QUIMICA PERFECTA

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By: Vivio Takamachi Harlaown

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Narra Nanoha

Es lunes e intento no darle demasiada importancia a las ganas que tengo de que llegue la clase de química. Obviamente no es por la señora W., sino por Fate, quien, por cierto, llega tarde a clase.

- Eh -la saludo.
- Eh -responde ella.

Ni rastro de una sonrisa, ni brillo en sus ojos. Definitivamente, hay algo que la está atormentando.

- De acuerdo, chicos -dice la señora W-. Sacad los lápices. Veamos cuánto habéis estudiado.

Mientras maldigo a la señora W. en silencio por no haber organizado un día de laboratorio con experimentos en el que Fate y yo podamos hablar, miro a mi compañera. Parece completamente despistada. Para protegerla, aunque no tenga derecho alguno, levanto la mano.

- Miedo me dan sus preguntas, Nanoha -suelta la señora W.
- Es una preguntita de nada.
- Adelante. Que sea rápida.
- Es un examen con apuntes, ¿verdad?

La profesora me observa por encima de sus gafas.

- No, Nanoha, no es un examen con apuntes. Y si no ha estudiado, va a llevarse un gigantesco suspenso. ¿Lo ha entendido?

Como única respuesta, dejo caer los libros al suelo con un ruido sordo.
Después de que la señora W. reparta el examen, leo la primera pregunta. «La densidad del Al (aluminio) es de 2.7 gramos por milímetro. ¿Qué volumen ocuparán 10.5 gramos de Al (aluminio)?»Tras resolver el problema, hecho un vistazo a Fate. Está mirando la hoja del examen, pero con la mirada perdida. Al darse cuenta de que la estoy mirando, murmura:

- ¿Qué?
- Nada.

La señora W. nos lanza una mirada. Respiro profundamente para tranquilizarme y vuelvo a concentrarme en el examen. ¿Por qué tiene que actuar de ese modo? ¿Por qué se vuelve tan fría conmigo sin previo aviso? ¿Qué le pasa? Por el rabillo del ojo, veo que mi compañera de laboratorio coge el pase que cuelga de la puerta del aula para ir al cuarto de baño. El problema es que el pase para el baño no te ayuda a escapar de la realidad. Todavía estará ahí cuando salgas. Créeme, yo ya lo he intentado. Los problemas son como la basura, no desaparece por mucho que la escondas en un cubo. Cuando regresa a clase, Fate agacha la cabeza sobre la mesa de laboratorio y empieza a escribir las respuestas. Una sola mirada es suficiente para saber que no está concentrada en el examen y que está haciendo una chapuza. Y cuando la señora W. pide que entreguemos los exámenes, mi compañera de laboratorio tiene una mirada vacía en el rostro.

- Si te hace sentir mejor -digo en voz baja para que solo Fate pueda oírme-, me catearon gimnasia en el último año antes del instituto por ponerle un cigarrillo en la boca a un maniquí.
- Me alegro -suelta sin levantar la mirada.

La música empieza a sonar en el altavoz, señalando el final de la clase. Observo el cabello dorado de Fate balanceándose menos que de costumbre mientras sale de clase, sorprendentemente sin que la acompañe su novio. Me pregunto si cree que todo va a caerle del cielo, incluidas las buenas notas. Yo tengo que trabajar para conseguirlo todo. Nunca me han regalado nada.

- Hola, Nanoha.

Es Suzuka. Está esperándome frente a la taquilla. Bueno, puede que algunas cosas sí me caigan del cielo.

- ¿Qué pasa?

Mi ex novia se acerca, dejando ver el profundo escote en forma de pico de su camiseta.

- Nos hemos juntado unos cuantos para ir a la playa después de clase. ¿Quieres venir?
- Tengo que trabajar –replico-. Quizás me apunte más tarde.

Pienso en lo que ocurrió hace dos fines de semana, cuando fui a casa de Fate y tuve que asistir al espectáculo de su madre hablando con aires de superioridad. Fue todo un choque de realidad. Emborracharme para olvidar mi dañado ego fue una idea estúpida. Quería estar con Fate, pasar el rato con ella no solo para estudiar sino también para averiguar qué se escondía bajo su rubia cabellera. Mi compañera de laboratorio me dejó colgado. Suzuka no. El recuerdo es algo vago, pero puedo ver a Suzuka en el lago, rodeándome con sus brazos. Y sentada sobre mí junto al fuego mientras fumábamos algo más fuerte que un Malboro. En mi estado embriagado, fumado y con el orgullo herido, habría dejado que cualquier chica me consolase. Suzuka estaba allí, deseándolo, y le debo una disculpa porque, aunque fue ella quien me provocó, yo no debería haber mordido el anzuelo. Tendré que aclarar las cosas con ella y explicarle por qué me comporté como una gilipollas. Después de clase, veo que hay una multitud agolpada alrededor de mi moto. Mierda, si le pasa algo a Raising Heart juro que voy a partirle la cara a alguien. No tengo que abrirme paso, porque cuando me acerco se abre un hueco por el que puedo pasar. Todos me miran mientras contemplo el acto de vandalismo que ha sufrido mi moto. Están esperando que entre en cólera. Después de todo, ¿quién se atrevería a pegar un timbre de triciclo rosa al manillar y enrollar una serpentina de color chillón en las empuñaduras? Alguien va a tener que atenerse a las consecuencias. Como Fate, por ejemplo. Echo un vistazo a mí alrededor, pero no la veo cerca.

- No he sido yo -se apresura a decir Schach.

Todos murmuran que tampoco han sido ellos. Tras lo cual, se ponen a cuchichear acerca de quién puede haber sido.

- Yûno Scrya, Vice Granscenic...

Pero yo no estoy escuchando porque sé perfectamente quién es la culpable. Mi compañera de laboratorio, la misma que hoy no me ha hecho ni caso. Arranco la serpentina y luego desenrosco el timbre de plástico rosa. Rosa. Me pregunto si es de alguna de sus bicis.

- Apartaos de mi camino -increpo a la multitud.

Todos se apresuran a dispersarse, creyendo que estoy muy cabreada y que lo mejor es estar lejos de allí cuando estalle. A veces, representar el papel de la tipa dura tiene sus ventajas. ¿La verdad? Utilizaré el timbre rosa y la serpentina como excusa para volver a hablar con Fate. Después de que todos se hayan marchado, camino por el lateral del campo de fútbol. El equipo de animadoras está practicando, como de costumbre.

- ¿Buscas a alguien?

Cuando me vuelvo, me encuentro con Ginga Nakajima una de las amigas de Fate.

- ¿Está Fate por aquí? -pregunto.
- No.
- ¿Sabes dónde está?

¿Nanoha Takamachi interesada en saber dónde está Fate Testarossa? Espero que me responda que no es asunto mío. O que la deje en paz. Pero en lugar de eso, su amiga me contesta:

- Se ha ido a casa.

Murmuro un «gracias» y regreso junto a Raising Heart mientras marco el teléfono de mi prima.

- Taller de Micaiah.
- Soy Nanoha. Llegaré tarde a trabajar.
- ¿Han vuelto a castigarte?
- No, no es nada de eso.
- Bueno, cuando vengas ponte con el Lexus de Due. Le dije que podría pasar a recogerlo a las siete y ya sabes cómo se pone cuando no cumples con una promesa.
- No te preocupes -respondo mientras pienso en el puesto que ocupa Due en la pandilla.

Es la típica tía a la que nunca querrías ver enfadada. La tipo de chica que nace sin el chip de la empatía en el cerebro. Si alguien no es legal, Due se encarga de que vuelva a serlo o de que no acabe convirtiéndose en un soplón. Y recurre a cualquier método para conseguirlo por mucho que la persona en cuestión niegue por su vida-. Allí estaré. Diez minutos más tarde, llamo a la puerta de los Testarossa con el timbre rosa y la serpentina en la mano, intentando adoptar una postura de tipa dura. Cuando Fate abre la puerta con una camiseta holgada y unos pantalones cortos, me derrumbo.

- Nanoha, ¿qué estás haciendo aquí? -me pregunta con los ojos Carmesí abiertos de par en par.

Le entrego el timbre y la serpentina.

- No puedo creer que hayas venido hasta aquí solo por una broma -dice, y me arranca sus cosas de las manos.
- Hemos de hablar de otras cosas aparte de eso.

Ella traga saliva. Está nerviosa.

- No me siento muy bien, ¿vale? Hablemos en el instituto -me ruega, intentando cerrar la puerta.

Mierda, no puedo creer que vaya a hacer esto, como los acosadores de las películas. Abro la puerta de un empujón. ¡Qué coño!

- Nanoha, no.
- Déjame entrar. Solo será un minuto. Por favor.

Fate niega con la cabeza y sus angelicales mechones rubios se balancean de un lado a otro.

- A mis padres no les gusta que invite a gente a mi casa.
- ¿Están aquí?
-No -deja escapar un suspiro y abre la puerta con indecisión. Me cuelo dentro. La casa es incluso más grande que lo que parece desde el exterior. Las paredes están pintadas de un blanco impoluto, como las de un hospital. Apuesto a que el polvo no se atreve ni a rozar el suelo ni las encimeras. El recibidor de dos plantas tiene una escalera que podría rivalizar con la que vi en Sonrisas y lágrimas, una película que nos obligaron a ver en la escuela. El suelo brilla como el oro. Fate tenía razón, no pinto nada aquí. No me importa. Aunque no pertenezca a este lugar, ella está aquí, donde quiero que esté.

- Bueno, ¿de qué querías hablar? -me pregunta.

Ojalá sus largas y esbeltas piernas no destacaran tanto con esos pantalones cortos. Son una distracción demasiado tentadora. Aparto la mirada e intento controlarme con todas mis fuerzas. ¿Y qué si tiene unas piernas sexys? ¿Qué más da que tenga los ojos claros como bolas de cristal? ¿Qué pasa si puede aguantar perfectamente una broma y devolverla aún con más arte? ¿A quién pretendo engañar? No tengo excusa para estar aquí excepto el deseo de estar a su lado. A la mierda la puta la apuesta. Quiero descubrir cómo puedo hacerle reír. Quiero saber cómo hacerle llorar. Quiero saber lo que se siente si me mira como si fuera su caballero de la brillante armadura.

- Fate -resuena una voz distante, rompiendo el silencio.
- Espera aquí -me ordena Fate antes de salir corriendo por el pasillo-. Enseguida vuelvo.

No estoy dispuesto a quedarme en el vestíbulo como una gilipollas. La sigo, sabiendo que estoy a punto de entrar en su mundo privado.

Narra Fate

No es que me avergüence de la discapacidad de mi hermana, pero no quiero que Nanoha la juzgue, porque si se ríe de ella, no podré soportarlo. Me doy la vuelta.

- No se te da muy bien obedecer órdenes, ¿verdad?

Me sonríe como diciendo «soy una pandillera, ¿qué esperabas?».

- Tengo que ir a echarle un vistazo a mi hermana. ¿Te importa?
- No. Así podré conocerla. Confía en mí.

Debería sacarla de casa a patadas, con sus tatuajes y todo. Debería, pero no lo hago. Sin decir nada más, lo llevo a nuestra oscura biblioteca revestida de madera. Alicia está sentada en su silla de ruedas, con la cabeza torpemente inclinada hacia un lado mientras ve la televisión. Cuando se da cuenta de que tiene compañía, aparta la mirada del televisor y nos observa, primero a mí y después a Nanoha.

- Ella es Nanoha -le explico, y apago la tele-. Una amiga del instituto.

Alicia mira a Nanoha con una sonrisa torcida y golpea su teclado especial con los nudillos.

- Hola -dice una voz femenina y computarizada. Golpea otro botón-. Me llamo Alicia -continúa el ordenador.

Nanoha se arrodilla junto a mi hermana. Ese simple gesto de respeto despierta una extraña sensación en mí. Yûno siempre ha ignorado a mi hermana, la trata como si, además de discapacitada física y mental, también fuera ciega y sorda.

- ¿Qué tal? -dice Nanoha, cogiendo la rígida mano de Alicia y estrechándola-. Qué ordenador más guay.
- Es un mecanismo de comunicación especial o PCD -le explico-. Le ayuda a comunicarse con los demás.
- Juego - dice la voz del ordenador. Nanoha se coloca junto a Alicia. Contengo la respiración mientras observo sus manos, asegurándome de que no estén al alcance de su Largo cabello.
- ¿Esto tienes juegos? -pregunta.
- Sí -respondo por ella-. Es una fanática de las damas. Alicia, enséñale cómo funciona.

Mientras Alicia presiona despacio la pantalla con los nudillos, Nanoha lo observa todo visiblemente fascinado. Cuando aparecen las damas en la pantalla, Alicia empuja la mano de Nanoha.

- Tú primera -dice Nanoha.

Ella niega con la cabeza.

- Quiere que empieces tú -le digo.
- Guay -dice ella, dándole un golpecito a la pantalla.

Les observo. Ver jugar tranquilamente a esta tipa dura con mi hermana mayor me hace sentir muy bien.

- ¿Te importa si voy a prepararle algo de comer? -le pregunto. Necesito salir de la habitación.
- No, adelante -repone Nanoha sin apartar la vista de la pantalla.
- No tienes que dejarte ganar -le advierto antes de marcharme-. Se le dan muy bien las damas.
- Eh, gracias por el voto de confianza, pero estoy intentando ganar -responde Nanoha. Sonríe con sinceridad. No intenta representar el papel de chica dura y arrogante. Me hace desear con más fuerza escapar de allí. Poco después, cuando entro en la biblioteca con la comida de Alicia, Nanoha dice: - Me ha destrozado.
- Ya te dije que era buena. Pero se acabaron los juegos por hoy -le digo a Alicia. Acto seguido, me vuelvo hacia Nanoha y añado-: Espero que no te importe que le dé de comer.

- Desde luego que no.

Nanoha toma asiento en el sillón de piel favorito de mi padre mientras yo coloco la bandeja delante de Alicia y le doy de comer su compota de manzana. Es un desastre, como siempre. Ladeo la cabeza y veo a Nanoha que está observándome mientras le enjuago a mi hermana la comisura de los labios con una toallita.

- Alicia, tendrías que haberle dejado ganar. Ya sabes, por educación. -Mi hermana responde negando con la cabeza. La compota le resbala por la barbilla-. De modo que así están las cosas, ¿eh? -le recrimino, esperando que la escena no asquee a Nanoha. Tal vez le estoy poniendo a prueba para averiguar sí puede soportar un rato de mi vida en casa. Si lo hace, aprobará-. Espera a que se vaya Nanoha. Ya te enseñaré yo quién es la campeona de las damas.

Mi hermana me regala una de sus sonrisas dulces y ladeadas. Es como si expresara mil palabras con ese gesto. Durante un momento, me olvido de que Nanoha me observa. Es tan extraño tenerla aquí, dentro de mi vida, en mi casa. No pertenece a este lugar y, sin embargo, no parece importarle estar aquí.

- ¿Por qué estabas de tan mala leche en clase de química? -me pregunta.

Porque van a llevarse lejos a mi hermana y ayer me pillaron con las tetas al aire mientras Yûno tenía los pantalones bajados delante de mí.

- Estoy segura de que has oído los espantosos rumores.
- No, no he oído nada. Quizás estés obsesionada.

Quizás. Veyron nos vio, y tiene la lengua muy larga. Cada vez que alguien me miraba hoy, me daba la impresión de que lo sabía. Miro a Nanoha y le digo:

- A veces desearía poder retroceder en el tiempo.
- Sí, yo desearía poder retroceder unos cuantos años -responde muy seria-. O hacer que los días pasaran muy deprisa.
-Por desgracia, la vida real no funciona con mando a distancia -me lamento. Cuando Alicia termina de comer, la siento delante de la televisión y me llevo a Nanoha a la cocina-. Mi vida no es tan perfecta, después de todo, ¿verdad? -le pregunto mientras saco unos refrescos del frigorífico.

Nanoha me mira con curiosidad.

- ¿Qué? -le espeto.
-Supongo que todos tenemos problemas. A mí me persiguen más demonios de los que salen en una película de terror -dice, encogiéndose de hombros.

¿Demonios? Nada parece perturbar a Nanoha. Nunca se queja de su vida.

- ¿Cuáles son tus demonios? -insisto.
- Si te cuento cuáles son mis demonios, saldrías corriendo de aquí.
- Creo que te sorprendería más saber qué me hace correr a mí, Nanoha.

Las campanadas del reloj de pared resuenan por toda la casa. Una. Dos. Tres. Cuatro. Cinco.

- Tengo que irme - anuncia Nanoha -. Mañana podemos quedar en mi casa, después del instituto, para estudiar.
- ¿En tu casa? ¿En la zona sur?
- Puedo enseñarte un pedacito de mi vida. ¿Te atreves? -me reta.
- Claro -aseguro, tragando saliva.- Que empiece el juego. Cuando le acompaño a la puerta, oigo que alguien está aparcando el coche en la entrada de mi casa. Si es mi madre, me la cargo. Da igual que hayamos tenido un encuentro de lo más inocente, se pondrá hecha una furia. Miro a través de las ventanas de la puerta principal y reconozco el deportivo rojo de Ginga.

- Oh, no. Mis amigas están aquí.
- Que no cunda el pánico -dice-. Abre la puerta. No puedes fingir que no estoy aquí. Mi moto está aparcada en la entrada.

Tiene razón. No puedo ocultar su presencia. Abro la puerta y salgo al exterior. Nanoha está justo detrás de mí cuando me encuentro con Ginga, Shari y Carim en la acera.

- ¡Hola, chicas! -exclamo. Tal vez si actúo con normalidad no le darán tanta importancia al hecho de que Nanoha esté en mi casa. Le doy un codazo a mi compañero de laboratorio-. Estábamos hablando de nuestro proyecto de química. ¿Verdad, Nanoha?

- Así es.

Carim arquea las cejas. Cuando Shari ve salir de mi casa a Nanoha, me da la sensación de que está a punto de sacar el móvil, sin duda para poner al corriente a la otra S.

-¿Deberíamos irnos y dejaros a solas? -sugiere Ginga.

-No seas ridícula -me apresuro a añadir. Nanoha monta en la moto.
- Nos vemos mañana -dice, señalándome con el dedo tras ponerse el casco. Mañana. En su casa. Asiento con la cabeza.
Después de que Nanoha se haya ido, Carim interviene:

- ¿De qué iba todo esto?
- Química -murmuro.

Shari se ha quedado boquiabierta.

- ¿Estabais haciéndolo? -insiste Ginga-. Porque hace diez años que somos amigas y puedo contar con los dedos de la mano las veces que me has invitado a entrar en tu casa.
- Es mi compañera de química.
- Es una pandillera, Fate. No lo olvides nunca -dice Ginga. Carim niega con la cabeza y añade:

- ¿Estás colada por una tía que no es tu novio? Yûno le ha comentado a Vice que últimamente te comportas de un modo muy extraño. Somos tus amigas, así que hemos venido aquí para hacerte entrar en razón.

Me siento en el primer escalón y las oigo parlotear sobre la reputación, los novios y la lealtad durante media hora. Tienen razón.

- Prométeme que no sucede nada entre Nanoha y tú -exige Carim cuando Shari y Ginga se marchan en coche y nos quedamos solas.
- No sucede nada entre Nanoha y yo -le aseguro-. Te lo prometo... o eso creo... digo dentro de mí.

Continuara…

Y aquí el nuevo cap espero y les guste

Nos leemos en el siguiente y no olviden dejar reviews