Muy buenas tardes :3 Después de dos semanas os traigo un nuevo capítulo ^^ Pero para la larga espera he de deciros que el capítulo es largo, tomando como referencia los demás claro está xD
Quiero agradeceros a todos los lectores que siguen este fanfic y sobre todo a los que comentan; anima mucho y sin duda no dejo de escribir porque seguís ahí :')
Además, quiero dar las gracias a Natalia, como siempre, que una semana antes recibe el capítulo y se lo lee 5465464 veces para corregirme los fallos (ella es perfeccionista, sep.).
Vale, bueno, lo de siempre: Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen, son de Mashima que está ocupado trolleandonos. :'( (que salga ya Jellal en el manga, Mashima :'(...)
Capítulo 7 – Amantes
Juvia había decidido adelantarse a sus hermanas. A su lado, la amazona Ultear, quien tenía veinte años, parloteaba sin parar. Sin duda, la llegada de una nueva amazona al pueblo había revolucionado a sus habitantes que no tardaron en acercarse a la Reina en busca de la verdadera historia de la muchacha. Al poco tiempo, todas conocían sobre el ahora pasado de Kagura y, como consecuencia, sabían sobre la cruel razón por la que había huido despavorida de su antiguo hogar.
-Realmente tenemos suerte de que exista nuestro pueblo.-continuaba Ultear.- Conoces el carácter que tengo, y aún mejor el de mi madre Ur, ¿nos imaginas a alguna de nosotras dos, siendo doblegadas por uno de aquellos hombres?
Ur provenía de una estirpe de amazona muy antigua, se enorgullecía de ello y no dudaba en proclamar a cuatro vientos que el sentimiento de libertad viajaba en sus venas casi como la sangre que su fuerte corazón palpitaba.
-…Y entonces le dije, "No puedes decir que eres tan hombre si guardas esa cosita entre las piernas". Y si, era cosita.- comenzó a carcajearse en alto. Juvia miró de reojo a su amiga, había dejado de escucharla alrededor de uno o dos minutos y eso había bastado a la peliazabache para cambiar de tema. Y sin ayuda alguna.
Juvia se dio por vencida, al fin y al cabo tenía un plan en su mente que requería toda su concentración. La noche anterior, consiguió informarse sobre el sitio exacto donde Gray y sus amigos pernoctaban. Estaba deseosa de llegar a la habitación de su amado para poder averiguar nuevas cosas de él. Y no era solo el hecho de saber cuál era el color de su ropa interior, necesitaba hallar información para corroborar la inocencia de él y sus amigos.
Fue una vez reunidas, al fin, tras todo lo acontecido, cuando las hermanas dialogaron y compartieron opiniones sobre los tres individuos que parecían conocerse y ser cercanos entre ellos. Habían mostrado interés hacia todas ellas, excepto a Erza quien al no aparecer en toda la noche por la plaza no dio posibilidades para ello. Era un hecho que no les pasó por alto a las amazonas, por lo que decidieron ir con cuidado. Pero a la más pequeña no le pareció correcto ensuciar así el buen nombre de su amado, ella iba a demostrar la inocencia de los jóvenes.
Pero su misión era demasiado arriesgada, pues era en terreno ajeno y desconocido, no lo podía hacer sola. Requería la ayuda de una de sus compañeras: Ultear. Esta debía un favor a Juvia y además, nunca decía que no a un poco de acción y emoción en su día a día. Habían tomado un camino un tanto distinto al habitual, pues la posada estaba justo al lado contrario de la ciudad por donde solían llegar. Y no les convenía cruzar el pueblo, donde las reconocerían y acosarían al momento.
Por aquella ruta no habían encontrado a ninguna amazona extraviada, algo que las tranquilizó ya que los rumores no tardarían en extenderse si las vieran por aquellos sitios a tales horas.
-¿Cómo decía que se llamaba?
-Gray- respondió con una sonrisa, al fin habían llegado a su destino.
Esa posada era conocida para las amazonas. Normalmente, cuando una tenía una amante solían encontrarse en esa posada ya que en el bosque se arriesgaban a ser descubiertos. Allí al menos sólo tendría que entrar por la parte de atrás o taparse lo suficiente para no ser reconocida. Además de que allí a veces, durante las épocas de apareamiento, se celebraban fiestas paralelas a la de la plaza que igualaban o incluso podían llegar a superar a la central. Era claramente la competencia de los pequeños comercios que pagaban para poner una tienda durante las fiestas.
Sin embargo, esta vez no entraría por la puerta como solía hacer durante esta época.
-¿Y cómo vamos a saber cuál es su habitación?
-Déjeme eso a mí, princesa.- dijo Ultear con una sonrisa. Se quitó la capa y se la tendió a Juvia. Abrochó unos botones más en su blusa para así cubrir su gran escote y entró en la posada con aires de inseguridad. "Muy buena actriz", pensó Juvia quien se asomaba por la ventana para no ser vista y así poder presenciar el espectáculo que la joven se disponía a efectuar.
En la taberna, cuatro hombres jugaban a los dados mientras que una joven se bebía una cerveza de un solo trago. Su padre y dueño del bar, Gildarts, se centraba en servirle la siguiente jarra a la muchacha. Había varias personas alrededor de la barra bebiendo y manteniendo conversaciones muy animadas. Varios ya habían iniciado la fiesta que en pocas horas prometía empezar.
Ultear se acercó al mesonero con lágrimas en los ojos.
-Oiga, ¿me podría decir cuál es la habitación de Gray?
Gildarts la miró de arriba abajo para luego negar.
-No puedo niñita, esa información es confidencial.
-¡Pero necesito verlo!- gritó mientras las lágrimas eran más visibles.
-Lo siento, tendrás que esperarlo tomándote algo… Además, no me suena tu cara, tú no eres de por aquí. -preguntó Gildarts sin comprender a la muchacha.
-Mi padre es mercader y vine con él… Gray me dijo que después de aquella noche… me pediría matrimonio.-continuó dramáticamente, sorbiendo varias veces. Varios hombres se volvieron para escuchar la conversación.- ¡No ha pasado por mi casa aún! ¡Mi padre está furioso! ¡Dice que le va a prender fuego como no me pida la mano!
-¿Prender fuego?- preguntó con los ojos como platos.
-Sí, donde sea que este.- Ultear se hizo la sorprendida y miró a su alrededor.- Oye, ¿esto no será todo solo de madera?
Gildarts miró molesto a la muchacha y lo pensó durante varios segundos.
-Mira, niña, creo que salió… ya sabes, con eso de las fiestas de las amazonas. Llama de todas formas, es la habitación 22. Sino, vuelve en otro momento… lo antes posibles.-tragó saliva al imaginarse la imagen que crearía su posada en llamas.
-¿Cómo podría ir a la habitación?
-Sube esas escaleras de ahí, el pasillo a la izquierda, al final.- respondió acompañando con gestos.
Juvia, quien memorizó cada gesto que el mesonero hizo, siguió con la mirada a Ultear quien no tardó en desaparecer por las escaleras. La princesa amazona se apresuró a dar la vuelta al edificio y situarse en la puerta trasera. Ultear no tardó en abrir una ventana que había al final del pasillo del segundo piso para darle así una entrada a su amiga. Juvia subió por la pared con ligereza, sin hacer ruido alguno y aterrizando sobre el suelo de la segunda planta de la posada.
El pasillo era estrecho y la ventana era la única iluminación existente. Siguiendo las indicaciones que el mesonero le había dado a la muchacha, Juvia agarró una daga que había guardado en su muslo y comenzó a forcejear con la cerradura para abrirla. En cuanto la puerta cedió, la peliazul asintió a su amiga y entró en la habitación.
El plan era simple, Ultear esperaría en la taberna, tomándose algo, esperando a que Gray llegase. Mientras tanto, en la habitación, Juvia investigaría sobre los jóvenes. Indagando en las pertenencias del guerrero peliazabache.
Principalmente, en su maleta encontró ropa corriente. Camisas, pantalones, zapatos, hilo, monedas… Juvia sonrió aliviada al no encontrar (un) ningún objeto sospechoso. En el baño no halló nada tampoco y al rato se sintió preparada para abandonar la habitación pues ya podía hablar con motivos sobre la inocencia de los muchachos, o al menos de Gray.
Sin embargo, aunque hubiese oscurecido ya completamente, un objeto llamó la atención de la amazona, era un brazalete con extrañas inscripciones. Bailó en sus manos mientras Juvia pensaba por qué le era tan familiar. Debía de ser el escudo de armas de una casa de nobles, o puedes que hasta de un castillo. "¿Servidores de un Rey o de un noble importante?", se preguntó Juvia.
Esos brazaletes normalmente eran un regalo hacia los servidores más apreciados. Juvia no llegaba a entender qué hacían cuatro hombres tan importantes para alguien de tal prestigio, en un pueblo así. "A los hombres que tienen tanto poder, les regalan las mujeres… El sexo no debe de ser la razón de su visita.", pensó Juvia aún con el brazalete en sus manos.
De pronto, en su mente comenzaron a resonar los comentarios de sus hermanas. La desconfianza. Se guardó el brazalete en un bolsillo que tenía en las enaguas de su falda, y abandonó la habitación aún pensativa.
En el pasillo, ya a oscuras, sólo se podían distinguir la ventana por la que entraba una suave luz de luna y unas escaleras a la derecha de la que se escuchaba un ruido atronador. Ultear, quien estaba al pie de las escaleras, vio la figura de su hermana y salió de la taberna.
Juvia se preparaba para el salto cuando dos grandes brazos la inmovilizaron. Asustada, la amazona confirmó que no se trataba de un aficionado. Su postura estaba perfectamente cuadrada para que no pudiese zafarse del aprieto. Ni llegar a la daga que volvía a reposar en su muslo.
Intentó gritar, pero una mano mantenía cerrada su boca. Un bocado era el único movimiento que Juvia se atrevería a efectuar, pero al individuo no le pareció importar el mordisco.
-Vaya vaya, lo que tenemos por aquí.- dijo una voz ronca y áspera.
Comenzó a arrastrarla hacia una de las habitaciones. Juvia forcejeó como pudo, pues sabía que si entraba en esa habitación, no habría esperanza alguna de obtener ayuda.
-¿Vas a pelear, gatita?- preguntó entre risas ya que evidentemente estaba ganando el asalto.- Eso está genial, a mí también me gusta.
Dicho esto, la estampó contra la pared, dejándola aturdida durante varios segundos. El hombre aprovechó este tiempo para sacar una navaja y comenzar a dibujar surcos por la piel de la muchacha. Juvia, quien había vuelto a ser aprisionada, gimió de dolor.
-¿Mejor así?...
Fue a continuar su frase cuando una figura se lanzó sobre él y lo estampó contra el suelo.
-¿Qué haces tú aquí?- Gray miró a Juvia sorprendido mientras inmovilizaba al grandullón.
-Juvia…
-¡Eh!- exclamó Natsu que acababa de llegar.- Si tú estás aquí, Lucy ya habrá llegado…
No esperó respuesta alguna y desapareció por las escaleras. Laxus, quien subía detrás de Natsu, miró molesto como el pelirrosa se largaba sin avisar a Jellal. Luego se giró hacia su otro compañero, que se concentraba en no dejar escapar al hombre que forcejeaba y profería insultos.
-Yo me lo llevaré a casa del gobernador.- dicho esto, Laxus se acercó, cogió al hombre de un puñado haciendo que pareciese un peso pluma y comenzó su camino.
-¿Dónde está Jellal?- preguntó Gray antes de que su amigo desapareciese por las escaleras.
-En la entrada.-poco a poco su voz iba desapareciendo.- Creo que está hablando con una tal Ult…
-Diablos, ¿tú te has enterado?- le preguntó Gray con el entrecejo fruncido. Juvia negó repetidas veces al reconocer el nombre de su amiga y al no querer ser asociada con ella. Conociendo a Ultear, unas pocas copas más y le contaría hasta en qué fecha y hora fue el día que le bajó su primer periodo lunar.- Bueno, ¿y me vas a responder que hacías aquí?
-Juvia… paseaba.-dijo mirando a su alrededor para que sus ojos no la delataran.- ¿Y Gray?
-Yo me alojo aquí.- respondió desconfiado de la reacción de la muchacha. Aun así, no quiso presionarla más con el tema y optó por sacarle más información progresivamente.- En fin, ¿quieres que te cure las heridas? –se giró en dirección a su habitación- Mi habitación es esa y tiene botiquín.
"Lo sé", estuvo a punto de responder Juvia. Pero se congeló con la boca abierta y el aliento contenido, ganándose una mueca de confusión de Gray.
-¿Gray-sama planea llevar a Juvia a su habitación?- preguntó rápidamente a continuación, siendo esto lo único que se le vino a la mente tras el botiquín.
-Juvia, sabes que no guardo ninguna intención sucia en la invitación.
-Juvia es una amazona.- le cortó Juvia quien miró hacia sus pies. Las palabras habían salido de ella por si solas.
Ese brazalete pesaba más de lo que debería en el bolsillo de Juvia. Su cabeza, paralela a aquella conversación, daba vueltas al asunto. Juvia se planteaba sobre la línea que separaba su deber hacia sus hermanas y al amor. La amazona se mordió el labio mientras su cabeza trabajaba a pleno rendimiento. "Puede que Gray-sama sea el amor de Juvia; pero Erza, Mira y Lucy son sus hermanas", pensó "Juvia es una amazona."
- Juvia es una amazona.- repitió de nuevo en un tono más bajo. Mirando el suelo. De pronto, el brazalete se hizo más ligero porque ella había tomado una decisión.
-Lo sé…- respondió un Gray que parecía aún más confuso por las reacciones de la peli azul.
-Juvia quiere a Gray, pero Gray y Juvia solo serán amantes.
Gray se sorprendió de aquellas palabras. Chocaban completamente con todo lo que la peliazul solía decir hacia él. Luego, rememorando todos los comentarios aduladores, ninguno tenía algo que ver con una promesa de compromiso. Todo aquello quedaba reducido en amantes; en realidad, siempre lo había estado. "¿Desde cuándo buscas algo más en ella?", se preguntó Gray mientras sentía una cierta decepción. Hizo acopio de su temperamento más glacial para no arriesgarse a que la luz de la luna revelase su propio disgusto.
-Deja de decir eso, aún eres una niña.- dicho esto se encaminó recorrió los pocos metros que lo separaban de su habitación, escuchando los firmes pasos de la amazona.
-Juvia no es una niña. En el pueblo de Gray-sama, las niñas comienzan a casarse y tener hijos a los doce años.
-Eso sólo pasa en mi pueblo, no en el tuyo, así que sigues siendo una niña.-le dijo Gray mientras entraba en su habitación y buscaba alguna lámpara de aceite con la que alumbrar la habitación.
Juvia entró tímidamente y cerró tras de ella.
-Pero Gray-sama y Juvia tampoco se llevan tanto.-añadió, apoyándose en la puerta.
-Puedes sentarte ahí.- señaló a un pequeño sofá que había al lado del armario.
-¿En el sofá? –tras sentarse, suspiró y miró a la cama del que había decidido que sería su amante. Pero se aseguraría de no soltar ninguna información que comprometiera a las amazonas y a la vez, intentaría investigar sobre el pasado de los guerreros.- ¿En qué cama se despertará Juvia mañana?
-Anda, enséñame tu hombro.- fue hacia la muchacha con el botiquín en sus manos.
-¿Ya!- la muchacha se sonrojó.- Vale, pero sé gentil.
-~.~-
-¿Pero por qué no podía llevar la capa de Kagura?- preguntó Erza lastimosa.
-Porque tienes que llevar la capa escarlata, Erza.-les respondió Mirajane de nuevo. Habían llegado hace tiempo al pueblo, ya se hallaban callejeando por las calles y la conversación no había variado un ápice desde que comenzaron el trayecto.- No puedes camuflarte más.
-No me camuflo… Es solo que …- pero lo que decía su hermana dejó de importarle cuando escuchó cierto comentario de fondo por parte de varias vecinas.
-Al parecer, fueron dos vagabundos los que asaltaron la casa de Sting. Hubo un muerto, no sé si su mujer o el hijo que tuvo con la amazona. Espero que…
Mirajane se quedó paralizada en el acto. Su cuerpo se enfrió. Erza miraba preocupada a su hermana y comenzó a hablarle, sin hallar respuesta alguna. La amazona miraba paralizada al frente sin poder quitarse la imagen de su hijo muerto de la cabeza. Comenzó a temblar con fuerza, pero eso no impidió que diera un paso hacia atrás.
-Espérame aquí.
Eso fue lo único que dijo antes de empezar a correr en dirección a la casa donde se suponía que debía de estar su hijo. Vivo y durmiendo. O al menos eso esperaba Mirajane.
-~.~-
Lucy se revolvió inquieta, su amiga no iba a asistir ese año a las fiestas tras su reciente maternidad. No obstante, eso no había impedido que ambas fueran a reunirse ese año. La amazona dio dos golpes en la puerta y esperó a que la joven le abriese.
Tras esperar a la intemperie durante varios minutos, Levi la recibió sonriente. Al entrar al salón de su amiga, encontró a su marido apalancado en el sofá, con un niño de aproximadamente un año, jugando con un conejito.
-Nunca creí que te vería así, Gajeel.- bromeó Lucy al ver la imagen tan tierna que tenía ante ella. Y "tierno" no era precisamente un adjetivo que definiera a Gajeel. Él sin duda era el típico hombre con una faceta de duro, verlo jugando con conejitos no era exactamente lo que esperarías de él.
Levy rio al ver la expresión de molestia de su marido. La cual desapareció en cuanto su hijo posó las manitas en ambos cachetes de su padre, intentando recobrar su atención.
Tras una conversación amena donde se contaron todo lo que había acontecido durante el tiempo separadas, Levy procedió a sacar un rollo grueso de papeles que tenía guardado en la estantería de su desván. Lucy, quien durante su ausencia la había esperado en el salón, miró interesada y se acercó emocionada a su amiga.
El salón, que solo se encontraba iluminado por una vela, daba un ambiente íntimo y misterioso.
-Encontré varios relatos nuevos.- dijo haciendo crujir las hojas mientras las desenrollaba.
Lucy tragó saliva, impaciente por saber sobre la nueva historia que había hallado su amiga. Levy, a diferencia de la amazona, sabía leer y no dudaba en relatar a su amiga sobre las maravillosas narraciones que se encontraban guardadas en aquellas amarillentas hojas.
-Parece que traficáis con sustancias alucinógenas.- comentó Gajeel divertido al ver la escena que protagonizaban ambas mujeres. Él había lavado y acostado a su hijo mientras su madre recibía la visita. Cuando el niño se durmió al fin, pudo volver al salón, donde aconteció una de las escenas más habituales en aquella casa.
Levi acostumbraba a crear un ambiente relajado y tenue para sus lecturas, y el sabía perfectamente que no debía molestarla en aquellos momentos. No si quería seguir vivo. Pero cuando se reunía con Lucy… No había podido ver la semejanza y hacer en alto su comentario.
-Calla, y acuéstate.- dijo Levi malhumorada.
Gajeel carraspeó varias palabras que sonaron a "Buenas noches" y se fue. Lucy sonrió ante la estampa de la pareja, sin duda Levi había tenido mucha suerte de encontrar alguien a su altura y que la tratase tan bien.
-Cómo iba diciéndote, esta historia trata sobre dos dioses muy conocidos. Afrodita y Ares.
-¿Ares?- preguntó Lucy impresionada- ¿El padre de Erza? Es decir… de la Reina Amazonas.
Levi asintió con una sonrisa y se acercó al papel para comenzar el relato.
- Afrodita, la diosa del amor, la distribuidora oficial de pasión en el mundo, la más bella de las diosas, estaba casada con el dios herrero, Hefesto, el único dios deforme, feo, defectuoso, incapaz de suscitar ningún deseo ni siquiera en (la diosa del amor) ella. Se trataba de un matrimonio de conveniencia ya que Zeus temía que Afrodita fuera la causa de violencia entre los otros dioses. La diosa, en vista de que su marido no era muy apropiado para los asuntos de cama, ejercía, como casi todos los dioses griegos, una promiscuidad pública y notoria. A nadie le importaban los amantes, mortales o no, de Afrodita, y es que los escarceos sexuales estaban bien vistos entre los dioses; véase por ejemplo los encuentros que compartía con Adonis. Lo que no estaba tan bien visto era tener un amante oficial, ni mucho menos amar a otro que no fuera tu marido. Y eso era precisamente lo que le ocurría a Afrodita, que estaba locamente enamorada del dios de la guerra, el fornido y valiente Ares y con él mantenía una relación en secreto; una infidelidad en toda regla. Ares no era un amante más de la diosa del amor, era su verdadero amor.
Dos fuerzas, pasión y guerra, que estarán irremediablemente unidas para siempre, por mucho que quieran separarlas. Porque no se puede obviar el factor violento, el arrebato de deseo de los amantes más pasionales. Así, Afrodita y Ares eran la pareja perfecta, pero aquello era una historia de amor imposible, era un amor prohibido.
El marido de Afrodita llevaba tiempo sospechando que su mujer tenía algo más que amantes ocasionales, pero no estuvo seguro hasta que el dios Helios lo confirmó. Le contó que Afrodita y Ares, se dedicaban al amor cada día en su propia casa, en cuanto él salía por la puerta. Hefesto no quería consentir esa infidelidad y decidió tender a los amantes una trampa. Creó una red metálica invisible en torno a la cama y, al día siguiente, cuando Afrodita y Ares se lanzaban a la pasión, quedaron atrapados en ella. Allí estaban, el amor y la guerra, en plena unión, siendo observados por los demás dioses sin poder escapar. El escándalo en el Olimpo fue de los que hacen historia. Sin embargo, todos los dioses comprendieron que ni el amor ni la guerra son controlables, que la fuerza del deseo es imparable y que no hay leyes que puedan regir los sentimientos. Y así, la historia de amor escandaloso de estos dos dioses pudo continuar y continuará hasta el fin de los tiempos.
Lucy se mantuvo en silencio durante varios minutos, reflexionando sobre la historia.
-Oye, Lu, son las doce…
-¡Oh, no puede ser, Mirajane me va a matar!-salió de la casa corriendo sin ni siquiera despedirse, cerrando tras de sí y dejando a su amiga riéndose. "El tiempo pasa rápido cuando estás en buena compañía", pensó Levi mientras recogía las hojas para volver a colocarlas en su lugar.
-~.~-
Mirajane miró la silueta de su hijo desde aquel callejón donde había llorado la noche anterior. Una mujer albina, le dio un beso en la frente y apagó la luz de la vela.
"Rumores", pensó Mirajane. Habían sido rumores los que habían arrastrado a la amazona hasta aquel lugar. Un susto que casi provocó una parada cardíaca a la albina. Se apoyó en la pared, buscando relajarse antes de volver a reunirse con su hermana. Puso una mano en el corazón, en busca de su propio pulso para así notar como poco a poco este volvía a calmarse.
-¿Qué hace una dama por aquí a estas horas?- preguntó Laxus que había aparecido poco después de que Mirajane apareciera.
Al ver a la amazona llorando, prefirió permanecer en silencio hasta que la viera más calmada. Y es que el precisamente, era de los que se daba la vuelta para ir por otro camino cuando veía a una mujer llorando en plena calle.
-¿Desde cuando estás aquí?- preguntó tras dar un brinco del susto. Aquel malentendido había hecho que bajara sus sentidos y la presencia del guerrero le había pasado desapercibida.
-Desde que llorabas mirando a aquella ventana.- dijo mientras señalaba a la casa. Mirajane lo miró inquieta para apartar la vista al poco tiempo.
-Es mi hijo.- respondió para la sorpresa de Laxus. Mirajane tampoco entendió muy bien qué le llevaba a confesar aquello a una persona que no conocía y a la que además consideraba que pudiese ser peligroso acercarse demasiado. El rubio esperó a que continuara y ella se preguntó si se arrepentiría más tarde por abrirse de aquella manera.- Al nacer varones se van con su padre. Aun así, el amor de una madre no se lo lleva… Yo escuché que había muerto un niño o una mujer de esta familia, y me asusté.
Laxus quien conocía la verdad gracias a su visita al gobernador para llevar al pervertido de la posada, miró a la amazona comprensivo. Era amor materno lo que la había movido. A él también le hubiera gustado tener una madre así, no como la que le había tocado.
-Quien murió fue el padre.- le aclaró Laxus acercándose un poco más a la amazona. Esta estuvo al punto de retroceder, pero estaba aún superando el susto con lo que no le importó.
-¿Sting?- se le hizo un nudo en la garganta. Ahora Yukino sería quien cuidaría de su pequeño. "¿Tendrán dinero suficiente? ¿Podrá alimentarlo? ¿Lo querrá aunque no sea su hijo?", se preguntaba alarmada
-Está en buenas manos, no tienes por qué preocuparte, es una buena mujer.- respondió como si leyera la misma mente de la albina. Se volvió asombrada para preguntarle cómo había conseguido averiguar lo que necesitaba saber, pero los ojos lagrimosos del hombre la hicieron callar.
Laxus Dreyar no había sido educado para llorar, y menos delante de mujeres. Él había sido entrenado para convertirse un hombre de provecho. Desde pequeño, le habían alejado del género femenino hasta tal punto de menospreciarlo, pensando en la mujer como un ser inferior al hombre.
Sin embargo, dentro de ese mismo hombre estaba aquel niño al que nunca le había abrazado su madre. Nunca había sentido que alguien se preocupara de su felicidad o de si estaba a salvo ya que su padre consideraba que él debería salvarse por sí mismo. El éxito que tenía hoy en día era precisamente gracias al duro trabajo que había hecho Ivan Dreyar durante los años de su niñez para convertirlo en un hombre de provecho, o al menos eso era lo que decía su padre a todos sus amigos.
Aun así, ese niño seguía ahí. Y se había apoderado de su ser en cuanto vio las emociones correr por la cara de la albina. Esta era la primera vez que veía a una mujer preocuparse de aquella manera por su hijo, eso en la sociedad en la que había crecido estaba totalmente prohibido. Si tu madre se preocupaba por ti significaba que eras débil. Sin embargo, con Mirajane lo había visto. Y la herida que siempre había permanecido escondida y tapada, dolía.
-¿Te pasa algo?- preguntó Mirajane impresionada de que el rubio se hubiese abierto tanto a ella. Lo había hecho hasta tal punto de dejarle ver el lado más vulnerable de él.
Algo en Mirajane se encogió al ver aquella faceta de Laxus. "No es solo músculo, al parecer", pensó formando una línea con sus labios.
-No, nada, es solo que… -dudó antes de proseguir. Se sentía avergonzado por aquella situación. "¿Pretendes seducirla convirtiéndote en una mujer? Convive con ellas, no se acuesta con ellas", pensó Laxus. ¿Que le diría su padre si lo viese actuar de esa manera? Bueno, si estuviese delante ya hubiera recibido varias palizas por haber empañado sus ojos. –Me hubiera gustado tener una madre como tú.
-¿No tuviste madre?- preguntó Mirajane con curiosidad. – Lo siento si te hice recordar algo que no querías.- añadió al ver cómo Laxus permanecía ausente en sus pensamientos y no contestaba.
-No, tuve madre… Solo que no pude convivir con ella.- esbozó una sonrisa torcida a la albina. Ella supo que se estaba acercando a algo muy íntimo del guerrero y no podía evitar sentirse curiosa. Sin duda, había borrado todo rastro de la antigua preocupación que la invadía hace breves minutos. Laxus se volvió hacia la albina pues sabía que esperaba más explicaciones.- Mi padre no consentía que…
-¡MIRAJANE!- llamó una peliescarlata sin capucha, apareciendo furiosa por aquel callejón.- ¡No tienes ni idea de lo mucho que te he estado buscando! ¡Me tenías preocupadísima!
Laxus aumentó las orbitas de sus ojos, tenía enfrente a la que sin duda era la Reina amazona. Y era muy bella. No podía apartar su mirada del cabello que caía como llamas sobre sus hombros y se extendían hasta su cintura.
Mirajane, quien percató la mirada del rubio, se sintió un poco celosa de su hermana, por haber captado la atención del guerrero tan fácilmente. Y además, había interrumpido la conversación en un punto interesante. Ahora la curiosidad mataba a la albina.
-Está bien, lo siento.- respondió mientras se alejaba del guerrero y agarraba a su hermana para alejarla de aquel lugar.- Perdónala que no te salude, tiene una norma muy restrictiva de no hablar a los hombres.-dijo volviéndose al rubio quién aun miraba asombrado a la Reina.- Continuamos la conversación más tarde, tengo cosas que hacer.
Laxus salió del asombro un rato después de que hubieran desaparecido por donde vino Erza. "¿Norma de no hablar con hombres? Jelly lo va a tener difícil", pensó divertido.
-~.~-
-¡Esmeralda!-llamó Mirajane a la camarera.
Habían llegado a la plaza, con la capucha de Erza puesta para no llamar la atención. La Reina Amazona le había instado que no era capaz de dar aquel salto tan bruscamente. La albina se propuso el reto de hacerla hablar al menos con un hombre y así romper la barrera que tenía la muchacha hacia el sexo opuesto. La arrastró hasta la barra más cercana con un taburete libre. El elenco masculino le lanzaba miradas lascivas al ver las capas, pero ambas las ignoraron.
Erza, nerviosa por tener tantos hombres a su alrededor sin ser aquello una lucha, se sentó en el taburete y suspiró mientras su hermana insistía llamando a la camarera.
-Voy voy- respondió ella, ajetreada, poniéndole una gran jarra delante a Erza rellena de un líquido verdoso. Hecho esto, Esmeralda desapareció.
-¿Qué es esto, Mirajane? –Acercó la nariz para olerlo y la arrugó al momento.- Huele mal.
-Acostúmbrate, te vas a tomar muchas de esas.-la albina se acercó con una sonrisa amenazante a su hermana.
-¿Diez?-preguntó asombrada mientras daba el primer sorbo y componía una cara de asco.- Esta asqueroso, Mira, yo con esto no puedo…
-Erza, piensa en el vaso de esa cosa verde que nos daba Aya para curarnos de un resfriado… Esa que te dejaba como nueva.- empujó la jarra para que su hermana bebiese más y más rápido.
-¿Pero en qué me va a ayudar?- preguntó Erza mientras tosía varias veces antes de continuar bebiendo.
-Digamos que tiene una clase de elemento mágico que te hace soltarte más con los hombres.
-¿Magia?- preguntó Erza con un brillo especial en los ojos.
-Sí, magia.- dijo Mirajane exhibiendo su mejor sonrisa malvada. "Elemento mágico que aquí llaman alcohol", pensó para sus adentros mientras iba pidiendo la siguiente jarra para su hermana.
-~.~-
Jellal no podía creer que una noche más, la Reina Amazona no apareciera por la plaza. A este paso, todo aquel plan sería un fracaso. Encima, había tenido que hacer malabares para quitarse a una amazona de encima. Ni siquiera recordaba su nombre, aunque le hubiese repetido varias veces que era Ultear.
Al fin, despistó a la joven y consiguió volver a la plaza para proseguir con su búsqueda. La cual por ahora no había progresado.
Jellal se avergonzó así mismo, él podía considerarse el líder del grupo. Era cierto que su misión era la parte más difícil, él se encargaría de la Reina y de conseguir el cinturón. Pero no había avanzado nada. "Ni la conozco", se dijo angustiado tras continuar escrutando la multitud sin rastro alguno de escarlata a parte de las capas.
Sólo recordando el rostro de la muchacha de aquel encuentro, pudo calmarse algo. De nuevo, se descubrió pensando en ella, sobre quien era y donde vivía. Durante el día, deambuló por las calles junto a Natsu en busca de la muchacha, pero no halló nada. Ni siquiera la gente a la que le preguntó pudo ayudarle.
Se dirigió a la barra del bar para pedirse una bebida no alcohólica pero, para su sorpresa, vio dos figuras cubiertas por una capa escarlata, acomodadas en la barra. Era extraño pues todas las amazonas solían colocarse en el interior de la plaza, estar allí no les daba la oportunidad de socializarse.
Continuó acercándose hasta que una de las figuras se giró. Reconoció ese rostro al momento. Era el rostro angelical que mantuvo su mente ocupada durante todo el día. "¿Ella es amazona? Juraría que su capa ayer era oscura…", pensó, aún paralizado por la impresión. La otra figura se volvió a Erza, dejando a la vista su rostro al guerrero. "Esa es Mirajane…", pensó Jellal mientras intentaba conectar todo entre sí.
Esta se giró hasta encontrarse con la mirada del guerrero.
-Ara ara, Erza creo que ya estas preparada, dile algo a él.- la animó Mirajane por lo bajo, sin apartar la mirada del aún descolocado peliazul.
-No hace falta que me ordenes nada, Mirajane. –apartó de un manotazo la cuarta jarra vacía. Su hermana se rio, había tardado como casi treinta segundos en responder. "Quizá me pasé dándole cuatro, es la primera vez que bebe…", pensó Mirajane.
De un salto que le costó casi perder el equilibrio, se levantó. Su hermana tuvo que aguantarse la risa de nuevo. "Definitivamente, me he pasado.", se rio por dentro.
Dio unos pasos, decidida, hacia Jellal hasta colocarse en frente de él. Este la miraba fijamente, sin saber que esperar. Su mente aún buscaba la conexión entre los hechos. Todos le apuntaban a la Reina Amazona, pero en su cabeza no cabía como una mujer que aparentara ser delicada fuera tan letal.
Erza clavó sus ojos en los de él.
-Llévame a tu cama
Y aquí acabo el capítulo, ¿que pasará? ¿descubrirá Jellal de una vez que esconde tras esa capa ese rostro angelical? ¿Que más ocurrirá con Erza ebria? ¿Que le pasará a Lucy mientras corre hacia la plaza? ¿Conseguirá Gray llevar a la cama a Juvia? Oh, esperad, eso eran cosas de Juvia... ¿o no? xDDDDDDD
En fin, espero que os haya gustado. :3
Ahora respondo reviews:
Lady-werempire: Pues si, se volvieron a ver. Aunque no en condiciones muy normales que digamos jajajajaja Ahora falta saber que pasará :3 Gracias *O* A mi me encanta que te encante mi fic :3 jajajajaja
Guest: Me alegro que te gustara la última parte, Mirajane puso (o al menos lo intentó) a cada una en su lugar. xDD Pues espero que sigan alegrándote los días *w*
DanaLovesOhana: A ver como respondo a los comentarios en orden xD
1.- Sí, yo creo que esa es una de las cosas más duras (sino es la más) de la vida de una amazonas. Y por eso me decidí a comentarla con Elfman. Y si, bastante estrictas, es que pillan a un hombre por ahí y lo sacrifican sin piedad xD. Pues si, se lo quita bien poco, exceptuando en las visitas al pueblo de los gargarios. Sin duda, lo tienen bastante difícil... Pero el título a modo de recompensa es bastante jugoso xD
2.-En realidad la parte de la edad me preocupó mucho al principio, pero es que anteriormente los chicos comenzaban a casarse y procrear a muy temprana edad debido a que la esperanza de vida era mucho más baja... Sobre todo cuando más de la mitad de infantes no llegaban ni a la adolescencia antes de morir por alguna enfermedad... Sobre todo me da cosa por Juvia, que es la más pequeñas de todas :'). Pues si, la esclavitud es otro de los pilares de esa sociedad. Y Jellal tuvo que vivirlo de primera mano :'(. Laxus choca con Mirajane en muchos aspectos y no lo tiene fácil para seducirla, de hecho pudiste ver que abrió la boca y perdió todo el encanto para la amazona jajajajajaja
3.-El truco es imaginarse siempre a Loke con pequeños destellitos a su alrededor jajajajaja Sí, al principio pensé en poner otro personaje... Pero Karen es el personaje más en común que tienen ambos a parte de Lucy y... al fin y al cabo, acaba haciendole daño a ambos tras irse con las amazonas.
Y al final, todos ellos tendrán que defenderse de ellas xDDD
4.-La voluntad de los dioses u.u Hizo que su hija sufriera lo peor posible para que nunca más se quejara de dolor alguno ni tuviera miedo a que le hicieran daño.
Pues si, es muy injusto. Al menos tiene una familia agradable que lo acoge y le da cariño...
5.-Exacto, Kagura entra en el perfil perfecto de amazona jajajaaja Al fin encontró su verdadero lugar en el mundo, un sitio donde le dejan ser tal y como es. :)
6.-Laxus está tratando con la demonio amazona, tiene que entenderlo. Hasta entonces, seguirá jugando con fuego cada vez que intenté seducirla con sus... métodos varoniles jajaajajajaj Jellal hizo su entrada cual príncipe azul de cuento de hadas, solo que esta vez la princesa es un tanto distinta a los cuentos xD
7.-Jellal se enamoró de Erza, si. Ahora solo le queda averiguar que esconde esa capucha de la capa jajajajajajaja Estoy totalmente de acuerdo, el patriarcado por aquellos entonces era brutal. Las mujeres pintaban lo mismo que esclavos, no tenían ninguna libertad. Gracias a muchas mujeres luchadoras, hoy en día somos tan libres como cualquier hombre. *^*
Sí, Mirajane tuvo que tomar las riendas de la situación y puso a cada una en su lugar (o al menos lo intentó). En este capítulo mismo, tomó medidas drásticas.
AmeliaCipri: Jellal cayó rendido a los pies de la amazonas jajajajaja Queda que descubra que hay detrás de esa capa xDD Mirajane ha tomado medidas drásticas en lo que conlleva al comportamiento de sus hermanas jajajajaj Queda ver que hará respecto a Juvia y Lucy xDD Me alegra que te guste como avanza el fic *-* ¡De nada! A ti por leer y comentar desde casi el ppio del fic :3
¡Muchas gracias por las reviews! *w*
¡Hasta dentro de dos semas! Que os vaya bien y que si os bañéis en un lago, no os visite Ares xD
Gracias por leer y... ¡Nos leemos!~
