QUIMICA PERFECTA

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By: Vivio takamachi Harlaown

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Narra Nanoha

Hoy Fate se ha marchado del instituto a la carrera, siguiendo a Cara Burro. Antes de irme, la vi con él. Estaban enfrascados en una conversación privada en la parte de atrás del campo de fútbol. Se ha decantado por él, lo que no me sorprende en absoluto. Cuando me preguntó en clase de química qué debía hacer, tendría que haberle dicho que plantara a ese capullo. Ahora me sentiría mejor y no estaría tan cabreada como lo estoy ahora. ¡Cabronazo! Él no la merece. De acuerdo, puede que yo tampoco. Después de clase, pasé por el almacén para ver si podía obtener algo de información sobre mi padre. Sin embargo, no saqué nada en claro. Los tipos que conocían entonces a mi padre no tienen mucho que decir, excepto que nunca dejaba de hablar de sus hijos. La conversación se vio interrumpida por un Satín Hood que fumigó el almacén a disparos, una señal de que están buscando venganza y de que no se detendrán hasta conseguirla. No sé si debería preocuparme o no por la ubicación del almacén, un descampado aislado detrás de la vieja estación de tren. Nadie sabe que estamos aquí, ni siquiera la poli. Sobre todo la poli. Ya soy inmune al sonido de los disparos. En el almacén, en el parque... los espero en cualquier momento. Algunas calles son más seguras que otras, pero los rivales saben que este lugar, el almacén, es nuestro santuario. Y esperan el momento oportuno para tomar represalias. Es una filosofía muy simple: si no respetas nuestro territorio, nosotros no respetaremos el tuyo. Nadie ha salido herido esta vez, así que no habrá ninguna muerte que vengar. No obstante, seguro que se derramará sangre. Esperan que vayamos en su busca, y no les decepcionaremos. En la zona de la ciudad en la que vivo, el ciclo de la vida se enlaza con el ciclo de la violencia. Después de que todo vuelva a la normalidad, subo a la moto y me doy cuenta de que sin pretenderlo me encamino a casa de Fate. No puedo evitarlo. Tan pronto como cruzo las vías del tren, me detiene un coche de policía, del que salen dos tipos uniformados. En lugar de explicarme la razón por la que me detienen, uno de los polis me ordena que baje de la moto y que le muestre el carné.

- ¿He cometido alguna infracción? -pregunto mientras se lo entrego.

El agente que examina mi documentación me contesta:

- Podrás hacer preguntas después de que yo haga las mías. ¿Llevas drogas encima, Nanoha?
- No, señor.
- ¿Algún arma? -pregunta el otro policía.
Vacilo un instante, pero les digo la verdad: - Sí.

Uno de los policías saca la pistola de su funda y me apunta con ella en el pecho. El otro me pide que levante las manos y luego me ordena tumbarme en el suelo mientras pide refuerzos. Mierda. Estoy jodida, muy jodida.
- ¿Qué tipo de arma?
Hago una mueca antes de decir: - Una Glock de nueve milímetros.
Menos mal que le devolví a Wil la Beretta o me hubieran pillado armado hasta los dientes.
Mi respuesta hace que el policía se ponga algo nervioso. Me fijo en que su dedo tiembla ligeramente sobre el gatillo.
- ¿Dónde la llevas?
- Escondida en la pierna izquierda.
- No te muevas, voy a desarmarte. Si te quedas quieto, no pasará nada.
Tras desarmarme, el otro poli se pone unos guantes de goma y en un tono de voz autoritario que no tiene nada que envidiar al de la señora W., suelta:
- ¿Llevas encima alguna jeringuilla, Nanoha?
- No, señor -respondo.
Se arrodilla a mi lado y me pone las esposas.
- Levántate -me ordena tirando de mí. Luego hace que me incline sobre el capó del coche. Cuando me cachea, me siento humillada. Mierda, por mucho que supiera que era inevitable que algún día me arrestaran, parece ser que no estaba preparada. Me muestra la pistola y dice:

- Quedas detenida por posesión de armas.

- Nanoha Takamachi, tienes derecho a permanecer en silencio -recita el otro poli-. Cualquier cosa que digas podrá ser utilizada en tu contra en un tribunal...

El calabozo huele a meados y a humo. O quizás sean las tipas que han tenido la mala suerte de acabar encerradas conmigo en esta celda. Sea lo que sea, estoy deseando salir de este maldito lugar. ¿A quién voy a llamar para que pague la fianza? Hayate no tiene dinero. Micaiah ha invertido el suyo en el taller. Mi madre me matará si se entera de que me han arrestado. Apoyo la espalda contra las barras de hierro de la celda e intento pensar con calma, aunque resulta muy difícil hacerlo en un lugar tan asqueroso como este. La policía lo llama celda de detención, un modo sofisticado de decir jaula. Menos mal que es la primera vez que me meten aquí. Maldita sea, juro que será la última. ¡Lo juro! Me inquieta la idea de ir a la cárcel porque me he pasado la vida sacrificándome por mis hermanos. ¿Y si me encierran de por vida? En mi fuero interno sé que no es la vida que deseo. Quiero que mi madre se sienta orgullosa de mí por ser algo más que una pandillera. Quiero un futuro del que pueda sentirme orgullosa. Y deseo con todas mis fuerzas demostrarle a Fate que soy una buena tipa .Me golpeo la parte posterior de la cabeza contra las barras de hierro, pero no logro apartar todos estos pensamientos de mi mente.

- Te he visto en el instituto Fairfield. Yo también voy allí -dice una blanca bajita, aproximadamente de mi misma edad.

La petarda lleva una camisa de golf de color coral y una mini falda blanca, como si la hubieran sacado de un torneo de golf junto a otros ciudadanos de clase alta. La blancucha aparenta ser una tía guay, pero con esa camisa de color coral... Joder, aparentar eso va a ser el menor de sus problemas. La tipa lleva tatuado en la frente «soy una niña rica de la zona norte».

- ¿Cómo has acabado aquí? -me interroga, como si fuera una pregunta normal entre dos personas normales, un día normal.

- Iba armada.

- ¿Cuchillo o pistola?

- Y a ti qué coño te importa -digo, fulminándola con la mirada.

- Solo intento mantener una conversación -confiesa La chica. ¿Acaso a todas las blancas les gusta demasiado el sonido de su propia voz? - ¿Y tú? -le pregunto.

- Mi madre llamó a la poli y les dijo que le robé el coche -confiesa, dejando escapar un suspiro.

- ¿Estás en este agujero por tu vieja? ¿Y lo ha hecho a propósito? -pregunto con una mueca.

- Cree que así aprenderé una lección.

- Sí. La lección es que tu vieja es una ******* -sentencio, pensando que lo mejor que podría haber hecho su Madre es enseñar a su hijita a vestirse.

- Mi padre pagará la fianza.

- ¿Estás segura? –La chica se endereza.

- Es abogado, y no es la primera vez que mi madre hace algo así. De hecho, ya son varias. Creo que intenta joder a mí padre y atraer su atención. Están divorciados... Niego con la cabeza. Estos blanquitos... - Es verdad -dice la tipa-. Sí, estoy segura.

- Takamachi, ya puedes hacer tu llamada -anuncia el poli desde el otro lado de los barrotes.

Me he distraído tanto con esta bocazas que ni siquiera he decidido a quién llamar para que pague la fianza. De repente, siento un nudo en el estómago, el mismo que sentí al ver el enorme suspenso en boli rojo en el examen de química. Solo conozco a una persona con el dinero y los medios para sacarme de este lío: Regius. El jefe de los Latino Blood.

Nunca le he pedido un favor a Regius. Porque nunca sabes cuándo querrá cobrárselo. Y estar en deuda con él significa algo más que deberle dinero.

A veces, la vida te obliga a tomar decisiones que no deseas tomar. Tres horas más tarde, después de que un juez me eche la bronca hasta casi hacerme sangrar los oídos y fije una fianza, Regius me recoge en el juzgado. Es un hombre poderoso. Lleva el pelo con un corte tipo militar, castaño, y hay algo en él que dice que más vale no intentar jugársela. Le tengo mucho respeto a Regius porque es el tipo que me inició en los Latino Blood. Creció en la misma ciudad que mi padre; se conocían desde pequeños. Regius ha estado pendiente de mi familia y de mí desde que murió mi padre. Me enseñó nuevas expresiones como segunda generación y suelta palabras como legado. Nunca le olvidaré.

Regius me da un manotazo en la espalda mientras nos dirigimos al aparcamiento.

- Te ha tocado la juez Auris. Menuda hija de ****. Tienes suerte de que la fianza no haya sido muy alta.

Asiento con la cabeza. Solo deseo regresar a casa. Ya en el coche, lejos del juzgado, le digo:

- Te devolveré la pasta, Regius.

- No te preocupes por eso -responde él-. Para eso están los hermanos. Para ser sincero, me ha sorprendido saber que es la primera vez que te arrestan. Estás más limpia que ningún otro miembro de los Latino Blood.

Miro a través de la ventanilla del coche de Regius. Las calles están tranquilas y oscuras, como el Lago Michigan.

- Eres una chica inteligente, lo suficiente como para ascender dentro de la banda -explica Regius.

Daría lo que fuera por ocupar el lugar de algunos Latino Blood, pero ¿ascender? Vender drogas y armas son algunas de las cosas ilegales que suponen estar en una posición más alta. Me gusta estar donde estoy, cabalgando sobre esta peligrosa ola pero sin sumergirme completamente en ella. Debería alegrarme de que Regius se plantee la idea de darme más responsabilidad dentro de los Latino Blood. Lo de Fate y su mundo es solo una fantasía.

- Piénsatelo -dice Regius cuando llegamos a mi casa.

- Lo haré. Gracias por pagar la fianza, tío.

- Toma, coge esto -añade, sacando una pistola de debajo del asiento del conductor-. La poli te ha confiscado la tuya.

Vacilo un instante, recordando el momento en que el poli me preguntó si iba armada. Joder, resultó muy humillante que me apuntaran con un arma en el pecho mientras me quitaban la Glock. Pero rechazar el arma de Regius sería una falta de respeto, y yo nunca haría algo así. Acepto el arma y la deslizo en la cinturilla de los vaqueros.

- Me han dicho que has estado haciendo preguntas sobre tu padre. Mi consejo es que lo dejes como está, Nanoha.

- No puedo, ya lo sabes.

- Bueno, si descubres algo, házmelo saber. Siempre te respaldaré.

- Lo sé. Gracias, tío.

En mi casa se respira tranquilidad. Entro en mi habitación y encuentro a mis hermanos durmiendo. Abro el cajón superior y escondo el arma bajo la tabla de madera donde nadie pueda dar con ella. Es un truco que me enseñó Hayate. Me tumbo en la cama y me tapo los ojos con el antebrazo, esperando poder dormir algo esta noche.

Destellos de lo sucedido el día anterior se suceden ante mí. La imagen de Fate, sus labios sobre mi boca, su dulce aliento mezclado con el mío, es la única imagen que persiste en mi mente. Mientras me quedo dormida, su rostro angelical es lo único que consigue alejar las pesadillas de mi pasado.

Narra Fate

Los rumores de que Nanoha ha sido arrestada se extienden por el instituto como la pólvora. Tengo que averiguar lo que hay de cierto en ellos. Encuentro a Reinforce en el descanso entre la primera y segunda hora. Está hablando con un grupo de amigas pero las deja un momento y me lleva aparte.
Me dice que Nanoha fue arrestada ayer pero que salió bajo fianza. No tiene ni idea de dónde está, pero preguntará por ahí y volveremos a vernos en el descanso entre la tercera y cuarta hora, junto a mi taquilla. Cuando llega el momento, echo a correr hasta allí, anticipándome y estirando el cuello para ver si puedo encontrarla. Reinforce está esperándome.
- No le digas a nadie que te he dado esto -dice, pasándome un trozo de papel plegado.
Fingiendo buscar algo en mi taquilla, lo desdoblo. Una dirección.
Nunca antes había hecho campana. Aunque tampoco han arrestado nunca a la chica que he besado.
Esto es lo que sucede cuando me muestro tal y como soy. Y ahora voy a ser auténtica con Nanoha, tal y como siempre ha deseado ella. Tengo miedo, y no estoy muy convencida de que esté haciendo lo correcto, pero no puedo ignorar la atracción magnética que nos une.
Introduzco la dirección en el GPS. Me lleva hacia la zona sur, a un lugar llamado El Taller de Micaiah. Hay una chica frente a la puerta. Se queda boquiabierta al verme.
- Estoy buscando a Nanoha Takamachi.
La tipa no responde
- ¿Está aquí? -le pregunto, incómoda. Tal vez no se fíe de mí.
- ¿Por qué buscas a Nanoha? -pregunta finalmente.
El corazón me late con tanta fuerza que la camiseta se mueve con cada latido.
- Tengo que hablar con ella.
- Será mejor que la dejes en paz -responde.
- Está bien, Micaiah -interviene una voz conocida.
Me vuelvo hacia Nanoha. Está apoyada en la puerta del taller con un trapo colgándole del bolsillo y una llave inglesa en la mano. El pelo que le sobresale de la bandana está alborotado y tiene un aspecto masculino.
Deseo abrazarle. Necesito que me diga que todo va bien, que no volverán a encerrarla. Nanoha sigue mirándome a los ojos.
- Supongo que será mejor que las deje solas -me parece oír que dice Micaiah, pero estoy demasiado absorta como para esta segura. Tengo los pies pegados al suelo, así que es un alivio ver que es ella quien se acerca.
- Eh... -empiezo. Por favor, que no me cueste acabar con esto-. Yo... esto... he oído que te arrestaron. Quería saber si estabas bien.
- ¿Has hecho campana para comprobar si estoy bien?
Asiento con la cabeza porque la lengua se niega a obedecer.
Nanoha da un paso atrás.
- Bueno, pues ahora que has visto que estoy bien, vuelve al instituto. Tengo que... ya sabes, volver al trabajo. Anoche me confiscaron la moto, y necesito ahorrar para recuperarla.
- ¡Espera! -le grito. Aspiro profundamente. Ha llegado el momento…Voy a soltarlo todo-. No sé cuándo ni por qué empecé a sentir algo por ti, Nanoha, pero así están las cosas. Desde el día en el que casi me llevo por delante tu moto, no he podido dejar de imaginar cómo sería estar contigo...Y el beso... Dios, te juro que nunca había experimentado algo semejante. Significó mucho para mí. Si el mundo no se acabó en aquel momento, no veo por qué tiene que hacerlo ahora. Sé que es una locura porque somos muy diferentes, y que si ocurre algo entre nosotros no quiero que la gente del instituto lo sepa. No te pido que aceptes una relación secreta conmigo, pero al menos tengo que saber si existe esa posibilidad. He roto con Yûno, con el que tenía una relación bastante pública. Estoy preparada para una secreta. Real y secreta. Sé que estoy parloteando como una idiota, pero si no dices algo pronto o me das una pista de lo que estás pensando, yo...
- Dilo otra vez –me dice.
- ¿Todo el discursito?
Recuerdo haber dicho algo sobre que no se acaba el mundo, pero me siento demasiado mareada como para recitarlo todo otra vez.
Nanoha se acerca a mí.- No. Solo esa parte en la que aseguras sentir algo por mí.
Le miro a los ojos.
- Pienso en ti todo el tiempo, Nanoha. Y deseo volver a besarte, de verdad.
Se le levantan las comisuras de los labios y esboza una sonrisa.
Soy incapaz de mirarle a la cara, de modo que me decido por el suelo.
- No te rías de mí -le ruego. Ahora mismo puedo soportar cualquier cosa menos eso.
- No te alejes. Nunca me reiría de ti.
- No quería que ocurriera de este modo -admito, mirándole de nuevo a los ojos.
- Lo sé.
- Es probable que esto no funcione -añado
- Probablemente no.
- Mi vida no es tan perfecta como la gente cree.
- Ya somos dos -señala.
- Estoy deseando saber a dónde nos lleva esto. ¿Y tú?
- Si no estuviéramos aquí fuera -advierte-, te mostraría...
Le interrumpo deslizando una mano por la densa melena que le cae por la nuca y tirando de su hermosa cabeza. Si en este momento no podemos disponer de algo de intimidad, me encargaré de hacerla real. Además, todos los que no deben enterarse de esto ahora están en el instituto.
Nanoha sigue manteniendo las manos a ambos lados. Cuando separo los labios, suelta un gemido a pocos centímetros de mi boca y deja caer la llave inglesa al suelo con un ruido sordo.
Cuando me rodea con sus brazos, me siento protegida. Su lengua de terciopelo se enreda con la mía, provocando una sensación de intimidad en lo más profundo de mi ser hasta ahora desconocida. Esto es algo más que darse el lote, es...bueno, sé que es algo más.
Nanoha no deja de mover las manos en ningún momento. Con una traza círculos sobre mi espalda; la otra juguetea con mi pelo, ella no es la única que se dedica a explorar. Recorro su cuerpo con las manos, sintiendo sus músculos tensos bajo mis dedos, haciendo más intensa nuestra complicidad.
Oigo el fuerte carraspeo de Micaiah y nos separamos, Nanoha me mira con una pasión desbordante en los ojos.
- Tengo que volver al trabajo –susurra entre jadeos.
- Ah. Está bien -respondo. Súbitamente avergonzada por nuestro despliegue de afecto en público, doy un paso atrás.
- ¿Podemos quedar más tarde? –me pregunta.
- Mi amiga Carim viene a cenar a casa.
- ¿La que no deja de mirar su bolso?
- Eh, sí -admito. Tengo que cambiar de tema o me sentiré tentada de invitarla a ella también. Ya puedo imaginármelo: mi madre rebosante de desprecio hacia Nanoha y sus tatuajes.
- Mi prima Wendi se casa el domingo. Ven conmigo a la boda -sugiere.
- No puedo permitir que mis amigas se enteren de lo nuestro. Ni mis padres -admito, bajando la mirada.
- No les contaré nada.
- ¿Y la gente de la boda? Todo el mundo nos verá juntos.
- No habrá nadie del instituto. Solo mi familia, y me aseguraré de que mantengan la boca cerrada.
No puedo. Mentir y escaparme a hurtadillas nunca se me ha dado bien. La aparto de un empujón.
-No puedo pensar cuando te tengo tan cerca.
-Bien. Hablemos de la boda.
Ay, madre, solo con mirarla siento el deseo de acompañarla.
- ¿A qué hora?
- A mediodía. Será una experiencia que nunca olvidarás. Confía en mí. Te recogeré a las once.
- Todavía no he dicho que sí.
- Ya, pero estás a punto de hacerlo –asegura con un tono suave y misterioso.
- ¿Por qué no nos encontramos aquí, a las once? –le sugiero, señalando el taller con la cabeza. Si mi madre se entera de lo nuestro, todo se habrá terminado.
Nanoha me levanta la barbilla para obligarme a mirarle a los ojos.
- ¿Por qué no te da miedo estar conmigo?
- ¿Bromeas? Estoy aterrada -confieso, fijándome en los tatuajes que se extienden a lo largo de sus brazos.
- No puedo engañarte. No llevo una vida envidiable precisamente. –Me coge de la mano y la levanta, mi palma contra la suya. ¿Estará evaluando el contraste de color de nuestra piel, en sus dedos, algo maltratados por el trabajo duro, contra mis uñas perfectamente arregladas?-. Somos tan diferentes en ciertas cosas -dice finalmente.
Nuestros dedos se entrelazan.
-Si, aunque en otras somos muy parecidas.
Me gano una sonrisa con esas palabras, hasta que Micaiah carraspea de nuevo.
-Nos vemos aquí el domingo, a las once-le digo Nanoha da un paso atrás, asiente y me guiña un ojo.
- Esta vez sí es una cita.

Continuara…

Y bien aquí les traigo el nuevo cap de esta maravillosa historia, perdonen que haya tardado tanto pero no había podido editar el capi toda la culpa la tiene la maldita gripe que me dio y no me dejo parar de la cama… bueno más bien fue mi mama la que no me dejo pararme, y aprovecho ahora para editar el cap y subirlo antes de que venga otra vez y me regañe asi que no olviden dejar reviews