Capítulo 2 – Culpable

Vacío. Siente como si todo el aire a su alrededor hubiese sido succionado por las palabras que su hermano acaba de decirle. Una sola gota de sudor recorre su rostro, desde su frente hasta la punta de su barbilla, concentrándose en la punta para luego caer perpendicular a su cuerpo hasta tocar el suelo. No puede sentir sus piernas ni sus brazos, como si su cuerpo se hubiese apagado como medida preventiva ante el súbito choque de emociones que acaba de recibir. Kouichiro vuelve a hablarle, pero esta vez ya no es capaz tampoco de oír lo que le dice, todos sus sentidos concentrados en procesar la frase que le acaba de decir.

-Ya arreglamos el asunto de Kirigaya. –Le dijo con su tono serio, absoluto. Kouichiro nunca fue del tipo de persona que se iría por las ramas, y una vez más se lo acaba de demostrar.

-¿No es genial, Asuna? Ahora podremos concentrarnos de una vez en arreglar tu compromiso con Kenta-kun. –Interrumpe su madre mientras mira algunos datos en su Tablet. Asuna nota que su mirada ni siquiera se cruza con la suya, completamente desinteresada de cualquier cosa que ella tenga que decir.

Desde el incidente con Yuki, Asuna ganó confianza en sí misma, al punto que pensó que sería capaz de recomponer la relación con su madre, y por un tiempo así fue. Sin embargo, ahora se da cuenta de que su propia ignorancia es la que le hizo ver flores donde siempre hubo cardos, de los cuales se percata porque por fin han empezado a pincharla. Kouichiro siempre se hizo cargo de los asuntos de la familia, en parte por tener ya la edad y la profesión, y también porque, sutilmente, poco a poco, todas las responsabilidades asociadas a la familia fueron pasando hacia él, mientras que Asuna, quien primero fue una de las víctimas de SAO y luego se concentró en tratar de tener una vida normal, fue paulatinamente desligada de todo, al punto de que se aventuró a pensar que la dejarían vivir su vida junto a Kirito.

Eso fue, sin embargo, hasta ahora. De lo que ha logrado comprender de lo que Kouichiro le acaba de decir, si no se casa con el heredero de una corporación, su padre y su hermano no podrán hacer la alianza que necesitan y se irán a la quiebra, y eso implica que todos los empleados de su empresa también terminarán en la calle; y lo peor de todo es que la situación financiera está así de mal por las múltiples veces que ella y Kirito han expuesto vulnerabilidades de seguridad en los juegos patentados por RECT, en el afán de detener a los locos que quieren explotarlas. Eso, aparentemente ha generado mala imagen en los juegos virtuales y la opinión pública ahora está en su contra. Su familia siempre estuvo luchando contra eso mientras ella, hasta ese momento bendecida, nunca se preocupó de las consecuencias de sus acciones.

-Acabo de hablar con la diseñadora. Nos espera hoy por la tarde para empezar con lo del vestido de novia. –Intercepta su madre, desconectada.

-¿¡Vestido de novia!? –Vuelve a verla ella, confundida y molesta a la vez.

-Así es. –La mira genuinamente confundida. -¿Acaso piensas casarte sin uno?

-Yo… ¡Yo no pienso casarme! –Le grita enojada. –¡Yo…! –Intenta seguir argumentado, pero Kyoko simplemente la pasa de largo, revisando más datos en su dispositivo.

-Y yo debo irme. Tengo que ver al fiscal para solventar la acusación contra Kirigaya. Según tengo entendido, a esta hora ya deberían estarlo deteniendo. –Agrega su hermano, poniéndose de pie y disponiéndose a salir.

-¿¡Deteniendo?! ¿A Kirito-kun? –Sus ojos tiemblan ante la revelación. -¡Eso no puede ser! ¡Kirito-kun no ha hecho nada malo! ¿¡Que rayos te pasa, Kou-nii-san!? –Le reclama nerviosa. Kou la mira por sobre sus anteojos y niega levemente con la cabeza.

-Por supuesto que van a detenerlo. Además, tuvimos la suerte de que tu nombre no aparece como cómplice. Tuve que negociar mucho para lograr eso, el fiscal es una persona que…

-¡Eso no me interesa! –Le corta el camino con la mirada fría. Por un momento, Kouichiro no reconoce a la Asuna que tiene enfrente. Para él, Asuna siempre fue débil y sumisa, sometida a la voluntad de su madre. Ahora es una de esas veces en las que se convierte en una leona furiosa, aunque en el fondo es igual de inofensiva. -¡Lo que hizo Kirito en todas esas ocasiones fue salvar gente! ¡Y si vas a encarcelarlo, entonces que me lleven a mí también! –Intenta sujetar el saco de Kouichiro, pero es la mano de su madre la que la intercepta, sujetando su muñeca en un solo movimiento.

-Basta, Asuna. –Sus ojos lacerantes le ordenan que se detenga. Las pupilas del color de la miel de Asuna tiemblan, reflejando el pánico que rápidamente se apodera de ella. Piensa en Kirito y en la última vez que lo vio; desde ese momento ya tenía las noticias de su boda, y se da cuenta de que inconscientemente, desde ese instante ya había aceptado su destino. No luchó por negarse, ni tuvo el valor de decirle a Kirito, a pesar de que está desesperada porque él la salve. Ahora se lo llevan, y eso es algo que no puede permitir. Sin pensar, arranca su muñeca del agarre de su madre, y, desorientada, niega con la cabeza mientras retrocede torpemente ante los dos miembros de su familia, tan iguales entre ellos y tan distintos a ella.

-¡Asuna! –El regaño de Kyoko siempre fue la señal de que era tiempo de ceder, por lo que instintivamente avanza hacia ella, pero la imagen de Yuuki aparece en el fondo de su mente.

Tú puedes, Asuna! –Le dice con una sonrisa. Ella empieza a llorar, llevándose las manos a la boca, enfrentándose a aquello en lo que se ha convertido mientras piensa en lo que Yuuki esperaba de ella. La Asuna que Yuuki conoció no dejaría que la vencieran sin dar una batalla.

-Yuuki… -Inconscientemente dice en voz alta el nombre de su amiga, confundiendo a sus dos interlocutores.

-¿Yuuki? –Pregunta Kouiichiro. Asuna niega efusivamente y sale corriendo de la habitación.

-¡Asuna! –Grita Kyoko, asomándose por la puerta tras ella, sin embargo, cuando mira hacia la sala, nota que Asuna acaba de tomar su bolso y ha salido corriendo por la puerta de la casa. -¡Asuna! –Le grita otra vez, persiguiéndola hasta la salida. Al asomarse afuera del portón, sin embargo, ya no la encuentra. –Esa niña tonta… -Se muerde el labio mientras se queda de pie por algunos instantes. Luego vuelve al interior de la residencia.

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Rápido. Más rápido. Su respiración agitada entra y sale por su nariz, irritando sus fosas nasales, al mismo tiempo que sus pulmones golpean con fuerza contra la caja torácica que los contiene. Sus ojos, desorientados, miran en todas direcciones, mientras su mano derecha, cerca de su pecho, siente el latido poderoso de su corazón, bombeando a gran velocidad para surtir de oxígeno a los músculos que ahora utiliza para correr. Se acaban de llevar a Kirito ante sus ojos sin una razón aparente. En su mente, el instante en el que lo metieron a la patrulla sin más ni más, se repasa como un bucle de película, una y otra vez. Aún no comprende lo que está pasando, pero debe cumplir el deseo de su amigo, contactar a su novia. Luego debe buscar la forma de ayudar en esa situación. Piensa en su padre, el fiscal. De seguro él sabrá algo, y, a pesar de que no están en buenos términos, es posible que le brinde algún tipo de ayuda.

-Asuna… -Menciona el nombre del objetivo de su misión. Se detiene para respirar en la esquina en la que ya no puede seguir persiguiendo a la patrulla, pero, al ver la ruta en la que se mueve, es capaz de predecir el destino de ésta. Se dirige a la estación de Shibuya. Conoce el área y no le será difícil llegar. Regresa la mirada a su teléfono y busca el número de Asuna, procediendo a poner el dedo en la opción de marcar, para luego poner el teléfono en su oído. Escucha que el tono de señal empieza a sonar, pero la chica no responde.

-Su llamada será contestada por el correo de voz… -Le anuncia el sistema. Sin dejar terminar a la grabación, Shino de inmediato corta la llamada.

-Vaya momento para no contestar… -Se guarda el teléfono, pero al cabo de un momento vuelve a sacarlo y busca el número de su padre. Lo contempla por unos segundos, pensando en guardar de nuevo el aparato, desviando la mirada de éste y haciendo un rostro de malestar. Sin embargo, enfrenta las pocas ganas que tiene de hablar con él y le da al botón de llamar. Escucha el tono de señal, y a los pocos segundos, una voz masculina y profunda contesta.

-¿Qué sucede? –Pregunta serio. -¿Está todo bien? –Su tono le dice a Shino que no tiene tiempo para ella. Probablemente está ocupado en algún caso, como siempre. De todos modos, la razón por la que vino a la ciudad es precisamente esa, sin embargo, sus sentimientos no importan ahora, sino buscar la forma de ayudar a Kazuto lo antes posible.

-Necesito tu ayuda, papá. –Dice con voz tímida. Siempre le costó hablar con su padre, y le parece desagradable e inusual tener que pedirle un favor, pero no tiene otra opción.

-¿Qué pasa? ¿Puede esperar? Estoy en medio de un proceso.

Como siempre, el viejo no tiene tiempo para ella. Con su voz le dice que está siendo una molestia para él.

-Acaban de arrestar a un amigo, pero él no ha hecho nada. –Su voz tiembla al hablarle. Aún sin verlo, es capaz de sentir el aura de desinterés que lo rodea. Lo que le esté diciendo no le importa.

-No creo que haya sido atrapado sin razón. –Responde rápidamente. –Pero háblame de eso cuando nos veamos hoy por la tarde. Veré que puedo hacer. –Le dice seco. Lo siguiente que Shino escucha es el sonido del teléfono colgando, seguido por el tono de llamada cortada. Separa el teléfono de su oído y lo sostiene con la mano derecha, apretándolo con fuerza. Al cabo de unos momentos, lo guarda en su maleta y comienza a correr en dirección a la estación.

-Kirito… -Piensa para sí. –No te dejaré solo… -Repite mientras se atraviesa la calle sin fijarse que el paso peatonal todavía no está habilitado. De repente un automóvil frena sorpresivamente frente a ella, obligándola a retroceder unos pasos, incapaz de lanzarse a un lado para evadirlo. El susto la hace recordar el instante traumático de su infancia, al mismo tiempo que cae sentada sobre el asfalto, sus anteojos cayendo desde su rostro hacia un lado de su cuerpo. Frente a ella puede ver, por un instante, la figura del ladrón al que terminó matando con el arma que cayó entre sus manos cuando era niña. La figura desaparece y se ve en medio de la calle, el conductor pitándole con la bocina del carro para que se aparte. Desorientada, se pone de pie, recoge sus anteojos, y, con sus piernas todavía temblando, sigue corriendo hacia la delegación. Sin embargo, al instante de cruzar hacia la otra esquina, detecta una figura familiar corriendo en dirección contraria; la cual identifica en el acto por el cabello avellano que vuela al son de sus pasos.

-Asuna… -Musita al verla. -¡ASUNA! –Grita su nombre, pero la chica está demasiado lejos como para escucharla. -¡Tch! –Exclama la castaña oscura, decidiendo en el instante seguir a la chica, conforme a los deseos de Kazuto. -¡ASUNA! –Grita de nuevo, pero Asuna se sigue alejando entre la gente. Shino mira que la calle sea cruzable y se arroja en persecución de su amiga. -¡ASUNA! –Vuelve a gritar.

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Está frente a él. El hombre que aparentemente ha causado tantos problemas no es más que un chico de 11°vo grado, medio enclenque y con el rostro inocente. Él está acostumbrado a lidiar con delincuentes, tanto jóvenes como mayores, y definitivamente no reconoce el rostro de un criminal en el niño que ahora tiene frente a él.

Pero eso no es relevante. Si es culpable, cara de niño o no, deberá ir a la cárcel. Están sentados en el cuarto de interrogatorios de la delegación; el chico está en una silla de metal al otro lado de la mesa, la cual está iluminada por una luz de techo, cuya refracción ilumina los rostros de ambos. Kazuto lo observa con desconfianza, mientras él mantiene su rostro severo, imparcial. Si el chico tenía alguna esperanza de obtener simpatía o compasión, claramente ninguna es viable ante su interlocutor.

-Mi nombre es Shinobu Asada. –Se presenta el fiscal, al mismo tiempo que sus anteojos brillan por el reflejo de la luz. –Y estoy aquí para que discutamos algunas cosas acerca de su acusación, señor Kirigaya. Kazuto entrecierra la mirada y baja un poco el rostro para asegurarse de no perder ningún detalle de los gestos del hombre. Si es el fiscal, seguramente está buscando la manera de hacerlo caer, y eso lo logrará si encuentra contradicciones entre su discurso y los cargos de los que se le acusan.

-Me dijeron que soy buscado por terrorismo informático, entre otras cosas. –Contesta casual. –Si no es mucho atrevimiento, ¿podría explicarme en qué consiste la acusación? Realmente no recuerdo haber plantado ninguna bomba, ni enviado ningún virus a nadie. –Su voz es calmada, colectada, pero afilada. El señor Asada no detecta un solo atisbo de inseguridad en sus palabras, por lo que infiere que no se trata de un chico cualquiera.

Oculto para ambos participantes de la conversación está el hecho de que tienen una persona conocida en común. Para uno, se trata de su mejor amiga, con quien goza de una confianza y un entendimiento que con nadie más ha experimentado, como si fuese su familia a pesar de no estar emparentados. Para el otro, es alguien que, a pesar de ser de su familia, realmente nunca ha podido entender, y, por el contrario, con cada año, cada día sin verse, se alejan más y más. Asada Shino está presente en la mente de ambos sin que ninguno sepa que ella es el vínculo que los une.

-Debe saber que no se trata de una acusación a la ligera. –Le pasa una carpeta por sobre la mesa. Kazuto la abre y se sorprende al encontrar algunas fotografías tomadas desde el interior de Sword Art Online. En ellas se aprecia a Kuradeel, así como a varios miembros de Laughing Coffin. Pasa algunas páginas y encuentra fotografías del incidente de Death Gun, y algunas más de otros juegos en los que ha participado.

-Veo que me han seguido la pista. –Es lo único que se le ocurre responder.

-Asesinato múltiple. –Lee en voz alta. –Se te acusa de haber asesinado a un mínimo de 8 personas durante tu estadía en Sword Art Online.

-¡Esos cargos no son válidos! ¡No tenía a nadie a quien acusarse porque no se sabía si habría muerte en verdad o no! ¡Todo cayó bajo la responsabilidad de Akihiko Kayaba! –Se defiende él, visiblemente sorprendido por la primera acusación. Los fantasmas de aquellos que cayeron frente a su espada súbitamente aparecen a su alrededor, como para recordarle que la máxima expresión de su venganza por fin lo ha alcanzado.

-Así es. La diferencia es que no se contaba con evidencia alguna para ningún caso, sin embargo, un informante nos entregó algunos registros que comprueban los hechos. –Se acomoda los anteojos. –Sin embargo, este no es el único cargo, señor Kirigaya. Como le decía, el terrorismo informático es un cargo muy grave en nuestra sociedad. Modificar los sistemas para obtener permiso de administrador, jugar al corre que te alcanzo con un asesino sin notificar a la policía, comprometiendo la vida de por lo menos tres jugadores, también se considera omisión, señor Kirigaya.

-Pero yo… -Trata de responder, viéndose acorralado. Nunca reparó en que podría estar haciendo algo incorrecto, pero las circunstancias lo llevaron a ello en cada ocasión. –Yo no he hecho nada malo. –Insiste con firmeza.

-También se ha vulnerado la seguridad del código de varios otros juegos, cualquiera de los cuales hubiera fácilmente desembocado en un riesgo para la integridad de los otros jugadores. –Sonríe y cierra la carpeta. –Realmente se ve muy mal parado con todo esto, señor Kirigaya. Todo esto bien le valdrá por lo menos diez años de cárcel.

La palabra cárcel hace que el corazón del chico se detenga. Hace unos momentos estaba paseando en busca de boletos para una convención, y ahora está enfrentado al riesgo de ir a la cárcel por diez años.

-Esto… esto no tiene lógica… -Sus ojos tiemblan un poco mientras pone las manos sobre la mesa.

-También le interesará saber que no todos sus delitos se persiguen de oficio. La investigación en su contra se abrió a solicitud de una parte demandante, y su derecho constitucional es conocer a la parte acusadora. –El rostro de Kazuto se refleja nuevamente en sus anteojos.

-… ¿De quién se trata? –Pregunta serio.

-La familia Yuuki. –Contesta al instante. Al escuchar la respuesta, los ojos de Kirito se desorbitan, inmediatamente repitiendo el único nombre que le interesa de esa familia.

-Asuna…

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-Kirito-kun… -Piensa la chica mientras corre sin dirección. Acaba de huir de su casa, lugar en el cual la espera el destino de casarse en contra de su voluntad en cuanto regrese. Sabe que una vez vuelva, ya no habrá marcha atrás. Su voluntad nunca importó desde el principio, y ahora se enfrenta a la cara de la realidad que nunca quiso enfrentar, irónicamente huyendo de esa realidad misma. Sabe que Kouichiro ha movido algunas cartas en contra de Kirito, y seguramente su plan ya está en ejecución, sin que ella, como siempre, haya podido hacer algo para detenerlo. El sentimiento de incapacidad la envuelve, sintiéndose tonta y ridícula por no haber hecho nada para detener a su familia, muy en el fondo sabiendo que no habría podido hacer nada de igual forma. –Kirito-kun… -Vuelve repetir. –Perdóname, Kirito-kun… -Repite otra vez, instintivamente derramando algunas lágrimas. Sin darse cuenta, ha terminado frente a un mirador que está ubicado a un lado de la calle panorámica que muestra el valle frente al que la ciudad está ubicada. Los automóviles pasan a gran velocidad sobre la avenida, levantando su cabello con el viento que se genera ante el paso de cada uno. Asuna se limpia las lágrimas y contempla el paisaje, recordando que alguna vez ya estuvo frente a la misma escena en compañía de Kirito.

-Te amo, Asuna… -Le dijo en ese momento, y ella sintió que nada podía ser más perfecto. Ahora la escena es muy diferente, está sola, probablemente separada de su amor, al cual no sabe si tiene el valor de ver nuevamente a los ojos.

-Yo… debo salvar a Kirito-kun… -Aprieta los puños. –Pero… -El miedo a su familia vuelve a apoderarse de ella. Creía haberlo superado, estaba segura de ello… pero nuevamente ha vuelto a ceder ante la intimidación que su madre, y ahora su hermano también, ocasionan en ella.

-¡ASUNA! –Sus pensamientos son interrumpidos por el grito de una voz conocida para ella. Frente a ella está Shino, completamente agotada, recuperando el aliento al respirar por la boca, apoyando sus manos en sus rodillas, mientras de su boca se distinguen las exhalaciones de vapor que se torna visible gracias al frío del ambiente.

-Shinonon… -Le contesta ella, confundida. Shino se queda en silencio por unos instantes, sorprendida del rostro que Asuna le muestra en ese instante. Desde el momento que la vio corriendo por la calle, adivinó que algo no estaba bien, y ahora ese rostro lleno de lágrimas se lo confirma.

-… Asuna… -Contesta ella. Ninguna de las dos es capaz de sostener su aliento, agotadas por la carrera. A lo lejos se escucha el relámpago que anuncia la llegada de una tormenta, la cual probablemente caerá en algunas horas. Una nube de oscuridad pasa sobre ellas, ocultándolas del sol que hasta hace un instante iluminaba el mirador.

-… ¿Qué sucede, Sinonon? –El rostro de Asuna se transforma para mostrarle la sonrisa más normal del mundo. Es tan natural, que si no la hubiese visto llorando un segundo antes, le hubiera sido imposible adivinar que había algún problema. Sin embargo, no es Asuna quien le interesa a Sinon en ese momento. Cualquier problema que pueda tener, lo de Kirito debería ser más urgente para ambas. Toma aire y da un paso hacia adelante, entregando el mensaje que su amigo le encomendó dar a la mujer más importante para él.

-¡Kirito…! ¡Kirito está…! –Puede ver el cambio en el rostro de Asuna al escuchar el nombre del chico. -¡Kirito fue detenido por la policía, Asuna! –Reporta preocupada. Los ojos de Asuna tiemblan, al mismo tiempo que otra ráfaga de viento levanta el cabello de las dos chicas. Asuna recuerda el momento en el que Kouichiro le notificó el inicio del calvario.

-Ya nos encargamos del asunto de Kirigaya… -Le dijo en ese momento. A eso se refería, y ella ya lo había adivinado. El darse cuenta de ello le hace preguntarse otra cuestión. Si ya sabía lo que iba a pasar, ¿A dónde estaba huyendo? ¿Acaso no iba en busca de Kirito? ¿Por qué corría en dirección contraria?

-¡Asuna! –Insiste Sinon. -¡Debemos hacer algo! –La insta acercándose más a ella. Asuna mira los ojos determinados de la joven, tan parecidos a los de Kirito. Si no supiera que la conoció el año pasado, hubiera sido capaz de confundirla con hermana suya. Por un momento traslapa el rostro de Kirito sobre el de Sinon, y el solo pensamiento trae lágrimas de nuevo a sus ojos. -¡Asuna! –Insiste Shino, que siente como si Asuna no estuviese presente, aun cuando físicamente se encuentra frente a ella.

-¡YA BASTA! –Da un grito que deja a Shino en silencio. Asuna recuerda a su hermano y a su madre, y al instante su mente hace la conexión entre los elementos que pueden traer la libertad de Kirito en el acto. Sin embargo, eso es lo último que a ella le gustaría hacer, y lo que muy probablemente su madre está esperando. Es como si la situación hubiese sido tejida por ella para llegar a esa conclusión, mientras ella no es más que una muñeca jugando al rol dispuesto para ella por su familia, como siempre lo ha hecho. –Si me casara con Kenta-kun, entonces, probablemente mi hermano desistiría de su acusación hacia Kirito-kun… pero… -La sola idea de proponer el perverso negocio hace que toda ella tiemble, buscando apoyo contra la barra del mirador. Un nuevo relámpago se escucha en el cielo, y la brisa aumenta su intensidad, moviendo ahora las faldas de las dos chicas. A Shino se le termina la paciencia y avanza hacia la castaña, tomándola de la mano con determinación, sacándola de sus pensamientos. -¿Eh? –Es lo único que logra articular.

-Kirito me dijo "avísale a Asuna". Ya te avise, y ahora vienes conmigo a verlo. –La hala del brazo y ambas comienzan a caminar en dirección a la parada de autobús.

-Sinonon, yo… -Intenta hablar, pero Shino no voltea a mirarla, insistiendo en avanzar hacia el frente sin soltar su mano derecha.

-No soy nadie para preguntarte sobre si te pasa algo o no, Asuna, pero soy capaz de dimensionar, y pienso que tú también, que por ahora lo más importante es que estés al lado de Kirito. –Vuelve a mirarla por sobre el hombro. –Eso es algo que solo tú puedes hacer, así que hazlo. –Le ordena severa.

-Estar… al lado de Kirito-kun… -Repite ella. Súbitamente, las palabras de Shino hacen que una nueva idea cruce por su mente. Si ella se entrega como asociada de Kirito, probablemente le sigan un proceso a ella también, lo cual obligaría a su familia a retirar la acusación. El chispazo hace que Asuna regane un poco de esperanza, apretando la mano de Shino con fuerza. Ésta se sorprende del súbito cambio de ánimo de su amiga, pero le responde con una sonrisa.

-No sé lo que estás pensando ahora, pero parece algo bueno. –Se acomoda los anteojos. Luego se da cuenta de que la sigue tomando de la mano, y en el acto la suelta, sonrojada. –Parece que ya no hace falta que te arrastre…

-No. –Le contesta con seguridad. Shino suspira aliviada al ver que, por lo menos por ahora, su amiga es la misma con la que siempre convive en SAO, como si su avatar hubiese tomado su lugar en la realidad en la que están envueltas. El autobús para frente a ellas, abriendo sus puertas. Ambas asienten y suben a él, dirigiéndose a ver a Kirito.

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-Asuna… -Repite Kirito, recordando el rostro de su amada.

-La verdad es curioso que repita el nombre de la señorita Yuuki, señor Kirigaya. –Acota el padre de Shino. –De hecho, estaba a punto de ofrecerle un trato que la involucra. –Sus anteojos brillan de nuevo. Shinobu Asada siempre fue un hombre extremadamente fiel a la ley, pero también es famoso por apelar al lado humano de los acusados para acorralarlos emocionalmente. Sabe que en el fondo, la acusación de los Yuuki hacia él se debe a su reticencia hacia la relación romántica que el chico mantiene con la hija de la familia, por deducción sencilla, el punto débil de Kirigaya debe ser cualquier cosa relacionada con la chica.

-¿Qué sucede con Asuna? –Pregunta el pelinegro, visiblemente sorprendido por la pregunta, pero manteniendo el tono calmado en su voz. Los anteojos de Asada brillan de nuevo mientras le pasa otra carpeta de informes, esta vez con el rostro de Asuna en un papel al frente. Al verla, las pupilas de Kirito se dilatan, lo que le indica al abogado que ha caído en su trampa.

-Sabemos que Asuna Yuuki ha sido su cómplice en todas sus "aventuras". –Sonríe él. –Sabemos bien que fue su misma familia la que hizo la acusación, pero convenientemente dejaron fuera ese detalle, pensando que no lo tomaríamos en cuenta para el proceso. –Le informa casi sonriente. Kazuto ya se había preparado para hacer una defensa sobre su propio caso, pero escuchar el nombre de Asuna lo sacó completamente de balance.

-¿Qué está insinuando?

-Estoy insinuando que si lo procesamos a usted sin hacer un trato, Asuna Yuuki también será tomada bajo custodia, y potencialmente enviada a prisión al final del juicio, dependiendo del resultado. –Los puños de Kirito se cierran con fuerza, detalle captado por los ojos del fiscal. –A menos que hagamos un trato, señor Kirigaya. –Sus palabras atraen su mirada hacia él. –Un trato que asegure que la imagen de Asuna Yuuki siga limpia, y que sus pies ni siquiera se acerquen al interior de ninguna cárcel en Japón.

Al escucharlo, Kazuto cae en cuenta de que ese fue el plan del fiscal desde el principio. No quiere hacerle daño a la familia de Asuna, y menos a ella, por quien se sacrificaría mil veces ante de hacerla sufrir en lo más mínimo. Siempre fue así en Aincrad, y en su vida juntos desde que se hicieron novios, hace ya dos años. Lo que siempre primará es el bienestar de Asuna, por lo que no tiene más opción que caer de frente en la trampa.

-¿Y qué debo hacer? –Contesta serio. El fiscal le pasa otro documento, uno que trae un espacio para firmar al final.

-Confiese de una vez. Le garantizo que dejaremos afuera del caso a la señorita Yuuki, y a su vez le prometo la mínima sentencia.

-… Confesar… ¿sin un juicio? –Sabe que no está bien. Si quiere demostrar su inocencia, debería optar por luchar. Sin embargo, los fantasmas de Kuradeel y los demás siguen arrastrándose a sus pies, recordándole que jamás podrá deshacerse de ellos. Eso, solo si no tiene forma de expiar sus culpas. Ahora la vida le presenta la perfecta oportunidad, y si al hacerlo puede salvar a Asuna de un destino similar, no tiene nada que pensar. Sabe que, conociendo a Asuna, intentará echarse la culpa junto a él para que su familia desista, lo cual sabe que nunca pasará. Sonríe un poco triste, y da un suspiro.

Al instante siguiente, su mano deja plasmada su firma en el documento frente a él.

-Por favor, si Asuna viene… -Piensa que él le dijo a Sinon que la trajera, por lo que no debe tardar. -… No la dejen pasar.

Kouichiro Yuuki, que se encuentra detrás de la pared Gessel, observando la conversación, sonríe complacido.

-Esta vez es Game Over para ti, Kazuto-kun.

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Ante la estación de policía, Asuna sostiene sus manos contra su pecho, nerviosa. Shino le pone una mano en el hombro y le dedica una sonrisa calmante.

-Ánimo, Asuna. Kirito debe verte con la sonrisa de siempre. –Le indica. Asuna suspira y asiente. Entran.

(Continuará)

Avance

Asuna es rechazada por Kirito, quien aceptó su culpabilidad a cambio de la inocencia de ella. Shino interviene y busca la forma de revertir la situación antes de que sea muy tarde, arriesgándose a sí misma en el proceso al enfrentarse a su padre, pero el compromiso Yuuki se formaliza y la carrera contra el tiempo comienza…

Próximo capítulo

Trato

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Y eso es todo por ahora. Respondiendo a los comentarios, ciertamente el fiscal es el papá de Shino, creo que ya se evidenció en el capítulo. Y respecto a la cuestión sobre la naturaleza del triángulo, como pueden ver, esto ha comenzado como Kirito x Asuna, y eventualmente girará hacia el Kirito x Sinon, pero siempre en la dinámica de triángulo. Espero que el punto que quiero demostrar con el fic se evidencie conforme la historia se desarrolle más.

Bueno, espero que te haya gustado, si tienes algún comentario, házmelo saber, que es muy importante. Hasta la próxima.