Bueenas, siento tardar tanto en subir este capítulo, se suponía que me iba a dar tiempo a acabarlo antes de comenzar Septiembre... Pero he estado muy liada porque tengo exámenes ahora. Supongo que no podré volver a publicar un nuevo capítulo hasta que pase una semana mínimo o más, porque ahora me toca escribir capítulo de Lealtad ^^
Este capítulo me ha costado bastante la parte del recuerdo de Erza porque quería describir bien los sentimientos de esta, ya que influye mucho en su manera de ser y eso... En fin, espero haberlo hecho bien :')
Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen.
CAPÍTULO 3 ~ UN MUNDO LLENO DE DOLOR Y ODIO
Esa noche la niebla era espesa y se apelmazaba en el suelo del bosque, haciendo casi imposible moverse por él sin perderse. Por esta niebla, se movían cuatro figuras que en silencio mantenían un ritmo constante en fila, sin perder el orden. Sus capas escarlatas se agitaban contra el frío gélido y húmedo. Detrás, dejaban su pueblo ya prácticamente a oscuras pues los niños y las ancianas se habían acostado ya. Las únicas luces provenían de pequeños puestos de vigilancia que había a los alrededores. Por delante, sin embargo, se iban a encontrar algo completamente opuesto a lo que dejaban.
El centro del pueblo de los gargarios se encontraba completamente iluminado por faroles y en la plaza se habían instalado pequeños puestos de bebidas y comida. Justo en el centro, un pequeño grupo ponía la música para que la gente comenzara a bailar y festejar que la época de apareamiento acababa de comenzar.
La gente ya había comenzado a beber, a comer y a bailar; y sobre todo a celebrar. Casi todas las amazonas ya se habían integrado y celebraban entre los ciudadanos. Todas menos cuatro hermanas que aunque fuera media noche aun no habían aparecido por la fiesta; para la sorpresa de muchos, y sobre todo para cierto grupo de cuatro hombres que escrutaban la multitud con detenimiento.
Y es que ya habían pasado casi 3 horas desde que se diera la alarma en el pueblo de que las primeras amazonas habían llegado y procedieron a montar las fiestas de inmediato. Durante esas horas nadie había avistado ninguna cabellera escarlata, ninguna figura albina, ninguna cabellera azul ni tampoco ninguna rubia. Entre los hombres había cierta decepción, pues muchos habían acudido expresamente por la suculenta idea de desflorar a la Reina y a su vez ser padre de la que podría ser la próxima Reina amazonas. Pero ese ambiente de decepción se fue evaporando con el paso de las horas, pues la cerveza y las mujeres abundaban en estas fiestas.
-¿Escucháis la música de fondo?- preguntó la que llevaba la capitanía de la marcha. Miró a sus hermanas encapuchadas con una sonrisa dulce, más la dulzura no fue correspondida.
-Sí, Mira. Ya han empezado hace varias horas.- dijo con un aire de tristeza la rubia que se esforzaba por no pisar por terreno fangoso que la hiciese caer y estropear el modelo que tanto le había costado escoger.
-Hubiéramos llegado antes si no hubieseis tardado tanto en vestiros.
-No fui yo la que tuvo que ser cambiada y sacada a rastras de su cuarto porque quería llevar su armadura y cuchillos.
-Si me hubierais dejado ir como quisiese no hubiera habido problema alguno- dijo la muchacha escarlata que iba al final de la marcha. Para la sorpresa de sus hermanas, no lo dijo con tono enfadado como solía contestar a los comentarios doble intencionados de sus hermanas, sino con un tono neutro y sin ningún rastro de emociones. Mira la miró con preocupación pues seguía sin entender porque esto le afectaba tanto a su hermana. Era algo que hacía sentir insegura a una mujer que hacía que todos agachasen la cabeza ante su aura de poder.
-Juvia piensa que no vamos a luchar, con lo que la armadura no es necesaria.
-Nunca se sabe Juvia, nunca puedes saber a quién te vas a encontrar.
-Vamos, Erza.- dijo la rubia mientras los tambores se hacían cada vez más sonoros.- Sin armas eres igual de letal que con ellas.
La muchacha escarlata entrecerró los ojos y continuó caminando en silencio detrás de sus hermanas. Ella no se sentía cómoda con aquellas ropas de campesina, se sentía desnuda, y eso la hacía recordar cierto incidente hace casi siete años.
Es muy normal que las mujeres antes de llegar a los 16 años puedan contar con los dedos de una mano las veces que se habían podido encontrar a un hombre. Estas ocasiones eran enfrentamientos con ciertos varones que se aventuraban por el bosque para poder enfrentarse con una de ellas y ganarse el tan ansiado título de héroe que otorgaban a todo aquel que vencía a una de sus hermanas. Ella había crecido mientras las demás amazonas le decían que los hombres eran malvados por naturaleza y tendían a jugar con la libertad de las personas. "Las mujeres de otros pueblos están obligadas a casarse con hombres que durante toda su vida las maltratan físicamente y psicológicamente. Para ellos no somos más que un juguete sexual que les proporciona hijos y un plato caliente a la hora de comer y cenar", les solía decir su madre. Crecieron pensando que los hombres eran algo de lo que estar alejados; sin embargo, los dioses varones no eran vistos igual. Ares era un hombre y era el dios más amado de las amazonas, él era su padre. Creció con profunda admiración hacia él hasta ese día.
Fue un día normal de entrenamiento para Erza, había practicado con Mira hasta tarde. Normalmente, solían caer rendida ambas a la vez pues sus fuerzas estaban muy igualadas, pero ese día Erza había conseguido la victoria. Orgullosa, había decidido darse un descanso merecido e ir al lago cercano a su pueblo para darse un pequeño chapuzón refrescante que relajara sus tensos músculos. Había dejado la armadura de entrenamiento en su casa y aún no se había quitado su vestido azul cuando escuchó una grave y sombría voz.
Era un hombre, quien flotaba en el agua, de unos treinta años, musculado y que llevaba una falda de tablas rojo escarlata con una armadura tan brillante como el sol que le cubría el pecho, los antebrazos y los gemelos. No se le podía ver la cara, pues llevaba un yelmo que le cubría prácticamente toda la cabeza y parte del cuello, no dejando ver ni si quiera un atisbo de sus ojos.
Erza se quedó paralizada ante la figura impetuosa del hombre, alzándose casi 1 metro y medio por encima de ella, haciéndola sentir pequeña e indefensa.
-Tu, Erza Scarlet, futura Reina Amazonas-, dijo una voz fría que transmitía poder. Divinidad. En el momento que escuchó por primera vez su voz supo quién era. Él era Ares, su padre. Y la figura del dios guerrero cercano y justo que tenía Erza en su cabeza se hizo añicos. Algo le pedía que corriese, que huyese de allí en cuanto antes.- deberás dedicar tu vida a tu pueblo y a la guerra. Obviar todo lo demás será tu obligación.
A la muchacha se le secó la garganta y se concentró en no temblar de miedo mientras la figura que antes flotaba en el agua, se acercaba elegantemente hacia ella.
-Los vencedores de las batallas serán quien lleven las riendas de este mundo tan lleno de odio y dolor.- alzó las manos mientras continuaba su discurso. De pronto, paró en seco y se quedó contemplando a la muchacha.- Noto tu miedo.- la pequeña tragó saliva y clavó sus uñas en sus palmas para concentrarse en el dolor.- Una verdadera Reina de la guerra nunca debe de tenerlo. ¿Tienes miedo de que te pueda hacer daño? –un pequeño silencio se extendió tras la pregunta-¿Miedo a que te pueda matar? - La niña siguió sin contestar y desvió su mirada al suelo sin responder.- Respóndeme.
Un pequeño temblor se deslizó por la columna de Erza mientras su cuerpo escuchaba la orden y como el hombre volvía a acercarse a la niña. El aura, cada vez más cercana, era fría y siniestra. Erza tragó varias veces saliva antes de finalmente contestar.
-Sí- dijo con una fina voz, tan fina que pensó que el dios no la había escuchado. Ella creyó que mentir a un dios no era la mejor manera de escapar de esa situación, pero al momento se arrepintió al ver como el silencio era cada vez más tenso.
-Quizás si te enseño el máximo dolor que un mortal puede sentir, no vuelvas a tener miedo a que te hagan daño… ni a morir, porque desearías morir antes de volver a vivir ese dolor.- un frío sudor comenzó a deslizarse por la frente de la niña mientras el dios que ya estaba casi a su lado se mantenía sereno. Las piernas de Erza comenzaron a temblar, quiso suplicar pero no había aliento en su garganta que la ayudase.- Será lo mejor, pues no me enorgullece tener hijos débiles.
Fueron Mirajane y Lucy las que salieron a buscarla a las 12 de la madrugada, pues les parecía muy extraño que su hermana no hubiese vuelto aún. Habían pasado casi tres horas, y aunque Erza soliera tardar bastante cuando iba al lago a relajarse, nunca había llegado a estar tanto tiempo. Se encontraron a su hermana en el suelo inconsciente, y completamente cubierta de su propia sangre. No respondía a ninguna de las llamadas de sus hermanas; sin embargo, agarraba con todas sus fuerzas una pieza de cuero que después de quitarle la sangre, resultó ser un cinturón.
La llevaron lo más rápido que pudieron, con cuidado de no mover mucho a su hermana por la posibilidad de que tuviese algún hueso roto astillado. Y sus sospechas fueron ciertas al saber que casi todas sus costillas se habían roto, sus rodillas habían sido pisoteadas hasta romperse. Sus uñas habían sido arrancadas. Uno de sus ojos había sido acuchillado dejándola ciega de su ojo derecho. Y no había zona de su cuerpo que no hubiese sido golpeada, ni siquiera averiguaban como podían haber sido infligidas algunas de las heridas que presentaba. Todas las ancianas pronosticaron la muerte de la niña en pocas horas, pues no veían salvación posible.
Esa noche ninguna amazonas durmió, todas fueron a sus pequeños templos para rogarles a los dioses que ayudasen a la pequeña o que al menos cuando partiese, la acogiesen con ellos. Nadie comprendía quien podría haberle hecho eso a Erza. Ella, aun teniendo nueve años, había superado a muchas guerreras del pueblo. Por ello no entendían quién podría haber vencido a la pequeña e infringirle tanto dolor.
Cuando esperaban que la muchacha diese su último suspiro y las abandonase para siempre, comenzó a sanar. Sus huesos se juntaron como si nunca hubiese recibido golpe alguno, su ojo se curó aunque no dejó que volviese a derramar lágrima alguna por el, sus morados desaparecieron más rápido de lo normal, sus cortes se cerraron con una velocidad inhumana… Nadie entendió nunca el milagro que se aconteció esa noche, pero celebraron y agradecieron a los dioses por su bondad.
La niña despertó a la mañana siguiente y deseó que todo aquello hubiese sido una pesadilla. Una pesadilla que había sentido en cada poro de su piel.
Sus hermanas, acompañadas de su madre, no tardaron en pedirle explicaciones de porque había acabado en tal situación.
-Iba a bañarme al lago y me encontré con un hombre que era… -miró a todos lados, evitando las miradas de sus hermanas y de su madre.- era muy fuerte. Me hizo estas heridas… Aun así vencí y… – tragó saliva antes de continuar con la farsa que iba improvisando.- Ares se apareció para darme este cinturón como mérito... Y también ha curado mis heridas… al parecer.
Erza miró con fingida alegría como su familia festejaba para agradecer al dios Ares su benevolencia. Era sin duda el dios más querido para las amazonas.
Ella había inventado esa historia para que nadie sintiese lástima hacia ella, quería ser una Reina fuerte y orgullosa, tal y como su padre le dijo entre golpes que debía de ser. A su vez, entendía que todas dudarían sobre su historia pues aunque sabían que Ares era un dios severo y fuerte, no creían que él pudiese hacer algo a una amazona ya que estas eran sin lugar a dudas su pueblo favorito; lo verían como si ella pusiese una excusa tras ser tan lastimada por un vulgar guerrero.
Las noches que acontecieron se nublaron de pesadillas donde volvía a sentir el miedo, la impotencia, el dolor infinito… Y fue entonces cuando contempló las palabras de Ares desde una nueva perspectiva para ver la gran verdad que escondían, ella prefería morir antes de volver a vivir aquello. Por ello debería ser la más fuerte, nunca nadie le volvería a hacer tanto daño. Ni dejaría que ninguna amazona lo viviese.
Volvía a sentir cada latigazo cuando llevaba puesto aquel cinturón que su padre le dio como recuerdo de aquella noche. "Con este cinturón con el que te azoté para enmendar tu camino hacia el poder, deberás gobernar a todas las guerreras que vivan durante tu Reinado. Úsalo como tu signo de poder y nunca dejes que nadie se apropie de él, pues significaría tu derrota como Reina y como guerrera.", esas fueron las últimas palabras que dijo el dios, o al menos que escuchó Erza antes de desvanecerse al fin en la tan esperada inconsciencia en la que Ares procuró que no cayese hasta que quiso.
Desde entonces, ella siempre lo llevaba puesto. El cinturón y su armadura era su vestuario diario; puede que cambiase de armadura dependiendo de la época del año, pero siempre llevaba puesta una. Sin quererlo, se había ido encerrando poco a poco en ella, dejando que solo sus hermanas y su difunta madre conociesen la verdadera persona que esa armadura guardaba.
Además no le gustaba socializarse, ella prefería el lenguaje de la lucha. O al menos ese había sido el lenguaje con el que desde entonces se comunicó con los hombres que acechaban las proximidades de su pueblo. No volvió a escuchar a un hombre a hablar, como máximo escuchó gritos, maldiciones, insultos… Pero nunca volvió a hablar con ningún otro hombre.
El hecho de tener que ir a un sitio que estuviese lleno de ellos, sin su armadura, y para conversar o procrear la incomodaba hasta tal punto de tener nauseas. Ella sabía que ya no era una niña, y sabía que podía defenderse perfectamente, con armadura y sin ella. Pero, vestida así se sentía como aquella niña de nueve años que fue a bañarse al lago. Insegura y expuesta a su enemigo.
-Al fin llegamos- dijo Lucy sonriente mientras aligeraba el paso poniéndose a la par con Mirajane. Juvia miraba atenta a su alrededor con un brillo especial, pero a su vez con cautela.
-La plaza queda a unas cuantas calles de esta.- les informó Mirajane mientras comenzaban a callejear. Erza las seguía un poco apartada del grupo, aún inmersa en su amargo recuerdo. Mirajane le lanzaba constantes miradas para asegurarse que su hermana no había huido aún.
Entonces, pasaron por una casa que a Mirajane le resultó muy familiar y paró en seco. Se mordisqueó el labio con nerviosismo para mirar después a sus hermanas que la miraban confundida, menos Erza que seguía en sus cosas.
-Podéis adelantaros, os veo en la plaza.- les dijo Mirajane mientras se quitaba la capucha de la capa. Lucy y Juvia guardaron silencio para asentir y continuar su camino, seguidas de una Erza aún inmersa en sus pensamientos; pues comprendían que se trataba de algo que no era fácil de contar, solo esperaban que llegado el momento se lo contase.
La hermana mayor se acercó a la puerta de roble oscura que servía de entrada para aquella casa blanca. Dos golpes secos bastaron para que una voz grave le pidiese que esperase. Mirajane expiró varias veces para calmar sus nervios.
Un hombre rubio de tez blanca abrió la puerta con una sonrisa que desapareció en cuanto vio quien visitaba su casa a tales horas.
-¿Qué haces aquí?- preguntó en voz baja mirando hacia el interior de su hogar para verificar que su esposa no estuviese cerca para poder ver a la amazona.
-Sabes porqué vengo…
-Mira, llegamos a un acuerdo en su momento, no creo que debieras estar aquí...- iba a continuar cuando notó la tristeza de la muchacha. Suspiró y dulcificó su mirada.
-Necesito verlo una última vez.- le suplicó Mirajane con lágrimas en los ojos. –Por favor, Sting.
El hombre dudó durante varios segundos hasta que escuchó la voz de su mujer desde la cocina que preguntaba por la visita.
-¡Es la vecina, Yukino!- gritó Sting como respuesta antes de volverse a Mirajane.- Escucha, mi esposa se va a acostar en breves, tiene un sueño fácil... luego no tardara en dormirse. En cuanto se duerma, lo bajaré al jardín, puedes entrar a él desde la valla que tenemos por atrás. Es difícil saltarla, pero no creo que sea inconveniente para ti, ¿no?
Mirajane negó y agradeció mil veces a Sting por su comprensión. Con alivio y una felicidad creciente por segundos, la albina serpenteó por las calles para llegar hasta la parte trasera y saltar la valla de su jardín, que como dijo el rubio, no resultó ningún reto para la entrenada guerrera. Allí, espero a que todas las luces de la casa se fuesen apagando una tras otra. Después de que pasase casi una hora sentada en una sombra del jardín donde nadie podría verla si se asomase a una de aquellas ventanas, un pequeño albino de dos años y medio salió corriendo desde la casa, seguido de Sting quien llevaba puesto su pijama.
-Elfman- lo llamó mientras lo abrazaba con ternura mientras pequeñas lágrimas se deslizaban por sus blancas mejillas.
-Mami.- dijo Elfman resguardado entre los brazos de su madre.
-Te eché de menos, cariño.
Mirajane se recompuso y se quitó las lágrimas que no paraban de brotar de sus ojos azules. Los bebes permanecían con la madre durante un año. A partir de entonces los niños debían de irse a vivir con el padre. En el caso de Elfman, fue Sting. El día que llevó a Elfman a su nueva casa, se enteró de que Sting acababa de comprometerse con Yukino y se alegró que su hijo de ahora en adelante viviera con una familia completa. Puede que hasta tuviera un hermanito o hermanita en breves con el que jugar.
Aun así, necesitaba ver a su hijo una vez más. Poder despedirse en condiciones, no como lo dejó, dormido y sin poder decirle que recordase lo mucho que lo quería. Le hubiera gustado verlo crecer y convertirse en un hombre, pero las amazonas no era un mundo para su hijo. Por ello, se obligaba a que las madres nada mas dejasen al niño, perderían el contacto con él.
-Tardaste mucho en volver.- preguntó el niño mientras le ponía las manos en sus húmedas mejillas y miraba profundamente a su madre, como hacía cuando era un bebe.
Mirajane miró de fondo a Sting que se revolvía inquieto. Él sabía que las amazonas no debían volver a tener contacto con sus hijos y esperaba que ella también cumpliera su parte del pacto, como él lo hacía cuidando de Elfman.
-Mami no puede volver más.- dijo con la voz ahogada a causa de las lágrimas. Los ojos de Elfman comenzaron a nublarse de lágrimas mientras miraba confundido a su madre.- Mama tiene que irse. Pero tranquilo que papa, con tu nueva mama, te cuidara.
-Pero, yo te quiero a ti. No te vayas, no me dejes.
-Yo también te quiero, cariño, pero no puedo volver aquí.- sabía que tenía que irse pronto pues estaba excediendo la benevolencia de Sting por dejar ver a su hijo una última vez.- Prométeme dos cosa.-el niño asintió mientras las lágrimas corrían por su barbilla. Mirajane acarició su pelo albino y lo miró con una sonrisa dulce.- Crecerás y te convertirás en un hombre bueno.
-Seré un hombre, te lo prometo.
-Y nunca,- agarró su carita con fuerza pero con delicadeza.- nunca olvides lo mucho que te quiero.
Mirajane le besó la frente y le susurró lo mucho que le quería de nuevo en un largo abrazo que sabio poco para ambos. Salió de la vivienda por donde vino, no sin antes musitar un gracias a Sting y ver por última vez a su hijo. Cuando saltó de la valla y cayó al suelo, se encontró con unas calles mucho más frías que cuando había pasado hace apenas una hora, mucho más solitarias y todo parecía en tonos grises. Sin poder evitarlo, se sentó con la espalda contra la pared de un callejón cercano a la casa y comenzó a llorar todo lo que había guardado durante ese año y medio tras perder a su hijo. Nunca había dejado que sus hermanas se preocupasen por ella por este asunto, al fin y al cabo era algo que una amazona debía de hacer. Pero ella no pensó que sería el reto más duro de su vida.
Por otro lado, cuando Mirajane se fue a hacer su visita, tres hermanas prosiguieron su camino en dirección a la plaza central donde se estaban dando los festejos. Cada vez el ruido de la música era más atronador en los tímpanos de las jóvenes. Juvia y Lucy se intercambiaban miradas de felicidad.
-¿Dónde está Mirajane!- preguntó una Erza que al fin salió de sus pensamientos.
-Se fue hace tiempo… - dijo Lucy mientras sus preocupaciones aumentaban, pues ella también llevaba notando desde hace tiempo el extraño comportamiento de su hermana. Erza no era de las que se perdía detalle alguno, un comportamiento así en su hermana era muy inusual.- Oye, Erza, deberías disfrutar de esto.
-Lo único malo son los hombres.- masculló Juvia con un toque de odio. Entonces doblaron la última esquina y apareció la plaza. Con sus puestos iluminados por faroles, su escenario con el grupo de música tocando, la gente bailando, un pequeño cuadrilátero con dos hombres peleándose a puños, muchos hombres borrachos en la pared medio inconscientes… Al fondo, un gran edificio que resaltaba respecto a los demás edificios. Era un antiguo templo de la diosa Vesta, la diosa del hogar.- Son sucios, borrachos, maleducados, siempre piensan en el sexo, y… y…
-¿Juvia?- preguntó Lucy confundida porque su hermana no acababa la frase.
Juvia quedó completamente hipnotizada ante la figura de un hombre con el pelo color azabache que se encontraba en la barra del bar sin camiseta con un amigo suyo pelirosado. Juvia comenzó a examinarlo detenidamente para deleitarse.
-¿Juvia? ¿Te pasa algo?- preguntó Lucy preocupada por su hermana. Siguió su mirada hasta toparse con el mismo hombre que miraba su hermana tan anonadada.- ¿Quién es ese? ¿Lo conoces? ¿Te hizo algo?
-¿Qué pasa?- preguntó una Erza que había salido del trance de ver a tanta gente junta en un mismo sitio y se había encontrado con una hermana suya completamente ida.- ¿A quién tengo que matar?
-Erza, relájate.- dijo Lucy mientras su hermana pelirroja zarandeaba a su hermana Juvia.
Juvia al ser zarandeada, sin dejar de mirar al muchacho, despertó y se deshizo del agarre de su hermana y comenzó a correr hacia el muchacho, dejando que la capucha cayese para destapar su melena azulada y gritando muchas veces seguidas:
-¡JUVIA ESTÁ ENAMORADA!
-¿Qué!- preguntaron las dos hermanas a la vez mientras veían atónitas como su hermana corría a máxima velocidad hacia el muchacho.
Bueno y aquí acaba el capítulo de hoy. Espero que os haya gustado y no decepcionado, como dije antes la primera parte me costó bastante y la reescribí muchísimas veces sin quedarme satisfecha del todo jajaajaja
Muchas gracias por las reviews,favs y follows. Espero no defraudaros :3
Graaaaaaaacias por leer~
