¡FELIZ AÑO NUEVO! *^*
Subo este capítulo desde la cama, recién levantada xDDDD Pero bueno, ¡me dio tiempo a subirlo! Así que me voy a volver a dormir en cuanto suba esto :')
Ni Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen
Capítulo 11 – Wendy Marvell
En la mansión del poderoso Brain, una chica menuda tiritaba en el suelo de su pequeña habitación bien entrada la noche. Se abrazaba las piernas de manera que quedaba en posición fetal. Intentaba dejar de llorar, pero las lágrimas corrían por sus mejillas sin descanso y todo era porque sus peores pesadillas se habían hecho realidad. Se sentía tan impotente que clavaba sus propias uñas en las palmas, intentando que el dolor remitiese su miedo.
Cuando era pequeña le gustaba pasear de la mano de su hermano, saludar a todo transeúnte que se cruzase con ellos, aunque fuese desconocido. Era risueña por naturaleza y siempre llevaba flores a su madre de vuelta a casa.
Todo aconteció cuando tenía la temprana edad de seis años, su padre había fallecido años atrás y la familia Fernandes pasaba momentos económicos terribles. Jellal quien prometía ser una figura importante el día de mañana, no estaba preparado aún para dar el salto a la sociedad y trabajar. Su madre, inducida por el temor de caer como esclavos toda la familia, decidió dar uno de sus dos tesoros más preciados, con la esperanza de que cuando Jellal obtuviese dinero suficiente, la traerían de vuelta a su casa. Y antes de que le bajase su primer periodo lunar a ser posible.
Al principio le costó adaptarse a una casa donde nadie venía a arroparla por las noches o a tranquilizarla cuando se hacía una herida. Tuvo que limpiar sus propias lágrimas en soledad mientras los de alrededor menospreciaban a una niña que nunca en su vida había servido y tenía muy poco conocimiento de los quehaceres diarios. Pero poco a poco fue esquematizando en su cabeza a quienes debía temer y con quien fraternizar entre el servicio. Y fue así como Obaba Marvell se convirtió en su único y esencial apoyo. Una anciana que se encargó de enseñar a Wendy que era lo esencial para sobrevivir como criada en aquella casa.
El día que Jellal, convertido en un guerrero estrella de Argos, vino a llevarse de vuelta a su hermana; esperanzada, hizo las maletas dando por hecho que su hermano del alma lo conseguiría. Con brillo en las mejillas, lo vio aparecer después de tantos años sin verlo. Se sorprendió al verlo tan alto y musculoso. Se había convertido en un hombre y dedujo que apuesto por todas las miradas lascivas que recibió de las demás empleadas de la casa.
Con cada negativa que le daba su Señor, Brain, el alma de Wendy se rompía más. Aquello para ella siempre había sido un túnel, uno cuya luz era su hermano que la esperaba al final, dispuesta a arrancarla de aquella oscuridad. Sin embargo, tras la suma de tantas negativas, consiguió descubrir que aquel túnel se había convertido en su hogar. La encerraría para siempre, la posteridad la aguardaba en la oscuridad de aquella cárcel.
Desde entonces, no volvió a sentir ganas de sonreír. Como una flor seca, caminaba cabizbaja por los pasillos de la casa, cumpliendo sus tareas en silencio. Solo se permitía ligeras conversaciones con Obaba, la única mujer que verdaderamente se preocupaba por ella. Y fue su preocupación la que la llevó a un boticario de la ciudad. Deseaba alargar lo máximo posible el primer periodo lunar de la muchacha, además de que sus senos y curvas se desarrollasen lo mínimo para que el Señor Brain no se fijase en la muchacha de esa manera. Al menos hasta que le bajase el periodo lunar. "Ya pensaremos algo cuando te baje, por ahora tomate esto", le decía Obaba mientras le tendía una infusión cada noche.
Al final, la infusión funcionó y su pecho seguía igual de plano que el del día que entró como esclava en aquella casa. Y ni sus curvas ni su altura habían cambiado. En cierto sentido, había crecido con el cuerpo de una niña.
Toc toc toc
-¡Wendy! –la llamó desde el otro lado de la puerta. A la anciana le dolía cada músculo del cuerpo después de haber pasado todo el día cocinando.-Como no bajaste a cenar, te traigo la infusión.
Al no escuchar respuesta de la muchacha, no dudó y entró. Encontró a la muchacha en posición fetal debajo de la ventana. Suspiró y tras dejar la bandeja de comida sobre la cama, se acercó para tranquilizar a la muchacha.
-¿Qué te dijo Brain?- le preguntó con tono cariñoso.
La muchacha con las mejillas rosadas, elevó la vista. Sus lacrimógenos ojos encontraron a la mujer que le brindaba apoyo, como en todas sus crisis. Formando una línea con sus labios, espero a que los sollozos remitieran para poder responder a la mujer.
-Nada fuera de lo normal.- desvió la mirada de la anciana para posarla en el armario que había desbaratado minutos antes, la anciana la miró confusa.
Wendy, sin ganas explicarlo por ella misma, se levantó. Llevaba puesto el vestido azul con el que solía servir cada día. Como era lo habitual, estaba lleno de manchas de suciedad, solo que había una nueva que llamaba la atención sobre las demás.
Una mancha roja justo por la zona íntima de la niña delataba la razón. La anciana se llevó una mano a la boca. Lo peor pronosticado acababa de cumplirse.
-~.~-
-Os lo repito por última vez, prefiero ir sola.- dijo la peliescarlata antes de irse a paso ligero por aquellas calles que turbaban su cabeza de malos recuerdos.
Sus hermanas atendieron como la figura de la amazona iba desapareciendo hasta que dobló una esquina, que precisamente no llevaba a la plaza.
-Está perdida…-susurró Lucy antes de suspirar. Se volvió hacia sus hermanas con un gesto serio.- Nos lo tenemos merecido, no hemos sido de gran ayuda…
-¿Y qué vamos a hacer?- preguntó la albina que se abrazaba a si misma sin saber muy bien que hacer al respecto. No le gustaba dejar a su hermana sola en un sitio donde podrían acosarla.
-Es Titania.-contestó Juvia como si hubiese leído el pensamiento de su hermana mayor e intentara tranquilizarla.- Sabrá cuidarse por sí sola.
Mirajane solo asintió y volvió a continuar su caminata con sus hermanas. La noche anterior, ninguna había asistido al pueblo, pendientes de la recuperación completa de su hermana que no volvió a mostrar ningún síntoma de embriaguez. "Tengo que pedirle la receta de ese mejunje", se apuntó Mirajane para sus adentros. "Seguro que Poluchka le da buen uso…Siempre se está quejando de que muchas amazonas van ebrias a pedir tratamiento.".
La plaza estaba abarrotada cuando llegaron, la gente gritaba en alto palabras indescifrables para el oído de las jóvenes. Escrutaron la multitud en busca de los guerreros que habían dejado de ser un peligro para ellas, según sus deducciones. La primera en encontrar a su objetivo fue la peliazul que tras gritar el nombre de su amado, corrió en su búsqueda. Este se hallaba bebiendo, medio desnudo, en la barra cuando la amazona lo abrazó con fuerza por detrás.
-¡Juvia! ¡No me des estos sustos!- gritó este, aunque en el fondo se alegraba de ver a la muchacha de sonrojadas mejillas que lo observaba con adoración.
Por otro lado, la rubia y la albina se habían dirigido en unísono hacia una aglomeración de personas que se habían reunido alrededor de una mesa donde un rubio y un pelirosa se habían sentado en cada extremo, pendientes de comenzar el encuentro.
-¡Laxus te voy a vencer!- dijo el menor cuando ya tenía su camiseta remangada y colocaba su codo en la mesa.
-Eres un pesado…-fue lo único que respondió el rubio. El guerrero, harto de escuchar al pelirosa insistir sobre luchar, había decidido darle una paliza en un pulso. "Al menos no le haré mucho daño", pensaba este que había sopesado las diferentes maneras de darle un buen escarmiento a su escandaloso amigo. Imitó el acto de Natsu, y colocó el codo en la mesa. Así esperaba mantener al pelirosa durante un tiempo callado y quizá así se desviaría en luchar contra Gray y Jellal.
-Que comience en… –comenzó a decir un borracho que se había proclamado árbitro del improvisado encuentro. Alrededor de la mesa no solo había borrachos, sino amazonas que miraban lascivamente al rubio. El pelirrosa el cual no podía estar quieto de la emoción del momento, no llamaba tanto la atención como su compañero entre las filas de las amazonas. "Al fin demostrare a Laxus que soy invencible.", pensaba indiferente mientras se palmeaba el músculo que iba a utilizar para luchar contra su amigo. Juntaron sus manos y esperaron a que diese comienzo.- tres, dos, cuatro, ¡UNO!
El rubio no se esperaba que contase mal y estuvo a punto de ser tumbado por un sobresaltado pelirosa. Tras estabilizar el juego, mantuvo la fuerza constante. Su idea era prolongar lo máximo posible el encuentro y así el pelirosa se iría contento del encuentro. Le daba escalofríos pensar en la anterior noche, cuando esperando a las amazonas que no hicieron acto de presencia tuvo que aguantar demasiadas horas de parloteo sin sentido del pelirosa. "Solo grita", se decía para sus adentros antes de darse otro chute de licor para así desconectar de la "conversación" de su amigo.
Pensó en darle más tiempo de tensión, pero unos ojos azules aparecieron tras un grupo de borrachos. Laxus identificó a la muchacha al momento, Mirajane. Con un movimiento, tumbó el brazo de Natsu, ganando la partida. Acto seguido se levantó y comenzó a apartar a la gente que lo vitoreaba a su alrededor.
-Yo pensaba que iba a ganar Natsu, de hecho lo estaba animando.- le dijo Mirajane con una sonrisa juguetona.
Laxus se hizo el dolido, aun con una sonrisa.
-Eres cruel, Mirajane.
-Y tu un machista opresor.
-¿Dejarías que este hombre opresor te invitase a una copa?- preguntó Laxus ofreciendo el brazo a la amazona que levantó una ceja.
Aislados, no se dieron cuenta cuando Lucy se lanzó en la ayuda de Natsu que yacía en el suelo deprimido.
-Oye, no te deprimas, seguro que a la siguiente lo consigues.-intentó animarle tras agacharse y ponerse a su altura, con una gran sonrisa.- Solo debes de entrenar un poco más.
Este alzó el rostro, ya mucho más calmado y sostuvo la mirada a la rubia. La amazona no pudo evitar sonrojarse con la mirada intensa del pelirosa. Le pareció que el tiempo transcurría más lento y que ambos eran los únicos en aquel lugar. Esperó que el guerrero mencionase algunas palabras profundas justo como la anterior vez, sorprendiéndola. Sin embargo…
-¡Tienes razón, Luce! ¡Vamos a entrenar!- la agarró de la mano y comenzó a arrastrarla como tenía por costumbre.
-¿Que!- protestó la rubia esta vez sin importar ser arrastrada, porque ahora significaría que estaría con él y conocería un poco más a ese guerrero que resultaba ser una caja de sorpresa cada vez que conversaba.
-~.~-
Erza Scarlet se había perdido. Pero no iba a rebajar tanto su orgullo como para volver hacia donde se había despedido de su hermanas y pedir su auxilio. No.
Por ello, gracias a su buena complexión física, comenzó a trepar por una casa que no ofrecía ningún rastro de luz desde el exterior, con lo que no asustaría a nadie que tuviese la idea de asomarse a la ventana. Tras conseguir llegar al tejado pudo ver donde exactamente estaba la plaza, justo en dirección contraria por donde había decidido ir. Orgullosa de haber tenido aquella gran idea, continuó saltando entre tejados para acercarse lo máximo posible a la plaza.
No tenía por plan dejarse ver en aquel lugar por dos motivos. El primero era que no tenía ganas de ser acosada, tal y como fue hace un día. Y el segundo era Jellal Fernandes. La vergüenza la carcomía cada vez que recordaba todo lo sucedido en aquella noche y no encontraba palabras que decir a aquel hombre. "Aunque seguramente, después de todo lo ocurrido, no querrá volver a verme", pensó mientras observaba la multitud bailar desde el tejado de una casa que colindaba la plaza.
Había tenido suerte en encontrar aquel rincón en el que nadie se fijaría ya que estaba oscuro y solitario. Erza se observaba las manos, escuchando la música de fondo. "¿Qué pensaría mi padre si supiera lo que pasó anoche?", se preguntaba Erza mientras un ligero temblor la recorría. "Seguramente ya lo sepa, es un Dios. Lo raro es que no haya venido a asesinarte por no comportarte como es debido. Se avergonzará de ti ahora mismo.", pensaba mientras el temblor que antes la había recorrido se hacía constante. "No pienses que habrá dejado de tomarte como su hija e ignorará cada error que cometas. Volverá para matarte y así dejes de avergonzarle, manchando el nombre de los Dioses. O peor, puede que te den el mismo trato que hace unos cuantos años." Cerró los ojos mientras revivía aquellos momentos.
Llevaba un día entero con aquellos pensamientos, con el miedo de que su padre hiciese su aparición para torturarla justo como años atrás. El cinturón seguía en su habitación, formando aún parte de su vestimenta diaria, eso le marcaba que ella continuaba siendo la imagen de la hija de Ares. Era un cinturón pesado, y no precisamente por sus materiales. Sino porque llevarlo suponía demasiadas responsabilidades. Y Erza había sobrepasado muchas.
-Sitio peculiar para pasar una noche de fiesta.- dijo una voz a su espalda.
De un salto, Erza se puso en alerta, esperando encontrar la figura imponente de Ares. Pero hallándose la esbelta figura del peliazul.
Erza, aún temblorosa, se volvió a sentar y encogerse, envolviéndose a sí misma para disimular su frágil estado sentimental. Ella no entendía como Jellal podía hallarla siempre en los momentos en los que se sentía tan frágil. Primero con aquel atacante, luego la borrachera y ahora esto…
El peliazul, confuso por no recibir respuesta alguna, se sentó a su lado en silencio. Buscó el rostro de la amazona, pero este estaba oculto entre sus brazos.
-¿Cómo te encuentras?- Erza no pudo evitar pero asombrarse por la capacidad deductiva del guerrero. "¿Se ha dado cuenta de que estoy teniendo flash backs sobre aquel…?", se preguntaba hasta que fue interrumpida por Jellal.- Me refiero a lo de la borra…
-Bien.- le cortó antes de que continuara. Levantó un poco su mirada y suspiró entrecortadamente antes de continuar.- Lo siento por lo del vómito y destrozar tu habitación…-le dijo antes de volver a su posición inicial. Dudó un poco más antes de añadir.:- y por el forcejeo, nadie intentaba violar a Mira.
-Todo está bien.- respondió mientras sonreía enternecido por la amazona que continuaba oteando el horizonte.- Oye, hemos tenido un mal comienzo.- la amazona no le devolvió la mirada mientras hizo una pausa.- Me gustaría empezar de nuevo contigo.
-¿A qué te refieres?- preguntó Erza ahora si volviendo la vista hacia el hombre que la miraba sonriente. Se sonrojó al cruzar su mirada con él, con lo que volvió a mirar al frente.
-Presentarnos de nuevo, y hacer como si lo ocurrido anteriormente no pasó.- Erza miró al infinito, aun pensando en las palabras del peliazul. "¿Tanto le importa nuestra relación?", se preguntaba con un cierto deje de nerviosismo extraño que hacía que su estómago se contrajese.-Jellal Fernandes.
Le tendió la mano aun sabiendo que la peliescarlata no le miraba fijamente. Tras un silencio de varios segundos de suspense, la amazona se volvió y le tomó la mano que misteriosamente había dejado de temblar.
-Erza Scarlet.-respondió la amazona mientras los demonios que su padre había despertado en su cabeza, desaparecían.
La peliescarlata, sin esperar a que el peliazul cambiase el tema de conversión se apresuró a preguntar:
-¿Cómo me has encontrado?
-Pues me encontraba deambulando por las calles cuando escuché ruido sobre los tejados –la amazona se sonrojó. "Al parecer no fui tan silenciosa como pronostique ser", pensó-y me sobresalté. Subí para saber de qué se trataba y te vi.
-¿Y qué hacías deambulando por las calles con la fiesta que hay montada ahí abajo?- preguntó la amazona mientras escrutaba la multitud, intentando adivinar donde estarían sus hermanas.
-Sí, bueno- comenzó a revolverse el pelo, sin saber cómo responder lo que tenía en mente.- ¿Conoces a esta amazona que lleva un lazo en el pelo?
-¿Ultear?
-Sí, esa.- contestó al momento.- Bueno, me la he vuelto a encontrado y, ¿no tiende un poco a controlar a la gente cuando está ebria?
Erza no pudo más que contener la risa. Era cierto que Ultear era algo manipuladora cuando quería algo de alguien, pero eso se intensificaba si ella perdía el autocontrol. Y eso pasaba cuando estaba ebria.
-¿Qué te hizo?- preguntó la peliescarlata preocupada pues sabía que su amiga era poderosa en ese sentido.
-No quieras saber.- sacudió la cabeza quitándose el recuerdo de su cabeza y se volvió a la mujer que tenía a su lado. La cual tenía un mechón suelto que cayó por su frente, exhibiendo un poco de su cabello. Intentó ignorar el hecho de que su corazón se aceleraba con esa imagen tan adorable de una mujer tan letal como aquella.- ¿Te gustaría dar una vuelta? Si tuviste que ir por los tejados he de entender que lo hiciste por no tener orientación sobre las calles.
La peliescarlata asintió, levantándose con el guerrero.
Sin mirar atrás, bajaron con la rapidez de un experto del tejado y comenzaron a deambular por las calles. Con la experiencia de alguien que llevaba solo unos pocos días en el pueblo, comenzó a enseñarle los sitios esenciales. Ambos no recordaron cuando dejaron de hablar sobre la localización y solo se dedicaban a hablar sobre sus propias vidas y costumbres. Sin ahondar en problemas internos como era el trauma de la amazona o la pérdida de la hermana del guerrero. Tampoco consiguieron recordar cuando sus manos se habían entrelazado.
-~.~-
Wendy temblaba mientras recorría los pasillos de la gigante casa, en silencio y a oscuras. Finalmente, consiguió llegar a las caballerizas, donde Obaba la estaba esperando con lo que sería su equipaje.
Acarició la yegua que sería su única compañera en aquella aventura y se volvió hacia la anciana.
-Te he metido comida ahí dentro, lo suficiente para que te aguante en el camino entre los puntos de encuentro.-acercó un mapa a la muchacha.- ¿Ves este camino azulado?- preguntó Obaba a la muchacha que asintió.- Tendrás que seguirlos. Todas las mañanas te levantarás y no pararas de caminar o cabalgar hasta que llegues a este punto. No te pares ni con nada ni con nadie.
-Lo entiendo, Obaba. Pero, no tengo dinero para costearme el hospedaje. Ni la seguridad de que nadie me encuentre.
Ella conocía perfectamente las consecuencias de escapar de su Señor. Y no tardarían en acudir en la búsqueda de la muchacha, y si la encontraban hallaría la muerte.
-Haces bien en tener esas preocupaciones en mente.-apuntó la anciana satisfecha de la muchacha.- Pero en estas ciudades no hará falta que te preocupes por eso, tendrás que acudir a los sitios que tienen estos símbolos en el cartel de su posada.- había tomado la precaución de no escribir el nombre debido a que la niña, no sabía leer.- Y deberás decir que eres la hija de Obaba. Mañana mandaré cartas a todos los hostales para avisar de tu llegada. Son viejos amigos míos, no dudaran en darte cobijo durante una noche y ocultar tu identidad. Pero es importante que actúes como mi hija.
Wendy solo asintió y guardó el mapa en su mochila con cuidado. Luego se volvió a la anciana.
-Deberás llegar al pueblo de las amazonas cuanto antes.
-¿Quiénes son las amazonas?-preguntó la niña mientras acomodaba el equipaje sobre la yegua blanca que se quejó por el peso. La niña comenzó a acariciarla para acallarla.
-Son mujeres que son independientes de este gobierno, allí te podrás refugiar. –Sostuvo su barbilla y le sonrió.- Solo admiten mujeres, no deberás temer por más a los hombres.
-Pero, Obaba.-respondió entristecidas.- ¿Le dirás a mi hermano porqué me fui y donde me puede buscar?
-Las amazonas no son muy abiertas a recibir a los hombres…-le comentó la anciana, insinuando que no podría volver a ver a su hermano.
-Pues dile que le quiero, y que no le culpo por todo lo que pasó.-contestó Wendy con tristeza, aunque no duró mucho en hacerse a la idea. Llevaba demasiados años con el pensamiento de que no lo volvería a ver. Pensando que nunca sería libre.
-Se lo diré.-dijo la anciana mientras la abrazaba entre lágrimas.-Ahora preocúpate en huir y sobrevivir. Recuerda que cada minuto puede significar la vida o muerte.
Tras darse otro largo abrazo que esta vez les hizo demorarse más de lo debido, la niña se subió a la yegua que bautizó como Charle y sonrió por última vez a la anciana.
-No te olvides de correr.- dijo la anciana sorbiéndose la nariz mientras la niña salía cabalgando.
Wendy sentía miedo, a ser atrapada por aquellos que comenzarían a buscarla en cuanto supieran que había huido. También tenía miedo hacia el camino desconocido que se plantaba delante de ella, cuando ella siempre había vivido o encerrada en su casa, saliendo únicamente con su hermano, o encerrada en la mansión de su amo.
Wendy sentía tristeza, por Obaba que quedaba sola y abandonada en los últimos años de su vida. También tenía tristeza porque se alejaba de la posibilidad de volver a rencontrarse con su hermano y vivir la vida que tanto había ansiado recuperar.
Pero el miedo y la tristeza siempre fueron sentimientos constantes en la vida de Wendy Fernandes.
Sin embargo, algo nuevo anidaba en ella.
Wendy sentía felicidad. Ella tenía nuevas posibilidades. Al fin aquel túnel abría paso hacia un arcoíris que se asomaba al fondo. Solo necesitaba correr un poco más rápido de lo normal hacia él.
Wendy sentía libertad. Porque no había necesitado a su hermano para salvarla, ella se iba a salvar por sí misma.
Y así fue como Wendy Marvell, con un nuevo apellido que la liberó de su anterior vida, inició su viaje.
Pues se acabó *^* Espero que os gustara ^^
El siguiente es en dos semanas :3 Yyy suerte a los que como yo tienen que ponerse a estudiar muy fuerte por los exámenes de Enero :')
En el siguiente responderé los comentarios :3 Y me pondré al día con los fics que muchos habéis actualizado, ahora me voy a dormir xDD
¡Un abruso enooorme!
Nos leemos~
