A/N: Sigo complicada con los tiempos (aún no rindo mi examen), pero cada momento libre lo aprovecho para escribir y así poder actualizar.

Este capítulo quedó más dulce de lo que originalmente pensaba, así que ojalá sirva de compensación por las distancias entre las actualizaciones (esta y las que siguen).

Gracias por todo el apoyo. Espero poder responder pronto los comentarios por mensaje privado.

Disclaimer: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen.


XVII. Batallas y recompensas

Quinn se despertó sintiendo un cálido cuerpo junto a ella y no pudo evitar sonreír. La noche anterior, dejando el tema de Maia de lado, había sido fantástica.

Rachel había preparado una cena muy rica y habían disfrutado de ella, mientras charlaban como estaban acostumbradas. Beth había festejado al enterarse que Rachel pasaría la noche con ellas y les pidió que vieran Frozen nuevamente, como si ya no la hubieran visto suficientes veces.

La morena antes de hablar con Beth para comunicarle su temporal estadía, había llamado a sus padres, quienes tras bromear con ella, le habían señalado que agradecían que estuviese acompañada de Quinn aquella noche.

Tras ver la película y varios bostezos de la rubia pequeña, decidieron que era tiempo de dormir. Beth se marchó a su habitación, para posteriormente ser acurrucada y arrumada por Rachel.

Quinn se encontraba nerviosa aquella noche. Una cosa eran compartir unos apasionados besos y otra era dormir juntas, en el sentido más literal de la palabra, porque aun así, suponía todo un reto sentir el cuerpo de la morena cerca del suyo.

Cuando ambas se encontraban acostadas sobre la cama de Quinn, fue Rachel la que inició la conversación terminando con el silencio que se había instalado entre ellas. Hablaron sobre Beth, Maia y sus vidas en general. Poco a poco la charla fue cambiando de tono y las preguntas se volvieron más íntimas. Las relaciones pasadas y sus propias experiencias salieron a flote. Quinn habló sobre su primera y única aventura sexual con Puck, revelándole a Rachel lo incómodo que había sido todo. La cantante le relató a Quinn los distintos recuerdos que tenía de su relación con Finn. La rubia se vio sorprendida –y celosa–, al enterarse que Rachel no era tan inocente como ella creía y que había experimentado con su cuerpo –y con Finn–, más de lo que ella podía haber imaginado. Rachel tras varios rodeos, reveló que no había llegado a tener sexo con el chico, pero que eso había sido lo único que les había faltado. Aquella confesión alivió un poco los celos de Quinn, celos que sabía no debía sentir, pero dejó una sensación en ella que no comprendía. Era como si Finn le hubiese robado la oportunidad de experimentar todo con Rachel, aunque sabía que aquello no era cierto.

Quinn a su vez, le confesó a Rachel que había tenido sólo una novia a lo largo de todo ese tiempo, con la cual había aprendido mucho sobre cómo complacer a una mujer, pero nunca sobre cómo ser complacida. Por primera vez, fue capaz de admitir a otra persona que ella había sido la única que entregaba en esa relación, pero jamás fue capaz de recibir. Su novia la complacía, claro está, pero jamás la dejó entrar en ella. Aquello implicaba una pasión, confianza y amor que nunca llegó a sentir con esa mujer.

Esas confesiones las unieron a un nuevo nivel, lo que quedó demostrado cuando Quinn no pudo contenerse y besó a Rachel una vez más. Aquel beso fue distinto, pero a la vez muy familiar. Su vínculo no hacía más que volverse más fuerte. Quinn estaba segura de eso.

Quinn no supo en qué momento de la noche, Rachel se acurrucó contra ella, pero no se quejaba.

Ahora, con la morena respirando contra su cuello estaba segura que lo que sentía era paz, serenidad e intimidad. Y tras haber alcanzado tal nivel de compenetración, no estaba segura cómo dormiría ahora sin Rachel, sin sentir su calor, sin oír su respiración.

Quinn se giró para encontrarse frente a la mujer que le robaba cada pensamiento del día. Instintivamente, Rachel se apropió de su pecho, recostándose en él y Quinn no pudo evitar abrazarla, acomodándola contra su cuerpo.

–Buenos días –la voz somnolienta de Rachel enterneció a la rubia.

–Buen día, ¿dormiste bien? –preguntó Quinn acariciando los cabellos morenos de Rachel.

–Sí, muy bien. Perfectamente, me atrevería a decir –comentó la cantante y actriz–. ¿Y tú? Olvidé decirte que tiendo a acurrucarme por las noches…

–Lo noté –bromeó la fotógrafa–. Pero fue una agradable sorpresa descubrirlo.

–Creo que debería ir a lavarme los dientes… ya sabes… aliento matutino –dijo Rachel algo nerviosa.

–Yo debería hacer lo mismo, así puedo darte un buen día como corresponde –coqueteó Quinn, intentando vencer los nervios que la embargaban.

Rachel sólo le sonrió, para luego levantarse de la cama e ir al baño de la habitación de Quinn.

–Hay un cepillo de dientes nuevo en el gabinete inferior –gritó Quinn, mientras se estiraba en su cama.

La puerta de la habitación de la rubia se abrió y la cabeza curiosa de Beth se asomó tras ella.

–¿Puedo pasar? –preguntó la pequeña.

–¿Te lavaste los dientes? –preguntó Quinn y Beth asintió–. Entonces sí puedes –agregó golpeando el colchón de su cama.

La niña rápidamente entró a la habitación y corrió hacia la cama de su madre, para lanzarse sobre ella.

–Casi me matas –exageró Quinn–. Debes recordar que tu madre ya está más vieja y tienes que ser más delicada.

–No eres vieja –contradijo Rachel saliendo del baño–. Apenas tienes veintiséis años…

–Igual son muchos años –comentó Beth.

–¡Hey! –exclamó Quinn ofendida–. Mejor me retiro de aquí antes que mi hija me siga atacando.

Beth se rio y Quinn le hizo una mueca, logrando provocar una pequeña risa en Rachel. Mientras la rubia se levantó y caminó hacia el baño, la morena se recostó junto a Beth.

Quinn tomó su cepillo de dientes y comenzó a lavarse. Desde ahí podía escuchar cómo su hija interrogaba a la morena.

–¿Durmieron juntas? ¿Se siguieron besando? ¿Son novias de nuevo? ¿Vas a volver a vivir con nosotras? –preguntó con verborragia Beth.

–Sí, dormimos juntas –respondió Rachel con tranquilidad–. No te lo diré –agregó jocosa–. No lo sé –añadió dubitativa–. Quizás… –dijo esperanzada–. Creo que cubrí todas tus preguntas.

–Pero no revelaste nada de información –se quejó Beth y Quinn se atrevía a decir que probablemente su hija estaba cruzada de brazos en ese mismo momento.

Se enjuagó rápidamente para salir a comprobar si estaba en lo cierto. Apenas abrió la puerta, sonrió. Efectivamente, Beth estaba cruzada de brazos y con sus labios formando un adorable puchero.

–Deja el interrogatorio, Beth –dijo Quinn acercándose a Rachel, quien le sonrió–. Buen día –susurró la rubia, para luego besar los labios de la morena de manera casta.

–¡Sí se siguieron besando y son novias! –festejó Beth.

–No somos novias aun. Nadie se lo ha pedido a nadie –aclaró la fotógrafa a su hija–… todavía… –añadió.

–¿Y qué esperan? –cuestionó la niña.

–Estamos yendo de a poco, Beth. Nos estamos conociendo cada día más… –explicó Rachel–. Vamos a tomar desayuno mejor.

–Buena salvada –murmuró Quinn en el oído de la cantante.

Rachel se limitó a guiñarle un ojo y a tomar la mano de Beth para guiarla hacia la cocina.

Quinn sonrió, no sólo porque todo parecía ir mejor, sino porque le gustaba la nueva confianza que Rachel estaba descubriendo y demostrando. Especialmente, porque la evidenciaba principalmente con ella, haciéndola sentir que de verdad la estaba ayudando.

Rachel tenía razón, no había motivo alguno para apresurarse… debían dar tiempo al tiempo.

Nada las apresuraba, pensó Quinn.


Rachel se sentía en las nubes. Despertar junto a Quinn, sintiéndola más cerca que nunca, desayunar junto a Beth y ahora estar las tres viendo una película, era como ser parte del mejor sueño.

Eso así, la morena tenía que admitir que poco y nada había visto de la película, pues las caricias y besos fugaces que su Lucy le brindaba la tenían distraída.

Fue probablemente por eso que no sintió el timbre sonar. Sólo fue consciente de que alguien había tocado, porque Beth pausó la película y gritó "yo abro", antes de salir corriendo.

–¡Tía San! –exclamó Beth desde la puerta y aquello alertó a ambas mujeres, que rápidamente se pararon y dirigieron hacia donde se encontraba la pequeña.

El rostro de Santana de inmediato preocupó a Rachel. La latina intercambió miradas con la fotógrafa, que le dijeron lo suficiente a ésta última como para saber que Beth debía ausentarse.

–Beth, por favor, anda a tu habitación un momento –pidió Quinn con un tono de voz suplicante.

La pequeña sabiendo que las cosas no estaban del tono bien, no alegó, sólo asintió antes de marcharse.

–¿Pasó algo? –preguntó Rachel nerviosa.

–Sí, y no son buenas noticias –respondió Santana con sinceridad–. Nos enviaron un oficio del tribunal donde estamos tramitando la adopción. En base a la presentación del familiar de Maia y la información enviada por servicios sociales, el proceso de adopción ha sido suspendido –explicó molesta–. Al parecer, en servicios sociales creen que lo mejor es velar por la familia y recomiendan examinar la petición de…

–¿Familia? –preguntó Quinn con ironía, interrumpiendo a su amiga–. No ha estado para Maia en ningún momento y ellos tienen el descaro de decir que velan por la familia…

–Lo sé, Q. Esto nos molesta a nosotros también. Bryan cree que debemos contratar a un investigador privado, porque algo debe haber detrás de esta repentina preocupación –comentó Santana–. Yo estoy de acuerdo con él. Se trata de la tía de Maia, hermana de su madre, quien supo desde siempre de su existencia, pero fue incapaz de hacerse cargo antes, según su solicitud.

–El señor Andrews es un experto y yo confío en ti, así que si ambos están de acuerdo, es lo que debemos hacer. Busquen al mejor, si es necesario más dinero, hablo con Puck… –expuso Quinn.

–¿Rachel? –llamó la latina ante el silencio de la morena.

–¿Tú crees que tiene opciones de quedarse con Maia? –preguntó Rachel casi en un susurro–. Si lo que dice es cierto, si es buena… ¿crees que es lo mejor para Maia? Yo quiero que sea feliz, ella se merece ser feliz y si…

–No, Rach… –interrumpió Quinn–. No sigas por ahí… ella siempre supo que Maia estaba en un hogar y nunca la visitó. Tú la ayudaste antes de iniciar los papeles de adopción, tú estuviste a su lado en la clínica ¿y ella?

–Q tiene razón Rachel –dijo Santana–. Quizás tú lo ves de otra manera, porque tienes parte de tu inocencia intacta, todavía ves la bondad en el resto de la gente. Pero yo trabajo en esto, Bryan también y te aseguro que hay algo detrás que funciona como su motivación –añadió y Rachel asintió–. Y respondiendo a tu primera pregunta, sí, tiene opciones, pero nosotros nos encargaremos de disminuirlas. Vamos a llegar al fondo de todo esto. Maia se merece ser feliz, como tú bien lo dijiste, y esa felicidad está a tu lado, estoy segura.

–San, yo estoy dispuesta a todo para ayudar a Rach –murmuró Quinn.

–No empieces con tus locuras, Q. No es necesaria boda, ni nada de eso… aunque tanta insistencia de tu parte, me lleva a creer que tienes el vestido en la cartera y quieres capturar a Rachel de cualquier forma –bromeó la latina relajando el ambiente y provocando una risita en la morena–. Es importante que se muestren como un frente unido, le da más fuerza a la petición de Rachel, pero un matrimonio no va a hacer a esta familia más real de lo que es. Créeme, por mucho que la señora de servicios sociales te lo haya dicho, un matrimonio en este momento sería de lo más sospechoso.

–Está bien, San. Tú sabes que confío plenamente en lo que nos digas… –concedió Quinn.

–Yo venía principalmente a eso, necesitaba tu autorización Rachel para proceder con lo del investigador. Hablé con tus padres antes, así es como me enteré que pasaste la noche aquí –señaló Santana guiñándoles un ojo–. Y ellos me dijeron que van a cubrir los gastos que el investigador origine, así que no se preocupen por eso. Además, por mucho que el proceso se encuentre suspendido por ahora, las visitas siguen vigentes.

–Gracias Santana –dijo Rachel sinceramente.

–No te preocupes, Rachel. Q es como una hermana para mí, eso te convierte en mi hermana política ahora que son novias.

–Todavía no somos novias –corrigió Rachel sonrojada.

–Entonces apúrense con ese tema. ¿Cómo es eso de dormir juntas sin ser novias? –bromeó la latina–. Yo me retiro, porque debo reunirme con Bryan para comunicarle lo del investigador y coordinarlo. Q, no olvides que tenemos la cena en casa de Puck mañana; espero verte allí también, Rachel.

Santana se despidió con un beso en la mejilla de ambas mujeres y se retiró rápidamente. Rachel sentía que la latina siempre andaba corriendo de un lado a otro.

–Todo va a salir bien –aseguró Quinn cuando estuvieron solas–. De verdad confío en las capacidades de San.

–Yo también –concordó Rachel.

–Y me gustaría que fueses mañana con nosotras a la casa de Puck. Considéralo otra forma más de conocernos –expuso la rubia.

–¿De verdad quieres que vaya? –preguntó la cantante y la fotógrafa asintió–. Entonces iré y prometo prestar atención a todo, así te conozco más.

–Creo que te convertirás en la persona que mejor me conozca en muy poco tiempo –manifestó Quinn.

Y Rachel sonrió, porque aquella oración no necesitaba respuesta alguna. Ella anhelaba convertirse en esa persona.

Quinn era su ancla, la roca que la sostenía en medio de toda la tempestad que estaba atravesando. Lo único que Rachel deseaba era afianzar aquel lazo.


Las últimas semanas habían sido agridulces para Rachel. La felicidad de su cumpleaños número veintiséis, se había visto de alguna manera opacada, con la noticia de que el proceso de adopción seguiría suspendido hasta nuevo aviso y la comunicación del investigador privado sobre la nula información recabada respecto de la tía de Maia.

La morena sabía que debía estar agradecida por las buenas cosas que le habían sucedido hasta el momento. Cuatro citas, por llamarlas de algún modo –sin considerar la cena en casa de Puck–, en las que había sorprendido a su Lucy con flores, una canción en su oído, comidas y pequeños detalles. Rachel estaba preparándose para afrontar el tema de la petición de noviazgo, ya que Quinn parecía no tener ganas de preguntárselo, al menos por el momento.

Estaba también agradecida de la fiesta que le habían organizado sus padres por su cumpleaños, donde rio, bailó y festejó hasta altas horas de la noche, para luego dormir acurrucada a Quinn, algo que parecía ya haberse convertido en una costumbre. Seguía viviendo oficialmente con sus padres, pero pasaba más tiempo en la casa de su Lucy. Salvo los ocho días de Hanukkah y un par de días más –incluido su cumpleaños, ya que Beth y Quinn habían pasado la noche allí–, Rachel había dormido las últimas tres semanas fuera de casa. Sus padres incluso habían insinuado que pronto debería hacer oficial su traslado.

Lamentablemente, nada de eso la había ayudado a olvidar lo que acontecía con Maia y la nula intención de Quinn por querer formalizar su relación. Lo primero, cada día la tenía más preocupada, pese a que Santana le había dicho que todo seguía bien, que sólo debían cambiar de investigador, que las pruebas para apoyar su teoría ya llegarían, cada vez que se despedía de Maia sentía que quizás esa era la última vez que la vería, que la escucharía, que la abrazaría e inmediatamente, sus ojos se aguaban y emprendía el retorno llena de tristeza.

Por otro lado, el tema de su no relación con Quinn la confundía e inquietaba. Todo iba perfecto entre ellas: besos, caricias, conversaciones, citas, pero su Lucy parecía no tener ganas de formalizar, pese a que la cantante ya se lo había insinuado en más de una ocasión. Sí, Rachel quería conquistarla, conocerla, ir lento, pero el tiempo pasaba y no parecían avanzar. Ella no quería que se comprometieran o casarse, sólo deseaba saber que Quinn era su chica, sin mentiras de por medio. Para todo el mundo, salvo sus cercanos, ellas eran novias –así lo seguía diciendo su status en facebook–, pero la morena quería que aquello fuese verdad también para ellas.

Unos golpes en su ventana la regresaron a la realidad. Rachel se sorprendió por aquello, ya que la ventana de su habitación en casa de sus padres –donde se encontraba en aquel instante–, daba hacia la calle, lo que implicaba que probablemente alguien estaba tirando piedrecitas. El miedo la invadió en cosa de segundos, estaba sola y alguien golpeaba su ventana. En las películas de terror aquello nunca era bueno.

Armándose de valentía y agradeciendo que fuese de día, se acercó hacia el vidrio. En la calle, parado con una guitarra en sus manos, estaba Puck. Con un gesto el jugador de fútbol americano le pidió que abriera la ventana y se acercara. Obviamente, Rachel no esperó ni un segundo para hacer lo que el castaño le pedía.

Apenas Rachel asomó su cabeza, los acordes de una melodía que no podía bien identificar comenzaron a sonar. El rostro de la morena evidenciaba una tremenda confusión.

Puck comenzó a caminar hacia la izquierda de Rachel, sin parar de tocar su guitarra. De pronto, Kurt apareció desde la derecha, portando lo que parecía un cartel. El fiel amigo de Rachel caminó hasta quedar al lado de Puck y procedió a colgarle el cartel que estaba llevando, en el cuello. Ahí, en letras perfectamente legibles, tapando la guitarra que aún seguía sonando, rezaba:

"Hace años nuestra historia comenzó a escribirse"

Rachel estaba tan centrada en Puck, que no había notado que Kurt sostenía un cartel similar, que parecía continuar aquella oración.

"Quizás las pequeñas Lucy y Rachel jamás lo sospecharon"

Tina anunció su entrada entonando una canción que Rachel identificó como una perteneciente a Adele, pero no pudo recordar cuál era. Cuando su amiga llegó hasta al lado de Kurt, giró el cartel que portaba, revelando el mensaje que contenía.

"Ellas sólo se necesitaban la una a la otra"

Kurt se unió a Tina y Rachel por fin recordó de qué canción se trataba. "One and Only" era una de sus canciones favoritas de la cantante inglesa. Maravillada con las voces de sus amigos –que tan bien conocía, pero hace mucho tiempo no escuchaba–, se perdió la entrada de su padre Leroy. No fue sino hasta que el abogado estuvo frente a ella que notó su presencia. Al igual que todos los anteriores, en sus manos tenía un cartel.

"Sin cuestionamientos, ni segundas intenciones"

La sonrisa de su papi era idéntica a la que Hiram portaba cuando comenzó a caminar hasta llegar a su lado y, probablemente, era muy similar a la que Rachel tenía en ese momento. El cartel de Hiram decía:

"Lamentablemente, la adolescencia las separó"

Un nudo se formó en la garganta de Rachel y sus ojos se llenaron de lágrimas, producto de la emoción. La entrada de Santana no ayudó a disminuir los sentimientos que la embargaban, pero la sonrisa cómplice que le regaló la latina a la morena, claramente, ayudó a que se relajara.

"Pero probablemente, aquel no era su tiempo"

Brittany y su habitual felicidad, sólo ayudaron a incrementar la de Rachel cuando la rubia apareció y caminó hasta quedar al lado de su esposa. Al igual que la latina y todos sus antecesores, giró el cartel que portaba para mostrarle el mensaje.

"Algunas cosas necesitaban suceder y hacerlas crecer, cambiar"

Para emocionar más a Rachel, Beth entró en escena, sonriéndole de forma muy similar a Puck y mostrándole la siguiente oración que parecía ir concluyendo la historia.

"La vida nos volvió a encontrar y nos dio una segunda oportunidad"

Mientras sus amigos concluían la segunda parte de la canción y volvían nuevamente al coro, Maia caminó y se detuvo junto a Beth, sosteniendo con dificultad un cartel casi de su mismo tamaño, pero logrando revelar con éxito su contenido.

"Es tiempo de comenzar un nuevo capítulo"

Rachel emocionada dejaba que sus lágrimas corrieran libremente por sus mejillas. Lágrimas opacadas por la sonrisa que no había podido borrar de sus labios, desde que todo había comenzado. Como buena fanática de la música y de Adele en particular, la morena sabía el significado de aquella canción. La cantante inglesa ya en varias ocasiones había dicho que se trataba de una composición sobre alguien que conoces haces años y que amas, pero a quien nunca te has atrevido a confesarle tus sentimientos, y aunque nunca han estado juntos, sabes que van a funcionar. Un mensaje que calzaba perfectamente con su historia.

Todos los pensamientos de Rachel se vieron interrumpidos con la aparición de Quinn, que la dejó obnubilada. La rubia portaba en su mano izquierda un ramo de gardenias blancas, moradas y verdes, y, en la derecha, un cartel que culminaba de manera perfecta el relato que había empezado con Puck.

"¿Quieres ser mi novia?"

Rachel, incapaz de pronunciar palabras, se limitó a asentir con fuerza. Los vítores no se hicieron esperar. La morena, saliendo de su estupefacción inicial, corrió al encuentro con su Lucy.

Casi tropezó con la mitad de las cosas en su camino, inclusive la escalera, pero nada detendría a la cantante.

La rubia fotógrafa recibió a Rachel con los brazos abiertos, tras soltar el cartel que sostenía. La abrazó como si no existiese mañana, mientras la morena intentaba encontrar las palabras adecuadas.

–¿Asumo que te gustó? –preguntó Quinn y Rachel soltó una risita–. Estaba algo nerviosa, ya sabes… yo no soy muy hacer de este tipo de cosas, pero pensé que sería algo que te gustaría.

–Fue hermoso –dijo la morena encontrando por fin su voz–. Una simple pregunta bastaba, pero esto... –agregó señalando a su alrededor–. Esto es un sueño.

–Sé que han sido semanas complicadas y que la falta de título en nuestra relación no ayudaba, pero de verdad quería preparar algo especial –confesó Quinn.

–Y lo hiciste –afirmó Rachel–. Todo lo que hemos pasado ha servido de algo. De alguna u otra manera –relató de forma optimista–. Es como dice mi papi, cada batalla tiene su recompensa.

–Vamos a obtenerlas todas –aseguró Quinn mirando a Maia.

Aquella seguridad, sumada a todo lo anterior fue demasiado para Rachel, quien sin poder contenerse besó a la rubia con pasión, olvidándose de todos a su alrededor.

–¡Wanky! –exclamó Santana y Quinn se rio entre los labios de la morena, terminando con el beso.

Hiram los invitó a pasar a beber y comer algo, ofrecimiento que nadie declinó.

Rachel, abrazada a Quinn, mientras escuchaba a Maia y Beth relatar cómo había sido todo el proceso de producción y ejecución del plan, sintió que su vida por primera vez estaba correctamente encaminada. Por primera vez, en mucho tiempo, se sintió cómoda en su propio cuerpo.

Quizás, sólo quizás, las recompensas a tantas batallas comenzaban a llegar.