QUIMICA PERFECTA

.

.

By: Vivio takamachi Harlaown

.

.

Narra Fate
Llego al aparcamiento de la biblioteca echando humo y me detengo junto a los árboles situados al fondo. Lo último que me preocupa ahora es el proyecto de química. Nanoha está esperándome, apoyada contra su moto. Saco las llaves del contacto y me acerco a ella hecha una furia.

- ¿Cómo te atreves a darme órdenes? -le grito. Me siento completamente rodeada de personas que intentan controlarme. Mi madre, Yûno. Y ahora Nanoha. Ya es suficiente-. Si crees que puedes amenazarme para...

Sin decir una palabra, Nanoha me quita las llaves de las manos y se acomoda en el asiento del conductor de mi Beemer.- Nanoha, ¿qué crees que estás haciendo?

- Sube.

Enciende el motor. Va a largarse de aquí y a dejarme plantada en el aparcamiento de la biblioteca. Aprieto los puños y me desplomo en el asiento del pasajero. Una vez dentro, Nanoha hace rugir el motor.

- ¿Dónde está mi foto con Yûno? —le pregunto, mirando el salpicadero. Estaba ahí hace un minuto.
- No te preocupes, te la devolveré. No estoy de humor para tenerlo delante mientras conduzco.
- ¿Sabes por lo menos como conducir un coche de marchas? -le pregunto con tono cortante.

Sin parpadear ni bajar la vista un segundo, mete la primera y el coche sale del aparcamiento con un chirrido de ruedas. Mi Beemer sigue sus indicaciones como si estuviera totalmente sincronizado con ella.

- Esto puede considerarse un robo, ¿sabes? -Al ver que no obtengo respuesta, añado- Y un secuestro.

Nos detenemos en un semáforo. Miro los coches que nos rodean y doy gracias por tener uno alto, porque así nadie pueda vernos.

- Has subido voluntariamente -dice Nanoha.
- Es mi coche. ¿Y si nos ve alguien?

Sé que mis palabras la han sacado de quicio porque cuando el semáforo se pone en verde los neumáticos chirrían con fuerza. Va a romperme el motor a propósito.

- ¡Para! -le ordeno-. Llévame a la biblioteca.

Pero no me hace caso. Guarda silencio mientras nos deslizamos a través de barrios desconocidos y carreteras desiertas, tal y como hacen los protagonistas de las películas cuando van al encuentro de peligrosos traficantes de drogas. Genial. Voy a presenciar mi primer trapicheo. Si me detienen, ¿vendrán mis padres a pagar la fianza? Me pregunto cómo le explicaría mi madre algo así a una de sus amigas.
Tal vez me envíe a un campamento militar para delincuentes. Apuesto a que así se cumplirían todos sus deseos: mandar a Alicia a una residencia y a mí a un campamento militar. Mi vida sería una mierda, más de lo que ya lo es. No pienso meterme en ningún rollo ilegal. Soy yo quien decide mi destino, no Nanoha. Me agarro a la manija de la puerta.

- Déjame salir de aquí o te juro que salto.
- Llevas puesto el cinturón de seguridad -me dice, haciendo una mueca-. Relájate. Llegaremos en dos minutos.

Reduce una marcha y aminora la velocidad al entrar en una especie de aeropuerto abandonado y desierto.

- Vale, hemos llegado -dice mientras levanta el freno de mano.
- Sí, muy bien. ¿Y dónde estamos? Odio tener que decírtelo, pero el último lugar habitable que hemos pasado está a unos cinco kilómetros. No voy a salir del coche, Nanoha. Puedes ir a hacer tus trapicheos tú sola.
- Si me quedaba alguna duda de que fueras rubia natural, acabas de disiparla -me dice-. Como si fuera a llevarte a ver a un camello. Sal del coche.
- Dame una buena razón por la que debería hacerlo.
- Porque si no lo haces, voy a sacarte a rastras. Confía en mí, nena.

Se guarda las llaves en el bolsillo trasero de los pantalones y sale del coche. Al comprender que no tengo muchas opciones, le sigo.

- Escucha, si querías hablar de nuestro proyecto sobre los calentadores de manos, podríamos haberlo hecho por teléfono.

Nos encontramos en la parte posterior del coche. De pie, una frente a la otra, en mitad de ninguna parte. Hay algo que ha estado corroyéndome todo el día. Ya que no tengo más remedio que estar aquí con ella, le pregunto:

- ¿Nos besamos anoche?
- Sí.
- Pues parece que no fue muy memorable, porque no recuerdo nada.

Nanoha estalla en carcajadas.

- Estaba de coña. No nos besamos -dice, acercándose a mí-. Cuando lo hagamos, lo recordarás. Toda la vida.

Ay, madre. Ojalá sus palabras no me provocaran este temblor en las rodillas. Sé que debería estar asustada, sola con una pandillera en medio de un lugar desierto y hablando de besos. Sin embargo, no tengo miedo. En lo más profundo de mi ser sé que Nanoha no sería capaz de hacerme daño, ni de obligarme a hacer nada que yo no quiera.

- ¿Por qué me has secuestrado? -le pregunto.

Me coge de la mano y me lleva al asiento del conductor.

- Sube.
- ¿Por qué?
- Voy a enseñarte a conducir como es debido, antes de que destroces el motor de tanto maltratarlo.
- Pensaba que estabas enfadada conmigo. ¿Por qué me ayudas?
- Porque quiero.

Vaya. Aquello era lo último que esperaba. Se me está empezando a derretir el corazón Hace mucho tiempo que nadie se preocupa lo suficiente por mí como para hacer algo desinteresadamente. Aunque...

- No lo harás porque quieres que te lo devuelva con otro tipo favores, ¿verdad?

Nanoha niega con la cabeza.

- ¿De veras?
- De veras.
- ¿Y no estás enfadada conmigo por nada de lo que he hecho o he dicho?
- Me siento frustrada. Contigo. Con mi hermano. Con un montón de cosas.
- Entonces, ¿por qué me has traído aquí?
- No preguntes si no estás preparada para escuchar la respuesta, ¿vale?
- Vale -contesto antes de acomodarme en el asiento del conductor y esperar a que se siente a mi lado.
- ¿Estás preparada? -pregunta en cuanto se instala y se abrocha el cinturón del asiento del copiloto.
- Sí.

Se inclina e introduce las llaves en el contacto. Bajo el freno de mano, enciendo el motor y se trae cala el coche.

- No lo has puesto en punto muerto. Si no pisas bien el embrague cuando metas una marcha, el coche se te calará.
- Ya lo sé -digo, sintiéndome completamente estúpida-. Es que me estás poniendo nerviosa.

Nanoha lo pone en punto muerto.

- Pisa el embrague con el pie izquierdo, coloca el derecho sobre el freno y mete la primera -me ordena.

Aprieto el acelerador y, cuando suelto el embrague, el coche empieza a avanzar a trompicones. Nanoha apoya la mano en el salpicadero para sujetarse.

- Frena.

Detengo el coche y pongo el punto muerto.

- Tienes que encontrar el punto de fricción.
- ¿El punto de qué? -pregunto mirándole.
- Si, ya sabes, cuando el embrague encaja -dice y mientras habla, utiliza las manos como si fueran dos pedales-. Lo sueltas demasiado rápido. Consigue el equilibrio y quédate ahí... siéntelo. Inténtalo de nuevo.

Vuelvo a meter la primera y suelto el embrague mientras piso con suavidad el acelerador.

- Mantenlo... -dice-. Siente el punto de fricción y permanece ahí.

Suelto el embrague un poco más y piso el acelerador, pero no del todo.

- Creo que lo tengo.
- Ahora suelta el embrague y no presiones el acelerador hasta el fondo.

Lo intento, pero el coche avanza a trompicones y se vuelve a calar.
- Has soltado el embrague demasiado rápido. Debes hacerlo más despacio. Inténtalo de nuevo -ruega, como si tal cosa. No está enfadada, ni frustrada, ni a punto de darse por vencida-. Tienes que pisar más el acelerador. No lo machaques, solo dale un poco de juego para que empiece a moverse.

Sigo las indicaciones de Nanoha y esta vez el coche avanza con suavidad. Estamos en la pista de aterrizaje, y no avanzamos a más de quince kilómetros por hora.

- Pisa el embrague -me ordena, y entonces pone la mano sobre la mía y me ayuda a meter la segunda. Intento no pensar en la suave caricia y en el calor que desprende su mano. Aquello no va mucho con su personalidad. Intento concentrarme en la tarea que me ocupa. Nanoha es muy paciente, y me da instrucciones detalladas acerca de cómo cambiar a un engranaje menor hasta detenernos al final de la pista de aterrizaje. Sus dedos siguen rodeándome la mano.

- ¿Fin de la lección? -pregunto.

Nanoha se aclara la garganta antes de responder:

- Sí.

Aparta la mano de la mía y, acto seguido, se pasa los dedos por su cabello, haciendo que unos mechones rebeldes le caigan sueltos sobre la frente.

- Gracias -le digo.
- Sí, bueno, así no me sangrarán los oídos cada vez que enciendes el motor en el aparcamiento del instituto. No lo he hecho para quedar como una buena tipa.

Ladeo la cabeza e intento hacer que me mire. Pero no lo consigo.

- ¿Por qué es tan importante que los demás te vean como a una mala tipa? Dime.

Narra Nanoha

Por primera vez, estamos manteniendo una conversación civilizada. Ahora debería introducir un tema con el que pueda romper la pared defensiva que ha erigido frente a ella. Pero antes he de mostrarle algo que me haga vulnerable. Si me ve como a una chica vulnerable en lugar de como a una gilipollas, tal vez podamos avanzar un poco. Y, en cierto modo, tengo la sensación de que me pillará si no le cuento la verdad. No tengo muy claro si estoy haciendo esto por la apuesta, por el proyecto de química, o por mí. En realidad, me siento genial sin tener que analizar la razón por la que nos encontramos aquí.

- Asesinaron a mi padre delante de mí, cuando tenía seis años -le confieso.
- ¿En serio? -pregunta ella con los ojos abiertos de par en par

Asiento con la cabeza. No me gusta hablar de ello, ni siquiera tengo la certeza de que pueda hacerlo aunque quiera. Se cubre la boca con sus manos perfectamente arregladas.

- No lo sabía. Oh, Dios mío, lo siento. Debió de ser horrible.
- Sí.

Me siento bien tras soltarlo. Me alegro de haberme obligado a hablar de ello en voz alta. La nerviosa sonrisa de mi padre se transformó en una de conmoción justo antes de que le dispararan. Qué fuerte, no puedo creer que recuerde la expresión de su rostro. ¿A qué se debió aquella repentina transformación? Había olvidado completamente aquel detalle hasta ahora. Me siento confusa cuando me vuelvo hacia Fate.

- Si me involucro demasiado en las cosas y me las arrebatan, me sentiré como mi padre cuando murió. No quiero sentirme así nunca, así que me obligo a que las cosas no me importen demasiado.

Su expresión es una mezcla de arrepentimiento, tristeza y compasión. Estoy convencida de que no está representando ningún papel. Sin mudar el semblante, dice:

- Gracias por... ya sabes, contármelo. Lo que no entiendo es cómo puedes conseguir que las cosas no te afecten. No puedes programarte de ese modo.
- ¿Quieres apostar? -pregunto, pero de repente comprendo que no quiero cambiar de tema, de modo que añado-: Ahora te toca sincerarte a ti.

Ella aparta la mirada. No insisto por miedo a que cambie de opinión y decida marcharse .¿Tan difícil le resulta compartir una pequeña parte de su mundo? Mi vida ha sido tan jodida que me resulta condenadamente difícil pensar que su vida pueda ser peor. Una solitaria lágrima resbala por su mejilla y se apresura a enjugársela.

- Mi hermana... –empieza-. Mi hermana tiene parálisis cerebral. Y está mentalmente discapacitada. «Retrasada» es el término que utiliza la mayoría de la gente. No puede caminar, se vale de lo que llamamos aproximaciones verbales y gestos en lugar de palabras porque no puede hablar... -Al contar esto, se le escapa otra lágrima. Esta vez deja que se deslice por su rostro. Siento la necesidad de enjuagársela, pero me doy cuenta de que no quiere que nadie la toque. Aspira profundamente-. Alicia está enfadada por algo, pero no sé por qué. Le ha dado por tirar del pelo a la gente, y ayer lo hizo con tanta fuerza que me arrancó todo un mechón. Me sangraba la cabeza y mi madre se puso hecha una furia conmigo.- De ahí la misteriosa zona calva. No era por un análisis de drogas. Sin embargo, por primera vez siento lástima por ella. Me imaginaba que su vida era un cuento de hadas. De hecho, creía que solo podía quitarle el sueño una tontería como equivocarse de tinte o pintarse mal las uñas. Supongo que no es el caso. Algo está ocurriendo. Puedo sentir el cambio en el ambiente... una complicidad mutua. Nunca me había sentido de este modo. Carraspeo antes de decir:

- Probablemente, tu madre arremete contra ti porque sabe que puedes soportarlo.
- Sí, puede que tengas razón. Mejor pagarla conmigo que con mi hermana.
- Aunque no es excusa -continúo, y ahora estoy siendo yo. Espero que ella también lo sea-. No quiero comportarme como una gilipollas contigo -añado. Se acabó el show de Nanoha takamachi.
- Lo sé. Nanoha takamachi es tan solo una fachada. Es tu marca, tu logotipo... una chicana peligrosa y terriblemente sexy y seductora. Créeme, soy toda una experta en eso de crearse una imagen. Aunque no pretendo aparentar ser una rubia guapa y tonta. Prefiero transmitir algo así como un aspecto perfecto e intocable.

Vaya. Rebobinemos. Fate acaba de decir que soy sexy y seductora, una chicana peligrosa y terriblemente sexy y seductora. No esperaba en absoluto oír algo así. Tal vez aún tenga alguna posibilidad de ganar la estúpida apuesta.

- ¿Te das cuenta de que me has llamado seductora?
- Como si no lo supieras.

No sabía que Fate Testarossa me considerara seductora.

- Y yo que pensaba que eras intocable. Pero ahora que he descubierto que para ti soy una diosa chicana, guapa y sexy.
- No he mencionado la palabra «diosa».

Me llevo un dedo a los labios.

- Shh, déjame solo un minuto para disfrutar de esta fantasía.

Cierro los ojos y la oigo reír. Emite un dulce sonido que me resuena en los oídos.

- Creo que te entiendo, aunque sea de un modo irracional. Pero me cabrea que seas tan Neandertal -confiesa, y cuando abro los ojos, descubro que me está mirando-. No le cuentes a nadie lo de mi hermana. No quiero que la gente lo sepa.
- Somos como actores en nuestras propias vidas. Fingimos ser lo que queremos que la gente crea que somos.
- ¿Entiendes ahora por qué me obsesiona la idea de que mis padres no se enteren de que somos... amigos?

- ¿Porque te causaría problemas? Mierda, Fate, tienes dieciocho años. ¿No crees que a estas alturas puedes ser amiga de quien te apetezca? Hace mucho tiempo que te cortaron el cordón umbilical, ¿sabes?
- No lo entiendes.
- Pues explícamelo.
- ¿Por qué quieres saberlo?
- ¿No se supone que los compañeros de laboratorio deben saber cosas el uno del otro?

Fate suelta una risotada corta.

- Espero que no.

La verdad es que esta chica no es en absoluto como pensaba. Desde el momento en que le he contado lo de mi padre, ha sido como si todo su cuerpo exhalara un suspiro de alivio. Como si el sufrimiento de otro la reconfortara, como si le hiciera sentir que no está sola. Aun no comprendo por qué le importa tanto, por qué ha elegido una fachada de perfección para mostrarse al mundo. En mí cabeza aparece amenazante el recuerdo de La Apuesta. Tengo qué conseguir que esta chica se enamore de mí. Aunque mientras mi cuerpo dice «adelante», el resto piensa «eres un cabrón, ¿no ves que es vulnerable?».

- Deseo las mismas cosas que tú. Pero yo intento conseguirlas de otro modo. Tú te adaptas a tu ambiente y yo al mío -admito, poniendo una mano sobre la de ella-. Déjame demostrarte que soy diferente. Oye, ¿saldrías con una tipa que no puede permitirse llevarte a restaurantes caros ni comprarte oro y diamantes?

- Claro que sí -confiesa ella, aunque desliza la mano por debajo de la mía-. Pero tengo novio.
- Si no lo tuvieras, ¿le darías una oportunidad a una chicana como yo?

Su semblante adopta un tono rosa oscuro. Me pregunto si Yûno ha conseguido alguna vez que se ruborice de ese modo.

- No voy a responder a eso -admite.
- ¿Por qué no? Es una pregunta sencilla.
- Venga ya. No hay nada de sencillo en ti, Nanoha. No quiero cruzar esa línea -suelta, metiendo la primera marcha-. ¿Podemos irnos ya?
- Si quieres. ¿Amigas?
- Creo que sí.

Le tiendo la mano. Fate mira los tatuajes de mis dedos, luego extiende la suya y me la estrecha con aparente entusiasmo.

- Por los calentadores de manos -dice con una sonrisa en los labios.
- Por los calentadores de manos -repito.
- ¿Quieres conducir hasta casa? No conozco el camino.

La llevo de vuelta en un cómodo silencio mientras se pone el sol. Nuestra tregua me acerca a mis objetivos: graduarme, la apuesta y algo más que no estoy preparado para admitir…Cuando entro con su cochazo en el aparcamiento de la biblioteca, le digo:

- Gracias por, ya sabes, dejar que te secuestre. Supongo que nos veremos por ahí.

Saco las llaves de la moto del bolsillo delantero de los pantalones mientras me pregunto si alguna vez podré permitirme un coche que no sea de segunda mano, esté oxidado o sea muy viejo. Una vez fuera del vehículo, saco la foto de Yûno del bolsillo trasero del pantalón y la lanzo al asiento que acabo de dejar libre.

- ¡Espera! -grita Fate cuando me alejo.

Me doy la vuelta y la veo delante de mí.

-¿Qué?

Me regala una sonrisa seductora, como si deseara algo más que una tregua. Mucho más. Joder, ¿va a besarme? He bajado la guardia, lo que no suele pasarme a menudo. Se muerde el labio inferior, como si estuviera considerando SU próximo movimiento. Estoy completamente dispuesta a darme el lote allí mismo. Mientras mí cerebro imagina todos los escenarios posibles, ella se acerca más. Y me quita las llaves de las manos.

- ¿Qué estás haciendo? -le pregunto.
-Devolverte la jugada por haberme raptado -dice, retrocediendo y lanzado las llaves en dirección a los árboles con todas sus fuerzas.
- No puedo creer lo que acabas de hacer.

Ella se echa hacia atrás, sin apartar la mirada ni un momento, mientras avanza hacia su coche.

- No me guardes rencor. Es duro que te den a probar un trago de tu propia medicina, ¿verdad? -se mofa, intentando mantener una expresión seria.

Me la quedo mirando sin dar crédito mientras mi compañera de química se mete en su Beemer. El coche sale del aparcamiento sin traqueteos, movimientos bruscos ni problemas. Un arranque perfecto. Estoy cabreada porque tengo dos opciones: o arrastrarme por el bosque en busca de las llaves o llamar a Micaiah para que venga a recogerme. Aunque en el fondo me hace gracia que Fate Testarossa me la haya devuelto.

- Sí -digo, pese a ser consciente de que probablemente esté a dos kilómetros de distancia y no pueda oírme-. Es duro que te den a probar un trago de tu propia medicina.

Joder, si lo es.

Continuara…

Bueno e aquí con la continuación y de nuevo lamento tardar tanto en actualizar ahora no tengo escusa pues desde hace días estoy con que voy a editar el capi pero nomas no lo hago y lo subo ahora gracias a la insistesia de mi molesta amiga Vita-chin quien no paraba de estarme diciendo que lo editara.

Entonces espero que les guste y recuerden dejar reviews

Sayonara