Disclaimer: Twilight y sus personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo sólo juego con ellos.

Confesiones de un universitario

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Disfruten...

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Epílogo

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Vi a Nessie antes de que llegara siquiera a la puerta y tocara. La miré a través de la pantalla del identificador, que lograba visualizar toda la parte delantera de la casa, incluyendo la carretera. Ella estacionó su súper y genial camioneta en la entrada de mi casa, como si fuera entrar al garaje. Bajó de ahí con un salto y fue al maletero, la perdí de vista brevemente y ahí dejé el asunto.

Suspiré y dejé los vegetales sobre la encimera de la cocina, me dirigí a la puerta de madera con cristales y la abrí. Ella me sonrió y saludó con la mano. Asentí con la cabeza. Cerró su camioneta y le instaló la alarma. Nessie no llevaba ropa de oficina y cargaba con su bolso y con una bolsa de papel. Había ido de compras.

-¡Hey, cara de culo!-me saludó y me besó en la mejilla. Entró a la casa.

-Hey, cara de polla. ¿Qué traes ahí?

-Material de negocio-musitó distraídamente y miró alrededor.

-Estoy en la cocina-dije y ella fue hacia ahí. La seguí-así que ahora tu negocio es ir de compras. Interesante.

Ella jaló un taburete y se sentó ahí, dejó las bolsas sobre la encimera. Tomé el cuchillo y el mantel y me senté frente a ella.

-Algo así, ¿qué estás haciendo?-comencé a cortar las zanahorias.

-Sopa de verduras-respondí y soltó una risita.

-¿En verdad le puedes llenar la tripa con eso a él? ¿Qué hiciste?

Sonreí.

-Edward llegará en la cena. Esto es mío.

-Oh, ya decía yo. Como sea-agitó la mano-vine a hablar contigo y a negociar.

La miré y detuve mis movimientos.

-Negociar qué, exactamente-entrecerré los ojos y ella suspiró.

-No tendrás que ayudarme a enterrar un cuerpo, tranquila-alzó las manos-aprovecharé ahora que el simio de tu esposo no está.

-Me estás impacientando.

Nessie suspiró y miró mis manos. Comencé a cortar vegetales otra vez.

-Quiero un hijo-anunció. Me detuve otra vez antes de cortarme un dedo porque eso me había sorprendido hasta la madre.

-¿Quieres que empecemos o qué?-pregunté burlona y se rió. Dejé la broma atrás-bien, un hijo ¿y qué?

-No quiero que esté solo. Me refiero a que toda mi vida he querido gemelos o al menos embarazarme con alguien más para que mi hijo tenga a alguien de su edad ¿entiendes? Crecí como hija única y eso en verdad apesta… tú sabes de eso-asentí ligeramente.

-Te entiendo pero no entiendo a dónde quieres llegar.

-A eso mismo. Quiero embarazarme y quiero que tú también lo hagas conmigo.

Me quedó de piedra. La sangre se me congela en las venas y luego vuelve a tomar su camino. El corazón se me acelera.

-¿Qué?-logré susurrar. Renesmee suspiró y se frotó la frente con los dedos.

-Bueno, eres mi última esperanza. La perra de Alice se nos adelantó. Ni siquiera sabíamos que la perra tenía planes de traer a un mocoso al mundo y Rose dijo que todavía no quería hacerlo. Esa puta aún no está lista para perder su figura… ¿tú quieres un hijo?

-¡Sí!-salté un poco en mi asiento y dejé el cuchillo a un lado-¡por supuesto que quiero un bebé!

-Oh bueno, esto va a ser mucho más fácil de lo que pensaba-murmuró con la vista perdida. Luego me miró sonriente-¡de acuerdo! Tengamos un hijo. Dejaré la píldora esta noche.

-¿Y qué pasa si yo no quedo embarazado ahora?-pregunté tratando de que ella no notará el misterio en mi voz. Obviamente no funcionó.

-¿De qué carajos estás hablando?-me miró enojada.

-Bueno… verás…-tomé el cuchillo en mis manos otra vez sólo para sostener algo-Edward y yo ni siquiera lo hemos hablado… bueno, al menos sólo como una posibilidad, no como un hecho. Él sólo dice cosas estúpidas como: "de acuerdo" o "bien" pero ni siquiera vuelvo a tocar el tema porque él siempre sale con sus estupideces.

-Muy Edward-Nessie señaló-pues díselo. Mejor dicho, ordénalo. Si tanto lo quieres… no creo que se niegue.

-Tal vez sí, tal vez él no quiere hijos todavía y dice que no.

Nessie me miró sin humor.

-Bella…-suspiró-el chico te da todo lo que quieres ¿por qué diría que no?

-¡Claro que no me da todo!-renegué-¿quién te dijo esa puta mentira?

-Oh, nadie ¡simplemente lo veo!-su voz aumentó de volumen. Rodé los ojos.

-¡Mentirosa!-siseé.

-¡Oh! ¿Ahora soy yo la que miente? Veamos…-se dio un golpecito en la barbilla con gesto pensativo-te compró la casa que querías, no la que él quería y cuando descubrió que Alice y yo te ayudamos a limpiarla y aun así terminaste con dolor de pies y espalda, dos días después tenías en tu puerta a una ayudante… por cierto, ¿dónde está Julie?

Rodé los ojos.

Nessie era una exagerada. Bueno… puede que Edward si hubiera hecho eso pero eso no quería decir que me daba todo. El día que limpiamos la casa, Rosalie no ayudó porque estaba enferma como la chingada y yo necesitaba algo de ayuda.

Elegimos esta casa (según Nessie, yo la elegí) con la idea de no mudarnos nunca. Mi casa era hermosa, bueno, a mí me parecía y era lo que importaba. Dos pisos; sus colores externos eran el café, el blanco hueso y un café nuez, además tenía detalles de cantera en unas columnas que rompían el aspecto angular de la casa; faroles y pequeñas lamparitas la decoraban. Tenía un garaje con capacidad de dos autos, cocina, comedor, sala, estudio, cuatro habitaciones cada una con su propio baño, un medio baño comunitario, un sótano y un jardín. Era bastante grande y muy costosa, así que limpiarla era un dolor en el culo y Edward contrató a una mujer un poco más joven que yo, Julie, para que viniera a ayudarme. Usualmente ella se iba cuando yo llegaba de trabajar pero hoy había sido una excepción. Julie había llegado más tarde y ahora estaba limpiando el estudio, yo también la ayudaba a limpiar.

-Limpiando el estudio-le contesté a Nessie. Julie hizo sonar las cubetas enfatizando mis palabras.

-Oh bueno-Nessie siguió-¡y eso no es todo! El tipo casi vende los pulmones cuando le dijiste que te había gustado un brazalete.

-¡Yo no sabía que esa cosa era malditamente cara!-me defendí. Nessie bufó, obviamente.

-¡Ya ni quiero decir nada más!-dijo estremeciéndose-pero también añadiré que encarceló al cabrón que casi te viola… ¡todavía no supero que no me hayas dicho eso! Oh, y lo hizo aunque habían terminado.

-¡No me lo recuerdes!-la señalé amenazadora con el cuchillo-y después de todo te enteraste… eventualmente.

-¡DOS AÑOS DESPUÉS!-gritó, hice una mueca.

-Pshh, lo superarás. Ahora lo que yo no supero es que me hayas recordado los meses oscuros.

Rodó los ojos y bajó del taburete con un salto.

-¿Tienes limonada? Ya que no me ofreciste nada, yo tomaré algo.

-Sí, en el refrigerador-musité y ella fue hacia allá-¿por qué me lo recordaste, perra?-me quejé. Ella hizo una mueca y le dio un trago a su bebida.

Edward y yo no volvimos esa noche de diciembre. Seguimos viéndonos y seguimos hablando de lo sucedido. Comenzamos a salir tres semanas después, podría decir "retomamos la relación" pero eso no fue lo que sucedió.

De alguna manera, comenzamos de cero. Mantuvimos los recuerdos, las experiencias y todo lo que habíamos vivido juntos pero sobre todo mantuvimos las lecciones.

Trabajamos un montón con lo de la comunicación y la confrontación de nuestros problemas y deseos. Al inicio todo era muy genial. Juntos todo el tiempo con el pretexto de que nos extrañábamos y de que habíamos tenido suficiente tiempo separados. Pero la prueba de fuego llegó en nuestra primera discusión real, dos meses luego de comenzar a salir.

Antes habíamos discutido por estupideces y eran discusiones sin sentido que se arreglaban con él diciéndome "maldita Hamlet" o yo arrojándole algo.

Luego de nuestra primera discusión, siguieron muchas más en esa misma semana y yo estaba asustada como el infierno porque pensaba que si seguíamos haciéndolo, terminaríamos y ya no íbamos a volver nunca más.

Fue muy difícil volver y todo eso pero al final, hicimos las cosas bien y las próximas discusiones que tuvimos fueron porque él no cerraba completamente los cajones y yo siempre terminaba golpeándome.

Finalmente, aprendió a cerrar los cajones.

-¡¿Entonces qué?!-Nessie me sacó de mis cavilaciones.

-Le diré esta noche.

-¡Yeeii, vamos a tener un bebé!-chilló emocionada y se abalanzó sobre mí. La puta casi hace que me apuñalara pero la palabra clave era casi.

-¡Oh, esto es para ti!-dijo cuando se alejó. Tomó la bolsa de las compras y la abrió entre nosotras-es un conjunto de Victoria's. Ya sabes, te regalaría un biberón pero primero hay que maquilar al pequeño.

-Gracias-metí las manos a la bolsa y saqué la ligera y bastante transparente prenda. Nessie y yo nos sonreímos.

Esa misma noche, después de tomar una ducha estaba nerviosa como la chingada. No sabía cómo se lo iba a decir a Edward y deseaba que él realmente ya quisiera hijos porque no quería una discusión por eso.

Él ya había tardado en llegar e inmediatamente me preocupé. Edward se enojaba porque yo me preocupaba. Simplemente el matrimonio cambió mi perspectiva o no sé qué chingados y ahora sólo me estaba preocupando por él, supuse que ahora que sería mamá eso iba a ser descomunal.

Desvié mis pensamientos hacia lugares menos tenebrosos y comencé a poner la mesa para la cena. Salí de la cocina tres veces rumbo al recibidor para ver la pantalla del identificador pero jodido Edward aun no aparecía.

-¡Maldito!-chillé y regresé a la cocina para servir la comida en los platos. Un minuto después, escuché el timbre del portón eléctrico del garaje y respiré aliviada. Ese cabrón hijo de puta me iba a sacar canas antes de tiempo.

Una hora después de su hora de salida─ cuando salía hasta la hora de la cena─ era suficiente para preocuparme.

Llené la cesta con pan caliente y sonreí cuando escuché que la puerta que conectaba el garaje con la casa se abría. Unos segundos después, Edward entró a la cocina. Se había quitado el saco y la corbata y la camisa se le pegaba deliciosamente a sus brazos.

-¿¡Cómo está la mujer más linda del mundo!?-entró saludando con una sonrisa. Edward era un amor.

-¡Hola!-lo saludé con una sonrisa y fue hacia mí. Me alejó de la encimera tomándome del brazo, envolvió sus brazos en mi cintura y me alzó, comenzó a darme vueltas. Solté una risa en un gorjeo. Me besó la mejilla y después estampó sus labios en los míos. Dejó un beso dulce ahí y le sonreí-¿cómo estuvo el trabajo?

-Agotador pero genial-murmuró-¿y el tuyo? Carajo, te extrañé-me dejó en el piso y me dio un ligero golpecito en el trasero. Pegué un salto.

-Estuvo bien. Odio estos días porque no puedo tenerte en la tarde-confesé-pero mañana es sábado, Chump.

-Y mañana no hay trabajo-dijo y tomó la cesta del pan-¿Qué hay de cenar?

-Macarrones y pan y carne

-¡Yummi!-sonrió y me besó la sien. Salió de la cocina y me quedé ahí con una sonrisa estúpida en mi rostro mientras terminaba de servir los platos. Él volvió con las manos vacías. Se llevó la comida mientras yo me llevaba las bebidas. Los platos ya estaban en el comedor pero Edward no estaba.

-¡¿Por qué tardaste tanto en llegar?!-pregunté en un grito mientras dejaba las bebidas en su lugar.

-¡Me tenías preocupada!-Edward imitó mi voz, estaba detrás de mí. Bufé.

-Es enserio-rezongué.

-Ya, mujer. Relájate-dijo. Me giré lista para reclamarle un poco más pero las palabras se fueron con el viento cuando vi el ramo de flores que sujetaba en sus manos-te quiero, Hamlet-musitó.

-Oww, Chump-las tomé entre sus manos y le di un besito en la mejilla-yo también te quiero, pequeño. Son preciosas, gracias.

-Esa fue la razón por la cual llegué tarde…esa y el postre: pastel de flan y chocolate.

-Mi favorito-le sonreí y asintió-¿hay alguna razón por la cual estés todo lindo hoy?

-Nop, ninguna-me sonrió de vuelta-simplemente te extrañé.

-Deberías extrañarme más seguido-comenté distraída mientras me alejaba y veía las flores. Entré a la cocina para ponerlas en agua.

-¡Lávate las manos!-le grité y yo hice los mismo.

Edward estaba echándole un vistazo a la comida cuando volví. Distendió mi silla y tomó asiento en la cabecera de la mesa.

-De acuerdo…-dijo y nos tomamos de las manos, lo vi cerrar los ojos e inclinar la cabeza, lo seguí un segundo después-"Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos que vamos a tomar. Haz que no les falte el pan a los que pasan hambre, amén"

-Amén-musité y le sonreí. Me devolvió el gesto, luego nos dispusimos a comer.

Edward y yo no éramos, lo que se dice, una pareja religiosa. Eso se notaba a leguas por mi fino vocabulario; pero una vez que nos casamos, eso cambió un poco. Tal vez sentamos cabeza o algo así. Un día, él estaba ordenando sus gabinetes en el estudio y vino hacia mí con una biblia en sus manos mientras yo estaba viendo televisión.

-¡Oye, mira esto!-me dijo, entonces me mostró ese lindo y romántica pasaje sobre el matrimonio y después de un rato, simplemente dijo-¡oye, deberíamos de rezar un poco más!

Y ahí terminó todo.

Todavía faltaba la parte del vocabulario y ni que decir de la fornicación que practicamos antes pero lo hecho, hecho está. Además, no le veía mucho futuro al refinamiento de nuestras palabras.

-Renesmee vino hoy-comencé. Me estaba muriendo de los nervios. Él hizo un sonido de asco.

-Creo que limpiaré con cloro todo-bromeó y me reí. Se rió junto a mí-¿Qué quería ese monstruo?

-Nada. Sólo vino a hablar, a perder el tiempo-mentí-fue de compras.

-Malditas compras, me tienen hasta la madre-dijo. Sip, ahí el vocabulario, hermanos.

Rodé los ojos. Puede, sólo puede, que una vez que nos casamos mi interés por las compras aumentó.

-Enserio, Bella, aún no te perdono. ¿Por qué en el nombre del cielo te gustaron las compras cuando nos casamos? ¿No pudiste haberlo hecho antes?

Me reí entre dientes.

-¿Antes cuándo?

-Oh no lo sé, puede que cuando no te mantenía-lloriqueó como nena.

-¡No me mantienes!-me reí-digamos que… nos mantenemos.

-Bueno, YO mantengo tus compras.

-¡TÚ tuviste la idea de darme una tarjeta!

-Eso fue porque fui un buen esposo. Ya sabes, mantener tus caprichos a raya

-Generoso-señalé.

-Generoso es mi segundo nombre

-Entonces no te quejes-sentencié. Meneó la cabeza.

El resto de la cena la pasamos hablando del trabajo y de cosas sin importancia y de chismes, ¿quién iba a decir que Edward Cullen sería un chismoso? De hecho y sin exagerar, Edward era quién traía los chismes a casa y eso que pasaba muy poco tiempo aquí ¡y era hombre, por Dios! Es cierto que los hombres chismorrean como abuelas.

-Te digo, estoy seguro que Rita tiene un amante-chasqueó la lengua. Alcé las cejas sorprendidas.

-¡Deja a la vecina en paz!

-¡Yo no tengo la culpa, nena! Vi a ese hombre entrar ahí ayer por la noche y hoy por la mañana se iba ¡por Dios! Rita se aprovecha de que John tiene que ir de viaje.

Rodé los ojos.

-No tienes remedio.

Dejé el asunto del bebé para después de la cena y después del postre. Esperaba abordarlo cuando fuéramos a la cama.

Edward se ofreció a limpiar y a cerrar las puertas y las ventanas con pestillo. Todavía era muy temprano para ir a dormir pero él tuvo la idea de acurrucarnos. Amaba a ese hombre.

Cuando terminé de cepillarme los dientes vi con los ojos entrecerrados la caja de las píldoras. Era probable de que las dejara de usar por un tiempo. Me desnudé y usé el conjunto que Nessie trajo para mí, no importaba si Edward decidía no tener hijos aún, usaría ese conjunto esta noche. Me puse mi bata azul celeste y fui a la cama. ¿Qué carajos iba a decirle? Me froté la frente con los nudillos y suspiré. Esto iba a ser difícil. Escuché sus pasos en las escaleras y traté de poner cara de valiente. Un momento después él entró a la habitación.

-Voy a tomar una ducha antes, Bells-dijo y comenzó a desnudarse. Dios, sí.

Lo miré hacerlo hasta que quedó en calzoncillos. Se acercó y dejó un beso en mi frente.

-No me tardo-finalizó.

-Está bien-contesté y entró al baño.

Tomé mi libro del cajón del buró y fingí que una avalancha de mierda no iba a caer sobre mí. Comencé a leer pero rápidamente el libro perdió mi interés y seguí pensando en el asunto mientras contemplaba la página. La puerta del baño me trajo de regreso y cambié de página, finalmente.

Edward se acercó al cajón de ropa interior y me lo comí con los ojos. Deseaba tener telequinesis y quitar la toalla de su cadera simplemente con mis ojos. El idiota sabía que lo estaba viendo mientras yo fingía leer así que se dio la vuelta con un bóxer en su mano y tragué espesamente.

Se arrancó la toalla ahí frente a mí y yo estaba peleando con mis ojos para que se quedaran pegados a la página. Vi que el cabrón estaba sonriendo cuando terminó de subirse la ropa interior.

-¿Te diviertes o qué?-pregunté y soltó una carcajada.

-Sólo un poco-respondió.

Entró al baño y dejó la toalla ahí colgada, luego volvió y se subió a la esponjosa cama. Me quitó el libro de entre las manos y lo dejó en el buró.

-Acurrucarse no involucra libros-dijo simplemente y me jaló a sus brazos. Mi cabeza cayó fuertemente en la almohada.

-Idiota-reclamé y él sólo se rió.

Permanecimos unos minutos en silencio mientras me armaba de valor. Edward estaba acariciando mi cabello y mantenía su mano colocada fuertemente en mi espalda. Envolví mi brazo alrededor de él y olfateé el olor de su jabón masculino por todo su pecho.

-Quiero decirte algo-murmuré y cerré fuertemente los ojos. Jesús. Estaba nerviosa.

-Dime-respondió con voz ronca y su pecho retumbó.

Alcé la cabeza para mirarlo y el hundió la barbilla alejándose un poco para mirarme también.

Esperaba que mi voz sonara firme y no como la de un puto ganso porque eso sentía en la garganta.

Tragué, intenté abrir la boca pero no se movió. Carajo.

-¿Qué pasa?-preguntó de vuelta y me sacudió un poco.

-Quiero un bebé-solté finalmente. El pulso se me aceleró.

Miré fijamente a Edward. Se había quedado en blanco. Había movido mi mano a su pecho y noté fácilmente que su corazón también se había puesto loco.

-Oh…-musitó.

¿Oh? ¿En serio? Iba a matarlo.

-¿Oh?-pregunté. Me alcé en un codo y me alejé de él-¿Qué quiere decir eso?

-¿Oh?-volvió a musitar. Iba a darle un golpe en la frente cuando carraspeó y finalmente se recompuso-¿un bebé?

Asentí con la cabeza.

-¿No crees que ya es tiempo? Ya son tres años de matrimonio y ¡ya voy a cumplir 31! Faltan como tres semanas ¡Me estoy haciendo vieja!

-No creo que estés vieja…-comenzó, lo miré feo-a mí me gustan las de casi 31-sonrió.

Rodé los ojos.

-Pero quiero más hijos… así que sip ¡ya estoy vieja!

-Bella…-suspiró. Ay no-¿en verdad quieres un bebé?

-¡Sí!-asentí-y quiero que tenga hermanos… así que quiero tres.

-¿Tres?-tragó fuertemente.

-Sí ¿tú quieres hijos? ¿Cuántos quieres?-lo bombardeé.

-¿Tres?-sonó más como pregunta. Estaba comenzando a creer lo que Renesmee dijo. Edward lo estaba haciendo porque yo quería tres hijos.

-¿Seguro?

-Sí-dijo con voz temblorosa.

-Creo que tú no quieres hijos aún.

-¡No!-se apresuró a decir-si quiero. Si tú quieres, entonces yo también.

-Pero deberíamos llegar a un acuerdo…

-Pero ambos queremos un bebé ¿cierto?-asentí ligeramente-¡ahí está!

Lo miré con los ojos entrecerrados.

-OoOo-

Me removí tanto como podía en la cama y abrí los ojos un momento. La habitación estaba en penumbras y Edward estaba dormido a mi lado. Me estaba dando la espalda pero sus piernas estaban enroscadas con las mías. Suspiré y giré la cabeza, volví a cerrar los ojos.

Fue imposible volver a dormir.

Una contracción hizo que abriera los ojos de golpe y me pusiera alerta. Había dolido como el infierno. La siguiente fue más fuerte, como si tuviera los cólicos de tres mujeres dentro de mí.

Siseé y me apoyé en mis codos para levantarme lentamente.

Era hora.

Un escalofrío me recorrió la espalda al pensarlo. Era obvio que un chico iba a salir de mí en las próximas horas. Diosito, tenía miedo.

Renesmee ya había expulsado a Chelsea tres días antes así que sip, ¡teníamos una ganadora! Tyler se abriría paso entre mis piernas y conocería el mundo.

Otro dolor, inicio como una chispa y se extendió por toda mi pelvis y mi cintura.

Oh, carajo.

Me giré a Edward y lo agité por el hombro.

-¿Mhhmm?-despertó lentamente. ¿¡Por qué carajos no se movía!? Se supone que si sabes que ya son nueve meses y tu esposa te despierta asustada en la noche es porque ¡el mocoso ya va a salir! No porque quieres pizza o algo por el estilo. Idiota.

-¡Despierta, idiota!-le golpeé la espalda-¡tenemos que ir al hospital!

Finalmente abrió los ojos y se giró.

-¿Estás jodidamente bromeando, cierto?-preguntó y miró el reloj-¡son las 2:12 de la madrugada! ¿En serio?

Un dolor nació y pareció que el bebé estaba practicando sus vueltas de porrista.

-¡Agh!-gemí y le sujeté la camisa fuertemente-¡es jodidamente enserio!

Algo divino hizo que Edward saltara de la cama y fuera a encender la luz.

-¿Por qué no espera a que sea de mañana?-rezongó mientras tomaba rápidamente la ropa que iba a usar. Tomó el cambio que estaba listo para mí y me lo pasó.

-¡Voy a preguntarle!-chillé molesta-¡oh, espera! Ni siquiera habla. Lo enviaré al buzón de quejas y sugerencias.

Edward resopló mientras se vestía. Me vestí lo más rápido que pude considerando que quería arrastrarme del dolor y que tenía una panza tan grande como China que me impedía ver mis propios pies. Edward se arrodilló y comenzó a abrocharme los tenis, una vez que él había terminado de adecentarse.

-¿Te duele ahora?-preguntó.

-No-respondí-carga el auto con sus cosas-le dije. Asintió y salió pitando de la habitación.

El pequeño y generoso Tyler, por ahora, dejó que me lavara la cara y me cepillara el cabello. El chico también se portó bien cuando hice pipí.

Eché los celulares y los cargadores en el bolso que llevaríamos. Esperaba que el jodido Edward hubiera puesto todo lo que le pedí.

El vino por mí y tomó la pesada bolsa con toda mi ropa dentro. Luego me tomó la mano y apagué la luz de la habitación cuando salimos.

El asunto había estado controlando pero cuando bajé el primer escalón, otra contracción vino y fue la más fuerte de las que había tenido. Bufé del dolor y me mordí la boca.

-¿Puedes hacerlo?-meneé la cabeza mientras seguía sintiendo el dolor.

En un movimiento rápido y sin que me lo esperara, Edward pasó un brazo por mis piernas y me cargó como a un bebé.

-¡¿Estás loco?!-siseé como pude.

-Si me dejas una hernia será tu culpa-murmuró y lo golpeé en la espalda.

Bajó las escaleras lentamente y me ayudó a entrar al auto.

-OoOo-

-¿Quién es la cosita más hermosa del mundo?-Renesmee estaba, literalmente, sobre mi hijo. Estaba hablando con voz infantil y haciéndole cosquillas. Comenzaba a darme miedo.

Tyler estaba acostado en la cama y Nessie lo mantenía quieto entre sus brazos. Ella estaba echada de panza.

Por mi parte, yo estaba sosteniendo a la bolita con mejillas regordetas que era Chelsea.

Ella era un amor. Nada que ver con ninguno de sus padres. Emmett comenzó a bromear diciendo que la habían cambiado en los cuneros.

Afortunadamente, los dos pequeños habían nacido sanos y jodidamente fuertes y Seattle nos estaba brindando un buen clima el día de hoy, así que decidimos invitar a los chicos a nuestra casa.

Nessie y yo conocimos a nuestros hijos al mismo tiempo. Ella vino a mi habitación una vez que Tyler salió de mí, después de todo el papeleo y Tyler siendo arrebatado de mis brazos para hacerle el chequeo reglamentario, me lo trajeron de vuelta. Renesmee venía en una silla de ruedas simplemente porque le parecía divertido, creo que el enfermero se enamoró un poco de ella y por eso le trajo la silla, así que ella entró y cambiamos de bebés.

Edward sostuvo a Chelsea y se fue a la esquina de la habitación, dándonos la espalda. Mientras nosotras veíamos a Tyler, escuchamos que él le estaba diciendo algo a esa niña y después ella comenzó a hacer ruiditos que parecían risas. Edward dijo que le iba a dar una buena mesada.

Es inicios de Junio y Tyler y Chelsea ya tenían tres semanas de nacidos y David─ el hijo de Jasper y Alice─ ya había cumplido un año en marzo.

Nessie y yo estábamos con los dos pequeños en mi habitación. Los chicos fueron a comprar comida mientras Alice y Rosalie estaban haciendo una limonada y quien sabe que más.

-¿Cómo les va en las noches?-preguntó Nessie sin dejar de acariciar la pancita de Tyler. Comenzó a hacerle caras y Tyler gorjeó contento.

Chelsea estaba demasiado tranquila en mis brazos, descansando los ojos tal vez porque los mantenía cerrados peo seguía moviéndose un poco.

-Bien. Tyler duerme por la noche. El experimento si funciono-le sonreí a Ness. Ella me miró haciendo una mueca.

-Debí haberte obedecido. Chelsea me despierta un montón.

-Lo siento-musité y miré a Chelsea.

Le dije a Ness que la mantuviera despierta en el día mientras la traía adentro y por la noche la chica iba a dormir y así sería más sencillo cuando naciera, pero no me hizo caso.

Por mi parte, yo le hablaba a Tyler durante el día, le leía y le ponía música, a veces me daba palmaditas para mantenerlo despierto. Por la tarde, dejaba de hablarle y lo ignoraba un poco para que durmiera. Eso se prolongaba hasta la noche y en la mañana siguiente ya estaba moviéndose.

Renée me dijo que los bebés tenían el reloj "volteado" por eso era bueno acostumbrarlos a estar despiertos durante el día para que supieran que en la noche tenían que dormir. No sabía si eso era un montón de mierda o no pero a mí me había funcionado.

-¿Estás feliz?-le pregunté-de que esto hubiera salido como querías

-Sí-me sonrió-Chels no estará sola. ¿Crees que sean novio y novia algún día?

Hice una mueca.

-Eso sería raro. Sería como besar a tu prima.

Nessie también hizo una mueca.

-Escuché que Rosalie quiere embarazarse-dijo Nessie en un susurro. Chelsea se removió inquieta entre mis brazos y apachurró la cara.

-¿Cuándo? Creo que te quiere a ti-Ness se sentó y la tomó.

Tomé a Tyler y me sonrió cuando le di un beso en su regordeta mejilla. Soltó un gorjeo.

-Escuché que se lo dijo a Alice. Esas perras están hablando entre ellas mucho. Ya nos dejaron de lado.

Me reí.

-Tú tienes la culpa por tu gran idea de emparejar los embarazos.

-Víboras envidiosas.

Volví a reírme y cuando escuchamos que los chicos habían llegado, salimos de la habitación.

Ellos estaban dejando las cosas en el comedor y nosotras entramos a la cocina. Alice y Rosalie estaban preparando los platos y vasos.

-¡Hola, bebé!-Rose dijo tiernamente y me quitó a Tyler de los brazos. Tyler era demasiado cómodo con todos y no lloraba cuando lo tomaban, siempre les sonreía y soltaba soniditos de júbilo.

-Te digo Swan…-comenzó Rose-¿no te dije en la universidad que tendríamos a un mini Edward corriendo por ahí?-sonrió-¡míralo, es igualito!-medio susurró medio gritó. Sonreí.

-No es igualito pero tiene sus ojos.

-¡Y su cabello! Estoy seguro que esto no se va a aplacar ni con mocos

La miré divertida.

-Su cabello es café-le acaricié el cabello a Tyler.

-¡Pero es igual de desastroso!-se defendió.

-Lo dejaré por la paz, ¿de acuerdo?

-¡De acuerdo!-me ignoró y se quedó con el bebé. Nessie y Alice estaban haciendo reír a Chelsea con ayuda de una zanahoria. Rodé los ojos.

-Quiero un bebé-Rosalie me dijo bajito-pero tengo miedo.

-Tenlo. Si no tienes miedo significa que no vale la pena. ¡Es genial!

-Pero no quiero perder mi figura-señaló-ustedes fueron afortunadas y quedaron flacas… ¡pero yo! Tengo miedo.

-Seguramente también quedarás delgada. Intenta con el ejercicio. A los bebés les gusta el ejercicio… yo creo-me miró feo-si haces ejercicio mientras estés embarazada y no comes tanta basura, una vez que nazca será más fácil volver a tu peso.

Tyler soltó un gorjeo entre nosotras.

-¡Entonces voy a embarazarme!-medio chilló. Alice y Nessie nos miraron rápidamente. Rose les sonrió.

Ellos entraron a la cocina haciendo escándalo, como siempre. Nos dimos La Mirada.

Definitivamente hacía falta Kate pero ella y Garret vivían en Texas. Demasiado lejos para Seattle.

Emmett golpeó en la cabeza a Alice y a Nessie con la zanahoria y le dio una mordida. Chelsea se rió.

-Te digo que esa niña fue descaradamente cambiada. No me sorprendería si los arrestan-luego se la quitó a Nessie de los brazos e intentó darle zanahoria.

-¿Los bebés no pueden comer zanahoria o qué?-preguntó. Lo ignoramos por nuestra propia salud mental. Lo aprendimos con el tiempo.

-Dame a mi hijo, Rubia-Edward tomó a Tyler de los brazos y Rosalie se lo tendió sonriente. Creo que Rosalie estaba enamorada de los bebés, tal vez tenía un kínder completo.

Tyler soltó otro gorjeo y aprisionó el gran dedo de Edward entre su pequeña manita. Sonreí.

El resto tomó las cosas faltantes de la encimera y salieron al comedor.

-Te ves feliz-le susurré y picoteé la mejilla de Tyler. El chico se removió.

-Estoy feliz. Tú me haces feliz, Hamlet-me besó en los labios dulcemente. Tyler gorjeó.

-OoOo-

Rosalie quedó embarazada en julio. Nos llamó a todas al mismo tiempo y chilló por el teléfono: "¡Tengo un embrión dentro de mí! ¡Que se entere hasta el puto presidente!" Yo estaba muy contenta por ella, demasiado. Era genial ver como ella y Emmett habían sido jodidamente perseverantes con su relación a pesar del montón de discusiones que tenían siempre y verla emocionada y escucharla llorar por eso era malditamente hermoso. Rosalie era de puto acero y ver que si tenía lágrimas era lindo. Ella y Emmett fueron los últimos en casarse. Todos creíamos que Jake y Renesmee serían los primeros pero Alice nos sorprendió con su anillo antes, se casaron a los veintiséis y les siguieron Jake y Miss King Fu con veintisiete. Entonces Edward y yo a los veintiocho, creímos que nosotros seríamos los últimos por obvias y tristes razones que eran mejor no recordarse.

Ese día, Edward llegaba temprano a casa y apagué el ordenador cuando ya era hora. Miré a Tyler. Él estaba en su moisés a mi lado y me miraba intensamente.

-¿Tú qué?-le pregunté y me sonrió. Le devolví el gesto y me incliné para tomarlo-realmente estoy agradecida de que estuvieras tranquilo esta vez. Realmente necesitaba terminar ese cuestionario-le besé la mejilla.

Edward y yo habíamos acordado que yo dejaría de trabajar mientras cuidaba a los niños. Queríamos tres y que llevaran dos años de diferencia cada uno, así que al menos uno siempre necesitaría de mí. Eran chicos planeados y quisimos que nacieran en mayo. Se suponía que en agosto del año próximo estaríamos maquilando al siguiente.

Aunque no había dejado de trabajar realmente. Era profesora en línea y me iba bastante bien, además a Edward le habían dado un aumento y estábamos perfectamente bien.

Escuché la puerta del garaje abrirse y salí del estudio.

-¡Papi ya llegó!-agité a Tyler en mis brazos y volvió a soltar una risita. Edward entró a la casa y después de dejar su maletín en el mesón caminó hacia nosotros-¡dile "hola" a papi, Tyler!-Tyler agitó el brazo, sin decir "hola" en realidad y abrió la boca. Ese chico amaba a Edward.

-Hola, chico-Edward lo tomó y lo sujetó con un brazo. Le besó la mejilla-Hola, Hamlet-unió brevemente sus labios a los míos-¿cómo fue el día?

-Bien. Él ha estado tranquilo… ¡adivina que!

Me estaba muriendo de ganas por decírselo. Sería interesante ver su reacción.

-¿Qué?-me sonrió sin dejar de jugar con la manita del bebé.

-¡Rose está embarazada!

Se quedó en blanco.

-¿Qué?

-¡Embarazada! Rose…

-Tengo que llamarla-dijo simplemente y sacó su teléfono.

-Ponlo en altavoz-pedí.

-Si-el timbre sonó.

-¡Miss Bellum! ¿Cómo estás?-saludó alegre. Edward me miró asustado.

-¡Dios! Usualmente me recibes con un "¿qué quieres?" jodidamente grosero.

-Simplemente estoy feliz porque…

-¡Sí, sí, ya lo sé!-Edward la cortó.

-¡Lo sabes!-Rubia chilló. Edward hizo una mueca. Me reí en silencio.

-Sólo tengo una pregunta.

-¿Cuál?

-¿Qué harás cuando los malditos vestidos no te queden?

-¡Cierra el puto hocico, Edward!-chilló enojada.

Él y yo nos reímos. Tyler gorjeó.

Rosalie se la pasó en una burbuja en todo su embarazo. Jodidamente contenta y comprando un montón de cosas. Emmett dijo que la envidiosa de Alice quiso hacerle competencia cuando se embarazó otra vez en septiembre.

Leah, la bebé de Rose, nació en abril. Un poco antes de que Tyler y Chelsea cumplieran un año. David ya tenía dos años.

Entonces Taylor, la chica de Alice nació en Junio.

Sin pensarlo y en un parpadeo nos llenamos de bebés por todos lados. Ahora todos teníamos al menos uno. David era el único que tenía ya una hermana.

Finalmente era agosto, lo que significaba que era hora de comenzar con la tarea de darle un hermano o hermana a Tyler.

Esa noche, Edward ya había acostado a Tyler y yo estaba cepillándome los dientes cuando él entró a la habitación y cerró la puerta.

-Ya quiero que diga su primera palabra-Edward se detuvo en la puerta del baño y me enjuagué la boca.

-Confórmate con que ya balbucea-le dije y me miró feo.

-Pues yo ya quiero que hable

-Uy, que mandón-lo quité de en medio con un golpe-tal vez en cualquier momento la dice. ¿Qué pasa si tú no estás cuando pasa?-lo miré.

-Pues lo obligas a que lo diga otra vez y lo grabas y lo envías, aunque esperemos que esté aquí… por cierto… ¿qué mes es? ¡Oh, sí! Agosto. Comencemos, Isabella.

Se sacó la playera jalándola del cuello trasero. Me reí y me crucé de brazos.

-Estás un poco impaciente con todo ¿no crees?

-Impaciente es mi segundo nombre-murmuró y se acercó. Le sonreí.

-Primero apaga la luz

-¿Por qué?-me miró sin comprender.

-La luz es molesta. Es mejor con las lámparas-encendí la que estaba sobre el buró y rodó los ojos.

Edward me tiró a la cama cuando volvió.

-Ahora sí, amor. Hagamos un bebé-me besó los labios brevemente y me sacó la blusa.

Envolví mis piernas alrededor de su cintura y acaricié su cabello mientras me perdía en sus labios. Edward estaba a punto de desabrochar mi sostén cuando el monitor de Tyler comenzó a parpadear, luego escuchamos sus balbuceos.

-da… ba… ¡mehhhr!-chilló como un becerro. Me reí porque eso fue gracioso. Edward gruñó contra mi cuello.

-Si sigue haciendo eso juro que lo voy a llevar al doctor para ver si no es un jodido becerro-Edward dijo alejándose y poniéndose de pie.

Me reí otra vez.

-¡Mehhhr!-Tyler enfatizó la charla. Edward soltó una risita.

-Se suponía que ya estaba dormido-salió de la habitación. Me levanté y me puse la blusa de nuevo. Sí, Tyler era molesto algunas veces.

-Vamos chico. No seas envidioso. Estamos tratando de hacerte un hermano-escuché por el monitor que Edward le decía.

Rodé los ojos divertida.

Edward entró a la habitación. Tyler me sonrió y estiró los brazos cuando me vio.

-Te quiere a ti, amor-Edward me dijo y me lo tendió, luego envolvió un brazo alrededor de mis hombros. Le sonreí al pequeño.

-¡Amor!-Tyler saltó en mis brazos. Edward y yo nos congelamos. ¿¡Esto en realidad estaba pasando!?

-Pasó, ¿cierto?-Edward preguntó con voz temblorosa y lo miré asombrada. Asentí aún sorprendida-¡Joder! Valió la pena la interrupción-su voz estaba toda temblorosa y yo no podía hablar.

-¡Amor!-Tyler saltó otra vez, como queriendo llamar la atención. Lo miramos sonrientes-¡amor!-chilló sonriente.

-¡Sí, bebé!-Edward le sonrió.

-¡Dilo otra vez!-chillé y lo agité un poco. Tyler se quedó ahí sólo mirándonos sonriente. Edward le dio un beso en la frente y yo lo abracé fuertemente.

-¡Amor!-saltó de repente. Yo seguía un poco en shock pero estaba jodidamente contenta y eufórica. Su primera palabra y era una buena primera palabra. Edward y yo nos la pasábamos diciéndola y también se la decíamos a él. No fue "mamá" o "papá" pero era mejor a que dijera "joder".

Miré a Edward y él se movió rápidamente sin dejarme verlo realmente y nos abrazó. Suspiró y me alejé un poco de él, logré verlo.

-¡Estás llorando!-señalé sonriente. Tyler seguía saltando y sonriendo entre nosotros.

-Carajo, sí-Edward se pasó una mano por la mejilla y se limpió el rastro de lágrimas. Sonreí y los besé.

Esa noche, Tyler durmió con nosotros y postergamos el acuerdo para después.

No lo postergamos mucho porque para mayo del año siguiente, Liam estaba naciendo. Nessie también se embarazó en febrero, tres meses antes de que mi chico naciera.

Liam llegó al mundo con un grito y llanto feroz nada contento de que lo sacaran de su comodidad, tres días después de que Tyler cumpliera dos años.

Edward estaba en el buffet cuando las contracciones iniciaron. Alice y Nessie estaban conmigo, eso era lo mismo que decir que Chelsea, David, Taylor y la pequeña que se estaba maquilando dentro de Nessie también estaban ahí.

Edward ya no quería que estuviera sola porque en cualquier momento el bebé llegaría, además, a mí también me daba un poco de miedo.

Todos a excepción de Tyler estaban en el jardín. Mi lindo chico parlanchín estaba jugando en el piso, a mí lado. Yo había comenzado a ver la televisión cuando sentí el primer dolor.

-¡Ouch, vamos!-le hablé al bebé. Tyler me miró rápidamente-es mi película favorita ¿no puedes esperar a que termine?

Al parecer, Liam había aceptado el acuerdo pero supe que no cuando otro dolor más fuerte se apoderó hasta de mis muslos.

-¡Oh, eso es un no!-me erguí y miré a Tyler-Tyler, amor, ven aquí.

Él se puso de pie tambaleante y caminó de igual forma. Al parecer, le parecía más sencillo tratar de esquivar todos sus juguetes que caminar cinco centímetros hacia la derecha y tener el campo libre. Sonreí a pesar del dolor físico que Liam me estaba propinando. Sospechaba que ese chico no sería tan tranquilo como Tyler. Tyler era así porque era la copia de Edward pero todos creíamos que Liam sería mi copia, mezclada con Nessie o Rose. Ese chico iba a ser un cabrón.

-Dame eso-le señalé mi celular en la mesa de centro y él lo tomó entre sus pequeñas manitas. Seleccione el número de Edward y el teléfono se cayó al piso cuando una contracción jodidamente fuerte me atravesó hasta la columna. Tyler tomó el teléfono cuando escuchó el timbre.

-Dile que el bebé ya viene y que duele un montón-dije entre dientes y cerré los puños. Edward contestó.

-Hola, amor.

-¡Papi!-Tyler respondió sonriente completamente ajeno a mí dolor.

-Hola, Tyler ¿dónde está mami?

-Le duele-informó con su voz dulce-el bebé.

-Oh, Dios-Edward resopló

-Edward duele un chingo-jadeé-no puedo…hablar-enterré las uñas en el sofá.

-¿Mami?-Tyler preguntó asustado-¿papi?

-Voy al hospital-Edward contestó-va a estar bien, Bells. Estaré contigo.

-Por favor-me retorcí del dolor-te amo

-Yo también te amo. ¿Dónde están ellas?

-Jardín-respondí en un siseó-Edward… no puedo-un sollozo se escapó de mi garganta.

-¡Mami!-Tyler chilló asustado y lágrimas cayeron por sus mejillas.

-No… llores, bebé. Ven-jalé a Tyler y lo coloqué en mi regazo-apresúrate, Edward.

-Sí y sí puedes.

Colgó. Arrojé el teléfono a un lado.

Mientras trataba de tranquilizar a Tyler y soportar el dolor, les grité a las chicas.

-¡Alice, Ness!-ellas vinieron corriendo con un montón de niños en sus brazos.

-¡Oh por Dios!-Alice chilló y corrió escaleras arriba.

-Prepararé la camioneta-Nessie finalizó y asentí distraídamente.

-¿Mami estás bien?-Tyler preguntó.

-Sí, bebé. Mami está perfecta-mentí y él dejó de llorar un poco.

Alice bajó las escaleras corriendo. Llevaba los bolsos en sus hombros y tomó mi celular. Apagó la televisión y se encargó de cerrar las puertas. La chica podía ser rápida.

David, Chelsea, Taylor y Tyler me miraban asustados. ¡Dios! Ahora estaba asustando a un kínder entero.

Nessie aún no volvía y me estaba volviendo loca. Abracé fuertemente a Tyler tratando de concentrarme en otra cosa que no fuera el dolor.

Nessie sacó a David y a Chelsea debajo de sus brazos y después de un momento volvió por Taylor y Tyler pero Tyler no quería despegarse de mí.

-Está bien-asentí y me ayudó a ponerme de pie. Me tambaleé.

-¡Vamos, Bells! Eres de puto acero, tú puedes-me alentó con un gruñido y finalmente estuvimos dentro de su camioneta.

Nessie condujo como loca. Estaba tratando de tranquilizarme con los niños pero eso no quería decir que el dolor se fuera.

-¿Tía Bella?-Chelsea preguntó. Tyler la miró y entrelazaron sus manos fuertemente. Sonreí.

-Tía Bella está bien, chica-respondí.

-¡Llegamos!-Nessie chilló-Alice quédate aquí. Yo entraré con ella.

Tyler comenzó a llorar cuando bajé del auto y él no venía conmigo. Me incliné tanto como pude.

-Mami volverá. Sólo un momento… estarás bien-le besé la frente.

-¿Tú?-al parecer el chico estaba más preocupado por mí que por él. Sip, era Edward.

-Perfecta-le sonreí-promete que no llorarás.

Asintió con la cabeza y besé ligeramente sus labios. Ness me ayudó a entrar.

-Esta va porque eres mi amiga y eres malditamente fuerte. No llores, bebé-me besó la mejilla.

Recién me habían designado una habitación cuando Edward llegó. Nessie se fue con los niños.

Edward me sujetó la mano y nunca la soltó.

-OoOo-

La chica de Nessie nació en noviembre y se llamó Elizabeth. Rose y Emmett tuvieron a su último hijo, Anthony y apenas cinco meses después de que Elizabeth naciera, Nessie se embarazó de vuelta y en enero del siguiente año dio a luz a Michael, su primer y único chico.

Edward estaba empeñado en tener una chica, su Maia. Finalmente, su sueño se hizo realidad cuando la ginecóloga dijo que era una linda niña.

Edward y yo decidimos reunir a la familia en nuestra casa, no simplemente por el embarazo, sino porque ya era tiempo.

Charlie y Carmen vinieron desde Forks y la estadía "temporal" de Renée en Seattle se convirtió en permanente. Esme y Carlisle querían estar cerca de sus nietos y se mudaron a Seattle un año después de que Edward y yo nos casáramos pero aún conservaban la casa en Chicago. Los hermanos de Edward, Jane y Alec, también vivían aquí juntos. Jane se la pasaba quejándose de la puerta giratoria de la habitación de Alec. Edward estaba muy orgulloso de él.

Así que todos estaban aquí y los niños estaban como locos porque tenían a muchos hombres para que los cargaran y los hicieran volar como aviones.

Al parecer, Chelsea y Leah no se llevaban muy bien. Chelsea era todo golpes y computadoras─ Emmett ya había quedado convencido de que en realidad era hija de Jake y Ness─ y Leah era toda uñas y ropa, como Rosalie.

Edward le reclamaba a Rose seguido por haberla convertido en una bebé materialista. Rose lo golpeaba en la nuca.

Entonces, Chelsea dejó a Leah sola y se fue con Tyler. Chelsea y Tyler eran inseparables y Nessie estaba bastante contenta con eso.

Leah y Taylor parecían llevarse un poco mejor, como no, si eran hijas de Rose y Alice y Rose y Alice eran todo uñas y ropa, aunque Taylor era menos… materialista que Leah.

Elizabeth y Michael, los Súper Hermanos Wolfe-Black, molestaban a Anthony y le robaban sus juguetes. Emmett estaba un poco decepcionado de que su hijo no pudiera defenderse así que intentó enseñarle un poco de Kick Boxing. El chico tenía un año, no hace falta decir que se cayó y sangró un poco. Rosalie golpeó a Emmett por eso y Edward y Jasper se rieron fuertemente de él.

Pero algo emocionante pasó mucho antes de que todo el mundo llegara a casa. Bueno, no todos, porque las chicas habían venido temprano para ayudarme a cocinar. Edward estaba en el trabajo. A veces él trabajaba los sábados, cuando los juicios eran establecidos para ese día. Ahora, Edward estaba lidiando con un profesor pedófilo.

En fin, Alice y Rosalie decidieron quedarse en casa para avanzar con los postres y cuidar a los niños, mientras Nessie y yo íbamos al supermercado a comprar algunas cosas que faltaban para la comida. Tyler al inicio no quiso acompañarnos y se quedó ahí sentadito en el piso jugando con Chelsea, (ellos eran una buena pareja de juegos. Tyler traía sus cochecitos y sus soldados y Chelsea traía sus Barbies. Los soldados de Tyler eran constantemente asaltados por Barbies cachondas, pero eso era mejor que Barbies lesbianas o soldados gays) pero Chelsea se levantó y lo dejó ahí solo diciendo que ella si quería ir. Cuando Tyler la escuchó, rápidamente se le unió.

Ellos también jugaban… entre ellos, por así decirlo. Chelsea traía su bebé muñeco y su juego de té y Tyler se escabullía a nuestra habitación y robaba las corbatas de Edward. La primera vez que lo vi me asusté porque creí que la iba a atar pero luego pensé que sólo eran niños y aún no sabían que era el sadomasoquismo. Entonces, él movía las sillas del comedor y se metían debajo de la mesa fingiendo que era su casa. La silla con ruedas que Edward tenía en el estudio servía de puerta.

Una vez, Edward llegó a casa cuando Chelsea estaba aquí. Nessie tuvo que ir al doctor porque estaba enferma y me ofrecí a cuidarla. Cuando vio a lo que jugaban se estremeció.

-Te juro, Swan, que si esos chicos tienen sexo en algún momento yo mismo me encargaré de arruinar su relación. No quiero mezclar los genes de Wolfe con los míos, gracias.

Yo sólo me reí y lo golpeé en la espalda.

Pero, volviendo al tema…

Nessie sujetó a los niños en los asientos traseros y yo entré al auto con mi gran panza de siete meses.

Cuando llegamos al supermercado rápidamente iniciamos con las compras y no nos detuvimos a bobear por ahí. Nessie había sujetado a los chicos con una correa y la ató alrededor de su cadera. Me reí al verlos. Ellos eran tan tiernos, tratando de alejarse y siendo jalados por ella. Estábamos en el pasillo de las especias y Nessie era la encargada de inclinarse.

-¿Dónde está esa cabrona?-murmuró-¡¿Por qué no hay pimienta?!-refunfuñó. Me giré para ayudarla a buscar y escuchamos un carrito que se acercaba.

-¿Bella Swan?-alguien preguntó. Mi cerebro rápidamente arrojó la respuesta. Era la voz más molesta del mundo, la voz por la que pagaría para que fuera eliminada. Nessie me miró, sus ojos eran rendijas. Me giré y ella se levantó.

-¡La encontré!-Nessie anunció y arrojó al carro la pimienta.

-¡Bella Swan!-la mujer dijo con voz sorprendida, queriendo ser amable. Gianna.

-¿Qué quieres, puta?-ladré. Nessie rechinó los dientes a mi lado. Gianna alzó las cejas sorprendida.

-Que grosera, yo sólo te estaba saludando-se cruzó de brazos. Nessie sacó su teléfono y comenzó a picar botones, esperaba que llamara a la policía.

-Yo también-respondí. Tyler y Chelsea estaban atrás, lo más alejados posible que la correa les permitía.

Gianna resopló y miró a Nessie.

-Wolfe-espetó.

-No me mires-Nessie la miró feo y Gianna desvió la vista. Me miró otra vez.

-¿Y tú qué?-me preguntó-¿estás gorda o embarazada?

-A ti que te importa-rezongué-¡oh, por cierto! Quería decirte que lo de entrar a su habitación y devolverme mis cosas no te funcionó, idiota-mentí descaradamente-debiste haber hecho algo mejor.

-¿Qué?-murmuró

-Edward y yo volvimos, ¿no tuviste una idea mejor para evitarlo?

Gianna rechinó los dientes y me miró con desdén de los pies a la cabeza. Le devolví la mirada y miré sus pechos intensamente. Ahora recordaba lo de Tetitas.

-¿Qué me estás viendo?-lanzó su veneno con voz cortante.

-Tus pechos-contesté sinceramente. Nessie se estaba ahogando de risa a mi lado.

-¡Jodida lesbiana!-Gianna chilló sorprendida.

-No, en absoluto. Simplemente estaba recordando un viejo chiste.

-¿De qué carajos estás hablando?-alzó una ceja.

-Oh, ¿Edward nunca te lo dijo? Él te llamaba Tetitas porque tus pechos eran olímpicamente desproporcionales, lo siguen siendo.

-¡Perra!-espetó y empujó fuertemente su carrito contra el mío. Lo detuve antes de que me golpeara en la panza-estás celosa de que haya sumergido su rostro entre ellos.

Nessie silbó sorprendida. Gianna la miró feo.

-¡Ugh, no!-no iba a mentir y decir que su jodido comentario no había hecho que la sangre me hirviera. Quería tomarla del cabello y azotar su horrible rostro contra la estantería-porque recuerda que también lo hizo en los míos y yo era su novia. Oh… y el chico sigue haciéndolo.

-¿Qué?-murmuró confundida. El gritito de Chelsea hizo que nos giráramos para ver que estaba ocurriendo. Tyler se reía de ella porque la correa le había impedido ir más lejos. La chica estaba tirada en el piso, sobre su trasero.

-¡Mira, Mami!-Tyler me tomó la mano y agitó mi brazo para llamar mi atención. Chelsea se estaba poniendo de pie.

-Sí, bebé. Lo vi todo-le respondí. Tyler tomó la mano de Chelsea y se acercaron aún más.

Gianna estaba viendo fijamente a Tyler y cuando la miré, ella alzó la mirada. Me arrojó ponzoña por sus ojos y apretó la mandíbula.

-Sí, son igualitos ¿verdad?-le pregunté.

Nessie ahora ya había comenzado a reírse.

-Ahora quítate de mi camino, perra-golpeé fuertemente su carrito y comencé a caminar. Tyler iba enroscado en mi pierna.

-¡Eso fue asombroso, Swan!-Nessie medio gritó medio susurró. Me reí entre dientes.

-Todavía quiero golpearla.

Renesmee se rió.

-Lo grabé todo… ¿crees que Alice y a Rose les importe?

-Envíalo-le sonreí y me dio una palmadita en la espalda.

Cuando salimos del supermercado, Renesmee empujó el carrito hasta la camioneta. Tyler y Chelsea seguían amarrados. Nessie se distrajo con los chicos y no vio lo que pasó. Ellos seguían caminando hacia la camioneta y yo me giré hacia Gianna. Esa zorra estaba terminando de acomodar los víveres en su auto fingiendo que no sabía que yo me acercaba y fingiendo también no haberme golpeado con el carrito en la panza.

Lo había arrojado justamente cuando yo iba a pasar y no pude prevenir el golpe. Me golpeó en un costado del vientre.

-Deberías tener más cuidado, zorra-espeté.

-¿Cuidado con qué?-preguntó inocente. Vi rojo.

-Me golpeaste a propósito así que yo también lo voy a hacer…

Saqué mis brazos y la empujé fuertemente, cayó dentro del auto, aplastando las bolsas. Alguien venía corriendo hacia mí.

-¡Hey!-Nessie me jaló del brazo. Gianna ya se estaba levantando.

-Vámonos-jadeé.

Cuando subimos, Renesmee aceleró y Gianna gritó algo pero fue imposible escucharla. Ness estalló en carcajadas.

-¡Estoy orgullosa, Swan! Con todo y panza.

-¡Sí! Eso fue poco…-luego la realidad de los hechos me golpeó y miré el asiento trasero-eh, creo que los he traumatizado un poco.

Chelsea y Tyler nos estaban viendo con la boca abierta y estaban notablemente asustados.

-Estarán bien…dales una galleta-opinó.

Cuando llegamos a casa, Alice y Rose comenzaron a gritarme y a reírse de mí. Idiotas.

Nadie se metía con mi relación y nadie, nadie en el mundo que golpeara a mis pequeños iba a salir intacto.

-OoOo-

Otra cosa asombrosa sucedió cuando todo el mundo llegó a casa. Habíamos terminado de comer y Rose, Alice, Nessie, Jasper, Edward y yo estábamos sentados platicando cuando Tyler se acercó corriendo.

Todos los chicos andaban por ahí en el jardín jugando juntos. Esme, Carlisle, Renée, Charlie y Carmen estaban también platicando en otra mesa. Jake y Emmett estaban jugando y cuidando a los niños.

-¡Hey, má!-Tyler me golpeó en el brazo llamando mi atención.

-¿Qué pasa?-le sonreí y le revolví el cabello.

Edward estaba bebiendo de su cerveza cuando Tyler dio la noticia:

-¡Chelsea es mi novia!-sonrió. Edward comenzó a toser como poseso mientras se golpeaba el pecho. Oculté mi carcajada.

-¿En serio?-le pregunté también contenta.

Nessie estaba sonriendo pero miraba confundida a Edward.

-¡Sí! Se lo acabó de pedir.

Jasper le estaba dando palmadas a Edward en la espalda, completamente confundido.

-¡Es genial, bebé!-celebré.

-¡Sí!-luego se fue otra vez corriendo. Lo seguí con la mirada, alcanzó a Chelsea y se tomaron la mano.

Aww, eso era muy tierno. Tenían cuatro años y lo más romántico para ellos era tomarse la mano.

-¿Qué carajos te pasa?-Alice agitó a Edward desesperada. Edward reaccionó después de unos segundos. Me reí en su cara y me miró feo.

-¿Puedo saber por qué en el momento en que mencionó a Chelsea empezaste a morirte, idiota?-Nessie le preguntó con voz mordaz. Estaba segura que lo iba a golpear.

-Es que Chelsea…-Edward meneó la cabeza-no quiero mezclar mis genes con los tuyos, Wolfe. Qué asco.

Nessie cerró la mandíbula y rechinó los dientes.

-Deberías estar agradecido, así sus hijos no nacen con el jodido pelo de una zanahoria.

Rosalie echó la cabeza atrás y se rió como hiena. Edward chasqueó la lengua. Todos a excepción de Renesmee y él nos reímos.

-Te dije que tenías un pelo extraño… Miss Bellum-Rose resopló entre su risa.

-OoOo-

Finalmente, Maia nació. En mayo, naturalmente. Después de que Tyler cumplió los cuatro y Liam los dos.

También nos despertó en la madrugada. Esa noche, Edward y yo ya habíamos acostado a los niños y estábamos en nuestra habitación viendo televisión en un volumen bajo. Mis ojos se estaban cerrando perezosamente y Edward me tenía en un nivel de relajación extremo mientras rascaba mi cabello. Unos momentos después, un ligero y temeroso golpe en la puerta me sacó de mi ensoñación. Nos levantamos y Edward fue a abrir. Ahí estaban Tyler y Liam, arrastrando sus almohadas y sus peluches. La boca de Liam se abrió cuando soltó un bostezo. Estaba segura que Tyler lo había despertado.

-¿Qué pasa?-Edward les preguntó. Entonces, Tyler pellizcó a Liam en el brazo y él comenzó a llorar. Muy bien ensayado.

Me reí bajito y Edward me miró burlón.

Se inclinó a tomar a Liam entre sus brazos.

-Oh, no llores, bebé-fingió tragarse el cuento.

-Tal vez deberíamos dormir todos juntos para que se calme-dije y Tyler ocultó una sonrisa. Pequeño cabrón.

-Sí, yo diría que si-dijo como quien no quiere la cosa y entró. Se subió a la cama, entonces Edward y yo tuvimos que fingir dormir para que ellos lo hicieran.

-Buenas noches, amor-se inclinó y me besó en los labios.

-Buenas noches-le sonreí.

-Buenas noches, Maia-acarició mi vientre.

-No va a llamarse así-renegué.

-Puedes apostarlo-me guiñó un ojo y apagó la lámpara.

Tuve que dormir de lado, dándole la espalda a mis chicos─ a los tres─ porque los pequeños pateaban y golpeaban un montón. No iba a arriesgarme a que golpearan a Maia. La llamaba secretamente así, de todas formas, ni siquiera había pensado en un nombre. Edward podía cumplir su sueño.

En la madrugada, desperté por el dolor y ahogué un gemido. Me giré lentamente sobre mi espalda. Edward estaba cubriendo a los pequeños con sus brazos y su rostro era completamente pacifico. Los niños eran un enredo de piernas y brazos.

Eran tan tiernos, pero ahora no era momento de ser tierno.

Toqué el brazo de Edward y cerré los ojos cuando otro cólico cruzó hasta mi cintura.

-Edward…-lo llamé bajito y abrió los ojos lentamente.

-¿Es la bebé?-preguntó con voz ronca. Asentí con la cabeza y él se puso de pie. Al menos, no se había quedado acostadote como sucedió con Tyler.

Edward también ya había aprendido a manejar la situación y me ayudó a vestirme rápidamente y en silencio para no despertar a los niños. Él se vistió y cuando se estaba adecentando en el baño, una contracción vino y me dobló las rodillas. Edward alcanzó a sostenerme y mientras él preparaba el auto, me adecenté. Tuve un flashback del momento en que Tyler nació. Ahora yo estaba vistiendo algo similar a aquel entonces.

-El auto está listo-Edward dijo entrando a la habitación y tomó a los chicos en sus brazos. Tyler se removió y despertó.

-¿Pá?-musitó-¿a dónde vamos?

-Tú hermanita ya viene… vuelve a dormir, bebé-le respondió y salieron. Después de un momento, salí y fui hasta las escaleras. Los dolores no se habían calmado pero estaba segura que iba a poder bajar yo sola. Logré hacerlo hasta la mitad, Edward vino y me rescató.

Tyler y Liam seguían durmiendo en los asientos traseros del Volvo─ Edward seguía teniendo el mismo auto─ y él me tomó la mano.

-¿Crees poder hacerlo mientras vamos con Esme?-miró brevemente a los chicos.

-No lo sé…-resoplé y apreté fuertemente su mano.

-Va a estar bien-aseguró y salimos.

Esme y Carlisle ya estaban despiertos cuando llegamos. Tan pronto como escucharon el auto, salieron. Edward y Carlisle tomaron a mis hijos y los llevaron adentro.

Maia se estaba retorciendo dentro de mí y me mordí la mano para no gritar.

-Bella, respira, hija. Vas a estar bien-Esme me tomó la mano a través de la ventanilla. Asentí.

-¿Mis hijos?-ahí me di cuenta que había comenzado a delirar del dolor. Todo se estaba volviendo negro y aunque sabía que ellos los cuidarían, aun así pregunté.

-Estarán conmigo. No te preocupes por ellos. Ahora concéntrate en esta pequeña ¿sí?

Asentí en un resuello.

-Estaré contigo por la mañana-me besó en la frente sudorosa y me limpió el rostro.

Edward y Carlisle salieron de la casa. Carlisle me acarició el cabello y Edward arrancó.

Manejó como un poseso hasta llegar al hospital y me ayudó a bajar hasta urgencias.

Cuando llegué a mi habitación, estaba un poco más tranquila. Edward no se fue de mi lado y acercó una silla.

-¿Cómo estás?-preguntó cuándo quedamos solos en la habitación. Acomodó mi cabello y suspiré.

-Creo que bien-murmuré-¿qué hora es?

Sacó su teléfono del bolsillo y miró.

-3:48… ¿a qué hora crees que nazca? Ya quiero verla.

Sonreí.

-Seguramente hasta las diez u once…también quiero conocerla.

Él me miró por un momento y tomó mi mano justamente cuando otra contracción venía.

-Lo siento-logré musitar cuando pasó y besé los nudillos de Edward-aprovecha que estoy toda linda… en un par de horas voy a querer enterrarte el bisturí en los ojos.

Soltó una risita y me besó en la frente. Un toque en la puerta hizo que se alejara y una enfermera entró.

Llevaba una bata de hospital en sus manos y una almohada.

-Para tu cabeza… no van a poder dormir-sonrió y Edward me ayudó a levantarme un poco. La chica acomodó la almohada detrás de mí-voy a acomodar la camilla-avisó y presionó unos botones. Esa era una de mis partes favoritas de todo el parto. Era genial moverte en la cama. Dios, necesitaba madurar.

-Les dejaré esto aquí-palmeó la bata con la mano-con permiso.

-Gracias-Edward murmuró y ella le sonrió. Entrecerré los ojos. Pequeña perra. Creo que la agresividad del parto ya había comenzado.

Edward me ayudó a vestirme con la bata, me sentía desnuda, aunque en realidad estaba semidesnuda, era extraño.

Y así pasaron las horas. Las contracciones se estaban haciendo más dolorosas y la enfermera vino después de un rato. A pesar de que me estaba derritiendo del dolor la mantuve vigilada.

Metió la mano en donde no llegaba el sol y fui grosera y descaradamente dedeada.

No fue nada placentero.

-Cuatro centímetros-anunció-dime cuando quieras la epidural.

-Estoy bien-asentí.

-De acuerdo-sonrió y se fue.

Cuando dieron las 7:30 am, Edward salió de la habitación para llamar al buffet y explicarles su ausencia. Las contracciones eran peores y me sujeté fuertemente de los barandales de la camilla.

-Cabrón-resoplé cuando pensé en Edward.

La enfermera volvió a entrar como por enésima vez y por enésima vez fui toqueteada.

-Vas muy bien, siete centímetros. A este paso estará naciendo como a las once-dijo y me palmeó la mano. Tal vez no era una perra después de todo. Otra contracción llegó y fruncí el ceño. La frente se me perló de sudor-aún no es muy tarde para la epidural.

-No… así estoy bien-aseguré y ella sonrió.

-De acuerdo. Traeré una toalla para el sudor-luego se fue.

Cuando Edward volvió, yo estaba secándome el sudor.

-Le llamé a Nessie, dice que les va a decir a los demás y vendrá en un rato. Tu madre viene en camino.

-Bien…-ocultó un bostezo y se sentó en la silla-puedes dormir si quieres.

-No, estoy bien-sonrió y tomó mi mano, dejó un beso en mis nudillos-te quiero-susurró.

Otro dolor. Encogí los dedos de los pies y me mordí la boca.

-Yo te odio-jadeé-juro que voy a matarte, idiota.

Creí que estaría bien sin la epidural pero estaba reconsiderando mi opinión.

Edward me apretó la mano.

-Bella recuerda los ejercicios de respiración…-Edward dijo y lo miré feo.

-¡Cállate!-dije entre dientes-no quiero volver a escucharte… ¡jamás!

Me retorcí pero no solté su mano.

Un toque en la puerta y Renée entró.

Solté la mano de Edward y lo empujé lejos.

-¡Hola, mamá!-saludé. Estaba contenta de verla.

-Hola-nos sonrió a los dos y besó a Edward en la mejilla. Me limpió la frente y me acarició el pelo.

-¿Cómo va todo?-preguntó y acarició mi vientre.

-Como la mierda-respondí.

Enterré el rostro en la almohada y Renée tomó mi mano.

-Bella, la epidural puede…-interrumpí a Edward.

-¡Te dije que te callaras!-chillé y le arrojé la revista que estaba por ahí. Logró atraparla antes de que lo golpeara en el rostro.

Renée ocultó una risa.

-Ehh… yo voy… por un café…-él se largó.

-Cabrón-farfullé.

-Tranquila, hija-Renée me sonrió y la puerta se abrió de golpe.

-¡Cara de culo!-Nessie entró saludando sonriente. Renée alzó las cejas sorprendida y Nessie caminó hacia mí sin avergonzarse un poco.

-Sí, esa es Nessie, má-dije como si no se conocieran. Se besaron en la mejilla.

-¿Dónde está Cullen?-preguntó Wolfe. Se dejó caer en la silla agraciadamente.

-No sé y no me interesa-respondí.

-Wuhu…-se frotó las manos-la agresividad ya comenzó.

Trate de sonreír pero otra contracción vino. Golpeé fuertemente la superficie de la camilla.

-Ahora Bella… respira-Nessie se puso de pie y comenzó a hacerlo ella también. Asentí siguiéndola, exhalando e inhalando como un jodido perro.

La belleza del parto, supongo.

-¿Qué hora es?-preguntó en un murmullo distorsionado cuando me recuperé. Nessie miró su teléfono.

-8:20-respondió-¿a qué hora nace?

-La enfermera dijo que tal vez a las 11

-Oh, todavía tenemos que esperar un poco más-comentó Renée.

-La buena noticia es que es la última-dije pero fue más como para animarme a mí. Ellas sonrieron y me palmearon la cabeza.

Alice y Rosalie también vinieron. Edward volvió un momento pero estuvo callado y lo más alejado posible de mí. Cuando ellas dos llegaron, él se fue. Supongo que tanta progesterona le revolvió el estómago o era un hijo de puta cobarde.

Ellas me vieron con lástima cuando me revolqué de dolor y apresé las mantas entre mis manos.

-Cuando la sostengas olvidarás el dolor-animó Rosalie.

-¡Eso es un montón de mierda!-rezongué y ya nadie dijo nada. Lentamente fueron saliendo. Renée dijo que iría por agua y estuve sola en la habitación.

-¿Te molestaría dejar de ser tan molesta?-le pregunté a mi hinchado vientre. Otro dolor y resoplé entre los dientes-supongo que sí.

Edward entró y lo miré. Él se acercó rápidamente y tomó mi mano.

-Bella vas a perder la oportunidad de la epidural. Puedo llamar a la enfermera.

-No-sollocé sin lágrimas-no necesito una jodida inyección. Soy fuerte.

Suspiró frustrado.

-Sé que eres fuerte pero me duele verte así.

-No quiero-dejé caer la cabeza en la almohada-si te doliera no hubieras estado tan ansioso…

Soltó una risita.

-Bueno no, pero teníamos un trato-alcé la mano y le mostré el dedo medio. Se rió y atrapó mi mano en el vuelo.

-¿Esme no va a venir?-pregunté.

-Oh, sí. Me llamó. Dejará a los niños con Carlisle.

-Bueno… ey, perdón por lo de hace rato. No fue mi intención-le dije.

-No te preocupes-me dio su sonrisa torcida y me besó la frente.

-Pero en verdad quiero matarte-sonreí.

Volvió a reírse.

Después de un momento en silencio, le apreté la mano y me miró.

-Cuando estábamos en la escuela y dijiste que querías hijos conmigo… ¿lo decías en serio?

Sonrió y se encogió de hombros.

-Supongo que lo veía como una promesa de enamorado, como un futuro asegurado y felicidad para siempre, creí que sería lindo.

Bajé la vista y miré mi vientre. Lo acaricié.

-¿Y es lindo?-pregunté y lo miré de vuelta.

-No-respondió-es perfecto-le sonreí y el corazón se saltó un latido.

-Sé que es asqueroso ahora pero… ¿puedes darme un beso?

Meneó la cabeza.

-No es asqueroso-se inclinó y acarició mis labios con los suyos. Se sintió bien. Acaricié su cabello y sonrió contra mis labios cuando lo terminó.

-Oh, mierda-grazné y Edward sujetó mis dos manos.

La enfermera entró en ese momento y se colocó un guante.

-Ocho centímetros-me sonrió-son las 9:15-miró el reloj-seguramente a las once ya estará aquí.

-Genial-murmuré sin ganas. Edward se rió bajito.

Ella salió y Edward me acarició el cabello.

-Intenta relajarte un poco-me dijo. Asentí en silencio y cerré los ojos. Escuché a Edward sentarse en la silla sin soltar mi mano.

-Es imposible relajarse-murmuré aún con los ojos cerrados.

-Lo sé-susurró.

-¿Entonces por qué lo dijiste?

-Porque yo quería hacerlo pero no puedo-sonreí.

-¿Estás emocionado?-pregunté y finalmente abrí los ojos. Me miró.

-Como la mierda

Me reí.

-Entonces…-la frase se me atoró en la garganta-eres un hijo de perra-enterré mis uñas en su mano e intentó zafarse-ni se te ocurra

Ahogó un siseó de dolor.

Esme entró en ese momento.

-¿Mal momento, eh?-se acercó y acarició mi vientre.

-Hey, Esme-saludé con voz temblorosa. Cerré los ojos.

-Hola-me limpió el rostro y el cuello con la toalla-Tyler no dejaba de preguntar por ustedes. Dijo que los quiere y que le dijeran que también la quiere a ella.

-Aw, mi pequeño-sollocé.

-¿No tuviste la epidural?-preguntó con un dejo de preocupación en la frente.

-Se lo dije pero Bella es cabezota-respondió Edward.

-Lo llevo bien-alcé el pulgar. Eso era una puta mentira. Ellos lo supieron al instante.

Un par de horas más tarde, la enfermera entró. Todas estaban en la habitación y Edward seguía sosteniendo mi mano.

-¡Genial! Diez centímetros. Es hora, llamaré al médico. ¿Quiénes estarán en el parto?

-¿Renée?-pregunté. Ella me miró y sus ojos brillaron. Asintió muda.

-De acuerdo. Ahora vuelvo-la enfermera salió.

Me pareció una buena idea tener a mamá conmigo. Charlie había estado con Tyler y Esme con Liam. Ahora quería a Renée. Ella estaba emocionada.

Las chicas comenzaron a despedirse y acariciaron mi vientre. Renée salió un momento para hablar con Charlie. Mi viejo había llegado.

Él entró rápidamente, antes de que la enfermera y el médico llegaran. Me sonrió, besó mi frente y acarició mi vientre.

-Te quiero, Bells-susurró en mi oído.

-Yo también-le susurré con voz temblorosa.

Charlie le dio una palmada a Edward en la espalda y salió. Carmen me saludó desde la puerta. Le sonreí. Luego se alejaron.

-¿Estás lista, amor?-Edward me preguntó.

-No-meneé la cabeza y un nudo se instaló en mi garganta.

-Vas a hacerlo bien-me besó en los labios brevemente.

Había comenzado a temblar y Edward me secó la frente.

La enfermera entró con un carrito lleno de cosas interesantes de médicos y dejó una toalla seca a un costado de mi cabeza.

-Ya viene el médico.

Renée entró y me dio una cálida sonrisa.

La ginecóloga vino y se sentó frente a mis piernas. Madre de Dios.

Mi pelo revuelto, jadeando, sudando, con la cara de un maldito perro pug rabioso y mi vagina al descubierto… esas cosas no se olvidaban. Era vergonzoso.

Renée sujetó mi pierna y mano derechas. Edward se ocupó de la izquierda y la enfermera me limpió la frente.

-Ghiiiiaaahh…-jadeé cuando empujé por tercera vez.

-Vamos, pequeña… lo estás haciendo bien-Edward susurró en mi oído.

-Vienen los hombros-informó la doctora. Maldición.

-Ugh, no…-me dejé caer-duele como el infierno.

-Vas a estar bien-Edward convenció en mi oído-un poco más… vamos, amor.

Le di un apretón a su mano como respuesta y empujé otra vez.

Maia salió al mundo con un grito y un llanto feroz, nada contenta de haber sido sacada de su cueva. Me tiré a la cama, jadeante. La enfermera se encargó de limpiarme, luego se alejó rápidamente.

Miré hacia donde tenían a la pequeña, no dejaba de llorar y de mover sus bracitos. Miré a Edward, él tenía su vista pegada a Maia y tenía una gran sonrisa en su rostro. Apreté su mano y me miró.

-Joder, Swan-musitó con voz entrecortada.

La enfermera me entregó a mi chica. Jodidamente bonita y con mejillas regordetas. Acaricié su rostro y una chispa me recorrió hasta los pies.

Edward también la acarició lentamente.

-Hacemos jodidos bebés adorables-le susurré y él soltó una risita.

-Carajo, sí.

-OoOo-

Llegamos a casa, Tyler y Liam nos siguieron. Edward cargaba los bolsos y yo sostenía a Maia.

-Hey chica, llegamos a casa-ella movió sus labios e hizo un puchero. Le besé la frente.

Edward me ayudó a subir hasta nuestra habitación. Me subí a la cama y apoyé mi espalda en la cabecera. Tyler y Liam pegaron un brinco e hicieron que todo rebotara. Hice una mueca. Seguía adolorida.

-Hey, deben tener más cuidado-Edward los regañó y ellos se arrastraron lentamente. Alzaron la cabeza para ver a Maia.

Edward se sentó del otro lado y coloqué a Maia entre todos nosotros. Los chicos la miraron embelesados.

-¿Es nuestra?-Tyler preguntó.

-Sí-solté una risita.

-¿Niña?-Liam ladeó la cabeza y la miró fijamente.

-Sí-Edward respondió.

-Me gustan las niñas.

-Gracias a Dios-Edward silbó. Lo miré feo y me dio una sonrisa.

-¿Podremos jugar con ella?-otra vez Tyler

-Ajá-le revolví el cabello y lentamente acercó su dedito a la cara de Maia.

Soltó una risita cuando le tocó la mejilla.

-Es suavecita-susurró, sus ojos abiertos como platos.

-A ver-Liam lo imitó y se rieron bajito.

Sonreí y miré a Edward, sus verdes ojos brillaban.

-¿Podemos jugar ahora con los carritos?-Tyler nos miró.

-Eh… sobre eso, van a tener que esperar mucho tiempo-Edward contestó.

-¿Por qué?-él estaba en la edad del por qué. Liam seguía acariciando a Maia.

-Porque ella no puede moverse por sí sola. Es muy pequeña.

-¿Yo fui así de pequeño?-preguntó.

-Demasiado pequeño-Edward le sonrió. Tyler le devolvió la sonrisa.

-No me acuerdo. ¿Por qué no me acuerdo?

Edward y yo suspiramos derrotados.

Ellos miraron a Maia y sonrieron.

En cambio, yo miré a Edward.

-¿Estás bien?-preguntó en un murmullo. Tomó mi mano.

-Sí-respondí completamente segura.

Lo miré a los ojos y encontré lo que me encantaba encontrar: me quería.

Lo miré y lo remire y supe con absoluta certeza que no había hecho nada mejor que haber entrado en su apartamento ese cuatro de diciembre hacía ya tantos años. Estaba emocional, era completamente crudo como estaba dispuesta a renunciar a todo por él. Y, de alguna manera, lucía como si tal vez estuvieras en el fondo o algo parecido, como si de alguna manera estuvieras alejándote de ti misma, pero realmente te estás encontrando al hacer eso. Es valiente hacer eso, es jodidamente valiente entregarte a alguien de esa forma.

Él estaba hecho de un material que cuando lo tocas, te cambiaba la vida para siempre. Quizás él era eso que se espera durante toda la vida.

Estaba enamorada, simplemente enamorada y no me arrepentía de eso. Lo quería y sabía que él también me quería, con mis defectos y cualidades y yo no podía estar más feliz de tenerlo a mi lado.

Jamás hubiera pensado que ese lindo chico que abrió la puerta para mí en un Starbucks y a quién golpeé el primer día de clases y quién mintió descaradamente sólo para estar junto a mí iba a ser el amor de mi vida.

Yo era afortunada y por esa misma razón, era agradecida.

Había encontrado al amor de mi vida e iba a pasar el resto de mi existencia con él. Nuestros nombres entrelazados, siempre relacionados.

Pero había una cosa aún más importante que encontrar al amor de tu vida o tener una pareja que va a estar contigo para siempre: además de haberlo encontrado y tenerlo a él, me había encontrado a mí misma y no había sensación más extraordinaria ni momento más importante en la vida de un ser humano que ese.

Por esa misma razón, arriésgate. Sí, esa siempre es la respuesta. Arriésgate a dar un poco y así salvar tu corazón, arriésgate a darlo todo y a que no te devuelvan nada. Al final, todo va a estar bien. La felicidad para siempre es un montón de mierda. Basta con ser feliz un instante, tan corto como en el que se prende y se consume una cerilla para decir que es una vida ya bastante vivida. Siempre va a haber algo bueno esperando por ti y eso también se va a terminar, nada es para siempre pero disfruta los pequeños "para siempre" que te da la vida.

Yo estaba disfrutando de uno.

Miré a mis chicos que seguían mirando a Maia y luego lo miré a él. Su mirada no había cambiado y me miraba intensamente.

Se inclinó y dejó un suave beso en mis labios.

-Sí. Estoy muy bien, Edward-su nombre seguía sonando a magia en mis labios-¿tú estás bien?

-Sí. Alucinantemente bien.

Sonreí, sin imaginarme siquiera la obra maestra en la que nuestras vidas se iban a convertir.

FIN.

Y esto ha sido todo. Esta es la manera en que ésta historia termina. Espero que les haya gustado el final. Es simple y espontáneo, como el resto de la historia. No me alcanzan las palabras para explicarles lo agradecida que estoy con todas y cada una de ustedes. Gracias a ustedes pude hacer uno de mis sueños realidad, fueron el pivote que lo hizo posible. Me han dado uno de los regalos más bonitos: su tiempo, y juro que estoy honrada de ser la acreedora. A fin de cuentas, todas estamos aquí por lo mismo: nuestra pasión por la lectura y nuestro amor por esta increíble historia que Stephenie Meyer creó. Los finales y las despedidas siempre son difíciles y citó: "Los finales son difíciles, cualquiera puede escribir un comienzo pero los finales son imposibles. Tratas de atar cada cabo suelto, pero nunca puedes. Los fans siempre se van a quejar. Van a quedar agujeros pero dado que es un final todo se debe de concluir a algo. Sin duda… los finales son difíciles. Pero entonces otra vez… nada nunca realmente termina, ¿no es así?"

Un montón de gracias para todas las que estuvieron conmigo en este viaje y para las que bajarán del vuelo terminando de leer esto y también un montón de gracias para las que se ajustarán los cinturones y tomarán mi mano cuando el avión vuelva a despegar.

Las quiero.

-Redana Crisp.