N/A: Eh... Ejem... La calificación del fic lo dice todo, pero por cualquier cosa aviso: este capítulo contiene escenas no aptas para menores jejeje...
Gracias por su continuo apoyo y, especialmente, por los comentarios. Aún me sorprende la buena recepción que tiene esta historia.
Disclaimer: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen.
XX. Plenitud
Habían pasado gran parte del día en el hogar junto a Maia. Todo había vuelto, relativamente, a la normalidad. La despedida fue el momento más duro. La rubia más pequeña había rogado y rogado para que no se marcharan y Rachel le prometió y prometió que volverían al día siguiente, que iban a luchar y que las despedidas se iban a acabar pronto.
Una vez ya en casa de los Berry, informaron a los tres abogados la nueva situación. Rachel intentó verbalizar todo lo que Maia le había contado y lo que había podido intuir. A la vez, Quinn relató con detalles la conversación que había oído entre la directora y su secretaria.
Bryan comenzó a redactar inmediatamente un escrito, en el que solicitaba con urgencia una audiencia de rendición de prueba. Santana les advirtió que quizás iba a ser necesario llamar a Maia a declarar ante el juez, aunque intentarían evitar que ello sucediese. Leroy sugirió que le presentaran como proposición al juez que él entrevistara a Maia en el hogar, directamente, para que la pequeña no tuviese que pasar por toda la presión que involucraba declarar en un tribunal.
Cuando Bryan y Santana se despidieron para ir a cenar a sus respectivos hogares, las sonrisas que portaban en sus rostros eran indicativas del cambio de panorama a su favor. Aquel simple gesto, tranquilizó de sobre manera tanto a Rachel como a Quinn.
Hiram, pese a las protestas de la fotógrafa insistió en preparar solo la cena para todos, sólo permitiendo que Beth actuase como su aprendiz.
Una hora más tarde, comieron entre sonrisas y una calma que habían anhelado durante días. Cuando los primero indicios de cansancio se manifestaron en Beth, los padres de Rachel le pidieron a Quinn que la dejaran quedarse con ellos. La pequeña rubia apoyó la idea de inmediato. Lo que querían era permitirles a ambas mujeres tener un tiempo para ellas en el departamento de Quinn, sin ninguna otra preocupación de su relación, su amor y su otra mitad.
Aunque Quinn tenía algunos titubeos respecto a aceptar, porque sentía que de cierta forma era abusar de sus suegros, Rachel no dudó en hacerlo y la sonrisa que le dedicó a su novia, borró toda duda en la mente de la rubia.
Luego de despedirse de los Berry y de Beth, se marcharon en el coche de Quinn rumbo a su departamento. Ambas sabían que necesitaban aquel momento a solas. Muchas cosas habían ocurrido en un breve lapso de tiempo. Muchas situaciones debían aún ser conversadas y muchas otras debían confesarse.
Quinn comenzó a sentir como los nervios crecían en su interior a medida que se acercaban a su hogar. ¿Qué esperaba Rachel de aquella noche? ¿Cuáles eran los límites? ¿Su novia se encerraría en sí misma como los días anteriores o compartiría sus temores con Quinn?
Muchas preguntas, pero ni una sola respuesta.
La fotógrafa estacionó su coche en el lugar que la administración del edificio le había asignado, tomándose un tiempo antes de descender de él, pues necesitaba serenarse. Rachel la esperó en silencio, pero cuando llegó a su lado, la morena tomó su mano derecha y la apretó, antes de comenzar a caminar hacia el ascensor.
Quinn podía sentir cómo la inquietud crecía y crecía en su novia, que no paraba de mirarla. Tan pronto como estuvieron dentro del apartamento, Rachel se paró frente a ella.
–¿Hice algo malo? –preguntó confusa la morena. Quinn rápidamente negó–. Entonces, ¿qué pasa? No has dicho nada en todo el camino; además, he sido yo la que ha tenido que tomar tu mano, y eso es algo que siempre haces. No entiendo…
Quinn inhaló hondo, para luego exhalar casi derrotada antes de hablar.
–No sé bien cómo actuar –confesó la rubia–. Pensé que todo estaba excelente entre nosotras, que nuestro vínculo no podía ser más fuerte, pero luego pasó lo del hogar y tú me ignoraste, me apartaste de tu lado. Ahora volvemos a estar bien, pero… tengo miedo… No quiero que te alejes, no quiero hacer nada que pueda provocar que me vuelvas a apartar…
–Yo…
–No, Rach… –interrumpió Quinn–. No quiero que te disculpes, no tienes que hacerlo. Yo entiendo lo que sucedió, de verdad… Es sólo que… –la rubia suspiró sabiendo que debía exponer sus pensamientos, su alma, para que su novia la entendiera–. Nunca había sentido algo así… por nadie… y me aterra… me aterra saber que puedo perderte, que puedes no necesitarme, que puedes marcharte de mi vida… Yo entiendo lo que pasó, pero lo que yo sentí durante estos días no quiero volver a sentirlo nunca… y me aterra pensar que puedo volver a experimentarlo, quizás por más tiempo, quizás de forma indefinida.
Rachel guardó silencio unos segundos, como si estuviese pensando bien qué decir.
–Yo no me imagino una vida sin ti –fue lo primero que la morena expresó, tranquilizando algo a Quinn–. Mis papás me enseñaron a no prometer cosas que no sé si puedo cumplir y no pretendo hacerlo contigo. No te puedo prometer que nunca me voy a alejar, porque quizás lo haga. No puedo prometerte un final feliz, porque quizás no lo haya. Pero el que no pueda prometerte esas cosas no implica que mis sentimientos por ti no sean fuertes. Porque, créeme, lo son. No sé qué pueda pasar en el futuro, pero sé que voy a luchar por nosotras, por permanecer a tu lado, por no fallarte –afirmó Rachel, tomando la mano de Quinn, que tenía sus ojos aguados–. No quiero que pienses que estoy contigo porque te necesito… yo no te necesito –aseguró la cantante y Quinn quiso contradecirla, hacer que se retractara–. No, no te necesito –reiteró la morena–. Quizás pensé que te necesitaba, pero ahora sé que no. Al igual como tú no me necesitas a mí. Ambas podemos vivir sin la otra, ya lo hemos hecho, durante años. Yo quiero estar contigo, adoro estar contigo, pero no porque te necesito… yo quiero estar contigo, porque te amo, Lucy.
Silencio.
Quinn no podía hablar. Aquellas palabras de su novia había calado en lo más profundo de su ser.
Rachel no la necesitaba. Rachel no estaba con ella por eso. Rachel estaba a su lado porque la amaba.
La fotógrafa sabía que Rachel la amaba, o mejor dicho, lo sentía. En sus besos, sus caricias, su preocupación, en sus miradas. Quinn podía sentir el amor de la morena todo el tiempo, pero quizás los seres humanos somos desconfiados por naturaleza, o le damos más valor a las palabras… porque Quinn lo sentía, pero escuchar a Rachel decirlo lo había cambiado todo. Lo había mejorado todo.
–Yo también estoy contigo porque te amo –manifestó Quinn encontrando finalmente su voz–. Te amo con todo mí ser.
–¿Todo, todo? –preguntó Rachel con una sonrisa, cruzando sus brazos alrededor del cuello de la rubia.
–Todo, todo, todito –respondió Quinn antes de besar aquellos labios de la morena que tanto adoraba.
Aquel beso que parecía ser el broche de oro para cerrar aquellas confesiones de amor, pronto se tornó en algo mucho más pasional, salvaje y primitivo.
Ambas estaban entregando en esas caricias algo que aún se había reservado para ellas mismas. Tras desnudar sus almas, ahora podían amarse de una forma más íntima.
Sin romper el contacto entre sus cuerpos, caminaron a tientas hasta el cuarto de Quinn. En su camino, chocaron y botaron al menos la mitad de las cosas que se les interpusieron. Ya tendrían tiempo después para ordenar.
Rachel guio a Quinn hasta su cama, recostándose sobre ella. Besó y acarició a la rubia sin ningún pudor y con una entrega que su novia nunca antes había sentido.
La fotógrafa sabía que debía detenerse, pero el placer que le provocaban los labios y las manos de Rachel realmente le dificultaban el alejarse.
–Rach… Rachel… –gimió Quinn entre los besos que su novia depositaba en su cuello–. Rachel tenemos que parar.
–No… –susurró la morena en el oído de su novia, logrando que toda la piel de Quinn se erizara.
–Rachel, por favor… no lo hagas más difícil –rogó la rubia.
–¿Por qué debemos detenernos? –preguntó Rachel frustrada, alejándose del cuello de su novia para mirarla fijamente.
–No quiero apresurarte… –respondió Quinn recuperando la normalidad de su respiración–. No quiero que tu primera vez, que nuestra primera vez sea algo repentino, de lo que puedas arrepentirte después.
–Jamás me voy a arrepentir de estar contigo, Lucy –señaló Rachel con total sinceridad–. No me estás apresurando. Yo quiero esto. Quiero sentirte completamente. No necesito nada sacado de una película romántica, sólo te necesito a ti, a tu amor. Quiero hacerlo, Quinn.
–¿Estás segura? –cuestionó la rubia y Rachel sólo asintió.
Quizás fue ese Quinn final utilizado por la morena, pero algo en su tono le dio a la fotógrafa la seguridad que buscaba. Aquel asentimiento sólo había sido la pieza final para completar aquella respuesta que tanto deseaba oír.
Quinn sabía que aquello era importante para ambas, pero especialmente para la morena. Aquel nivel de intimidad no lo había experimentado con nadie y la rubia no quería decepcionarla. Por ello, centrada sólo en el placer de Rachel –que, a la vez, se convertía en su propio deleite–, Quinn besó la boca y el cuello de su novia con un respeto como si de un templo se tratara.
Poco a poco, la temperatura siguió en aumento y las ropas comenzaron a estorbar. Cada prenda fue retirada sin apartar la mirada la una de la otra, como una forma de asegurarse que todo seguía bien, que podían seguir avanzando.
Rachel fue la primera en quedar completamente desnuda y Quinn no pudo evitar quedarse anonadada ante aquella imagen. La falta de acción de su novia, hizo que la cantante fuese realmente consciente de su desnudez e intentó taparse con sus brazos. Aquel gesto hizo que la rubia saliese de su ensoñación. Impidiendo que Rachel tapase la obra de arte que era su cuerpo –a juicio de Quinn–, la fotógrafa comenzó a besar nuevamente el cuello de su novia para lentamente comenzar a descender.
Cuando llegó a sus pechos, Quinn miró a Rachel pidiéndole autorización para continuar. La morena simplemente asintió excitada. Como si de algo nuevo se tratara, Quinn se maravilló con la forma y la manera en que se amoldaban en sus manos, para luego jugar con aquel botón que estaba totalmente erguido.
–¡Lucyy! –gimió Rachel y Quinn supo que nada podría superar aquel sonido. Quería hacer gemir a su novia toda la vida.
–Poco a poco, amor… –susurró la rubia acercando sus labios al pecho derecho de la morena.
–¡Sí! ¡Por favor! –volvió a gemir Rachel sin mucha coherencia, pero alentado a la fotógrafa a continuar.
Quinn continuó extrayendo gemidos de la cantante y, a la vez, conteniendo los suyos. Sentir su boca hacer contacto con la piel de Rachel sólo podía describirse como orgásmico.
Tras varios minutos dedicada a los pechos de la morena, Quinn abandonó aquella tarea para descender aún más por el cuerpo de Rachel, dejando besos por todo su tonificado abdomen hasta llegar al lugar donde sus dos extremidades inferiores se unían.
Rachel aguantó la respiración esperando por el actuar de la rubia, que no demoró muchos segundos antes de tocar a la morena y dejar escapar un gemido al sentir su humedad.
–¡Quinn, por favor, te necesito! –rogó Rachel en un gemido desesperado.
–¿Dónde? –preguntó Quinn completamente excitada.
–¡Ahí! ¡Por favor! –gimió la morena, mientras a fotógrafa comenzaba a jugar con su punto máximo de placer.
Sólo bastaron unos minutos del pulgar de Quinn rozando aquel botón entre los labios mayores de Rachel, para que la morena alcanzara su primer orgasmo.
Aquella imagen de la cantante alcanzando el cielo, con su cabeza echada hacia atrás y su cuerpo encorvado era una que Quinn tendría grabada para siempre en su memoria.
La morena aun no regresaba de su maravilloso ascenso, cuando el dedo índice de su novia comenzó a aventurarse en su entrada, logrando que volviese a gemir. Poco a poco el dedo comenzó a introducirse en su interior. Quinn no quería hacer daño a Rachel y sabía que la primera vez podía ser dolorosa o al menos incómoda en un inicio, así que se tomó todo con calma, intentado que el cuerpo de la morena se adaptara a aquella intrusión.
Cuando la fotógrafa sintió que su novia ya se había acostumbrado y porque así Rachel se lo exigió, introdujo un segundo dedo haciendo que la morena soltase un grito de placer. Aquel sonido estuvo a punto de llevar a Quinn a la gloria, que sin poder evitarlo comenzó a jugar con sus propios pechos para calmar su excitación. La rubia que había perdido las dos prendas que le quedaban hace algunos minutos, quería centrarse en su novia y dejar su propio placer en segundo plano. Lo que ella desconocía era el nivel de excitación y placer que alcanzaría sólo tocando a la morena.
Quinn comenzó a mover ambos dedos dentro de Rachel lentamente y con una delicadeza casi extrema. Los gemidos de la morena fueron en aumento hasta que se convirtieron en gritos de placer cuando la rubia tocó su punto G.
Minutos más tarde, Rachel alcanzó su segundo orgasmo, esta vez mucho más intenso, arrastrando a Quinn, más bien a su cuerpo, con ella. La rubia, al sentir el contacto del cuerpo de la morena contra el de ella y producto del placer acumulado, alcanzó su propio orgasmo, orgasmo que las sorprendió a ambas.
Quinn no podía creerlo, a Rachel le había bastado rozar su cuerpo contra ella para que alcanzara el máximo placer. La rubia no quería imaginarse que pasaría cuando la morena la acariciara de la misma forma que ella lo había hecho minutos atrás.
Estuvieron un tiempo en silencio, tranquilizando sus respiraciones, regresando a la realidad.
–Wow… Lucy… aquello fue…
–Lo sé –interrumpió Quinn besando a su novia.
–Sólo necesito unos minutos para recuperarme y yo… –dijo Rachel acariciando los cabellos rubios de Quinn.
–No, Rach… –volvió a interrumpir la fotógrafa–. Esta noche se trata de ti, yo no necesito nada. Además, por si no lo notaste yo también disfruté.
–Pero yo no te pude acariciar, Lucy –señaló la morena.
–Al parecer no lo necesitas –sonrió Quinn tomando la mano de su novia–. No tenemos que hacerlo todo hoy, Rach… tenemos tiempo. Hoy yo quería que se tratara de ti, pero igualmente se trató de nosotras. Nunca había experimentado algo así…
Y Quinn no mentía. Lo que había sentido junto a Rachel no tenía grado de comparación alguno. Ahora se sentía completamente plena, como si nada pudiese afectarles.
Aunque ambas querían ir al baño a asearse, prefirieron disfrutar del momento, de abrazarse y besarse de forma mucho más casta, sólo por el placer de sentir a la una contra la otra de una forma mucho más emocional que física.
Plenitud pura, pensó Quinn.
Rachel se despertó al día siguiente a su primera vez junto a Quinn, con los brazos de su novia rodeándola firmemente. La morena sabía que así quería comenzar siempre sus días. Lo que había experimentado la noche anterior junto a la rubia, nunca pensó que se sentiría así. La seguridad, la confianza, el placer, todo de cierta forma fue inesperado, así como también lo fue la delicadeza con la que Quinn la trató, como si de lo más preciado se tratara.
Aquella mañana desayunaron entre caricias y besos, mucho más osados que antes. Ahora que habían adquirido ese nuevo nivel de intimidad, no querían perderlo.
Tras pasar a buscar a Beth y una pequeña charla con sus padres, se dirigieron al hogar. Ahí las esperaban Bryan y Santana para hablar con la secretaria, mientras ellas aprovechaban su tiempo con Maia.
La pequeña las recibió con una sonrisa y las despidió entre lágrimas. Rachel sabía que no aguantarían mucho tiempo más así. Cada día la despedida se hacía más difícil; ella lo sentía y podía verlo en las lágrimas de Maia y en los ojos de Quinn y Beth.
Por ello, cuando Santana les avisó que el juez había fijado una audiencia para dentro de dos días, un alivio la recorrió. Rachel no quería hacerse ilusiones, pero aquello era imposible, especialmente si los expertos en el tema le reiteraban todos los días que iban a ganar, que no la separarían de Maia.
Con esa confianza llegó al día de la audiencia en el tribunal. Santana le había comunicado que la tarde anterior, el juez había conversado con Maia y que no habían existido inconvenientes, pero no sabían el contenido de aquella charla.
Rachel sólo había ido algunas veces a audiencias de Leroy para observar a su padre trabajando, pero ninguna había sido como ésta. Los abogados de la tía de Maia querían hacerla quedar casi como una incapacitada que no podía desenvolverse. Servicios sociales había emitido un informe donde señalaban que no estaban seguros respecto de Rachel y su habilidad para cuidar a Maia.
La morena intentaba ser fuerte, pero cada cosa que escuchaba hacía que el suelo a sus pies comenzase a temblar. A su lado, Quinn parecía cada vez más tensa. Sus puños cerrados y sus nudillos marcados eran una prueba de ello.
Cuando fue el turno de Santana y Bryan de hablar, Rachel rogó para que todo mejorara.
–Muchas cosas se han dicho aquí sobre mi cliente –comenzó a hablar Bryan Andrews, con una seguridad que indicaba la confianza que tenía en su trabajo–. Se ha hablado sobre su accidente hace más de ocho años, sobre las secuelas que le dejó, sobre sus supuestas incapacidades. Se ha hablado y hablado intentando perjudicarla, pero los mismos médicos que la han tratado durante años han señalado que se encuentra totalmente capacitada. ¿Eso ha sido mencionado por mis antecesores? Claro que no, porque intentan dejarla como una incapaz, como una mujer que no puede autovalerse. ¿Alguno de mis antecesores mencionó que terminó con éxito su carrera en TISCH, la prestigiosa escuela de la NYU? ¿Mencionó alguno su trabajo en una prometedora obra de Broadway? ¿Cómo es posible que una persona con tantos problemas, como ellos han señalado, haya conseguido todo eso? Los neoyorquinos sabemos lo difícil que es entrar en TISCH, Rachel lo hizo y se graduó con honores. Todos sabemos lo difícil que es hacerse un lugar en Broadway, Rachel estrena el próximo mes la obra donde ella es la protagonista –Bryan hizo una pausa, antes de continuar–. Se ha dicho lo perjudicial que puede ser la presencia de Rachel en la vida de Maia –sin dar un argumento de peso, por cierto–, pero no se ha mencionado toda la mejoría que la pequeña ha experimentado desde que tiene contacto con Rachel. Maia sólo comenzó a hablar cuando Rachel inició el proceso de adopción y se le permitió visitarla en el hogar y pasar tiempo con ella. Tampoco se ha mencionado que Maia ha seguido su tratamiento en una prestigiosa clínica de la ciudad, gracias a que Rachel se ha hecho cargo del costo de ello. Mucho menos se ha mencionado la ausencia de la mujer que pretende tener la tuición de Maia, sólo por el hecho de ser la tía de la menor, pero que la niña no conocía hasta hace unos días. ¿Dónde estaba la tía cuando Maia se enfermó a los dos años y tuvo que pasar una semana en el hospital público? ¿Dónde estaba aquella mujer cuando Maia no quería hablar o comer? Maia tiene ya seis años y durante toda su vida, sólo ha visto a su tía una sola vez. La menor conoce a Rachel hace casi dos años, ¿cómo justifican mis antecesores esa ausencia? Especialmente, los cuatro años anteriores a Rachel, considerando que Maia no ha variado de hogar desde que fue puesta en manos de servicios sociales, a temprana edad.
Uno de los abogados objetó, pero el juez rechazó aquella objeción. Quinn apretó la mano de Rachel y le susurró un "todo saldrá bien", antes de que Santana tomase la palabra.
–Como si todo aquello no fue lo suficiente cuestionable –comenzó la latina con fuerza–. Servicios sociales en conjunto con la directora del hogar, han sido sumamente negligentes con el manejo del todo el proceso. Apenas han examinado a Rachel para evaluar su aptitud o ineptitud, han puesto trabas a las visitas autorizadas por este mismo tribunal y han permitido que la menor haya sido visitada por su tía, cuando existía prohibición de acercamiento de cualquiera de las partes impuesta por el tribunal para que se le realizaran las respectivas evaluaciones a Maia. Tenemos evidencia que demuestra como la propia directora del hogar mintió a la menor, llenándola de ideas contra Rachel, así como también pruebas que demuestran que Maia sólo es un medio para que su tía tenga acceso a una herencia que su padre dejó.
Aquello sorprendió tanto a Quinn como a Rachel, como también a varias personas del público, pues hubo un murmullo general. Por eso, el juez llamó a la calma y suspendió la audiencia por unos minutos.
–A Bryan un amigo le avisó que la prensa llegará en cualquier momento –anunció Santana una vez que estuvieron afuera de la sala de audiencia–. Al parecer que una futura estrella de Broadway y una destacada fotógrafa ex de uno de los futbolistas más adorados de Nueva York, estén luchando contra servicios sociales genera expectación. Especialmente considerando que tanto la futura estrella, la fotógrafa como el futbolista están aquí –agregó Santana mirando a Puck que se encontraba conversando con Beth y Hiram.
–¿Eso es malo para el caso? –preguntó Quinn.
–No, eso es buenísimo. Vamos a alegar el tema de la discriminación por ser ustedes una pareja del mismo sexo. Aquello va a presionar aún más al juez –respondió Santana.
–Yo no quiero que se sienta presionado, San, quiero que vea que es lo correcto –señaló Rachel.
–Y lo es, Rachel. Pero no sabemos cuáles son sus convicciones y esas pueden influir en todo eso. Mientras más presión tiene, menos posibilidades tenemos nosotros de perder el caso debido a convicciones homofóbicas –explicó la latina.
–¿Por qué no nos habían dicho lo de la herencia? –cuestionó la fotógrafa.
–Porque era una carta que nos estábamos guardando. Cuando el nuevo investigador nos lo comentó, sabíamos que si se lo decíamos a ustedes, podían enfrentarla o sacarlo a colación si se llegaban a encontrar con la tía de Maia. Preferimos ocultarlo para que ellos ignoraran que manejásemos esa información y se descuidaran –expuso Santana con una sonrisa llena de orgullo.
Quinn tenía razón, Santana era una excelente abogada, pensó Rachel. La morena estaba segura que la latina conseguiría aquel ofrecimiento que tanto deseaba en el buffet en el que trabajaba su padre y Bryan. Y, claro está, sería un excelente aporte.
–El receso ya terminó. Ahora tenemos que entrar y rendir la prueba. El testimonio de la secretaria será clave –anunció Bryan llegando hasta ellas–. Al menos, hay personas buenas en ese hogar. Si todo sale como lo pensamos, la secretaria podría pronto asumir como directora de aquel lugar.
–Ojalá sea así –dijo Quinn–. La actual directora debe estar lo más lejos posible de niños vulnerables.
–¿Nosotras tendremos que declarar? –preguntó Rachel. pues aún no definían aquello.
–Como les dijimos, es probable que sí. Pero no se preocupen, sólo digan la verdad. Nosotros manejaremos el resto –sostuvo Bryan con tranquilidad.
Rachel y Quinn caminaron tomadas de la mano hacia el interior de la sala, para proceder a ubicarse en sus respectivos asientos. Pero antes de que pudieran hacerlo, una pequeña rubia de diez años se cruzó en su camino.
–¿Vamos ganando? Papá dice que sí y el abue Hiram también, pero yo quiero que ustedes me lo confirmen –pidió Beth que parecía fascinada con sus nuevos abuelos.
–Parece que sí –dijo Rachel con algo de duda y Quinn se limitó a sonreír.
–Lo haremos, ganaremos –aseguró Beth antes de marcharse a su asiento.
Ganarían, pensaron ambas mujeres, claro que lo harían.
