Guardian de mi corazón

Capitulo beteado por Flor Carrizo

www . facebook groups / elite . fanfiction /

Capítulo 33: Mi guardián

Chicas este es el capítulo final solo falta el epilogo, creo q fue un largo camino hasta este capítulo y espero q les guste, ahhhh creo q voy a llorar nunca pensé q un fics q empece por una idea loca durara tanto en actualizar, nuevamente gracias a todos, a mis betas Mer-chan q me ayudo en un principio y a Flor-chan q me ha soportado tanto gracias las kiero mucho

.

La noche estaba a punto de caer cuando el grupo guiado por los Cullen llegó al lugar en donde se encontraban los Ataka Nosus, la tensión se podía sentir entre los vampiros. Muchos de ellos habían luchado alguna vez contra ese grupo, a diferencias de otros que sólo habían escuchado a hablar sobre aquella gran pelea. Lo que sí era seguro era que en esos momentos ese grupo era un gran enemigo que debían eliminar para preservar la paz entre las especies.

Una vez ubicados debajo de la entrada subterránea, nuevamente repasaron el plan que ya habían establecido, con la única diferencia de que el pequeño grupo de rescate no tenía mucho tiempo para entrar y salir.

—Escuchen muy bien, tienen menos de una hora para poner a esos bebés a salvo, si no tienen a todos fuera del castillos en ese tiempo deberán dejarlos —informó Aro mirando al grupo de rescate.

—Vamos a sacar a todos los bebés, vampiro —le gruñó Leah molesta, no le agradaban los vampiros, pero al menos podía rescatar a sus bebés con su ayuda.

—Les estoy advirtiendo, nuestra misión es salvar a Isabella y acabar con todos los que están en este castillo. —Miró fijamente a Leah—. Les estamos dando la oportunidad de salvar a esos niños, pero si no han salido antes de que empiece la pelea deberán dejar a los niños

Leah quiso reclamarle, pero Esme colocó su brazo frente a ella.

—Lo entendemos, Aro, saldremos antes de que la batalla empiece —exclamó con seriedad.

Ya es tiempo del cambio de guardia —informó Eric por medio de los audífonos que tenían todos.

—Ya escucharon, tienen que ponerse en movimiento —les dijo Jasper al grupo de rescate.

El grupo, conformado por Tanya, Quil, Esme, Leah y Laurent, subió a la superficie, siguiendo las indicaciones que Eric y Ben les estaban dando. Una vez debajo del balcón que daba a la habitación de los gemelos, la cual reconocieron por las camisas que estaban colgadas, subieron rápidamente.

—Eric, ya nos encontramos en posición —le comunicó Esme.

Bien, manténganse en la habitación de los chicos hasta que les demos más información —explicó Ben.

Todos debían esperar a que el camino estuviera libre, así podrían salir sin tener que enfrentarse a nadie y que no se conociera su presencia hasta que ya fuera demasiado tarde.

Camino libre —les comunicó Ben.

—Andando. —Tanya se acercó a la puerta y la abrió lentamente, no muy lejos de ahí había una cámara, que se movió a ambos lados, esa era la señal de que los chicos tenían el control del sistema

Tanya les hizo señas para que salieran y siguieron las indicaciones de los chicos en dirección a donde se ubicaba la guardería. El camino estaba libre, puesto que todos se encontraban en la capilla en donde se iba a realizar la unión.

Deténganse —ordenó Ben al grupo.

—¿Qué ocurre? —preguntó Laurent a través del diapositiva.

Tres soldados van en su dirección, ocúltense. —Luego de escuchar eso, el grupo se escondió en una de las habitaciones más cercanas.

Evitaron respirar cuando escucharon los pasos acercarse, todos se mantuvieron a la espera de que ellos se alejaran, pero los pasos se detuvieron y vieron la sombra por debajo de la puerta.

—¿Qué ocurre, Nay? —Escucharon preguntar a un hombre.

—Dann, sentí olor a vampiro. —El pánico corrió por la cara de las mujeres, habían sido descubiertas tan rápido.

—¿Qué ridiculeces estás diciendo, Nay? —Se escuchó la queja del otro hombre—. Seguro fue el aroma del aquel rey vampiro el que sentiste, inclusive yo lo siento y eso que se encuentra en el laboratorio.

—Sí, es lo más seguro —habló sin estar muy convencida.

—¿Qué tanto esperan?, la ceremonia está a punto de empezar. —Se escuchó una tercera voz.

—Ya vamos, Jhon —hablaron los dos al mismo tiempo.

Para cuando las pisadas se alejaron, todos volvieron a respirar aliviados, estuvieron cercar de ser descubiertos.

El camino está despejado —les volvió a comunicar Ben.

—Eso estuvo demasiado cerca, ¿hay más de ellos cerca de este sector? —preguntó Laurent con molestia.

No, ellos eran los únicos cerca. Tienen que darse prisa, falta poco más de 15 minutos para que el momento de la verdad empiece —informó Eric.

Salieron de la habitación y se apresuraron a toda velocidad al cuarto en donde se suponía que se encontrarían los bebés. Estaban doblando una esquina cuando el leve aroma a talco para bebé y loción los golpeó de lleno.

No hay nadie dentro de la guardería, pero no deben quedarse más de cinco minutos. —Escucharon decir a Eric.

—Entendido. —Laurent caminó hacia la puerta, tomó la perilla y la giró, hizo señas a todos para que se colocaron tras él.

La puerta se abrió mostrando diez simples cunas en la habitación, los bebés estaban en ellas, pero no había nadie más en el lugar. Laurent entró seguido por Leah, quien caminó siguiendo el aroma de sus hombres y logró encontrar el aroma de sus bebés. Los encontró en las dos cunas más apartadas y miró a los bebés que, al sentirla cerca, abrieron los ojos. Leah sintió su corazón apretarse con fuerza, sin darse tiempo de racionar se había transformado en lobo.

—Leah, ¿qué estás haciendo? —preguntó Esme preocupada al ver a la loba erguirse frente a las cunas en donde se encontraba los bebés que se imaginaba eran los de Andrua y Andréu.

—Espera, mamá Esme… —Quil tomó su mano para detenerla—. Creo que su lobo necesita reconocer a los bebés

—¿A qué te refieres, Quil? —preguntó ella intrigada.

—Mi abuelo me había contado que cuando un nuevo miembro es adoptado por la manada, por lo general los padres necesitan reconocer su aroma… Así que entran en fase para que su lobo asimile el cambio y entienda que aquel nuevo miembro es de la familia. —Él parecía asombrado, nunca pensó que vería algo similar hasta ese momento.

Miro nuevamente a Leah, que había regresado a su forma humana y tenía en sus brazos a ambos bebés y los aferraba con fuerza. Se podía oler en el aire un leve aroma salino, lo que significaba que estaba llorando en voz baja. Todos sabían que por muy cruel, fría y odiosa que pudiera ser Leah, su mayor sueño era ser madre y, al parecer, se le había cumplido.

—Bien, ya basta de tanta cursilería, es hora de moverse. —Laurent quería salir de ese lugar lo más rápido posible, no soportaba el olor a cazadores, le daban ganas de matar a esos mocosos, pero había prometido no hacerles daño.

Sacaron a los bebés de las cunas y, una vez que estuvieron bien abrigados, corrieron hacia la ventana que había cerca. Había unos veinte metros hasta el suelo, pero eso no era un problema para ellos. Leah saltó primero, seguida por Esme, Tanya, Quil y, por último, Laurent.

—Ya tenemos a los bebés —informó Esme.

Bien —respondieron del otro lado a coro.

Laurent y Quil les pasaron los bebés que ellos tenían a Esme y a Tanya, quienes se adentraron en lo más profundo del jardín. Las chicas debían permanecer ocultas hasta que la batalla iniciara y los dos hombres se fueron a reunir con Cayo, quien ya debería estar libre de su prisión, si era que sus captores no habían decidido proporcionarle algún tipo de castigo. Siguieron la señal del rastreador que el vampiro debía tener entre sus ropas y tardaron alrededor de quince minutos en llegar hasta los calabozos, que en realidad eran el laboratorio de Orl. Ellos notaron dos guardián a pocos metros de la puerta que conducía al lugar que señalaba el rastreador y esperaron a que el rey de los vampiros hiciera su parte del plan. Él debía liberarse y destruir la puerta antes de que los guardias tuvieran tiempo de avisarle a nadie.

—Estamos frente a los calabozos —susurró Laurent a su comunicador.

Tres segundos después, la puerta se despegó de su soporte, llamando la atención de los guardias que corrieron a ver qué estaba pasando. Quil entró en fase y, con Laurent, se lanzó contra los dos guardias.

Laurent golpeó desde atrás a uno de los guardias, atravesando su pecho y apretó con fuerza su corazón hasta que lo destruyó. Quil tenía a su oponente contra la pared pidiendo piedad y aunque al joven Quiluete odia la batalla, no podía tener piedad. Ellos eran una amenaza para su pueblo, por lo que apretó su pata con fuerza en el pecho del joven hasta sentir como sus costillas se reventaba y su corazón dejaba de latir.

—Muy bien, hay que ponerse en movimiento —dijo Cayo mientras caminaba hacia la salida —. Esos malditos me suministraron ese veneno —comentó corriendo hacia donde se reunirían con los otros—, lo bueno fue que me tomé el antídoto como precaución.

—Jake comentó que el veneno puede paralizar los movimientos de nuestras especies, que lo mejor era mantenernos lejos de su contacto —le explicó Quil que ya estaba otra vez en su forma humana.

—El antídoto no dura mucho en nuestro sistema, así que hay que apresurarnos, tengo un asunto que resolver con el sujeto que me suministró el veneno —habló recordando al doctor Orl. Una vez se había librado de él, pero no cometería el mismo error dos veces.

.

.

Bella sentía como su cuerpo de movía contra su propia voluntad, aunque trataba de controlarse no podía. Se dio cuenta de que estaba llegando a la capilla en donde se iba a realizar la boda y quiso gritar, pero su voz no salió en ningún momento. Era definitivo, si Edward no llegaba pronto iba a ser la esposa de un cretino.

Las puertas se abrieron mostrando a los habitantes del castillo. Notó a los sirvientes en una esquina en completo silencio y con la cabeza agachada. La marcha nupcial inició y a cada costado de ella aparecieron Nagnio y Stear. Ambos jóvenes tomaron sus brazos para guiarla al altar en donde Artera la esperaba junto con el doctor Orl.

Edward, por favor ayúdame, pensó a punto de entrar en una crisis, no tener el control de su cuerpo estaba empezando a desesperarla.

Su cuerpo se movió lentamente hacia el altar, notó que la capilla carecía de un techo, así que podía ver las estrellas y la luna alzándose en el cielo. El eclipse estaba empezando y si Edward no aparecía ella iba a enloquecer.

Sin darse cuenta estaba frente a Artera, quien tomó su brazo y la guió hasta donde Orl, quien iba a realizar la unión, los esperaba.

Desgraciados, me las pagarán, pensó con odio.

—Hermanos, estamos reunidos aquí para unir a nuestro líder y a su pareja…

.

.

—Es hora —avisó Alice al ver que la ceremonia iba a empezar.

Todos se encontraban ocultos en el jardín y, al escucharla, corrieron hacia sus posiciones.

Benjamín, Felix y Tia se apartaron de grupo para dirigirse a la plaza principal, ahí debían esperar hasta que escucharan la señal.

Jake y los lobos caminaron lentamente a la entrada de la cueva y notaron que había unos quince arqueros en la muralla, pero estaban tan distraídos que no notaron su presencia. Sam miró a sus amigos, quienes asintieron y él soltó un aullido llamando la atención de los cazadores sobre la muralla.

—¿Qué fue eso? —se cuestionaron.

Uno de los arqueros se inclinó por la pared, pero no le dio tiempo a gritar porque Paul, en su forma de lobo, lo mordió en el cuello y lo lanzó hacia abajo.

—¿Qué demonios está pasando?

Tres arqueros más corrieron a ver lo qué había ocurrido y se sorprendieron al ver a tres grandes lobos acercarse a ellos.

—¿Cómo llegaron aquí estos lobos? —se preguntó uno que estaba a más de 20 metros de altura.

Los tres lobos se lanzaron sobre ellos y, antes de que pudieran lanzar alguna flecha, los cazadores cayeron muertos al suelo. Los lobos se separaron y terminaron de matar a los otros arqueros restantes, antes de que la puerta se abriera dejando entrar al resto de la manada, a Angela y a Kate, quienes tenían capas negras cubrieron sus cuerpos.

—Es hora de reunirnos con Benjamín y los otros —dijo Kate antes de subirse al lomo de Paul.

—Bien. Eric, Ben, ya estamos adentro —informó Angela para subirse luego al lomo de Sam.

Ambas chicas se aferraron con fuerza a los lobos, los árboles a su alrededor empezaron a hacerse más grandes y espesos gracias al don de Angela. Kate, por su cuenta, mantenía a los lobos a una altura de al menos un centímetro del suelo, para evitar que escucharan sus pisadas. Poco a poco, se fueron acercando a donde Benjamín y los otros los esperaban. Las dos chicas bajaron de los lobos, para colocarse al lado del vampiro que controlaba los elementos, Felix les hizo señas para luego marcharse con los lobos.

.

.

Bella sólo escuchaba a Orl hablar, sabía que no le quedaba mucho tiempo antes de que se uniera a ese loco. Vio como el doctor sacaba una daga de plata y una copa de oro de su túnica.

—Una vez que la sangre de dos se haga una, la unión será eterna. —Escuchó decir a Orl, él tomó la mano derecha de Artera y le hizo un corte en su palma. La sangre salió, cayendo directamente en la copa.

El terror se apoderó de Bella al ver como Orl tomaba su mano, ella sabía que iba a hacer lo mismo que le había hecho a Artera. Sintió como la navaja cortaba su piel y la sangre empezaba a fluir, el olor de su propia sangre empezó a aturdir sus sentidos. El doctor tomó la copa y la alzó para acercarla a Bella. Su cuerpo se movió contra su voluntad, tomó la copa y la acercó a sus labios; ella imaginaba que debía de tomar aquella sangre, esa debía de ser la unión de sangre. Una vez que la sangre de él entrara en su sistema estaría unida a ese idiota de por vida. Cuando la copa tocó sus labios, Bella cerró los ojos y rezó por un milagro.

Se escuchó como las puertas de la capilla se salían de sus bisagras y caían al suelo en un golpe estruendoso. Todos voltearon a ver quién había sido el causante.

—Lo siento, pero yo no puedo permitir esta unión. —Bella escuchó la voz de Edward y su corazón empezó a latir con fuerza; sintió como sus manos soltaban la copa, que al tocar el suelo derramó toda la sangre.

—¿Qué demonios? —Artera estaba furioso, esa estúpida había dejado caer la copa. Miró al cielo, el eclipse estaba a punto de inicial—. ¿Quién demonios eres tú? —preguntó mirando al recién llegado.

—Mi nombre es Edward Masen —habló con toda seriedad—. Te suena ese apellido, ¿no? —preguntó al notar la expresión sorprendida de Artera

—Imposible, todos los Masen están muertos —dijo atónito—, el último Masen era esa chiquilla, no puede existir otro.

—Oh, te equivocas… —Edward empezó a caminar hacia donde estaba su Bella—. Yo soy el hermano gemelo de Allison.

La sorpresa no abandonó el rostro de Artera, había un Masen más, esas estúpidas no habían matado a todos lo Masen como habían dicho antes. Las mataría si estuvieran con vida. Artera le hizo señas a sus guerreros que no se movieran, él iba a acabar con ese traidor con sus propias manos.

—¿Cómo llegaste aquí? —le preguntó caminando hacia donde estaba Edward.

—Con la ayuda de mi hermana, obviamente —le dijo con una sonrisa irónica.

—Maldita mocosa, la mataré luego de que acabe contigo —gruñó molesto—, tendría que haberla matado cuando tuve la oportunidad.

Edward frunció el ceño molesto, no iba a permitir que ese sujeto mencionara a su hermana. En ese momento, Artera sintió el olor a vampiro que provenía del cuerpo de Edward y se detuvo a mitad de camino.

—Escoria chupasangre —gruñó furioso.

—Lo notaste, ¿no es así? —Sonrió con burla.

—No sé qué demonios haces aquí —gritó y sacó se espada de doble hoja—, pero te mataré ahora mismo.

—Lo siento, pero eso no será posible. —Edward se agazapó—. Vine por lo que es mío —declaró con furia.

—¿Lo que es tuyo? —preguntó confundido—. ¿A qué demonios te refieres vampiro? Aquí no hay nada tuyo

—¿Estás seguro? —preguntó y miró fijamente a Bella, quien seguida dándole la espalda.

Artera siguió su mirada hasta que se topó con aquella moza, la furia se apoderó de él. ¿Acaso esa mujer tenía algo con ese chupasangre?

—Es mía, maldito —gritó con furia al entender que esa mujer era la puta de un vampiro.

Artera se lanzó sobre Edward con odio, pero él simplemente lo esquivó, debía alejarlo de Bella a toda costa. La oscuridad se hizo presente en el momento en que Edward esquivó uno de los ataque de Artera.

—¡Maldición! —Se escuchó a Artera chillar molesto.

—Ahora es mi turno, vas a pagar caro todo lo que le has hecho a mi mujer. —Edward silbó.

Desde el techo, la puerta y las ventanas entraron más de doscientos vampiros, los lobos y los padres de Bella y los de Edward. Los guerreros que se encontraban ahí miraron a sus enemigos, sacaron sus armas y se lanzaron contra ellos.

Emmett sonrió al ver como dos de esos sujetos decidieron ir contra él, tronó sus dedos y se lanzó sobre ellos. Las espadas de ellos se clavaron en su cuerpo, pero él sólo sonrió. Los dos inmortales, al ver que sus armas no hicieron efecto, trataron de sacarlas, pero Emmett agarró ambas y, de un sólo golpe, las sacó. Sonrió con burla para luego agarrar a los dos sujetos por sus cabezas y golpearlas la una contra la otra. No los mató, ya que Rosalie apareció detrás de ellos y atravesó el cuerpo de ambos con sus propias armas.

Una visión golpeó a Alice. Veía a Bella ser sacada de aquel lugar por lo que parecía un túnel debajo del altar, seguida por un grupo de guerreros. Ellos tratarían de ir a la guardería en donde no encontrarían a los niños y se enfurecerían, pero huirían durante la pelea. La pequeña Cullen parpadeó un par de veces y su esposo llegó a su lado antes de que fuera atacada por un cazador. Ella no tuvo que decirle a Jasper, simplemente le hizo señas hacia el grupo que se estaba alejando de la batalla.

Jasper y Alice corrieron tras el grupo de guerreros que se dirigía hacia donde estaba Bella, ambos tomaron dos espadas que estaban en el suelo y aparecieron frente a ellos, quienes retrocedieron unos pasos y dudaron un momento antes de lanzarse contra aquellos vampiros; pero no lograron dar ni dos, pasos puesto que sintieron como si sus cuerpos estuviera en llamas. El grupo cayó de rodillas gritando de dolor, Jasper no lo pensó antes de decapitarlos. Alice miró hacia otro lado, aunque sabía lo que iba a pasar, no tenía corazón para ver lo que su marido hacia. Notó a Carlisle y Alec en una esquina, ambos tenían a los sirvientes alejados de la batalla, se había decidido que ellos no serían asesinados, por lo menos no por el momento.

Edward miraba a su adversario con odio, mientras pasaba por su mente todo lo que le hizo a su Bella, provocando en él ganas de matarlo lenta y dolorosamente. Artera estaba molesto, no había logrado lastimar ni una sola vez al maldito vampiro; lo peor era que pronto el eclipse estaría en su fase cumbre y aún no se había unido a esa maldita zorra. Debía acabar con esa escoria lo antes posible. Trató de analizar la situación. Los vampiros eran rápidos pero tenían debilidades, tal vez su sangre no les resultaba tentativa, pero sí la de un humano común y corriente. Entonces una idea pasó por su mente.

—Vamos a ver qué tan fuerte eres, vampiro. —Miró a Edward con burla, se dio vuelta y corrió hacia donde se encontraba Bella.

Si lograba herir a esa moza todos los vampiros perderían el control y se atacarían mutuamente por la sangre de esa mujer, así mataría dos pájaros de un solo tiro, lastimaría a esa zorra y haría que los vampiros perdieran el control. Esquivó a todos los que estaban estorbando su camino, estaba a pocos pasos de su víctima cuando sintió como una roca lo derribaba y cayó al suelo con fuerza.

—Maldición —se quejó, el aire no llegaba a sus pulmones.

—Te dije que ibas a pagar todo lo que le has hecho a mi mujer —le dijo Edward, que ya se encontraba sobre su espalda.

Edward tomó los brazos de Artera y los jaló hacia atrás, escuchó como los huesos de Artera se salían de sus uniones. No lo admitió en voz alta, pero disfrutó de los gritos de ese malnacido.

Los gritos de Artera retumbaron en la capilla, sus guerreros dejaron de pelear contra sus contrincantes y corrieron a auxiliar a su líder; pero los recién llegados evitaron que lo hicieran.

Como pudo, Artera enredó sus piernas en el cuello de Edward y, usando toda su fuerza, lanzó al vampiro lejos de él. Con dolor logró ponerse de pie, sus brazos estaban completamente fuera de lugar y le dolía; ese maldito vampiro había logrado lastimarlo seriamente. Miró hacia donde había lanzado a aquella escoria, no había logrado lastimarlo puesto que él caminaba en su dirección como si nada; si no lograba recuperarse pronto iba a morir en manos de un Masen.

—Orl —llamó al único que podía ayudarlo.

El doctor miraba la batalla desde el altar, no podía alejarse de la mujer ya que Ashir no podía controlar su cuerpo si era atacado; pero al oír el llamado de Artera tuvo que ir. Había criado a Artera toda su vida y, aunque no lo quería, lo consideraba su hijo.

—Nagnio, Stear, cuiden de nuestra reina y mantenga a Ashir lejos de la batalla —les ordenó a los guardaespaldas de Bella.

Ambos hombre se colocaron frente a Bella, quien miraba la batalla frente a ella sin ninguna expresión en su rostro, aunque por dentro estaba preocupada por su familia y amigos. Le costaba ver como los lobos acababan con la vida de seres humanos sin ningún tipo de remordimientos, ver como sus padres al igual que los Masen mataban sin pensarlo dos veces y como Alice, Jasper, Emmett y Rosalie habían acabado con la vida de un par de cazadores. Sentía que una gran tristeza se apoderaba de su alma, aunque sabía que esa era la única alternativa de acabar con la amenaza que representaba aquel grupo. Nunca le había gustado la violencia, lo único que agradecía era que Carlisle, con la ayuda de Alec, mantenía a los sirvientes separados de la batalla.

Su mirada se encontró con la de Edward y muchos sentimientos encontrados surgieron en ella. Quiso correr a donde se encontraba, lanzarse en sus brazos y besarlos sin parar, jamás pensó que iba a extrañar tanto a una persona como había extrañado a aquel vampiro. Con aquella mirada quiso trasmitirle tantas cosas a Edward, cosas que no lograría decirle con palabras. Desvió la mirada al notar como Orl aparecía al lado de Artera y volvía a unir sus brazos, aquella acción le dio un leve temor, a esos dos no les importaba el dolor, parecía que estaban acostumbrados a situaciones así.

Una vez que Orl estuvo seguro de que Artera podía mover sus brazos, miró a aquel vampiro de cabello cobrizo. Aunque era la primera vez que se encontraban, tuvo la leve sensación de que había visto ya ese rostro antes, ahí fue que recordó a quién se parecía.

—Tú has dicho que eres un Masen, ¿no? —le preguntó sin rodeos a Edward.

—Así es. —Edward mostró una mirada fría y distante, había leído los pensamientos de ese sujeto, él era igual o peor que Artera.

—Por eso es que tu rostro se me hace tan familia. —Orl empezó a mover sus brazos y sus piernas—. Eres igual a tu ancestro, Anthony, ese maldito que nos traicionó y se unió a la resistencia para destruirnos. —Miró a Edward y sonrió—. Esta será mi venganza.

Orl desapareció en menos de un pestaño y apareció detrás de Edward, lo golpeó con fuerza en la espalda y, nuevamente, se movió a toda velocidad. Tomó a Edward por el cuello de su camisa y lo lanzó hacia las piernas de Artera. Él agarró a Edward por el cabello y lo hizo verlo a la cara.

—Morirás, escoria —advirtió y lo golpeó con su pierna derecha, lo que hizo una pequeña herida en la cara de granito del vampiro

Orl apareció detrás de Edward para clavarle una lanza en su espalda, directo a su corazón, aunque eso no mataría a un vampiro, el veneno en la lanza lo haría retorcerse de dolor. El vampiro se quedó sin aire al sentir como el veneno empezaba a extenderse por su cuerpo. Artera seguía golpeando el rostro de Edward con sus piernas, mientras Orl sacaba y volvía a introducir con más fuerza la lanza en su cuerpo.

Bella miraba aquello con horror, ellos estaban lastimando al hombre que amaba, iban a matarlo si alguien no iba a ayudarlo. Miró a todos lados buscando ayuda, pero todos estaban ocupados peleando contra aquel ejército, nadie podía ayudar a Edward.

Edward, Edward, pensaba con tristeza, sentía como sus ojos se llenaban de lágrimas, iban a matar a su vampiro y nadie lo podía evitar.

Cerró los ojos para no ver aquello, escuchó la dulce voz de su pareja pronunciando su nombre y abrió los ojos para ver como Artera soltaba el cabello de Edward, el cual golpeó el suelo sin ningún cuidado. El líder de los inmortales sacó su espada y la dirigió al cuerpo inerte del cobrizo.

—¡EDWARD! —gritó Bella con fuerza.

—Bella…

Los padres de Bella dejaron de luchar y el medallón que la madre de Bella tenía colgando en su cuello se rompió en millones de pedazos.

—Ella ha roto el sello de sangre —murmuró el padre de Bella al ver como el cabello de su hija empezaba a tornarse de color plateado y sus ojos empezaba a teñirse de un color rojizo.

Bella cerró los ojos, lentamente sentía como su cuerpo empezaba a hervir, se sentía poderosa, nada ni nadie podía pararla. Abrió los ojos y miró sus manos, las levantó un poco y las cerró y abrió varias veces. Sonrió con crueldad, ellos iban a pagar todo lo que hicieron.

Bella se giró lentamente y caminó hacia donde un sorprendido Ashir la mirada atónito. Nadie jamás había podido romper su control hasta ese momento y, al ver a aquella mujer caminar hacia él como un depredador hacia su presa, tuvo miedo. Intentó correr, pero un lobo de pelaje rojizo apareció frente a él; quiso decirle que se alejara, cuando sintió que la vida se le fue. Bella había atravesado el corazón de Ashir con un solo golpee hasta aplastarlo.

Bella sacó su mano derecha del cuerpo de Ashir, miró a Jake y le dedicó una leve sonrisa, antes de darse vuelta y caminar hasta donde Nagnio y Stear la esperaban. Ambos guerreros se encontraban sorprendidos, nunca imaginaron que la pareja de su actual líder fuera tan poderosa. Cuando Bella se acercó a ellos, sólo cerraron los ojos esperando su castigo, pero jamás llegó, Bella pasó de largo sin mirarlos, sólo le importaba una cosa: acabar con la vida de aquellos que había lastimado a su hombre.

Orl y Artera habían detenido sus ataques ante el grito de aquella mujer, al ver cómo cambiaba y mataba a Ashir no pudieron moverse ni un centímetro; era como si sus cuerpos se hubiera congelado en su lugar. Bella caminó lentamente hasta donde se encontraban ambos, a su paso todos los guerreros simplemente se quedaban inmóviles, la poderosa presencia de aquella mujer los dejaba sin aire. Los vampiros, al igual que los lobos, también dejaron de atacar, simplemente esperaron a ver qué era lo que pasaba. La chica Swan se detuvo a tan solo tres pasos de donde se encontraba su pareja y esos dos desgraciados.

—¿Quién diablos eres? —preguntó Artera asfixiado, la presencia de esa mujer lo dejaba sin fuerza.

—Nunca tuvieron que haber lastimado a mi hombre —respondió Bella antes de golpear a ambos con una sola patada y lanzarlos hasta la pared.

Bella los miró con odio y en sus ojos se podía ver la amenaza de una muerte segura. Se dirigió a donde se encontraba el vampiro y se inclinó un poco hasta que pudo acariciar su rostro; parecía como si estuviera muerto, no hacía ningún movimiento, pero ella sabía que él no lo estaba. Emmett llegó hasta donde estaban ellos, tomó a su hermano por los hombros hasta lograr ponerlo en pie. La chica mordió su labio inferior hasta hacerlo sangrar y tomó el rostro de Edward, para luego unir sus labios. Edward, al sentir la sangre de Bella entrar en su boca, reaccionó.

—Mía —gruñó con fuerza, se apartó de Emmett para tomar a Bella por la cintura, la atrajo hacia él y clavó sus dientes en su cuello.

—Mío —respondió Bella antes de imitar a su pareja, mordió el cuello de Edward. En ese momento el eclipse llegó a su fase de unión.

—¡Maldita! —gritó Artera incorporándose furioso al ver lo que había sucedido.

Edward se aferró a Bella ignorando a esa parásito, sólo un poco más y él moriría en sus manos.

—Tardaste en llegar —reprochó Bella.

—Alice quería que hiciera una entrada triunfal —le respondió con una sonrisa torcida.

—Lo imaginé. —Bella volvió a besar a Edward en los labios para luego separarse de él. Miró a todos los inmortales ahí presentes, muchos estaban sorprendidos y asqueados al ver a uno de los suyos besando a un vampiro, otros simplemente no sabían cómo reaccionar, nunca imaginaron que esa mujer fuera tan fuerte.

—Mi reina… —Unni rompió el silencio apareciendo frente a ella, colocándose de rodillas tomó la mano de Bella para luego besarla.

—Unni, tanto tiempo sin vernos —respondió con seriedad, se hubiera sentido avergonzada si no fuera porque debía mantener la careta de soy la líder y merezco respecto.

—Unni… —Una voz sorprendida se escuchó detrás de ellos.

Orl había logrado ponerse de pie y quedó sorprendido al ver a la persona que pensó que había muerto durante la guerra de las razas. Unni levantó la vista y miró a aquel hombre con desprecio, había deseado jamás volver a verlo.

—Padre… —Esas palabras le dieron asco a Unni.

—¿Cómo sigues con vida? —Aunque jamás pudo encontrar el cadáver de su hijo, pensó que había sido quemado como muchos otros, pero al parecer había logrado sobrevivir.

—Huí durante la batalla de las razas —respondió con sequedad. Bella, al sentir la molestia de Unni, llamó su atención tocando su rostro—. Durante todo este tiempo me encontré escondido, pocos sabían que seguía con vida, entre ellos los gemelos que tú criaste y la pequeña Masen.

—¿Por qué huiste? Sabías que teníamos planes de huir si algo malo pasaba, pero aun así preferiste que todos creyéramos que habías muerto —reprochó el médico furioso. Si hubiera sabido que su hijo seguía con vida él mismo se hubiera dedicado a buscarlo y traerlo de vuelta.

—Padre, aún no lo entiendes, ¿verdad? —Unni suspiró con pesadez—. Yo fui el que abrió las puertas para que ellos atacaran —reveló—. Anthony Masen y Alexei Swan me habían contando el plan que ustedes tenían, al igual que ellos yo no lo apoyaba, así que me les uní.

—Eres un traidor, tú naciste durante la mejor época de nuestras vidas y te atreviste a traicionarnos. —Orl estaba furioso, su propio hijo lo había traicionado.

No soportó aquello, así que usando sus fuerzas se lanzó contra su propio hijo, con la única idea en su mente de matarlo por haberlos traicionado. Unni miró la acción de su padre con molestia, ¿ese hombre aún no se daba cuenta de lo que estaba pasando? Él puño de su padre estuvo a poco centímetros de su rostro cuando una delicada mano tomó el brazo de Orl deteniendo el golpe, se escuchó como los huesos de su muñeca y brazo se quebraban a causa de la fuerza ejercida. Unni miró la expresión de dolor de su padre antes de ser lanzando hasta donde estaba Artera, él detuvo el cuerpo de Orl antes de que se hiciera más daño.

—Orl, ¿te encuentras bien? —preguntó el líder sorprendido de ver al doctor haciendo muecas de dolor. Desvió su mirada hasta la persona que había detenido el golpe de Orl, aquella mujer se había movido tan rápido que él no se había percatado de su presencia hasta que escuchó al médico quejarse—. Maldita moza, ¿quién te crees que eres? Te voy a matar.

Edward, al escuchar la amenaza de aquel sujeto hacia su mujer, enfureció, quiso arrancarle la cabeza; pero Bella al ver las intenciones del vampiro colocó su mano derecha en su pecho y negó con la cabeza. La mujer miró nuevamente a Artera con desprecio, ya era hora de que él conociera su lugar. Respiró profundamente antes de caminar hacia donde se encontraba la raíz de todos sus problemas.

El silencio se hizo presente, todos los que se encontraban allí y conocían el verdadero poder de aquellos hombres temían por la vida de la delicada mujer. En cambio, los vampiros, los lobos y los inmortales Masen y Swan sólo sonrieron.

—Te dije en un principio que te ibas a arrepentir —habló Bella con una voz suave y seria—. Siempre pensé que estos problemas entre los vampiros, los lobos y los inmortales se podían resolver sin tener que llegar a la guerra —comentó—, pero durante mi estadía aquí me di cuenta de que ustedes son la raíz de toda esta guerra sin sentido. —Se detuvo a sólo dos pasos de ellos—. Todos estos siglos se atrevieron a violar a cientos de mujeres sólo para aumentar su número, jamás buscaron a sus parejas, entrenaban a niños inocentes para odiar a los humanos, vampiros y lobos, usaban a los que no tenían un don como esclavos a tal grado que ni siquiera le otorgaban un nombre, puesto que para ustedes no representaban nada. Y lo peor de todo… —Con cada palabra Bella sentía como su sangre hervía, odiaba a esos dos hombres con todas sus fuerzas—. Lo peor es que me ibas a usar para tener a tus hijos sin importarte mis sentimientos. —Bella se movió a gran velocidad, tomó a Artera por el cabello y lo jaló para que la viera a la cara—. Te advertí de que no me pusiera un dedo encima —dijo antes de golpearlo en la cara con su rodilla rompiéndole la nariz. Soltó sus cabellos con asco, los gritos de Artera no se hicieron esperar. Todos sus soldados trataron de auxiliarlos, pero los vampiros y los lobos bloquearon sus caminos.

Bella miró a Orl con desprecio, y él, al sentir la mirada fija de aquella chica, trató de retroceder. Esa mujer era peligrosa, jamás había sentido aquel terror que estaba sintiendo. Retrocedió sólo un poco antes de sentir como alguien lo agarraba del cuello y lo levantaba del suelo.

—Esta es mi presa… —Orl escuchó la voz de Cayo a su espalda y pensó en cómo rayos había escapado.

—Entiendo, tío Cayo. —Bella le dio una media sonrisa, Orl nunca fue su presa, desde un principio; aunque sí deseaba romperle la cara al igual que todos y cada uno de sus huesos. Dirigió nuevamente su atención a Artera que se tapaba la nariz con sus manos.

—¿Quién diablos eres tú? —preguntó Orl con la voz entrecortada a causa del agarre de Cayo.

—¿No crees que eso debías haberlo preguntado desde el principio? —dijo con burla—. Igualmente te diré, mi nombre es Isabella Marie Swan, la tercera hija de la familia Swan… —La expresión de sorpresa en el rostro de Orl fue suficiente para Bella—. Por lo tanto, yo soy la reina —exclamó con voz fuerte.

—Imposible —susurró Artera, jamás había existido una reina, esa maldita moza no podía ser su reina—. Eres una maldita perra, no eres la reina, yo soy el líder de este clan. —Con la furia que surgió en él ante esa revelación, él se olvidó del dolor y la sangre que salía de su nariz, sacó su espada y se dispuso a atacar a Bella—. Creo que ya es hora de que aprendas cuál es tu lugar.

Bella sólo cerró los ojos, iba a dejar que el diera el primer golpe sólo para darle una falsa satisfacción. Sintió la presencia de Artera acercándose, pero el golpe jamás llegó. Abrió los ojos para ver lo que había ocurrió, la sorpresa fue mayor al ver que Nagnio y Stear habían evitado que Artera la atacara, con sus espadas formando una X, impidiendo que la espada del actual líder tocara a Bella.

—¿Qué les pasa? Yo soy su líder, tendrían que estar ayudándome —dijo histérico.

—Nos ordenó que protegiéramos a nuestra señora contra todos y nosotros le dimos nuestra palabra de que no íbamos a permitir que nadie le pusiera un dedo encima —exclamó Nagnio, luego ambos unieron sus fuerzas y empujaron a Artera lejos.

—Nosotros somos los guardaespaldas de nuestra señora hasta que ella decida lo contrario —terminó de decir Stear. Ambos cazadores separaron sus espadas, pero mantuvieron su posición de ataque, ellos estaban dispuestos a defender a su señora hasta el final.

—Gracias —empezó a decir Bella—, pero no es necesario que me protejan, de Artera me tengo que ocupar yo personalmente —les explicó. Ambos hombres no estaban de acuerdo con eso y Edward, al ver la preocupación de ambos, se acercó a ellos.

—Bella puede con él, si nos necesita nos llamará —explicó—. Ella fue entrenada para este momento.

Ambos dudaron, pero se dieron por vencidos y dejaron su posición de ataque. Bella pasó en medio de ellos y se acercó a Artera, era hora de que esa batalla acabara. Vio como Cayo acababa con Orl, pero no antes de que Jane lo torturara con su don. Ella simplemente ignoró aquello, por mucho que odiara las guerras y el derramamiento injusto de sangre, sabía que no había otra alternativa.

Caminó hasta donde se encontraba Artera, ya no iba a dejar que él atacara, esa pelea iba a acabar en ese mismo momento. Al líder del clan inmortal no le dio tiempo ni de pestañar cuando Bella lo atacó desde atrás, golpeándolo con una patada, para luego aparecer en el lugar en donde lo había lanzado y, antes de que él tocara el suelo, golpeó con fuerza su abdomen. Artera cayó de rodillas sujetándose el estómago, el dolor era intenso. Bella unió sus manos para luego golpear al sujeto en la espalda y él cayó al suelo tratando de recuperar el aliento.

Bella admitía que se estaba divirtiendo un poco con él para hacerle pagar todo lo que le había hecho ese desgraciado. Luego tomó el pie derecho de Artera para lanzarlo contra una de las paredes; el golpe fue sordo y severo. Él sentía como sus huesos se partían, esa mujer no lo estaba dejando atacar. Abrió los ojos para encontrase con una flecha apuntando directo a su corazón.

—Artera Belein Aldr III, por los crímenes mencionado antes, yo, Isabella Swan, reina de los inmortales, te sentencio a muerte —exclamó con fuerza—. ¿Tienes algo que decir?

—Muérete, perra, aunque muera aún existe la esperanza de volver a renacer nuestra misión, nosotros somos superiores a todos ustedes. —La sonrisa de superioridad sacó a Bella de sus casillas

—Basta, hasta aquí. —Bella soltó su arco, iba a matar a ese sujeto con sus propias manos, aunque luego tuviera remordimiento. En menos de un pestañeo golpeó con fuerza su pecho y tomó su corazón—. La escoria como tú no debería existir, yo me encargaré de que ningún inmortal vuelva a atacar a nuestros aliados —fue lo último que le dijo antes de apretar su corazón. Sacó la mano del pecho de Artera aún con el corazón de él en sus manos, lo soltó y lo pisó con su pie.

—Bella, ¿qué haremos con el resto? —le preguntó Alice acercándose a ella.

Bella, quien había cerrado los ojos, volvió a abrirlos. Los ojos de todos estaban fijos en ella, sabía que aunque no lo quisiera muchos de ellos debían morir, estaban contaminados y no iban a poder convivir jamás con los humanos, menos con los vampiros, ni que decir de los lobos. Aunque le dolía en su corazón, la decisión ya estaba tomada desde un principio.

—Mátenlos a todos. —Aquellas palabras resonaron en los oídos de los inmortales que trataron de retroceder—. Sólo dejen con vida a los sirvientes y a mis guardaespaldas —pidió antes de que sus piernas empezaran a fallarle.

Edward, al ver como las fuerzas estaban abandonado el cuerpo de su mujer, la sostuvo antes de que cayera al suelo.

—Edward…

—Ya todo terminó. —Escuchó decir a Edward a lo lejos, sintió sus fríos labios tocar los suyos y oyó a lo lejos los gritos de clemencia, mientras su vista empezó a hacerse borrosa antes de que perdiera el conocimiento.

.

.

.

Bella POV

Sentí unas delicadas y pequeñas manos tocar mi rostro, lo que me sacó de mi somnolencia. Abrí mis ojos y enfoque mi vista aún borrosa. Lo primero que vi fueron unos ojos de color chocolate muy parecidos a los míos que me miraban con anhelo y alegría.

—Mamá —me dijo mi bebita con una sonrisa.

Lo único que pude hacer fue abrazarla y llenarle el cabello de besos. Había extrañado tanto a mi bebé, su olor, sus dulces abrazos y sus besos mojados. Mi niña rió ante mi acto y sentí como mi corazón se llenaba de dicha, sentí las lágrimas queriendo salir de mis ojos, pero me negué a llorar aunque fuera de felicidad; sólo quería abrazar a mi hija lo más que pudiera.

—Mamá, mamá —repitió mi bebé entre risas, antes de sentir sus manos tocar mi rostro.

Poco a poco me mostró todo lo que había pasado desde que me fui, me dijo lo mucho que me había extraño y lo que se había divertido en la Push junto con los chicos lobos, Emily y Edward. Me enseñó hasta el último detalle de lo que había vivido durante mi ausencia y también sentí su sufrimiento al no tenerme cerca.

—Mami, ¿no vas más? —me preguntó mi bebé preocupada.

—No, cariño, no me iré más —respondí con una sonrisa, mi bebé gritó de felicidad antes abrazarme.

Estuve abrazándola durante un largo tiempo, hasta que escuché un leve sonido en la puerta. Miré por encima de Nessie a Edward, que estaba recostado en el marco de la puerta con una sonrisa en sus labios.

—Me encanta ver a las dos mujeres de mi vida tan felices —nos dijo antes de caminar hasta la cama.

—Hola —lo saludé sonrojada, me parecía que Edward estaba más guapo que nunca.

—Hola. —Se sentó en la cama y me besó en los labios, Nessie sólo hizo un puchero ya que Edward le había robado mi atención, pero se puso feliz cuando su padre le dio un beso a ella—. Siento molestarlas, pero nos esperan en la sala del trono.

—¿Sala del trono? —pregunté confundida y ahí noté que no estaba en mi habitación en Forks, ni en el castillo.

—Estamos en Volterra —respondió tomando a Nessie en sus brazos—. Luego de la batalla y de que perdieras el conocimiento, los Vulturi decidieron que debíamos venir aquí para decidir el destinos de lo que sobrevivieron —terminó de explicarme.

—Comprendo. —Salí de la cama y noté que tenía puesto un vestido de color azul real un poco más arriba de las rodillas—. ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? —pregunté desorientada, cuando estábamos en la capilla era aún de noche.

—Unas dos semanas más o menos —comentó como si nada y yo lo miré sorprendida.

—¿Dos semanas? ¿Por qué tanto tiempo? —pregunté atónita. Vi a Edward desviar la mirada, algo me ocultaba.

—Luego te explico, es hora de ir a la sala del trono, a los Vulturi no les gusta esperar. —Edward me tendió la mano, la tomé y juntos nos dirigimos hacia donde nos esperaban.

—¿Qué le ocurrió a los que sobrevivieron a la lucha? —pregunté una vez que traspasamos la puerta de donde se encontraban los Vulturi, nuestras familias, el clan Denali y el clan egipcio.

—Oh, querida Isabella, no te preocupes por ellos, se encuentra alojados en el ala norte de nuestro castillo, los lobos se encuentran con ellos —respondió Aro levantándose de su trono para caminar hacia donde nos encontrábamos Edward y yo. Él tomó mis manos durante un par de minutos para luego suspirar con frustración—. Nuevamente no puedo leer sus pensamientos.

—Sí, a mí me pasa igual —comentó Edward tomando mis manos nuevamente.

—¿Leer mis pensamientos? —Miré a mi vampiro intrigada.

—Es que mientras estabas en tu versión de Bella patea traseros ellos podían leer tus pensamientos. —Escuché decir a Emmett desde el otro lado de la sala.

—¿Qué? ¿Cómo es eso posible? —pregunté aún más intrigada.

—Creo que se debió principalmente a que cuando tu otro yo rompió el sello de sangre, tuvo que dar a entender quién era la que mandaba. Inconscientemente desactivó el escudo para que sus emociones y pensamientos se trasmitieran —explicó Unni, quien había dejado de meterle la lengua a Tanya, para aparecer frente a nosotros.

—¿Rompí el sello de sangre? —cuestioné, mientras más pregunta empezaron a surgir.

—¿No te has dado cuenta? —Cuando Alice apareció frente a mí con un espejo me sorprendí un poco, puesto que la persona que veía en el espejo era parecida a mí pero al mismo tiempo diferente. Mi rostro estaba más definido y mi piel era más pálida de lo usual, me veía más madura. Mis ojos de color chocolate tenían destellos rojizos en ellos y mi cabello de color caoba parecía tener algunas mechas de color plateado.

—¿Qué me ocurrió? —Tomé un mechón de cabello, quería saber si en verdad mi cabello había cambiado.

—Se le llama cambio de sucesión —explicó Unni—. Cuando un nuevo líder toma el mando su cuerpo cambia levemente, su yo interno y su yo eterno forman uno sólo, de esa forma el líder se muestra tal y como debe ser.

—Pero Artera se veía igual que los gemelos cuando su otro yo despertaba —comenté al recordar a ese desgraciado.

—Como Artera no era el verdadero líder, no había sufrido el cambio de sucesión. Imagino que para convencer a los nuevos permaneció como su otro yo, después de un tiempo fue posible que sólo su yo interno se mantuviera en el exterior —terminó por explicar.

—Comprendo —susurré aún confundida, entonces recordé algo importante—. ¿Qué va a pasar con los sirvientes, Nagnio, Stear y los bebés?

—¿Qué deseas que ocurra, pequeña? —Escuché preguntar a Marcus desde su trono—. Tú eres la líder, es tu decisión lo que pase de aquí en adelante.

—Yo… Yo no sé qué hacer —confesé—. Los salvé porque no deseaba que siguieran sufriendo, pero realmente no sé qué hacer. Quisiera saber qué es lo que ellos desean.

—Entonces escuchémoslos a ellos —habló mi padre—, traigan a los sobrevivientes.

Pocos minutos después un grupo de personas entró al salón, escoltado por los lobos en sus forma humana. Vi a Leah frente al grupo con dos bebés en sus brazos, seguida de Andréu y Andrua; varias carriolas eran empujadas por los esclavos. Cuando todos estuvieron ahí, sentí la tensión acumularse. Noté que Nagnio y Stear al verme quisieron venir hacia donde me encontraba, pero decidieron quedarse cerca de los esclavos.

—Como ustedes saben, sus vidas fueron perdonadas por la nueva reina —empezó a decir Cayo—, pero no por eso nosotros olvidaremos el pasado.

—Tío Cayo, por favor, yo me encargo —lo interrumpí antes de que se desatara una guerra. Caminé hacia ellos—. Sé que durante muchos siglos ustedes han sufrido a mano de Artera y sus secuaces… —Noté que Nagnio y Stear se sintieron incómodos ante eso—. Pero mientras yo estaba en aquel castillo ustedes fueron los únicos que no deseaban la guerra ni la muerte… —Me giré para hablarles a Nagnio y Stear—. Ustedes, en cambio, jamás pudieron conocer otro tipo de vida que ser esclavos, yo no deseo eso.

—¿Cómo… cómo podemos confiar en ti? —me preguntó uno de los esclavos, el que parecía ser el líder del grupo, ya que era el que siempre estaba dando órdenes.

—Porque yo no quiero ser su reina. —El asombro y el disgusto empezó a escucharse, sabía que los Vulturis no iban a estar de acuerdo.

—Un minuto, Isabella, la razón por la que los dejamos seguir viviendo fue porque tú eres la reina, si no vas a asumir tu responsabilidad entonces los mataremos. —La exigencia de Cayo la había anticipado, al igual que el temor de los sirvientes antes esa declaración.

—Tío Cayo, ¿no ves lo que esa decisión puede causar? —Me coloqué frente a los dos grupos—. Yo no quiero ser su reina, ellos pasaron la mayor parte de sus vidas siendo esclavos y títeres de un rey que ni siquiera era un rey, no quiero ser igual. —Miré a todos con tristeza—. Sólo quiero saber qué es lo que ustedes quieren. —Miré al grupo de inmortales, todos se miraron entre ellos, pero parecía que nadie sabía qué decir.

—Sólo… —Escuché una voz y todos se apartaron mostrando a un sirviente que aparentaba tener unos catorce años, no se veía tan descuidado como los demás, pero tenía marcas de tortura y lucha en su cuerpo.

—Scarle —nombró Andrua a aquel chico.

—Yo… Mejor dicho, nosotros sólo queremos nuestra libertad —dijo con firmeza—. Nuestro… Es decir, esa persona nos trataba como instrumentos, jamás nos dejaba opinar, ni hablar, fuimos sentenciados a muerte desde nuestro nacimientos. Yo, como muchos, tuve la oportunidad de tener un don, así que jamás pasé por lo que ellos pasaron, pero sé lo que se sentía no ser aceptado por ser diferentes.

—Es cierto —continuó Nagnio—. Nosotros éramos de la clase sirviente, no teníamos ningún don, pero Orl vio en Stear y en mí la oportunidad de experimentar. Fuimos convertidos por ellos en lo que somos ahora, soldados con una fuerza similar a la de los vampiros, pero siempre sabíamos cuál era nuestro lugar aunque no éramos tratados igual que ellos.

—Sólo queremos nuestra libertad —terminó de decir Stear.

—Yo quiero darles su libertad —les dije. Nuevamente miré a los Vulturis, ellos tenían la última palabra.

—Bien, les daremos lo que ellos quieren —habló Aro sin mucha emoción—, pero ellos estarán vigilados durante un par de años, no podemos permitir que intenten algo contra nosotros. —Todos los inmortales empezaron a gritar emocionados, aunque no podrían estar por su cuenta al menos no serían considerados una amenaza.

Estuvimos hablando durante unas cuantas horas sobre el futuro de los inmortales y decidimos que, a pesar de todas sus súplicas, ellos se quedarían durante un tiempo en Volterra, al menos hasta que lográramos crear un lugar apropiado para que vivieran sin temor de mostrar lo que en verdad eran. Alice tuvo que mostrarle a Aro una visión que había tenido, lo que terminó por convencer a todos, aunque ella jamás nos dijo qué clase de visión tuvo, simplemente comentó que esa sería la única salvación para todos. No comprendí a lo que se refería con eso, pero la apoyé. En cuanto a los bebés, fue fácil decidir su destino, ya que todas las vampiresas del clan Denali, Cullen y Tia, del clan egipcio, tomaron la responsabilidad de criarlos.

—Entonces con esto la reunión ha culminado, pueden retirarse. —Con esas palabras todos nos marchamos.

.

.

Forks. Tres días después.

Habíamos regresado de Italia tan solo doce horas atrás, estaba a punto de amanecer cuando al fin pusimos un pie en Forks. El cansancio estaba reflejado en nuestros rostros, excepto en los de los Cullen, quienes parecían más vivos que una lechuga. Al llegar a la mansión Cullen me sentí como en casa, el único problema era en dónde íbamos a quedarnos todos; a pesar de que la casa de los Cullen era inmensa, tres familias viviendo ahí era demasiado y si a eso le añadíamos a los nuevos miembros, parecía que la casa iba a quedar pequeña.

Luego de dejar a los más pequeños en el cuarto que de Nessie, todos nos reunimos en la sala. Debíamos discutir qué íbamos a ser con aquellos inmortales que habían logrado sobrevivir, teníamos un tiempo límite para encontrar un lugar en donde ellos pudieran estar a salvo, pero vigilados por todos para que no buscaran venganza contra los humanos, vampiros o lobos. El problema era que iba a ser muy difícil encontrar un lugar como el que necesitábamos.

—Bien, entonces… —Todos miramos a Carlisle.

—Creo que lo mejor sería que les digamos nuestra idea —comentó mi padre—. Saben que Forks es una zona segura gracias al escudo de Bella, ¿no? —Todos asintieron—. ¿Y si convirtiéramos a Forks en una zona segura para todos, incluyendo a los inmortales, los lobos y los vampiros?

—Pero en Forks hay humanos, no creo que sea un lugar para traer a todos ellos —comentó Sam—. Además no creo que los miembros del consejo de la Push estén de acuerdo con tener más enemigos cerca.

—¿Y si logramos convencerlos de que no serán una amenaza y alejar a los humanos de Forks? —pregunté con confianza, todos se miraron, sabía que la idea no parecía tan absurda.

—Creo que es posible hacerlo —comentó Seth—. Yo quisiera decir algo importante.

—¿Qué ocurre, Seth? —le preguntó Jacob al verlo tan decaído.

—Me iré por un tiempo. —Esa revelación causó conmoción entre los lobos, Leah se levantó sobresaltada y caminó hacia su hermano pequeño.

—¿Irte? ¿Por qué? —preguntó casi histérica.

—Perdí a mi otra mitad, siento como si algo me hiciera falta y necesito pensar. —El silencio se hizo presente, todos sabíamos cómo se sentía Seth en ese momento, o al menos Jasper nos estaba trasmitiendo sus sentimientos, y deseábamos que él fuera feliz.

—Seth —lo llamé—, mientras estaba en ese castillo encontré algo que tal vez desees tener. —Caminé hasta donde había dejado mi bolso y, después de revisarlo un poco, encontré lo que estaba buscando—. Ten, creo que esto deberías tenerlo tú. —Le tendí una fotografía de Ali pintada a mano, en ella la chica aparecía en sus versión adulta de uno catorce años, con un vestido que le llegaba debajo de las rodillas, con tirantes y escote de corazón de color rosada. Ella se encontraba sentada frente a un gran sauce llorón con una mirada distante.

—Gracias. —Seth se aferró a la foto con fuerza, tal vez no la volvería a ver nuevamente, pero con eso la recordaría.

—¿Regresarás pronto, Seth? —le preguntó Sam tocando su hombro.

—No, pero les aseguro que regresaré cuando las heridas hayan sanado. —Su mirada estaba llena de dolor y sufrimiento.

Era difícil admitirlo, pero sabía que Seth no volvería en mucho tiempo, aunque deseaba creer que tarde o temprano superaría el dolor. Cuando un lobo encuentra a su pareja es de por vida y al perderla el corazón se cerraba y no volvía a abrirse, al menos no tan fácil.

—Cuídate, Seth. —Jake lo golpeó suavemente en la espalda.

—¿Te has vuelto loco, Jake? Seth no irá a ninguna parte. —Leah estaba molesta y preocupada, no deseaba que su hermanito pequeño se fuera quién sabía por cuánto tiempo.

—Leah… —Seth la miró con sus ojos llenos de súplica.

—Leah nada, me niego a que te vayas. —La chica lobo estaba a punto de llorar, se notaba que la noticia le había afectado más de lo que pensaba.

—Leah... —Caminé hasta ella—. Sabes que esto es algo que Seth debe hacer. —Ella me miró con odio—. ¿Cómo te sentirías si perdieras a Andrua o a Andréu, o a ambos?

La chica bajó la mirada con dolor, sabía que estaba pensando en una situación como la que le había planteado. Leah, aunque fuera terca, era muy sobreprotectora con todos los que ella quería. Levantó la mirada para luego caminar hasta donde estaba Seth y lo abrazó con fuerza, los sollozos no tardaron en escucharse. Seth consoló a su hermana diciéndole que regresaría antes de que ella notara su ausencia.

Sentí los brazos de Edward rodeándome y me pegué más a él, había extrañado a mi vampiro y sólo habíamos pasado un par de días alejados, no sabía cómo me sentiría si lo perdiera para siempre.

Luego de que Leah se calmó, todos salimos al jardín para despedir a Seth. Antes de irse, él iría a la Push para darles la noticia a sus padres y luego se marcharía durante un largo tiempo. Todos lo extrañaríamos, más Esme que se había encariñado tanto con él que lo considera otro hijo más. Si de por sí para ella resultaba difícil que los gemelos no vivieran cerca de ella, el que otro se fuera durante quién sabe cuánto tiempo la estaba lastimando.

—Recuerda comer bien, Seth, si necesita dinero no dudes en llamarnos, ¿sí? —Esme estaba al borde del llanto.

—No te preocupes, mamá Esme. —El lobo le dedicó una leve sonrisa—. Sé que si necesito algo puedo llamarlos.

—Oh… —Esme no soportó mucho tiempo antes de abrazar a Seth con fuerza, luego de unas cuantas promesas de llamar de vez en cuando lo soltó—. Cuídate y sabes que puedes llamarnos a cualquier hora.

—Lo sé. —Le dio un beso a Esme en la mejilla y retrocedió un poco antes de entrar en fase.

Seth hizo un movimiento de cabeza como diciéndonos adiós y tuve un extraño sentimiento de vacío al verlo alejarse. Me separé un poco de Edward antes de llamarlo.

—Seth —grité con fuerza—, te estaremos esperando aquí, así que regresa pronto.

Seth se detuvo y soltó un aullido, sentía que era un adiós por el momento, pero que pronto ese extraño vacío que se había instalado en mi corazón desapareciera, la pregunta era cuándo. Estuvimos viendo el camino por el cual se había marchado durante un rato, sentíamos tristeza y pena por lo que había tenido que vivir Seth siendo tan joven, no sería lo mismo sin él mostrando siempre una sonrisa para animarnos a todos.

.

.

Nuestra vida humana había regresado a la normalidad o lo que sea que fuera antes de saber la verdad sobre nuestras familias. Unni se había marchado con el clan Denali, los chicos estaban un tanto más aliviados de no tenerlo cerca, a pesar de que Tanya era su pareja ellos tenían sus dudas aún. Los gemelos seguían viviendo en casa de los Cullen o eso parecía, puesto que pasaban más tiempo allí que en la reserva; parecía que estar rodeados de tantos lobos aún les resultaba incómodo, aunque siempre tenían una excusa para volver a la casa.

Mi familia y yo volvimos a nuestra casa, no sentía aquel temor que había tenido antes al recordar cómo había sido atacada, cuando entraba a la cocina sólo me lamentaba de no a verle dado una paliza a aquel sujeto. Si pudiera cambiar algo sería exactamente esa parte de mi vida, ese pequeño descuido que nos causó demasiados problemas a todos. Aunque ya no vivía con los Cullen, pasaba la mayor parte de mi tiempo libre ahí, al igual que mis padres. Parecía que los padres Swan, Masen y Cullen se habían hecho grandes amigos. Los Masen ya había decidido comprar una casa en Forks, por ahora ellos se quedaban en la Push, aunque no tenía idea de por qué.

Mi relación con Edward iba cada vez mejor, el único problema era que él insistía en casarnos y yo no entendía por qué tanta urgencia. En una ocasión había comentado que no deseaba que Nessie siguiera siendo ilegítima, aunque según mis padres por la ley de los inmortales Edward y yo estábamos casados, puesto que yo le había dado de beber mi sangre de manera consciente. Pero, incluso sabiendo eso, él insistía que hiciéramos una ceremonia religiosa y, por eso, era que había llegado a eso. Estaba a tan solo dos días de navidad y diez minutos de nuestra boda, dos meses después de aquella batalla.

No iba a negarlo, mi corazón estaba latiendo a mil, mis manos estaban sudando y sentía un horrible malestar en la boca del estómago. Nuestras madres aseguraban que eran los nervios por la boda, yo dudaba que las náuseas que estaba sintiendo fueran por eso. Rosalie estaba terminando de peinarme mientras nuestras madres se encargaban de los últimos detalles, como el maquillaje y los accesorios.

—Bueno, ¿quién quiere ver el vestido? —Alice entró a la habitación cargando un saco blanco.

—Oh, sí, ¡yo! —Escuché gritar a todas. Aún no entraba en mi mente como Alice pudo diseñar y crear un vestido en menos de dos meses.

—Está hermoso, Alice —dijo mi madre con emoción. Salí de mis pensamientos para ver lo que mi futura hermana tenía en sus brazos, era el vestido más bello del mundo.

—¿Verdad que está hermoso, Bella? —me preguntó Alice emocionada.

Quise decir algo, pero las náuseas nuevamente regresaron. Salí corriendo directo al baño, donde devolví todo lo que había comido en el desayuno. No sabía cuánto tiempo permanecí abrazada al escusado, pero sabía que la atención de todos en la casa estaba puesta en mí. Sentí leves movimientos circulares en mi espada hechos por una mano fría y suave.

—¿Te sientes mejor, Bella? —preguntó Alice, mientras me entregaba mi cepillo de dientes con algo de pasta. Lo tomé y me cepillé hasta eliminar el desagradable sabor en mi boca.

Cuando mi boca sólo sabía a menta, dejé el cepillo en el lavado, pero no pude dar ni dos pasos cuando sentí que el mundo se me venía abajo. Lo último que vi antes de perder el conocimiento fue el rostro preocupado de Edward.

.

El fuerte aroma a sales me hizo reaccionar, me levanté confundida para notar que estaba conectada a diferentes máquinas médicas. No podía ser posible, ¿acaso me había perdido el día de mi boda?

—¿Qué me pasó? —pregunté confundida, Edward apareció a mi lado tomando mi mano.

—Te desmayaste en el baño, Carlisle notó que tu tensión estaba un poco baja y decidió que era mejor tenerte vigilada —me explicó. Sentí su mano en mi frente, su temperatura me relajó un poco.

—¿Qué tengo? —pregunté. No podía creer que me hubiera enfermado el día de mi boda, era impensable, aunque en realidad no sería algo raro, siempre había tenido muy mala suerte.

—Carlisle ya viene para explicarnos lo que está pasando. —Tras esas palabras la puerta de la habitación se abrió y entró Carlisle, seguido de mis padres, la familia Cullen, los Masen y Unni.

—¿Qué hacen todos aquí? —cuestioné un tanto cohibida, al notar que toda la familia estaba reunida, sólo faltaba los Quileutes y los Denali, pero tenía la leve sensación de que los lobos estarían escuchando. Además, pude ver la sombra de los Denali, Angela y Ben afuera.

—Sólo vamos a ver si lo que los resultaron dicen es verdad —me explicó Carlisle conectando lo que parecía ser una máquina para ser ecografías.

—¿Tengo algo grave? —Él pánico se apoderó de mí.

—Cálmate, cariño, sólo queremos ver que todo esté bien. —Mi madre estaba más emocionada de lo normal, algo realmente importante estaba pasando para que ella estuviera así

Carlisle terminó de conectar la máquina de ultrasonido y Edward abrió la bata que tenía puesta a la altura de mi vientre. Carlisle untó en el transductor un poco de gel para luego posarlo en mi vientre. Dejé de respirar al sentir lo frío de aquel aparato y el gel, aún no lograba comprender lo que estaba pasando, hasta que el sonido más bello llegó a mis oídos.

—Eso es… —Estaba atónita, lo que estaba escuchando era el latido de un corazón que provenía de mi vientre.

—Es el latido de un bebé. —Carlisle tenía una sonrisa plasmada en su rostro, al igual que todos en la habitación.

—Pero… ¿cómo? —me pregunté atónita.

—Oh, vamos, Bellista, tú sabes cómo se hacen los bebés —Emmett me dijo en forma de burla, pero lo ignoré.

Sí que sabía cómo se hacían los bebés, pero Edward y yo nos protegíamos todo el tiempo, ya que sabíamos que yo podía quedar embarazada. Entonces… ¿cómo rayos pasó? A menos que… Empecé a hiperventilar al recordar la droga que esos desgraciados me habían suministrado, ¿acaso Artera se había atrevido a hacerme algo? No recordaba que hubiera pasado nada entre nosotros y sabía que Nagnio y Stear no hubieran permitido que algo pasara, pero ¿cómo era posible?

Todos notaron como mi corazón se aceleró y escuchaba a lo lejos como me llamaban, pero no podía moverme, estaba aterrorizada. Si el bebé que estaba esperando era de Artera, ¿qué haría? Nunca mataría a un bebé, pero no creía que fuera a sentir amor hacia él. Pero ¿qué estaba pensando? No era culpa del bebé que su padre fuera un desgraciado, fuera como fuera esa nueva vida conocería la luz y yo… yo…

Sentí unos fríos y reconfortante abrazos que me sacaron de mis pensamientos, sacudí mi cabeza para volver a la realidad y vi que todos me miraban con preocupación.

—Estoy bien —respiré profundamente, tenía que calmarme, eso no le haría bien al bebé.

—¿Qué ocurre, cariño? —preguntó Edward preocupado.

No lo soporté, mis ojos se llenaron de lágrimas que empezaron a salir poco a poco, mis sollozos se hicieron más y más fuertes. Mi prometido me abrazó tratando de consolarme, aunque no sabía si eso era posible.

—Jasper, ¿qué le pasa? —preguntó Edward mirando a Jasper, que trató de leer mis emociones.

—No comprendo, está aterrada y dolida. —Jasper parecía no comprender lo que me estaba pasando, era razonable, yo no sabía cómo sentirme en esos momentos.

—Bella, respira y dinos qué te pasa —me pidió Carlisle, hice lo que me ordenó pero tardé más de cinco minutos en calmarme—. ¿Estás más tranquila? —Asentí—. Ahora dinos qué te pasa.

—Es que no recuerdo nada —confesé con pena—. Ellos me suministraron una poderosa droga, no recuerdo nada antes de que despertara el día de la supuesta boda.

—Entiendo, pero no comprendo por qué estás tan triste. —Todos me miraban con extrañeza, sabía que debía de decirles la verdad.

—Es que… —Sentí mi voz ahogada—. Este… Este bebé puede ser de Artera. —Bajé mi cabeza con vergüenza, seguro que Edward no quería verme nunca más, me odiaría por haber sido de alguien más.

—Bella, mírame. —Edward tomó mis manos, no quise mirarlo por lo que, con sus dedos, delicadamente tomó mi barbilla y me hizo hacerlo—. ¿De qué estás hablando, cariño?

—Cuando Artera me dio aquella droga no podía mover mi cuerpo, aquel hombre al que maté antes de Artera controlaba mi cuerpo, yo no sé si durante ese tiempo en que estaba inconsciente él usó mi cuerpo. —Los sollozos aumentaron—. Te lo juro, Edward, no recuerdo nada de lo que pasó y yo… yo… —Cerré mis ojos con fuerza.

—Tontita… —Sentí los fríos y suaves labios de Edward besar mi frente—. Ese bebé es mío. —Ante aquello abrí mis ojos con sorpresa.

—¿De qué hablas, Edward? —pregunté aún alterada.

—Ese bebé es mío, escucha su corazón —me pidió, todos se habían quedado en silencio por lo que el sonido del corazón de mi bebé se podía escuchar, era más acelerado que el de un bebé normal, similar al de Nessie, como el aleteo de un colibrí.

—Late como el de Nessie —le dije mirándolo a los ojos.

—Así es, lo que significa que este bebé es en parte vampiro. —Quise hacerle miles de preguntas de cómo era posible, es decir, con todos los problemas no habíamos tenido intimidad desde hacía casi dos meses y medio.

—Yo resuelvo todas tus dudas, hermanita —comentó Emmett como si supiera un gran secreto, se acercó a nosotros para mostrarme su teléfono, lo tomé con extrañeza.

Emmett puso a reproducir un video, lo miré con desconfianza porque con él uno nunca sabía. Me quedé atónita ante lo que estaba viendo en el video, ya que yo estaba atacando a Edward, prácticamente estaba encima de él, arrancándole la ropa al mismo tiempo en que yo me quitaba la mía. Mi rostro se tornó tan rojo que por un momento pensé que iba a estallar. Le arrebaté el teléfono y borré aquel vergonzoso video.

—¿Cómo fue que pasó? —pregunté avergonzada, no comprendía nada. Sabía que me habían drogado, pero ¿cómo no recordaba que yo había violado a Edward?

—La droga al parecer te hizo perder la razón, luego de que… bueno… Luego de que todo hubiera acabado, despertaste y lo primero que hiciste fue atacar a Edward —me explicó Carlisle—. Tratamos de detenerte pero fue imposible. Los gemelos nos comentaron sobre la droga que le suministraban a las mujeres para que ellas pudiera tener hijos, por lo que dedujimos que eso te había pasado a ti.

—¿Por qué no recuerdo nada? —cuestioné, trataba de recordar algo pero simplemente no podía.

—Eso se debe a que la droga te hace perder la razón, Orl había comentado que esa droga despertaba los más bajos instintos y que era normal que no se recordara nada —explicó Andrua.

—Por esa razón fue que permaneciste tanto tiempo inconsciente. —Edward me sonrió con tanta dulzura que logró que me olvidara de todo, me aferré a él con todas mis fuerzas. Tendría otro bebé, no sabía si estaba preparada para otro, pero mientras estuviera con él sabía que todo lo podría hacer.

—Entonces tendremos un bebé... —Lo miré a los ojos fijamente.

—Sí. —Tocó mi rostro con ternura, sabía que Edward estaba enojado consigo mismo por no haber estado junto a mí para el nacimiento de Nessie, por lo que imaginaba que con el nuevo bebé no iba a dejarme ni un solo segundo—. ¿Estás feliz por eso?

—Estoy nerviosa, Nessie no ha cumplido ni el primer año de vida y ya vamos a tener otro bebé —le expliqué mis dudas, seguía aterrada ante la idea de otro bebé, aunque al mismo tiempo estaba feliz. Nessie se criaría rodeada de muchos niños: a diferencia de mí, ella tendría una infancia lo más normal posible.

—Estaremos bien, podremos criar a Nessie y al nuevo bebé juntos. —Suspiré emocionada, todo estaría bien si él estaba a mi lado.

—En realidad, chicos… —Carlisle nos sacó de nuestra burbuja—. Tendrán gemelos.

.

.

La ceremonia fue el momento más perfecto de toda mi vida, aunque al principio estaba renuente de casarme con Edward, cuando caminé hacia el altar del brazo de mi padre me sentí la mujer más dichosa del planeta. Cada paso al altar me acercaba más y más a ser la esposa de Edward, por el resto de nuestras vidas.

Sólo nos encontrábamos la familia y los amigos más cercanos, Alice había invitado a Jessica y a Lauren, simplemente porque deseaba restregarles en su cara que yo iba a ser la esposa de Edward. Admitía que cuando pasé a su lado les sonreí con superioridad, tenía ganas de reírme en sus caras pero me contuve. Mi padre leyó mis pensamientos puesto que vi como negaba la cabeza y sonrió levemente.

Una vez que llegamos al altar y mi padre le dio mi mano a Edward, todo a mi alrededor simplemente desapareció, verlo a él vestido con un esmoquin negro, con su cabello totalmente domado, hizo que me enamorara nuevamente de él.

Unni era quien iba a realizar la ceremonia, ya que uniría las ceremonias de los inmortales junto con la humana, claro que evitando lo de la sangre; pero el resto sería una unión entre los dos rituales. Cuando el momento de los votos llegó, los nervios regresaron.

—Bella, desde el momento en que sentí tu presencia supe que tú estarías destinada a ser mía eternamente, en ese momento mi vida no tenía sentido, había pasado tanto tiempo solo que pensé que jamás encontraría a mi otra mitad, pero tú apareciste y me embrujaste. —Sonreí al recordar que lo que lo embrujó al principio fue mi aroma—. Sé que pasamos por muchas cosas —continuó y yo sabía que se refería a la noche en que Nessie fue concebida— y aunque me arrepiento de muchas, de otras no lo hago. Siempre fuiste, eres y serás la única persona por la que mi corazón late. Si pudiera regresar el tiempo sólo cambiaría una cosa y es el no a verte secuestrado el día en que te encontré por primera vez.

—Idiota —susurré cuando sonrió con superioridad—. Para mí al principio fuiste un gran misterio, había muchos secretos que aún me ocultabas y que tenías miedo de revelar, pero me enamoraste simplemente con ser tú mismo, aunque me hubiera encantado hacerte sufrir un poco —afirmé y le dediqué una gran sonrisa—, pero desde que te vi supe que mi vida había encontrado sentido al fin. Nunca en mi vida pensé que encontraría a alguien que fuera la razón de mi vida… —susurré, levanté mi mano y toqué su rostro—. Te amaré por el resto de la eternidad.

—Te amaré durante toda la eternidad. —Me tomó por la cintura para luego unir nuestros labios.

—Ahora, los declaro marido y mujer. —Escuchamos a Unni a lo lejos—. Hubieran esperado esas palabras, ¿no? —Lo escuché susurrar.

—Cállate y casaste de una vez con Tanya, sus pensamientos me van a volver loco —le dijo Edward por lo bajo una vez que nos separamos.

—Tal vez lo haga en algún momento —susurró él en respuesta. Vimos como Tanya, quien tenía al pequeño Alex en brazos, le dedicaba una mirada de te mataré si no nos casamos pronto.

La fiesta fue diferente. Había varios humanos, además de nuestro padres, como algunos Quiluetes, Eric, Ben, Katie, Angela, algunos compañeros de clases y colegas de nuestros padres, el resto eran vampiros y lobos, por lo que fue divertido verlos convivir y limitando sus fuerzas ante los humanos. Además, más de un amigo de mi padre no apartaba la vista de las Denali, poco les importaba que ellas tuvieran a sus bebés en sus brazos.

Mientras muchos estaban bailando, me encontraba hablando con las vampiras, Leah y Emily —que había descubierto recientemente que estaba embarazada— sobre cómo les estaba yendo con los bebés.

—Señora Cullen Masen, ¿me concede esta pieza? —me preguntó mi esposo, me encantaba como sonaba esas palabras: mi esposo.

—Claro, mi querido esposo. —Tomé su mano para ir a la pista de baile.

Los primeros compases empezaron a sonar y reconocí la canción al momento en que empezó, ya que era la que contaba cómo me sentía en esos momentos. Nos situamos en medio de la pista de baile.

Heart beats fast
Colors and promises
How do be brave
How can I love when I'm afraid
To fall
But watching you stand alone
All of my doubt
Suddenly goes away somehow

One step closer

Edward me alzó sobre sus pies para poder girar, simplemente sonreí, podía ser mala bailando pero Edward me guiaba.

I have died everyday
waiting for you
Darling, don't be afraid
I have loved you for a
Thousand years
I'll love you for a
Thousand more

Miré a Edward quien sonrió ante aquella parte de la canción. Rodé los ojos, él había elegido esa canción era seguro. Sentí como mis temores volvían, sabía que iba a ser difícil criar a tres niños siendo tan jóvenes, aunque Edward tenía casi un siglo de vida y tendríamos la ayuda de nuestra familias, aun así no podía dejar de sentirme preocupada.

Time stands still
Beauty in all she is
I will be brave
I will not let anything
Take away
What's standing in front of me
Every breath,
Every hour has come to this

One step closer

No me había dado cuenta de que éramos los únicos en la pista de baile hasta que miré a mi alrededor, todos nos estaban viendo bailar a nosotros dos, aunque Edward era el que me cargaba para que yo lograra bailar sin tropezarme.

I have died everyday
Waiting for you
Darling, don't be afraid
I have loved you for a
Thousand years
I'll love you for a
Thousand more

And all along I believed
I would find you
Time has brought
Your heart to me
I have loved you for a
Thousand years
I'll love you for a
Thousand more

Vi sobre el hombro de Edward como mi madre se limpiaba las lágrimas, al igual que Elizabeth, y sabía que, si pudiera, Esme también estaría llorando. Vi a mi bebé, que era cargada por Jacob, moviendo sus piecitos al ritmo de la canción. No me gustaba pensarlo, pero algún día mi bebé estaría en la misma posición que yo, bailando con la persona que amaba. Supe en ese momento que íbamos a hacer un buen trabajo, con errores por el camino, pero un buen trabajo. Edward notó mis pensamientos, puesto que me acercó más a su pecho.

Me separé un poco de Edward para mirarlo a los ojos, con mi mirada le trasmitía todo lo que estaba pasando. Tuve que retirar mi escudo para que pudiera leer mis pensamientos, lo vi sorprenderse un poco para luego concentrarse en lo que le estaba mostrando. Todo lo que habíamos vividos desde el momento en que nos volvimos a reencontrar pasó por mi mente, los buenos y los malos momentos, todo lo que pensé desde el minuto en que lo vi.

I have died everyday
Waiting for you
Darling, don't be afraid,
I have loved you for a
Thousand years
I'll love you for a
Thousand more

And all along I believed
I would find you
Time has brought
Your heart to me
I have loved you for a
Thousand years
I'll love you for a

Thousand more —cantamos la última parte de la canción al mismo tiempo para luego besarnos.

—Te amaré… —empezó a decir a decir Edward luego de terminar el beso.

—Por mil años más —completé aquella última parte de la canción.

Sí, era cierto no empezamos como todas las parejas normales, tuvimos muchos baches en el camino, pero amaba a mi familia.