QUIMICA PERFECTA

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By: Vivio Takamachi Harlaown

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Narra Nanoha

Tras la muerte de mi padre, mi madre nos animó, a mis hermanos y a mí, a que nos curáramos con ayuda de la música. Bailábamos por toda la casa, y nos turnábamos para hacerlo con ella. Creo que era su modo de olvidar el dolor, al menos durante un tiempo. Por la noche la oía sollozar en su habitación. Nunca abrí la puerta, pero deseaba ponerme a cantar y hacer que su dolor se desvaneciera. Hablo con la banda antes de coger el micrófono.

- No me gustaría hacer la gilipollas, pero los hermanos Takamachi no pueden rechazar una petición de la novia. Fabia es muy persuasiva.
- ¡Ya te digo! -grita Mashiro.

Fabia le da un puñetazo en el brazo y la cara de su marido se retuerce con una mueca. Fabia sabe dónde tiene que dar el golpe. Mashiro le da un beso; se siente demasiado feliz como para darle más importancia de la que tiene. A mis hermanos y a mí nos toca cantar, pero nada de canciones tristes. Improvisamos algunos temas de Vocaloid, Nana Misuki y e incluso de mi grupo favorito, Ikimono Gakari. Cuando me arrodillo para cantarles a mis primos pequeños, le guiño un ojo a Fate. Es entonces cuando reparo en el silencio de la multitud y en los susurros de conmoción. Regius está aquí. El hecho de que ande por aquí no augura nada bueno. Se pasea por el jardín con su traje caro, entre las miradas de los invitados. Termino la canción y tomo asiento junto a Fate. Siento la necesidad de protegerla.

- ¿Quieres un cigarrillo? -me pregunta Hayate mientras saca su paquete del bolsillo trasero.

Miro un momento a Fate antes de responder:

- No.

Hayate me mira con curiosidad, se encoge de hombros y enciende su pitillo.

- Cantas genial, Nanoha. Si me hubieras dado unos minutos más, tendría a tu novia comiéndome de la mano.

La ha llamado mí novia. ¿Es mi chica? La llevo hasta una nevera llena de bebidas. Hayate nos sigue. Me ando con pies de plomo para no llevarla a donde se encuentra Regius. Saito, un amigo de uno de mis primos, está junto a la nevera; viste los colores de la pandilla Python Trío y unos vaqueros gigantes y holgados que le cuelgan del culo. Los Python Trío son nuestros aliados, pero si Fate lo viera por la calle, lo más probable es que saliera corriendo en la dirección opuesta.

- Nanoha, Hayate, ¿qué tal? -saluda Saito.
- Ya veo que te has vestido de gala para la boda, Saito -murmuro.
- Calla, los esmóquines son para los blancos -suelta Saito, sin reparar en Fate-. Los pandilleros de los suburbios sois demasiado blandengues. En la ciudad hay hermanos de verdad.
- Vale, tipo duro -le desafía Hayate con absoluta confianza-. Corre y cuéntaselo a Regius.

Miro a Saito.

- Tío, sí sigues soltando bobadas como esa - le digo-, te mostraré de primera mano lo duros que podemos llegar a ser. Nunca subestimes a los Latino Blood.
- Bueno, tengo una cita con una botella de Cervecita. Nos vemos luego, chicas -concluye, y se aleja de nosotros.
- Parece que se ha cagado en los pantalones -sugiere Hayate, que sigue con la mirada la retirada de Saito.
Fate está más blanca de lo que ya es de por sí.

- ¿Te encuentras bien?
- Has amenazado a ese tío –susurra-. Es decir, hablabas en serio.

En lugar de responderle, la cojo de la mano y la llevo hacia un lado de la improvisada pista de baile, que no es más que un área de césped. Está sonando una balada. Cuando tiro de ella, Fate se aparta.

- ¿Qué estás haciendo?
- Baila conmigo -le ordeno-. No te enfades. Rodéame con tus brazos y bailemos.

No quiero oír cómo dice que soy una pandillera, que le da miedo y que si quiero salir con ella, tendré que dejar este mundo.

- Pero...
- Olvida lo que le he dicho a Saito -le ruego muy cerca de su oído-. Estaba poniéndome a prueba; es su modo de averiguar nuestra lealtad hacia Regius. Si percibe algún tipo de discordia, su pandilla puede aprovecharlo para imponerse a la nuestra. Verás, todas las pandillas se dividen en Colegas y Gente. Cada banda está asociada con uno u otro grupo, y los que están afiliados con los Colegas son rivales de los que lo están con la Gente. Saito está afiliado...
- ¡Nanoha! -me interrumpe.
- Sí.
- Asegúrame que no ocurrirá nada malo.

No puedo.

- No te preocupes, limítate a bailar -murmuro mientras me llevo sus brazos al cuello y empezamos a movernos de nuevo.

Por encima de Fate, veo que Regius y mi madre mantienen una acalorada conversación. Me pregunto de qué estarán hablando. Ella empieza a distanciarse un poco, hasta que él la agarra por el brazo y le dice algo al oído. Justo cuando estoy a punto de dejar de bailar para averiguar qué demonios ocurre, mi madre sonríe a Regius juguetona y estalla en carcajadas por algo que ha dicho. Es obvio que estoy paranoico. Las horas pasan y la oscuridad se cierne sobre la ciudad. La fiesta todavía continúa cuando caminamos hacia el coche. De vuelta a Fairfield, ambos guardamos silencio.

- Ven aquí -le pido suavemente al detener el coche en el aparcamiento del taller.

Ella se inclina sobre la palanca de cambios, acortando la distancia que nos separa.

- Me lo he pasado genial -susurra-. Bueno, excepto la parte en la que me he tenido que esconder en el baño... y cuando tú amenazaste a ese tipo.
- Olvídate de eso y bésame.

Deslizo las manos en su cabello. Ella me rodea el cuello con los brazos mientras yo trazo con la lengua la cuenca de sus labios. Ella los abre y yo la beso con más intensidad. Es como un tango, primero nos movemos a un ritmo lento y rítmico, después, empezamos a jadear cuando nuestras lenguas se encuentran y el beso adopta un ritmo ardiente y precipitado que no quiero que acabe nunca. Puede que los besos de Suzuka fueran picantes, pero los de Fate son más sensuales, sexys y extremadamente adictivos... muy adictivos...En el coche estamos muy apretadas y los asientos no nos dejan espacio suficiente. Antes de que me dé cuenta, nos hemos colocado en los asientos de atrás. Sigue sin parecerme ideal, pero apenas reparo en ello. Estoy demasiado absorta con sus gemidos, sus besos y sus manos en mi pelo. Y con el olor a galletas de vainilla. Esta noche no quiero llegar muy lejos con ella. Sin embargo, mi mano recorre su muslo desnudo.

- Me hace sentir tan bien -admite casi sin aliento.

Nos recostamos en los asientos y me permito explorarla con las manos. Acaricio con los labios el hueco de su cuello y le suelto los tirantes del vestido y del sujetador. En respuesta, ella me desabrocha la camisa. Una vez abierta, sus dedos me recorren el abdomen y los hombros, abrasándome la piel.

- Eres... perfecta -jadea.

Ahora mismo no son palabras precisamente lo que deseo intercambiar con ella. Muy despacio, trazo con la lengua un sendero sobre su piel sedosa, expuesta a la brisa de la noche. Ella me agarra por el pelo, incitándome a seguir adelante. Tiene un sabor tan agradable. Demasiado. ¡A caramelo! Me aparto unos cuantos centímetros para mirarla a los ojos, esos ojos color azul zafiro que resplandecen de deseo. Eso sí que es la perfección.

- Te deseo -le confieso con voz ronca. Presiona mi entrepierna y siento una mezcla de dolor y placer casi insoportable. Pero cuando empiezo a bajarle las braguitas, ella me aparta la mano y se separa de mí.

- No... No estoy preparada para esto. Déjalo, Nanoha.

Me aparto de ella y me incorporo en el asiento, esperando a que se me baje el calentón. La miro mientras se anuda los tirantes y vuelve a ponerse la ropa. Mierda, he ido demasiado rápido. Me dije a mí misma que no debía emocionarme, que debía controlarme cuando estaba con ella. Me paso una mano por el pelo y dejo escapar un suspiro.

- Lo siento.
- No, soy yo quien lo siente. No es culpa tuya. He sido yo quien te ha metido prisa, y tienes derecho a estar enfadada. Mira, acabo de salir de una relación y están pasando muchas cosas en casa -me explica, llevándose las manos a la cara-. Estoy tan confusa.

Coge el bolso y abre la puerta del coche. La sigo, con la camisa negra abierta y abrochándola en el camino.

- Fate, espera.
- Por favor... abre la puerta del garaje. Necesito el coche.
- No te vayas.

Introduzco la contraseña en el teclado electrónico.

- Lo siento -se lamenta una vez más.
- Déjalo ya. Escucha, no importa lo que ha pasado. No estoy contigo solo por eso. Me he dejado llevar por el modo en que hemos conectado esta noche, por tu olor a vainilla que quisiera poder respirar toda la vida y... mierda, lo he echado todo a perder, ¿no es cierto?

Fate sube a su coche.

- ¿Podemos ir más despacio, Nanoha? Esto va demasiado rápido para mí.
- Sí -digo, y asiento con la cabeza. Tengo las manos metidas en los bolsillos, en un intento por resistir el deseo de sacarla del coche.

Y de veras espero que se marche ya, porque si no lo hace, no podré controlarme. Me he dejado llevar al recorrer su cuerpo con mis manos y lo he echado todo a perder. La apuesta. Se supone que todo esto con Fate no es más que una apuesta. No he de enamorarme de una chica de la zona norte. Intentaré concentrarme en la apuesta y dejar a un lado lo que sospecho que son sentimientos muy reales. Los sentimientos no pueden formar parte de este juego. ¿no?

Continuara….

*toma una escoba y empieza a barrer el polvo y a quitar telarañas*

Bueno, personitas que aun leen esto, primero que nada pido una disculpa enorme, realmente no pensé continuar esto nunca pero hace poco revisando mi correo encontré un review de tiempo atrás y me dije, "Vivio tú no eres de dejar las cosas tiradas ¿qué te paso?" entonces pensé en terminarlo para cerrar las cosas como se debe así que aquí estamos de nuevo.

Les agradezco a todos por los reviews que dejaron en verdad son geniales y por eso he decidido continuar solo quedas unos pocos capítulos así que hemos entrado a la recta final.

Espero no me odien tanto y dejen un review para saber si aún siguen la historia.