¡Muy buenas! *^* Lo sé, tarde mucho en publicar el siguiente capítulo, no me matéis T^T Es que hasta el viernes, no tuve ocasión de retomar la escritura T_T Y pues a su vez, tuve que publicar antes el epílogo de Lealtad :') Pero bueno, estoy aquí para quedarme, asi que espero retomar mi hábito de escritura *^*

Ahora, además, estoy construyendome notas más específicas porque antes me había escrito lo básico... Y me estoy dando cuenta que es más útil tenerlo apuntado todo bien esquematizado a tener que estar mirando una cada dos por tres los anteriores capítulos... (Sí, soy novata y me acabó de dar cuenta :'()

Aun así espero tener nuevo capítulo la semana que viene (todo depende de que mi amiga que corrige el capítulo antes de que lo publique tenga tiempo para leerlo-releerlo-rereleerlo-rerereleerlo-etc... y mandármelo jajajajaja).

Dicho esto, os dejo con el capítulo que aviso que será uno más serio respecto a los anteriores debido a que tratamos temas serios u_u

Ni Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen, son de Mashima. El mismo que aún no ha sacado a Jellal en el manga (PORQUÉ, MASHIMA?! PORQUÉ?! :''''( Juega con mi kokoro cada Lunes...)


Capítulo 12 - Consecuencias

Solo había una cosa que corría más que el veloz caballo de Natsu, Happy, y eso eran los rumores. Y es que, esa mañana, no se podía hablar de otra cosa que no fuese el jugoso cotilleo que involucraba a uno de los hombres más poderosos del continente. Brain.

-Si es que bien se sabe que una vez que eres esclavo, muy pocos consiguen la libertad sin sacrificar su vida a cambio…- dijo una mujer mientras le entregaba el dinero al hombre que mensualmente le traía telas de la ciudad de Argos.

Al poco tiempo, esa misma mujer compartía la información con la panadera.

-Hay que ser inconsciente como para escarparse de la casa de un amo… -comentó la panadera.- Y más siendo este no otro que Brain… El amo y Señor del comercio de esclavos…

-Y tan inconsciente que le costó muy caro aquel acto…

-Pobre… -pensó en alto la panadera, pues al igual que la mayoría de personas, no estaban a favor de la esclavitud. Todo el pueblo tenía conocidos muy cercanos que habían acabado siendo un esclavo más de entre tantos y conocían las consecuencias intrínsecas de serlo.-¿Se sabe su identidad?

-Solo que se trata de una mujer.-la otra recogió la barra de pan y se dispuso a salir, no sin antes añadir.-Cada vez hay más esclavos que libertos...

Al poco tiempo, la panadera fue a visitar a su hijo que regentaba un puesto en el mercado, donde vendía vino. Tras darle varias hogazas de pan a su mujer, que lo acompañaba a la hora de atender al público, cogió a su nieto recién nacido en brazos y comenzó a relatarles los sucesos acontecidos en Argos que estaban en boca de todos los paisanos.

Y esas mismas palabras acabaron llegando a José, el hombre que se había acercado al hostal para abastecer a Gildart de cerveza.

-Y pensar que una esclava de la mismísima casa del Señor Brain trataría de escaparse de la mansión… ¡Solo consiguió la muerte!

Jellal había levantado la cabeza de su plato de gachas desde el primer momento en que había escuchado el nombre de Brain acompañado de la palabra esclava. Su atención se desvió hacia aquella conversación que tanto le preocupaba. La posibilidad de que algo le hubiese pasado a su hermanita hacia que una pequeña capa de sudor frío comenzase a aparecer en su frente.

Se escuchó el chirriar de una silla al ser arrastrada y todas las cabezas volaron hacia el peliazul, que miraba fijamente a los hombres que continuaban dialogando. Laxus, sin llegar a entender qué había hecho que el paciente y calmado Jellal se alterase, se levantó con él, siguiendo la vista de su compañero. Tardando un poco más, los otros dos guerreros imitaron las acciones del rubio hasta concentrarse en la conversación.

-Hay que ser temerario para cometer una acción tan descabellada… Y más siendo mujer.-había continuado José, ajeno a la mirada intensa de los muchachos.- Si es que las mujeres no saben hacer nada sin supervisión de un…

Jellal había cruzado la sala de unas cuantas zancadas y había golpeado la barra, haciendo que todos acallaran. Gray, quien lo había seguido con el resto de sus compañeros, agarró el brazo de su amigo y le pidió que se calmara.

-¿Cómo se llama la mujer?- fue lo único que preguntó una vez que tuvo la atención de todos los presentes.

José lo miraba con miedo, sin saber si correr a buscar un sitio seguro o tartamudear una respuesta. Viendo la huida como una opción poco factible dado que eran cuatro hombres fornidos, optó por lo segundo.

-N-no lo sé.

Jellal se inclinó hacia el hombre para amenazarlo aún más.

-E-es verdad.-le dijo el hombre mientras ponía las palmas de sus manos entre ambos, buscando ese espacio robado.-No me dijeron el nombre, solo que es una mujer…

El peliazul apretó la mano, formando un puño que se dispuso a incrustar en la cara de aquel hombre. José cerró los ojos, esperando el puñetazo. Sin embargo, una voz lo sacó de su espera.

-Jellal, creo que dice la verdad.- dijo Natsu mientras observaba como José le agradecía con la mirada.

Tras dejar al hombre recuperando el ritmo de su respiración en aquel taburete que era lo único que le permitía mantenerse en pie y no caerse por el temblor de piernas, se fueron a la habitación de Gray con el semblante serio. Dejaron atrás una taberna en silencio que volvió a la normalidad en cuanto todos los guerreros abandonaron el lugar.

-Tengo que volver.- concluyó el peliazul mientras daba círculos por la habitación sin parar, nervioso. Y es que se esperaba lo peor. -Venga, Jellal,-lo intentó calmar Gray- Brain tiene a cientos de esclavos trabajando en su casa. Hay muchas posibilidades de que sea una de sus otras esclavas, no Wendy.

-Pero necesito saber si es ella o no.- Jellal sacudió la cabeza, aún con la imagen de su hermana muerta.-No puedo quedarme sin saberlo.

-Jellal, estás aquí para hallar la manera de liberarla.-le dijo Laxus, cruzándose de brazos tranquilo.- ¿Estás dispuesto a sacrificar la posibilidad de salvar a tu hermana de Brain por un rumor?

El peliazul miró hacia el suelo, pensando en las palabras de su hermano, para sopesar las palabras. Levantó la mirada hacia su amigo.

-Lo sé, pero necesito saber si está bien…

-Enviémosle una carta a Makarov, él nos dirá lo que ha ocurrido…-dijo Natsu mientras agarraba un trozo de papel que Gray guardaba en su mesa y buscaba la pluma.

-Tardará en responder…

-¿No querías saber sobre el estado de tu hermana sin perder el trabajo?- Natsu levantó la mirada de su búsqueda para lanzarle aquella pregunta a Jellal quien suspiró.

-Está bien, pongámonos en contacto con Makarov

-~.~-

-¡Natsu deja de comer!- exclamó Lucy con desesperación.

No recordaba en qué momento se le había ocurrido llevar a Natsu a cenar a la casa de su amiga Levy. Ni como había concluido en que hacerlo sería una buena opción. Pero viendo el escenario que se estaba dando, se arrepentía.

Levy, sabiendo que hoy la visitaría su amiga amazona, había preparado una cena deliciosa para comenzar la velada. Y para el gusto de la peliazul, había salido tan apetitosa, que el pelirosado no había dejado de comer desde que había entrado en aquella casa. Ni para hablar, para el disgusto de todos los comensales que pudieron apreciar como el guerrero masticaba todo perfectamente antes de tragar.

Y el comportamiento del guerrero no era lo único que había convertido la noche en un completo desvarío. Por una razón que ninguna de las mujeres eran capaces de averiguar, ambos hombres, Gajeel y Natsu, no llegaban a congeniar. ¿Por qué? Ninguna de ellas lo sabía. Pero lo único que hacía que el pelirosa desviase su atención de aquel festín era echar varias miradas desafiantes al marido de Levy.

-¿Y os conocíais de antes?- había preguntado Levy, muy confusa.

-¡No reconozco su olor!-había exclamado Natsu como respuesta, haciendo que Lucy se avergonzase. La amazona quería meterse bajo tierra por haber traído aquel acompañante.

-¡Me acordaría!- había respondido el peliazabache mientras clavaba sus ojos en el invitado.- ¿A quién se le ocurre tener el pelo rosa!

-No creo que sea su culpa, Gajeel…- le había dicho Levy con una mueca divertida, la cual pasó totalmente desapercibida ya que su marido seguía concentrado en el pelirosa.

-¡Es salmón!

-¡Es rosa!- contestaron los tres a la vez, acallando al muchacho que en vez de apenarse continuó comiendo.

-¡Eh! ¡Luce, esta es la parte grasienta!- le digo pinchando un muslo y dejándoselo en su plato.

-Natsu, deja de darme comida.- suspiró Lucy, ya llena de tanta comida.

-Pero tienes que recuperar fuerzas, ahora vamos a entrenar.

-Yo no quiero entrenar ahora, estoy llena.

-Pues hay que bajarlo, ¡te vas a poner gorda!

Lucy se puso colorada mientras movía las manos enfadada.

-¡Esto se baja rápido!

Levy presenció cómo ambos mantenían aquella conversación con una sonrisa. A pesar de ser un invitado no muy corriente, Levy tenía una opinión opuesta a su amiga con lo que respectaba a la velada. Ella había encontrado entretenidos aquellos momentos, y casi no había parado de reírse en toda la noche con las disparatadas ocurrencias del pelirosado. Y las respuestas de su marido.

Mientras aquellos invitados continuaban charlando sobre el peso de Lucy, la peliazul acercó su silla a su esposo para mantener una conversación individual.

-Hacen buena pareja, ¿no crees?- le preguntó Levy.

-Hmph

-Oh, venga, Gajeel…- le hizo un pequeño mohín lastimero.

-Está bien, enana.-Levy cambió su mohín de lástima por uno de enfado en cuanto utilizó ese apodo que tanto la irritaba.- Comprobaré si es un buen partido para la coneja.

-Aún me tienes que explicar por qué la llamas coneja…- contestó Levy, aunque fue ignorada por el hombre, que se levantó, moviendo la mesa con él

Todos lo miró atentos, expectantes por saber la razón de aquella sacudida que casi había tirado los platos al suelo. Este solo enseñó la primera sonrisa que había mostrado en toda la noche, y le lanzó una mirada desafiante a Natsu.

-¡Eh tú, cerilla! ¡Pelea conmigo!

Natsu, se levantó de un brinco, para sorpresa de la rubia que se echó hacia atrás. Y con una sonrisa brillante exclamó:

-¡Estoy que ardo!

-~.~-

Laxus Dreyar se sentía el mayor estúpido del lugar. Sentado en un borde de la fuente totalmente opuesto a Mirajane, miraba el suelo.

No podía identificar con exactitud en qué momento la conversación se había torcido pero habían terminado discutiendo. Minutos atrás, entre gritos, había escupido palabras dignas del mismísimo Iván Dreyar. Sentía vergüenza por sí mismo, quería ser distinto a ese padre tan frío y mezquino; sin embargo, acababa de turbar a la amazona con palabras repletas de odio, machismo e insultos, todo en contra de su mentalidad libertina.

No entendía cómo había llegado a esos extremos con aquella mujer, al igual que aquella vez en la que se abrió sentimentalmente a la amazona, las palabras habían salido solas. Como cuchillos voladores dispuestos a hacer trizas en todo lo que creía la muchacha. Y es que, desde pequeño, había vivido con el eco de ese tipo de conversaciones que hieren el alma.

"Por más que te esfuerces, tienes el carácter explosivo de ese miserable", se decía mientras se agarraba el pelo de la furia.

Él había encontrado una mujer que le sostenía la mirada aunque estuviese repleto de furia. Una mujer que le respondía. El mundo de él, hasta ese día, había estado repleto de mujeres sumisas dispuestas a aceptar cualquiera de las decisiones y comentarios de Laxus. Y eso a él le aburría. No podía convivir con una mujer que fuese tan indefensa y sumisa, le recordaba demasiado a su pasado como niño en manos de su estricto padre.

Y había encontrado a una mujer tan diferente pero tan semejante a la vez, ella también había estallado como él. Dispuesta a borrar a gritos aquellas palabras. Había visto el brillo de furia en sus brillantes pupilas. La había visto enrojecer de pura rabia. Cerrar los puños al sentirse tan cohibida. Y ahora arrepentida, mirando al suelo justo en el otro extremo de aquella fuente.

Sus palabras tampoco habían sido suaves, sus insultos habían llegado al fondo de su alma. Muchos de ellos le eran muy familiares al guerrero, pues los utilizaba para describir a su padre. "Cretino" "Animal" "Cavernícola", etc., etc…

"Te lo mereces", se decía Laxus. Él había visto siempre a las mujeres subyugarse, ser sumisas; sin embargo, aquella joven que tenía a su lado no se merecía aquella descripción que minutos antes le había gritado. Ella se merecía algo mejor. Era especial.

Miró de reojo a la albina sin tener respuesta alguna, luego continuó con la vista fija en el suelo.

Y así fue como ambos pasaron el resto de la noche, dado que el orgullo no les permitió arreglar sus asuntos.

Era cierto que todos creían que su hermana estaba viva, y que aquel rumor podía ser fruto de la imaginación y el aburrimiento de la gente o que simplemente la protagonista no era ella. Sin embargo, Jellal no se quedaría tranquilo hasta que el mismísimo Makarov se lo dijese.

Por eso, andaba en silencio muy concentrado en sus pensamientos. Y es que era cierto que había querido abortar aquella misión desde el primer momento que se dio cuenta de que no podría hacerle aquello a Erza. Pero esa no era la manera de la que quería dejarlo, no a ese precio. Se sentía culpable por pensar una milésima de segundo que la muerte de su hermana lo liberaría de aquello.

Erza, unos pasos más avanzada, no paraba de preguntarse qué era lo que traía al guerrero completamente inverso en sus pensamientos. Había mostrado un semblante muy serio cuando le informó que esa noche le enseñaría un lugar del bosque que ella y sus hermanas solían frecuentar con su madre cuando eran pequeñas.

El lugar era precioso, y recordaba chapotear en aquel lago con sus hermanas cuando las luciérnagas iluminaban el paraje.

Había pensado en el hecho de ir solos; sin embargo, al ver a su pequeña hermana coquetear con aquel guerrero no pudo más que obligarlos a acompañar a ambos. Juvia era demasiado joven para quedar a solas con un hombre ya lo suficiente mayor para dejarla preñada.

Suficiente tuvo con ver ir a Lucy con aquel pelirosado cuya sexualidad para Erza aún no estaba decidida. O al menos eso pensaba Erza, pues trataba a su hermana como una amiga. Y fue por eso por lo que no lanzó un cuchillo desde la distancia para parar a la pareja. Cuchillo que por cierto había escondido en su muslo mientras ninguna de sus hermanas miraba.

Tropezó con una raíz tras volver la vista por decimoctava vez para ver a un Jellal aún ausente.

-¿Erza está bien?-preguntó Juvia confusa de ver a su hermana trastabillar con el suelo. Se suponía que ella era ágil y daba pasos firmes. Pocas veces la había visto tropezar… Solo se acordaba de una, el día que Lucy hizo aquella trampa para animales que acabó siendo útil pero para cazar a la peliescarlata.

Gray fijó su mirada en la amazona. Él sí que se había estado fijando en el comportamiento de Erza, y siguiendo su mirada hacia Jellal. Se sentía orgulloso de que su compañero tuviese aquel impacto, tal y como era necesario para completar la misión. Sin embargo, ni eso lo animaba a sonreír. Notaba la tristeza y preocupación de su amigo. Y no había palabras algunas que pudiese recitar alguno de ellos para poder hacer animar al peliazul.

-Sí…-respondió la amazona avergonzada de tropezar. Sin embargo, la vergüenza se convirtió en tristeza cuando comprobó que el peliazul ni había prestado una pizca de atención a su tropiezo.

Tardaron unos pocos minutos más en llegar, acompañados únicamente por el parloteo de la amazona más joven hacia su acompañante. Este le respondía animoso, no queriendo ser partícipe de la atmósfera incomoda que derrochaba la peliescarlata.

Tras llegar y contemplar el lugar maravillados por varios segundos, la peliazul arrastró a Gray hacia una orilla donde esperaban tener un rato íntimo. Erza optó por no detener a los jóvenes ya que creyó que desde el punto donde se hallaban podría mantenerlos en vigilancia.

-¿Nos sentamos también?-preguntó Jellal, sorprendiendo a la amazona, que no esperaba reacción de él.

Se volvió hacia el guerrero que le mostró una tímida sonrisa que no llegó a sus ojos. Ella, inversa en la confusión de no saber que había provocado aquello en el guerrero, se olvidó de contestar. "¿Y si yo tengo culpa de algo?", se preguntaba ausente.

-¿Erza?

-Ah, sí.- dijo desviando la vista hacia la orilla más cercana e indicarle al guerrero que la acompañara.

Se sentaron en silencio durante varios segundos, con el ruido de grillos que camuflaban la conversación que Juvia y Gray tenían unos metros más alejados.

Erza, aún reflexionaba sobre que podría haber fastidiado entre ellos, ya que no le extrañaría haberlo estropeado todo tal y como había hecho al principio.

Comenzaba a sentir fresco debido a la humedad, y la capa escarlata tampoco le daba mucho calor. Le hubiera gustado traer la capa de Kagura, una que verdaderamente la abrigara. Se autoabrazó, aún con la mirada fija en las luciérnagas que zumbaban sobre el agua.

-¿Tienes frío?- preguntó el barítono a su lado.

Estuvo a punto de negarlo cuando sintió el peso de la capa del guerrero sobre sus hombros. Aun mirando al infinito, intentó disimular el sonrojo debido a que estaban compartiendo capa.

-Lo siento. Es cierto que hoy estuve ausente.-le dijo con un tono suave antes de rodear a la amazona con su brazo más cercano y darle calor.

Erza se sobresaltó de tan inesperado contacto y giró su mirada hacia el guerrero.

-¿Qué te ha pasado?

El guerrero sacudió la cabeza, y volvió a hacer un amago de sonrisa a la amazona.

-Es mejor desviarnos del tema, es demasiado complicado.-Erza solo asintió, comprendiendo que Jellal no querría hablar más del asunto. Aun así, seguía sintiendo esa curiosidad de conocer la razón de la tristeza del guerrero.- Es precioso.

Jellal contemplaba el paisaje con una sonrisa que esta vez sí consiguió llegar a sus ojos. Erza se conformó con eso y siguió contemplando el paisaje, esta vez acompañada del calor que aquel abrazo le daba.

El guerrero, por su parte, había comprendido una cosa. Solo había una manera en la que, teniendo en cuenta que su hermana aún seguía viva, todos serían felices. Y eso conllevaba que Erza renunciaba a el cinturón, lo intercambiaban por la libertad de Wendy y todos huían a una ciudad lejana donde poder vivir en paz.

Jellal tenía esperanza en su plan, solo tenía que conseguir que la amazona tuviera unos sentimientos tan fuertes hacia él como para abandonar el poblado. Una vez viera factible irse del poblado para empezar una nueva vida con él, no le importaría dejar aquel cinturón en manos ajenas. Al fin y al cabo, era un objeto. O al menos eso pensaba él.

Más pronto de lo que esperaba descubriría que aquel cinturón no era un simple objeto para la amazona. Y que, aunque existiesen sentimientos, el honor y el orgullo de la amazona hacia su pueblo sería otro factor clave en tener en cuenta.

-¡Parad ya! ¡Habéis destruido mi rosal!- gimoteó Levy mientras ella y su amiga intentaban salvar las pocas flores que no habían sido pisoteadas por el grandullón de Gajeel.

-¡Ha sido él!-señaló al guerrero como si de una pelea de niños pequeños se tratase.

-¡Él fue quien cayó! ¡Yo hubiese mantenido el equilibrio!-dijo el pelirosa con la cabeza hacia atrás, intentando parar la sangre que manaba de su nariz a causa de un terrible puñetazo.

-¿Te gustaron mis puñetazos de hierro!

-¿Y los míos de fuego!

-¿Qué tienen de fuego!

-¡Pues que estoy ardiendo!

Y volvían a mantener una discusión absurda. Levy y Lucy, ya habiendo arreglado como pudieron aquel desastre, instaron a los hombres a volver a entrar en la casa, con la promesa de que no pelearían más.

-Pues he ganado yo.- dijo Natsu con una sonrisa bobalicona.

-La enana me paró, eso no cuenta. Ha quedado en pause.

-¡Gajeel!- se quejó la peliazul sonrojada por escuchar en público ese apelativo que solo compartían en privado. El hombre le besó la mejilla en modo de disculpa, provocando que la mujer quedase manchada de barro.

-¡Sí cuenta! Caíste.

-Eso no tiene nada que ver, tú te has caído muchas veces.

-¡Bueno! ¡Ya!- cortó la rubia.- Será mejor que nos vayamos, Natsu debería irse a su hostal a ducharse y…- Recorrió las sucias y resquebrajadas ropas del hombre, para darse cuenta de la buena figura que guardaba el guerrero.

Se sonrojó al darse cuenta que todos la miraban extrañados por el silencio en el que se había sumido al contemplar al guerrero.

-Y Gajeel también.- la intentó salvar su amiga mientras señalaba a su marido que subiese las escaleras y se desvistiera.-Ahora te subiré el agua para darte el baño.

Tras despedirse de sus invitados y de jurarle al pelirosado que habría una segunda ronda entre ellos; subió las escaleras no sin antes pedirle a su esposa que no tardase y guiñarle un ojo.

-Bueno, creo que ahora sí que no podemos demorarnos mucho.- se rió la rubia al ver aquella escena y ver a su amiga tan sonrojada.

Levy miró a su amiga aún más avergonzada que antes, y dispuesta a devolverle aquella jugada, sonrió maliciosamente.

-Gracias por la comida.- dijo Natsu con una sonrisa.- Y perdón por lo de aquel jarrón.

-Estaba deliciosa.- añadió la rubia ignorando el accidente con aquel jarrón. Aunque no pudo evitar reírse rememorándolo, y es que aunque había sido una velada rara se habían reído mucho de las tonterías que ambos hombres habían soltado. Y podía jurar por la risita que soltó Levy que ella pensaba igual.

-Gracias a vosotros, creo que hoy Gajeel dormirá más profundamente que Rogue.-sonrió Levy mientras les abría la puerta, y ellos abandonaban el hogar.- Y Lucy, espero que traigas más a tu novio, hacéis una genial pareja.

-Le-Levy…-Y ella ya había cerrado la puerta. Se giró hacia su acompañante que no parecía para nada afectado, o al menos no podía ver su rostro.-Va-vaya que m-male-enten-tendido.

Natsu solo miró al cielo.

-Parece que va a llover.- comenzó a andar en dirección a su posada. Al no escuchar los pasos de la amazona, se giró sobre sus pasos.- ¿Vamos?

-Si.- asintió Lucy, intentando bajar el sonrojo de sus mejillas.

Levy, al otro lado de la puerta, gimió. Su plan no había resultado efecto. Ella sabía perfectamente que no eran pareja, su amiga se lo había aclarado el día anterior justo después de preguntarle si podría traerlo consigo.

-Hacen una pareja tan adorable.- suspiró mientras recordaba las miradas que ambos habían compartido durante la cena.

-Enaaaaaana.- la llamó Gajeel desde la planta superior. Levy sacudió la cabeza y se dispuso a llevar al agua para el baño de Gajeel.

"Y mío", pensó Levy sonrojada.

Entre las callejuelas oscuras de Argos, donde las peores sombras solían ganarse la vida de las maneras más sucias, se movía una capa blanca que contrastaba sobre el oscuro entorno.

A pesar de pasar por las calles más turbias y peligrosas, aquella silueta no parecía vacilar en sus pasos ni temer por su integridad en ningún momento. Aquella silueta sabía del poder de su apellido, y todos a su alrededor también lo sabían.

¿Quién se iba a meter en problemas con alguien que portase el símbolo de la casa Dreyar? Cualquiera que lo hiciese buscaba la muerte. Y, por eso, las sombras se mantenían en la pared, esperando a que la figura pasase de largo. Preguntándose qué traería a Makarov Dreyar por aquellas calles.

El anciano, quien acababa de salir de una neumonía que lo había dejado en cama durante varias semanas, todavía sentía cierto malestar. Sin embargo, la noticia de la esclava asesinada en la casa de Brain lo había sacado de la cama en cuanto su médico se lo permitió; aunque eso último no lo había llegado a cumplir del todo. Aunque sus huesos doliesen a cada zancada que daba, y el frío se le calase muy hondo hasta casi no sentir algunas articulaciones. El patriarca de la casa Dreyar necesitaba conocer por sí mismo sobre la identidad de la fallecida. Solo de pensar que se podría tratar de la pequeña hermana de Jellal, le hacía sentir cada vez menos aprecio a la vida.

"Una vida tan joven no puede acabar de esta manera", pensaba muy serio hacia sus adentros. Recordaba haber intentado ayudar a Jellal, dialogando con Brain sobre la posibilidad de comprarle esa esclava y así darle libertad por él mismo. Sin embargo, el comerciante parecía disfrutar del poder que el poseer a esa niña le otorgaba. Y es que a Brain le encantaba el poder.

Al fin, casi sin respiración y sintiendo un inmenso dolor por todo su cuerpo, llegó a la imponente casa silenciosa.

Bajo la luz de la noche, se asemejaba a un panteón. Tan blanca e impenetrable. Sin luces ni vida dentro. Todo quieto y en silencio, a excepción de algo.

Un viejo olmo que había colindante por la derecha de la casa, bailaba al compás del viento. Lo que para Makarov era una mancha blanca, levitaba cercano a él y lo acompañaba en aquel siniestro baile. Makarov se acercó hacia él, no muy seguro de lo que sus cataratas avanzadas le permitían ver.

Sin embargo, sus peores sospechas fueron cumplidas cuando contempló el rostro desfigurado que poco a poco fue tomando forma en aquella mancha.

Sin aliento y con lágrimas en los ojos, Makarov reconoció el cadáver que colgaba sobre aquel viejo olmo.


Bueno, y quien ha muerto se revelará en el siguiente capítulo xDD (Hagan sus suposiciones) Me siento como George R. R. Martin, matando personajes como si nada JAJAJJAJAJAJA

Me voy a contestar ahora vuestros reviews ^^

Beln Heartphilia: Brain no es muy buena persona que digamos... Y en este capítulo, también se ha lucido xDD ¡Me alegro que te guste Amazonas *^*!

DanaLovesOhana: Sisi, Laxus se imaginó lo que quiso cuando vio a la amazona en el armario, que le vamos a hacer... Todo es culpa de las hormonas jajajajajja Pues si, la pareja de Mira y Laxus es muy explosiva. Quería reflejar en este capítulo como ambos trataban de superar al otro e imponerse, supongo que lo perfecto es que ambos se respeten e igualen, pero dudo que Laxus este aun preparado para aceptar a una mujer como su semejante. jajajajajaja Erza ha tenido una "primer cita" inolvidable, totalmente jajajajaj No hay mejor manera de describirlo.

Has pensado lo mismo que Jellal en este capítulo JAJAJAJJA En realidad, que Jellal le explique la situación a Erza y que ella le ceda el cinturón, es una opción. Pero no sé si con el pasado traumático de Erza con lo que respecta a su padre y a ese cinturón, sería capaz de aceptar. Todo se verá, porque aún no se sabe si quiera si Wendy está viva. xDD

Si, decidí que sería muy cruel si dejaba a Wendy con su primer periodo y sin escapar en ese capítulo, por eso lo inicie y acabé con Wendy :'3

Laxus es muy paciente con Natsu jajajaja Y Lucy también necesita serlo si quiere acercarse de verdad al guerrero xDD

AmeliaCipri: El camino es difícil si, y más teniendo cada uno un pasado traumático junto con un obstáculo que superar. Pero bueno, poco a poco todo irá volviendo a su lugar.

En serio, no sabes el coraje no haber podido actualizar antes T-T La universidad me lo ha hecho imposible :'( Pero en fin, finalmente soy libre de exámenes y tengo más tiempo para invertir en la escritura :') ¡Gracias por comentar *^*!

Florecita1008JG: ¡Muchas gracias! *^* Me alegra saber que te gusta como se están desarrollando, porque a veces me parece que voy muy lento. Sin embargo, con unas personalidades tan singulares y unos pasados tan duros, como vaya tan rápido sería absurdo jajajajaj (Aunque a Jellal se precipitó mucho en su imaginación al conocer a Erza jaajjajaja) ¡Saludos!

lady-werempire: Esa es una opción para el desenlace, si. jajajajajaj ¡Muchas gracias por comentar!

nekonekodesu 3: Lo siento por tardar tanto T^T Y si, gracias, me salieron bastante bien, no me puedo quejar. El sacrificar mis 24 horas del día durante tanto tiempo, a valido la pena :') JAJAJAJA Ahora yo no podré evitar imaginarme el caballo con la cara de Charle xDDDDDDD ¡Me alegro mucho de que te guste Amazonas *^* ! Y espero no defraudarte con los demás capítulos ^^U

KisaYunna: Espero que te gustase este capítulo ^^ Habrá más Jerza *^* Van avanzando poco a poco jajajaj ¡Me alegro de que te guste la historia! :3

giselamoon: (Cap 6) Pues si, Erza necesita que le expliquen de que va eso de ligar. Y Mirajane esta más que dispuesta a aclarselo de nuevo JAJAJAJAJ ¡Muchas gracias por comentar y espero tener continuación en breves *^* !

Y aquí se acaban. ¡Muchas gracias por las reviews, animan mucho a continuar escribiendo *^*! Dicho esto, me voy corriendo a leer los fics que tengo atrasados :3

Me despido de vosotros y... ¡Nos leemos!~