Capítulo 31: Sin ti

Disclaermi: Los personajes de este fics no me pertenecen a mi sino a la gran SM, yo solo me dedico a jugar con los personajes y hacerlo vivir una loca y retorcida vida.

El Personaje de Artera es el realidad una versión mas amable de uno de mis mejores amigos, cada vez que habla prácticamente esa son las palabras que yo escucho, así que me inspire para este personaje. Perdón la tardanza aunq ya tengo los capítulos finales ya casi listo la uni nos tiene atrapada a mi beta y a mi

Capitulo beteado por Flor Carrizo

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Bella POV

Mi cabeza estaba a cada momento palpitando como si hubiera estado tomando durante toda la noche y tuviera resaca, el problema era que no recordaba haber tomado ni una gota de alcohol; así que no comprendía por qué tenía esos dolores de cabeza. Empecé a abrir lentamente mis ojos, al principio todo estaba borroso y no podía enfocar mi vista, así que traté de levantarme, pero eso empeoró todo. Sentí como todo daba vueltas, cerré mis ojos y respiré profundamente.

Nuevamente abrí los ojos, enfoqué mejor mi vista y descubrí que me encontraba en un cuarto que no era el mío, eso era seguro. Estaba sobre una cama con dosel, que contaba con un armazón para cubrir con cortinas la cama; tela de color borgoña en cada poste que daban privacidad pero dejaban pasar algo de luz. Me levanté de la cama, pero aún sentía mis piernas temblar, por lo que tuve que sujetarme a uno de los postes, fue entonces que noté mi ropa, me habían cambiado y usaba un vestido azul zafiro estilo medieval.

¿Qué demonios es esto?, pensé al ver las largas mangas que cubrían mis brazos.

Definitivamente no estaba en casa de los Cullen. Traté de recordar qué era lo había pasado, lo último que vino a mi mente fueron los gemelos hablando con Leah sobre su decisión de que los bebés tenían que estar con ella. Ellos no estaban de acuerdo, pero Leah logró que accedieran, luego fui a la cocina y recordaba haber escuchado una explosión… Después todo estaba nublado.

—¿Qué demonios fue lo que pasó? —me pregunté a mí misma.

—Veo que ya despertaste. —Escuché hablar a alguien.

Levanté mi vista y en la puerta se encontraba un hombre que no pasaba de los 21 años, su cabello era blanco largo, el cual tocaba el suelo pero estaba sujeto por un lazo de color azul y sus ojos eran de un color ónice profundo. Debía medir 1.85, parecía que era demasiado delgado, pero sin llegar a estar en los huesos; era lo que Emmett diría un gay en potencia. Sus cejas estaban estilizadas, sin un bello fuera de su lugar; sus labios tenían un toque de rosado y no tenía barba alguna, al igual que su cabello estaba perfectamente peinado. Un metrosexual en todo su esplendor.

—¿Quién eres? —me atreví a preguntarle, aunque tenía la sensación de que ese era Artera.

—Yo, querida, soy Artera Belein Aldr III —habló con seriedad— y soy tu futuro esposo.

—¿Mi qué? —Estaba segura de que había escuchado mal, él no acababa de decir que era mi futuro esposo, ¿o sí?

Caminó hasta donde me encontraba, como un depredador asechando a su presa. Me separé de la cama y me pegué a la ventana, no me gustaba como me estaba mirando ese sujeto.

—Lo que escuchaste, Isabella —me dijo una vez que me tuvo acorralada—. Aunque no eres lo que yo esperaba que fueras… —Tomó mi barbilla y miró mi rostro desde diferentes puntos—. Servirás para que me des los bastardos que necesite —afirmó y se separó de mí—, igual todas ustedes sirven para lo mismo

—Eres un… —Tuve que morderme la lengua cuando me dedicó una mirada de muerte

—Debes estar agradecida, querida, otras en tu lugar sólo servirían para ser una más en mi cama —me dijo como si fuera lo más normal en la Tierra—. Pero necesito nuevos guerreros, mis guerreros ya no pueden darme nuevos, así que tú tendrás el privilegio de ser mi esposa.

—Jamás —lo desafié.

—Creo que no entiendes tu posición —susurró y, sin darme tiempo de reaccionar, nuevamente me acorraló contra la pared—. Tú sólo eres una puta y me darás a los bastardos que yo quiera.

—Vete al infierno. —Le escupí en la cara con odio.

—Creo que voy a tener que educarte… —Se limpió la cara y me tomó por el cuello con ambas manos—. Eres una perra y siempre serás una perra, pero esta vez serás sólo mi perra hasta que me aburra de ti, ¿entendiste? —Apretó con fuerza mi cuello evitando que el aire entrara a mi cuerpo.

Sentía como el poco aire que estaba en mis pulmones empezaba a agotarse, pero no iba a mostrar debilidad frente a esa basura. Él se percató de eso y empezó a apretarme con más fuerza, sentía como mis pulmones ardían, pidiéndome oxígeno, pero no iba a darle el gusto a él de verme suplicar, mantuve mi expresión seria y calmada.

—Aunque te hagas la dura tendrás que suplicar por aire —me dijo de manera burlona, para luego ejercer un poco más de fuerza.

En cualquier momento iba a perder el conocimiento, pero no iba a luchar, no le iba dar la satisfacción de verme suplicar, eso sí que no iba a ocurrir.

—Eres sólo una basura —me dijo con desprecio antes de soltarme, caí en el suelo y traté de volver a respirar con desesperación—. Que te quede claro, pequeña zorra, sólo vivirás el tiempo suficiente para darme unos tres o cuatro bastardos, luego pasarás a ser la esclava de los demás. —Me dio la espalda y empezó a caminar hasta la puerta—. Te tomaría aquí mismo, pero si hiciera eso todos pensarían que eres como las otras, eso es algo que no puede pasar.

—¿Por qué? —le pregunté, pero me arrepentí de hacerlo, me dolía la garganta.

—Tu sangre es especialmente dulce, lo más probable es que tus padres hayan sido inmortales o que no sabían que poseían el gen. —Me miró por unos momentos—. Es una lástima que hayan muerto, si no estarían entre mi tropa.

—¿Muerto? —pregunté con temor, ¿acaso mis padres habían muerto?

—Claro, ¿por qué otra razón una de los nuestros iba a ser criada por una sanguijuela? No comprendo cómo una de esas cosas pudo criarte sin que te haya matado. —Él pensaba que Esme me había criado todo ese tiempo—. Lo más probable es que te haya criado para matarte después.

—Esme no es de ese tipo de persona —murmuré.

—Pero ya eso no importa, esa mujer ya estará muerta en estos momentos, así que olvídate de ella y de cualquier otra persona, ahora me perteneces a mí —habló con cinismo antes de irse.

Apreté con fuerza mis manos, ese desgraciado había lastimado a Esme… Estaba más que segura que ella no estaba muerta, pero no puede evitar sentirme triste, estaba lejos de mis amigos, mi familia, mi hija, de Edward, en manos de una idiota que decía que yo sería su esposa… Eso no podía ser posible, Edward no permitiría que eso pasara.

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No sabía cuánto tiempo había pasado, quizás unas cuantas horas. Ya era de noche o eso era lo que creía, pues todo estaba oscuro. Sólo había una pequeña ventada por la que apenas podía ver un gran jardín con un laberinto, debía de encontrarme en una de las últimas habitaciones de dicho castillo, ya que si levantaba la vista no podía ver el cielo por completo, una muralla de rocas cubría ese lugar. Recosté mi cabeza en la ventana intentando no llorar, estaba sola y no podía salir de esa habitación, lo había intentando y comprobé que la puerta estaba cerrada con llave y la ventana tenía barrotes por fuera. Estaba encerrada en una especie de prisión elegante, había tratado de buscar mi ropa pero había desaparecido.

Escuché a alguien en la puerta y tomé una posición recta y seria, no iba a mostrar cuan desesperada me estaba sintiendo en esos momentos. La puerta se abrió mostrando a un joven de no más de 18 años, vestía con harapos y estaba mal alimentado; su cabello tenía un color grisáceo y sus ojos eran de color marrón, debía ser un esclavo.

—El amo la solicita en el salón de comida —me informó.

—No tengo hambre —dije con seriedad.

—Será mejor que baje, el amo no tolera que lo desafíen —prácticamente me suplicó. Tuve la impresión de que si yo no bajaba ese tipo iba a lastimar a ese chico.

Me levanté con toda la educación y seriedad posible, habían sido buenas las clases de cómo ser una perfecta señorita que mi madre me había obligado a tomar cuando tenía 11 años, nunca pensé que me servirían de algo. Salí de la habitación y noté que había dos hombres de unos 30 o 40 años afuera, al verme salir ni se inmutaron simplemente me siguieron; sentía sus miradas sobre mí, lo más seguro era que su deber fuera ver que yo no intentara escapar.

Mientras nos dirigíamos al comedor, no perdía detalle de lo que estaba a mi alrededor. Podía ver que había muchas habitaciones y todas tenían los nombres de diferentes personas, había más de 200 en los últimos pisos. Todo estaba impecable, había varios sirvientes que se encontraban limpiando y que al ver a los hombres que me acompañaban dejaban de hacer lo que estaban haciendo, para inclinar sus cabezas en señal de respecto, ¿o era miedo? No podía asegurarlo, pero gran parte de mí creía que no eran de respecto, su miedo era evidente.

Estábamos yendo hacia la planta baja cuando sentí un leve dolor en mi cabeza, en ese momento varias carriolas pasaron frente a mí, cada una con unos bebés que no debían de tener ni una semana de nacidos, las carriolas era llevadas por varios sirvientes.

—Lleven a los bebés a sus cuartos —les dijo un hombre de unos 45 años, su cabello tenía algunas canas, sus ojos eran de un color grisáceo y tenía una contextura similar a la de mi padre, pero era unos dos centímetros más bajo; usaba una bata blanca con gafas. Él debía ser una especie de doctor.

Me miró y sonrió con alegría, o esa fue la impresión que me dio. Se acercó a donde yo estaba y yo traté de retroceder pero los idiotas de los guardaespaldas impidieron que lo hiciera. El médico se paró frente a mí, no me agradaba su olor, era demasiado similar al de un hospital.

—Así que tú eres la nueva adquisición… —exclamó—. Aunque Artera tiene razón, hueles demasiado bien para ser una simple inmortal, ¿cuántos años tienes? —preguntó, no deseaba responderle pero sabía que no era conveniente molestarlos, o por lo menos no por el momento.

—Tengo 16 años, en un par de semanas cumplo 17 —murmuré con molestia.

—Entonces ya dejaste de envejecer —dijo más para sí mismo que para mí. Se inclinó un poco para mirarme detenidamente—. Eso explica muchas cosas —afirmó enderezándose—. Soy el doctor Or Fang Szell… Bueno, tendré que administrarte el medicamente de reproducción, lo más probable es que actualmente no estés en un ciclo de reproducción.

—¿Cómo dijo? —grité débilmente con mi rostro completamente rojo.

—Eres muy penosa a pesar de que no eres virgen… —Quise saltarle encima y matarlo—. Pero bueno, es comprensible, la juventud de hoy en día se acuesta con toda clase de personas.

En verdad deseaba arrancarle la cabeza a ese sujeto, estaba empezando a perder la paciencia rápidamente, todo lo que salía de su boca eran estupideces ligadas con más estupideces; pero tenía que permanecer inmune, Unni había advertido que si por cualquier problemas yo resultaba atrapada por esas personas, jamás debía mostrarme como la líder, eso sería demasiado riesgoso. Pero ¿cómo soportar estar tanto tiempo con esas personas sin perder el control?

—Bueno, como sea, es mejor apresurarnos, Artera va a querer presentarte delante de todos como su prometida —continuó su camino frente a nosotros.

Mientras iba caminando iba planeando en mi mente cómo demonios ese tipo me la iba a pagar, era seguro que ese sujeto iba ser el primero en ser golpeado cuando saliera de ese lugar. Caminamos por unos minutos más hasta que llegamos a unas puertas enormes hechas de madera, las cuales fueron abiertas por dos sirvientes. Cuando entré pude ver la cantidad de personas que estaban allí, eran unas 300, que estaban alrededor de 10 mesas largas colocadas en forma vertical, en todas había jarras con cerveza y los sirvientes entraban con varias bandejas de comida que colocaban en las mesas. Pero había una mesa en forma horizontal que sólo tenía tres asientos, en esa se encontraba ese cretino de Artera.

Fui guiada hacia la mesa en donde estaba ese tipo, traté de no quejarme pero si tenía que soportar más tiempo del necesario a ese tipo iba a cometer un asesinato. Mi desdicha fue más grande cuando el doctor se sentó también en la mesa con el cretino.

Demonios, ¿por qué esto me pasa a mí?, pensé con molestia.

—Querida, qué bueno que decidiste reunirte con nosotros —dijo el cretino cuando llegué a su lado, intentó darme un beso en los labios pero giré mi cara—. Voy a tener que educarte mejor —me susurró al oído—. Hermanos, hoy es un día de celebración, ya que hace pocas horas mi impronta fue traída a mí.

Ante esas palabras todos aquellos idiotas gritaron y chocaron sus jarras de cerveza, simplemente rodé mis ojos.

—Además, cómo ya se han enterado, nuevos guerreros han nacido y con eso una esperanza para convertir a esa amenaza que son actualmente los vampiros es cenizas. —Nuevamente todos gritaron obscenidades y ofensas para los vampiros—. Los entiendo, hermanos, aún no nos hemos recuperado de la guerra de hace 500 años, pero esos chupasangre se están volviendo numerosos, por lo que es imprescindible reproducirnos y encontrar nuevos guerreros y así darle fin a esos sujetos

Todos empezaron a golpear sus vasos, pero esa era una victoria que no iba a ocurrir jamás. En verdad a esas personas les habían lavado el cerebro, parecía que ninguno iba a quedar vivo luego de que empezara la batalla.

—Bueno, a comer se ha dicho —exclamó Artera.

Todo el mundo empezó a devorar los alimentos como si no hubiera un mañana, noté que los sirvientes eran los únicos que no probaban bocado alguno. Ellos se encontraba de pie cerca de las mesas esperando a que alguien los llamara para pedirle algo, de otra manera parecían estatuas. Fruncí el ceño, esa debía ser la razón por la que estaban tan delgados, no se les permitía comer nada, en verdad ellos tenían vidas lamentables.

Salí de mis pensamientos cuando sentí un pinchazo en mi brazo derecho, miré al doctor que tenía una jeringa vacía en su mano.

—Listo, con esto para el día de la ceremonia será apta para quedar embarazada —le dijo a Artera.

En ese momento sentía que iba perder la cabeza, pues sentía como mi sangre empezaba a calentarse, pero la voz de Edward en mi cabeza diciéndome que me calmara fue lo que me hizo tranquilizarme. Noté que ambos sujetos me miraron fijamente, respiré profundamente para luego soltar todo el aire en mis pulmones, me iba a costar mucho no matar a esos tipos.

Edward, por favor, ven por mí, rogué mentalmente, no sabía cuánto tiempo más iba a resistir a esos sujetos.

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Edward POV

Estaba como alma que llevaba el diablo, no podía estar sin saber nada de Bella. Jasper y Emmett habían tenido que sujetarme para que no fuera a ese lugar en donde tenían a mi Bella; por más que Unni me dijera que no podía ir simplemente solo y rescatarla, que debía seguir el plan y esperar, él no comprendía que necesitaba a mi mujer conmigo, era como si estar separado de ella me estuviera volviendo loco.

Caminaba de un lado a otro en la sala de los Swan, habíamos tenido que trasladarnos allí para mantener las apariencias. Nessie, por seguridad, estaba quedándose con Sam y Emily, no me había gustado la idea, pero mientras estuvieran esos cazadores cerca no iba a arriesgarme a que descubrieran a mi hija. Angela y Kate también se encontraban ausentes, su deber era permanecer en la Reserva, mientras ellas estuvieran fuera de la vista de esos sujetos tendrían un As. Eso no evitaba que a cada segundo tuviera ganas de ir a buscar a mi Bella y mostrarles frente a todos esos idiotas que ella era mía y sólo mía.

—¡Edward, basta!, tus emociones me están mareado —me gruñó Jasper desde el sofá—. Estoy que me llevo a Alice a nuestra habitación y la encierro.

—¿Cómo demonios me pides que me calme? ¡Necesito a Bella y la necesito ahora! —le respondí molesto y pasé mis manos por mi cabello con frustración.

—Hijo, tienes que calmarte, Alice ha estado viendo su futuro y no ha visto que nada cambie —me alentó Carlisle, que estaba revisando unos informes médicos.

—Lo sé… —Suspiré—. Es sólo que no puedo estar calmado, necesito a Bella conmigo y la necesito ahora.

—Junior, sé cómo te sientes… —empezó a decir mi madre—. Tú y Bella, aún cuando no están casados, están vinculados el uno con el otro, por lo que no estar cerca está empezando a enloquecerte…

—Pero aun así no puedes ir tú solo a ese lugar —terminó de decir Esme.

—¿Cuánto tiempo más tendré que esperar entonces? —me quejé y miré a los gemelos que seguían metidos en la computadora.

—Hey, no te quejes, estamos haciendo todo lo que podemos —habló Andrua en forma de reproche.

—Este programa es un tanto sensible, tenemos que tener cuidado que los servicios secretos de todos los países no se den cuenta de que estamos hackeando sus satélites —informó Andréu.

—Sigo sin comprender, chicos, por qué están hackeando los satélites de información —interrogó Renée—, ¿eso no es ilegal?

—Lo es si se trata de robar información personal o robar dinero a través de cuentas falsas, pero nosotros sólo estamos rastreando a otros como nosotros. Usando los análisis genéticos que Carlisle hizo, creamos una base principal que analiza todo el globo terráqueo por medio de sondas, para así encontrar a personas que posean una mutación parecida a la de nosotros —explicó Andrua—. La base lo compara con la muestra que tiene almacenada y si es igual el programa le da un color plateado, pero si el gen es como de Eric este le da un color azul… Creo que con esto está listo. —Andrua giró la laptop que mostraba el planeta desde el espacio

—¿Qué es eso? —preguntó Renée confundida

—Esta es una visión clara de la tierra desde el espacio —explicó Andréu, tecleó un par de letras y la imagen se acercó más—. Esto que ven aquí es Forks, ahora vean cuando introducimos el código genético.

A los pocos segundos 11 manchas grisáceas aparecieron en la pantalla, no creía que haya sido el único sorprendido, los pensamientos de todos eran parecido a los míos, entre el asombro y la confusión.

—Ahora, si metemos el código genético de Eric vean lo que sucede. —Otras cuatro manchas aparecieron, lo más sorprendente fue que aparecieron cuatro manchas de un color turquesa en la pantalla.

—¿Y esas manchas? —preguntó Emmett señalando la pantalla.

—Son los sirv… digo… los chicos de apoyo, como su código genético es parecido al de nosotros pero combinado le da un color diferente. Ahora lo que quiero mostrarles es esto. —Tecleó nuevamente y la imagen se fue alejando hasta mostrar una gran concentración de manchas de color grisáceas—. Ese lugar es el castillo donde actualmente se encuentra nuestro clan.

—Son demasiados —murmuró Jasper, pude ver como su mente empezaba a trabajar con rapidez, analizando y creando una estrategia de batalla, todo al mismo tiempo—. Creo tener una estrategia para el ataque, pero necesitaremos más vampiros para la pelea.

—Por eso no habrá problema, con un solo llamado podemos tener más de cinco mil vampiros peleando —informó Caius.

—En realidad no creo que necesitemos tantos vampiros, sería una carnicería si tantos participaran —aclaró mi hermano—. Creo que con doscientos sería suficiente, el problema radica en que los lobos también están de nuestro lado y ellos no confían en los vampiros

Tanto Paul como Embry, que eran los únicos lobos que se encontraban ahí, confirmaron las palabras de Jasper.

—¿Entonces qué sugieres? —preguntó Demetri.

—Lo mejor sería contar con menos vampiros, además está el hecho de que están esos sirvientes… —Jasper se quedó en silencio por unos minutos hasta que sonrió—. Creo tener la solución a nuestros problemas, Aro… Entre tus tropas existe un vampiro que puede crear lazos que mantenga a los vampiros a tu lado, ¿verdad? —Él asintió—. Perfecto, entonces creo que podemos usar eso a nuestro favor. Carlisle, ¿crees que tus amigos nos ayudarán? —Mi padre asintió—. Bien, entonces todos empiecen a llamar a los conocidos. Aro, no creo que necesitemos a todo tu ejército, pero si podemos contar por lo menos con unos cien sería suficiente.

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La noche había caído lentamente, había tenido que ir a la reservar a ver a mi hija que exigía de mi atención. Nessie estaba consciente de lo que había pasado con Bella, por lo que no estaba de muy buen humor al no tener información sobre su madre, esa era la razón por la que yo debía mantenerla tranquila; trataba de consentirla en todo lo que podía, pero era imposible mantener el tema de Bella por más de dos horas alejado de los pensamiento de mi hija, la cual cada vez que recordaba a su madre empezaba a llorar, exigiendo verla. Gracias a Emily había logrado dormirla antes de regresar a la casa, pero aun así no podía apartar sus sueños de su madre. Mi ira empezaba a aumentar al ver como mi hija lloraba a su madre, esos desgraciados iban a pagar muy caro lo que habían hecho.

Llegué a la casa de los Swan y todos se encontraban pegados a los teléfonos tratando de comunicarse con nuestros conocidos, había algunos que rechazaban la idea al principio, hasta que la mención de aquellos Inmortales hacía que cambiaran de opinión rápidamente. El rencor de muchos hacía ese grupo era grande, uno de los amigos de Carlisle que vivía en Egipto, quien fue el primero en negarse, luego de escuchar sobre la sobrevivencia de ese grupo aceptó, pero con la condición de que le dejaran dar el primer golpe, según él tenía una cuenta por arreglar contra uno de esos cazadores.

—Edward, ¿estás bien? —me preguntó mi madre Esme al verme entrar en la sala—. ¿Cómo está Nessie?

—Estoy bien, mamá, Nessie se quedó dormida hace poco, aunque lloró la mayor parte del tiempo —informé.

—Mi pobre Nessie… —Vi el dolor reflejado en los ojos de mi madre—. Es normal, nunca antes había estado tanto tiempo alejada de Bella, ahora que no la ve ni la siente está deprimida.

—Lo sé. —Apreté con fuerza mis puños y Esme tomó uno.

—La recuperaremos, ya verás —dijo con tranquilidad—. Bella es fuerte, no dejará de luchar.

Simplemente asentí, sabía que ella no dejaría de luchar, pero la angustia de no tenerla cerca de mí estaba empezando a enloquecerme; no sabía cuánto tiempo duraría antes de lanzarme a rescatar a Bella. Fui directamente a la habitación de Bella, su olor era cada vez más débil, pero era lo único que me mantenía cuerdo. Caminé hasta su cama, tomé una de las almohadas y la llevé a mi nariz.

—Es difícil por lo que veo —habló el jefe Swan desde la puerta.

—Sí —fue todo lo que dije.

—Escucha, muchacho, yo sé lo que estás pasando… —Empezó a caminar hasta donde me encontraba y se sentó en una de las sillas que estaba cerca de la cama—. ¿Sabías que Renée y yo tuvimos que separarnos? —Asentí con desconfianza—. Cuando Bella nació tuvimos que separarnos por su bien, yo pasé lo mismo por lo que estás pasando tú. Al principio creía que me iba a volver loco, pero sabía que si no lograba superar esa prueba no iba a poder decir que lo hice por amor. —Suspiró—. Aunque yo también hice lo que tú estás haciendo, Renée dejó una de sus camisas y siempre que iba a dormir aspiraba su perfume, era lo único que me mantuvo cuerdo durante todo ese tiempo separados. Incluso así a veces había días en que deseaba tomar un avión y volar a donde se encontraba ella, en una ocasión inclusive me encontraba a punto de abordar una avión hasta Phoenix, en otra pasé más de 48 horas al teléfono hablando con ella…

—¿Está tratando de hacerme sentir mejor? —le pregunté confuso porque no me estaba animando en nada.

—Cierto, perdón… Lo que trato de decirte es que si te dejas llevar por tus instintos no lograrás nada. Sé que es doloroso en este momento, pero creo que debes pensar con la cabeza fría antes de hacer cualquier cosa —aconsejó—. Por ahora sólo queda esperar, Bella va a regresar, es mi hija, jamás aceptaría ser atada a otra persona así como si nada. Esa niña nunca hizo caso a lo que nosotros le decíamos, no empezará ahora. —Luego de eso se marchó.

Fue una conversación un poco rara, pero sabía que el jefe Swan estaba tratando de hacerme sentir bien. Sabía que tenía que tener paciencia, pronto recuperaría a Bella, de eso estaba seguro.

Voy por ti, Bella, sólo espérame, pensé.

Nada de nada iba impedir que recuperara a mi mujer.

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Bella POV

Estaba a punto de entrar en una crisis nerviosa, no podía dormir. Había pasado casi una semana desde que llegué a ese infierno, ese psicópata en más de una ocasión había intentado meterse a mi cama, aunque jamás llegaba lejos de tocar mis pechos o mi cara. Estaba empezado a volverme loca, pero debía mantener la calma, no podía empezar a enojarme.

Con el pasar de los días había logrado tener un poco más de libertad. Al principio no podía salir de mi habitación, pero poco a poco se me permitió salir hasta poder estar en el jardín sin ningún guardaespaldas. Igualmente estaba segura de que ellos seguían mis movimientos, por lo que evité a toda costa llamar la atención, al mismo tiempo que trataba de encontrar el pase secreto que Ali había dicho en su mensaje.

Lo único que no se me permitía era ver a los bebés, desde que me había topado con ellos el primer día no había vuelto a verlos, al menos no frente a frente. Había ocasiones que los veía desde mi habitación, pero nunca dejaban que nadie más que aquellos que parecían ser sus cuidadores estuvieran cerca de ellos.

Desgraciadamente no había podido evitar ver a ese doctor del demonio, me recordaba mucho al doctor Lecter y al doctor Christian Szell unidos en una sola persona. Ese hombre estaba obsesionado con el dolor y el sufrimiento hacia las personas. Había escuchado por los sirvientes que él era el encargado de impartir los castigos a los que se atrevían a ir en contra del clan y cada vez que ese tipo me veía empezaba a hacer preguntas incómodas. Además siempre estaba pinchándome cuando me encontraba distraída. En los últimos dos días había estado atenta a todo, por eso no había dormido, por estar a atenta a esos dos psicópatas.

—Mi señora, es hora de la cena. —Escuché decir a uno de los guardaespaldas desde el otro lado de la puerta.

Aspiré profundamente una vez que sequé mis lágrimas y me dirigí hacia la puerta. Tenía que volver a actuar con indiferencia, no podía permitir mostrar sentimiento alguno, eso sería mostrarle a todos que era débil y darle a ese idiota una satisfacción que no iba a otorgarle jamás; por eso debía mostrarme indiferente.

Una vez afuera ambos me acompañaron todo el camino hacia el comedor, pero noté que cada día lograba romper la barrera que nos separaba, ellos no parecían ser malas personas, sólo les habían lavado el cerebro. Podía contar con mis dos manos la cantidad de personas que realmente no estaban interesados en pelear contra los vampiros, que solo deseaban vivir una vida normal, pero no podían sea por temor o porque no podían cambiar su destino.

—Mi señora, hoy el doctor Or pondrá una poderosa droga en su bebida, trate de no beber demasiado o no podrá despertar en varios días —me informó Nagnio, uno de mis guardaespaldas. Él era enorme, medía más de dos metros y tenía demasiados músculos. Según él, el doctor desde pequeño le había administrado drogas para aumentar su masa muscular, logrando lo que era en ese momento, una especie de Hulk—. Es recomendable que sólo le dé pequeños sorbos

El otro chico, que se llama Stear, sólo asintió; él no habla mucho, pero siempre le daba la razón a Nagnio. Además parecía que eran hermanos, pues eran muy similares físicamente; ambos eran enormes, sólo que Stear apenas llegaba a los dos metros y no poseía músculos tan enormes, pero sí era fornido, ambos eran de tés tostada, ojos cafés y cabello negro.

Quise decirles que no iba a probar nada que me dieran a beber, pero sabía que resultaría raro y sospechoso que no tomara nada, y si alguien se daba cuenta de que ellos me ayudaban, resultarían lastimados y no deseaba eso. A pesar de todos ellos eran muy amables conmigo, eran los que me permitían vagar sola por el jardín; pero jamás me dejarían escapar, de eso estaba segura, ellos no estaban locos.

—Cariño, que bueno llegaste. —Quise fulminarlo con la mirada, pero aguanté las ganas de hacerlo, simplemente lo ignoré y se senté en mi lugar—. Hoy vamos a hacer un brindis, ya que mañana será el momento en que mi amada novia y yo nos uniéremos de por vida —vociferó ese sujeto.

Vi como todos levantaban sus copas y las golpeaban unas con otras, simplemente los ignoré a todos; ese calvario iba a darme más dolores de cabeza que nunca, por lo que simplemente me dediqué a comer. Cuando se me entregó una copa con vino, la miré con desconfianza, sabía lo que contenía y deseaba lanzárselo al dichoso doctor en la cara, pero no iba a causar que mis guardaespaldas fueran lastimados; así que en contra de mis deseos le di pequeños sorbos, podía darme cuenta que esos idiotas tenían la vista fija en mí.

Idiotas, pensé con molestia, tomando un último sorbo de la copa.

Podía sentir mi cabeza dando vueltas y la vista se me estaba haciendo borrosa, pero sabía controlarlo, así que continué comiendo, sin volver a tomar más vino.

—Cariño, ¿no deseas más vino? —me preguntó ese sujeto con una sonrisa.

—No me gusta el vino, es raro que no te hayas dado cuenta que sólo le doy pequeños sorbos —lo reté con frialdad y vi como temblaba de furia.

—Pero hoy es nuestra última noche como solteros… —susurró nuevamente mostrando una estúpida sonrisa.

—Oh, ¿no me digas que te vas a casar? ¡Felicidades! Si me disculpan me voy a mi habitación. —Me levanté para irme, pero él me agarró por un brazo.

—Escúchame, pequeña estúpida, no me retes —amenazó.

—Suéltame en este momento —ordené con furia—. Si no me sueltas armaré un lío, algo que tú no deseas, ¿verdad? —hablé con cinismo.

—Pequeña zorra, me las vas a pagar, una vez que estemos casados te vas a arrepentir. —Estuve a punto de mandarlo todo al diablo y darle una lección a ese bastardo, pero me contuve y simplemente me liberé

—Adiós.

Salí del comedor con toda la dignidad posible y, una vez que las puertas estuvieron cerradas, sentí como mis piernas dejaban de funcionarme. Gracias al cielo Nagnio llegó antes de que cayera al suelo.

—Respire con tranquilidad, mi señora, su cuerpo está empezando a entumecerse, los efectos de la droga pasarán después de unas doce horas. —Él me cargó y junto con Stear me llevaron a mi habitación.

—No dejen que él me toque —susurré, apenas podía escuchar mi voz.

—Él no lo hará hasta que no estén unidos, mi señora —informó Stear.

Poco a poco mis ojos empezaron a cerrarse, lo bueno era que ya estaba en mi recámara, para cuando la oscuridad se apoderó de mí, mi último pensamiento fue la imagen de mi hija y Edward antes de caer en la oscuridad.