Narra Nanoha

Si sigo mirando sus largas piernas, voy a acabar provocando un accidente... y no quiero morir todavía.

- ¿Cómo está tu hermana? -le pregunto para cambiar de tema.
- Está deseando ganarte otra vez a las damas.
- ¿En serio? Bueno, dile que me dejé ganar. Estaba intentando impresionarte.
- ¿Perdiendo a las damas?
- Funcionó, ¿verdad? -digo, encogiéndome de hombros.

Reparo en que no deja de colocarse el vestido, como si necesitara ponérselo bien para causarme buena impresión. Con la intención de disipar sus nervios, le recorro el brazo con los dedos antes de cogerla de la mano.

- Dile a Alicia que volveré para la revancha -le digo.

Ella se vuelve hacia mí y me mira con sus resplandecientes ojos carmesí.

- ¿En serio?
- Por supuesto.

Durante el trayecto, intento mantener una conversación intranscendente. Pero no funciona, no soy el tipo de chica al que le gusten ese tipo de conversaciones. Me alegro de que Fate parezca contenta aunque estemos en después, aparco delante de una casa de ladrillo, pequeña, de dos plantas.

- ¿La boda no es en la iglesia?
- No. Fabia quiere casarse en casa de sus padres.

Le rodeo la cadera con el brazo cuando nos acercamos a la casa. No me preguntéis por qué razón siento la necesidad de presumir de ella. Tal vez en el fondo sea cierto que no soy más que una Neanderthal. Cuando entramos en la casa, nos llega la música de los Mariachi procedente del patio, y hay gente ocupando cada centímetro del espacio. Compruebo la reacción de Fate, preguntándome si siente que ha sido transportada por arte de magia a México. Mi familia no tiene casas enormes con piscinas como a las que ella está acostumbrada. Micaiah y algunos de mis primos nos dan la bienvenida a gritos. Todos hablan en su argot; no sé si Fate entiende. Estoy acostumbrada a que mis tías me besuqueen sin parar. Pero no creo que a ella le haga mucha gracia aquello. Me acerco a Fate para que sepa que no me he olvidado de ella. Empiezo a presentarle a toda la familia pero me doy por vencida cuando comprendo que no hay manera de que recuerde todos los nombres.

- ¡Eh! -exclama una voz a nuestra espalda.

Me vuelvo y veo a Hayate.

- ¿Qué pasa? -la saludo, dándole un abrazo-. Fate, seguro que ya conoces a mi mejor amiga del instituto. No te preocupes, sabe que no tiene que decirle a nadie que te ha visto aquí.
- Mis labios están sellados -asegura, y luego se pone a hacer el tonto, fingiendo cerrarse los labios con una cremallera y lanzar la llave.
- Hola, Hayate -le dice ella con una sonrisa.

Mashiro se une a nosotros, con su esmoquin blanco y una rosa roja en la solapa. Recibo a mi futuro primo con otro abrazo.

- Vaya, tío, vas hecho un pincel.
- Tú tampoco estás nada mal. ¿Vas a presentarme a tu amiga o qué?
- Fate, este es Mashiro. Es el pobre que... quiero decir, el afortunado que va a casarse con mi prima Fabia.
- Las amigas de Nanoha son nuestras amigas -le dice a Fate, dándole un abrazo
- ¿Dónde está la novia? -pregunta Hayate.
- Arriba, llorando en la habitación de sus padres.
- ¿De felicidad? -intervengo yo.
- No, Nanoha. Subí para darle un beso y ahora está barajando la posibilidad de cancelarlo todo, porque dice que ver a la novia antes de la boda trae mala suerte -añade Mashiro, encogiéndose de hombros.
- Me alegro de no estar en tu piel -le suelto-. Fabia es supersticiosa. Probablemente hará alguna locura para ahuyentar la mala suerte.

Mientras Hayate y Mashiro especulan sobre los recursos que podría emplear Fabia para librarse de ella, cojo a Fate de la mano y la llevo afuera. Un grupo toca música en directo. Aunque seamos chicanos y nos hayamos adaptado bien, seguimos manteniendo nuestra cultura y nuestras tradiciones. La comida es picante, las familias son numerosas y todos estamos muy unidos. Y nos encanta movernos al ritmo de la música que llevamos en la sangre.

- ¿Hayate es tu prima? -me pregunta Fate.
- No, pero le gusta pensar que sí. Kyoya, esta es Fate -informo a mi hermano cuando llego a su lado.
- Si, ya lo sé -dice Kyoya-. Recuerdo haberos visto en pleno intercambio de saliva.

Fate se queda muda por la sorpresa.

- Ten cuidado con lo que dices -le advierto, dándole una colleja.

Fate me pone la mano en el hombro.

- No te preocupes, Nanoha. No tienes que protegerme de todos.

Adopta una postura presumida.

- Es cierto, hermana. No tienes que protegerla. Bueno, tal vez de mamá sí.

Se acabó. Llevo a mi hermano a un lado y me enzarzo con él en una discusión.

- Lárgate y no molestes.

¿Está intentando estropearme la cita? Kyoya se dirige a la mesa, resoplando.

- ¿Y tu hermana? –pregunta Fate.

Nos sentamos en una de las muchas mesitas alquiladas que hay en medio del patio. La tomo de la mano.

- Miyuki está ahí -digo, señalando un rincón del patio, donde mi hermana es ya el centro de atención gracias a sus trucos de magia. Todavía tengo que explicarle que ese talento no le valdrá para atraer a los chicos cuando entre en el instituto. Fate tiene la mirada puesta en los cuatro niños de mi prima; todos tienen menos de siete años y corretean por todos lados. Meiko, de dos años, ha decidido que no estaba a gusto con su vestido y se lo ha quitado, arrojándolo a un lado del patio.

- Seguramente pensarás que no son más que un puñado de ruidosos mexicanos.
Ella sonríe. - No. Parece un puñado de gente que se divierte en una boda al aire libre. ¿Quién es ese? -pregunta cuando un chico vestido con uniforme militar pasa a nuestro lado-. ¿Otro primo?
- Sí. Kido acaba de regresar de Oriente Medio. Aunque no lo creas, antes era miembro de Python, una pandilla de Chicago. Antes de ser soldado estaba muy metido en las drogas.

Ella gira la cabeza de inmediato para mirarme.

- Ya te lo dije, yo no consumo drogas. Por lo menos ya no -le aseguro con decisión, deseando que me crea-. Y tampoco trafico con ellas
- ¿Me lo prometes?
- Sí -respondo, recordando la noche en la playa en la que estuve tonteando con Suzuka. Aquella fue la última vez-. No importa lo que hayas oído, me mantengo alejada de la coca. Es algo muy serio. Lo creas o no, me gustaría conservar todas las neuronas con las que nací
- ¿Y Hayate? -pregunta Fate-. ¿Consume drogas?
- A veces.

Dirige la mirada a Hayate, que ríe y bromea con mi familia. Intenta desesperadamente formar parte de ella, ya que no dispone de una propia. Su madre se largó hace años, dejando a su padre y a ella en una situación lamentable, no la culpo por desear escapar. Mi prima Fabia aparece finalmente con un vestido blanco de encaje, y la ceremonia da comienzo. Mientras recitan los votos, me quedo detrás de Fate estrechándola entre mis brazos, arropándola suavemente. Me pregunto qué llevará ella el día de su boda. Probablemente diversos profesionales capturarán el momento para toda la eternidad.

- Y yo os declaro, marido y mujer -recitó el sacerdote. Los novios se besan y la gente rompe en aplausos. Fate me aprieta con fuerza la mano.

Narra Fate

Está claro que Mashiro y Fabia están locamente enamorados, y eso hace que me pregunte si alguna vez estaré tan enamorada de mi futuro marido... o mujer. Pienso en Alicia. Ella nunca tendrá marido, ni hijos. Sé que mis hijos la querrán tanto como yo. Nunca le faltará amor. Pero, en el fondo, me pregunto si anhela aquello que nunca tendrá: un marido, una familia propia. Volviendo a Nanoha. Sé que no puedo verme envuelta en asuntos de pandillas y quién sabe en qué cosas más. Yo no soy así. Pero esta chica, situada justo en el centro de todo aquello que rechazo, está conectada a mí como nadie lo ha estado nunca. Sé que mi misión es ayudarle a cambiar de vida, para que algún día la gente pueda decir que somos la pareja perfecta. Cuando empieza a sonar la música, rodeo a Nanoha con los brazos y apoyo la cabeza sobre su hombro. Ella retira los mechones de mi cuello y me abraza mientras nos balanceamos al ritmo de la música. Un chico se acerca a la novia con un billete de cinco dólares.

- Es una tradición -explica Nanoha -. Está pagando por bailar con la novia. Lo llaman el baile de la prosperidad.

Observo, fascinada, como el chico sujeta los cinco dólares a la cola del vestido de la novia con un imperdible. Mi madre estaría aterrorizada. Alguien le grita algo al chico que baila con la novia y todos estallan en carcajadas.

- ¿Qué ha dicho tan divertido?
- Dicen que le ha puesto el billete demasiado cerca del culo.

Miro a las parejas que hay en la pista de baile e intento imitar sus movimientos mientras me dejo llevar por la música. Cuando la novia deja de bailar, le pregunto a Nanoha si ella también va a bailar con ella. Cuando me dice que sí, la animo a hacerlo ahora.

- Ve a bailar con Fabia. Mientras, iré a hablar con tu madre.
- ¿Estás segura de que quieres hacer eso?
- Sí, la he visto al llegar y no quiero ignorarla. No te preocupes por mí. Tengo que hacerlo.

Nanoha extrae un billete de diez dólares de su cartera. Intento no reparar en ello, pero veo que está vacía. Está a punto de darle a la novia todo el dinero que le queda. ¿Puede permitírselo? Sé que trabaja en el taller, pero el dinero que gana allí probablemente lo emplee para ayudar a su familia. Doy un paso atrás hasta que nuestras manos se separan.

- Enseguida vuelvo.

Me acerco a la madre de Nanoha, en la fila de mesas donde las mujeres están colocando platos de comida. Lleva un vestido cruzado rojo y parece más joven que mi madre. La gente piensa que mi madre es guapa, pero la señora Takamashi posee la belleza eterna de una estrella de cine. Tiene los ojos grandes y violetas, unas pestañas que le rozan las cejas, y una piel impecable y ligeramente bronceada. Le doy un golpecito en el hombro mientras dispone las servilletas sobre la mesa.

- Hola, señora Takamashi
- ¿Fate, verdad? -pregunta
Asiento con la cabeza. Vale, ya han terminado las presentaciones, Fate. Deja de andarte con rodeos.
- Esto, quería decirle algo desde que llegamos. Y ahora parece el momento perfecto, pero creo que estoy andándome por las ramas y que no voy al grano. Me pasa cuando estoy nerviosa.

La mujer me observa como si estuviera chiflada.

- Continúa -insiste.
- Sí, bueno, sé que no hemos empezado con muy buen pie. Y siento mucho si, de algún modo, le falté el respeto la última vez que nos vimos. Solo quería que supiese que no fui a su casa con la intención de besar a Nanoha.
- Disculpa la curiosidad, ¿pero cuáles son tus intenciones?
- ¿Cómo dice?
- ¿Que cuáles son tus intenciones con Nanoha?
- Yo... no estoy segura de qué quiere que le diga. Si le soy sincera, lo sabremos conforme avancen las cosas.

La señora Takamashi me pone la mano en el hombro.

- Dios sabe que no soy la mejor madre del mundo. Sin embargo, me preocupo por mis hijos, Fate, más que nada en el mundo. Y haré lo que sea necesario por protegerles. Veo el modo en el que te mira, y me asusta. No soportaría verla sufrir otra vez por alguien que le importa.

Al escuchar a la madre de Nanoha hablando de ella de aquel modo siento el deseo de tener una madre como ella, alguien que quiere y se preocupa de su hija. Me cuesta mucho asimilar lo que acaba de decirme la señora Takamashi. Sus palabras me han dejado un nudo en la garganta. La verdad es que últimamente no me siento parte de mi familia. Solo soy una chica cuyos padres esperan que diga y haga siempre lo correcto. Llevo mucho tiempo representado un papel para ayudar a mis padres a sobrellevar lo de Alicia, que es quien de verdad necesita toda su atención. A veces resulta muy duro tener que esforzarse tanto para fingir que eres una chica normal. Nadie me dijo que tenía que ser perfecta todo el tiempo. La verdad es que el sentimiento que más predomina en mi vida es el de la culpabilidad. Una culpabilidad inagotable y monstruosa. Culpabilidad por ser una chica normal. Culpabilidad por la obsesión de que Alicia se sienta tan querida como yo.
Culpabilidad por temer que mis propios hijos sean como mi hermana.
Culpabilidad por sentirme avergonzada cuando la gente mira a Alicia por la calle.
Nunca terminará. ¿Cómo va a terminar cuando he estado cargando con esa sensación desde el día que nací? Para la señora Takamashi, la familia significa amor y protección. Para mí, culpabilidad y amor condicional.

—Señora Takamashi, no puedo prometerle que no le haré daño a Nanoha. Lo único que sé es que tampoco puedo estar separada de ella, aunque sea precisamente lo que usted desea. Ya lo he intentado.

Porque estar con Nanoha me permite apartarme de mi propio mundo de tinieblas. Noto cómo las lágrimas abandonan mis ojos y resbalan por mis mejillas. Me abro paso entre la multitud en busca del cuarto de baño. Cuando Hayate sale de el, me apresuro a entrar.

- Tal vez deberías esperar antes de...

La voz de Hayate se desvanece al otro lado de la puerta. La cierro con el pestillo. Me seco los ojos y me miro en el espejo. Estoy hecha un desastre. Se me ha corrido el rímel y... Qué tontería, qué más dará. Me desplomo sobre las frías baldosas del suelo. Ahora comprendo lo que Hayate estaba a punto de decirme. El baño apesta, el olor es insoportable... casi hasta el punto de provocarme una arcada. Me tapo la nariz con la mano, intentando ignorar el olor mientras pienso en las palabras de la señora Takamashi. Me quedo sentada en el suelo del cuarto de baño, secándome los ojos con una toallita y haciendo todo lo posible por taparme la nariz. Un fuerte golpe en la puerta interrumpe mi llanto.

- Fate, ¿estás ahí? -pregunta Nanoha desde el otro lado de la puerta.
- No.
- Sal de ahí, por favor.
- No.
- Entonces, déjame entrar.
- No.
- Quiero decirte algo.
- ¿Qué? -pregunto con el pañuelo todavía en la mano.
- Te lo diré si me dejas entrar.

Giro el pomo hasta que este emite un chasquido. Nanoha entra en el baño.

- No te preocupes por nada -me dice, y tras cerrar la puerta, se arrodilla a mi lado, estrechándome entre sus brazos y acercándome más a ellal. A continuación, olfatea el aire unas cuantas veces-. Joder. ¿Hayate ha estado aquí?

Asiento con la cabeza.

- ¿Qué te ha dicho mi madre? -me pregunta mientras me acaricia el pelo.

Oculto el rostro en su pecho.

- Solo ha sido honesta conmigo -murmuro contra su camisa.

Un fuerte ruido en la puerta nos interrumpe.

- Abre la puerta, soy Fabia.
- ¿Quién es? -pregunto yo
- La novia -responde Nanoha.
- ¡Déjame entrar!

Nanoha abre la puerta. Una chica con greñas blancas y docenas de billetes colgando de imperdibles de la cola del vestido, se mete en el baño y cierra la puerta tras ella.

- Vale, ¿qué pasa aquí? -pregunta antes de olfatear también el aire- ¿Ha estado Hayate?

Nanoha y yo asentimos al unísono.

- ¿Qué coño come esa cría que todo lo que descarga parece estar podrido? Maldita sea -dice, cogiendo un pañuelo y llevándoselo a la nariz.
- Ha sido una ceremonia preciosa -le digo a través de mi propio pañuelo. Esta es la situación más incómoda y surrealista que he vivido jamás.
Fabia me coge de la mano. - Ven afuera y disfruta de la fiesta. Puede que mi tía sea un poco conflictiva, pero no pretende hacer ningún daño. Es más, creo que en el fondo le gustas.
- Voy a acompañarla a casa -dice Nanoha, representando el papel de heroina. Me pregunto cuándo se hartará del papel.
- No, no te la llevarás a casa. Y si insistes, tendré que encerraros a las dos en este apestoso lavabo para evitarlo.

Fabia parece hablar muy en serio... Alguien más llama a la puerta.

- Largo -ordena Fabia con efusividad.
- Soy Mashiro.

Me encojo de hombros y miro a Nanoha en busca de una explicación. - Es el novio -me informa ella.

Mashiro se cuela dentro. No está tan afectado como el resto de nosotros porque todavía no ha notado el olor a muerto que desprende el cuarto. Pero apenas olfatea unas cuantas veces y los ojos le empiezan a llorar.

- Vamos, Fabia -insiste Mashiro, que intenta cubrirse la nariz sin llamar mucho la atención pero sin disimular muy bien-. Los invitados preguntan por ti.
- ¿No ves que estoy hablando con mi prima y su cita?
- Sí, pero...

Fabia levanta la mano para callarlo mientras sujeta el pañuelo con la otra.

- Ya te lo he dicho, primero hablaré con mi prima y su cita -zanja con firmeza-. Y todavía no he terminado. Tú -continúa Fabia, señalándome con el dedo-. Ven conmigo. Nanoha, quiero que tus hermanos y tú canten.
- Fabia, no creo que... -niega Nanoha con la cabeza.

Fabia vuelve a levantar la mano, silenciando también a su prima.

- No te he pedido que creas nada. Te he pedido que te unas a tus hermanos y que canten para mi marido y para mí.

Fabia abre la puerta y me pasea por la casa. Solo se detiene cuando llegamos al jardín. Entonces me suelta la mano para arrebatarle el micrófono al cantante del grupo.

- ¡Hayate! Sí, estoy hablando contigo -anuncia Fabia en voz alta señalando a Hayate, quien conversa con un grupo de chicas-. La próxima vez que quieras cagar, hazlo en casa de otro.

El séquito que rodea a Hayate se dispersa rápidamente entre risas, abandonándola a su suerte. Mashiro atraviesa la pista a grandes zancadas en dirección a su mujer. El pobre hombre está sudando la gota gorda mientras todos ríen y aplauden. Fabia baja por fin del escenario y Nanoha habla con el cantante de la banda. Los invitados le animan, a ella y a sus hermanos, para que canten. Hayate se sienta a mi lado.

- Siento mucho lo del cuarto de baño. Intenté avisarte -me dice avergonzada.
- No te preocupes. Creo que Fabia ya te ha dejado bastante en ridículo. -Entonces, me inclino hacia ella y le pregunto-: Sinceramente, ¿qué opinas de que Nanoha y yo salgamos juntas?
- Sinceramente, creo que es lo mejor que le ha ocurrido nunca.

Continuara…

Hello everybody

Si se lo que diran ¡Donde coño te has metido! Y solo me resta decirles que No estaba muerta andaba de parranda

Bueno y eme aquí después de siglos actualizando al fin y si pido miles de disculpas por no actualizar antes pero eh vuelto y no me ire o bueno eso espero

Y solo me queda decirles que no se olviden de dejar reviews

Chaito :D