Bueeenas aquí está el capítulo 6 :3 Siento deciros que como comencé las clases, todo se vuelve un poquito más complicado porque me paso el dia en la universidad estudiando y tengo poquito tiempo para relajarme... Además, a la vez escribo Lealtad. Estoy planteándome subir cada Viernes, pero intercalado con Lealtad. Por ejemplo, la semana que viene tocaría Lealtad. Con lo que habría capítulo cada dos semanas... Por lo menos hasta vacaciones o días especiales que no tenga nada mejor que hacer :3 Además voy a intentar adelantar capítulos y tal para que si llega un periodo en el que tenga mucho ajetreo, siga habiendo capítulo cada dos semanas. :')

Este capítulo también es un poco violento, ¡lo violento que es esto últimamente! Sobre todo la parte de la historia de Poluchka... Pero bueno... ¿que vamos a esperar de las amazonas? ajajajaja En realidad, es violento porque hay muertes y eso... Si sobrevivisteis a los anteriores, sobreviviréis a este jajajajajaja

En definitiva, Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen. Yyy gracias Nat, por corregir mis 646846874 fallos ortográficos y sintácticos :').


Capítulo 6 - Brujas

Erza contuvo el aliento durante varios segundos, sopesando la situación. Había cometido un despiste al emocionarse mientras pegaba al marido de Kagura, exponiéndose al otro contrincante. Y había sido un desconocido quien la había salvado. Precisamente un hombre.

La amazona se sentía confusa pues, hasta ese día, sólo había llegado a reafirmar su mala opinión sobre del género opuesto y conocer a uno que tuviera bondad hacía que todo aquello en lo que había pensado, se derrumbara.

Con la cabeza en esos pensamientos, dio varios pasos hacia adelante, rodeando el cuerpo del marido de Kagura quien permanecía inconsciente. Alejándose de Jellal.

-¿Le pasa algo?-insistió Jellal que cada vez se sentía más preocupado por la joven. Él era consciente de la rudeza con la que los hombres solían tratar a las mujeres, y como esto era un hecho casi común. Pero no podía aceptar ver con sus propios ojos tal fechoría. No aceptaría que ninguna mujer fuese golpeada en su presencia, y así se lo había hecho conocer a varios hombres.- Puedo acompañarla a su casa, si lo desea.

"¿Me salva y luego me quiere proteger?", se preguntó Erza sin apartar la mirada del suelo.

Jellal, quien desde un primer momento no se había parado a observar los cuerpos que había cerca de la pared, se detuvo confuso al verlos. "Esto tuvo que ser una pelea fuerte, uno de aquellos hombres en la pared debe de ser su marido o hermano o padre.", pensó Jellal buscando una explicación.

-Puedo ayudar a cargar el cuerpo de quien la ayudó.- continuó aún sin recibir respuesta alguna.-Sólo si me dice qui…

Pero se calló súbitamente. La amazona se había girado para enfrentarse al guerrero. La capucha solo dejaba ver su rostro blanquecino, con varios cortes de cuchillo que hacían que varias gotas de sangre crearan surcos en sus mejillas. Aún con sangre enmarcando su rostro, Jellal pensó que este era delicado como la porcelana. Erza, por otro lado, no encontró la mirada hambrienta y agresiva que solía encontrar en los hombres. En su lugar había dos grandes ojos esmeraldas, cálidos, con una marca en el izquierdo. La amazona pensó en él como un hombre apuesto, uno con un gran corazón. Un hombre con valores. Por un momento se sintió intimidada por aquella mirada de una manera extraña y peculiar. Una que la hacía sentirse nerviosa.

Erza se asustó de la situación, no pisaba terreno conocido. Algo que no gustaba a la reina amazona. Sentía curiosidad por conocer si era tan buen hombre como aparentaba ser. De dónde provenía aquella marca. Por qué la había salvado. Por qué la ayudaba. Por qué era tan distinto. Y aquella curiosidad era la que la asustaba pues nunca la había sentido hacia uno del género opuesto. Un sentimiento distinto a los que antes sentía cuando veía a algún hombre la recorría de pies a cabeza.

Jellal, abrumado por su belleza, la contempló en silencio, escuchando sólo su corazón el cual tamborileaba con fuerza.

-Gracias.- dijo la amazona para luego comenzar a correr y así reunirse con su hermana Juvia cuanto antes.

"Gracias ha sido la primera palabra que he compartido con uno de ellos", pensó Erza mientras con las manos se cercioraba que la capucha no cayese hacia atrás en su huida.

Jellal, aún embobado, tardó en reaccionar.

-¡Espera!- le pidió. Pero la silueta ya casi había desaparecido por la calle. Y corría tan veloz que sería imposible alcanzarla.

El guerrero cruzó los brazos delante de su pecho, aún pensando sobre la misteriosa muchacha que acababa de ver. Quería conocerla, servirle, divertirla, protegerla… Se sentía un estúpido por decir esas cosas cuando ni si quiera conocía su nombre. Pero Jellal tenía una cosa clara. En cuanto la conociera comenzaría su cortejo, se la llevaría a la ciudad con el cinturón de la reina amazona y se casaría con ella. La sacaría de aquella ciudad. Y si estaba casada… Volvería como uno de los cuatro héroes que consiguió el cinturón de la reina amazona, le estaría permitido reclamar cualquier mujer como su esposa.

-A…a…ayuda- le pidió uno de los hombres que estaban en el suelo.

Jellal suspiró y volvió a la realidad. Tendría que llevar a aquellos hombres a la guardia primero.

-~.~-

En la ciudad amazona, había una casa morada que sobresalía sobre las demás. Aunque pareciese corriente, varias piedras decoraban la entrada de la morada. Además, era la única que, aun siendo las cuatro de la madrugada, mantenía su chimenea encendida. Y así era debido a que la mujer que la habitaba no era otra que Poluchka.

La mujer dragón, como la llamaban cariñosamente las amazonas, por ser una mujer solitaria pero poderosa a la vez. En este caso en el campo de la medicina. Ella prefería la compañía de sus plantas medicinales, de sus mejunjes, de sus setas… Por eso, era la casa más alejada del poblado. Poluchka dormía a pierna suelta en su cama cuando escuchó dos golpes secos en la puerta.

Si hubiese sido una persona normal, Poluchka hubiera habría tenido algún que otro problema para despertarse debido a que segundos atrás estaba sumida en un sueño profundo. Sin embargo, la mujer siempre estaba preparada para cualquier enferma que le trajesen.

Al colocarse su bata y abrir la puerta, se encontró a las princesas Mirajane y Lucy, cargando a una muchacha joven y malherida.

-Dejadla en la cama.- les ordenó sin preámbulos, despejando el camino hacia la camilla.

Rápidamente comenzó a examinar a la muchacha.

-¿Aún estáis aquí? –preguntó molesta a las muchachas que tragaron saliva y huyeron de la casa. Ella odiaba la presencia humana, sólo la admitía cuando se trataba de su trabajo. Pero aunque fuese borde y no quisiera compañía alguna, se preocupaba por la salud y bienestar de las amazonas como si fuese la madre de todas.

Continuó curando a Kagura en silencio, aplicando los medicamentos con el esmero, delicadeza y profesionalidad que tantos años le habían otorgado. Comenzaban a saludar varios rayos de sol a través de las viejas cortinas cuando la muchacha despertó.

-¿D-dónde estoy?- preguntó con miedo.

-Estás en mi casa.- respondió brusca. Se giró para observar con detenimiento a la muchacha, comprendiendo lo asustada que se hallaba.- Mira niña, no sé muy bien que te pasó pero has acabado en el pueblo de las amazonas. Yo soy una de ellas… Poluchka, encantada. Y te he curado las numerosas heridas y fracturas que tenías… Hablando de eso, tenías varias costillas rotas, por lo que tendrás que guard… ¿niña?

Kagura, al saber dónde estaba y que había conseguido escapar de las garras de su marido, comenzó a llorar de la felicidad.

-¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¿Quieres que te aplique más ungüento calmante?

Kagura negó con la cabeza y esbozó la sonrisa más brillante que en años había expuesto.

-Estoy más que bien, al fin soy libre.- dijo mientras se sorbía la nariz.

Poluchka observó la reacción de la niña durante varios minutos, mientras un sentimiento de tristeza la revolvía. Esa situación le resultaba muy familiar. Ella recordaba sentirse de la misma manera cuando la Reina amazona en ese momento, Otrera, la sumaba a su gran familia.

-Vale vale, ahora descansa.- le dijo para luego obligar a que la niña se tumbase y relajase. Pasó poco tiempo hasta que volvió escuchar la respiración profunda de la muchacha.

Se sentó en un sillón cercano a la cama de la joven. Pasó varias horas mirando el rostro ahora calmado de la mujer. Se preguntó por qué tipo de cosas horribles había podido pasar ella, que no tendría más de veinticinco años, para estar así. A continuación, se rio de sí misma. "Hoy en día todo el mundo tiene un presente, un pasado o un futuro doloroso, con el que vivir. Ya seas joven o anciano" pensó Poluchka "Justo como el mío." Cerró los ojos y su mente voló a unos cuantos años atrás.

La caza de brujas empezó hace mucho tiempo…

"Cualquier mujer que gozara de cualquier tipo de independencia era proclive a ser considerada bruja. Se creía que las mujeres que quedaban fuera del control masculino, al margen de su tutela a través de la familia, o que se mantenían fuera o en los bordes de los roles femeninos prescritos para ellas, eran elementos perturbadores del orden social establecido.

Había mujeres que oficiaban como comadronas en el parto de sus vecinas, hijas, madres… Sin embargo, existía la idea generalizada de que el nacimiento tenía cualidades mágicas y que por esta causa, las comadronas, al conocer los misterios del nacimiento, tenían poderes especiales.

Las personas que habían solicitado sus servicios y quedado satisfechas, llamaban a este grupo de mujeres: "mujeres sabias". Sin embargo, las instituciones, temerosas de su influencia las llamaron "chafarderas", antes de llamarlas brujas.

Estas mujeres conocían las aplicaciones medicinales de muchas hierbas y plantas y el conocimiento sobre muchas de ellas se aprendían de generación en generación. Y esa cadena llegó un día a Poluchka.

En un pequeño pueblo, al sur de Argos, había una pequeña familia formada por una mujer callada y sumisa, una hija enfermiza y un padre que normalmente estaba borracho, fuera de casa. Su madre, que no solía confraternizar con sus vecinos, se centraba en el bienestar de su propia familia. Todos pensaban que la mujer era tímida o reservada o simplemente malhumorada (en parte lo era, característica que su hija heredó), pero la realidad era otra completamente distinta.

Ella era autóctona de otro pueblo, donde quemaron a su abuela, acusada de ser bruja. Realmente ella había sido comadrona de su vecina, pero el niño murió a causa de asfixia (el cordón umbilical se le enroscó en el cuello) y salió completamente azul. Muchos creyeron que se trataba del demonio quien había intentado poseer al niño, sin tener éxito, y que había sido culpa de su abuela quien lo invocó durante el parto.

Su abuela murió y todo el pueblo se puso en contra de su familia. Su abuelo era un hombre solitario que se dedicaba a su ganado. Tuvo que comenzar a vender la carne a pueblos vecinos, ya que sino no había forma de conseguir dinero. Fue comerciando con la carne en el exterior como le consiguió un marido.

Durante los años de clausura tras la muerte de su madre, había perfeccionado las artes curativas que ella le había inculcado desde que era pequeña. Se había vuelto completamente asocial. Su abuelo, que siempre había apoyado a su abuela, le advirtió que su marido posiblemente no profesara tanta aceptación como él hacia esas artes curativas. Y así fue. En el pueblo al que pasó a vivir, cualquiera de esas artes eran inmediatamente tachadas como actos de brujería. Y castigadas con la muerte en la hoguera.

Su madre se refugiaba en la cocina cuando su marido se encontraba bebiendo en el bar y le enseñaba a su hija aquellos conocimientos que guardaba con tanto afán. Con paciencia, le enseñaba anatomía con el cochinillo que más tarde almorzarían, cómo utilizar los cuchillos, cómo coser heridas, cómo mezclar hierbas, dónde hallarlas, qué era venenoso, cómo sustraer el veneno… Toda la información que un día formarían una nueva mujer sabia. Su padre nunca dio problemas, pues nunca estaba en casa. Y cuando llegaba estaba tan borracho que ni la reconocía como su propia hija, directamente pasaba al cuarto donde se encerraba con su madre.

Durante diecisiete años, aquello funcionó correctamente. Sin embargo, algo alteró la rutina en aquella humilde casa. Poluchka, que siempre había sido una niña con las defensas débiles, cayó enferma. Pero no resultó ser una enfermedad cualquiera, pues las fiebres no remitían aun cuando el tiempo pasaba. Su madre conocía el remedio para la cura de su hija, sabía que solo sanaría si tomaba el antídoto conveniente. A escondidas de su marido, creó la el remedio y se lo dio a su hija. Comenzó a mejorar día tras día, pues la medicina diaria cumplía su deber.

Sin embargo, cuando casi la niña había sanado por completo, su padre descubrió la manera en la que curaban a su hija. Desnudó a su mujer y la llevó a la plaza de la hoguera; llamando por el camino a todos sus vecinos. Estos acudieron con madera y antorchas. Ese fue el final de su madre.

Cuando su padre volvió le gritó que ella estaba sucia pues había sido el demonio quien la había ayudado a recuperarse, su misma madre tuvo que hacer un pacto con él para que continuara con vida. Ella comenzó a recibir el trato que él le daba a su madre cuando volvía borracho cada día. Al no tener virginidad, desechó la idea de encontrar marido y así huir de aquel infierno. Tampoco recibía ayuda alguna de sus vecinos, que apartaban la mirada en cuanto aparecía por la calle. Ignoraban los rosetones y moratones que teñía su piel, de un color casi tan violeta como su pelo. Y por si fuera poco, se había quedado embarazada de su propio padre. Aunque esto duró poco, hasta que recibió una paliza que le costó el aborto. Pronto comprendió por qué nunca había tenido un hermano.

La vida para Poluchka había llegado a su fin, o al menos eso creía. Escapó de casa, ella siempre había querido ver el mar del que tanto hablaba su madre ya que su pueblo era de origen costero. Meditó sobre su corta vida escuchando las olas chocar mientras pensaba en cómo. Pero ciertas voces no la dejaron. "¿Amazonas? Esas mujeres no son más que un problema. Son unas zorras que se comportan como salvajes. ¿Todo sabes por qué? Porque no tienen ningún marido que las reprenda. Se creen seres libres…", decía un hombre que, al igual que había llegado se fue de manera que su voz fue disminuyendo de volumen.

De pronto, un futuro en el que ella encontraba una niña a la que educar como una nueva mujer sabia, se abrió paso en su mente. Ella quería ser libre para poder salvar vidas. Y allí, en la ciudad de las amazonas, nadie le reprocharía nada sobre su pasado. Definitivamente, aquel era su sitio.

Se levantó temblando, pues comenzaba a anochecer y el frío se asomaba con la luna. Aligeró su paso hacia su futuro. Aunque no supiera la dirección, al fin tenía un destino.

Poluchka cerró los ojos y cedió al sueño con una sonrisa.

-~.~-

-¿Cómo va a ser la Reina Amazonas!-exclamó el gobernador de aquella ciudad- Las amazonas han afirmado que su Reina no ha pisado la ciudad en todo el día y que vendría mañana, ¡no ensuciéis el nombre de Scarlet de esa manera!

-Te estoy diciendo que vi su pelo.- gritó el hombre mientras escupía sangre.

Jellal presionó su daga contra su cuello para que se relajase. El guerrero había arrastrado a los tres hombres a la casa del gobernador para que la autoridad tomara su papel en aquel encuentro. Al parecer insistían en que la muchacha no era otra que la Reina amazona. "¿Cómo estos hombres pueden confundir a una muchacha con el rostro de un ángel con una fiera como la Reina amazona?", se preguntó Jellal, ya cansado de escuchar la misma historia.

Los hombres, arrodillados en frente del gobernador, presentaban heridas por todos lados.

-Además,- completó uno de ellos.- si fuera una muchacha normal, ¿Cómo nos haría estas heridas?

-Debería de haber tenido ayuda de algún hombre.- respondió el alcalde sin pensar más en el asunto. Con un dedo calló al que iba a protestar.- Debe de estar avergonzado de no haber podido defender lo suficientemente bien a su hija o mujer o lo que fuese… Pues no pudo con todos. Ahora, no quiero que volváis a mencionar el tema amazonas. Ya sabéis que nuestra comunidad se mueve económicamente gracias al turismo que se ve atraído por las amazonas. Si ellas nos dan la espalda, estamos en la ruina. ¿Entendido?

-Pero… ¡esa zorra se llevó a mi Kagura!

-Si Kagura decidió marcharse allí es decisión propia, si tanto quieres recuperar a tu mujer… y tu hombría, ve a la ciudad amazona a recuperarlas.

El hombre rechinó los dientes. Con esto, el gobernador se quitaría cualquier habitante molesto que pudiera dar problemas con las amazonas ya que los mandaba a una muerte asegurada.

-Bien, todo dicho, ¿no muchachos?-preguntó con una sonrisa cínica. -¡Estupendo!- exclamó al no obtener respuesta alguna.- Espero no recibir ninguna queja vuestra, sino tendré que tomar cartas… no tan permisivas.-su vista se movió a Jellal- Y muchas gracias…

-Jellal, Jellal Fernandes.

-Muchas gracias, Fernandes. Siento que haya tenido que lidiar con esta clase de problemas durante su visita, espero que no se vuelva a repetir y disfrute de su estancia.

Jellal asintió, intercambió varias palabras corteses y se fue, dejando al gobernador a cargo de aquellos hombres. Una noche de calabozo no les vendría mal. El guerrero puso rumbo a la posada con la mente muy lejos, en aquel rostro angelical. Preguntándose dónde estaría y si estaría a salvo.

-~.~-

-¿Qué hemos aprendido hoy?- preguntó Mira, cruzando los brazos debajo de su pecho.

-Que las manchas de grasa son muy difíciles de quitar- suspiró Lucy.

-Que las capas de este tejido son muchísimo mejores para ocultar mi pelo.- Erza abrazó la capa de Kagura con una sonrisa.

-Que los abdominales de Gray están estupendamente definidos.

Mira dio un golpe en la mesa, sacando al demonio que llevaba dentro.

-¡Lucy, deja de juntarte con depravados mentales que devoran muslitos de pollo!- Lucy tragó. Pero en su cabeza no veía al pelirosa como tal. Lo veía como alguien divertido, alguien al que tener especial aprecio… "un… un mejor amigo.", pensó la rubia sonrojándose al recordarlo pelear contra aquel acosador.- ¡Juvia, deja de ser tan pervertida! ¿Desde cuándo te comportas así?- Pero Juvia no pudo contestar, ni aunque Mira sacara su demonio. Desde que habló había volado a otro mundo.- ¡Y tú, Erza… Tú eres la peor de todas! ¡Debías ligar, Erza! ¡Ligar! ¡Y has acabado con cuatro hombres, pero luchando! ¡¿Hace falta que te vuelva a dar la charla de cómo se tienen hijos?!

El rostro de Erza se camufló con su pelo.

-N-nnnnn-n-nnnnnnnnn-nnno

-Vale- respondió, conteniéndose la risa ante la expresión de su hermana. "Definitivamente creo que le di demasiados detalles aquel día.", pensó mientras una risa malvada se reproducía en su cabeza.- Pues quiero que mañana te esfuerces de verdad. Quiero que hables por primera vez con un hombre.

"Pero yo ya hablé con uno", pensó mientras cierto peliazul volvía a su mente. Había intentado sacárselo de la cabeza varias veces, pero le había llamado demasiado la atención de la muchacha. "Quizás mañana pueda hablar con él", pensó para sí misma sintiendo una extraña felicidad.


Y aquí acaba el capítulo de hoy, en el siguiente pasaremos a la siguiente noche. ¿Que creéis que pasará? ewe Como adelanto os digo que habrá Gruvia seguro, pero no tengo muy claro si habrá Nalu o Miraxus sobre todo... Tengo claras las situaciones donde se encontrarán, pero... No sé quien irá antes... D: El Jerza tendrá que esperar un poco más, creo que en este capítulo hubo Jerza suficiente y espero que haya Jerza en... mmm 2 capítulos :3

Reeespondo reviews:

AmeliaCipri: Bueno es cierto que Gray lo tendría más "fácil" por la forma de ser de Juvia... Pero, bueno Juvia también tiene presente sus responsabilidades como amazona y tal (al menos, porque sino sería un descontrol ajajajjaja). Lo siento si avanza lento :') Es que me gusta explicarme demasiado, y quisé explayarme en los encuentros *w* A partir de ahora espero que te resulte más rápido :3 (aunque seguiré metiendo algún que otra historia relacionada de algún personaje, como en este capítulo con Poluchka) ¡Muchas gracias por comentar!

Rikket: Sii, Natsu es tan especial conquistando... Pero de alguna manera o otra, llama la atención de Lucy al menos jajaajaja Si, bueno tienes razón, supongo que buscaba un toque cómico con la personalidad de Juvia que siempre me ha hecho reirme mucho en el manga/anime :') Pues si, Laxus tiene que aprender muchas cosas sobre las mujeres aún xDD ¿Técnica de seducción relajada? jajajajajajaja Me la plantearé para el próximo capítulo xDD Claro, en este fanfic quiero resaltar que son como las mujeres que se levantaron ante esa sociedad machista y obviamente no van a suspirar, van a llevar los pantalones, por supuesto. jajajajajaja Nononono me encaaaantan tus reviews largos porque así te explicas bien sobre lo que piensas del capítulo, asi que tu no te preocupes. Tu escribe lo que quieras y que una cifra no te detenga (?) xDDDD

lady-werempire: aquí está, je :3 ¡Gracias por la review! *w*

Graaaaaaaacias por leer~~