Disclaimer: Twilight y sus personajes le pertenecen a Stephenie Meyer. Yo solo juego con ellos.
Confesiones de un universitario
Espero que les guste. Con amor de mí para ustedes.
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CAPÍTULO 47
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BPOV
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Alice. Odiaba a esa perra. Ella estaba muy contenta haciendo su estúpida investigación que yo le hice favor de corregir mientras yo le pedía que escribiera mi ensayo. Bueno, según ella, lo hizo. Pero en realidad solo estaba en Facebook cuando se lo pedí y me hizo perder valioso tiempo, así que heme aquí. Mutilándome los ojos un jueves por la noche mientras revisaba mi trabajo y lo corregía.
Luego, ella vino para pedirme ayuda. Cínica.
-¡Bella! Enserio necesito tu ayuda. Necesito que me ayudes a limpiar al Jasper plástico. No lo he hecho y él quiere la cabeza de vuelta.
-Yo no voy a limpiar esa cosa-señalé la cabeza que tenía en sus manos-tuviste mucho tiempo, Alice. Además, estoy terminando mi ensayo-la miré feo y desvió la mirada fingiendo inocencia-¡Cómo te atreves a pedirme ayuda después de lo que me hiciste!
-Ay por favor, Bella. No es para tanto-rodó los ojos y le arrojé mi lápiz a la cara-¡Idiota, casi me sacas un ojo!
-Eso y más te mereces…-me vi interrumpida cuando mi celular sonó. Lo tomé y vi el identificador-vete. Tengo una llamada importante.
-Pero Bella…-me imploró con su mirada.
-Lo siento, Alice-la empujé por los hombros-pídeselo a alguien más o hazlo tu sola. Ahora vete-contesté el teléfono y se fue pataleando.
-Hola-saludé.
-Hola, Bella-Renée me saludó desde el otro lado de la línea-¿cómo estás?
-Ñee…bien. Un montón de trabajo pero bien. ¿Cómo estás tú?
-Muy bien. Te llamaba para bueno…ya sabes…tengo mi piso aquí en Seattle y quería…quiero que vengas, ¿te parece bien?
-Ehh sí. Me parece bien. ¿Cuándo?
-Este fin de semana…si puedes. Puedes venir a cenar conmigo.
-De acuerdo. Me gusta la idea. ¿Mañana está bien?
-Sí…-luego se quedó callada abruptamente-mañana sí…queda para la ocasión.
Luego miré al vacío tratando de recordar en qué día vivía.
-Oh sí. El día de las madres.
-Sí…no traigas nada. Te lo advierto.
-¿Nada? ¿A qué te refieres con "nada"? ¿A los obsequios?
-Sí, a los obsequios.
-¿Unas flores…
-No-interrumpió y resoplé.
-Bueno. De acuerdo. Si tú quieres que sea así.
-Sí, así quiero que sea.
-Copiado-asentí.
-Puedes traer a quien quieras. Por cierto, ¿cómo vas con Edward?
-Bien. No lo he visto por mucho tiempo…pero todo va bien-me sobé la frente. No quería dar ningún tipo de explicación.
-Oh… ¿desde cuándo no se ven?-rodé los ojos
-Desde el domingo-dije en un murmullo-he tenido mucho trabajo
-Bueno, si quieres puedes traerlo mañana o a tus amigas.
-Sí, creo que le preguntaré a Edward. Rose y Alice tienen planes.
-De acuerdo.
Se hizo un silencio incómodo.
-Bueno, entonces te veo mañana.
-Sí, cuídate. Te esperaré alrededor de las 6:30 ó 7 ¿te parece?
-Sí, perfecto. Ahí nos vemos-luego corté y arrojé el teléfono a la cama.
Suspiré.
Esto en realidad estaba medio jodido. El domingo después de que Edward y yo tuviéramos nuestra "súper plática", él se quedó callado y sentado ahí mientras yo fingía leer el libro pero realmente estaba pensando en la situación. Teníamos que seguir con esa plática. Era realmente una situación estúpida. Simplemente yo había estado muy cansada y sus instintos estaban completamente activados. Ese tipo de cosas siempre pasaban, la mayoría de las veces y eso no significaba que te convertirías en un violador o en una mierda horrible como esas. Además, estaba ebria y cansada y mi mente mezcló todo. Tal vez Edward ni siquiera se dio cuenta de lo que me había hecho hasta el día siguiente. Estaba segura de eso. Él había estado todo evasivo ese día, así que decidí volver a mi apartamento, además así aprovecharía el tiempo y avanzaría en mi ensayo. Edward me trajo de vuelta, a mí y a Alice. Al parecer, Rosalie seguía dormida.
Alice bajó del auto sonriente y agradeciendo y yo me quedé ahí mientras recogía mi bolsa con un par de cosas que me había traído de vuelta.
-Te veré después-me despedí de Edward mientras tomaba mi bolso y me inclinaba para besarlo. Logré besarlo en la mejilla. Carajo. Llevé una mano a su cabello y lo acaricié-te quiero-dije antes de abrir la puerta.
-Yo también te quiero-respondió justo cuando estaba a punto de cerrar la puerta. No despegó la vista del frente.
Subí con Alice al apartamento y me encerré en mi habitación tratando de concentrarme y olvidar un poco el drama.
Logré escribir 15 páginas y después apagué la laptop. Prendí el televisor y comencé a ver una película de terror. Esa cosa ni siquiera daba miedo pero la dejé ahí de todos modos.
El lunes desperté cansadísima, lo esperaba, y me preparé para ir a la universidad.
Fui en autobús porque Rose parecía medio muerta y dijo que no iría y Alice ya se había ido.
Le dejé un mensaje a Edward cuando tuve un descanso. No lo contestó.
El resto de la semana le dejé también mensajes pero tampoco los contestó y eso me dolió. Me hirió y hasta hablé con un montón de gente sólo para que su nombre se fuera al final en la lista de mis mensajes y así no recordar que no me había respondido.
Así que ahora estaba en un dilema. No sabía que estaba pasando y estaba jodidamente confundida. Necesitaba respuestas.
Tomé mi celular de vuelta de donde había caído sobre la cama y lo desbloqueé. La pantalla de inicio hizo que el corazón me doliera. Ahí estaba Edward siendo hermoso, como siempre, besándome en la mejilla. Maldito. Maldito amor de mierda.
Recordé cuando el maldito me dijo que me vería en cuatro días, el día que fui jodidamente estúpida, y después me dijo que no podía estar lejos de mí ni por cuatro jodidas horas. Pues no parecía. Llevaba cuatro putos días sin llamarme, sin responder a mis mensajes y sin buscarme.
Los ojos se me llenaron de lágrimas y fui hasta mi bandeja de mensajes para terminar de perder mi dignidad al dejarle otro mensaje.
O. Con "c" mayúscula y toda la cosa.
Comencé a teclear. Los dedos me temblaban.
"Mañana iré a cenar con Renée a su apartamento, ¿quieres venir? Sería genial que estuvieras allí".
¡YA ESTABA! Ya lo había enviado y había perdido mi dignidad y orgullo.
Dejé el celular a un lado de nuevo y me arrastré hasta mi escritorio para guardar mi ensayo y enviarlo.
Mientras apagaba mi computadora la puerta de mi habitación se abrió y sabía exactamente quién era. Suspiré.
-Alice ya te dije que no te ayudaré con esa mierda. Me hiciste perder el tiempo y...-me giré y me quedé callada. Un escalofrío me recorrió la espalda. Maldición. No era Alice. Preferiría mil veces que fuera Alice.
O.
-Lo siento, B-Edward se acercó y me sujeté fuertemente del borde del escritorio. Un nudo se me transportó desde la boca del estómago hasta la garganta.
-No vas a arreglar nada con un "lo siento"-musité, luego me mordí los labios, nerviosa.
-Lo sé y cómo sé que la cagué en grande te traje chocolates y flores-tendió los brazos y me obligó a tomarlos. Eran unas margaritas-ahora sí… ¿me perdonas?-se pasó una mano por el pelo.
-No-respondí con voz ahogada-no soy tan idiota
Hizo una mueca.
-Bella por favor…perdóname.
-Exactamente ¿qué tengo que perdonarte?-apresé los regalos contra mi pecho y esperé a que hablara.
-Todo. Perdón por no responderte ni buscarte.
-¿Por qué no lo hiciste?
-Fui un idiota-fue todo lo que respondió encogiéndose de hombros. Aunque eso era verdad, le sumaría puntos.
-Sí…-acordé. Me giré y dejé las flores y los chocolates sobre el escritorio. No creía que estuviera aquí después de todo. Creí que esto duraría por mil años. El nudo en mi garganta hacía que me sintiera asfixiada y los ojos se me llenaron de lágrimas. Dios, era tan débil. Me giré para encararlo. Tenía las manos dentro de los bolsillos de su pantalón y se estaba mirando los zapatos. Alzó la mirada, que se encontró con la mía y me crucé de brazos.-Me rompiste el puto corazón, Edward. No te voy a perdonar.
-Bella, amor…
-No. No sabes cómo me dolió. Estaba esperando tus respuestas como idiota y sólo estaba perdiendo el tiempo-la vista se me nubló y decidí parpadear rápidamente para ahuyentar las lágrimas pero fue un movimiento en falso e hizo que se derramaran. AAHH. Estaba teniendo una crisis. Por favor, no llores. No dejes que te vea llorar. No llores.
-No, no llores…-se apresuró a acercarse a mí y me alejé un paso-fui un idiota. Perdón, perdón. Lo siento mucho, por favor créeme pero tienes que entender…-se pasó las manos por el pelo y las dejó caer a sus costados, frustrado-entiende…tenía miedo y bueno…te lastimé y no quería verte porque no quería ver tus marcas. Estaba enojado conmigo y contigo, con todo esto. Y si quiero ir contigo mañana.
Rodé los ojos y me limpié las lágrimas de las mejillas.
-Bueno, pues yo también estaba enojada. Sigo enojada, así que no te perdono-me apresuré a alejarme de él y fui a sentarme en la cama. Edward siguió mis pasos y se sentó junto a mí.
-La jodí. En grande…
-Sí-lo interrumpí
-Pero por favor. No vuelvo a hacerlo. Lo prometo -me tomó las manos entre las suyas y trazó círculos con su pulgar en el dorso.
Me quedé callada un momento. Iba a perdonarlo, ya lo sabía.
-¿Puedo confiar en ti?
-Sí-respondió rápidamente.
-Bien. Eso no significa que estás perdonado. Sólo sé que no volverás a hacerlo… ¿verdad?
-Cierto-asintió.
-Bien-repetí y un silencio se cernió sobre nosotros.
-¿Puedo besarte?-preguntó y lo miré.
-No sé. ¿Quieres hacerlo?
-Sí. No te lo hubiera preguntado si no quisiera-rodé los ojos y me encogí de hombros.
Edward llevó una mano a mi nuca y enterró sus dedos en mi cabello. Acercó su rostro al mío y plantó sus hermosos y rosados labios sobre los míos un momento. Los acarició y los amasó.
-¿Ya estoy perdonado?-preguntó mirándome intensamente. Idiota.
-No-me alejé de él rápidamente y su mano cayó a mi lado.
-No volveré a hacerlo. Te lo prometo.
-Aun así no voy a perdonarte. Que te quede claro.
-No volveré a hacerlo. Te lo prometo-repitió.
-¿Estás hablando enserio?
Volvió a acercarse y acarició levemente mis labios con los suyos.
-Te lo prometo.
-OoOoOo-
Rosalie vino a mi habitación. Usaba unos shorts y llevaba los labios pintados de color rojo.
-¿Vas a salir?-pregunté mientras me acariciaba el cabello con la toalla.
-Sí-respondió-y vengo a pedirte ayuda
-¿A mí?-fruncí el ceño.
-Sí-rodó los ojos-te vistes como la mierda pero a veces si le atinas-fue mi turno de rodar los ojos-¿crees que sería mejor usar esta blusa con estos shorts o este vestido?
Alzó las ropas tomándolas por el gancho y me las mostró.
-¿A dónde vas exactamente?
-Emmett y yo vamos a cenar. Ese maldito pobre finalmente tiene dinero
Me reí entre dientes.
-Entonces usa el vestido…oye sobre esa elección de vestido… ¿te va a llevar a McDonald's o qué?-dije entre risas.
-Idiota-tomó mi blusa de la cama y me la lanzó a la cara-no voy a usar algo con brillos y diamantes, Bella
Rodé los ojos.
-¿Y tú a dónde vas? Creí que ya no tenías un jodido novio-comentó
-Sí lo tengo, gracias. Renée me invitó a cenar. Y no necesito un novio para salir
Desaté el nudo de la toalla y la dejé sobre la silla. Rosalie se cubrió los ojos.
-¡Jesús, Bella! Podrías avisar que llevas ropa, gracias. O y de Victoria's-meneó las cejas.
-De nada-le contesté mientras me agachaba para tomar mis zapatos.
-Oye esta ropa no es taaan mierda. Creo que ya vas mejorando
-Rose-la llamé
-¿Qué pasa Victoria? ¿Vas a contarme un secreto?
-Eres tan graciosa…pero no. Necesito tu ayuda
-¿Para qué?
-¿Aun se ven mucho las marcas? No quiero que Renée piense que sufro de violencia doméstica
Ella se acercó y me miró más de cerca.
-Ugh…algo. Usa una blusa de mangas.
-Carajo-fui al armario-ayúdame a buscar algo.
Rosalie se acercó y revolvió los ganchos.
-Oh, mira…-saqué un crop top rosa con mangas largas del cajón-busca la falda.
-Sí, señora
Me zambutí en la blusa y ella me miró por el rabillo de su ojo.
-¿Algo que preguntar?-arqueé las cejas.
-¿Por qué Renée te invitó a cenar?
Me encogí de hombros.
-No lo sé. Tal vez quiere ganar puntos. Quiere que conozca su piso.
-¿Tiene un piso aquí en Seattle?-preguntó mientras me tendía la falda.
-Sí. Apenas lo consiguió-me giré y ella subió el cierre de la falda-quería vivir aquí para estar cerca de Ronan y de mí.
-Bueno-musitó-te ves bien, Victoria.
-Deja de llamarme Victoria. Acabo de recordar que mi enemiga se llama así.
Se rió.
-¡Oye eso es cierto!... ¿te importa si me visto aquí?
-Hazlo-me encogí de hombros y fui a sentarme frente a mi tocador.
-¿Qué pasa con Edward?-preguntó.
-Y ahora entiendo porque querías vestirte aquí, chismosa-la miré a través del espejo y me mostró el dedo medio.
-Vamos, solo suéltalo.
-No pasa nada. Sólo vino ayer y me trajo flores y chocolates.
Chasqueó la lengua en desaprobación. Comencé a maquillarme.
-Y se disculpó, dijo que había sido un idiota y dijo que ya no lo haría.
-¿Lo juró?-sus ojos se convirtieron en rendijas.
-No, lo prometió
Se acercó y comenzó a peinar mi cabello.
-Va a volver a hacerlo-picoteó.
-Claro que no.
-¿No?
-No
-Bueno, en realidad espero que no. Todos los chicos que me han prometido que no van a volver a cagarla, lo hacen. Emmett me prometió un montón de cosas al inicio, la cagó otra vez y ahora ya comenzó a jurarme. Espero que no sea un patrón.
Fruncí el ceño.
-Espero que no-musité.
Después de un momento, Rosalie habló.
-Lo siento
-¿Qué? ¿Por qué?
-Por lo que dije. No me creas. Seguro que no vuelve a hacerlo.
-No te creí. Edward es distinto.
-Todos son distintos hasta que se vuelven iguales…pero como sea. No me hagas caso.
Me reí.
-Acabas de disculparte por lo que dijiste y volviste a decirlo. Ya mejor cállate.
-De acuerdo-sonrió.
Rosalie arregló mi cabello y sujetó un mechón con un broche con pedrería rosa.
-¿Qué tu no ibas a salir?
-¡Oh cierto!-miró la hora-¡Carajo!-luego se fue corriendo.
-¡Gracias!-le grité.
-De nada-respondió antes de azotar la puerta de su habitación.
Una vez que terminé vi que aún tenía tiempo de sobra y decidí ir a ayudar a Rosalie. Alice ya estaba ahí y sostenía de mala gana un mechón de cabello de Rubia mientras ésta se hacía una trenza.
-Bella sostén esto-Alice dejó caer el mechón y Rosalie gritó.
-¡Maldita perra! Lo arruinaste.
Alice se rió y fue a tirarse en la cama.
-¿De verdad me van a dejar aquí sola?
-Sí…o dile a Vaquerito que vayan al cine o algo así-le respondió Rose.
-No puedo. Él está estudiando.
-Que triste-dije y me mostró el dedo medio, como si yo tuviera la culpa. Perra.
-Oigan…estaba pensando en hacerlo sin protección-anunció.
-¡¿Qué?!-Rosalie gritó y Alice rodó los ojos.
-Me refería a no usar condón. Yo ya tomó las píldoras-explicó.
-Oh, bueno-Rosalie se encogió de hombros visiblemente más tranquila-si quieres. Solo dime que se siente.
-Ay, sí. Por favor-la secundé y Alice se rió.
-¿Cómo que qué se va a sentir?-dijo riéndose.
-No quiero sentir un plástico, Alice. A eso me refiero-le dije y asintió comprendiendo finalmente.
-Sólo asegúrate que no tenga gonorrea o algo así-aconsejó Rosalie, sacudió las manos entumecidas cuando finalmente terminó su peinado. Fui a sentarme junto a Alice.
-Creo que ya es tarde para eso.
-¿Por qué?-Rubia nos miró a través del espejo-¿si tiene?
-¡No!-me reí junto con Rose-me refiero a que ya perdí la cuenta de las veces que hemos cogido.
-Oye, por cierto ¿estuviste con él antes de que comenzaran a salir?
-Nop-meneó la cabeza y Rose se rió.
-Pues yo no me pude resistir. Maldito Emmett. Juró que sus hoyuelos me convencieron. Aunque aquí la mejor fue Bella.
-Callate, Rosa
-"Edward está aquí y comenzamos a besarnos y eso pero se detuvo…"-la interrumpí con un grito mientras recitaba mi mensaje. Se rió-te lo juró Alice, Bella me envió un mensaje para pedirme un consejo sobre sexo con Cullen…oh, espera. Lo tengo guardado. Jamás borraré esa conversación-buscó en su celular y refunfuñé. Le arrojó el teléfono a Alice y ella comenzó a leer.
-¡Oh por Dios, Bella!-Alice canturreó riéndose sin despegar la vista de la pantalla del teléfono.
-Son unas malditas…-me vi interrumpida cuando mi teléfono timbró en mi regazo. Era un mensaje de Edward-¡genial! Ya me voy.
Me acerqué para despedirme con un beso en la mejilla y cuando salí de la habitación ellas volvieron a reírse y comenzaron a hablar de su experiencia cuando llegaron y vieron nuestras ropas tiradas en la sala. Con amigas así, para qué quería enemigas. Aunque tenía un par de enemigas. Que se querían llevar a mi chico de pelo naranja. Claro que no. Jamás. Él era mío. Y si alguna vez terminábamos desearía mil veces que ninguna de nosotras se quedara con él. NADIE. Si no lo voy a tener yo que no lo tenga ninguna de esas estúpidas zorristas. Podría decir que si no lo tenía yo ninguna chica en el jodido mundo lo tendría pero lo quería y por eso mismo quisiera un final feliz para él. Aunque sería mejor si se hiciera del otro bando. Creo que me pondría menos celosa si un lindo chico se quedara con mi lindo chico.
Tal vez hasta podríamos seguir siendo amigos. Me conformaría con eso. Amigos. Ugh, carajo, no. Si no lo tenía yo, NADIE lo iba a tener.
Dejé mis estúpidos pensamientos para después y seguí caminando hacia el Volvo. Edward bajó y abrió la puerta para mí. Estaba usando unos pantalones negros, una playera verde y una chaqueta de cuero. Cueeerooo.
Jodidamente lindo.
-Hola-lo saludé
-Hey-se acercó y me besó en los labios levemente-te ves muy linda.
-Gracias. Buena elección de chaqueta-le palmeé los hombros-te hace ver genial.
-Tenía la esperanza de que te gustara
-Sí, le atinaste-me ayudó a entrar al auto, con una sonrisa. Desanduvo el camino y se sentó a mi lado. Luego arrancó.
-Bella…-se quedó callado de repente y tomó aire-quiero que me prometas algo.
Lo miré.
-Algo como qué.
-Es algo fácil. No vas a tener que dar un órgano o algo así
-De acuerdo
-Quiero que me prometas que de aquí en adelante vas a decirme a dónde vas y con quién.
-¡¿Qué?!-chillé escandalizada-no, amigo. No
Hizo una mueca.
-No me refería a eso. No me dejaste terminar.
-Oh…bueno-dije bajito.
-Me refería a cosas como: "Voy a la biblioteca" y "ya volví a casa" y si vas a salir con un chico…también dímelo. No importa lo temprano o tarde que sea.
-¿Por qué?-entrecerré los ojos y suspiró.
-Porque le prometí al Jefe que iba a cuidarte.
-Ay, vamos. No es simplemente por eso.
-Y no quiero que te pase nada malo
-¿Nada malo? ¿Cómo qué? Estás empezando a asustarme.
-Te dije que había un montón de chicos que buscaban dónde correrse.
-Carajo, Edward. Me estás ocultando algo.
-Y si notas algo raro también dímelo.
-De acuerdo, pero tú lo que necesitas decirme es qué está pasando.
-Están estos…chicos…un grupo de chicos que han estado dañando a varias chicas ¿entiendes? No quiero que te pase nada malo.
-¿En dónde están esos chicos? No te sigo.
-En la UW. Es un grupo de amigos…nadie sabe quiénes son. Simplemente dímelo todo.
-Está bien pero… ¿qué les hacen a esas chicas? Además de lo obvio.
-Cosas-fue todo lo que respondió y rodé los ojos. Tal vez podía investigar con Angela. La llamaría luego.-Acorralaron a una chica de mi clase. Ella volverá a casa por un tiempo.
-Eso es injusto
-La vida no es justa, amor; pero ya los están buscando.
Definitivamente llamaría a Angela.
Nos quedamos en silencio un momento y él me miró cuando se detuvo en una luz roja.
-Estás muy callada hoy-murmuró. Llevó su mano derecha hasta mi rodilla y apretó un poco. Su tacto se sintió bien. Como si no me hubiera tocado en mil años. Con Edward siempre era así, cada vez que me tocaba era refrescante. Como si no hubiera tenido un contacto humano en mucho, mucho tiempo.
-Bueno, pues me asustaste-bromeé-ahora creo que te llevare conmigo a todos lados.
-Ese lado está bien-me dio una sonrisa torcida. Reposé mi mano sobre la suya, que seguía en mi rodilla, y antes de darle un apretón bajé la mirada.
-Te extraño-lo miré de vuelta y él frunció el ceño.
-¿Extrañar en qué sentido? Porque tú eres la que no me quiere perdonar-hice una mueca y él miró el semáforo. En ese momento la luz pasó a verde y aceleró.
-No es tan fácil. Necesitas un escarmiento y no lo sé…simplemente te extraño.
Rodó los ojos.
-Dejarías de extrañarme si me perdonaras-me miró por el rabillo del ojo.
Bufé y me quedé callada, él suspiró.
Cuando llegamos al edificio de Renée, Edward aparcó y se quedó quieto por un momento.
-¿Qué pasa?-pregunté.
-Me lastimas, Bella; pero creo que es justo. Yo te rompí el corazón, ahora tú rompes el mío.
-¿Por qué te lastimo?-desabroché el cinturón y me giré hacia él levemente.
-No me perdonas y esto es incómodo y también te extraño…como el demonio.
-Eso es muy romántico-respondí sarcásticamente-lo vas a superar y yo también lo voy a superar. Tal vez ya te perdoné.
Me miró rápidamente.
-¿Ya lo hiciste?-me acarició la mejilla y me encogí de hombros.
-Ni yo misma lo sé.
Apretó los labios y exhaló lentamente.
-Bueno.
-Bueno-respondí.
-Vayamos con Renée.
-Sí.
Edward sujetó mi mano en todo el trayecto y no la soltó cuando Renée abrió la puerta y vino a abrazarme. Renée le estrechó la mano y le dio un beso en la mejilla. Luego nos dejó pasar. Y entonces caí en la cuenta de que esta era la primera vez que Edward y Renée estaban juntos y como que me puse nerviosa. Edward se dio cuenta y le dio un apretón a mi mano. Le sonreí de vuelta.
Pasamos a la sala y nos sentamos en el sofá. Renée había estado haciendo un buen trabajo con la mudanza. El lugar estaba completo, simplemente le hacía falta un poco más de vida. Tal vez ella se conseguía un nuevo novio.
Renée no ocultó su entusiasmo de tenernos ahí y se la pasó haciendo preguntas y sonriendo.
Ella tenía esta vitalidad que impregnaba el ambiente y no permitía que ella fuera ignorada por la gente. Charlie siempre me dijo que yo había heredado ese toque de ella, yo no lo creía. Solo algunas veces. Como cuando las personas me contaban sus secretos, se sentía bien saber que eras del agrado de alguien, tanto así que te confesaba todo y yo no podía estar más feliz guardando los secretos de las personas y estar ahí para ellas cuando necesitaran ser escuchadas.
Charlie también me recalcaba eso.
Charlie. Sentí un poco de nostalgia al recordarlo. Sería perfecto si él estuviera aquí, con nosotros tres, listos para ir a cenar. Me había propuesto una nueva meta: hacer que Charlie y Renée fueran capaces de convivir pacíficamente para que algún día pudiera estar yo con ambos, como en los viejos tiempos. Eso se sentiría muy bien. Se sentiría correcto.
Renée preparó pechugas de pollo rellenas, hizo un puré de papas y una pasta. Todo se veía delicioso y yo estaba jodidamente emocionada por probar otra vez su comida después de tanto tiempo.
-Dejen espacio para el postre-canturreó mientras dejaba el tazón de pasta en la mesa.
-¿Hay postre?-la miré entusiasmada y me dio una sonrisa come mierda.
-Sí. Tarta de moras y nueces-me guiñó.
-Es uno de mis favoritos-contuve un chillido mientras apresaba mi falda entre mis puños. Renée hacía ese postre siempre que yo estaba triste y lograba animarme un poco, entonces a media noche bajaba silenciosamente las escaleras y me comía el resto sentada frente al refrigerador y disfrutaba del aire frío que salía de la máquina. Una vez me quedé dormida ahí por un rato y pesqué una fiebre y un dolor de garganta pero la tarta de moras y nueces valió la pena.
-Lo sé-sonrió de vuelta. A este punto creía que se le iba a partir el rostro en dos. Desde que abrió la puerta no había dejado de sonreír, o lo hacía con la boca o lo hacía con los ojos-por eso la hice. Ya vuelvo, tomen sus asientos-luego se fue de vuelta a la cocina.
Miré a Edward y le sonreí, él me devolvió el gesto y se aproximó a la mesa. Distendió una silla para mí y tomé asiento. Edward se sentó a mi lado.
-Creo que está feliz por tenernos aquí-murmuré. Él me dio una sonrisa torcida y colocó su brazo en el respaldo de mi silla, luego comenzó a trazar círculos en mi brazo con su pulgar.
-¿Lo crees? Creo que le falta sonreír un poco-bromeó y me reí con los labios apretados.
-Pues yo creo que ella en verdad te quiere. Le agradas demasiado-le dije y alzó las cejas.
-No hay mamá a quién no le agrade. Ya sabes he conocido un montón de madres-rodé los ojos y miré hacia el frente.
-Eso no es gracioso-su risa salió bajita y ronca.
-¿Sabes lo que en verdad es gracioso?-no esperó respuesta y prosiguió-que en verdad creas que ha habido alguien igual de importante que tú.
Maldito Edward.
Me mordí los labios por el interior para ocultar una sonrisa pero cuando él me picoteó el costado con su mano libre no fui capaz de resistirme y solté una risita. Mis mejillas se tiñeron de rojo y lo miré.
-Eso es muy romántico, E.
-Me alegro-tamborileó los dedos de su mano derecha en el mantel.
-¿Qué opinas de ella?-dije bajito cuando escuché que Renée seguía peleándose con los cubiertos en la cocina-¿verdad que es guapa? Ella es más guapa que yo
-No creo que eso sea posible pero ella es agradable.
-¿Qué crees exactamente que no sea posible?
-Que alguien sea más guapa que tú-otro sonrojo me asaltó y cubrí mi rostro formando una cortina con mi cabello. Edward acercó su mano y lo alejó de mi rostro, sonrió cuando vio mi sonrojo.
-¿Eso es cierto? ¿Qué me dices de sus ojos? ¿Verdad que no son parecidos a los míos? Creo que yo tengo los ojos de Charlie
-Tienes los ojos de Charlie pero tu mirada es la de ella
-Humpf…-me removí en mi asiento-Charlie siempre me dice que mis ojos son lindos, supongo que le recuerdan a ella.
-Pues dice la verdad. Tienes los ojos más bonitos, es cómo si tuvieran fuego dentro o un montón de estrellas y vaya que a mí me gusta el universo.
Volví a sonreírle.
-¿Estás diciendo todo esto para que te perdone?-pregunté. Edward se quedó en blanco.
-¿Me crees si te digo que no lo recordaba?-cuestionó. Apoyé mi codo en la mesa y recosté mi rostro en mi mano, tomé su mano libre entre la mía.
-Sí-le respondí.
-Bueno…-suspiró-es que, Bella, haces que se me olviden las cosas-me sonrió de vuelta-dime cuando todo esto te aburra, es que…simplemente esta noche me siento romántico.
Le sonreí abiertamente.
-De acuerdo, aunque no creo que me llegué a cansar.
Volvió a sonreírme y se acercó para rozar sus labios con los míos. Se quedó quieto por unos segundos y cuando se alejó se escuchó un "muack". Le sonreí, entonces Renée apareció con los platos y los cubiertos.
-Comencemos con esto-dejó todo en su sitio y Edward se aproximó para tomar su silla. Renée sonrió, otra vez, y luego se sentó no sin antes dar gracias. Cuando Edward tomó su lugar junto a mí otra vez le di un apretón en su muslo y me sonrió.
La comida de Renée estuvo deliciosa y prometió darnos un poco cuando nos fuéramos. Edward se puso contento con eso.
Renée estaba completamente enamorada de Edward, contrario a Charlie. La relación de Charlie y Edward era como pasivo-agresiva.
Ella no dejó de sonreír y de reír con las bromas que mi chico hacía y yo la acompañé porque él en realidad era genial.
-Bueno…Bella cree que soy el peor cocinero del mundo
-¿Qué? Yo no dije eso-me defendí y Renée soltó una risita.
-No directamente pero es lo mismo-él murmuró desganado mientras removía sin ganas su comida. Rodé los ojos.
-Te enseñaría pero eres demasiado flojo-le contesté.
Y otra vez Renée se rió. ¿Ya quedó claro que se la pasó riéndose? Incluso en las cosas que no eran realmente graciosas pero no me molestaba, disfrutaba de ser la razón por la cual sonriera esta noche y estaba contenta por estar haciendo esto.
Me comí dos raciones de tarta, al igual que Edward y Renée también prometió darnos de esa.
Cuando terminamos de comer permanecimos sentados en el comedor un momento pero luego ella decidió ir a la sala. Así que la seguimos.
Edward no dejó de tocarme en toda la noche. Mientras comíamos, me apretaba la pierna o me acariciaba la espalda o el cabello o tomaba mi mano y ahora en la sala…en fin, se sentó junto a mí y pasó un brazo por mis hombros, en respuesta, yo recosté mi cabeza en su hombro y entrelacé nuestras manos.
Renée nos veía sonriente y parecía que no podía alejar su vista de nosotros.
Comenzamos a hablar de las cosas que estábamos planeando hacer y le dimos una primicia de nuestro viaje de carretera.
-Lo planearemos después… sólo quiero establecer los primeros lugares. Se nos ocurrirá cualquier cosa.
-¿Cuánto tiempo planean viajar?-Renée cruzó las piernas y se recostó en el apoya brazos del sofá.
Edward me miró.
-No lo sabemos-le respondió-supongo que cuando extrañemos un poco la lluvia
-Sí, creo que sí-lo secundé.
-No deberían apurarse, es la única oportunidad que tendrán de poder disfrutar su tiempo libre porque el último año les será difícil.
-Absolutamente-le respondí.
Nos quedamos unos segundos en silencio y Edward los aprovechó.
-Disculpa Renée ¿podría usar tu baño?
-Por supuesto. La última puerta del pasillo-lo señaló con un gesto de mano.
-Gracias…ya vuelvo-me acarició el cabello antes de levantarse y perderse por el pasillo. Le di un trago a mi vaso de agua.
Renée saltó en su asiento.
-¡Bella él es grandioso!-dijo emocionada, bajó la voz-te quiere tanto….pero me preocupan-frunció el ceño.
-¿Por qué?-pregunté temerosa.
-Hay algo…extraño en la forma en que se tratan-frunció la frente-te mira de una manera…tan…protectora. Es como si estuviera dispuesto a interponerse delante de una bala para salvarte o algo parecido y sólo espera. Con el paso del tiempo se volverá más fuerte.
-¿Y eso es malo?
-No. Simplemente es diferente. Él siento algo muy intenso por ti…y muy delicado. Me da la impresión de que no entiendo bien su relación. Es como si me estuviera perdiendo algún secreto. Y no sólo es él. Me gustaría que vieras la manera en que te mueves a su alrededor.
-¿A qué te refieres, mamá?
-La manera en que caminas, como si él fuera el centro del mundo para ti y ni siquiera te dieras cuenta. Cuando él se desplaza, aunque sea sólo un poco. Tú ajustas automáticamente tu posición a la suya. Es como si fueran imanes. Eres su satélite o algo así y él es el tuyo. ¡Es grandioso!
-Mamá…exageras-gemí.
-¿Exageró?-sus ojos se convirtieron en rendijas.
-Sólo un poco…-lo señalé con mis dedos índice y pulgar-aunque no voy a mentirte. Lo quiero tanto-descansé la frente sobre mi mano en un gesto fatigado. Ella se inclinó y me acarició la mejilla.
-Y él a ti, Bella. No diré nada más…ustedes solos lo descubrirán y van a sentir que es lo mejor del mundo. Sentirán que es lo más fuerte y que sólo ustedes lo saben, como un secreto y tener un secreto es genial. Te hace sentir especial.
La miré y cuando iba a abrir la boca para preguntarle a qué se refería, Edward llegó.
Pasamos un rato más ahí y dejé el tema por la paz. Decidí pensarlo cuando tuviera tiempo y no ahora, porque si pensaba en eso ahora, quedaría como idiota si alguno de los dos me llamaba y yo no respondía. Entonces, Edward comenzaría a preocuparse (lo conocía) y querría saber todos los detalles y era algo que me parecía que tenía que pensarlo bien antes de siquiera mencionarlo.
Finalmente, decidimos irnos y Renée fue a la cocina para traer esa comida que había prometido.
Edward me acarició la mejilla.
-¿Estás bien…después de todo esto?-susurró con voz ronca.
-Sí…-suspiré y lo miré-todo está bien-erguí un poco la cabeza y uní sus labios a los míos-gracias por estar aquí-comenté contra la superficie suave de sus labios.
-No tienes porqué agradecer, lo haría sin que me lo pidieras.
Le sonreí porque era imposible no hacerlo cuando me miraba de esa forma.
Edward no se alejó de mí. Desde el momento en que me ayudó a bajar del coche cuando llegamos donde Renée hasta el momento en que llegamos a mi habitación. Sólo había estado acariciándome y aprovechaba cualquier momento para tocarme. Se sentía bien, lo había extrañado mucho y él también me había extrañado, así que su contacto se sentía bien pero sabía que mañana lo lamentaría cuando él no estuviera conmigo. La piel me iba a doler por la necesidad de abrazarlo o tocarlo.
Solamente se alejó de mí cuando le dije que tenía que ir al baño. Él se tiró en la cama y cruzó los brazos por detrás de su cabeza. Me acerqué a mi cajón y tomé un conjunto de encaje. Lo había extrañado y eso significaba extrañarlo, extrañarlo completamente.
Lo miré rápidamente y no se dio cuenta. Tenía los ojos cerrados y tarareaba una canción, así que me precipité al baño no sin antes tomar una bata de seda color hueso.
Me tomé mi tiempo en el baño y medio sonreí cuando mi suposición fue cierta. No tuve que esperar hasta mañana, mi piel ya ansiaba con acariciarlo.
Me desmaquillé y me lave la cara. Me deshice el peinado y me cepillé el cabello. Usé el baño y me cepillé los dientes.
Finalmente me desvestí y me zambutí en el conjunto. Era un conjunto color hueso, completamente transparente. Simplemente, el encaje se arremolinaba en el centro de cada uno de mis pechos y mi pelvis estaba cubierta por un trozo de algodón. Debajo del busto tenía un cinturón de listón y al frente de las bragas tenía un moño. Me recordó vagamente a las panties de las niñas en el kínder. También tenía rosas por toda su superficie. Era delicado e inocente. Jamás había usado un conjunto así y esperaba que lograra el efecto esperado en Edward.
Me miré en el espejo e hice una mueca al ver mis marcas. Las marcas arruinaban un poco la apariencia pero no me importó, así que me enredé en la bata y salí del baño.
Edward seguía en la misma posición y fui hacia el cesto de ropa sucia.
-¿Necesitas el baño?-pregunté.
-Sí-murmuró y emitió un quejido cuando se puso de pie-ya vuelvo.
-Sip
Volví a mirarme en el espejo e inhalé profundamente. Me veía bien, lo iba a aceptar pero una sensación de nervios se instaló en mis piernas y en mi estómago, así que me dirigí a la ventana y vi cómo las gotitas de agua llenaban el cristal de la ventana, me relajé un poco al escuchar el tímido chipi-chipi de la lluvia.
Edward salió del baño unos segundos después, cerró la puerta suavemente.
-Te ves muy linda-comentó mientras se acercaba a mí lentamente. Ni siquiera lo has visto completo, pensé egocéntricamente.
-Gracias-lo miré sobre mi hombro y me giré-me gustan tus bóxeres-me burlé y sonrió.
-Gracias. Tengo algún enamoramiento con las tortugas-dijo sarcásticamente. De hecho, yo le había dado esos bóxeres. Me gustaban. Compré unos para mí también.
Él se había desprendido de su ropa y sólo estaba ahí de pie con sus bóxeres.
-Te extraño-repetí y exhaló lentamente.
-También te extraño
-En realidad te extraño-insistí y Edward miró toda la extensión de mi cuerpo.
-En realidad, yo también te extraño-dijo con voz temblorosa y carraspeó-pero aún tienes tus marcas y no me gusta verlas.
-Supéralo. Yo ya lo hice.
-Bella…-me llamó exasperado y se pasó una mano por el cabello.
-Edward…-llevé las manos hacia mi espalda y apreté los puños. Mis nervios se estaban saliendo de control, como si fuera mi primera vez. Concéntrate, Bella.
Él me miró entre sus pestañas y relajó los hombros. Puso sus brazos en jarra y hundió la barbilla. Perfecto. Date por vencido.
Relajé mis puños y llevé mis manos a la cinturilla de la bata. Deshice lentamente el nudo de la bata con su penetrante mirada en mí.
Lo miré de vuelta y nuestras miradas se encontraron. Y cuando eso sucedió, sentí que el centro del Universo mismo era él. Que él y yo estábamos en el centro y nada más importaba, sentí que siempre estaríamos juntos, sentí que todo era correcto, sentí que mi mundo giraba en torno a él, creí que se había convertido en mi satélite. Creí tantas cosas que sólo hicieron que la piel se me pusiera de gallina y sólo hicieron que me convenciera completamente que él era todo lo que quería, que él era todo lo que necesitaba para ser feliz.
El cinturón cayó a mis costados y llevé mis manos lentamente hacia mis hombros, de donde bajé lentamente la bata y descubrí el conjunto que se adhería a mí como segunda piel.
Dejé caer los brazos y la bata cayó hecha un charco a mis pies. Edward no apartó la vista de mi cuerpo entero y me temblaron las rodillas.
Su pecho se detuvo y supe que había contenido la respiración, contuve la mía también.
Su mirada dejó un camino de electricidad y chispas por todo mi cuerpo. Sus ojos viajaron desde mis pies hasta mi cabeza, de mi cabeza a los pies.
-Súbeme en brazos. Esta noche me siento romántica-murmuré imitándolo mientras le tendía mis manos. Él se acercó a mí rápidamente. Enredó sus manos con las mías y acercó su rostro al mío, acarició mi mejilla con su nariz y luego la hundió debajo de mi oreja. Inspiró profundamente y se alejó un poco hasta que logró enredar su brazo por detrás de mis rodillas. Me llevó hasta la cama y me depositó suavemente en el centro.
Mi cabello se abrió como un abanico alrededor de mi rostro y llevé mis brazos hacia arriba, dejé caer mis manos sobre mi cabello y lo miré.
Trepó hacía mí y colocó sus rodillas alrededor de mis muslos, luego comenzó a acariciar mi cabello lentamente con ambas manos, siguió un camino por mi rostro, mi cuello, mis hombros, deshizo el camino y siguió a mis clavículas, bajó sus manos y me acarició el resto del torso lentamente. Apresó la tela del conjunto levemente entre sus dedos. Su tacto me estaba quemando y entreabrí los labios para tratar de sofocar la sensación. No lo logré. Restregué mis muslos para contrarrestar la sensación de quemazón en mi vientre bajo. Mis bragas habían comenzado a mojarse.
Acarició lentamente mi abdomen y trazó círculos con sus pulgares en mis caderas. Terminó de acariciarme el torso y siguió con mi pierna. Las alzó de manera lenta y acarició desde el tobillo hasta el borde de mis bragas.
-Voy a hacerte el amor-su ronca voz atravesó el silencio como cuchilla-estás tan hermosa así. Eres como un ángel o una diosa. Voy a hacerte sentir inmortal por una noche.
-Por favor-gimoteé entre mis labios. La sensación de incomodidad que me causaron esos halagos no se fue pero de alguna manera, se sentía correcta. No estaba acostumbrada a halagos demasiado románticos.
Se cernió sobre mí y me besó en la frente. Recorrió mi nariz con sus labios y los posó sobre los míos al final. Me besó y lo besé como si mi vida dependiera de ello.
Sentí su cuerpo imponente sobre el mío y abrí las piernas para enredarlas alrededor de sus caderas afiladas y escurridas. Desvió su boca y me besó el cuello. Me enredó entre sus brazos y me aferré a él, me sentó sobre sus muslos y zambutió sus pulgares en mi sujetador, lo sacó por mi cabeza y se aferró a mí. Su pecho caliente subía y bajaba contra el mío y me dediqué a acariciarlo. Mis manos jamás tenían suficiente de él y sentía que su cuerpo era una región inexplorada que ansiaba ser saqueada.
Edward enterró su rostro en mi cuello y respiró pesadamente ahí mientras dejaba sosos besos ahí, pasé las manos por su rebelde cabello y siseé contra su oído cuando me dio una ligera mordida.
Volvió a recostarme y su erección me golpeó en el muslo. Me apresuré a liberarla de la cárcel que representaban sus bóxeres y su dureza saltó frente a mí, rebotó contra mi abdomen y terminé de quitar su ropa interior con ayuda de mis pies.
Se restregó contra mí y arqueé la espalda al sentir como su dureza pegoteaba la tela mojada de mis bragas contra mi ansiosa carne.
Me besó en la boca y su incipiente barba dejó un camino rasposo en mi cuello.
Sus labios navegaron por mis clavículas y lamió mis pechos, apresó mis pezones levemente con sus dientes y siguió su curso. Me dio un beso de mariposa en el vientre bajo antes de que su nariz se perdiera entre mis piernas. Olisqueó la mojada tela y dejó un beso ahí. Arqueé el cuello y apresé la sábana en mis puños.
Mis bragas desaparecieron y mi palpitante carne fue atendida por su caliente boca. Chupó y lamió todo lo que pudo. El sonido de mi excitación mezclado con el de su saliva y nuestros gemidos me tenían al borde y enrosqué los dedos de mis pies cuando sentía el final, fue precipitado cuando me percaté que él estaba manipulando su miembro con su mano libre.
-Gaahh-chillé. Detuvo el movimiento de su mano y se concentró en beber mis jugos. Se relamió los labios y serpenteó de vuelta a mi rostro.
Uní mi mano izquierda a la suya y seguí con el trabajo que él había comenzado. Edward comenzó a gruñir y a gemir, sus caderas embistieron contra mi mano y apresó mi cabello con su mano libre.
Antes de que él pudiera terminar, disminuí el ritmo y gruñó disgustado. Lo tiré sobre su espalda y me apresuré a envolver su miembro con mi mano. Relajó las piernas y dejó escapar un gruñido de satisfacción. Lo miré entre mis pestañas y saboreé su imagen. El ceño fruncido, la vena sobresaliente de su frente, sus labios entreabiertos, su frente perlada de sudor y de mechones de cabello y sus mejillas sonrojadas.
Se dejó ir en mi boca. La cantidad fue parecida a la de un trago de agua, no de los que hacen que infles las mejillas pero tampoco de los que son tan pequeños que sólo incrementan tu sed. Lo tragué y él relajó lentamente sus piernas.
-Bella…-me llamó con voz ronca. Tragó saliva y me miró desde arriba.
Me incorporé y besé su pecho, luego su cuello y finalmente besé su frente.
Me tomó de los hombros y me giró. Se posicionó detrás de mí y me besó la nuca. Su boca trazó mi columna vertebral y finalmente me besó los omoplatos.
Se alejó un momento y abrí levemente los ojos para ver que estaba colocándose un preservativo.
Me relajé y me giré lentamente. Edward se introdujo en mí lentamente.
Aceleré su vaivén cuando enterré mis talones en sus caderas y uní mis labios a los suyos.
-Abre los ojos-imploró cuando intenté cerrarlos, lo miré a la cara.
El verde de sus ojos me atravesó como una puñalada y me dejó sofocada. Un gemido. Un gruñido en mi oído-abre los ojos-pidió de vuelta y no me percaté de que los había cerrado.
Enterré mis uñas en su espalda cuando el final se apoderó de mí. Lo miré a los ojos y sonreí.
Y es que no sonreír era imposible cuando me miraba de esa forma, ¿entienden?
-OoOoO-
-¿Entonces está todo bien?-Edward preguntó esperanzado.
-Sí. Creo que sí-respondí.
Tan rápido cómo salimos de clases, Edward y yo vinimos a mi apartamento. Nos encerramos en mi habitación y pasamos un rato juntos.
Él tenía un brazo alrededor de mí y yo recosté mi cabeza en su pecho mientras lo acariciaba.
Y estaba jodidamente contento porque lo había perdonado. Yo también lo estaba.
-Entonces creo que te quiero-dijo.
-¿Crees que me quieres?-alcé mi mirada y me miró de vuelta. Sonrió perezosamente.
-Sí… bueno, sé que te quiero.
-Eso suena mejor-se rió con los labios cerrados y se inclinó para besarme levemente en los labios.
Mi celular timbró y me alejé para alcanzarlo. Charlie. Tan oportuno.
-¿Qué onda, Charlie?-lo saludé.
-Hola, Bella. Te tengo una sorpresa
-¿Una sorpresa? ¿Qué tipo de sorpresa?
-Tienes que ir a la calle…por cierto ¿en dónde estás?
-En mi apartamento.
-Oh, genial. Ve a la calle y te llamó después.
-¿Qué…¡Espera!-colgó y bufé. Arrojé el teléfono-Charlie dice que me tiene una sorpresa, tengo que ir a la calle. Vamos.
Edward gimió disgustado y me bajé de la cama.
-¡Vamos! ¿Cómo sabes si en realidad es una grabación y ahí afuera hay un violador o un psicópata que quiere matarme?-dije mientras me calzaba los zapatos.
-Ugh de acuerdo, dramática.
Le arrojé su zapato al pecho y lo pescó rápidamente.
Salimos a la calle y ahí estaba Billy, un viejo amigo de papá, recargado en la pared.
-¡Bella!-me saludó efusivamente.
-Hey, Billy. ¿Cómo te va?-le devolví el abrazo-Billy éste es Edward, mi novio. Edward éste es Billy, un amigo de papá-presenté.
Edward y Billy se dieron un apretón de manos.
-¿Y entonces…cuál es la sorpresa?-pregunté y el amigo de Charlie me sonrió.
-Charlie finalmente te envió tu auto-apuntó con la barbilla a la acera. Me giré sobre mis talones y seguí su mirada.
¡No mames! Ahí había un auto y se suponía que era mío, todo mío y ¡ya tenía un auto finalmente! Después de tanto tiempo. No era un Audi o un Mercedes o un Lamborghini pero a mí me gustaba. Ni siquiera sabía qué modelo era pero eso estaba bien conmigo de todas formas ni siquiera sabía que eran "caballos de fuerza" y bla bla bla.
-Es modelo 2012. Está prácticamente nuevo-dijo Billy.
-Sí-asentí distraída. Estaba demasiado ocupada emocionándome.
-Vamos-Edward me tomó la mano y me jaló hacia la acera. Billy iba junto a nosotros.
-Échale un vistazo-animó Billy y pasó una mano por el techo del auto.
Edward caminó a mi lado mientras le daba la vuelta al coche. Era un Altima color negro y se veía bastante bien. Nada de raspones.
-Tanque lleno. Historial limpio. Todo pagado. ¡Disfrútalo!-el amigo de papá me tendió las llaves.
-¡Wow! Esto es genial, Billy. Muchas gracias por traerlo y todo eso.
-No tienes que agradecer…de todas formas tenía que hacer algunas cosas en la ciudad.
Entonces, Edward le preguntó algo y me desconecté. No entendía su lenguaje así que comencé a abrir las puertas para verlo por dentro. Mhhm. Ya podía sentirlo oliendo a fresas y tal vez hasta pondría una foto de algún chico lindo frente al volante. Obviamente, la escondería cuando Edward subiera.
Lo que más me emocionaba era que ya no tendría usar el estúpido autobús o esperar a Rosalie para que me prestara las llaves de su auto o sentirme mal por hacer que Edward me llevara a casi todas partes, luego quité eso de la lista. Él era el que se ofrecía así que eso no contaba.
Después de unos momentos, Billy se despidió y Edward me rodeó los hombros con su brazo.
-Billy me explicó todo lo de tu auto. Está bastante bien…sólo no lo choques, por favor-se burló. Rodé los ojos y llamé a Charlie.
-¡Papá, gracias, muchas gracias!-escuché su risa a través del auricular-¡el auto es la onda, Charlie!
-Me alegro que te haya gustado. Ya te lo había prometido.
-Sí, está todo muy bien…ehh…por cierto, creo que tendrás que enviarme dinero extra para las infracciones-comenté como no quiere la cosa mientras Edward iba a echarle una ojeada al auto.
-Te sabes las reglas de memoria-rodé los ojos.
-¿Y? Todo puede pasar.
-Pues no te enviaré dinero extra, así que maneja con cuidado.
-Eres tan aguafiestas, Charlie.
-Andando, Bella-Rosalie entró a la sala y me acarició el cabello distraídamente mientras esperábamos a los demás.
-De acuerdo.
Alice, Jasper y Emmett salieron hacia el pasillo.
-¿Ya están todos listos?-preguntó Alice.
-Falta Edward-respondí y seguí tecleando en mi teléfono. Estaba contándole a Renesmee que ya tenía un auto.
-¡Aaaghhh!-Rosalie gruñó
-Ya estoy listo-Edward entró a la sala, la cadena del baño se escuchó a lo lejos.
-¿Te lavaste las manos?-pregunté y gruñó disgustado, se giró sobre sus talones y volvió al baño-asco-murmuré y me puse de pie.
Finalmente, logramos salir del apartamento y nos subimos a mi auto nuevo. Nuevo para mí.
Era el viaje de inauguración y planeamos ir a cenar al Tío Pancho.
Silenciosamente estaba planeando mi primera infracción esta noche pero no dije nada porque si eso pasaba no quería quedar como estúpida frente a todos.
Afortunadamente, no quedé como estúpida.
-Bien, señorita Swan…no debería manejar tan rápido-dijo el oficial-¿a dónde van con tanta prisa?
-Volvíamos a casa-contestó Emmett desde el asiento trasero. Edward me pellizcó el muslo y lo miré burlonamente.
El oficial posó su vista sobre todos nosotros.
-Necesito que bajen todos del auto-se alejó de la ventanilla y se dirigió a su patrulla.
-¿Qué diría el Jefe Swan de esto, Bella?-comentó Rosalie burlona y me golpeó en la nuca.
-Cállate
Bajamos del auto y Emmett se desperezó, luego se recargó sobre el capo. El oficial lo miró feo.
-Son 25 dólares por exceso de velocidad-escribió en su estúpida libretita de mierda.
-¿Y si no?-preguntó Jasper, el oficial también lo miró feo.
-Le detendré el auto y lo castigaré a mi manera, rubiecito-Edward ahogó una carcajada y también se ganó una mirada fea.
-¿Es divertido, hijo?-ignoré al policía y me uní a Alice y a Rose para juntar los 25 dólares.
-Se los pagaré-prometí.
-Olvídalo-dijeron.
Cuando hubimos reunido el dinero, Alice me llamó antes de que me girara hacia el policía
-Bella….
-¿Qué?
-Creo que Emmett trae un poco de hierba con él-susurró cerca de mi oído.
-¿¡Qué?!-chillé bajito.
Ellos estaban hablando con el policía.
-Olvídalo-repitió Rosalie-me la metí entre las piernas.
-Carajo-murmuré y me giré hacia el oficial. Dejó de hablar con los chicos y me miró.
-Olvida los 25, serán 40
-¿¡Qué?! ¿Por qué?
-Agradéceselo a tus inteligentes amigos-se burló y comenzó a escribir de nuevo en su libreta.
Los miré feo y froté mis dedos como si estuviera contando dinero. Sacaron sus billeteras y me cada uno me dio cinco dólares.
Se los tendí al oficial.
-Gracias…guarda esto-me dio el papel junto con mi licencia-desaparezcan-hizo un gesto con la mano y se dirigió a la patrulla.
-Debieron cerrar la puta boca-Rosalie los regañó.
-Él fue quien comenzó-Jasper meneó la cabeza. La patrulla pasó a nuestro lado.
-Como sea…-dije y me estiré hacia la guantera-Edward tacha lo primero en la lista-se la arrojé al regazo
-¿Lista?
-"Tener una infracción en mi primera noche con este auto" está en mi lista de "Cosas que tengo que hacer con mi auto". Táchalo.
-¿Tienes una lista?-Alice asomó su cabeza entre Edward y yo.
-Sip…por cierto…-tomé mi celular y llamé a Charlie antes de arrancar-¿Charlie?
-¿Qué pasa, Bella?
-¿Recuerdas lo que te dije ésta tarde? Necesito 45 dólares. Obtuve mi primera infracción ¿no es eso genial?
-¿¡Qué?!-gritó a través del auricular.
Charlie era tan aguafiestas.
-OoOo-
¿Les ha gustado? Este es un capítulo especial para conmemorar los seis años de Eclipse, en el relato hay un poco de Eclipse(: Nos leemos luego.
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