió—. Cuando despertamos creíamos que había pasado poco tiempo, pues no sentimos ningún cambio, por lo que tomamos la decisión de ir por ti, pero…
—Cuando salimos del Mausoleo nos dimos de cuenta de que habían pasado 73 años, sabíamos que estabas en buenas manos. Además… —Miró a Esme—. Ella había sufrido mucho cuando perdido a su bebé no hubiera sido justo que nosotros llegáramos a quitarle algo por lo que ella luchó para proteger, con esa decisión buscamos a nuestros viejos amigos, para recuperarnos y aprender sobre este nuevo mundo que se abría hacia nosotros —habló esa vez el padre de Edward y luego miró a los Swan—. Para ese momento estaban viviendo en Italia, cuando llegamos nos dimos cuenta de que Renée estaba embarazada, en realidad le faltaba poco para dar a luz a su tercer bebé.
—¡Eso es imposible! —El grito de Unni nos hizo mirarlo.
—Créeme nosotros también nos sorprendimos cuando nos enteramos que Bella era una tercera hija —volvió a hablar la madre de Edward—. Por eso cuando Bella nació tuvimos que sellar su sangre, no sabíamos si los Cazadores seguían tras nuestras familias, por lo que Isabel al ver que era una simple humana, que ella no estaba en peligro, decidió que no necesitaba el sello, así que te lo otorgó a ti.
En verdad no lograba comprender nada, todo era tan complicado.
—El medallón que te dio Isabel cuando eras pequeña, es un sello el cual posee la sangre cristalizada de Edward y Allison, en el momento en que ese medallón tocó tu mano tu sangre se selló, lo que hizo que Edward y Allison se volvieran tu selladores.
—¿Selladores? —preguntó Alice extrañada.
—Pequeña Alice, los selladores son los guardianes de la sangre de los jefes del Clan. Bella es la tercera hija de unos inmortales, los AtakaNosus no pueden tener más de dos hijos por cada pareja, los terceros hijos son raros o, mejor dicho, imposibles. Antes de la guerra de las especies se creó una regla, sólo los terceros hijos serían los jefes de Clan, ya que son los únicos con una sangre más fuerte y pura —explicó y eso pude entenderlo.
—¡¿Están diciendo que Bella es nuestra líder?! —exclamó Andrua sorprendido.
—Así es —afirmó mi padre—. Lo más importante es que Bella dio a luz a una niña medio vampiro, convirtiendo a Nessie en la primera AtakaNosus que nace de la unión de un vampiro y un inmortal, mi nieta sería considerada la próxima líder si Bella abdica al mando de clan.
Los Cullen y yo nos pusimos tensos antes esas palabras, jamás le habíamos dicho a mi padre que Nessie era mitad vampiro.
—Esa es la razón por la cual cuando algo malo le pasaba a ellos tú lo sentías y si algo malo te pasaba a ti, ellos lo hubieran sentido.
—¿Ustedes lo sabían? —me atreví a preguntar sonrojada.
—Cariño, siempre hemos sabido lo que Nessie era, aunque en un principio no lo hacíamos con exactitud, luego de que Nessie naciera vimos sus rasgos únicos y diferentes y ahí los supimos. —Miró a Nessie y después a Edward—. Pero no creas que te he perdonado, muchacho… —Lo observó con enojo—. Permití que acosaras a mi hija durante años simplemente porque sabía que era tu impronta, pero lo que le hiciste… eso sí que no te lo he perdonado aún.
Vi a Edward bajar la mirada con vergüenza y arrepentimiento, pero en ningún momento me soltó, así que no parecía estar tan arrepentido.
—Siempre lo supieron, ¿no es así? —Jasper hizo la pregunta que nos rondaba a todos en la mente—. ¿Que Edward era el padre de Nessie?
—Sabíamos que el padre de nuestra nieta era un vampiro, pero no sabíamos que era Edward, al menos no hasta que pasó el problema con el cazador, luego de eso todo encajó. No era normal que alguien como nosotros tuviera un hijo con un vampiro, para luego volverse loca por otro… —Mi padre sólo se encogió de hombro como si nada—. Era difícil tratar de aparentar que Nessie era un simple bebé cuando empezó a comunicarse como lo hacía Isabel con nosotros, pero preferimos que Bella nos contara cuando estuviera lista.
—Lo siento, yo…
—Lo sabemos, pequeña, a veces es difícil cuando no sabes la verdad —me interrumpió mi padre—. Hubiéramos preferido que tú nos contaras la verdad, pero las cosas no fueron como lo hubiéramos deseado.
—Jamás pensamos que los cazadores atacarían a los vampiros, estuvimos siguiendo sus pasos desde que Bella nació, ellos han hecho movimientos débiles, atacaban nómadas que viajaban solos, jamás habían atacando a clanes grandes, hasta ahora —explicó Elizabeth y miró a Laurent—. Le doy la razón a Unni, ellos están tratando de empezar una guerra contra los vampiros, creo que están confiados porque han destruido a casi todos sus enemigos menos a los vampiros.
—¿Cuántos de ellos creen que haya? —Todos miramos a Lauren y luego a los gemelos.
—Nuestro… quiero decir, en nuestro antiguo clan, antes de la guerra, había más de 5000 personas, pero luego de lo ocurrido, el número bajó y sólo unas 60 personas sobrevivieron. Eso fue hace más de 500 años —empezó a decir Andrua—, hoy en día si mal no recuerdo hay unas 500 personas dentro del clan…
—500 personas son muchas para nosotros. —Eleazar, creo que así se llamaba el líder de clan, se veía preocupado.
—Eleazar tiene mucha razón. Sam, disculpa que te pregunte esto… ¿ustedes estarían dispuestos a pelear en esta guerra? —Sam miró a Carlisle, en su rostro podía ver la duda.
—Carlisle debes saber que nosotros sólo estamos para proteger a nuestra gente —empezó a decir—, pero luego de lo ocurrido a la pareja de Seth y los jóvenes que murieron a manos de esa mujer, esta lucha se volvió personal, la manada peleará.
—Nosotros también lucharemos, Carlisle, esta vez acabaremos con las malas hierbas —dijo Edward padre con seriedad.
—Yo no tengo opción, así que también ayudaré —nos dijo Unni antes de irse—. Empezaré a hacer unas armas especiales, no me molesten.
—Gracias, Unni —murmuró Alice al verlo marcharse—. Toda nuestra familia también peleará —afirmó mirando a la familia Denali, quienes asintieron—, pero no sé si seremos suficientes.
—¡Alice tiene razón, no somos suficiente contra un clan tan grande! —exclamó Rosalie preocupada.
—No se preocupen, contamos con uno de los ejércitos más grandes del mundo vampiro —Edward padre estaba sonriendo.
—Se refiere a los Volturi, ¿verdad? —Emmett lo miró sorprendido.
—Así es, ellos ayudarán —afirmó mi madre—, ya que ellos son los padrinos de Bella.
—¿Qué? —gritaron todos los vampiros de la sala.
—Dígame que esto es una broma, por favor —suplicó Edward con terror.
—En realidad no. Bella nació en Volterra, los Volturi decidieron que ellos deberían ser sus padrinos, aun cuando nosotros quisimos que fueran los Masen —explicó mi madre un tanto molesta—. Pero bueno, ellos pueden ser muy persuasivos cuando lo desean.
Vi como todos afirmaron con cierto terror, no sabía quiénes eran los Volturi para causarle tanto terror a esos grandes y poderosos vampiros. No recordaba mucho a mis padrinos, en realidad siempre en Navidad, cumpleaños y aniversarios de mis padres y mío, enviaban regalos algo extravagantes. Aún tenía una tiara con oro, rubí y esmeraldas, siempre creía que era sólo bisutería, pero algo me decía que no.
—Oh, por cierto, Edward, ellos no saben que Bella tiene una hija, siempre han sido muy celosos con ella, así que prepárate porque no creo que vayan a aceptar lo que hiciste muy bien —le advirtió mi padre a mi vampiro.
—Oh… prepárate, Edward. —Tanto Jasper como Emmett se veía emocionados.
Edward no se veía muy feliz ni complacido con conocer a mis padrinos, hasta sus brazos habían abandonado mi cintura y él estaba estático casi como una estatua. Sentía que algo iba a pasar, algo no muy bueno para mi Edward.
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Edward POV
No entendía cómo me había metido en ese problema. Ahora que había conocido la verdad, entendía la decisión de mis padres, no estaba muy feliz, aunque suponía que yo hubiera hecho lo mismo en su situación. Otra cosa que realmente me preocupaba era la relación que Bella tenía con los Volturi, no les temía pero sospechaba que ellos no iba a estar muy felices con lo que yo había hecho, aunque seguía sin arrepentirme. Bueno, no me arrepentía de todo, pero sí de algunas cosas, entre ellas el haber abandona a Bella durante todo ese tiempo, Bella siempre sería lo más importante para mí, sin importa lo que otras personas creyeran.
Luego de la conversación todos nos habíamos distribuido. Carlisle, Edward padre, Charlie, Laurent y Eleazar habían decidido hablar con Unni y se habían dirigido al sótano. Sam se había marchado a la Push, para hablar con la manada sobre nuestros planes, al igual que Emmett y Jasper habían ido a hablar con los chicos sobre nuestros próximos movimientos. Alice, Rosalie y las chicas Denali se había ido de compras, según ellas necesitaban nuevas cosas para la batalla que se venía acercando. Mi madre Esme, mi madre Elizabeth y Renée se había encerrado en la biblioteca a hablar, creo que la madre de Bella trataba de evitar alguna pelea entre mis madres. Bella había decidido ir a acostar a Nessie. Y los gemelos, en realidad no deseaba saber dónde estaban ese par, luego de que dijeron que debían marcar a su mujer habían desaparecido. Sólo quedamos Jacob y yo, ambos nos encontrábamos en la cocina.
—Iré a llevarle comida a Seth —me dijo Jacob tomando una bandeja que se encontraba en la mesa de la cocina.
—Te acompaño —afirmé tomando una jarra con agua.
Salimos al jardín trasero en donde se encontraba nuestro amigo. Él sintió nuestros pasos acercándose, pues levantó su cabeza, para luego bajarla nuevamente.
—Hey, te trajimos algo para que comas —Jacob le habló cuando llegamos a su lado.
Él simplemente nos ignoró y se enterró más en la tierra, nosotros suspiramos. El chucho colocó la comida en el suelo, yo hice lo mismo con la jarra a un lado de la bandeja.
—Hermano, sé que el dolor por el que estás pasando es grande, pero si no comes vas a terminar muriendo —trató de hacerlo razonar.
Si muriera podría estar con ella, escuché decir en su mente a Seth.
—No creo que eso le guste a mi hermana —dije intentando que dejara de pensar en la muerte.
¿Tú qué sabes? Ella se fue porque no pude protegerla. Los gruñidos de Seth estaban regresando.
—Vamos, Seth, todos estamos preocupados por ti… —Jacob sabía cuánto estaba sufriendo Seth, no por nada tenían una conexión mental—. Tu madre está que viene aquí para ver cómo estás. —Él simplemente bufó—. Vamos, ya deja de comportarte como un cachorro, ya tienes que salir de esta situación.
Seth se levantó furioso, volvió a ser humano y se lanzó sobre Jacob, golpeándolo directamente en la mandíbula, provocando que cayera al suelo.
—Tú no sabes lo que siento en estos momentos —le gritó furioso—. Tú al menos tienes a tu impronta, yo perdí a la mía —reclamó.
—Sé cómo te sientes, pero…
—Tú no entiendes cómo me siento, aún tiene a Nessie, yo perdí a la mía. ¡Ninguno de ustedes sabe cómo me siento en este momento! ¿Por qué simplemente no me dejan tranquilo?, si quiero morir es mi decisión, nadie tiene derecho a opinar sobre ella. —Nos miró con tristeza, nuevamente volvió a su forma de lobo y regresó a su posición.
Simplemente déjenme solo, quiero estar cerca de ella, pensó.
No sabía cómo reaccionar, entendía cómo se sentía, yo había pasado por esa misma situación cuando creía que había matado a mi Bella, no es fácil salir de esa tristeza al saber que la persona amada simplemente se iba y no regresaba. Pero no podía dejar que Seth se encerrara en su tristeza, estaba seguro que eso no le gustaría para nada a mi hermana, pero qué hacer en esa situación, creo que la respuesta era obvia, simplemente nada.
—Está bien, te dejaremos tranquilo. —Toqué su cabeza, como lo haría con un cachorro afligido—. Pero al menos come algo, Esme se esforzó mucho en cocinar, creo que se sentiría mal si su comida se pierde. —No escuché ninguna repuesta, pero el movimiento de su cola me dio la respuesta que necesitaba—. Entonces nos iremos, Jacob.
—Bien, nos iremos, pero que quede claro que tu madre no se quedará de brazos cruzado —le advirtió antes de dirigirse a la casa.
Su impronta es tu hija, me dijo Seth. En ese momento sus palabras de antes regresaron, vi a ese desgraciado caminar como si nada a la casa, en donde estaba mi bebé, eso no podía ser posible, ¿o sí?
—¿Te imprimaste a mi hija? —le pregunté atónito, eso no podía ser cierto.
Lo vi detenerse a unos cuantos pasos de donde estaba, su corazón latía a mil por hora, bombeando sangre a todo su cuerpo. Él estaba empezando a sudar, sus manos se abrían y cerraban continuamente; eso no podía estar pasando.
—Yo… bueno…
—Te hice una simple pregunta… ¿Te imprimaste a mi hija? —Caminé hasta él furioso, el maldito chucho se dio vuelta y me miró fijamente.
—Sí —contestó con seriedad—, pero no es lo que crees, yo no pienso en Nessie de esa manera… —continuó tratando de arreglar todo, pero nada podía arreglarse.
—Oh, claro que no piensas así o sino ya te hubiera asesinado. ¿Cómo te atreves a imprimarte a mi hija? ¡Es una bebé apenas! —le pregunte rabioso.
—Edward, sabes que no lo podemos evitar, simplemente pasa.
Claro sabía que simplemente pasaba, pero… ¿por qué con mi bebé?
—Sé eso. ¿Tenía que ser mi bebé? ¿Qué tan burlesco es eso? —le pregunté una vez que estuve frente a él.
—Créeme que a mí me sorprendió tanto como a ti, jamás pensé que Nessie fuera mi impronta, simplemente ocurrió.
Ese desgraciado se estaba ganando un pase el infierno.
—¿Desde cuándo lo sabes? —pregunté casi en mi límite, pero si decía que desde que conoció a Nessie lo iba a matar.
—Desde antes de regresar de Chicago —me dijo con desafío—, y si crees que me vas a alejar de ella estás muy equivocado, primero pasarás por encima de mí antes de alejarme de Nessie.
Esa fue la gota que colmó mi paciencia, antes de pensarlo tenía a Jacob contra el suelo y su cuello estaba en mi mano. Estaba a pocos segundos de asesinarlo, cuando el llanto de mi bebé me distrajo. Elevé la vista, en la puerta de la casa se encontraba mi bebé, cerca de las piernas de Bella, con lágrimas en los ojos.
—Edward, ¿qué estás haciendo? —me preguntó sorprendida al ver a su amigo casi azul.
—Este desgraciado se ha imprimado a nuestra hija —murmuré y apreté un poco más el cuello de Jacob.
—¡Mío! —Escuché decir a mi bebé con firmeza, eso tenía que ser un mal chiste.
La miré, su pequeña carita tenía el ceño fruncido, con un adorable puchero. Estaba seguro que sus ojos querían matarme por lo que le estaba haciendo al miserable chucho, lo peor fue que su primera palabra no había sido ni mamá ni papá, sino mío. Eso era un mal chiste en serio.
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15 minutos después me encontraba en el pórtico de la casa, viendo a Jacob elevando a mi bebé en el aire, haciéndola reír. Bella tuvo que agarrarme del brazo o iba a matar a ese desgraciado, aún no lo podía creer.
Luego de casi haber matado a ese degenerado, toda mi familia había salido a ver lo que estaba ocurriendo. Cuando vieron a Jacob tan azul que no se entendía cómo aún seguía con vida, tuve que soportar los reclamos que me dieron a mí. Yo era el padre y fue a mí a quien estuvieron reprendiendo, al chucho simplemente le dijeron que tenía que cuidar a mi hija. Bella también deseaba matar al lobo, pero ella se mantenía alejada, aunque yo deseaba matarlo.
—Sé que es difícil de aceptar, pero no tenemos otra opción —Bella no estaba muy feliz con la decisión de mi hija, pero se resignaba.
—Sólo dame cinco minutos a solas con él y verás que sí tenemos otra opción.
Estaba molesto, no podía ser que eso ocurriera.
—Edward… —Escuché a mi Bella suspira, me hizo sentar en unos de los muebles y se sentó en mi regazo—. No podemos cambiar la impronta y lo sabes.
—¿Pero por qué nuestro bebé, por qué no otra persona? —La abracé con fuerza—. ¿No conocía a una lobo en el bosque o, no sé, una anciana de 80 años? ¿Tuvo que ser nuestra bebita?
—Tonto… —Besó mis labios—. Sé que Jacob cuidará muy bien de nuestra pequeña, aunque en realidad sólo quiero arrancarle la cabeza y partearla hasta que recorra el mundo; pero me pongo a pensarlo… conozco a Jacob y sé que jamás le haría daño. Además, en cualquier caso si le hace daño a nuestra hija tú le podrás dar su merecido.
Eso sí me hizo sonreír, sólo esperaba que hiciera cualquier cosa para lastimarlo, no importaba si no podía acabar con su existencia, pero sí lograba lastimarlo hasta el punto de la locura sería feliz.
Miré nuevamente a mi hija, tenía que admitir que nunca la había visto sonreír tanto como en ese momento. A pesar de todo él cuidaría de mi bebé, pero seguía sin aceptarlo
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Europa
Artera POV
Desde mi trono podía observar mi clan, había tardado mucho pero estábamos creciendo, desgraciadamente no tenía mujeres suficientes para aumentar nuestro número, pero las humanas igual servían. Lo molesto era que no siempre teníamos inmortales, muchas veces teníamos humanos corrientes, aunque era fácil deshacerse de ellos. Luego de mucho tiempo nos dimos cuenta que cuando nacía un niño humano, la mujer no volvía a dar inmortales, por lo que sólo teníamos que matar a la humana y buscar una nueva, los humanos eran reemplazables, había demasiados de esas escorias, pero muy pronto iban a desaparecer. Una vez que acabáramos con los desagradables vampiros, los humanos iban a ser nuestro próximo objetivo, aunque mantendríamos a las humanas con vida, por lo menos hasta aumentar nuestro número a unos miles, luego ellas simplemente morirían. Era desagradable unirnos a los humanos para reproducirnos, pero hasta que no lográramos encontrar a más mujeres como nosotros no nos quedaba otra alternativa. Lo único malo era que los mestizos eran más débiles y no eran capaces de pelear durante largas horas, pero al menos servían de algo, aunque fuera como sacrificio en la lucha.
—Amo, tres clanes más han desaparecido —me dijo uno de mis esclavos, que estaba arrodillado frente a mí
—Perfecto. ¿Qué han sabido de Anastasia y los escuderos escarlata? —pregunté, mis mejores escuderos aún no habían regresado.
—Mi señor, aún no han regresado —me informó.
—Maldita perra, me hizo enviarle a mis escuderos personales y aún no regresa. —Me levanté furioso, esa perra no servía para nada, ni siquiera era buena en la cama—. Llama a Aleka y dile que envíe a un grupo de reconocimiento a América, sea donde sea que se oculten que los traigan.
—Sí, mi señor —aceptó y se retiró.
No sabía qué era lo que ocurría en América, pero ya estaba empezando a molestarme. Primero perdí a la mocosa, luego a los gemelos, ahora a mis escuderos personales… algo no estaba bien, pero no podía salir de mi castillo. Los vampiros eran un peligro para nosotros aún, eran mucho más fuertes que nosotros y su piel era de granito, sólo nuestras armas podían traspasarlos, pero desgraciadamente eran pocas las que poseíamos, no teníamos a un herrero natural, todos habían sido asesinados, teníamos que hacer nuestras propias armas, pero no eran resistentes. Sólo la mocosa y un grupo pequeño poseíamos armas poderosas, pero esos desgraciados nos superaban en fuerza y en velocidad, lo único que poseíamos que ellos no era que nuestros corazones que aún seguían latiendo, pero esa era una debilidad para nosotros y para ellos no.
Me dirigí hacia el cuarto de los mocosos. Ese era un día especial, la noche anterior habían nacido diez bebés, desgraciadamente las mujeres habían muerto, pero buscaríamos nuevas. Lo importante era ver quiénes habían heredado el gen y quiénes serían asesinados por ser humanos, esperaba que ninguno lo fuera. En más de 16 años no habíamos tenido un nuevo guerrero, era un desperdicio pero habíamos matado a todos a excepción de las niñas, ellas servirían de mucho, pero sólo cuatro habían sobrevivido, el resto había muerto, no necesitamos a débiles en nuestro castillo. Al entrar vi a los esclavos que estaban alimentando a los nuevos guerreros, al verme entrar dejaron lo que estaban haciendo.
—¿Dónde está, Or? —exigí saber.
—Amo, está preparando el ritual —respondió uno de los esclavos.
Todos los esclavos eran mestizos, nacidos de una humana y un Ataka Nosus, al no servir para nada que no fuera para ser sacrificados en la lucha, eran los encargados de castillo. Ellos vestían túnicas de color gris, no llevaban calzados, sus ropas por lo general eran los restos de ropa que quedan luego de las batallas.
—Bien, alisten a los mocosos, es hora de la verdad —les exigí.
Todos corrieron a cambiar a los mocosos y me siguieron al jardín, en donde Or, nuestro maestro del ritual, tenía todo listo para empezar. La luna se podía ver en lo alto de las murallas, habíamos tenido que escondernos de los vampiros, lobos y magos durante muchos siglos, por lo que tuvimos que asentarnos en cuevas subterráneas; ya no había más lobos ni magos, pero los vampiros eran una peste que no tenía fin, cada día se creaban más y más.
—Amo —me dijo Or arrodillándose—, estamos listos.
—Perfecto…
Caminé al centro de un círculo tallado en el suelo, dentro había varias estrellas y lunas también talladas, diferentes palabras se encontraban dentro de cada una. En los canales había sangre humana, animal y especies. Cuando la sangre de un líder entraba en contando con ellas, brillaban con los que eran herederos del gen, con los humanos no lo hacían y con los mestizos brillaba con debilidad.
—Coloquen a los mocosos.
Los esclavos obedecieron y colocaron a los mocosos en las estrellas y lunas. Los pocos que éramos puros cortamos nuestras palmas, dejando caer nuestra sangre en las hendiduras. Pocos segundos después todos los mocosos brillaron, ninguno había sido humano.
—Perfecto, diez nuevos guerreros —me felicité a mí mismo—. Esclavos lleven a los mocosos a su cuarto
—Sí, amo
Una vez que los vi desaparecer me acerqué a Or.
—Bien, 10 nuevos guerreros… ¿no es maravilloso? —le dije con una sonrisa.
—Sí, mi señor, pero me temo que serán los últimos —me anunció con dolor.
—¿A qué te refieres con eso? —pregunté furioso.
—Amo, hice unos estudios a todos los puros… —Bajó la mirada—. No podemos tener más descendientes, hemos estamos explotando nuestro organismo, si intentamos procrear más no dará resultado, nos hemos vueltos estériles.
—¿Qué? Imposible, ¿por qué ha sucedido esto? —exigí saber la respuesta.
—Señor, no hemos seguido nuestros instintos, nos hemos reproducido con humanas que no eran nuestras parejas, nuestro organismo ya no puede reproducir nuevos genes.
Eso no podía pasarnos.
—¿Qué opción tenemos?
—No tenemos solución.
—Mi clan no se acabará así, ya veré cómo solucionar esto.
Dicho eso regresé al castillo, podía escuchar los murmullos pero no les presté atención. Debía buscar una solución para aumentar el clan, tal vez si buscaba a una mujer con nuestro gen… En ese momento la idea vino a mí, la mujer que había sido atacada en América, ella sería mi pareja.
