N/A: Pido disculpas por el atraso. Pese a que avisé que podía pasar, de todas formas intenté actualizar la semana pasada, pero no me fue posible. Mi vida está bastante ajetreada en estos momentos, pero creo que podré volver a actualizar el próximo fin de semana sin problemas (recalco el "creo").

Gracias por sus comentarios.

Para lo que siguen "El alcohol todo lo cambió": aún estoy escribiendo el capítulo, así que no puedo asegurarles cuándo la actualizaré. Espero que muy pronto.

¡Saludos!

Disclaimer: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen

IV. Mi novia

Rachel caminaba guiada de la mano de Beth y sentía que los nervios la recorrían de los pies a la cabeza, pues estaba sola con Lucy... con Lucy y su hija. Lucy que ahora se llamaba Quinn y no era su amiga, se obligó a recordar.

Lucy se veía hermosa, como siempre. Rachel debía reconocer que el tiempo que habían pasado separadas le había hecho muy bien a la rubia. El vestido, el cabello, el maquillaje, todo era perfecto. Quizás Lucy lo era. Rachel estaba cada día más convencida de aquello.

Tal vez sería una buena idea dejar de llamar a Lucy, Lucy en sus pensamientos. Quizás si la llamaba Quinn, en la vida real no cometería errores, pensó la morena.

–¿Bebes? –preguntó Quinn sacando a Rachel de su ensoñación, mientras le enseñaba una copa con champagne.

Rachel estuvo a punto de decirle que ella no podía beber, porque era menor. Muchas veces le pasada aquello, su identidad mental le hacía olvidar el cuerpo que habitaba. Con temor a que sus palabras evidenciaran la guerra interna que sufría, se limitó a negar moviendo sólo su cabeza, en aquel gesto mundialmente como "no".

–Yo tampoco. Una vez probé un poco de vino y era asqueroso. No sé cómo los adultos lo toman –confesó Beth, haciendo reír a su madre.

–Yo nunca lo he podido entender –concordó Rachel. Hablar con Beth era más sencillo, porque la pequeña rubia parecía mirarla sin ningún cuestionamiento y la trataba como una persona normal, sin delicadeza alguna. No le hablaba como si tuviese miedo de equivocarse. Rachel sentía que Beth la veía como ella misma, como la Rachel que estaba atrapada en el cuerpo de la otra Rachel, y no como la otra Rachel que tenía la mente de una pequeña o que era un caso extraño para la ciencia.

–Ojalá mantengan esos pensamientos –dijo Quinn con una sonrisa–. Cuando crezcan les recordaré esta conversación.

Rachel la miró extrañada tras aquella oración.

–Yo tengo tu edad –señaló la morena. Ella podía estar confundida y pensar que tenía otra edad, pero no quería que Lucy/Quinn la tratase como una niña. No cuando tenían físicamente la misma edad. Los adultos y los niños no eran amigos. Y, aunque intentase ocultarlo, Rachel quería ser amiga de la nueva Quinn.

–Eh... sí, es que pensé que... –se intentó excusar Quinn. La verdad es que no sabía cómo tratar a la morena. Físicamente era una mujer de su edad, pero su inocencia, su actuar le hacía dudar.

–Y yo ya soy grande –se quejó Beth, desviando la atención hacia ella, por lo que Quinn asintió agradecida.

–Está bien, me disculpo. Cometí un error... sólo espero que no beban en el futuro –explicó la rubia.

–¿Y tú por qué lo haces? –preguntó Rachel interesada–. Si no quieres que nosotras bebamos, porque quizás consideras que es malo, ¿por qué lo haces tú? No tiene sentido, Lucy.

–Quinn –corrigió automáticamente la rubia, pero en un tono sereno. Rachel sólo sonrió tímidamente, algo sonrojada–. Porque los seres humanos no somos perfectos y a veces hacemos cosas que nos pueden dañar.

–¿Ah? Mamá, eso no tiene sentido alguno –expresó Beth.

–¿No? ¿Acaso no tomas helado pese a que has quedado satisfecha tras el almuerzo? Lo tomas igual, aunque sabes que después te dolerá el estómago –le recordó Quinn a su hija, que bajó la vista avergonzada–. Y tú Rachel solías cantar pese a que estuvieses enferma, sabiendo que eso podía dañar tu voz aún más –agregó Quinn.

Rachel se sorprendió ante estas palabras. Era primera vez que Lucy/Quinn hablaba de su pasado con una sonrisa. La morena sintió sus esperanzas crecer, aunque intentó contenerse.

–Está bien, tienes razón –reconoció Beth con molestia–. Mejor regresamos y le llevamos al amigo de Rachel lo que nos pidió –añadió dando por cerrado el tema.

Ambas mujeres asintieron y siguieron los pasos de la rubia menor. No alcanzaron a avanzar mucho cuando una voz llamó a Rachel a sus espaldas. La morena se tensó al escucharla; Quinn notó aquel cambió y no pudo evitar preocuparse. Quien fuese el dueño de aquella voz era alguien que no agradaba a Rachel.

–Rachel, no puedo creer que estés aquí –dijo el hombre frente a ellas, una vez que se giraron a enfrentarlo–. ¡Me lo dijeron y no lo creí!

–¿Y tú quién eres? –preguntó Beth en un tono algo beligerante, pues también notó la tensión que se adueñó de Rachel.

–Brody, Brody Weston. Encantado de conocerlas... –se presentó el hombre.

–Bueno Brody, mi nombre es Bethany Puckerman Fabray y ella es mi madre, Quinn Fabray, una respetada fotógrafa –expuso Beth, al parecer, con intenciones de intimidar al castaño de ojos azules.

– ¿Fotógrafa? –Quinn asintió–. Yo soy actor, como Rachel –señaló Brody–. Aunque la hermosa morena aquí presente aún no me permite la dicha de acompañarla en una obra. Ha rechazado todas mis propuestas...

–Por algo será... –susurró Quinn de manera impulsiva y agradeció que nadie al parecer la hubiese escuchado. Aquel tipejo definitivamente no lo agradaba. Además era obvio que incomodaba a la morena.

–Quizás no eran lo suficientemente buenas –comentó con sorna Beth. Madre e hija eran bastante similares, pero la pequeña aún no aprendía a controlarse–. Quizás tú no eres un gran actor y Rachel es muy educada para decírtelo.

–¡Me agradas! –dijo Brody con una sonrisa para sorpresa de todos–. Hubieses destrozado a cualquier chico inseguro con un comentario así. Por suerte, yo no lo soy –agregó guiñando un ojo.

–Rachel va actuar en una obra y de seguro será mejor que la tuya –Beth definitivamente se negaba a perder una batalla.

–¿De verdad?¿En cuál? –preguntó el castaño mirando fijamente a Rachel.

–Eh... bueno, no es nada seguro aún –respondió la morena, hablando por primera vez–. Es una obra que está produciendo Tina... Nada muy importante, ya sabes...

–Tina tiene mucho talento como productora, así que probablemente será una gran obra. Especialmente si tú participas en ella –comentó coqueteando con la morena.

Quinn apretó los puños en señal de molestia. El tal Brody claramente incomodaba a Rachel y además, le coqueteaba.

–Quizás... –dijo Rachel incómoda–. Nos están esperando, así que debemos irnos. Nos vemos, Brody.

–Espera, Rachel –expresó Brody tomando del brazo a Rachel, ignorando la tensión de la morena–. ¿Aceptarás esta vez una cita conmigo? Podríamos ir a tomar un café...

–¡No! –pero la negación no vino de Rachel, sino de Quinn.

Brody miró confuso a la rubia, mientras que Rachel evidenciaba asombro en sus ojos. Quinn parecía tan sorprendida como la morena por su accionar.

–No puedes salir con Rachel, porque ella es la novia de mi mamá –respondió Beth a la pregunta no formulada por el castaño. Quinn estaba segura que debía enseñarle alguna otra excusa a su hija, pues parecía creer que todo se solucionaba inventando noviazgos.

–¿Novias? –preguntó Brody sorprendido.

–Sí, novias –afirmó Quinn, pues Rachel no parecía en condiciones de responder. La rubia diría que estaba casada con la cantante si aquello alejaba al actor–. Rachel es mi novia –agregó destacando el pronombre posesivo.

–No sabía que te gustaban las chicas. Si me lo hubiese dicho, no hubiese pasado todos estos años pidiéndote salir –expresó el castaño aún algo incrédulo. La expresión "años" desagradó a la rubia.

–Yo no... ¿estaba segura? –dijo Rachel mirando a Quinn confusa.

–¿Eso quiere decir que eres bisexual? –preguntó Brody sin entender la situación.

–Eso quiere decir que debes dejar tranquila a mi novia –manifestó molesta Quinn, pues el castaño se negaba a notar la incomodidad de Rachel.

–Quizás deberías dejar que Rachel respondiese por ella misma –sugirió Brody con ironía.

–Creo que ella te ha respondido todos estos años y sigues sin entender –atacó Quinn, arriesgándose con aquellas palabras, pues no conocía bien el tema.

–Técnicamente ella no me dio nunca una respuesta certera –comentó el castaño–. Cuando te canses de esta mujer tan posesiva, me llamas, Rach... –agregó antes de marcharse, haciendo que la ira creciese en Quinn por el uso de aquel cariñoso apodo.

–¡Qué insoportable! –comentó Beth algo más fuerte de lo normal, esperando que el castaño que se alejaba la escuchase.

–¿Novia? –preguntó Rachel ignorando el comentario de Beth.

–Se veía que aquel tipo te incomodaba, Rachel... así que decidí seguirle la corriente a Beth –respondió Quinn encogiéndose de hombros, como si se tratase de una situación normal.

La verdad era que Quinn aún no comprendía por qué había reaccionado de esa manera. Muy pocas veces la rubia actuaba de forma impulsiva, pero no había podido reprimirse. Aquel castaño había provocado una rabia inusual en Quinn. Un sentimiento que ella se negaba en profundizar.

Por su parte, Rachel seguía igual de confundida. La respuesta de Lucy había explicado la situación, eso podía reconocerlo, pero no tenía mucha lógica. Beth había actuado de forma similar cuando ellas se habían conocido, pero Lucy no la había apoyado. La morena se cuestionaba qué era lo diferente ahora. Su corazón comenzó a latir un poco más rápido de lo normal ante la esperanza de provocar algo en Lucy. Si se preocupaba por ella, tal vez podrían recuperar su amistad, concluyó la morena.

Beth, totalmente compenetrada con la situación sonrió para sí misma. Su mamá nunca actuaba de esa manera con nadie, salvo con ella. Lo que para la pequeña rubia claramente significaba algo. Ella anhelaba que su mamá fuese feliz y, a pesar de que aparentemente lo fuera, Beth sabía que la soledad le pesaba. Quizás Rachel podría solucionar aquello. Además, Beth ganaría una aliada y un pase directo para disfrutar obras de teatro, porque convencería a Rachel de aceptar ese papel, fuese como fuese.

Las tres mujeres estaban tan perdidas en sus pensamientos que no notaron cuánto avanzaron ni cómo llegaron hasta donde sus respectivos amigos las esperaban. Desde lejos se podía apreciar lo bien que congeniaban todos. Kurt, Tina, Brittany y Nicole (no es que Quinn la considerase su amiga, pero ahí estaba) parecían enfrascados en una discusión sobre un musical reciente. Leroy y Santana conversaban sobre la reforma a la ley de inmigración. Finalmente, Hiram y Puck –que se había reintegrado al grupo–, hablaban sobre estadísticas de fútbol o algo similar.

–Pensé que nunca tendría mi ansiada copa de champagne –exclamó con exageración Kurt al verlas llegar.

–¡Eres tan dramático! –se quejó Rachel, pero con una sonrisa.

–Estrellita, aquí la más dramática eres tú. ¡Toda una reina del drama! –expuso Hiram, recibiendo el apoyo de Leroy y Tina.

–Hola, Rachel. No sé si me recuerdas, soy... –se presentó Puck intentando no incomodar a la morena. El judío consideraba que lo acontecido en el pasado estaba atrás y él estaba agradecido de todo lo que habían vivido. No culpaba a Rachel, ni le guardaba rencor.

–Noah –terminó Rachel por el jugador–. Ibas al templo con tu abuela y tu mamá. Siempre andabas con un balón en las manos.

–Al parecer no he cambiado mucho –admitió Puck algo sorprendido por las palabras de la morena.

–¿Lo recuerdas? –preguntó Leroy confundido.

–Sí, ¿no debería? –respondió Rachel confundida, llevando una de sus manos a su cabeza.

–No... digo, claro que sí, mi vida –manifestó Hiram–. Es sólo que... todavía es extraño verte recordar a personas.

Quinn estaba asombrada ante la situación. Rachel recordaba a Puck, a un Puck claramente infantil, porque el muchacho había dejado de asistir al templo durante toda la secundaria. Para ser sinceros, la rubia se sentía algo decepcionada. Finalmente ella no era tan importante para Rachel, pues no era la única persona que la morena recordaba.

–Qué bueno que se recuerden, así será más fácil convivir ahora que Rachel es novia de mamá –dijo Beth sonriendo de forma angelical, mientras que Kurt casi escupía la copa de champagne.

–¿Novia? –preguntaron a coro Hiram, Leroy, Tina y Britt. Mientras que Santana tenía una sonrisa se suficiencia en su cara.

–Beth, tu mamá ya te ha dicho que no bromees con esas cosas –recordó Nicole sin creer las palabras pronunciadas por la rubia menor.

–Bueno, no es una broma –expuso Rachel para sorpresa de todos, incluida Beth, quien celebró en su interior.

–¿Estás diciendo que son novias? Pero si apenas se conocen. Es decir, acabas de conocer a Puck o de reencontrarte con él o lo que sea. Todos sabemos que es imposible que alguien inicie una relación con Quinn sin pasar por la aprobación de Puck –argumentó la pelirroja.

–Se conocen desde el colegio y claro que mi papá aprueba su relación. Es decir, él se acaba de enterar, pero apoya completamente a mamá, ¿cierto, papi? –contradijo Beth y miró a Puck, quien jamás dejaría en evidencia a su hija, así que asintió.

Quinn aún no salía de su asombro, pero hizo una nota mental para poder recordar después reprender a su hija por toda la historia que estaba inventando.

–¿Estás diciendo que mientras iban a buscar algo para beber Quinn le pidió noviazgo? –cuestionó incrédula Nicole. El resto miraba los intercambios como si de un partido de tenis se tratase.

–Claro que sí –afirmó Rachel, defendiendo la mentira de la pequeña–. No necesitaba un gran gesto. Quinn me pidió ser su novia y yo acepté –aseguró la morena, que al percatarse de la cara de suspicacia de la pelirroja, agregó–: ¿No me crees?

No esperó respuesta de la bailarina, sino que se giró hacia Quinn, tomó su cara y la besó. La rubia, sorprendida por el gesto ni siquiera pudo responder. Tan pronto como empezó, el beso terminó. Rachel se apartó con una sonrisa de suficiencia en sus labios, mientras Beth aplaudía en silencio y daba pequeños brincos.

–Wanky –murmuró Santana dentro de su perplejidad, pues la latina -al igual que el resto de los presentes en el grupo-, sentía que había entrado en una realidad paralela.

Nicole no esperó más y se alejó bastante enfadada.

–¿Alguien puede explicarme qué acaba de suceder? –pidió Kurt saliendo del silencio en el que se había sumergido desde que Beth había comenzado a hablar.

–Lucy estaba incomoda con Nicole –se excusó la morena–. Y ella hizo lo mismo conmigo cuando Brody se acercó –agregó cruzándose de brazos y bajando su mirada. Quinn alcanzó a ver cómo formaba un puchero, antes de que la cara de la morena quedase lejos de su órbita.

–¿Tú también la besaste? –la voz de Leroy salió algo más aguda de lo que él hubiese deseado, pero la sorpresa fue superior a cualquier cambio de tono.

–¿Qué? No, claro que no –respondió algo sonrojada–. Ese tipo la incomodó apenas se acercó y parecía no entender que estaba afectando a Rachel, así que le dije que éramos novias, nada más.

–¿Nada más? –preguntó Puck sonriendo. Quinn quiso golpearlo apenas lo escuchó, pero prefirió hacer como si no lo hubiese oído.

–¿Brody? –cuestionó Tina y Rachel asintió–. ¿Ese chico no entenderá nunca que no te interesa? ¡Dios! Debe agradecer lo talentoso que es, porque sólo gracias a eso conseguirá algo de trabajo. Es un pesado.

–No sólo es muy talentoso, sino que también es muy guapo –comentó Kurt y a Quinn no le agradaron sus palabras–. El chico le ha ofrecido cientos de protagónicos a Rachel, porque tiene varios contactos en la industria.

–No quiero actuar con él –dijo Rachel–. Además no creo estar lista para actuar frente a extraños.

–Claro que lo estás –aseveró Beth–. Ellos te conocen y dicen que eres increíble. Deberías aceptar la oferta y practicar. Yo podría ayudarte.

–¿En serio? –preguntó Rachel y la pequeña rubia asintió–. Quizás podría ser una buena idea...

–Si aceptas, puedo convencer al director para que deje que Beth esté en los ensayos. Si con eso consigo que estés dentro... –sugirió Tina.

–¡Sí, sí! Por favor Rach, tienes que aceptar, nunca he podido presenciar un ensayo –pidió Beth juntando sus manos en gesto de plegaria.

–Está bien, está bien... Lo pensaré –concedió la morena. Tina sonrió, pues eso era mucho más de lo que ella había logrado obtener como respuesta. Beth no estaba tan conforme, por lo que bufó resignada.

–Y luego de ver tu presentación, Brittany, te aseguro que hablaré con el equipo para sugerirte como coreógrafa, si no te molesta –dijo Tina.

–¿Molestarme? ¿Estás loca? ¡Sería fantástico! –exclamó la bailarina que abrazó de inmediato a Santana emocionada.

–Quinn, ¿podemos hablar? –preguntó Hiram, indicándose a él y a su esposo.

–¡Papá, no! –se quejó Rachel, Puck miró al hombre de forma amenazante.

–Estrellita, es una cosa de adultos –explicó Leroy, que apenas pronunció aquellas palabras se arrepintió.

–Yo soy una adulta. Siempre me piden que actúe de acorde a mi edad, pero me tratan como una niña. Mi mente no me ayuda, pero soy una adulta. ¡Mis documentos lo demuestran! –Rachel odiaba siempre estar a la deriva. No encajaba en ningún grupo. Los niños la consideraban una adulta y los adultos, una niña.

–Ellos saben que lo eres –afirmó Quinn, intentando mediar–. Pero no todos los presentes lo son –agregó mirando a su hija, que protestó molesta–. De seguro ellos después te explicarán lo que suceda. Permite que hablemos, confía en mí.

Y Rachel no pudo oponerse a ello. Entre las palabras, el tono de voz y los ojos de Quinn, la morena estaba desarmada.

Quinn le dio una mirada a Puck y a Santana, quienes cual perro guardián estaban listos para atacar. Con sus ojos les pidió que le diesen un tiempo para conversar con Hiram y Leroy.

Una vez que estuvieron alejados, pero sintiendo la mirada de al menos Rachel y Puck, Hiram tomó la palabra.

–No queremos que nos mal entiendas, Quinn –advirtió el hombre–, pero estamos preocupados por tu relación con Rachel.

–¿Mi relación? Era todo una mentira, pensé que había quedado claro –dijo la rubia confundida.

–Sabemos que no son novias –aclaró Leroy–, pero eso no quita que Rachel actúa distinta contigo.

–¿Distinta? –preguntó Quinn.

–Sí, diferente –afirmó Hiram, mirando a su marido–. Ella ha pasado todos estos años fantaseando con su mejor amiga Lucy, inventando una y mil excusas para explicar tu ausencia en su vida –explicó–. Rachel no ha mostrado interés por ninguna persona, pero ha manifestado un especial rechazo hacia cada chico que ha intentado acercársele.

–Mi estrellita nunca nos dijo nada sobre su orientación sexual, sólo la asumimos cuando comenzó su relación con Finn –añadió Leroy–, pero tras el accidente algo cambió, o quizás siempre estuvo ahí... –Quinn entendió hacia dónde se dirigía la conversación y no le gustó el rumbo tomado–. A nosotros no nos importa a quién ame. No somos quiénes para juzgar, pero no queremos que ella sufra. No queremos que ella malinterprete tus intenciones. No queremos que tenga falsas esperanzas.

–Yo no pretendo lastimarla. No tengo ninguna intención de aquello –expuso Quinn–. Yo la veo como una niña, no como una adulta. No podría fijarme en ella... –agregó intentando convencerse a sí misma de que aquello era cierto.

–Y te entendemos –dijo Hiram–, pero queremos que seas cauta –suspiró antes de volver a hablar–. Aquel fue su primer beso. Bueno, técnicamente no; es su primero desde el accidente, y probablemente, el único que ella va a recordar.

–Yo no sabía... –Quinn se sentía contrariada: No quería lastimar a Rachel, pues su alma era tan pura que no se merecía aquello. No quería que la morena pensase cosas que no eran. Por otro lado, sentía una suerte de alegría, orgullo, al comprender que nadie más que ella había tocado aquellos labios. Esos pensamientos los enterraba en el fondo de su mente.

–Por eso queríamos hablar contigo, para que entiendas lo delicado del asunto. Para Rachel no eres una persona más de su pasado –explicó Leroy–. No eres como Noah, a quien recordó sólo cuando lo volvió a ver. Tú nunca has abandonado sus recuerdos, aunque no estén completos e ignore lo sucedido en secundaria. Para ella, tú eres distinta.

Quinn miró a Rachel a la distancia y se encontró con aquellos ojos marrones que la miraban fijamente preocupada. Sabía que Hiram y Leroy tenían razón, pero a la vez, no podía dejar de sentirse intrigada. Quería conocer más a Rachel. Quería descubrirla y entenderla. Quería reencontrarse con su pasado y con aquella amistad tan extraña que habían formado en primaria. Quería que Rachel se animara a buscar su destino y quería estar a su lado cuando lo consiguiese. Quería verla reír. Quería verla emocionarse con cosas sencillas. Quería verla conversar con Beth sobre cosas cotidianas que los adultos muchas veces olvidaban. Quería enseñarle el mundo que tanto la aterrorizaba. Y aunque lo negase mil veces, quería seguir sintiendo lo que la morena le provocaba con sólo mirarla.