Capítulo 32: Momento…
Volvi disculpen el atraso las vacaciones iniciaron para muchos, así que ya se imaginan, pero este mes es el definitivo para la historia estamos en el penúltimo capitulo d esta historia así q preparen…
Gracias a todos por sus RR espero q este capitulo les guste
Capitulo beteado por Flor Carrizo
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Edward POV
Desde el lugar en donde nos encontrábamos podíamos ver las montañas que rodeaban el castillo de aquellos idiotas. Desde allí ellos no nos notaban, pero el problema era que nosotros tampoco lográbamos verlos; era bueno que los gemelos hubieran hackeando los satélites.
A sólo unas cuantas horas del amanecer del día del eclipse lunar, habíamos montando un campamento en el castillo Urquhart. Los gemelos, junto con Eric y Ben, habían armado un centro de tecnología dentro del pequeño castillo. Habíamos logrado reunir unos 200 vampiros sólo para atacar el castillo y había otros 100 esperando órdenes de Aro para atacar a los cazadores que se encontraban fuera del palacio; todos tenían la orden de matar, no podían dejar a ninguno vivo a menos que alguno se rindiera y, si lo hacía, se le debía inyectar un potente somnífero.
—Andréu, ¿cuántos de ellos se encuentran ahí? —preguntó Aro, Andréu tecleó rápidamente en la laptop.
—Alrededor de 250 personas, pero según el mapa hay una gran movilización de cazadores dirigiéndose hacia el castillo —informó.
—Vaya… así que él ya les avisó a todos que regresaran. —Andrua sonrió en forma malvada—. Hey, rey, tenemos que enviar varios de tus guerreros a bloquearles el camino.
—Eso no tienes que pedirlo —exclamó Cayo, antes de sacar su celular y dar un par de órdenes siguiendo las indicaciones de Andrua sobre hacia dónde se debían dirigir.
—Sí, eso ya está resuelto, pero me gustaría saber qué pasa dentro de ese lugar —señaló Carlisle con preocupación.
—Como si eso fuera posible —pensó en voz alta Emmett.
—¿Quieren saber qué ocurre ahí? —preguntó Andréu con una expresión de intriga.
—Pues claro, así sabríamos lo que están haciendo esos tipos —respondió Edward padre con seriedad.
—Lo hubieran dicho desde un principio y no hubiese sido necesario hackear los satélites del gobierno —nos informó Andrua antes de centrarse en la laptop.
Todos lo miramos intrigados, hasta Andréu parecía no saber qué estaba pasando por la mente de su hermano. Veinte minutos después, Andrua sonrió con autosuficiencia.
—Bien, he terminado de hackear el sistema de seguridad del castillo.
—¿Hay un sistema de seguridad en el castillo? —preguntó Andréu.
—Oh, claro, tú no lo sabías, pero hace cinco años Orl ordenó instalar cámaras en el castillo para mantener vigilados a los sirvientes, yo fui uno de los encargados de hacer ese trabajo —respondió como si fuera la cosa más sencilla del mundo.
—¿Y yo qué estaba haciendo que no me pidió ayuda? —se preguntó a sí mismo—. ¿Hace cinco años?
—Creo que estabas con la rusa en ese momento —respondió Andrua.
—Oh, es cierto... Me enviaron a una misión de reconocimiento, ya me había parecido extraño que me hubieran mandado a mí solo. Había unas rusas que estaban para comerse. —Todos miramos a Leah, que tenía el ceño fruncido; por sus pensamientos sabía que luego de que eso acabara esos dos iban a sufrir durante un buen rato.
—Hemos accedido a las cámaras del castillo —nos informó finalmente.
Miramos la gran pantalla que se encontraba en la torre, mostraba un gran comedor en el cual se encontraban unas 100 personas desayudando, mientras otros les servían. La imagen cambió, se veía un largo pasillo que estaba siendo limpiado por un grupo de personas. Las imágenes fueron cambiando, mostraban lo que parecía ser un gimnasio, una sala recreativa, hasta una especie de enfermería. Al final mostraba una guardería en donde había pequeñas incubadoras con bebés descansando.
—Al parecer la guardería está desprotegida —señaló Andréu—. Lo más probable es que como el evento principal en este momento es el matrimonio de ese sujeto, la guardería esté sin protección durante un tiempo.
—Yo iré por los bebés —informó Leah con seriedad.
—Leah, tenemos un plan y debes apegarte a él —trató de explicarle Sam, pero ella simplemente le envió una mirada furiosa.
—Yo voy a ir por mis bebés, no me importa el plan.
—Leah, por favor, no empieces. Sé que quieres a esos bebés, pero tenemos un plan y debemos seguirlo. Si esos sujetos se dan cuenta de que estás sola te matarán —Jacob intentó hacerla entrar en razón, pero Leah era tan terca como Bella.
—Dije que yo voy a ir por mis bebés.
Estaba seguro de que si no fuera porque los Vulturis la estaban mirando, ella ya se hubiera transformado y les estaría gruñendo.
—¡Dios! Esme, habla tú con ella —suplicó Jacob a mi madre, quien simplemente negó con la cabeza.
—Yo pienso igual que Leah, sé que hay que seguir el plan, pero… —Esme dudó por unos minutos antes de responder—. Pero yo también quiero rescatar a esos bebés.
—¿Las dos se han vuelto locas? No tenemos tiempo para ir por los bebés, primero debemos rescatar a Bella y acabar con esos sujetos —exclamó Paul—. Doc, usted trate de convencer a su esposa, explíquele cuáles son las prioridades ahora.
Todos miramos de reojo a Carlisle, pero sabíamos que él jamás iba a ir en contra de Esme, los Cullen teníamos claro que quien realmente daba las órdenes en nuestra familia era ella. Pero, en esa situación, no sabíamos si sería la primera vez que iba a ir contra su decisión.
—Cariño, sé que es importante para ti rescatar a esos bebés, pero sabes que en estos momentos… —empezó a decir.
—Lo sé, pero piensa en esos pequeños angelitos, ellos no tienen la culpa de lo que estaba haciendo esa persona —dijo con firmeza, pero vio que ninguno iba a dar su brazo a torcer—. Si nosotros no los salvamos y alguno de ellos escapa con los bebés todo empezará de nuevo, nada cambiará; tarde o tempranos ellos nos atacarán y serán más que nosotros. ¿Acaso ustedes quieren que eso suceda? Piensen en las vidas que se podrían perder en un futuro si los dejamos escapar con esas pequeñas criaturas.
—Demonios, ella tiene razón. —Cayo estaba molesto, ya una vez había dejado que ellos se escaparan, pero no tenía planeado que eso sucediera—. ¿Ustedes creen que podemos cambiar un poco la estrategia? —indagó a Jasper, Ben y Eric.
Los tres se vieron entre sí y, al final, Jasper nos explicó la nueva estrategia en la que Leah, Esme, Tanya, Quil y Laurent entrarían antes del cambio de guardia, los lobos irían en su forma canina para pasar desapercibidos, mientras que los demás ingresarían por el pasadizo secreto.
—El sol va a salir en cinco minutos —avisó Alice.
—Todos a sus puestos, traten de estar siempre en contacto, no intenten apresurar la situación, debemos permanecer ocultos hasta que caiga la noche —explicó Unni.
—Aún sigo sin entender por qué no atacamos ahora, podemos acabar con ellos en este instante. —Emmett no estaba para nada de acuerdo con esperar, él quería empezar en ese mismo instante con la pelea.
—Tenemos que tomarlos desprevenidos, ellos no bajarán la guardia hasta el anochecer cuando empieza la farsa —le explicó el exrarito—. Ellos saben que siempre van a ser consideraros peligrosos, pero nunca esperarían que los atacaran durante esta clase de evento, ellos creen que nosotros no conocemos nada sobre su paradero
—Tonterías —murmuró mi hermano—. Haré lo que quieran, pero no esperen que me quede quieto demasiado tiempo —nos informó.
—Es hora de entrar. Sam, pónganse en movimientos —pidió Carlisle—, manténganse en contacto, nos reuniremos en el jardín antes de que la luna salga.
Sin más que decir, todos entramos en el castillo, al mismo tiempo que los Quiluetes entraban en fase y se dirigían hacia las montañas. Ellos tardarían alrededor de tres horas en llegar a la entrada de ese lugar, ya tenían sus equipos de rastreos y comunicación. Nosotros, mientras tanto, iríamos por tierra hasta llegar a la entrada subterránea, siguiendo el mapa que mi hermana nos había dejado. Sabíamos el camino que debíamos seguir, ya que ese lugar tenía demasiados túneles, en los que cualquiera se podía perder.
Dos horas después de haber ingresando a los túneles, habíamos llegado a lo que parecía ser el centro de aquel lugar. Había unos 20 túneles diferentes, que parecían haber sido escavados hace unos 300 años; teníamos que tener mucho cuidado para que ese lugar no se derrumbara. La temperatura era muy baja ahí, a pesar de que a nosotros no nos afectaba, mis padres y los de Bella eran otro cantar, en más de una ocasión los había visto frotar sus brazos para darse algo de calor.
—Bien, descansemos un momento —dijo Aro más para los humanos que se encontraban con nosotros que por nosotros. Uno de los amigo de Carlisle le pido a su hijo Benjamín, que controlaba los elementos, que creara una fogata para que el lugar fuera más cálido.
—¿A dónde creen que den los demás túneles? —preguntó Emmett mirando a nuestro alrededor.
—No venimos de excursión, Emmett —le di un alto antes de que se fuera a investigar.
—Lo sé, lo sé, pero… ¿no sienten curiosidad de saber a dónde dan esos túneles?
Emmett sabía cómo picar la curiosidad de todos, pues a más de uno se le pasó por la mente la idea de ir a investigar; pero con una mirada de Jane todos olvidaron ese pensamiento. Todos, menos Emmett, claro, quien no le había prestado mucha atención a Jane.
—Como sea, no podemos olvidarnos de cuál es nuestro objetivo —le informé a mi hermano—. Luego de que acabemos con ellos puedes ir de excursión todo lo que desees.
—Entonces… ¿qué estamos esperando? ¿Seguimos con nuestro camino? —dijo emocionado, todos lo ignoramos.
—Alice, ¿puedes comunicarte con los lobos? —le pregunté a mi hermana, quien simplemente negó.
—En este lugar no llega la señal, tendríamos que a avanzar un poco más para que pueda comunicarme con ellos —respondió con frustración—. Eric y Ben estaban al pendiente de ellos desde el castillo, pero nos perdieron de vistas desde el momento en que pasamos los primeros túneles.
—Significa que estamos muy por debajo del suelo que ni los satélites pueden dar con nuestra ubicación —habló Charlie mirando a su alrededor, luego dirigió su mirada a mi hermana—. Alice, ¿puedes ver a los gemelos?
—Sí, están a punto de llegar a la entrada principal —respondió.
Los gemelos habían sido enviados como señuelos junto con Cayo. Alice había planeado una cuartada perfecta para que los cazadores creyeran que los gemelos nunca habían llegado a Forks, sino que habían sido atrapados por los Vulturis y habían logrado escapar y llevar con ellos a uno de los reyes, como regalo para su líder.
—Entonces sigamos, aún nos queda camino por delante —señaló Carlisle.
A cada paso que dábamos sentía una extraña ansiedad, como si algo malo estuviera pasando, como si Bella me estuviera llamando.
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Narrador POV
Los gemelos se estaban acercando a la entrada del castillo, no estaban muy seguros de qué tanto había hablado el sirviente, sabían que estaban tentando a la suerte. Si Orl se enteraba de su traición iban a morir en manos de ese doctor, pero era la única forma que tenían para entrar en territorio enemigo y salvar a sus amigos, junto con los bebés. Había sido una suerte que las heridas que Leah les había provocando la última vez aún siguieran sin cerrar, así les daría más crédito a su mentira. Cayo, por su parte, se encontraba con esposas especiales para que no pudiera liberarse. Artera estaría feliz y no le importarían las explicaciones si se aparecían con unos de los reyes del mundo vampiro.
Una vez que entraron a la cueva, los gemelos se miraron, ambos sabían que una sola mirada de parte de Orl y descubría toda la verdad, por lo que debían mantener sus mentes y sus emociones en blanco, sin ningún rastro de duda.
—¿Quién va ahí? —Escucharon la pregunta antes de pasar el lumbral.
—Andréu y Andrua, rango dos, responsabilidad ubicación y detección de seres inferiores —habló Andrua con seriedad.
—Ingresen —ordenó la voy y ambos siguieron sus caminos hasta que vislumbraron el castillo.
A unos metros del umbral, diez arqueros que se encontraban en tierra los apuntaron, al igual que los que estaba en las murallas del castillo.
Ambos chicos se inclinaron sobre sus rodillas izquierdas, bajando sus cabezas, y lanzaron a Cayo al suelo, quien se mantuvo estático. Los gemelos no se inmutaron cuando la puerta del castillo se abrió, ni levantaron la mirada; sabían que no debía levantar la vista hasta que se los ordenaran, era una señal de sumisión que les mostraba que estaban bajo el poder de los antiguos.
—Vaya, vaya… ¡Miren quién se dignó a regresar! —Escucharon decir a Orl.
—Lo sentimos, mi señor, no pudimos llegar a América, los Vulturis nos tendieron una trampa —habló Andrua con voz monótona.
—¿Los Vulturis? —les preguntó con incredulidad.
—Sí, la mocosa se ha unido a los Vulturis, mi señor, fuimos atrapados antes de que llegáramos al aeropuerto —continuó Andréu—. Mi señor, los vampiros han levantado la guardia, se han enterado por la mocosa de que aún seguimos con vida, ella se unió a ellos y les dijo todo sobre nuestra ubicación
—¿Y cómo lograron salir con vida? —interrogó aún sin creerles.
—Ellos no nos habían matado todavía porque esperaban conocer más sobre nosotros —respondió Andréu—. No entendemos qué fue lo que pasó, pero cuando logramos liberarnos de su prisión la mayoría de sus soldados no se encontraban allí, sólo se encontraban unos 50 soldado y este rey… —explicó, señalando a Cayo, quien sólo miraba a todos de forma desafiante—. Luego de pelear y acabar con ellos, trajimos a esta sanguijuela como regalo para nuestro Rey.
Orl miró a los gemelos con desconfianza, era extraño que después de semanas desaparecidos, sin ningún rastro de información ni contacto, regresaran, más sabiendo que iban a ser torturados si habían intentado escapar. Pero los gemelos habían sido criados por el mismo Orl y ellos sabían que si lo traicionaban lo único que les esperaba era la muerte, así que su regreso debía ser un signo de que eran fieles a ellos; más si traían como regalo a un rey vampiro. Orl no les creyó del todo, pero les daría el beneficio de la duda.
El hombre caminó hasta ellos, miró con desagrado a Cayo, quien seguía mirándolo con odio, y simplemente le sonrió con crueldad. Luego de que la ceremonia se realizara, él iba a jugar un rato con ese vampiro antes de matarlo. Se detuvo frente a los chicos, la prueba de si seguían siendo fieles era tan humillante que sólo los que continuaban bajo su poder la aceptaban.
—¿Qué están esperando? —les preguntó con frialdad.
Los gemelos no lo dudaron ni un momento y besaron los pies de Orl, quien sonrió y luego los pateó en sus caras, primero a Andréu y luego a Andrua. Los chicos no se inmutaron, simplemente me mantuvieron con una expresión sumisa.
—Bienvenidos, vayan a sus habitaciones, hoy es un día importante —les dijo con una gran sonrisa—. Andrew, Michi, lleven a nuestro huésped a mi consultorio privado y amárrenlo.
Los gemelos asintieron con felicidad, antes de levantarse y caminar hacia el castillo sin mirar atrás. Orl no les quitaba la mirada de encima, no podía confiar en alguien que había permanecido tanto tiempo fuera, pero al parecer ellos realmente habían estado bajo el poder de esas sanguijuelas.
Dos de los soldados tomaron a Cayo por los brazos, como el hombre había ordenado. Cuando pasaron al lado del doctor, él sonrió.
—¿Así que el poderoso Cayo Vulturi cayó frente a unos novatos? —le dijo con burla.
—Maldita escoria, debí matarte cuando tuve la oportunidad —respondió el vampiro con voz desafiante.
—Pero no lo hiciste… Ahora sabrás lo que es el sufrimiento. —Sonrió con malicia—. Michi, suminístrale ese veneno en altas cantidades.
—Sí, amo —le respondió el otro con sumisión.
—Escoria inmortal, acabaré contigo con mis propias manos —le escupió el vampiro con odio.
—Ahora somos nosotros los que tenemos el poder, ya no somos los débiles de antes, hemos matado a todos los que se unieron a ustedes, no quedan lobos ni magos, acabar con ustedes será lo más fácil de hacer —aseguró como si nada—. Así que prepárate, porque a partir de mañana sabrás lo que es el verdadero dolor —amenazó y luego soltó una fuerte carcajada—. Los de tu clase se creen que son superiores, pero esta es nuestra era, la era de los Ataka Nosus; una vez que acabemos con ustedes los humanos sólo serán conejillos de india para nuestras investigaciones.
Cayo simplemente se calló, iba a disfrutar matando a ese desgraciado con sus propias manos, nadie le iba a quitar el placer de ver aplastado a ese sujeto. Sonrió para sus adentros con ese pensamiento. Ellos no se iban a esperar el ataque. Una vez que traspasaron la puerta, Cayo dejó caer diferentes objetos de entre su ropa.
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Ben y Eric, que se encontraban en el castillo Urquhart monitoreando los pasos de todos, recibieron la señal, los gemelos habían entrado sin problemas, al igual que Cayo. La primera parte del plan estaba en marchar, así que enviaron esa información a Jasper, para luego comunicársela a los lobos.
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Los gemelos entraron a su habitación sin mostrar ningún signo de odio o furia, pero una vez adentro ambos se miraron con asco. Ese desgraciado de Orl los había humillado de la peor forma, obligándolos a besar sus pies para luego golpearlos en la cara. Ya se vengarían de él, pero su venganza debía esperar, primero debían poner en marcha la segunda parte de su plan.
Abrieron la ventana y colgaron sus camisas en el balcón, así las chicas sabrían dónde debían ir cuando lograran infiltrarse. Luego de eso, colocaron y conectaron una pequeña cámara en el cuarto y otra en la ventana. Finalmente, se fueron a bañar, debían ir a la sala del trono a mostrar su sumisión a Artera, aunque ellos sabían que iban a ser humillados nuevamente, trataron de no pensar en eso. También debían buscar al sirviente que los traicionó y dejarle claro que si decía algo sobre ellos y su relación con Bella, moriría.
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En la habitación, Bella estaba empezando a recuperar la conciencia, abrió los ojos y le costó un poco enfocar la vista; sentía su cuerpo acalorado, al igual que su zona baja. Algo estaba mal, lo sentía. Trató de mover su cuerpo, pero no le respondía. Escuchó la puerta abrirse, trató de mover su cabeza no pudo. ¿Qué demonios le habían hecho estos tipos?
—Parece que ya despertarte, querida. —Escuchó la voz de Artera. Bella sintió ganas de vomitar, él caminó hasta la cama y ella lo pudo ver claramente—. Parece que la droga está empezando a hacer efecto.
—Así es, para esta noche ella no va a poder controlar su cuerpo, sólo va querer tener relaciones con cualquiera, esta droga de cría es poderosa —dijo el doctor y se rió, mientras le mostraba un pequeño frasco de vidrio con un líquido rojo—. Lo más probable es que ella termine teniendo un embarazo múltiple, aunque no sé cómo vaya a resistir un parto tan complicado.
—Si no sobrevive no importa, si puede darme descendientes, lo demás no importa… —Bella quiso gritarle que se fuera al infierno, que primero muerta antes de permitir que le pusiera un dedo encima, pero su cuerpo no reaccionaba—. ¿Cree que recupere el control de su cuerpo pronto? —le preguntó al doctor.
—No lo creo, tuvimos que adormilar su cuerpo, a menos durante unos tres días, simplemente será una muñeca —informó.
—No me gusta esa idea, pero con ella es mejor que la mantengamos así. Ashir se encargará de controlar su cuerpo durante la ceremonia —afirmó y miró a Bella, pasó sus manos por su rostro y sonrió con malicia—. Te lo dije, pequeña zorra, vas a ser mía, quieras o no.
Maldito, me las vas a pagar, pensó Bella con odio.
Nunca imaginó que podía odiar a alguien tanto como odiaba a esas dos personas.
Edward, por favor llega pronto, no quiero que nadie más me toque, por favor, pensó mientras sentía las lágrimas acumularse en sus ojos; pero no iba a llorar, no les iba a dar el gusto de verla débil, primero muerta antes que eso.
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En los túneles, el grupo de vampiros y humanos había llegado al punto clave donde se suponía que estaba la entrada al castillo. Sin embargo, allí se encontraron con un pequeño problema, aunque muchos ya se lo esperaban, debido a que la persona que había encontrado ese pasadizo no deseaba que nadie más lo hallara.
—Y bien… ¿qué demonios es eso? —preguntó Aro mirando la pared que bloqueaba la entrada.
—Creo que es una especie de muro falso —dijo Jasper tocando la pared, la golpeó para escuchar un sonido hueco
—No me refiero a eso, quiero saber por qué no se rompe —habló golpeando el muro con fuerza, pero no se derrumbó—. ¿Qué demonios es esto? Si se supone que está hueco, ¿por qué no se rompe?
—Es como una especie de escudo, similar al de Bella, pero este es artificial —les explicó Unni—. Creo que hay una llave por algún lado.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó Emmett con confusión.
—Es fácil, este tipo de escudo es el que yo utilizo cuando me mudo a algún nuevo territorio.
—Comprendo, entonces sólo debemos buscar una llave, creo que será fácil —exclamó Charlie.
—Eh… sí, pero no estamos buscando exactamente una llave —informó antes de tocar un muro que tenía algo de tierra, lo limpió un poco para mostrar unas antiguas palabras talladas—. Esta es la llave…
—Pero sólo son letras extrañas —expresó Eleazar.
—Es una llave, en realidad. La pared debe abrirse cuando escuche las palabras de apertura. Es una especie de reconocimiento de voz, pero sólo las palabra correctas nos dejarán entrar —terminó de explicar.
—Bien, entonces abre la puerta —exigió Jane con molestia, estaban perdiendo el tiempo en ese lugar.
—Sí… eh… ¿cómo les explico? —susurró tocándose la barbilla—. Yo… eh… no sé leer nuestro antiguo idioma.
—Esto tiene que ser una broma —siseó con molestia Jane.
—Calma, Jane. Si mal no recuerdo, leí en los pensamientos de Carlisle que los jóvenes Cullen tuvieron clases sobre esta extraña lengua, ¿no es así? —preguntó Aro mirando a los Cullen, quienes simplemente desviaron la mirada—. ¿Por qué desvían la mirada?
—Es que no le prestamos mucha atención a esa clase —habló Alice por todos, quienes simplemente asintieron.
—Entonces… ¿a qué demonios iban? —gruñó Jane, estaba tentada a usar su poder contra esas escorias, que era lo que pensaba de los jóvenes Cullen, pero se abstuvo.
—Bien, ¿cómo entraremos entonces? —preguntó Renée. Esa era la única entrada que tenían, nunca pensó que esas raras clases que Ali les daba a los chicos iban a servir en un futuro, pero al parece sí eran de utilidad.
—Tendríamos que haberle prestado más atención a lo que esa chiquilla trataba de explicarnos —se quejó Jasper.
—Creo que sé lo que dice ahí. —Resonó la voz de quien menos se esperaba y todos miraron a Emmett, que estaba parado frente a la pared.
—Osito, ¿tú sabes lo que dicen esos garabatos? —le preguntó Rosalie mirando a su esposo, que simplemente asintió.
—Cuando estábamos en casa la mocosa solía ocultar sus cosas personales detrás de un muro falso que tenía estas mismas escrituras. —Todos lo miraron con desconfianza, eso sonaba como si él estuviera invadiendo la intimida de otra persona—. Oigan, si viven con una mocosa que a cada segundo anda planeando como humillarlos públicamente es necesario hacer sacrificios —se defendió.
—Como sea —murmuró Aro restándole importancia—, dinos qué dice ahí.
—Voy a eso —susurró Emmett y estuvo durante cinco minutos tratando de pronunciar esas palabras, aunque era la primera vez que tenía que leer un texto tan grande—. Oh sabaje nao kateri fa.
Con un suave movimiento, la pared que bloqueaba el camino comenzó a enterrarse, hasta dejar el camino libre rebelando a pocos metros unas escaleras en forma de caracol.
—Es mejor que sigamos con nuestro camino, falta poco para el cambio de guardia —avisó Emmett.
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Artera miraba desde su trono como los sirvientes arreglaban el gran salón que sería el lugar en donde se realizaría su matrimonio con aquella moza, no podía estar más feliz, pronto tendría nuevos guerreros a los que podría controlar a su antojo. Los que tenía eran fieles, pero ya iba siendo hora de que nuevas generaciones de guerreros se unieran a sus tropas. Lamentablemente, durante casi 17 años, no habían tenido guerreros, pero eso iba a cambiar gracias a las drogas de cría que Orl había inventado, que alteraban el ciclo de reproducción, tanto de las mozas como de los hombres. Ya no tendría que preocuparse o eso era lo que él deseaba creer.
Frunció el ceño con molestia al recordar lo que había pasado hacía casi 17 años. Para aquel entonces, él planeaba atacar a los Vulturis, tenían el plan perfecto y listo para ejecutarse, pero entonces sintió como su sangre se calentaba y la extraña necesidad de arrodillarse y pedir clemencia. En ese momento él estaba solo en su habitación y, cuando pudo recuperar el control de su cuerpo, se encontró con Orl y los demás ancianos, que habían entrado para explicarle lo que habían sentido.
Sólo Orl pudo explicarle bien lo que estaba pasando, había nacido el verdadero líder de los Inmortales, un parásito que iba a quitarle su trono y su derecho por nacimiento. Aunque era cierto que él no era el verdadero líder, su padre había sido el antiguo líder del clan y él, como su hijo mayor y único sobreviviente, había tomado el poder. Jamás había pensado que iba a nacer un nuevo líder, no 500 años después de la lucha, era imposible. Desde ese día, sabía que afuera había alguien que podía desterrarlo, pero él no lo iba a permitir. Si lograba unirse con aquella pequeña zorra, preñarla al momento del eclipse, él automáticamente sería líder, todo sería como siempre deseó; siempre y cuando ese susodicho líder jamás apareciera.
—Amo, los gemelos han regresado. —Escuchó decir a uno de sus sirvientes. Tuvo que salir de sus pensamientos al ver a los gemelos arrodillados frente a su trono.
—Así que han vuelto… —habló apoyando su barbilla en su mano derecha.
—Amo, lo sentimos, no pudimos cumplir con la misión que se nos dio —le dijo Andrua con seriedad.
Artera no confiaba en ellos, no después de que desaparecieran durante tanto tiempo, pero habían traído un maravilloso regalo: el rey de esas sanguijuelas. Por esa razón, él y Orl habían decidido darles el beneficio de la duda, pero recién al día siguiente los interrogaría como se debía, ese día simplemente iba a disfrutar de una victoria segura.
—Entienden que por ahora no se les interrogará por lo sucedido, ¿verdad? —les dijo con desapego—. Mañana será otra cosa. Hoy es el día de mi matrimonio, por lo que no recibirán castigo alguno. —Se levantó de su trono y caminó hacia ellos—. La verdad es que estoy feliz con su regalo… uno de los reyes, es un perfecto regalo para enseñarles a esas sanguijuelas quiénes son los que mandan. —Sonrió con sadismo—. Vayan a cambiarse, pronto empezará la ceremonia.
—Como ordene, amo. —Ambos besaron los pies de Artera, antes de levantarse y retirarse
Él también debía prepararse para el show, su novia sería preparada por los sirvientes antes de que Ashir entrara y controlara su cuerpo. Era fascinante tener a un inmortal que podía controlar a las demás personas como marionetas.
—They —llamó a uno de los sirvientes.
—Dígame, mi señor.
—Que todos se preparen para la ceremonia, que sólo los arqueros se queden en sus posiciones, el resto que se prepare, no quiero que nada salga mal, ¿entendido? —They simplemente asintió y se retiró.
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Bella no podía creer lo que le estaba pasando, la habían bañado, maquillado, peinado y la estaban vistiendo; todo sin que ella pudiera evitarlo. Se estaba sintiendo como una verdadera muñeca, como si estuvieran jugando con ella y no lo podía evitar. Podía ver como su cuerpo era tocado por diferentes personas, pero no sentía absolutamente nada; lo único que podía hacer era pestañar. Se miraba al espejo y era como ver a otra persona. Su cabello tenía un peinado alto, con rizos cayendo por su espalda y una corona; tenía un maquillaje leve, pero acentuando sus rasgos. Y su vestido era de color borgoña con algunos toques de dorado.
—Está lista, mi señora. —Escuchó decir a uno de ellos.
Bella no podía moverme, quiso decirle que la ayudaran pero no pudo. Se estaba sintiendo claustrofóbica, ya que estaba atrapada en su propio cuerpo. Escuchó como la puerta se abrió y, momentos después, sintió como alguien se posicionaba detrás de ella. Miró el reflejo en el espejo y pudo observar a Artera, que estaba con un hombre de unos 35 años, más o menos. Aquella persona era de cabello negro, estilo militar, de tez oscura y ojos marrones; tenía una cicatriz en la frente en forma de X y vestía completamente de negro. El hombre se acercó más a ella y le colocó una gargantilla, para luego mostrar una sonrisa.
—Con esto lograré controlar su cuerpo, mi señor —le dijo a Artera antes de apartarse para que él se acercara.
—Perfecto… —susurró Artera y tocó su mejilla—. Ahora empieza la función, querida.
