QUIMICA PERFECTA

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By: Vivio takamachi Harlaown

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CAPITULOS 14-17

Narra Nanoha

Llevo una hora esperando en la biblioteca. Bueno, más bien una hora y media. Antes de las diez, salí a sentarme en los bancos de cemento. A las diez volví adentro y me quedé mirando el expositor, fingiendo estar interesado en los próximos eventos anunciados por la biblioteca. No quería parecer ansiosa por ver a Fate. A las diez y cuarenta y cinco me senté en los sofás de la sección de literatura juvenil y aproveché para hojear el libro de química. De acuerdo, admito que solo estaba pasando las páginas sin fijarme en lo que había escrito. Ahora son las once. ¿Dónde se habrá metido? Podría ir a dar una vuelta con mis amigos. Maldita sea, debería ir a dar una vuelta con mis amigos. Pero tengo la estúpida necesidad de saber la razón por la que Fate me ha dejado plantada. Intento convencerme de que es cuestión de orgullo, pero en el fondo estoy preocupada por ella. Durante su ataque de nervios en la enfermería, me dio a entender que su madre no era la candidata idónea para la Madre del Año. ¿No se da cuenta Fate de que ya tiene dieciocho años y que puede irse de casa si quiere? Si lo pasa tan mal, ¿por qué se queda allí? Porque sus padres son ricos. Si yo me fuera de casa, mi nueva vida no sería muy diferente de la antigua. Sin embargo, para una chica que vive en la zona norte, una vida sin toallas de diseño y una sirvienta que te siga a todas partes probablemente sea peor que la muerte. Ya he esperado suficiente a Fate. Voy a ir a su casa, para que me explique por qué me ha dejado plantada. Sin pensarlo dos veces, me subo a la moto y me dirijo a la zona norte. Sé dónde vive... en la vomitiva mansión blanca flanqueada por columnas. Aparco la moto en el camino de entrada y llamo al timbre. Me aclaro la garganta, para no atragantarme al hablar. Mi*rda, ¿qué voy a decirle? ¿Y por qué me siento tan insegura, como si ella fuera a juzgarme y yo tuviera que impresionarla? Nadie responde. Vuelvo a llamar.
¿Dónde está el sirviente o el mayordomo que te abren la puerta cuando los necesitas? Justo en el momento en el que estoy a punto de renunciar y alejarme con el rabo entre las piernas, la puerta se abre. Delante de mí aparece una versión mayor de Fate solo que con pelo y ojos oscuros. No cabe duda de que es su madre. Cuando me mira, reparo en la mueca de desprecio que me lanza.

- ¿En qué puedo ayudarte? -pregunta llena de seguridad. Tengo la impresión de que o espera que forme parte de la plantilla de jardineras o que sea una vendedora que va de puerta en puerta acosando a la gente-. En este vecindario está terminantemente prohibida la venta ambulante.
- Yo, esto, no estoy aquí para vender nada. Me llamo Nanoha. Solamente quería saber si Fate estaba, bueno, en casa -respondo. Genial, me he quedado sin palabras dos veces.
- No -contesta con un tono de voz tan frío como su mirada.
- ¿Sabe adónde ha ido?

La señora Testarossa entrecierra la puerta. Probablemente piense que voy a asomar la cabeza para comprobar las cosas de valor que tiene y sentirme tentada de robarlas.

- No suelo dar información acerca de dónde se encuentra mi hija. Ahora, si me disculpas -dice, antes de cerrarme la puerta en las narices.

Me quedo delante de la puerta principal como una completa imbécil. Tengo la sensación de que Fate estaba detrás de la puerta pidiéndole a su madre que se deshiciera de mí. En su lugar, yo no jugaría conmigo. Detesto los juegos que no puedo ganar. Regreso a la moto con el rabo entre las piernas, preguntándome si debería sentirme como un perro apaleado o como un pitbull furioso.

Narra Fate

- ¿Quién es Nanoha?

Esas son las primeras palabras que me dirige mi madre después de llegar a casa del aeropuerto, donde he ido a recoger a mi padre.
- Es una chica del instituto que me ha tocado como compañera en la clase de química -respondo en voz baja. Espero un momento antes de añadir

-¿Por qué le conoces?
- Vino aquí después de que te fueras al aeropuerto. Le he echado.

La realidad me golpea en la cara. ¡Ay, Dios! Me olvidé de que había quedado con Nanoha esta mañana. Cuando pienso en ello, la imagino esperándome en la biblioteca y me invade un sentimiento de culpabilidad. Era yo quien no confiaba en que se presentara, pero al final he sido yo quien no ha cumplido con su palabra. Debe de estar furiosa. Puf, me siento fatal.

- No la quiero cerca de casa -confiesa-. Los vecinos empezarían a chismorrear sobre ti.

«Como hacen con tu hermana», sé que está pensando. Espero que algún día pueda vivir en un lugar en el que no tenga que preocuparme de los cotilleos de los vecinos.

-De acuerdo -accedo.
- ¿Puedes cambiar de compañera?
- No.
- ¿Lo has intentado?
- Si, mamá. Lo he hecho. La señora Wolkenritter se niega a volver a asignar compañeros.
- Quizás no hayas insistido lo suficiente. Llamaré al instituto el lunes y les haré...

La miro fijamente, ignorando la intensa y dolorosa punzada en la parte posterior de la cabeza, donde mi hermana se ha llevado un buen mechón de pelo.

- Mamá, ya me encargo yo. No necesito que llames al instituto y me hagas sentir como una niña de dos años.
- ¿Ha sido esa chica, Nanoha, la que te ha enseñado a faltarle el respeto a tu madre? ¿De repente, crees que puedes hablarme así porque esa chica sea tu compañera?
- Mamá...

Ojala estuviera mi padre para intervenir. Pero fue directamente a su despacho para comprobar su correo justo después de que llegásemos a casa. Me gustaría que actuara como árbitro en lugar de quedarse al margen.

- Porque si empiezas a codearte con gentuza como esa, la gente te considerará como tal. No es así como te hemos educado tu padre y yo.

Vaya, aquí viene el sermón. Preferiría comer pescado vivo con escamas y todo antes de escuchar esto ahora. Sé cuál es el significado que se esconde tras sus palabras. Alicia no es perfecta, de modo que yo tengo que serlo por las dos. Aspiro profundamente intentando calmarme.

- Mamá, lo he entendido. Lo siento.
- Sólo intento protegerte -dice-. Y tú me lo hechas en cara.
- Lo sé. Lo siento. ¿Qué ha dicho la Dra. Tribeca de Alicia?
- Quiere que vaya dos veces por semana para hacer un seguimiento. Voy a necesitar tu ayuda para llevarla.

No le menciono nada de la política de la señora Alph acerca de faltar al entrenamiento de animadoras, porque no sirve de nada que nos estresemos más de lo que ya lo estamos. Además, me gustaría averiguar por qué mi hermana se comporta de ese modo tan agresivo. Afortunadamente, suena el teléfono y mi madre va a atender la llamada. Salgo corriendo hacia la habitación de mi hermana antes de que mi madre me llame para seguir con la discusión. Alicia está sentada frente a su ordenador personalizado, dando golpecitos al teclado.

- Hola -le digo.

Alicia levanta la mirada. No está sonriendo. Quiero que sepa que no estoy enfadada con ella porque sé que no era su intención hacerme daño. Puede que ni siquiera comprenda qué la empuja a hacer esas cosas.
-¿Quieres jugar a las damas? Niega con la cabeza.
- ¿Ver la tele? -Vuelve a negar con la cabeza.
- Quiero que sepas que no estoy enfadada contigo -le explico mientras me acerco a ella, pero con cuidado para que el pelo quede fuera de su alcance, y le froto la espalda-. Ya sabes que te quiero.

No hay respuesta, ni asentimiento de cabeza, ni aproximación verbal. Nada. Me siento en el borde de su cama y la observo jugar con el ordenador. De vez en cuando hago algún comentario para que sepa que estoy allí. Puede que ahora no me necesite, pero me gustaría que así fuera. Porque sé que llegará el día en el que me necesite, y yo no estaré aquí para ayudarla. Eso me asusta. Poco después dejo a mi hermana y me voy a mi habitación. Busco la guía de estudiantes del Instituto Fairfield para conseguir el teléfono de Nanoha. Abro mi teléfono móvil y marco su número.

- ¿Sí? -contesta una voz de chico.

Aspiro profundamente.

- Hola -respondo-. ¿Está Nanoha?
- Ha salido.
- ¿Quién es? -oigo a una mujer preguntar a lo lejos.
- ¿Quién eres? -pregunta el muchacho.

Me doy cuenta de que estoy desconchándome la uña mientras hablo.

- Fate testarossa. Soy... una amiga del instituto de Nanoha.
- Es Fate testarossa una amiga del instituto de Nanoha -explica el chico a su madre.
- Coge el mensaje -le oigo decir.
- ¿Eres su nueva novia? -pregunta el chico.

Oigo un golpe y un « ¡Ay!» antes de que el chico rectifique

- ¿Quieres dejar un mensaje?
- Dile que ha llamado Fate testarossa. Este es mi número...

Narra Nanoha

Estoy en el almacén donde los Latino Blood quedan cada noche. Acabo de fumarme el segundo o tercer cigarrillo, ya he perdido la cuenta.

- Bebe un poco de cerveza y borra esa cara de deprimida -suelta Hayate, pasándome una Coronita. Le cuento que Fate me ha dejado plantada esta mañana y lo único que hace es negar con la cabeza, como si me lo mereciera por haberme acercado a la zona norte.

Cojo la botella pero vuelvo a lanzársela.

- No, gracias.
- ¿Qué pasa, tía? ¿No es lo suficientemente bueno para ti? -pregunta Zest, probablemente el más imbécil de los Latino Blood. El colega consume alcohol con la misma moderación con la que consume droga, es decir, ninguna.

Le lanzo una mirada de advertencia, sin decir palabra.

- Estaba de coña, tía -masculla el borracho de Zest.

Nadie quiere meterse en líos conmigo. Durante mi primer año como pandillera en los Latino Blood, demostré mi valía en un encontronazo con una banda rival. Cuando era cría, solía pensar que podría salvar el mundo... o al menos salvar a mi familia. «Nunca me convertiré en miembro de ninguna banda», me repetía a mí misma cuando ya tenía edad de meterme en una. «Protegeré a mi familia con mis propias manos». En la zona sur de Fairfield, o eres un gangster o estás contra ellos. Entonces, solía soñar con otro futuro, sueños ilusos en que podía mantenerme al margen de las bandas y seguir protegiendo a mi familia. Pero esos sueños se desvanecieron hace mucho tiempo, condenando mi futuro, la noche en la que dispararon a mi padre a unos cinco metros de mí. Tenía seis años. Cuando me acerqué a su cuerpo, todo lo que pude ver fue una mancha roja extendiéndose por la parte delantera de la camiseta. Me recordó a una diana, excepto porque el centro del objetivo se hacía cada vez más grande. En cuestión de segundos, mi padre se quedó sin aliento. Aquello fue todo. Había muerto. No me acerqué demasiado, ni tampoco lo toqué. Tenía demasiado miedo. No dije ni una palabra durante los días posteriores a su muerte. Incluso cuando la policía me interrogó, no fui capaz de hablar. Llegaron a la conclusión de que me encontraba en estado de shock, y que mi cerebro no sabía cómo procesar lo ocurrido. Tenían razón. Ni siquiera recuerdo el aspecto del tío que le disparó. Nunca he podido vengar la muerte de mi padre, aunque cada noche rememoro la escena del disparo e intento juntar las piezas del rompecabezas. Si pudiera acordarme, ese cabrón pagaría por lo que hizo. Lo que ha sucedido hoy, sin embargo, está perfectamente claro en mi mente. Fate me ha dejado plantada, su madre me ha mirado con el ceño fruncido... cosas que deseo olvidar pero que parezco tener incrustadas en el cerebro. Hayate vacía la mitad de la cerveza de un trago, sin importarle que le caiga por las comisuras de los labios y que le salpique la camiseta. Cuando Zest se vuelve hacia otro de los chicos, Hayate se dirige a mí.
- Suzuka te la jugó bien, ¿verdad?
- ¿Por qué lo dices?
- No confíes en las tías. Y si no, fíjate en Fate testarossa... Suelto un taco en voz baja.
- Hayate, me lo he pensado mejor, pásame una Coronita. Una vez abierta la vacío de un trago y aplasto la lata contra la pared. - Puede que no quieras escuchar lo que voy a decirte, Nanoha. Pero vas a tener que hacerlo estés o no borracha, Suzuka, esa ex tuya, esa Latina sexy que adora los cotilleos y hacerle chupones a sus novias, te dio una puñalada por la espalda. De modo que lo único que haces con Fate testarossa es utilizarla porque necesitas devolverle el golpe a alguien. -Escucho a Hayate, sin mucha gana, mientras cojo otra cerveza.
- ¿Crees que intento hacer eso con mi compañera de clase de química?
- Sí, pero te va a salir el tiro por la culata, colega, porque en realidad esa chica te gusta. Admítelo.
- Solo me interesa por la apuesta -concluyo, sin ninguna intención de admitir nada.

Hayate ríe con tanta fuerza que acaba tropezando y cayendo de espaldas sobre el suelo del almacén. Me señala con la cerveza que aún sostiene en la mano.

- Amiga, se te da tan bien mentirte a ti misma que empiezas a creerte todas las gilipolleces que sueltas por la boca. Esas dos tías son polos opuestos, Nanoha.

Cojo otra cerveza. Cuando abro la pestaña, reflexiono sobre las diferencias entre Suzuka y Fate. Suzuka tiene una mirada sexy, oscura y misteriosa. La mirada de Fate parece más bien inocente, con esos ojos rojos tan claros que casi puedes ver a través de ellos. ¿Seguirá siendo así cuando haga el amor con ella? Mi*rda. ¿Hacer el amor? ¿Por qué coño he mezclado a Fate y el amor en una misma frase? Se me está yendo la cabeza. La siguiente media hora, la paso bebiendo tanta cerveza como puedo. Así me siento lo suficientemente bien como para no tener que pensar... en nada. Una voz de chica me saca del ensimismamiento.

- ¿Os apuntáis a una fiesta en la playa? -pregunta.

Miro a unos ojos de color violeta. Aunque mi mente esté nublada y me siento mareada, sé con seguridad que el violeta es lo opuesto a lo carmesí. No quiero lo carmesí. El carmesí me confunde demasiado. El violeta es sencillo, es más fácil tratar con él. Algo no va bien, pero no soy capaz de identificar de qué se trata. Y cuando siento los labios de la de mirada violeta sobre los míos, deja de importarme todo excepto apartar el carmesí de mi mente. Aunque también recuerde que el violeta puede ser amargo.

- Sí -digo cuando separo los labios de los de ella-. ¡Vámonos de fiesta!

Una hora más tarde, estoy con el agua hasta la cintura. Deseo convertirme en una pirata y surcar mares solitarios. Por supuesto, en el fondo de mi confusa mente sé que estoy contemplando el Lago de Mid-childa y no un océano. Pero en este momento que no pienso con claridad, ser una pirata me parece una opción de narices. Sin familia, sin preocupaciones, sin chicas de pelo rubio y ojos carmesí que me perforan al mirarme. Unos brazos me rodean el torso, como tentáculos.

- ¿En qué piensas, cariño?
- En convertirme en pirata -murmuro al pulpo que acaba de dirigirse a mí con tanta confianza.

Las ventosas del pulpo me están besando en la espalda y avanzan hasta la cara. Pero en lugar de asustarme, me siento a gusto. Conozco este pulpo, estos tentáculos.

- Tú serás una pirata y yo una sirena. Podrás rescatarme.

De algún modo, tengo la sensación de que es a mí a quien deberían rescatar porque siento que me está ahogando con sus besos.

- Suzuka -le digo al cefalópodo de ojos violeta que se ha transformado en una sexy sirena, comprendiendo de repente que estoy borracha, desnuda y con el agua hasta la cintura en el Lago de Mid-childa.

- Shh, relájate y disfruta.

Suzuka me conoce lo suficiente como para hacerme olvidar la realidad y ayudarme a concentrarme en la fantasía. Me abraza con sus manos y su cuerpo. Parece ingrávida en el agua. Llevo las manos hacia lugares en los que he estado antes y tanteo un territorio que me resulta familiar, pero la fantasía no me invade esta vez. Y cuando vuelvo la mirada hacia la orilla, el bullicio provocado por mis ruidosos amigos me recuerda que no estamos solas y que a mi pulpo-sirena le encanta tener público. A mí no. Cojo a mi sirena de la mano y empiezo a caminar hacia la orilla. Hago caso omiso de los comentarios de mis colegas y le digo a mi sirena que se vista mientras yo me pongo los pantalones y una blusa. Hecho esto, la cojo de nuevo de la mano y nos abrimos paso a través de la multitud hasta dar con un espacio vacío en el que poder sentarnos junto a nuestros amigos. Me recuesto sobre una enorme roca y estiro las piernas. Mi ex novia se acurruca a mi lado, como si nunca hubiéramos roto, como si nunca me hubiera engañado con otra. Me siento atrapada, sin escapatoria. Ella da una calada a algo más fuerte que un cigarrillo y me lo pasa. Observo el porro fino y bien liado.

- Esto no llevará alucinógenos, ¿verdad? -pregunto. Estoy deshecha, y lo último que necesito es mezclarla marihuana y la cerveza con otras drogas. No quiero matarme, solo pretendo alcanzar un estado de entumecimiento temporal.
- Solo es marihuana, cariño - dice, poniéndome el porro en los labios.

Quizás me ayude a dejar la mente en blanco y olvidar todo lo relacionado con disparos y ex novias, y apuestas en las que tengo que acostarme con una chica que cree que soy la escoria de la sociedad. Acepto el porro y le doy una calada. Las manos de mi sirena avanzan hacia mis pechos.

- Puedo hacerte feliz, Nanoha -susurra, tan cerca de mí que puedo oler el alcohol y la marihuana en su aliento. O quizás sea el mío, no estoy seguro-. Dame otra oportunidad.

La droga y el alcohol confunden mis sentidos. Y al rememorar la imagen de Yûno y fate abrazados en el instituto, acerco el cuerpo de Suzuka hacia mí. No necesito una chica como Fate. Necesito una chica sexy y picante como Suzuka, mi sirenita mentirosa.

Narra fate

Convencí a Carim, Vice, Yûno, Saeki y Ginga para ir esta noche al Club Hilde, el local que me recomendó Shari. Está en Highland Grove, en la playa. A Yûno no le gusta mucho bailar, así que acabé bailando con el resto de la pandilla, incluso con ese chico llamado Inui, que baila genial. Creo que he aprendido algunos pasos que podremos introducir en las coreografías de las animadoras. Ahora estamos en casa de Carim, en la playa que hay detrás de su casa. Mi madre sabe que me quedo a dormir aquí esta noche, de modo que no tengo que preocuparme del toque de queda. Mientras Carim y yo colocamos unas mantas sobre la arena, Ginga se ha quedado rezagada con los chicos, que están sacando las botellas de vino y las cervezas que llevábamos en el maletero del coche de Yûno.

- Vice y yo nos acostamos el fin de semana pasado -espeta Carim.
- ¿En serio?
- Sí. Ya sé que quería esperar hasta que estuviéramos en la universidad, pero pasó sin más. Sus padres no estaban en la ciudad, fui a su casa, una cosa llevó a la otra y lo hicimos.
- Vaya, ¿y cómo fue?
- No lo sé. Si te soy sincera, fue un poco extraño. Aunque él estuvo muy cariñoso después, preguntándome una y otra vez si estaba bien. Y por la noche vino a mi casa y me trajo tres docenas de rosas rojas. Tuve que mentir a mis padres y decirles que era por nuestro aniversario. No podía decirles que las flores eran para celebrar que había perdido la virginidad con él. ¿Qué hay de ti y Yûno?
- Yûno quiere que nos acostemos -le suelto.
- Todos los chicos de más de catorce años desean tener relaciones sexuales -explica-. Es su obligación querer hacerlo.
- Pero es que... yo no quiero. Por lo menos, no ahora.
- Entonces tu obligación es decir que no -añade, como si fuera tan fácil.

Carim ya no es virgen porque ha dicho que sí. ¿Por qué me cuesta tanto a mí dar ese paso?

- ¿Cuándo sabré que ha llegado el momento?
- Te aseguro que no vas a venir a preguntármelo. Supongo que cuando estés completamente preparada, querrás hacerlo, sin reservas ni preguntas. Nosotras sabemos que ellos quieren tener relaciones. Depende de ti hacer que eso ocurra. O no. Verás, mi primera vez no ha sido divertida ni fácil. Fue un poco chapucera y la mayor parte del tiempo me sentía como una estúpida. Cuando estás con la persona a la que quieres, es más fácil abrirte y asumir que puedes cometer errores y no temer mostrarte vulnerable, y eso es lo que hace que sea hermoso y especial.

¿Será esa la razón por la que no quiero hacerlo con Yûno? Quizás en el fondo, no lo quiera tanto como suponía. ¿Soy capaz de querer tanto a alguien como para abrirme y no temer mostrarme vulnerable? La verdad es que no estoy segura.

- Verossa ha roto hoy con Ginga -susurra Carim-. Ha empezado a salir con una chica de su residencia.

Si antes no me compadecía por Ginga, ahora sí lo hago. Sobre todo porque sabe atraer la atención de los chicos, como si actuar así alimentara su autoestima. No me extraña que haya estado encima de Saeki toda la noche. Veo aparecer a Ginga y al resto del grupo, que se ponen a colocar las mantas sobre la arena. Ginga agarra a Saeki por la camiseta y tira de él.

- Vayamos a darnos el lote -le dice.

Saeki está más que dispuesto a aceptar la propuesta. Yo me la llevo aparte, me acerco a ella y le susurro para que nadie pueda oírnos:

- No juegues con Saeki.
- ¿Por qué no?
- Porque no te gusta tanto. No lo utilices. Ni dejes que te utilice a ti.

Ginga me aparta de un empujón.

- En serio, fate, tienes una perspectiva distorsionada de la realidad. O quizás quieras señalar las imperfecciones de todos para poder seguir luciendo la corona de Reina de las Perfectas.

Eso no es justo. Mi intención no es subrayar sus defectos, pero si la veo avanzar por un camino peligroso, ¿acaso no es mi deber como amiga detenerla?
Tal vez no. Somos amigas, pero no súper amigas. La única a la que permito acercarse lo suficiente es a Carim. ¿Cómo me atrevo a darle consejos a Ginga cuando nunca le dejaría actuar del mismo modo conmigo? Carim, Vice, Yûno y yo nos sentamos en las mantas y hablamos sobre el último partido de fútbol delante de una fogata que hemos hecho a base de ramitas y viejos trozos de madera. Reímos, recordando las jugadas fallidas e imitando al entrenador del equipo cuando increpaba a los jugadores desde el banquillo. Cuando se enfada, se pone muy rojo, no deja de chillar y de escupir, y los jugadores tienen que apartarse para que no les salpique en la cara. Vice lo imita genial. Estoy a gusto aquí, sentada junto a mis amigos y a Yûno, y durante un momento me olvido de mi compañera de química que, últimamente, ocupa todos mis pensamientos. Un rato después, Carim y Vice se van a dar un paseo y yo me tumbo sobre Yûno, frente a la hoguera, que ilumina la arena que nos rodea con un brillante resplandor. A pesar de mis consejos, Ginga y Saeki han estado comiéndose a besos todo el tiempo, y aún no han regresado. Cojo la botella de Chardonnay que han comprado los chicos. Ellos han estado bebiendo cerveza, y las chicas vino, porque Carim no soporta la cerveza. Me llevo la botella a los labios y la vacío. Empiezo a sentirme mareada, pero haría falta que me bebiera otra entera para sentirme desinhibida del todo.

- ¿Me has echado de menos este verano? -le pregunto.

Me acurruco contra él mientras me acaricia el pelo, el cual, por cierto, debe de estar hecho un desastre. Ojalá estuviera lo suficientemente bebida como para que no me importara. Yûno me coge una mano y se la lleva a la bragueta. Deja escapar un gemido lento.

- Sí -susurra contra mi cuello-. Un montón.

Cuando aparto la mano, me rodea el cuerpo con los brazos. Me apretuja las tetas como si fueran balones de agua. Nunca me habían molestado las caricias de Yûno, pero el recorrido que hace con las manos me está cabreando y dando asco, todo al mismo tiempo. Me aparto de su lado.

- ¿Qué pasa, Fate?

- No lo sé -le digo.

Es verdad, no lo sé. Las cosas con Yûno parecen tensas desde que empezó el curso. No puedo dejar de pensar en Nanoha, lo cual me molesta más que Cualquier otra cosa. Alargo la mano y cojo una cerveza.

-Es demasiado forzado -le digo a mi novio mientras abro la lata y doy un sorbo de cerveza-. ¿No podemos quedarnos aquí sentados sin hacer nada? -Y Yûno deja escapar un resoplido fuerte y exagerado.
- fate, yo quiero hacerlo. -Intento vaciar la cerveza de un trago, aunque acabo derramando un poco.
- ¿Quieres hacerlo ahora? -le pregunto.

¿Aquí, donde nuestros amigos pueden vernos si se dan la vuelta? Pienso.

- ¿Por qué no? Ya hemos esperado mucho.
- No sé, Yûno -digo, verdaderamente asustada por estar teniendo aquella conversación pese a saber que llegaría el momento.
- Supongo... supongo que imaginaba que sucedería de un modo natural.
- ¿Qué puede ser más natural que hacerlo al aire libre, sobre la arena?
- ¿Y los condones?
- Me quitaré a tiempo.

Eso no suena nada romántico. Me volveré loca hasta que me baje el periodo por miedo a haberme quedado embarazada. No es así como quiero que sea la primera vez.

- Hacer el amor significa mucho para mí.
- Y para mí también. Así que hagámoslo ya.
- Tengo la impresión de que el verano te ha cambiado.
- Tal vez -replica a la defensiva-. Quizás me haya dado cuenta de que nuestra relación tiene que avanzar. Joder, fate. ¿Quién pensaría que una estudiante de último curso todavía es virgen? Todos creen que ya lo hemos hecho, ¿por qué no lo hacemos y ya está? Mierda, incluso has permitido que esa tipa, Takamashi, piense que puede acostarse contigo.

El corazón me da un vuelco.

- ¿Crees que preferiría acostarme con Nanoha antes que contigo? -pregunto con los ojos llenos de lágrimas.
No sé si es el alcohol el culpable de que me sienta tan sensible o si sus palabras han dado en el blanco. No puedo dejar de pensar en mi compañera de laboratorio. Me odio a mí misma por tener esos pensamientos, y ahora mismo odio a Yûno por habérmela recordado.

- ¿Y Ginga? -replico, Echo un vistazo a mi alrededor para asegurarme de que Ginga no puede escucharnos-. Parece que hay muy buen rollo entre vosotros cuando estáis en clase de química.
- Déjalo ya, Fate. Hay muchas chicas que se fijan en mí en clase. Obviamente tú no lo haces porque estás demasiado ocupada discutiendo con Takamashi. Todos saben que estáis tonteando.
- Eso no es justo, Yûno.
- ¿Qué pasa? -pregunta Carim, que aparece con Vice desde detrás de una enorme roca.
- Nada -respondo, antes de ponerme en pie con las sandalias en la mano-. Me voy a casa.
- Voy contigo -dice Carim cogiendo su monedero.
- No -le contesto. Por fin me siento completamente mareada. Es como si hubiera abandonado mi cuerpo, pudiera observarlo todo y quisiera enfrentarme sola a la situación-. No quiero ni necesito a nadie. Iré caminando.
- Estás borracha -añade Vice, mirando la botella vacía y la lata de cerveza donde había estado sentada.
- No lo estoy. -Cojo otra cerveza y la abro antes de acercarme a la orilla. Sola. Por mi misma. Como debe ser.
- No quiero que vayas sola por ahí -dice Carim.
- Ahora quiero estar sola. Necesito pensar en ciertas cosas.
- fate, vuelve aquí -espeta Yûno, pero sin moverse de donde está.

Le ignoro.

- No vayas más allá del cuarto muelle. No es seguro -me advierte Carim.

¿Que no es seguro? Qué más me da. ¿Qué pasará si me sucede algo? A Yûno no le importará. Ni a mis padres tampoco. Cierro los ojos. Siento que los dedos de los pies se me hunden en la arena y me lleno los pulmones con la fresca y perfumada brisa de la playa que me acaricia la cara. Y sigo bebiendo cerveza. Me olvido de todo excepto de la arena y la cerveza, continúo caminando, deteniéndome solo para observar la oscura superficie del lago. La luz de la luna brilla sobre ella y dibuja una línea que parece cortarla en dos. He pasado dos muelles. O tal vez sean tres. De todas formas, no queda mucho para llegar a casa. Menos de un kilómetro y medio. Cuando llegue a la siguiente playa, subiré la calle y me dirigiré a casa. No es la primera vez que hago algo así. Pero me gusta tanto sentir la arena bajo los pies, es como una de esas almohadas rellenas de bolitas que se adaptan a la forma. Y más adelante oigo música. Me encanta la música. Cierro los ojos y muevo el cuerpo al ritmo de una canción desconocida. No me he percatado de la distancia que he recorrido y sigo bailando hasta que el bullicio de risas y voces me deja paralizada. Frente a mí veo a un grupo de gente con bandanas rojas y negras. Está claro que hace mucho que he dejado atrás el cuarto muelle.

- Eh, mirad, es Fate Testarossa, la animadora más sexy de todo el instituto Fairfield -anuncia un tipo-. Ven aquí, guapa. Baila conmigo.

Miro desesperada a la multitud, esperando encontrar una cara amiga, familiar. Nanoha. Está aquí. Y Suzuka Tsukimura está sentada sobre su regazo. Una imagen que da que pensar. Otro de los chicos avanza hacia mí.

- ¿No sabes que esta zona de la playa es solo para chicanos? -me pregunta, acercándose más-. O quizás has venido atraída por el olor de la carne oscura. ¿Sabes lo que dicen, nena? Que la carne oscura es la más jugosa.
- Déjame en paz -mascullo como puedo.
- ¿Crees que eres demasiado buena para un tipo como yo? -insiste el desconocido que ya me ha alcanzado y me acecha con unos ojos llenos de rabia. La música deja de sonar.

Me tambaleo hacia atrás. No estoy lo suficientemente borracha como para no darme cuenta de lo peligrosa que se ha vuelto la situación.

- Zest, déjala -interviene Nanoha en voz baja. Es una orden.

Nanoha le está acariciando el hombro a Suzuka, y sus labios están a escasos centímetros de su piel. Me tambaleo. Esta es una pesadilla de la que necesito escapar, y rápido. Empiezo a correr, las carcajadas de los miembros de la banda resuenan en mis oídos. No puedo huir lo suficientemente rápido, tengo la impresión de estar en un sueño en donde mis pies se mueven pero no consigo avanzar.

- ¡Fate, espera! -llama una voz desde detrás de mí.

Me doy la vuelta y me encuentro cara a cara con la chica que me persigue en mis sueños, tanto en los que estoy despierta como en los que estoy dormida. Nanoha. La chica que odio. La chica que no consigo apartar de mis pensamientos, no importa lo borracha que esté.

- No hagas caso a Zest. A veces se deja llevar e intenta dárselas de gamberro -dice Nanoha. Me quedo atónita cuando la veo acercarse para enjuagar una lágrima de mi mejilla-. No llores. Nunca permitiría que te hicieran daño.

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Continuara…

Hola, hola! Gente de fanfiction

Les he dejado aquí este capítulo largo pues no creo actualizar el fin de semana tengo que estudiar o me llevare una materia por eso lo dejo así de largo para compensar el que no actualizare jeje wow sobrepase las 5000 palabras y fueron 11 hojas de Word enserio que me emocione jeje aquí son cuatro capítulos en 1 jejeje así que espero les guste

Y no se desesperen que ya viene lo mejor jeje

Me despido no sin antes recordarles que dejen reviews y unas aclaraciones

Algunas ocasiones no me da tiempo de darle una segunda repasada a los capítulos y se me van algunos errores y nombres que no corregí así que perdonen eso pues después de subir el capi le doy una re leída por lo regular hasta el día siguiente que tengo tiempo.

Otra cosa la enfermedad de Alicia es… no mejor los dejo con la intriga jeje ok no la verdad les dejare que la historia lo cuente sola en un capítulo más adelante entraremos más en la vida de ambos y hablaremos más de su familia así que esperen un poco

Ahora si adiós : D