QUIMICA PERFECTA
.
.
By: Vivio takamachi Harlaown
.
.
CAPITULO 11
Narra Fate
Solo disponemos de media hora en el gimnasio. Mientras me pongo la ropa de deporte, pienso en lo que ha ocurrido en el despacho de Harlaown. La señora Wolkenritter nos ha culpado de lo sucedido tanto a Nanoha como a mí. Nanoha está echando a perder mi último curso nada más empezar. Mientras me subo los shorts de gimnasia, el sonido de unos tacones me advierte de que no estoy sola en los vestuarios. Me cubro el pecho con la camiseta y veo aparecer a Suzuka Tsukimura. ¡Ay, madre!
- Debe de ser mi día de suerte -dice, mirándome fijamente como un puma dispuesto a atacar. Aunque los pumas no tienen el pelo morado, ondulado y largo; sí que tienen garras. Y las garras de Suzuka están pintadas de color rojo.
Se acerca a mí. Siento el impulso de dar un paso atrás. En realidad, lo que me gustaría es echar a correr. Pero no lo hago, básicamente porque creo que me seguiría de todos modos.
- ¿Sabes? -añade, con una sonrisa malvada-. Siempre me he preguntado de qué color sería el sujetador de Fate testarossa. Amarillo. Te va que ni pintado. Apuesto a que te ha costado tanta pasta como lo que te cobraron por teñirte el pelo.
- No has venido aquí para hablar de sujetadores y tintes, Suzuka -respondo mientras me meto la camiseta por la cabeza. Trago saliva con fuerza antes de añadir-: Sino para pegarme.
- Cuando una lagartona se insinúa a mi hembra, me sale mi lado territorial.
- No estoy interesada en tu hembra, Suzuka. Ya tengo uno.
- Venga ya. Las chicas como tú quieren que todos los tíos y tías pierdan la cabeza por ellas, así podéis disponer de ellos cuando os apetezca -añade, cada vez más furiosa. Estoy metida en un buen lío-. He oído que vas criticándome por ahí. Crees que lo eres todo, señorita Engreída. Veamos qué cara se te queda cuando te deje el labio partido y el ojo morado. ¿Vendrás al instituto con una bolsa de basura sobre la cabeza? ¿O te quedarás encerrada en tu enorme casa y no saldrás nunca?
No aparto la vista de ella mientras sigue acercándose. La miro fijamente. Suzuka tiene claro que para mí la imagen que doy lo es todo, y a ella le da igual que la expulsen o que la echen definitivamente.
- ¡Contéstame! -grita, y me da un empujón en el hombro, que acaba impactando contra la taquilla que está situada a mi espalda.
Creo que no la estaba escuchando porque no tengo ni idea de qué he de responder. Si regreso a casa amoratada o con señales de haber estado en una pelea, las consecuencias serán desastrosas. Mi madre se pondrá hecha una furia y me echará las culpas por no haber evitado que ocurriera. Espero que eso no le haga empezar otra vez con lo de ingresar a Alicia en algún centro. Cuando hay algo de tensión en casa, mis padres siempre hablan de mandar a Alicia a algún sitio. Como si, por arte de magia, todos los problemas de los Testarossa fueran a desvanecerse en cuanto Alicia desapareciera.
- ¿No crees que La entrenadora Signum vendrá a buscarme? ¿Quieres que te expulsen? -pregunto pese a saber que son razones de poco peso. Sin embargo, intento ganar algo de tiempo.
- Me importa una mi*rda que me expulsen -dice entre risitas.
No parece haber funcionado, aunque merecía la pena intentarlo. En lugar de encogerme de miedo junto a la taquilla, me enderezo. Suzuka intenta empujarme otra vez por el hombro, pero esta vez me las apaño para apartarle el brazo de un manotazo. Estoy a punto de enzarzarme en mi primera pelea. Una pelea en la que seguramente saldré perdiendo. El corazón me late con fuerza, como si fuera a salirme del pecho. Me he pasado toda la vida intentando evitar situaciones como esta, pero esta vez no tengo elección. Me pregunto si puedo disparar la alarma de incendios para librarme de ella, como he visto alguna vez en el cine. Pero, por supuesto, no veo ninguna de esas cajitas rojas cerca.
- Suzuka, déjala en paz.
Ambas nos volvemos hacia el sonido de una voz de chica. Es Reinforce. Una «no amiga». Pero una no amiga que acaba de evitar que me partan la cara.
- Rein, no te metas en mis asuntos -gruñe Suzuka.
Reinforce se acerca a nosotras. Lleva el pelo recogido en una alta cola de caballo que se balancea a medida que camina.
- No le pongas la mano encima, Suzuka.
- ¿Y si no que? -pregunta ella-. ¿Acaso crees que serás su amiga del alma ahora que estáis juntas en esa estupidez de las animadoras?
Rein apoya firmemente las manos en las caderas.
- Estás colada por Nanoha, Suzuka. Esa es la razón por la que te comportas como una loca.
Al escuchar el nombre de Nanoha, Suzuka se pone rígida... ¿Pero qué diablos tiene esa que le gusta?
- Cállate, Rein. No tienes ni idea.
Ella dirige toda su rabia contra Reinforce y se pone a chillarle como una loca. Reinforce no se siente intimidada, se ha plantado delante de ella y también le está gritando. Reinforce es bajita y puede que pese menos que yo, por eso me sorprende que se enfrente a Suzuka. Sin embargo, parece que sabe defenderse. Es obvio que sus palabras hacen retroceder a su contrincante. La entrenadora Signum aparece detrás de Suzuka.
- ¿Estáis dando una fiesta y no habéis invitado al resto de la clase?
- Estamos charlando un poco -dice Suzuka, sin sobresaltarse en absoluto y actuando como si fuéramos tres amigas pasando el rato.
- Bueno, pues os sugiero que charléis después de clase. Señoritas Testarossa y Zwei, uníos al resto de vuestros compañeros en el gimnasio. Señorita Tsukimura, vaya donde se suponga que debería estar a esta hora.
Suzuka me señala con su uña pintada de rojo.
- Nos veremos después -me advierte, y sale de los vestuarios después de que Reinforce se haga a un lado.
-Gracias -le digo en voz baja a Reinforce.
Ella me responde con un asentimiento de cabeza.
Mi compañera de laboratorio no ha aparecido por el instituto desde que nos asignaron los proyectos. Finalmente, una semana más tarde, se presenta pavoneándose por la clase. Me saca de quicio, porque aunque mi vida en casa sea un desastre, no por ello dejo de venir al instituto.
- Qué amabilidad por tu parte aparecer -le digo.
- Qué amabilidad por tu parte darte cuenta -responde ella mientras se quita la gorra.
La señora Wolkenritter entra en clase. Me da la impresión de que se siente aliviada de ver a Nanoha. Enderezando los hombros, anuncia:
- Iba a ponerles un examen sorpresa esta mañana, pero al final he decidido que trabajarán en la biblioteca junto a sus compañeros. El plazo para entregar el borrador del proyecto acaba en dos semanas.
Yûno y yo nos cogemos de la mano de camino a la biblioteca. Nanoha va detrás, por alguna parte, hablando con sus compinches. Yûno me aprieta con fuerza la mano y pregunta:
- ¿Quieres que quedemos después del entrenamiento?
- No puedo. Después de entrenar tengo que irme a casa.
Linith se despidió el pasado sábado y a mi madre le entró el pánico. Hasta que contrate a una nueva cuidadora tengo que ayudarla más. Él frena en seco y me suelta la mano.
- Mi*rda, Fate. ¿Vas a tener algo de tiempo para mí o qué?
- Puedes venir conmigo -sugiero.
- ¿Para mirar mientras cuidas de tu hermana? No, gracias. No quiero parecer un gilipollas, pero tengo ganas de estar contigo, solos tú y yo.
- Lo sé. A mí también me apetece.
- ¿Y el viernes?
Se supone que debería quedarme con Alicia, sin embargo, mi relación con Yûno está tambaleándose y no quiero que crea que no quiero estar con él.
- El viernes me va bien.
Antes de que sellemos nuestro plan con un beso, Nanoha carraspea delante de nosotros.
- Nada de demostraciones públicas de afecto. Son las normas del instituto. Además, es mi compañera, imbécil. No la tuya.
- Cállate, Takamashi -murmura Yûno, antes de ir con Ginga.
Me llevo una mano a la cadera y miro fijamente a Nanoha.
- ¿Desde cuándo te preocupan tanto las normas del instituto? -pregunto.
- Desde que eres mi compañera de laboratorio. Fuera de clase eres suya. Pero en química eres mía.
- ¿Quieres ir a buscar la maza y arrastrarme por el pelo a la biblioteca?
- No soy una Neandertal. Tú novio es el mono, no yo.
- Entonces, deja de comportarte como tal.
Todas las mesas de la biblioteca están ocupadas, así que nos vemos obligados a sentamos en un rincón de la parte de atrás, en la aislada sección de no ficción. Me siento sobre la moqueta y dejo los libros en el suelo. Me doy cuenta de que Nanoha me está mirando, y lo hace con tanta intensidad que temo que sea capaz de ver a la verdadera Fate que escondo tras mi fachada. Pero no lo logrará porque hasta ahora nadie lo ha hecho. Le devuelvo la mirada. Si quiere, puedo seguirle el juego. Su expresión no muestra nada, pero sí la cicatriz que tiene sobre la ceja izquierda y que refleja la verdad, es humana. Cuando mi mirada llega a sus ojos, el tiempo se detiene. Me está atravesando con los ojos. Tengo la sensación de que puede ver mi verdadero yo, sin conductas fingidas, sin fachadas. Solo a Fate.
- ¿Qué tengo que hacer para que salgas conmigo? -me pregunta.
- No hablas en serio.
- ¿Te parece que estoy bromeando? -La señora Wolkenritter se acerca, por lo que me libro de responder a su pregunta.
- Les estoy vigilando de cerca. Nanoha, la semana pasada no vino a clase.
- ¿Qué ocurrió?
- Me cayó un cuchillo encima.
La profesora niega con la cabeza, perpleja, y se aleja para hostigar a otros compañeros. Miro a Nanoha con los ojos como platos y le pregunto:
- ¿Un cuchillo? Estás de coña, ¿verdad?
- No. Estaba cortando tomates, y no vas a creértelo, pero se me escurrió el cuchillo y me corté el hombro. El médico me puso unas grapas. ¿Quieres verlas? -pregunta mientras empieza a subirse la manga. Me tapo los ojos con la mano.
- Nanoha, no seas asquerosa. Y no me creo que un cuchillo se te escurriera de las manos. Fue en una pelea callejera.
- No has respondido a mi pregunta -dice sin admitir ni negar mi teoría sobre la causa de la herida-. ¿Qué tengo que hacer para que salgas conmigo?
- Nada. No voy a salir contigo.
- Apuesto a que si nos diéramos el lote cambiarías de opinión.
- Como si eso fuera a ocurrir alguna vez.
- Tú te lo pierdes -dice, antes de estirar sus largas piernas frente a mí, con su libro de química descansando sobre el regazo. Me mira con sus ojos color mar con tal intensidad que juraría que puede hipnotizarme con ellos-. ¿Estás preparada? -pregunta.
Por un nanosegundo, me quedo observando aquellos ojos azules, preguntándome qué sentiría al besarla. Mi mirada baja hasta sus labios. Durante otro nanosegundo, casi puedo sentir que se acercan a mí. ¿Cómo serán sus labios, suaves o duros? ¿Besará con dulzura o con avidez y seguridad, como refleja su personalidad?
- ¿Para qué? -susurro a medida que me acerco.
- Para el proyecto -dice-. Calentadores de manos. La clase de Wolkenritter. Química.
Niego con la cabeza, intentando apartar todos esos ridículos pensamientos de mi mente hiperactiva de adolescente. Necesito más horas de sueño.
- Sí, calentadores de manos -digo, abriendo el libro de química.
- ¿Fate?
- ¿Qué? -pregunto, mirando sin ver las palabras impresas en la página. No tengo ni idea de lo que estoy leyendo porque estoy demasiado avergonzada como para poder concentrarme.
- Me estabas mirando como si quisieras besarme.
Me obligo a soltar una carcajada.
- Sí, claro -digo con sarcasmo.
- Nadie nos está mirando, así que si quieres hacerlo, adelante. No quiero alardear, pero soy toda una profesional.
Me sonríe lentamente con una sonrisa que probablemente haya inventado para derretir los corazones de todas las chicas del planeta.
- Nanoha, no eres mi tipo. -Tengo que decirle algo para que deje de mirarme como si estuviera planeando hacerme cosas de las que solo he oído hablar.
- ¿Solo te gustan los blanquitos?
- Déjalo ya -respondo entre dientes.
- ¿Qué? -insiste, poniéndose muy serio-. Es verdad, ¿no?
La señora Wolkenritter aparece frente a nosotros.
- ¿Cómo va ese borrador? -pregunta.
- Genial -respondo con una sonrisa falsa. Saco el resumen de la búsqueda que hice en casa y se lo paso a la señora Wolkenritter mientras me pongo manos a la obra
-Anoche me documenté un poco sobre los calentadores de manos. Tenemos que disolver sesenta gramos de acetato de sodio y cien milímetros de agua a setenta grados.
- Te equivocas -dice Nanoha.
Levanto la cabeza y me doy cuenta de que la señora Wolkenritter se ha ido.
- ¿Cómo dices?
- Que te equivocas -repite Nanoha, cruzándose de brazos.
- No lo creo.
- Crees que nunca te equivocas, ¿verdad?
Lo dice como si no fuera más que una rubia estúpida, lo que me saca de mis casillas.
- Claro que no -digo, alzando la voz e imitando a una auténtica niña pija
- Verás, la semana pasada compré un lápiz de labios Bobbi Brown de color rosa palo cuando debería haber elegido un rosa chicle porque va mucho mejor con el tono de mi piel. No hace falta que te diga que la compra fue un desastre total -le explico. Justo lo que ella esperaba oír. Me pregunto si se lo ha tragado o si es capaz de captar por el tono de mi voz que estoy siendo sarcástica.
- Te creo -confiesa.
- ¿Y tú nunca te has equivocado? -pregunto.
- Por supuesto -admite-. La semana pasada, cuando atraqué el banco que hay al lado de la tienda Walgreens, le dije al cajero que me diera todos los billetes de cincuenta dólares que tuviera en el cajón. Aunque tendría que haberle pedido los billetes de veinte porque hay muchos más que de cincuenta.
De acuerdo, está claro que ha captado la ironía. Y me la ha devuelto por partida doble, lo que en realidad es perturbador porque, de algún modo, hace que nos parezcamos mucho. Me pongo la mano en el pecho y ahogo un grito, siguiéndole el juego.
- Qué desastre.
- Así que supongo que las dos podemos equivocarnos.
Levanto en alto la barbilla y declaro, obstinada:
- Bueno, en química no me equivoco. A diferencia de ti, yo sí que me tomo en serio esta clase.
- Entonces, hagamos una apuesta. Si tengo razón, me das un beso -sugiere.
- ¿Y si la tengo yo?
- Tú eliges.
Es como quitarle un caramelo a un bebé. El ego de la señorita delincuente está a punto de recibir un buen golpe, y estaré encantada de ser yo quien se lo dé.
- Si gano, te tomarás en serio este proyecto, y a mí también -le digo-. No te meterás conmigo ni harás comentarios ridículos.
- Trato hecho. Aunque antes he de mencionar que tengo una memoria fotográfica prodigiosa.
- Nanoha, he de mencionar que he copiado la información directamente del libro -admito, mirando las notas que he tomado y abriendo después el libro por la página correspondiente
- Sin mirar, ¿qué temperatura necesitamos para la preparación? -le pregunto.
Nanoha es una tipa a la que se le dan bien los retos. Aunque esta vez, la tipa dura va a perder. Cierra su libro y me mira, con la mandíbula apretada.
- Veinte grados. Y debe disolverse a cien grados, no a setenta -responde con total confianza.
Repaso la página y después mis anotaciones. Luego vuelvo a comprobar la página. No puedo haberme equivocado. ¿Qué página..?
- Vaya, es cierto. Cien grados -digo, mirándola asombrada-. Tienes razón.
- ¿Vas a besarme ahora o prefieres hacerlo más tarde?
- Ahora mismo -respondo.
Sé que le he dejado atónita porque tiene las manos inmóviles. En casa, mi vida está dictada por mis padres. Pero en el instituto es distinto. Tengo que hacerlo de ese modo porque si no tengo controlado ningún aspecto de mi vida acabaré convirtiéndome en un maniquí.
- ¿En serio? -me pregunta atónita.
- Sí.
Le cojo una mano. Nunca me atrevería a hacerlo si hubiera alguien delante, y me siento agradecida por la intimidad que nos ofrecen los libros de no ficción que nos rodean. Se queda sin respiración cuando me pongo de rodillas y me inclino hacia ella. Intento olvidarme del hecho de que sus dedos son largos y ásperos y de que es la primera vez que le toco. Estoy nerviosa. Aunque no hay necesidad. Esta vez soy yo quien tiene el control. Puedo sentir cómo intenta contenerse. Me está permitiendo dar el primer paso, lo que no está nada mal. No sé de qué sería capaz si se dejara ir. Le obligo a colocar la mano contra mi mejilla para que pueda cubrirme la cara, y le oigo soltar un gemido. Reprimo una sonrisa porque esa reacción demuestra que soy yo quien tiene el poder. Se queda inmóvil cuando nuestros ojos se encuentran. Entonces, giro la cabeza hacia su mano y le doy un beso en la palma.
- Ahí lo tienes, ya te he besado -digo, soltándole la mano y dando por zanjado el asunto.
La señorita Latina y su gran ego han sido derrotados por una rubia estúpida.
.
Continuara…
Y bueno aquí está el nuevo capítulo que se ha puesto mejor vemos como Suzuka pelea lo suyo y que al final hubo un nanofate muy leve pero bueno son pequeñas aproximaciones
Y ya saben cualquier cosa que me quieran decir recuerden dejar reviews!
