Muuuuy buenas, lo siento por tardar tanto en subir este capítulo, pero: ¡YA ACABÉ LOS EXAMENES! me siento un alma libre (durante una semana -.-)... PERO UN ALMA LIBRE DURANTE UNA SEMANA. En fin, la universidad es lo que tiene 3 Asi que intentaré publicar otro capítulo de Amazonas en breve (cuando suba el siguiente de Lealtad, me pongo con este.). Lo intentaré, porque tardo lo suyo en escribir un capítulo de Amazonas, me resulta más denso escribir un capítulo de Amazonas que de Lealtad... Creo que esto y lo he dicho, pero bueno, da igual (si me repito, lo siento :'D)
Eeeeeeeeste capítulo tiene ya por fin DOS ENCUENTROS, dos nada más. Sí. Para los demás tendréis que esperar.*risa malvada*
Quiero dar las gracias a mi Nat, que se ha ofrecido para que le pase los capítulos antes de colgarlos para corregirlos (faltas y algunas frases que no concuerdan). Lo hará a partir de este, así que espero que notéis la diferencia :3 Es un sol, si. Tengo mucha suerte con mis amigos :3
Diicho esto, os dejo el capítulo ^^
Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen.
CAPÍTULO 4 ~ LO QUE SE SIENTE AL SER LIBRE
-¡Juvia!
Lucy desapareció detrás de Juvia sin decirle nada a Erza, quién aún miraba confundida como la figura de su hermana desaparecía entre tanta multitud. Sin darse cuenta, se había quedado sola, rodeada de extraños. Y la mayoría eran hombres. Comenzó a sentirse nerviosa. Aún no había captado la atención de la gente, pues no se había acercado lo suficiente, pero bastaría con quitarse la capucha para captar toda la atención.
La mayoría de las amazonas se habían quitado sus capas y las habían depositado en una mesa que había al lado del improvisado bar, era una suerte que le pusieran marcas para identificarlas porque si no sería un completo lío. Por ello, Erza y sus hermanas eran las únicas que las llevaban aún puestas.
Erza decidió quedarse mirando desde las sombras, durante un rato. Sus ojos bailaban entre rostros de hombres, cada uno totalmente distinto al anterior. Su hermana Mirajane le dijo que tenía que sentir una atracción, un flechazo cuando lo viese, pero no vio nada. Solo vio desconocidos.
Observó cómo, en un pequeño cuadriláteros dos hombres musculados peleaban entre ellos, viéndose la clara superioridad de uno de ellos hacia el otro, pues lo había arrinconado. Y aunque el otro ya yaciera inconsciente en el frío suelo, seguía golpeándolo entre risas. Fue entonces cuando la imagen de su padre volvió a su cabeza, la viva imagen de la brutalidad y la violencia. Apartó la vista de aquellas bestias, concentrándose en aquellos que bailaban con algunas de sus hermanas amazonas que podía ir identificando sin problemas. Comenzaba a tranquilizarse de nuevo tras aquel suceso, haciéndose poco a poco a la idea que debía de cumplir su deber de Reina. Si su deber era aquel, lo cumpliría, aunque fuese uno de sus mayores retos.
Sus manos temblaron mientras volaban hacia su capucha. Dio dos pequeños y tímidos pasos hacia la multitud que no se alteró sobre su presencia. Comenzó a deslizarla hacia atrás con delicadeza y los ojos cerrados, cuando escuchó un grito. Sus manos volvieron a colocar su capucha donde estaba, girándose por completo hacia dónde provenía el sonido.
Siguiendo su buen oído, abandonó la plaza por un callejón a la derecha, cercano a la calle por donde habían llegado. No tardó en encontrar con espanto la persona que había pedido auxilio.
Era una mujer de tez blanca y pelo morado oscuro. Tenía casi todo su pelo desbaratado y manchado de sangre, como toda su ropa. Encima de ella, una sombra oscura que le daba la espalda a Erza, pero que por su complexión pudo adivinar de quien se trataba: un hombre. La mujer estaba siendo golpeada sin pausa por el hombre, aunque esta profiriera suplicas hacia su agresor. Ante Erza se encontraba un vívido recuerdo, un espantoso recuerdo.
Al principio, la amazona observó horrorizada y en shock la escena. Para ella pasaba como una película a cámara muy lenta. Se teletransportó a la piel de ella, y teletransportó a Ares a la piel de él. Volvió a sentir el dolor, volvió a sentir el miedo.
Pasaron unos cuantos minutos, acompañados de muchos golpes, hasta que la muchacha que se encontraba en su límite avistó la figura de la pelirroja que observaba en las proximidades con cara de horror. El contacto visual hizo que Erza saliera del trance y ahogara su miedo en algo que siempre la desahogaba, la furia.
Apretó sus puños hasta clavarse sus propias uñas en las palmas, comenzando a andar decisiva hacia la figura. Aunque él no fuese Ares, y no le hubiera hecho daño alguno a la Erza, ella se encargaría de darle una gran lección a ese animal, esa noche, en ese momento.
Cuanto más se acercaba Erza, podía escuchar con más facilidad los insultos que el energúmeno escupía a la mujer sin piedad mientras una lluvia de puñetazos la sacudía. También oía con más claridad las súplicas y llantos.
Con la agilidad que la caracterizaba, se deshizo del animal con solo un golpe.
- ¿Quién te crees perra!- le gritó el hombre en el suelo. Erza vio su semblante duro, sus ojos rasgados, su cicatriz en el lado derecho de su mandíbula, sus ojos oscuros escrutándola con la mirada... Pero en el fondo, vio miedo pues la capucha de Erza había resbalado y dejado a la vista su pelo.- ¡Tú eres una zorra! ¡Vete a la plaza a follar y no te metas en esto!
La mujer gimió dolorida en el suelo mientras tosía sangre. Erza miró con furia al individuo, sin proferir palabra alguna, pues no le gustaba desperdiciar palabras con semejantes monstruos. Hubo varios minutos de silencios en los que solo se escuchaba los gemidos y la respiración entrecortada de la agredida. Pero en esos minutos, a diferencia de Erza que mantuvo una mirada dura y fría, el hombre fue retrocediendo temerosamente. Su pulso se aceleraba, comenzó a sudar en frío, y todo el poder y la superioridad que había sentido mientras pegaba aquella paliza a su esposa, se vino a abajo.
-Te arrepentirás de esto, puta.- y se giró a su esposa.- Más te vale estar de vuelta en casa y ya... terminaremos lo que empezamos...
Y se fue a paso ligero, huyendo. La muchacha se incorporó como pudo y miró a la pelirroja con tristeza.
-No deberías haber hecho eso... es mi marido- dijo con la voz rota. Erza se apresuró a ayudarla y romper un trozo de su propia falda para limpiar a la muchacha.
-Aunque sea tu marido, no tiene derecho a hacerte esto... ¿dónde hay una fuente para que pueda limpiar tus heridas?
-Unas calles más abajo.- dijo la muchacha mientras varios quejidos escapaban de su boca al notar las manos de Erza tanteaban por su cuerpo en busca de todas sus heridas.
-Ven.- la ayudó a incorporarse y casi la arrastró hacia la dirección que había señalado.- Me llamo Erza Scarlet.
-Lo sé... Yo... Kagura.-respondió sin saber muy bien si debía decírselo o no.
Tras llegar a la fuente, Erza comenzó a lavarle las heridas en silencio y con sumo cuidado. Kagura no dejaba que su rostro expresase sus sentimientos, mientras una nube de miedo la invadía de nuevo. ¿Qué pasaría cuando volviese a casa?
-¿Por qué te hizo esto?- preguntó Erza, rompiendo el silencio.
-Él... él quería hacer… eso... en la calle.-respondió sonrojada.- Y yo, pues... le dije que no quería hacerlo en mitad de la calle.-añadió entrecortadamente, miró al suelo para añadir:- Estaba borracho, ¿sabes? Es normal que...
-No es normal.- la interrumpió Erza tensándose.- Él no debería poder hacer contigo lo que te diese la gana, somos todos seres humanos. Todos iguales.
-Pero... Es mi marido... Hace 2 años, me compró a mi padre en un pueblo bastante alejado de aquí, desde entonces pasé a ser de su propiedad y me trasladé aquí. Dejando a todo atrás.
-Varias palabras delante de los dioses no hacen que le pertenezcas.- negó Erza mientras enjuagaba su improvisado paño en la ahora rosada fuente.
Kagura sonrió por primera vez en mucho tiempo, pero lo hizo amargamente.
-¿Entonces por qué siento como si le perteneciera? -Erza estuvo a punto de responder cuando Kagura negó para callarla- Desde pequeñas somos vigiladas por nuestros padres, que permanezcamos vírgenes hasta el matrimonio y sepamos hacer las tareas del hogar es su único cometido hacia nuestra educación. Después, las riendas de nuestras vidas se las pasan a nuestro marido.-miró suavemente a Erza que se mantenía concentrada en la herida de su brazo, donde le había clavado las uñas en el primer agarrón que le dio.- No llegas a entender esto porque nunca has vivido bajo la sombra de un patriarca.
-¿Y por qué lo aguantas?... Si hablas sobre ello con tanto desprecio es que la situación no es de tu agrado.
-Nos educan desde pequeñas para esto, al igual que a vosotras os educan de una manera muy distinta.-dijo recalcando la palabra mucho.
-Te equivocas.- dijo Erza con fuego en su mirada.- Las amazonas pueden tomar sus propias decisiones, si quieren abandonar el poblado, están en su completo derecho.
Kagura se quedó callada ante esa revelación. Ella no conocía nada sobre ellas, excepto lo que le habían contado sus vecinas mientras lavaban las ropas en el río. Se las imaginaba robustas, casi como hombres, con una brutalidad digna de seguidoras férreas de Ares. Sin embargo, la muchacha que estaba ante ella que no era sino la Reina, era una muchacha con curvas femeninas que se adivinaban detrás de esas ropas de campesina tímidamente. Un rostro angelical pero con mirada intensa y salvaje. Y una actitud cercana y cariñosa, una que había desaparecido por completo al enfrentarse a su marido. Se salía completamente de la imagen mental que Kagura se había planteado.
Se dio cuenta que había muchas cosas que no sabía sobre ellas. Y misteriosamente, sentía curiosidad, mezclada con una cierta de admiración hacia las mujeres que levantaban la cabeza con dignidad hacia los hombres. Kagura siempre había querido ser tan fuerte como ellos, poder hacer las mismas cosas, pero nunca le había sido permitido. Siempre protestaba cuando su hermano asistía a la escuela, quedándose ella limpiando la casa con su madre. También protestó cuando su hermano pudo tomar cargos en el ejército, mientras ella esperaba que un hombre pidiera su mano.
-Nosotras no tenemos libertad.- concluyó cuando Erza acabó de sanarla.
-Todos tenemos libertad, está en tu mano reclamarla.
Kagura miró con admiración cada vez más creciente a la pelirroja.
-Ten, toma.- se quitó su capa, ofreciéndosela a la muchacha.- Póntela mientras te acompaño a tu casa, mojada y con esta brisa, te vas a congelar.
Kagura asintió sin protestar y se colocó la capa. Erza se sintió desprotegida sin poder ocultar su cabello que era como decir a gritos su identidad, pero la situación lo requería. Y no iba a faltar a su moral por un acto de egoísmo. Kagura comenzó a guiarla por las calles, sujetada y casi arrastrada por Erza, refugiada en la capa, pensando sobre el cabreado marido que la esperaría en la cama. Erza por su parte se preocupaba por como volvería, pues no tenía ni idea de por donde la estaba llevando.
Kagura había sido violada incontable veces por parte de su marido, al fin y al cabo, ella nunca había querido practicar sexo con él. Sin embargo, nunca había protestado. Esa era su obligación como esposa, y eso era lo que se repetía cada vez que él acudía a ella.
Pero esa noche, era distinto. Kagura sentía las palabras de Erza por cada poro de su piel. Aquella libertad tan soñada. La había visto en los pájaros. La había visto en su hermano. La había visto en aquella pelirroja. Su heroína. Ella le había salvado. Pues en ese encuentro, su marido no parecía tener la voluntad de parar, y no tenía claro si la llevaría de vuelta a casa inconsciente. Seguramente la hubiera dejado allí, desangrándose. Pero, ¿qué más dará que un hombre matase a su esposa a golpes? En esa sociedad eso estaba a la orden del día.
-¿Que se siente?
-¿Perdón?- preguntó Erza que miraba desorientada a todos lados.
-Que, ¿qué se siente?- preguntó Kagura de nuevo. Erza la miró confundida sin entender a qué se refería.- ¿Que se siente al ser libre? Al poder elegir tu futuro. Al poder vivir sin miedo.
-Bueno es... -Erza se quedó callada, pues no sabía describir el tipo de sentimiento.- Placentero. Te da ganas de seguir luchando por seguir así. Daría la vida por mi libertad.
-¿Preferirías morir que a ser esclavizada?- preguntó Kagura sin mirarla fijamente, pues lágrimas nacían en sus ojos. Erza asintió solemnemente.
No volvieron a cruzar palabra alguna hasta que llegaron a una pequeña casa, con solo una luz encendida. Kagura se quitó la capa para dársela a Erza tímidamente. Erza sonrió y se volvió para intentar volver a la plaza; sin embargo, una mano la detuvo.
-Mátame- le pidió Kagura con lágrimas.- Por favor.
Erza se volvió asustada hacia la muchacha que se arrodilló y continuó llorando sin pausa.
-N-n-no voy a...
-Por favor, te lo suplico. No puedo vivir así, yo no soy fuerte. Como tú. Como Simon. Quiero morir.
Erza se puso en cuclillas delante de ellas para levantarle el mentón y mirarla dulcemente.
-Tú eres fuerte, Kagura. Solo tienes que romper tus ataduras y dejar libre la fuerza que hay en ti.-Kagura permaneció en silencio mientras cada palabra se repetía como un eco en su cabeza.-Debes de afrontar tus miedos, solo tú puedes liberarte.
-Pero... Yo no tengo a nadie.
-En mi pueblo siempre hay sitio para mujeres libres y luchadoras.- Erza le sonrió mientras Kagura seguía llorando y abrazaba a Erza con aún más fuerza.- Allí todas somos familia, tu no serías una excepción.
Pero algo la congeló, haciendo que se separasen.
-Yo... yo no puedo. Tengo un marido, y un deber que cumplir. Si yo me fuera... pondría a todo el pueblo de los gargarios en contra vuestra, no puedo haceros esto...
-Nosotras no tenemos miedo a nada.- dijo con un toque frío mientras recordaba cómo su padre le había clavado esas palabras en su mente a base de golpes.- Si quieres venir, puedes venir, eres libre. Pero comprendo que tengas ataduras que te retienen... Sin embargo, tú eres la dueña de tu destino. Tú eres quien decide quedarse, o romperlas.
-¿A qué te refieres?- preguntó confundida.
-Puedes quedarte aquí, sufrir otra paliza de tu marido, cosa que algún día te llevará a la muerte.-Kagura miró hacia la luz encendida en su casa y tembló.- O puedes entrar ahí, dejar tu papel de esposa y enseñarle a ese marido tuyo sobre la mujer se esconde bajo esa faceta de fiel esposa. Demuéstrale esa fuerza que veo en el fondo de tus ojos. Libérate. Y si cuando seas libre decides que este no es tu sitio, siempre puedes venir conmigo. Con las amazonas.
Kagura miró en silencio durante un buen rato a Erza quien esperó paciente. En su mente viajaron muchos recuerdos de su niñez, cómo siempre había competido con su hermano mayor en juegos, y cómo muchas veces había ganado. Había ganado a un hombre, y se sentía orgullosa cuando lo hacía. A su hermano siempre le caían broncas por ser vencido por una niña que encima de ser mujer, era más pequeña que él.
También recordó cómo su perspectiva de ella misma había cambiado tanto. Antes, aunque su padre la tuviese cohibida, se sentía inteligente, guapa y fuerte. Ahora, tras las palizas y violaciones, se sentía casi tan importante como el sofá. ¿Dónde había quedado la Kagura que ella había sido? ¿Desde cuándo una persona podía cambiar tanto?
-¿Me esperarías aquí mientras entro, hablo con él y recojo mis cosas? Realmente, quiero volver a ser yo. Recuperarme a mí misma... Y tú me das fuerzas.
-Claro, permaneceré aquí y nos iremos juntas a casa.
"A casa", pensó Kagura con un sentimiento nuevo en su interior. Quiso recordar que era algo llamado, esperanza.
Unas cuantas calles más alejadas de aquello, se acontecía un episodio un tanto más... Peculiar.
-¿Pero qué coño!- gritó Gray en cuanto una mujer de pelo azulado se abalanzó sobre él.
-¡Juvia le va a hacer muchos hijos!- gritó la azulada escondiendo el rostro en el pecho del hombre sonrojado. A su lado, Natsu miraba la situación con diversión.
-Espera, ¿tú eres Juvia? ¿Una de las princesas amazonas?- preguntó el muchacho mientras buscaba seriamente a su alrededor en busca de una cabellera roja. Las órdenes de Jellal habían sido claras: las dos más pequeñas no serán problema alguno, pues no son tan peligrosas y calculadoras, debemos de entretener a Mirajane y seducir como dijo Loke, a la pelirroja. Si Juvia estaba aquí, solo podía significar que sus otras hermanas también.
-Sí, ¡esa es Juvia! -dijo con la cara aún metida en el torso de Gray.
-¡Eh! ¡Juvia!- apareció una rubia que sin aire arrancó de tirón a Juvia de los brazos de Gray, sin dejar contestar a este.
-¿Qué haces! ¿Acaso mi hermana también siente cosas por mi amado! -miró con odio a la rubia- ¡Love rival!
-¿Que! ¿De qué hablas Juvia? Si ni lo conozco...- miró al pelinegro que observaba la situación intentando guardar la calma.
-¡Eh!- "Y el tonto pelirosado hace su aparición", pensó Gray.- ¿Tu eres Luigi?
-¡Soy Lucy! ¿Y tú quién eres?-luego su vista se posó en Gray y se sonrojó- ¿y tu amigo por qué no lleva camiseta ni pantalones?
-¡Eh! ¡No me había dado cuenta!- y se apresuró a recoger su ropa del suelo y ponérsela.
-¡A Juvia no le importa!- gritó la peliazul mirando descaradamente el trasero de Gray mientras este se agachaba a recoger su camiseta.
-¡Hala Gray! ¡Ya estas asustando a Juvia y a Luigi!
-¡Gray-sama!-gritó una Juvia que se zafó del agarre de su hermana y se tiró encima de un Gray ya vestido.
-¡Que soy Lucy!
-Bueno bueno, eso no importa, ¿qué tal si te llevo a comer comida grasienta? -le puso un brazo sobre el hombro y comenzó a arrastrarla fuera de la situación.- Tienes pinta de que te guste muy grasienta.
-¿Por qué sacas esas conclusiones? ¿Y a donde me llevas!
-Este seguro que no echaba cuenta mientras Jellal nos habló del plan...- susurró mientras veía cabreado como Natsu desaparecía con Lucy a su lado.
-¿Decía algo, Gray-sama?- preguntó Juvia, levantando la vista del pecho de Gray.
-No, nada.- luego miró a Juvia y suspiró.- Oye, niña...
-No soy una niña... tengo casi 15.- dijo haciendo pucheros.
-Pues eso, niña.
-¿Es Gray-sama un anciano?- Gray la miró con el ceño fruncido.
-No, tengo 17 años.
-¡Entonces es perfecto para Juvia!- gritó Juvia apretándolo más aún en su abrazo.
Había varios hombres a su alrededor que se habían dado cuenta de la presencia de la princesa amazonas y comenzaban a murmurar entre ellos. Uno, al fin, se acercó seriamente a la muchacha para comenzar el cortejo.
-Hola, me llam...
-¡Lo siento, ya he elegido al amor de mi vida!
Gray sentía muchas miradas clavadas en él, y ninguna era agradable. Intentó zafarse del abrazo como pudo y correr en busca de Natsu, tenían que ponerse a buscar a Scarlet, cumplir la misión e irse. Estar con esas princesas era una pérdida de tiempo para ellos, pues tenían un trabajo que cumplir.
-Oye, Juvia, yo...
-¡Juvia quiere a Gray-sama!
-Juvia, escúchame...
-¿Es Gray-sama homosexual?
-No, no es eso...
-¡Pues Juvia le dará amor!
Gray suspiró. No iba a ser tan fácil como creyó.
Bueno chicos, aqui acaba el capítulo. :3 Como veís me encanta reivindicar el pensamiento de las amazonas de independencia masculina. Ellas, rodeadas de un mundo gobernado por hombres, se hicieron de valer y defendían sus ideales con uñas y dientes. Aunque en muchas cosas... se pasaban. El hecho de separar a una madre de un hijo debe de ser muy doloroso, y pues eso lo quise destacar del capítulo anterior.
Aquí van mis contestaciones a las Reviews (sí, las voy a contestar por aquí porque puedo (?)) jajajajaaja
Rikket: Si la verdad es que sí, cuando me enteré que las amazonas dejaban a sus hijos con sus padres si eran niños... Tendría que ser muy duro. Pues aquí tuviste dos encuentros :33 Espero que te gustaran! ^^ Pues si, Jellal lo tiene bastante difícil jajajjajajajaja Muuchas gracias, me alegro mucho que pienses eso de mi fanfic :') De verdad, me hace ilusión que os guste porque me da fuerzas para seguir escribiendo y pensar sobre la dirección que tomará en el siguiente capítulo.
MandyFernandes: Ooh me alegro que este fanfic te guste también :33 Si la verdad, es que un poco de aire cómico por parte de Juvia da un aire fresco, pues todo lo demás toma un aire más... dramático xDDD Pues si, pobre Gray jajajajajajaja Vas a tener que esperar un poquito más para el encuentro Jerza *risa malvada* pueeees se va a hacer de rogar jajajajajaja Aunque puede que pase algo en el siguiente capítulo :) Noos leemos~
AmeliaCipri: Me alegro que te guste ^^ Y yo esperaré encantada que sigas leyendolo y comentandolo, me anima bastante leer vuestras reviews y ver que os gusta, en serio :)
Tobitaka97: jajajaajaja aquí lo tienes! Me encanta que te guste ^^ Y también el one-shot Nalu, "Mi mejor amigo" :3 Gracias por comentar, seguir y dar fav; me anima mucho a seguir!
Y eso es todo por hoy, espero que os haya gustado y graaaaaacias por leer y comentar~
