QUIMICA PERFECTA

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By: Vivio takamachi Harlaown

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CAPITULOS 18-23

Narra Fate

¿Debería decirle que no temo que me hagan daño? Me gusta no ser capaz de controlar lo que digo. Aunque no he corrido mucho, ha sido lo suficiente para alejarme de los amigos de Nanoha. No pueden verme, ni tampoco oírme.

- ¿Por qué te gusta Suzuka? -le pregunto antes de que todo empiece a darme vueltas. Me desplomo sobre la arena-. Es mala.
Sé ofrece para ayudarme a ponerme en pie, pero me asusto, y ella se mete las manos en los bolsillos.
- ¿Y, de todas formas, a ti qué coño te importa? Me has dejado plantada.
- Tenía cosas pendientes.
- ¿Cómo lavarte el pelo o hacerte la manicura?

Más bien porque mi hermana me ha arrancado un mechón de pelo y mi madre me ha echado la bronca por ello. Le clavo el dedo en el pecho y le digo:

- Eres una gilipollas.
- Y tú una petarda -dice-. Una petarda con una sonrisa fascinante y unos ojos que pueden hacerle perder la cabeza a un chico... o chica.

Hace una mueca mientras las palabras salen de su boca, como si quisiera volver a tragárselas. Esperaba que dijera un montón de cosas, pero eso no. Especialmente eso. Me fijo en sus ojos inyectados en sangre.

- Estás drogada, Nanoha.
- Sí, bueno, tú tampoco pareces estar muy sobria. Quizás sea el momento perfecto para que me des ese beso que me debes.
- De ninguna manera.
- ¿Por qué no? ¿Temes que te guste tanto que acabes olvidando a tu novio?

¿Besar a Nanoha? Nunca. Aunque es algo que me ha pasado por la cabeza. Muchas veces. Más de las que desearía. Sus labios son gruesos y tentadores. Ay, Dios, tiene razón. Estoy borracha. Y, definitivamente, no me siento bien. Se me ha pasado el atolondramiento y he empezado a delirar, porque estoy pensando en cosas en las que no debería pensar. Como, por ejemplo, en lo mucho que deseo saber qué se siente al tener esos labios pegados a los míos.

- Está bien. Bésame, Nanoha -digo, caminando hacia delante e inclinándome hacia ella-. Entonces, estaremos en paz.

Me agarra de los brazos. Eso es. Voy a besar a Nanoha y voy a averiguar qué se siente. Es peligrosa y se ríe de mí. Pero también es sexy, misteriosa y guapa. Estar tan cerca de ella me provoca tal excitación que empiezo a estremecerme y la cabeza me da vueltas. Meto el dedo dentro del pasador de su cinturón para mantener el equilibrio. Es como si estuviéramos subidos en el tiovivo de una feria.

- Vas a vomitar -dice.
- Qué va. Estoy…disfrutando del paseo.
- No estamos paseando.
- Ah -digo, confusa. Suelto el pasador y me concentro en mis pies. Parece como si se levantaran solos, flotando sobre la arena-. Estoy un poco mareada, eso es todo. Pero estoy bien.
- Ni de coña.
- Si dejaras de moverte, me sentiría mucho mejor.
- No me estoy moviendo. Y odio tener que aguarte la fiesta, tía, pero estás a punto de vomitar.

Tiene razón. El estómago no deja de darme vueltas. Me tiene sujeta con la mano, mientras que con la otra me recoge el pelo, alejándolo de mi cara mientras me inclino y vomito. No consigo que el estómago deje de darme vueltas. Devuelvo una y otra vez. El sonido que emito, entre tanto gorgoteo y arcada, resulta asqueroso, aunque estoy demasiado borracha como para que me importe.

- Anda, mira -digo entre vómito y vómito-. Mi cena está sobre tu zapato.

Narra Nanoha

Miro los tropezones que me chorrean por los zapatos. Me han ocurrido cosas peores. Ella se incorpora, así que le suelto el pelo. No he podido evitar cogérselo para que no le cayera en la cara durante el episodio de los vómitos. Intento no pensar en la sensación que me ha provocado sentir su pelo deslizándose entre mis dedos como hilos de seda. Mi ilusión de hacerme pirata y raptarla para llevarla a mi barco vuelve a pasarme por la cabeza. Pero ni soy pirata, ni ella mi princesa cautiva. Solo somos dos adolescentes que se odian la una a la otra. De acuerdo, puede que no la odie de verdad. Me quito la gorra de la cabeza y se la doy.

- Toma, límpiate la cara con esto.

Mientras me limpio el zapato en las frías aguas del Lago Michigan, ella utiliza la gorra para presionarse las comisuras de los labios, como si fuera una servilleta de un restaurante de categoría. No sé qué decir ni qué hacer. Estoy sola con Fate Testarossa peda. No estoy acostumbrada a quedarme a solas con niñas pijas a las que la bebida les hace ponerse sensibles, especialmente con una que me pone tanto. Tengo dos opciones: o aprovecharme de ella y ganar la apuesta, lo que, teniendo en cuenta el estado en el que se encuentra, sería una auténtica guarrada o...

- Voy a buscar a alguien para que te lleve a casa -suelto antes de que mi embriagado cerebro piense en el millón de formas distintas de aprovecharme de ella esta noche. El alcohol me ha dejado tocada, y las drogas también. Y cuando tenga relaciones con esta chica, quiero contar con todas mis facultades.

Ella frunce los labios, haciendo pucheros como un bebé.

- No. No quiero ir a casa. A cualquier sitio menos a casa.

Oh, mierda. En menudo lío estoy metida. Cuando me mira, la luz de la luna hace que sus ojos brillen como una joya única y valiosa.

- Yûno cree que me gustas, ¿sabes? Dice que discutimos porque es nuestra manera de tontear.
- ¿Es cierto? -le pregunto, y contengo la respiración para oír su respuesta. Por favor, por favor, que sea capaz de recordarla mañana cuando me levante.

Ella levanta el dedo y dice:

- Espera un momento.

Entonces, se arrodilla en el suelo y vuelve a vomitar. Cuando termina, se encuentra demasiado débil para caminar. Parece la última muñeca de trapo que queda en un rastro. La llevo hasta donde mis amigos han encendido una enorme fogata sin saber muy bien qué hacer. Cuando me rodea el cuello con los brazos, me da la sensación de que necesita que alguien la defienda. Y seguro que Yûno no es ese tipo. Yo tampoco lo soy. He oído que en su primer año, antes de conocer a Yûno, salió con un alumno de penúltimo curso. Esta chica debe de tener experiencia. Entonces, ¿por qué parece tan inocente? Puede que esté buenísima, pero sigue pareciendo inocente. Todas las miradas recaen sobre nosotros conforme nos acercamos al grupo. Ven a una niña rica y desmayada en mis brazos y enseguida piensan en lo peor. Se me ha olvidado decir que, durante el paseo, mi compañera de laboratorio se ha quedado dormida entre mis brazos.

- ¿Qué le has hecho? -pregunta Hayate.

Schach se pone en pie. Está muy cabreado.

- Mierda, Nanoha. ¿He perdido mi RX-7?
- No, imbécil. No me tiro a tías inconscientes.

Por el rabillo de ojo puedo ver a una furiosa Suzuka. Mierda. Me he pasado un montón con ella esta noche y merezco que esté cabreada conmigo. Le hago una señal a Reinforce para que se acerque.

- Rein, necesito tu ayuda.
- ¿Y qué quieres que haga con ella? -pregunta, echando un vistazo a Fate.
- Ayúdame a sacarla de aquí. Llevo un buen pedo y no puedo conducir.

Rein niega con la cabeza.

- ¿Te das cuenta de que tiene novio? ¿Y que es rica? ¿Y blanca? ¿Y que lleva ropa de diseño que tú nunca podrás permitirte?

Sí, ya sé todo eso. Y estoy harta y cansada de que todos me lo recuerden continuamente.

- Necesito tu ayuda, Rein. No un sermón, ¿vale? Ya tengo a Hayate para que me dé el coñazo. Rein levanta en alto los brazos, a la defensiva, y añade: - Solo estoy afirmando lo evidente. Eres una chica lista, Nanoha. A ver, seamos lógicos. No importa cuánto desees que forme parte de tu vida, ella no pertenece a este mundo. No hay manera de hacer encajar un triángulo en un cuadrado. Ya me callo.
- Gracias.

No añado que si se trata de un cuadrado lo suficientemente grande, un triangulito puede caber perfectamente. Todo es cuestión de aplicar una ligera variación a la ecuación. Estoy demasiado bebida y fumada como para explicárselo ahora mismo.

- He aparcado al otro lado de la calle -comenta. Deja escapar un suspiro de desesperación antes de rematar. - Sígueme.

Acompaño a Reinforce hasta el coche, deseando recorrer esa distancia en silencio. Pero no tengo tanta suerte.

- El año pasado también estuve en clase con ella -dice Rein.
- Bien.
- Es buena chica. Lleva demasiado maquillaje -continúa, encogiéndose de hombros.
- La mayoría de las tías la odian.
- La mayoría de las tías desearían ser como ella, tener su dinero y su novio.

Me detengo en seco y hago una mueca de desprecio.
- ¿Cara Burro?
- Venga ya, Nanoha. Yûno Scrya es guapo, es el capitán del equipo de fútbol y el héroe de Fairfield. Tú eres más bien como Danny Zuko en Grease. Fumas, estás en una banda y has salido con las chicas más malas y guapas. Fate es como Sandy... una Sandy que nunca aparecerá en el instituto con una chaqueta negra de cuero y con un cigarrillo colgando de la boca. Olvida esa fantasía.

Dejo a mi fantasía en el asiento trasero del coche de Rein y me siento a su lado. Fate se acurruca contra mí, me utiliza como su almohada personal, sus rubios cabellos se despliegan sobre mi cremallera. Cierro los ojos durante un segundo e intento quitarme la imagen de la cabeza. No sé qué hacer con las manos: la derecha está apoyada sobre el reposabrazos de la puerta, y la izquierda cuelga sobre Fate .Vacilo un momento. ¿A quién pretendo engañar? No soy virgen. Soy una chica de dieciocho años que puede soportar tener a una chica sexy y dormida a su lado. ¿Por qué tengo miedo de poner el brazo donde esté cómodo, justo sobre su pecho? Contengo la respiración mientras coloco el brazo sobre ella. Fate se acurruca más cerca de mí. Me siento rara y mareada. O son los efectos del porro o... no me apetece mucho pensar en la otra opción. Su larga melena me cae sobre el muslo. Sin pensarlo dos veces, deslizo la mano entre su cabello y lo observo mientras los sedosos mechones resbalan lentamente entre mis dedos. Me detengo. Tiene una zona enorme del cuero cabelludo sin pelo. Como si hubiera tenido que pasar un análisis de drogas para un trabajo o algo así y le hubieran arrancado un gran trozo como muestra. Cuando Rein da marcha atrás, Hayate la detiene y se sube al asiento del copiloto. Me apresuro a tapar la calva de Fate; no quiero que nadie vea esa imperfección. No estoy dispuesto a analizar los motivos por los que actuó así... supondría comerme mucho la cabeza. Y hacerlo en este estado, podría ser mortal.

- Eh, chicas. He pensado apuntarme a dar una vuelta con vosotras -dice Hayate.

Se vuelve y ve mi brazo descansando sobre Fate. Chasquea la lengua censurando el gesto y agita la cabeza.

- Cállate -le advierto.
- No he dicho nada.

Empieza a sonar un teléfono móvil. Puedo sentir la vibración a través de los pantalones de Fate.

- Es de ella -anuncio.
- Pues contesta -contesta Rein.

Me siento como si acabara de secuestrarla. ¿Y ahora voy a responder a su móvil? Mierda. La inclino ligeramente y distingo el bulto en el bolsillo trasero de sus pantalones.

- Contesta -susurra Rein.
- Ya voy -siseo, aunque los dedos me responden con torpeza mientras intento sacar el teléfono.
- Yo lo haré -sugiere Hayate, inclinándose sobre el asiento y acercando la mano al trasero de Fate.

Le aparto la mano de un manotazo.

- No le pongas las manos encima.
- Joder, tía, solo intentaba ayudar.

A modo de respuesta, le dirijo una mirada asesina. Deslizo los dedos en el bolsillo trasero, intentando no pensar cómo sería poder acariciarla sin los pantalones. Sacó el teléfono poco a poco mientras sigue vibrando. Cuando logro sacarlo del todo, miro la llamada entrante.

- Es su amiga Carim.
- Contesta -dice Hayate.
- ¿Estás pirada, tía? No voy a hablar con una de ellas.
- Entonces, ¿por qué se lo has sacado del bolsillo?

Esa es una buena pregunta. Una a la que no sé muy bien cómo responder. Rein niega con la cabeza.

- Eso te pasa por meterte en camisa de once balas.
- Deberíamos llevarla a casa -dice Hayate-. No puedes retenerla contigo.

Lo sé. Aunque todavía no estoy preparado para alejarme de ella.

- Rein, llevémosla a tu casa

Narra Fate

Tengo una pesadilla en la que miles de diminutos Oompa Loompa me amartillan el cráneo. Abro los ojos a una luz brillante y hago una mueca de dolor. Los Oompa Loompa siguen ahí pese a que ya estoy despierta.

- Menuda resaca -resuena una voz de chica.

Cuando miro con los ojos entrecerrados, encuentro a Reinforce plantada delante de mí. Estamos en lo que parece una pequeña habitación con las paredes pintadas de amarillo pastel. Unas cortinas amarillas a juego ondulan a merced del viento que entra por las ventanas abiertas. No puede ser mi casa porque nosotros nunca abrimos las ventanas. Siempre tenemos puesta la calefacción o el aire acondicionado. La miro de nuevo con los ojos entrecerrados.

- ¿Dónde estoy?
- En mi casa. Yo de ti no me movería mucho. Puede que vomites otra vez y mis padres se pondrán como locos si manchamos la moqueta -me advierte-. Por suerte para nosotras están fuera de la ciudad, así que tengo la casa para mi sola hasta esta noche.
- ¿Cómo he llegado aquí? Lo último que recuerdo es que me dirigía a casa.
- Te quedaste dormida en la playa. Nanoha y yo te trajimos aquí.

Al escuchar el nombre de Nanoha, abro los ojos de par en par. Tengo un recuerdo vago de haber bebido, de caminar por la arena y de encontrar a Nanoha y Suzuka juntos. Y entonces Nanoha y yo. ¿Le besé? Sé que me acerqué a ella, pero entonces. Vomité. Sí, recuerdo claramente que vomité. No es la imagen de perfección que intento proyectar. Me incorporo despacio, esperando que la cabeza no tarde en dejar de darme vueltas.

- ¿Hice alguna estupidez? -le pregunto.

Rein se encoge de hombros y dice:

- No estoy segura. Nanoha no dejó que nadie se acercara demasiado a ti. Pero si consideras una estupidez el haberte quedado dormida en sus brazos, entonces diría que sí.

Apoyo la cabeza entre las manos.

- Oh, no. Reinforce, por favor no se lo cuentes a nadie del equipo de animadoras.
- No te preocupes. No le diré a nadie que Fate Testarossa es en realidad humana -contesta, sonriendo.
- ¿Por qué eres tan amable conmigo? Cuando Suzuka quería pegarme, tú saliste en mi defensa. Y me has dejado quedarme a dormir aquí esta noche, aunque dejaste bien claro que no éramos amigas.
- No somos amigas. Suzuka y yo tenemos una rivalidad que arrastramos desde hace tiempo. Haría cualquier cosa con tal de mosquearla. Suzuka no puede soportar que Nanoha ya no sea su novia.
- ¿Por qué rompieron?
- Pregúntaselo tú misma. Está durmiendo en el sofá del salón. Se quedó dormido en cuanto te acostó en la cama. -Ay, madre. ¿Nanoha está aquí? ¿En casa de Reinforce?-¿Sabes que le gustas, verdad? -me pregunta Reinforce mientras se mira las uñas en lugar de a mí.

Tengo la sensación de que las mariposas me empiezan a revolotear en el estómago.

- No es verdad -le digo pese a sentir la tentación de exigir más detalles.
- Venga ya. Claro que lo sabes, pero no quieres admitirlo -se burla Rein, haciendo una mueca.
- Estás compartiendo mucha información conmigo esta mañana, demasiada para alguien que dice que nunca seremos amigas.
- Tengo que reconocer que me gustaría que fueras la petarda que muchos dicen que eres -confiesa.
- ¿Por qué?
- Porque así resultaría más fácil odiarte.

Una carcajada corta y cínica escapa de mis labios. No estoy dispuesta a decirle la verdad, que mi vida se está desmoronando bajo mis pies, tal y como pasó ayer en la playa.

- Tengo que irme a casa. ¿Dónde está mi móvil? -pregunto, buscando en el bolsillo trasero de los pantalones.
- Creo que lo tiene Nanoha.

De modo que escaquearme de allí sin hablar con ella no es una opción viable. Hago un esfuerzo por mantener a raya a los Oompa Loompa mientras salgo de la habitación, tambaleándome, en busca de Nanoha. No es difícil dar con ella; la casa es más pequeña que la piscina de Carim. Nanoha está tumbada en un viejo sofá. Tiene los ojos abiertos, pero inyectados en sangre y vidriosos por la resaca.

- Eh -dice con ternura mientras se despereza.

Ay, madre. Estoy metida en un buen lío. Le estoy mirando. La sensación de revoloteo de mariposas en el estómago se ha multiplicado por diez en el momento en el que se han cruzado nuestras miradas.

- Eh -respondo, tragando saliva con fuerza-. Yo, bueno, supongo que debería darte las gracias por traerme aquí en lugar de dejarme tirada en la playa.
Su mirada no vacila en ningún momento.

- Anoche me di cuenta de algo. Tú y yo no somos tan diferentes. Te gusta jugar tanto como a mí. Tú utilizas tu aspecto, tu cuerpo y tu cerebro para asegurarte de que la balanza se incline a tu favor.
- Tengo resaca, Nanoha. Ni siquiera puedo pensar con claridad y ahora te pones filosófica.
- ¿Ves? Ahora mismo estás representando un papel. Muéstrame a la verdadera Fate, nena. Te reto a hacerlo.

¿Está tomándome el pelo? ¿Mostrarle a la verdadera Fate? No puedo. Porque entonces me pondré a llorar y quizás pierda los papeles lo suficiente como para sacar a la luz toda la verdad sobre mí: que he creado una ilusión de perfección tras la que poder ocultarme.

- Será mejor que me vaya a casa.
- Antes de hacerlo, deberías pasar primero por el cuarto de baño -sugiere.

Cuando estoy a punto de preguntar por qué, veo mi reflejo en un espejo que cuelga de la pared.

- ¡Mierda! -grito.

Tengo el rímel negro apelmazado bajo los ojos y me ha puesto perdidas las mejillas. Parezco un cadáver. Paso junto a Nanoha corriendo, y en cuanto encuentro el cuarto de baño, entro y me miro bien en el espejo. El pelo parece un greñudo nido de pájaro. Como si no tuviera suficiente con la máscara de ojos manchándome las mejillas, tengo el resto de la cara tan pálida como la de mi tía cuando no lleva maquillaje. Tengo bolsas bajo los ojos, como si estuviera almacenando agua durante los meses de lluvia. En conjunto, no es una imagen muy atractiva. Según el criterio de nadie. Humedezco una toallita de papel y me froto bajo los ojos y las mejillas hasta que desaparecen los pegotes. Vale, necesitaré el desmaquillante para eliminar la mancha definitivamente. Y mi madre me advirtió que frotarse bajo los ojos estira la piel y la deja sujeta a arrugas prematuras. No obstante, las situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Tras conseguir que las huellas de rímel pasen desapercibidas, me aplico agua fría en las bolsas de los ojos. Soy completamente consciente de que esto es un control de daños. Lo único que puedo hacer es disimular las imperfecciones y esperar que nadie me vea en este estado. Utilizo los dedos como peine sin conseguir demasiado. Acto seguido, me recojo el pelo como puedo, esperando que el moño me dé un mejor aspecto que el destartalado nido. Me enjuago la boca con agua y me froto los dientes con algo de pasta, esperando eliminar de mi aliento el regusto a vómito, el sueño y el alcohol hasta que llegue a casa y pueda limpiármelos bien. Ojalá llevara el brillo de labios encima. Pero, por desgracia, no es así. Enderezo los hombros y levanto la cabeza, abro la puerta y regreso al salón, donde Reinforce se dirige a su habitación y Nanoha se levanta en cuanto me ve.

- ¿Dónde está mi móvil? -preguntó-. Y, por favor, abróchate bien esa blusa.

Nanoha se agacha y coge mi teléfono del suelo.

- ¿Por qué?
- Pues necesito el móvil -digo, quitándole el teléfono de la mano- para llamar a un taxi y quiero que te abroches la blusa pues porque, bueno, porque, yo...
- ¿Nunca has visto a una chica de esta manera?
- Qué graciosa. Muy divertido. Créeme, no tienes nada que no haya visto ya.
- ¿Quieres apostar? -dice, llevándose la mano al botón de los vaqueros y abriéndolo.

Reinforce aparece en el momento oportuno.

- Vaya, Nanoha. Por favor, déjate puestos los pantalones.

Cuando me mira, levanto las manos.

- A mí no me mires. Yo estaba a punto de llamar a un taxi cuando ella...

Rein agita la cabeza mientras Nanoha se abrocha el botón y coge su monedero para extraer de él un juego de llaves.

- Olvídate del taxi. Ya te llevo a casa.
- Yo la llevaré -interrumpe Nanoha.

Reinforce parece demasiado cansada como para mediar entre nosotros, como la señora Wolkenriter en clase de química.

- ¿Prefieres que te lleve Nanoha o que te lleve yo? -me pregunta.

Tengo novio. Vale, admito que cada vez que pillo a Nanoha mirándome siento un calor que se me extiende por todo el cuerpo. Pero es normal. Somos dos adolescentes y, obviamente, existe una tensión sexual entre nosotras. Siempre y cuando la cosa no pase de ahí, todo irá bien. Porque si alguna vez sobrepasara esa raya, las consecuencias serían desastrosas. Perdería a Yûno. Perdería a mis amigas. No quiero perder el control que tengo sobre mi vida. Y por encima de todo, no quiero perder lo poco que me queda del amor de mi madre. Si no me ven como alguien perfecta, lo que ocurrió ayer con mi madre no será nada comparado con lo que se avecina. El trato que reciba de ella será siempre proporcional a lo perfecta que me muestre ante el mundo. Si alguna de sus amigas del club de campo me ve con Nanoha, puede que mi madre también acabe siendo una marginada. Y si se siente rechazada por sus amigas, yo me sentiré rechazada por ella. No puedo correr ese riesgo. Y depende de mí que no se haga realidad.

- Reinforce, acompáñame tú -le digo antes de mirar a Nanoha.

Ella niega con la cabeza, coge las llaves y se abrocha la blusa y sale hecha una furia por la puerta principal sin pronunciar una sola palabra. Sigo a Reinforce hasta el coche en silencio.

- Nanoha es para ti más que una amiga, ¿verdad? -le pregunto.
- Es como una hermana. Nos conocemos desde que éramos crías.

Le doy las indicaciones para llegar hasta mi casa. ¿Me está diciendo la verdad?

- ¿No crees que es sexy?
- Le conocí un día que se puso a llorar como una bebé porque se le había caído el helado al suelo. Teníamos cuatro años. Estuve a su lado cuando, bueno... digamos que hemos pasado por un montón de cosas juntas.
- ¿Cosas? ¿Puedes explicarte mejor?
- Contigo no.

Casi puedo sentir cómo una pared invisible se eleva de repente entre las dos.

- Entonces, ¿nuestra amistad acaba aquí?

Ella me lanza una mirada de soslayo.

- Nuestra amistad no ha hecho más que empezar, Fate. No hagas que me arrepienta.

Estamos llegando a mi casa.

- Es la tercera a la derecha -le indico.
- Lo sé.

Detiene el coche delante de mi casa, sin molestarse en aparcar en el camino de entrada. Intercambiamos miradas. ¿Espera que la invite a entrar? Ni siquiera dejo que mis amigas entren en casa.

- Bueno, gracias por traerme -le digo-. Y por dejar que me quedara a dormir en tu casa.
- No hay problema -responde Reinforce con una tímida sonrisa.

Me agarro a la manija de la puerta.

- No permitiré que pase nada entre Nanoha y yo. ¿De acuerdo?

Aunque algo está cociéndose bajo la superficie.

- Bien. Porque si sucede algo, se les podría ir de las manos.

Los Oompa Loompa empiezan a golpearme otra vez el cráneo, de modo que no puedo meditar demasiado sobre su advertencia. En casa, mi madre y mi padre están sentados a la mesa de la cocina. En silencio. Demasiado silencio. Tienen unos papeles frente a ellos. Una especie de folletos. Se apresuran a enderezarse, como niños pequeños a quienes han pillado haciendo algo malo.

- Pensaba, pensaba que todavía estabas en casa de Carim -dice mi madre.

Se me disparan las alarmas. Mi madre nunca tartamudea. Y no parece que vaya a decirme alguna grosería relativa a mi aspecto. Algo va mal.

- Así es, pero me ha dado un dolor de cabeza terrible -explico, caminando hacia ellos y reparando en los sospechosos folletos que estaban estudiando.

La residencia Suimy Acres Home para discapacitados.

- ¿Qué estáis haciendo?
- Discutiendo las opciones -dice mi padre.
- ¿Opciones? ¿No quedamos en que mandar a Shelley a un centro era una mala idea?

Mi madre se vuelve hacia mí.

- No. Tú decidiste que mandar a Shelley a un centro era una mala idea. Todavía estamos discutiéndolo.
- El año que viene iré a la TSAB, así que puedo vivir en casa y echar una mano.
- El año que viene tendrás que concentrarte en los estudios, no en tu hermana. Fate escucha -dice mi padre, poniéndose en pie-. Tenemos que considerar esta opción. Después de lo que te hizo ayer...
- No quiero escucharlo -grito, interrumpiéndole-. No voy a permitir que os llevéis a mi hermana a ningún lado.

Tiro los folletos al suelo. Alicia tiene que estar con su familia, y no en una residencia con extraños. Rompo los folletos en dos, tiro los trozos al cubo de basura y me marcho a mi habitación.

- Abre la puerta, Fate -dice mi madre, zarandeando el pomo de la puerta un minuto más tarde.
Sentada al borde de la cama, no puedo apartar de la mente la imagen en la que se llevan a Alicia. No, no puede ser. Me pongo enferma con solo pensarlo.

- Ni siquiera os molestasteis en enseñar a Linith. Es como si quisierais deshaceros de Shelley.
- No seas ridícula -la voz apagada de mi madre me llega a través de la puerta-. Han construido una nueva residencia en Colorado. Si abres la puerta, quizás podamos mantener una conversación civilizada.

Nunca permitiré que ocurra. Haré todo lo que esté en mis manos para hacer que mi hermana se quede en casa.

- No quiero tener una conversación civilizada. Mis padres quieren mandar a mi hermana a una residencia a mis espaldas, y ahora siento que la cabeza me va a explotar. Déjame sola, ¿vale?

Algo sobresale de mi bolsillo. La gorra de Nanoha. Reinforce no es mi amiga, pero me ha ayudado. Y anoche Nanoha se preocupó más de mí que mi novio. Se comportó como una heroína y me pidió que le mostrara a la verdadera Fate. ¿Seré capaz de hacerlo? Me llevo la gorra al pecho y rompo a llorar.

Continuara…

Chan chan chan chan

Y que les ha parecido he

Jejeje bueno primero que nada les deseo un feliz año nuevo (muy retrasado) y que santa y los reyes magos les hayan traído todo lo que les pidieron jeje y bueno les pido perdón por no haber actualizado no me maten por haberme desaparecido un buen, de veras que lo siento pero no pude actualizar toda la navidad y año nuevo estuve de visita con mis tíos y no podía editar capi y al regresar pues… no ahí escusa me envicie en algunas series y no edite el capi así que hasta ahorita lo estoy terminando de actualizar y espero y les guste

Cada narración abarca dos capis así que espero y este lo suficientemente largo para compensar el tiempo que no actualice

Recuerden dejar reviews que gracias a ellos me he animado a actualizar hoy después de ver mi correo invadido de notificaciones de fanfiction pues me dije tengo que actualizar así que aquí se los dejo

Nos vemos hasta la próxima actualización que espero sea pronto y tratare de que sea mañana