QUIMICA PERFECTA
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By: Vivio takamachi Harlaown
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Narra Nanoha
Fate me llamó. Si no fuera por el trozo de papel desgarrado con su nombre y su número garabateado por mi hermano Kyoya, nunca habría creído que Fate realmente marcara mi número. De nada ha servido interrogar a Kyoya porque el niño tiene una memoria de pez y apenas recuerda haber cogido el recado. La única información que tengo es que ella quería que la llamara. Eso fue ayer por la tarde, antes de que me echara la pota sobre los zapatos y se quedara dormida en mis brazos. Cuando le dije que me mostrara a la verdadera Fate, pude ver el miedo reflejado en sus ojos. ¿Pero a qué viene tanto miedo? Mi objetivo es conseguir derribar la pared de «perfección» tras la que se oculta. Sé que hay algo más en ella aparte de unos mechones rubios y un cuerpo de escándalo. Secretos que se llevará la tumba y que se muere por compartir. Es un misterio, y no puedo pensar en otra cosa que no sea resolver el enigma. Cuando le dije que nos parecíamos, lo decía en serio. En lugar de desvanecerse, la conexión que nos une se está haciendo cada vez más fuerte. Porque cuanto más tiempo pasó con ella, más cerca quiero estar. Siento la necesidad de llamar a Fate, tan solo para escuchar su voz, aunque esté llena de veneno. Abro el móvil, tomo asiento en el sofá del salón y grabo su número en la agenda.
- ¿A quién llamas? -me pregunta Hayate colándose en mi casa sin llamar siquiera a la puerta. Rein la acompaña.
- A nadie -digo, cerrando la tapa del teléfono.
- Pues entonces levanta el culo del sofá y vamos a jugar al fútbol.
Jugar al fútbol me apetece mucho más que quedarme aquí sentada a pensar sobre Fate y sus secretos, aunque todavía sienta los efectos de la fiesta de anoche. Nos dirigimos al parque donde ya hay un grupo de tías calentando. Noel, una compañera de clase a cuyo hermano dispararon desde un coche el año pasado, me da una manotada en la espalda.
- ¿Quieres jugar de portera, Nanoha?
- No -replico. Digamos que, tanto en el fútbol como en la vida, me gusta enfrentarme a las cosas como atacante.
- Hayate, ¿qué dices tú?
Hayate acepta y se coloca en posición, es decir, sentado delante de la línea de gol. Como de costumbre, la vaga de mi amiga se queda sentada hasta que la pelota atraviesa la línea del mediocampo. La mayoría de las chicas que están jugando son del vecindario. Hemos crecido juntas, hemos jugado en este campo desde que éramos crías e incluso nos iniciamos en los Latino Blood al mismo tiempo. Recuerdo el rollo que nos soltó Schach antes de entrar en el círculo: «una banda es como una segunda familia. Una familia que estará allí si alguna vez os falla la vuestra». Ofrecían protección y seguridad. Sonaba perfecto para una chica que acababa de perder a su padre. Con el paso de los años, he aprendido a alejarme de lo más chungo: de las palizas, del trapicheo de drogas o de los disparos. Y no me refiero solo a nuestros rivales. Conozco a varios chicos que han intentado dejar la pandilla y que han acabado tan acosados y apaleados por sus propios compañeros que probablemente preferirían estar muertos. Para ser sincera, me he mantenido al margen porque tengo miedo. Se supone que soy lo suficientemente dura como para haberlo superado, pero en realidad me preocupa mucho. Nos colocamos en posición en el campo. Imagino que la pelota es el premio gordo. Si consigo mantenerla alejada de cualquier otro y marco un gol, me transformaré por arte de magia en una tipa rica y poderosa y sacaré a mi familia (y a Hayate) de este infernal agujero negro en el que vivimos. Un montón de peña se ha apuntado al partido. Los del equipo contrario tienen ventaja sobre nosotros, ya que nuestra portera, Hayate, solo está interesada en ver el cielo al otro lado del campo.
- Hayate, ¡deja de tragar rebanada por otro lado de una vez! -le amonesta Noel.
La respuesta de Hayate es contundente: se lleva las manos a la cabeza y se recuesta en el campo. Yuriko aprovecha para disparar a puerta y abre el marcador. Noel recoge el balón de la red y se lo lanza a Hayate.
- Si estuvieras tan concentrada en el partido como en el cielo, no te hubieran metido ningún gol.
- No puedo evitar que se me haga interesante, tía. Anoche tu novia estuvo de lo mejor y no puedo dejar de pensar en ella.
Noel estalla en carcajadas. No se cree ni por un momento que su novia pueda engañarla con otra tía. Hayate lanza la pelota a Noel y esta se la pasa a Schach, quien avanza con ella por el campo antes de pasármela a mí. Esta es mi oportunidad. Me arrastro por el campo improvisado, deteniéndome solo para medir la distancia que me separa de la portería contraria. Finjo desviarme hacia la izquierda, pero solo es un truco, y le paso la pelota a Noel, quien me la devuelve. Con un veloz disparo, la pelota asciende y acabamos marcando.
- ¡Goooooool! -grita nuestro equipo mientras Noel choca los cinco conmigo.
Pero nuestra celebración no dura mucho. Un coche azul, un Escalade, baja sospechosamente por la calle.
- ¿Lo reconoces? -pregunta Noel con voz tensa.
El partido se detiene cuando nos damos cuenta de que esto no pinta bien.
- Quizás hayan venido a vengarse -le digo. No aparto la mirada ni un momento de la ventanilla del coche. El vehículo se detiene y todos esperamos divisar a alguien o algo asomando por la ventanilla. Si sucede, estaremos preparadas. Pero, al final, parece ser que no estaba tan preparada como creía para lo que se avecina. Veo salir del coche a mi hermano Kyoya con una chica llamada Curren. La madre de esta pertenece a los Latino Blood; es la encargada de reclutar a nuevos miembros. Más le vale a mi hermano no ser uno de ellos. Me ha costado mucho asegurarme de que Kyoya sepa que estoy metida en los Latino Blood y de hacerle entender que no debe seguir el mismo camino. Es suficiente con que un miembro de la familia esté dentro para que el resto disponga de protección. Yo estoy dentro. Kyoya y Miyuki no lo están, y haré cualquier cosa para asegurarme de que todo siga así. Adopto una expresión muy seria y me acerco a Curren, olvidándome completamente del fútbol.
- ¿Coche nuevo? -le pregunto mientras inspecciono las ruedas.
- Es de mi madre.
- Genial -replico antes de volverme hacia mí hermano-. ¿Dónde habéis estado, chicos?
Kyoya se apoya en el coche, como si salir con Curren no fuera para tanto. Curren acaba de iniciarse en los Latino Blood y se cree una tipa dura.
- Hemos dado una vuelta por el centro comercial. Han abierto una tienda genial de guitarras. Hemos quedado allí con Dieci.
¿He oído bien?
- ¿Dieci?
Lo último que quiero es que mi hermano se codee con Dieci. Curren, con su enorme camiseta por encima de los pantalones, le da un golpe en el hombro a Kyoya para que se calle. Mi hermano cierra la boca como si una mosca estuviera a punto de colarse dentro. Juro que le mandaré de una patada a México si se le pasa por la cabeza entrar en los Latino Blood.
- Takamachi, ¿juegas o no? -grita alguien desde el campo.
Intentando ocultar la rabia, me giro hacia mi hermano y su amigo, quien es muy capaz de atraerlo al lado oscuro con todo tipo de engaños.
- ¿Queréis jugar?
- No. Vamos a mi casa a pasar el rato –dice Curren.
Me encojo de hombros con despreocupación pese a no sentir ni una pizca de ella. ¡No importa! Regreso al campo, aunque lo que me apetece es coger a Kyoya por la oreja y arrastrarlo hasta casa. No puedo permitirme montar una escena. Podría llegar a oídos de Dieci y que este empezara a cuestionarse mi lealtad. A veces siento que mi vida es una gran mentira. Kyoya se va con Curren. Eso, y el hecho de no poder sacarme a Fate de la cabeza, me está volviendo loca. Retomo mi posición en el campo y se reanuda el partido, pero no puedo deshacerme de la inquietud. De repente, tengo la sensación de que el equipo contrario no está formado por tipos que conozco, sino por enemigos que se interponen a todo aquello a lo que aspiro en la vida. Corro hacia la pelota.
- ¡Falta! -protesta uno de los primos de mis amigos cuando le golpeo.
- Eso no ha sido falta -replico, levantando las manos.
- Me has empujado.
- No seas gilipollas -le digo, aunque soy consciente de que estoy haciendo una montaña de un grano de arena.
Me apetece pelearme. Estoy pidiéndolo a gritos, y él lo sabe. El chico es más o menos de mi misma estatura y peso. Siento cómo me corre la adrenalina por las venas.
- ¿Quieres que te parta la cara, capullo? -me pregunta, extendiendo los brazos como un pájaro a punto de echar a volar.
La intimidación no funciona conmigo.
- Venga, adelante.
Hayate se interpone entre los dos.
- Nanoha, cálmate, tía.
- ¡Peleaos ya o jugad! -grita alguien.
- Dice que le he hecho falta -le digo a mi amiga hecha una furia.
- Es que ha sido falta -admite Hayate, encogiéndose de hombros con aire despreocupado.
Vale, ahora que mi mejor amiga no me apoya, comprendo que he perdido los papeles. Echo un vistazo a mí alrededor. Todos esperan mi reacción. Yo tengo un subidón de adrenalina, y ellos de expectación. ¿Tengo ganas de pelea? Sí, aunque solo me sirva para canalizar la energía que fluye por mi cuerpo. Y también para olvidar, durante un minuto, que el teléfono de mi compañera de clase de química está grabado en mi móvil. Y que mi hermano se ha convertido en un posible recluta de los Latino Blood. Mi mejor amiga me aparta de un empujón y me arrastra hasta un lateral del campo, pidiendo, de camino, que las reservas entren a sustituirnos.
- ¿Por qué has hecho eso? -le pregunto.
- Para salvarte el culo, tía. Nanoha, se te ha ido la olla. Del todo.
- Puedo con ese tío.
Hayate me mira fijamente y añade:
- Te estás comportando como una gilipollas.
Le aparto las manos de mi camiseta y me alejo de ella sin entender cómo, en cuestión de pocas semanas, he llegado a joderme tanto la vida. Necesito arreglar las cosas. Me encargaré de Kyoya en cuanto llegue a casa esta noche. Le cantaré las cuarenta. Y en cuanto a Fate. Se negó a que la acompañara en coche desde casa de Rein porque no quería que nadie nos viera juntos. A la mierda. Kyoya no es el único que necesita que le canten las cuarenta. Saco el móvil y marco el número de Fate.
- ¿Sí?
- Soy Nanoha -le digo, pese a saber que lo habrá visto en la llamada entrante-. Nos vemos en la biblioteca. Ahora.
- No puedo.
Ya no estamos en el show de Fate Testarossa, sino en el show de Nanoha Takamachi.
- Este es el trato, nena -matizo mientras llego a mi casa y me monto en la moto-. O apareces en la biblioteca en quince minutos o me llevo a cinco amigos a tu casa y acampamos delante de tu jardín esta noche. - La amenazo.
- ¿Cómo te atreves...? - empieza a decir ella. Cuelgo antes de que pueda terminar la frase.
Circulo a toda velocidad para apartar de mi mente la imagen de la noche anterior, Fate acurrucada en mi regazo, y me doy cuenta de que no tengo ningún plan. Me pregunto sí el show de Nanoha Takamachi acabará siendo una comedia, o lo que es más probable, una tragedia. Sea cual sea el resultado, será un reality show que merece la pena no perderse
Continuara…
Y he aquí con un nuevo capi que espero que les gusto y estoy empezando con el siguiente que espero tenerlo hoy mismo para que lo suba hoy mismo
Recuerden dejar reviews que son los que me animan a subir los capis :D
