QUIMICA PERFECTA
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By: Vivio takamachi Harlaown
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CAPITULO 8
Narra Nanoha
Empujo al chico contra un Camaro lujoso y brillante, un cochazo que probablemente cueste más de lo que mi madre gana en un año.
- Este es el trato, Touma -le digo-. O me pagas ahora o te rompo algo. Y no me refiero a tu jodido coche, sino a algo que lleves permanentemente adherido al cuerpo. ¿Lo entiendes?
Touma, más delgado que un poste de teléfono y pálido como un fantasma, me mira como si acabara de pronunciar su sentencia de muerte. Debería habérselo pensado mejor antes de coger toda la cocaína y largarse sin pagarla. Como si Dieci fuera a permitir que sucediera sin más. Como si yo fuera a permitirlo. Cuando Dieci me envía a recaudar deudas, obedezco. Puede que no me guste hacerlo, pero lo hago. Ella sabe que no me involucraré en el tráfico de drogas, ni destrozaré la casa de nadie, ni me mezclaré en asuntos de robos. Sin embargo, se me da bien recaudar, sobre todo, deudas. A veces me mandan a buscar directamente a personas, aunque esos son asuntos complicados, sobre todo porque sé lo que les pasará en cuanto les arrastre hasta el almacén donde tienen que dar la cara frente a Due. Nadie quiere enfrentarse a Due. Es mucho peor que enfrentarse a mí. Touma debería sentirse afortunado de que haya sido yo la persona asignada para venir a buscarlo. Decir que no vivo una vida impoluta es un eufemismo. Intento no darle muchas vueltas al trabajo sucio que hago para los Latino Blood. Lo cierto es que se me da bien. Mi trabajo es asustar a la gente para que nos pague lo que nos debe. Técnicamente, mis manos están limpias de drogas. Bueno, el dinero que viene de las drogas cae en mis manos con bastante frecuencia, pero lo único que hago es dárselo a Dieci. No lo gasto, solo lo recaudo. Eso hace que solo sea un peón, lo sé. Siempre y cuando mi familia esté a salvo, no me importa. Además, soy una buena luchadora. No tenéis ni idea de la cantidad de gente que se echa a llorar ante la amenaza de romperle los huesos. Touma no es diferente de otros tíos a los que he amenazado, lo sé por el modo en que finge despreocupación pese a que sus larguiruchas manos no dejan de temblarle sin control. Y dicho esto, puede que penséis que sería capaz de intimidar a la Wolkenritter, pero no os equivoquéis, a esa tía no hay quien la acojone, ni con una granada en las manos.
- No tengo el dinero -espeta Touma.
- Esa respuesta no te va a servir de mucho, tío -interviene Hayate, que hasta ahora se ha quedado al margen. Acompañarme le divierte mucho: cree que somos una especie de poli buena y poli mala. Excepto que en realidad no somos una pareja de policías, sino de pandilleras, y una de nosotros es mala y la otra aún peor.
- ¿Qué miembro quieres que te rompa primero? -pregunto-, Seré amable y te dejaré elegir.
- Venga, Nanoha, sacúdele ya y acabemos con esto de una vez -dice Hayate, aburrida.
- ¡No! -grita Touma-. Lo conseguiré, os lo juro. Mañana.
Lo empujo otra vez contra el coche y presiono el antebrazo contra su garganta lo suficiente para asustarle.
- ¿Y qué, voy a fiarme de ti así, por las buenas? ¿Crees que somos idiotas?
Necesito una garantía. Touma no responde. Miro el coche.
- No, el coche no, por favor, Nanoha. Saco mi arma. No voy a dispararle. No importa lo que soy ni en lo que me he convertido, jamás mataría ni dispararía a nadie. Sin embargo, eso Touma no lo sabe. Cuando ve la pistola, saca las llaves del coche.- Dios mío, no, por favor.
Le quito las llaves de la mano.
- Mañana, Touma. A las siete en punto detrás de las viejas vías en el cruce de Fourth con Vine. Ahora, lárgate de aquí -le digo, agitando el arma en el aire para que salga corriendo.
- Siempre he querido tener un Camaro -dice Hayate después de que Touma se haya ido.
- Es tuyo... hasta mañana -digo, lanzándole las llaves.
- ¿De verdad crees que conseguirá cuatro mil dólares en un solo día?
- Sí -digo con total seguridad-. Porque este coche vale mucho más de cuatro mil dólares.
Cuando volvemos al almacén, pongo a Dieci al día. No le hace mucha gracia que no le hayamos traído la pasta, pero sabe que Touma conseguirá el dinero. Yo siempre cumplo con mi trabajo. Por la noche, estoy en mi habitación y no puedo conciliar el sueño porque mi hermano Luis no deja de roncar. Por cierto, duerme tan profundamente que no parece tener inquietudes en la vida. Yo sí las tengo. No me importa amenazar a camellos de pacotilla como Touma, aunque preferiría estar luchando por cosas que verdaderamente merecen la pena. Una semana más tarde estoy sentado en el césped del patio del instituto, almorzando junto a un árbol. La mayoría de los estudiantes de Fairfield comen fuera hasta finales de octubre, cuando el invierno de Mid-childa les obliga a refugiarse en la cafetería a la hora de la comida. Pero aún podemos disfrutar de cada minuto de sol y de aire refrescante, lo que nos permite pasar un rato agradable en el exterior. Mi amiga Schach, con su camiseta roja ceñida a su cuerpo y sus vaqueros negros, me da una palmada en la espalda mientras aparca el trasero a mi lado con una bandeja de la cafetería en la mano.
- ¿Lista para la siguiente clase, Nanoha? Me apuesto lo que quieras a que Fate Testarossa huye de ti como de la peste. Me troncho cada vez que la veo mover su taburete para alejarse todo lo que puede de ti.
- Schach -le interrumpo y, señalándome, añado-: Es una chiquilla y no va a sacar nada de esta mujer.
- Corre a decirle eso a su madre -dice Schach, riendo-. O a Yûno Scrya.
Me recuesto sobre el tronco del árbol y me cruzo de brazos.
- Todavía estás cabreada con él porque el año siguiente de que le ganaras en la carrera de relevos frente a todo el instituto te destrozó la taquilla, ¿verdad?
Joder, sí, todavía estoy cabreada. Aquel incidente me costó una pasta gansa porque tuve que comprarme libros nuevos.
- Eso es agua pasada -le digo a Schach, manteniendo la fría apariencia de siempre.
- Pues tu amiguito está sentado justo allí, con la tía buena de su novia.
Me basta una sola mirada a la señorita Perfecta para que se dispare todo mi sistema de alarma. Cree que soy una drogata. Todos los días tengo que superar el temor de lidiar con ella en clase de química.
- Esa tía tiene la cabeza llena de pájaros, tío -añado.
- He oído que esa petarda te ha faltado el respeto delante de los suyos -dice un tío llamado zest mientras él y un grupo de chicos toman asiento junto a nosotros con sus bandejas de la cafetería o la comida que han traído de casa.
Niego con la cabeza, preguntándome lo que habrá dicho Fate de mí y qué medidas deberé de tomar para tenerlo todo bajo control.
- Tal vez me desee y no conozca otra manera de llamar mi atención.
Schach ríe con tanta fuerza que todos los que están a pocos metros de nosotros nos miran.
- Ni de coña, Fate Testarossa no se acercaría a menos de sesenta metros de ti por voluntad propia, así que ni hablemos de salir contigo, colega -dice-. ¿Te acuerdas de la bufanda que llevaba la semana pasada? Pues puede que esa prenda cueste tanto como todo lo que hay en tu casa.
La bufanda. Como si los pantalones y la camiseta de diseño que lleva no fueran lo suficientemente modernos, se pone esa bufanda, puede que para alardear de lo rica e intocable que es. Seguro que es toda una profesional eligiendo el tono exacto para que encaje con sus ojos de color Carmesí.
- Joder, te apuesto mi RX-7 a que no eres capaz de conseguir sus bragas antes de las vacaciones de Acción de Gracias -me desafía Schach, interrumpiendo mis perversos pensamientos.
- ¿Quién querría hacer algo así? -rebato.
Puede que también sean de diseño y lleven sus iníciales bordadas en la parte delantera.
- Todos los tíos del instituto.
No hacía falta recalcar lo que ya es evidente.
- Es una blanca pija.
No salgo con nenas blancas, ni nenas malcriadas, ni tampoco con niñatas cuya idea del trabajo duro es pintarse sus largas uñas de un color diferente cada día para que peguen con el conjunto que llevan puesto. Saco un cigarrillo del bolsillo y lo enciendo, haciendo caso omiso de la política del centro que prohíbe fumar en el recinto del instituto. Últimamente he fumado un montón. Hayate me lo hizo notar anoche cuando salimos a dar una vuelta.
- ¿Y qué pasa si es blanca? Vamos, Nanoha. No seas gilipo*as. Mírala. Esta que te cagas.
Echo un vistazo. Tengo que admitir que está buena. Tiene el pelo largo y brillante, una nariz aristocrática, los brazos ligeramente bronceados y algo musculados en los bíceps. Y unos labios carnosos que cuando sonríen te hacen pensar que la paz mundial sería posible si todo el mundo sonriera como ella. Aparto esas ideas de mi mente. ¿Y qué pasa si está buena? Es una petarda de primera.
- Demasiado flaca -espeto.
- Te gusta -dice Schach, recostándose sobre la hierba-. Pero sabes que, como el resto de chicanos de la zona sur, nunca podrás tenerla.
Hay algo en mí interior que se enciende. Llamémoslo mecanismo de defensa. Llamémoslo prepotencia. Antes de que pueda desconectarlo, digo:
- En dos meses habré catado a esa tía. Si de verdad quieres apostar tu RX-7, acepto.
- Estás pirada, tía -dice Schach, y al ver que no contesto, añade frunciendo el ceño-: ¿Hablas en serio, Nanoha?
La tía va a echarse atrás, quiere más a su coche que a su madre...
- Claro.
- Si pierdes, me quedo con Raising Heart -dice Schach, y su expresión ceñuda se transforma en una sonrisa malvada.
Raising Heart es mi posesión más preciada: una vieja Honda Nighthawk 750. La rescaté del depósito y la convertí en una moto de líneas depuradas. Hacerlo me llevó un montón de tiempo. Es la única cosa en mi vida que, en lugar de echar a perder, he mejorado. Schach no va a rajarse. Ahora me toca a mí rechazar o aceptar el reto. El problema es que nunca me he echado atrás... ni una sola vez en toda mi vida. Estoy seguro de que la blanquita pija más popular del instituto va a aprender un montón de cosas saliendo conmigo. La señorita Perfecta ha declarado que nunca saldría con el miembro de una banda, pero apuesto a que ningún Latino Blood ha intentado colarse alguna vez en esos pantalones de diseño.
No resultaría más imposible o inverosímil que un encontronazo entre las bandas rivales de los Folks y los People, un sábado por la noche. Apuesto a que todo lo que necesito para ligarme a Fate es un poco de coqueteo. Ya sabéis, un juego de palabras, una toma y da que aumenta tu percepción del s*xo. Puedo matar dos pájaros de un tiro: devolvérsela a Cara Burro quitándole a su chica y devolvérsela a Fate testarossa por haberse chivado de mí a la directora, y por dejarme en ridículo delante de sus amigas. Puede ser divertido. Me imagino a todo el instituto siendo testigo de la inmaculada niña pija babeando por la chicana a la que ha profesado odio eterno. Imagino su c*lo blanco y apretado cayendo al suelo cuando haya acabado con ella. Le tiendo la mano a Schach.
- Trato hecho.
- Tendrás que demostrarlo con pruebas.
Le doy otra calada al cigarrillo.
- Schach, ¿qué quieres que haga? ¿Arrancarle un jodido pelo púbico?
- ¿Cómo sabremos que es de ella? -pregunta Schach-. Quizás sea rubia de bote. Además, probablemente tendrá las ingles depiladas a la brasileña. Ya sabes, cuando se les queda todo...
- Hazle una foto -sugiere Zest-. O un vídeo. Apuesto a que podemos sacar una pasta con eso. Podemos titularlo «Fate se va de paseo al sur de la frontera».
Son este tipo de conversaciones estúpidas las que nos dan una mala reputación. No es que los ricos no hablen de idioteces, estoy segura que sí. Sin embargo, cuando mis amigos empiezan, no conocen el límite. Si os digo la verdad, creo que mis colegas se lo pasan bomba cuando se ríen de alguien. Aunque si es de mí, ya no me hace tanta gracia.
- ¿De qué habláis? -pregunta Hayate, que se une a nosotros con un plato de comida de la cafetería.
- He apostado mi coche con Nanoha a que no consigue acostarse con Fate testarossa antes de Acción de Gracias. Y él ha apostado su Raising Heart a que sí.
- ¿Estás pirada, Nanoha? -dice Hayate-. Hacer una apuesta como esa es un suicidio.
- Déjalo, Hayate -le advierto. No es ningún suicidio. Una estupidez, puede, pero no un suicidio. Si conseguí salir con la tía buena de Suzuka Tsukimura puedo salir con la galleta de vainilla de Fate Testarossa.
- Fate Testarossa está fuera de nuestro alcance, colega. Puede que seas una chica mona, pero eres cien por cien chicana y ella es más blanca que el pan.
Una alumna de penúltimo curso llamada Teana lanster se acerca a nosotros.
- Hola, Nanoha -dice, lanzándome una sonrisa antes de sentarse con sus amigas. Mientras los otros chicos babean por Teana y sus amigas, Hayate y yo nos quedamos solas junto al árbol.
Hayate me da un codazo.
- Mira, Teana es una chicana preciosa, y sí está a tu alcance.
Pero yo no tengo puesto el ojo en Teana, sino en Fate. Ahora que el juego ha empezado, voy a centrarme en el premio. Es hora de empezar el coqueteo, aunque con ella no me funcionará ningún piropo facilón. De algún modo, creo que ese tipo de comentarios ya se los dice su novio y los otros memos que intentan llevársela a la cama. Voy a optar por una nueva estrategia, una que ella no esperará. Voy a hacer que caiga rendida antes de que se dé cuenta. Y empezaré en la próxima clase, cuando esté obligada a sentarse a mi lado. Nada como unos cuantos preliminares en la clase de química para provocar que se encienda la chispa.
- ¡Mi*rda! -exclama Hayate, lanzando su comida al plato-. Creen que pueden comprar un trozo de pan en forma de u, llenarlo de cosas y llamarlo taco, pero estos tipos de la cafetería no distinguirían un taco de carne de un pedazo de porquería. Esa es la razón por la que sabe así, Nanoha.
- Tía, me están entrando ganas de vomitar -digo.
Miro incómoda la comida que he traído de casa. Ahora, gracias a Hayate todo me parece un pedazo de mi*rda. Asqueada, guardo el resto de la comida en la bolsa de papel marrón.
- ¿Quieres probarlo? -pregunta Hayate con una sonrisa mientras me tiende el taco.
- Acerca eso un centímetro más y te arrepentirás -le amenazo.
- Me cago de miedo.
Hayate zarandea el taco ofensivamente, provocándome. Debería tener más cabeza.
- Si algo de eso me cae encima...
- ¿Qué vas a hacer, pegarme? -canturrea Hayate con sarcasmo, todavía agitando el taco.
Quizás debería darle un puñetazo en la cara, dejarla inconsciente para no tener que aguantarla más. Mientras barajo la idea, noto que algo me gotea en los pantalones. Bajo la mirada sabiendo lo que voy a encontrarme. Sí, un pedazo de falsa carne de taco, húmeda y pegajosa, me ha dejado una macha enorme justo encima de la bragueta de los vaqueros desteñidos que llevo puestos.
- Joder -se lamenta Hayate. En un instante, su expresión ha pasado de la alegría a la conmoción-. ¿Quieres que te lo limpie?
- Si tus dedos se acercan lo más mínimo a mi Bragueta, me encargaré personalmente de meterte un tiro en los cojones -gruño entre dientes. Aparto con el dedo la misteriosa carne que me ha caído encima. Me ha dejado una mancha grande y grasienta. Me vuelvo hacia Hayate.
- Tienes diez minutos para conseguirme unos pantalones nuevos.
- ¿Y cómo cono voy a hacer eso?
- Improvisa algo.
- Coge los míos -sugiere Hayate que se levanta y se lleva los dedos a la cinturilla de los vaqueros, desabrochándose los pantalones allí, en medio del patio.
- Tal vez no me he explicado con claridad -matizo, preguntándome cómo voy a aparentar ser una tipa guay en clase de química cuando parece que me he meado en los pantalones-. Lo que quiero decir es que me consigas unos pantalones nuevos de mi talla, imbécil. Eres tan baja que podrías presentarte a una audición para hacer de duende de Santa Claus.
- Voy a tolerar tus insultos porque somos hermanas.
- Nueve minutos y treinta segundos.
Hayate decide no malgastar más tiempo y echa a correr hacia el aparcamiento del instituto. No me importa una mierda cómo consiga los pantalones, solo quiero que los encuentre antes de que empiece la siguiente clase. Tener la bragueta mojada no es el mejor modo de demostrarle a fate que soy toda una seductora. Espero junto al árbol mientras los otros tiran los restos de comida y se dirigen a las puertas del instituto. De repente, suena la música por los altavoces y no veo a Hayate por ningún sitio. Genial. Ahora tengo cinco minutos para llegar a la clase de Wolkenritter. Apretando los dientes, camino hacia la clase de química con los libros estratégicamente colocados delante de la bragueta. Llego dos minutos antes. Me siento en el taburete y me acerco todo lo que puedo a la mesa de laboratorio para esconder la mancha. Fate entra en clase, con su pelo de anuncio cayéndole sobre el pecho, terminando en unos perfectos ricitos que se mueven a medida que avanza. Una perfección que en lugar de excitarme, me hace desear levantarme y arruinársela. Le guiño el ojo cuando me mira. Ella resopla y aleja su taburete del mío todo lo que puede. Recuerdo la política de tolerancia cero de la señora Wolkenritter y me quito la bandana, colocándomela directamente sobre la mancha. Después, me giro hacia la chica de los pompones que se sienta a mi lado.
- Tendrás que hablar conmigo en algún momento.
- ¿Para qué tu novia tenga la excusa perfecta para apalearme? No, gracias, Nanoha. Prefiero que mi cara se quede como está.
- No tengo novia. ¿Quieres una entrevista para el puesto? -pregunto mirándola de arriba abajo, concentrándome en las partes de las que ella se vale tanto.
Hace una mueca con el labio superior pintado de rosa y me sonríe con desprecio.
- Ni muerta.
- Nena, no sabrías que hacer con tantas hormonas en tus manos.
Eso es, Nanoha. Tómale el pelo para atraer su atención. Morderá el anzuelo. Ella se aparta de mí.
- Eres asquerosa.
- ¿Y si te dijera que haríamos una pareja genial?
- Pues te diría que eres una imbécil.
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Continuara…
Konnichiwa
Me alegra que les vaya gustando lo subo hasta ahora porque no lo pude editar antes hasta hoy
Recuerden dejar reviews que son lo que me anima a actualizar rápido XD ^-^
y bueno pues gracias a todas esas personitas que me han dejado reviews me ponen en alerta autor o historia y me ponen en faboritos se los agradesco :D
Nos leemos en el próximo capi
