A/N: No era mi intención tardar tanto en actualizar y como dijo alguien en un comentario anónimo, sé que puede parecerles molesto para seguir el hilo de la historia, pero lamentablemente mi vida no ha resultado muy fácil estas últimas semanas.

Espero poder actualizar más seguido y no les quepa duda que terminaré la historia, especialmente porque entramos en la recta final, sólo quedan cuatro capítulos más.

Gracias a quienes siguen leyendo y comentando esta historia, ¡de verdad no saben lo que eso ayuda!

Disclaimer: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen.


XXI. Familias disfuncionales

Y ganaron, claro que lo hicieron. El juez lo anunció tras señalar que luego de la prueba rendida y de su conversación con Maia no tenía dudas de que lo mejor para la pequeña era estar junto a Rachel y Quinn.

No había sido fácil, especialmente para Rachel, a quien llamaron a declarar e interrogaron de manera bastante intimidante. Pero la morena tenía en su mente a Maia y su mirada la posaba en aquellas dos rubias que tanta fuerza le brindaban.

Así que cuando el ataque comenzó por parte de los abogados de la tía de Maia y de servicios sociales, la cantante se mantuvo estoica. Mostró una madurez y seriedad que incluso sorprendió a todos los que la conocían. Fue agotador y terriblemente desgastante, pero sin duda había valido la pena.

El tribunal, en su fallo final, ordenó instituir un sumario para determinar todas las responsabilidades y, a su vez, destituyó a la directora de su cargo en el hogar.

Tras gritos y abrazos por la victoria, llegó el momento de salir y, tal como Santana les había advertido, el lugar se había llenado de periodistas con sus cámaras y micrófonos.

Puck le pidió a Hiram que él se llevase a Beth, pues el acoso periodístico sería demasiado y nadie quería exponer a la pequeña a aquello.

Les tomó a lo menos veinte minutos llegar a sus respectivos coches. Las preguntas, que más bien se sentían como gritos o ataques, fueron de todo tipo, desde "¿qué les parece el fallo?" hasta "¿quién las viste hoy?". Quinn, que tenía experiencia con los flashes, seguía con los efectos cegadores de estos.

–Cuando triunfes en Broadway, esto se convertirá en pan de cada día –bromeó Bryan.

–Espero que no. Fue bastante aterrorizador –confesó Rachel.

–Tener trabajos tan expuestos tiene su costo –lamentó Puck, brindándole una sonrisa a la morena.

–Bueno, pero no es tiempo de pensar en cosas negativas. Ganamos, tenemos que celebrar –señaló Santana–. Britt nos espera en nuestra casa con todo listo –agregó la latina. La rubia bailarina no había podido asistir debido a que tenía que trabajar. Lo mismo sucedía con Tina y Kurt–. Tus amigos ya se comunicaron con ella y dijeron que llegarían más tarde –dijo directamente a Rachel–. Todos a sus coches, ¡por fin podemos relajarnos!

Todos celebraron las palabras de Santana y se montaron en sus vehículos.

Quinn y Rachel pasarían primero por el hogar para recoger a Maia. Aquel día sería el primero que la pequeña pasaría con su nueva familia. Ambas mujeres habían acordado que el día siguiente buscarían todas las cosas de Maia, por el momento les bastaba con tenerla junto a ellas.

El camino hacia el hogar fue silencioso, pero significativo. Las manos de ambas mujeres se juntaban sobre la palanca de cambios, en un gesto de confianza y apoyo mutuo. Aquella sería la última vez que recorrerían ese camino en busca de su pequeña.

Por fin todo había terminado, pensaron ambas realmente aliviadas.

La secretaria del hogar –ahora directora–, las recibió con una sonrisa. No alcanzaron ni a saludarse, cuando unos cabellos rubios cenizas aparecieron corriendo hacia ellas.

–¡Mamá! ¡Mami! –gritó Maia lanzándose hacia los brazos de ambas mujeres que la recibieron en un abrazo conjunto.

–Monito –susurró Quinn, mientras Rachel besaba los cachetes de la pequeña.

–¿Beth? –preguntó la menor buscando a su hermana con la mirada.

–Está en casa de Santana, esperando por nosotras –respondió Rachel sonriendo.

El labio inferior de Maia comenzó a temblar y sus ojos se llenaron de lágrimas.

–¿Ya se van? –inquirió la rubia aguantando un sollozo–. No quiero… por favor…

–Nos vamos –afirmó la morena–. Las tres…

–¿Yo? –los ojos de la pequeña evidenciaron el asombro.

Quinn y Rachel asintieron sin querer perderse detalle de la reacción de su hija.

Maia las sorprendió tomando a ambas de las manos y llevándolas hasta la nueva directora.

–¿Tienes una noticia, Maia? –preguntó la mujer.

La aludida asintió con fuerza.

–Mamá y mami, mi familia –las presentó la pequeña–. Voy yo… me voy –se corrigió.

–Son muy lindas tus mamás –dijo la directora–. Te vamos a extrañar, pero sé que serás muy feliz.

–¡Sí! Yo muy feliz –exclamó Maia.

Tras unos intercambios más, la directora llamó a una voluntaria para que acompañara a Maia a buscar algunas de sus cosas y a despedirse de sus compañeros de hogar, mientras ellas terminaban todo el papeleo.

–Bendito sistema computacional, el fallo nos fue notificado al instante –comentó la nueva directora.

–Sí, nuestros abogados nos avisaron que así sería. El juez en la audiencia dijo que podríamos venir por Maia apenas el juicio terminara –expuso Quinn con una sonrisa.

–Me alegra saber que Maia estará en un lugar donde será querida. Eso es todo lo que estos niños necesitan, amor –señaló la mujer.

–Eso es lo que todos necesitamos y lo que queremos brindarle a Maia. Yo entiendo lo que se siente estar perdida en este mundo y buscar una guía –dijo Rachel mirando a Quinn–. Nosotras seremos eso para Maia. Seremos su familia.

–No tengo duda de ello –afirmó la directora.

Luego de firmar unos papeles y prometer enviar otros, la directora se despidió de ellas para seguir con sus labores, mientras Rachel y Quinn se encaminaron a la sala de las visitas, para esperar a Maia.

–Pese a lo que ha avanzado, probablemente tendremos que llevarla a terapia con un fonoaudiólogo cuando comience en el nuevo colegio –dijo Quinn mirando a su novia.

–En la clínica su tratamiento incluye sesiones fonoaudiológicas, pero quizás necesita mayor apoyo. No quiero que sufra en el colegio –confesó Rachel.

–Yo tampoco, pero por más que queramos protegerla no podemos blindarla del mundo. Además, necesita interactuar con niños de su edad y avanzar en su aprendizaje. Maia logrará todo lo que se proponga, lo sé –afirmó la fotógrafa.

–Y tendrá a su hermana para protegerla en el colegio –agregó la morena, recordando la felicidad de Beth al enterarse que Maia asistiría a su mismo colegio.

–De lo único que realmente debemos preocuparnos es de que Puck y Santana no le enseñen tonterías –bromeó Quinn y Rachel la acompañó con una sonrisa.

–Hay algo que no hemos conversado y sé que no es el mejor momento para hacerlo, pero…

–Rach, ¿qué pasa? –preguntó la rubia confundida.

–Si bien, por acuerdo, yo tengo la tuición de Maia, tú pediste a Santana que te incluyera en el proceso de adopción y, por tanto, legalmente eres también su madre –Quinn asintió ante las palabras de su novia, sin entender bien a qué quería llegar–. Yo vivo con mis papás y tú vives con Beth y…

–¿No vas a mudarte definitivamente con nosotras? –cuestionó asombrada y dolida la fotógrafa.

–Yo no sé… no lo hemos hablado y mis papás dicen que nunca hay que asumir cosas…

–¡Pero somos novias, Rach! Somos una familia, pensé que eso estaba más que claro.

–Entonces, creo que viviremos juntas –comentó Rachel con media sonrisa.

–Claro que sí –afirmó Quinn–. No pienses ni por un segundo que dejaré que ustedes se alejen de mí. Además, Beth ya traspasó algunos de sus juguetes a la que será la habitación de Maia y espera tener pijamadas con ustedes, porque al parecer yo soy demasiado vieja para participar –agregó ofendida–. Pese a que tú y yo tenemos la misma edad.

La morena no pudo contener su risa y soltó una carcajada que sólo logró molestar más a su novia. Notándolo, inmediatamente tomó su mano.

–Es Beth… –dijo Rachel como si aquello lo explicara todo–. Disfruta molestándote tal y como tú lo haces con ella. Además, sabes que cuando no recordaba nada ella me entendía mejor que nadie. Parte de eso sigue ahí. Probablemente soy más "normal" –hizo las comillas con sus manos– que antes, pero hay cosas que aun no comprendo bien y a veces realmente prefiero estar rodeada de niños. Es más fácil.

–Lo sé –admitió Quinn acariciando la mano de la cantante–. Cuando las cosas se pongan difíciles para ti, siempre estaré a tu lado. No importa lo que sea. Yo me enamoré de ti por completo, incluyendo esa confusión que aun te habita y esa ingenuidad que te permite comunicarte tan bien con los pequeños.

Rachel no se contuvo y besó a su novia. A la mujer que amaba; al amor de su vida. Quinn, con esas palabras y sus pequeños detalles hacía que todo se volviese más simple. Su Lucy le permitía ser ella misma, confusiones e inseguridades incluidas.

Minutos más tarde, Maia volvió a aparecer portando una pequeña mochila y un animal de peluche que Beth le había regalado. La pequeña tenía una sonrisa plasmada en su rostro, sonrisa que ninguna de las mujeres quería que desapareciera.


Quinn miró la escena frente a ella y no pudo evitar sonreír. Sus tres chicas estaban jugando a ser personajes de una serie de dibujos animados que ella desconocía, pero que sabía pronto descubriría.

A veces olvidaba todo lo sucedido con Rachel. Su novia simplemente parecía ser una chica de su edad, pero la escena que se desarrollaba delante de sus ojos evidenciaba lo contrario. Rachel era diferente y quizás algo de esa diferencia siempre subsistiría. La fotógrafa deseaba que así fuera. Eso la hacía única, eso la había enamorado.

–¿Pensando en las cosas que le harás a tu novia mientras juega con tus hijas, Q? –preguntó Puck llegando al lado de la rubia, en tono sugerente.

–No seas idiota, Puckerman –se quejó Quinn aprovechando de golpear el brazo de su amigo.

–Son bromas, rubia –se excusó el jugador de fútbol americano–. Mi representante me llamó para decirme que somos un boom publicitario. Al parecer me volví un rostro más llamativo…

–Pobre de ti. Ahora te lloverán más mujeres –ironizó Puck.

–Si no supiera que no soy de tu género preferido y que sólo tienes ojos para la hermosa morena frente a nosotros, creería que estás celosa, Quinnie –bromeó Puck.

–Primero que todo, esa morena hermosa es mía y te prohíbo mirarla –Puck intentó interrumpirla–. Okay, eso es imposible, pero te prohíbo emitir comentarios de ese tipo respecto de Rachel. Debes tratarla como a tu hermana. Sí, como una hermana más. Segundo, en tus sueños estaría celosa, Puck. Te conozco demasiado para eso –aclaró Quinn.

–Lo sé, lo sé. Sólo bromeaba. Y respecto a Rach, sabes que me importa y que jamás me propasaría. Sé lo importante que es ella en tu vida y en la de Beth –se sinceró el hombre–. ¿Te das cuenta lo disfuncionales que somos? Es decir, mira a nuestra familia, míranos a nosotros y nuestros pasados.

Quinn sonrió sopesando las palabras del que consideraba su mejor amigo. Amaba a Puck por la persona en la que se había convertido, pero también por la persona que era antes de ese cambio. Aquel chico que había hecho de todo para sacarlas adelante a ella y su hija. Aquel que la había abrazado cuando su familia le dio la espalda. Aquel que sostuvo su mano durante tanto tiempo. Lo amaba también por referirse a aquellas personas como su familia, cuando podría perfectamente haberse mantenido al margen.

–Falta que tú encuentres a la chica de tus sueños y cerramos el cuadro –comentó Quinn.

–O quizás le seguimos agregando personajes. ¿Quién sabe? Quizás otro pequeño o pequeña…

–¿Quieres tener más hijos? –preguntó sorprendida la rubia, aquello había sido algo que nunca habían conversado.

–Quizás. No es algo que esté buscando, pero tampoco lo descarto. ¿Y tú? –inquirió Puck.

–No lo sé. No lo creo… Es algo que tendría que hablar con Rachel, pero creo que por ahora estamos más que bien.

–Así se ve –dijo sonriendo el futbolista–. Estoy a su disposición por si me necesitan…

–¿Para qué? –la pregunta de Rachel los sorprendió a ambos.

–Eh… Nada… Puck sólo estaba siendo un idiota como siempre –señaló Quinn abrazando a su novia.

–¡Hey! –se quejó el aludido–. Era una sincera sugerencia. Tengo buenos genes.

Rachel confundida, frunció el ceño.

–Sólo ignóralo, Rach –indicó Quinn–. Ahora quizás entiendes mejor por qué te digo que debemos mantener a Maia alejada de Santana y de Puck.

–¡Hey! –volvió a protestar Puck.

Como ambas mujeres lo ignoraron, decidió que era mejor ir adonde se encontraba su hija y Maia.

–Creo que no estamos haciendo un buen trabajo –dijo Rachel en alusión a las palabras de Quinn, cuando observó a Noah jugando con las niñas.

–Es una batalla perdida –comentó Quinn al ver que también se acercaba Santana junto a Brittany hacia las pequeñas.

–San y Britt serían buenas mamás –señaló Rachel al ver interactuar a sus amigas con sus pequeñas.

–Es algo que todos sabemos, pero que esa latina dura de cabeza no se decide a aceptar. Britt está más que dispuesta, falta sólo que Santana decida cuándo –manifestó la fotógrafa.

–Quizás será más pronto de lo que creemos –sugirió la morena.

–Eso espero –dijo Quinn–. Siempre quise que nuestros hijos fuesen amigos o al menos cercanos. Beth cada día se hace más grande y eso se vuelve más difícil.

–Quién sabe qué nos espera en el futuro. Quizás otro hijo… –expuso Rachel ligeramente sin perder de vista a Maia y a Beth.

–¿Quieres tener más hijos? –preguntó sorprendida Quinn. No es que ella se negara, sino que no es algo que hubiese pensado. No podía creer que había hecho esa pregunta dos veces en cosa de minutos.

–No lo sé. No pienso tanto en el futuro. Quiero vivir el presente, disfrutar de Beth y Maia, y quizás en un futuro, no lo sé. No es algo que descarte…

–Creo que pienso lo mismo. Recién tenemos a Maia con nosotras, más nos vale disfrutarla antes de pensar en más hijos –razonó la rubia.

Dando por cerrada aquella conversación y al ver que las niñas estaban bien acompañadas, Rachel guio a Quinn hasta sus padres, para comentar lo que habían decidido respecto de su futuro. Si bien los Berry parecieron sorprendidos en un principio, pronto les sonrieron y les desearon lo mejor.

–Quizás es bueno que comiencen a buscar una casa. Un barrio como éste o como en el que nosotros vivimos sería bueno. Son algo elevados los gastos, pero las comodidades lo valen –sugirió Hiram.

–Papá, reconoce que sólo nos quieres más cerca. Este barrio está a sólo cinco minutos del suyo –comentó Rachel.

–Es verdad, pero ese sería un plus solamente. De verdad considero que lo mejor para las niñas sería vivir en una casa con un patio trasero donde puedan jugar –respondió Hiram.

–Quizás en un futuro –dijo Quinn sinceramente.

–Algo es algo –señaló Leroy.

–Por ahora, el departamento nos acomoda y queda cerca del teatro. Además es el lugar que Maia conoce. Como alguien que ha sufrido bastantes cambios, sé que lo peor es enfrentarlos todos de una sola vez. Mejor que sea poco a poco –expuso Rachel.

–Es verdad, no queremos que nuestra nieta menor se vea perturbada –reconoció Hiram.

–¿Quién los viera? Pasaron de no querer nietos a tener dos –bromeó Rachel.

–Es que es imposible resistirse a ellas –confesó Leroy mirando a las aludidas, mientras ellas se reían por algo que Brittany había dicho.

–Disculpen que interrumpa su charla, pero creo que es momento, Leroy –dijo Bryan acercándose a ellos, pues hasta aquel instante había estado conversando animadamente con Kurt y Tina.

–¿El momento? ¿Pasó algo? –preguntó Quinn algo confusa.

–Algo pasó, pero es algo bueno –respondió Leroy, mientras le daba a Bryan un gesto de asentimiento.

–Me gustaría que me prestaron un poco de atención por favor –dijo Bryan dirigiéndose a todos los presentes. Obviamente, el silencio se produjo rápidamente–. Como ustedes saben hoy ganamos una legítima causa. Algo que no parecía tan sencillo, pero que gracias a todos los presentes, pudimos conseguir. Si bien fui contratado para llevar las riendas del asunto, mi trabajo hubiese sido insuficiente sin la ayuda de Santana. Santana López es una brillante abogada que demostró en esta causa que tiene todo lo que nuestro buffet busca en un asociado… Es por eso que hoy, junto con Leroy, queremos ofrecerte que seas socia de Bishop y asociados. Tu salario se incrementaría y tendrías tu propio despacho, claro está.

–¿Es en serio? –preguntó Santana sorprendida.

–No bromearíamos con algo así –respondió Leroy con una sonrisa.

–¡Claro que acepto! –exclamó la latina–. Ha sido mi sueño desde hace años.

–Te lo ganaste, Santana –dijo Bryan sonriendo.

–Felicitaciones, mi amor –dijo Brittany antes de besar a su esposa en los labios.

–Brindis, brindis –coreó Beth seguida por Puck y, por supuesto, el resto comenzó a buscar sus vasos para poder brindar–. Por la tía San y su nuevo trabajo, por Maia que se convirtió en mi hermana y por todos nosotros, ¡salud!

–¡Salud! –dijeron todos a coro.

Kurt y Tina fueron los primeros en marcharse unas horas después. La chica asiática no olvidó recordarle a Rachel que mañana tenían ensayo y prueba de vestuario, pues la obra se estrenaba en pocas semanas más. Tres semanas y un par de días para ser más exactos. Kurt aseguró que Vogue estaba expectante por el estreno y que incluso pensaban hacer un artículo al respecto. No quiso admitir cuánta injerencia había tenido él en el asunto, pero tampoco hizo falta. Todo el mundo sabía cuánto adoraba Kurt a su amiga y cuánto ansiaba verla triunfar.

Luego fue el turno de Bryan y Puck para marcharse. El abogado tenía que seguir trabajando en un caso, así que se despidió pronto de los presentes, no sin antes recordarle a Santana que tenía que presentar su carta de dimisión en su trabajo e ir a firmar el contrato a su oficina cuanto antes. El jugador de fútbol americano tenía un entrenamiento, pero prometió dedicar su próxima victoria a ambas pequeñas, quienes sonrieron encantadas.

–Pueden marcharse, las niñas están agotadas –dijo Brittany cuando vio que tanto Quinn como Rachel comenzaban a ordenar.

–No nos cuesta nada ayudar, es lo mínimo que podemos hacer –contradijo la rubia continuando con su quehacer.

–Lucy tiene razón, mis papás siempre dicen que debes ayudar a limpiar cuando te invitan a una casa –razonó Rachel y su novia no pudo reprimir la sonrisa que se formó en sus labios al escuchar aquellas inocentes palabras.

–Y tus papás tienen razón, estrellita –dijo Leroy apareciendo con una escoba–. Es por eso que nosotros nos quedaremos ayudando y ustedes se irán con sus hijas a descansar. Ha sido un día muy largo y lleno de emociones. Se merecen el descanso.

–Pero… –intentó argumentar la morena.

–Nada de peros, Rachel. Te he dicho que no sacas nada contradiciendo a tu papá –señaló Hiram.

–Al menos déjennos recoger algunas cosas, para sentir que hicimos algo –pidió la fotógrafa.

–Está bien… –concedió Leroy–. Pero apenas terminen se marchan.

No tardaron mucho en llevar las cosas ocupadas hasta la cocina, especialmente porque Beth y Maia habían querido ayudar también. Por lo mismo, la tarea demoró menos de lo que habían estimado en un principio. Sin más que hacer, tuvieron que darse por vencidas.

Tras despedirse de todos, salieron de la casa que compartían la latina y la bailarina rumbo al coche de la fotógrafa. En la calle, a unos metros de ellas, una mujer de unos cuarenta o más años, descendía de un coche azul.

De pronto Quinn sintió un tirón en su brazo, debido a la repentina detención de su novia. La morena estaba en shock, paralizada sin dejar de mirar a la mujer que caminaba a la casa del vecino de las López-Pierce. Al parecer, al sentirse observada, la mujer detuvo su marcha y enfocó su mirada hacia ellas. Sus labios formaron un claro "Rachel" que Quinn pudo leer a la distancia.

La rubia rápidamente se volvió hacia su novia.

–Shelby –susurró Rachel antes de derrumbarse en los brazos de Quinn. La rubia volvió a mirar a la mujer rápidamente y el parecido con su novia era innegable.

–¡Mami! –gritó Beth asustada.

–¡Mamá! –exclamó Maia llena de miedo.

Y la rubia sintió como todo su cuerpo se estremecía. Su corazón se aceleró y su mente gritó.

¡No, eso no podía estar pasando! Eso fue lo primero que pensó Quinn. Todo parecía volver a repetirse, regresaban al inicio. La joven fotógrafa no se imaginaba volviendo a pasar por todo aquel proceso con la morena. Su novia, la que descansaba en sus brazos, quizás no despertaría. Volvería Rachel, la de diez años de edad, la que no recordaría nada de lo que habían vivido.

¡No aquello no era justo!

Aquella mujer que todo lo había provocado en un principio, regresaba a sus vidas para destrozarlas cuando todo parecía perfecto.

Los llantos de Beth y Maia devolvieron a Quinn al presente. Tenía que preocuparse de sus hijas, de Rachel… Su Rachel.

La rubia no sabía si sería capaz de soportar todo aquello.