¡Muy buenas! *^* Lo sé, ese título queda muy ¡PAM! JUJUJU
Pero bueno, en este capítulo se van a tocar todas las parejas, así que relax, sentaros y disfrutad ^^
Ni Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen... Le pertenecen a Mashima, el mismo que ha sacado a Jellal al fin y... ¡muy sensualmente! ¡AISH! *^* Al fin :')
Capítulo 14 – Solo sexo
Erza miró al cielo y negó para sus adentros. No podría cumplir con los consejos de Mirajane aquella noche, pues su deber de hermana era prioritario al de amante. Al momento se sonrojó, aun siendo únicamente pensamiento, no podía evitar avergonzarse al pensar en Jellal como su amante.
Se volvió hacia su acompañante, que permanecía mirándola en silencio, y volvió para sentarse a su lado, justo en la misma posición en la que minutos antes habían estado.
-¿Quieres que vayamos a otro lugar?
Erza no escuchó la pregunta, pues aún inmersa en sus pensamientos, había derivado en un tema demasiado importante como prestar atención a su alrededor. Y es que aun habiéndole asegurado Mirajane aquella misma mañana muchas veces que el guerrero no buscaba una simple amistad, sentía esa inseguridad a ser rechazada. ¿Y si todo al final era un malentendido? Sacudió varias veces la cabeza. Si él estaba aquí compartiendo tanto tiempo con ella, y sabiendo que conllevaban los encuentros en la semana de apareamiento, debía de ser porque era consciente de la situación.
Una situación que a la peliescarlata no sabía descifrar y mucho menos controlar.
-¿Te pasa algo?- preguntó Jellal divertido, observando como los mohines de Erza reflejaban el vívido monólogo que tenía lugar en su cabeza.
-¿Qué?- preguntó esta, finalizando sus reflexiones y mirando confundida a su acompañante.
-Te preguntaba si querías ir a otro lado, quizá podríamos...
-Ah, no.-lo interrumpió.- Tengo un deber que cumplir hacia mi hermana.
Erza cruzó sus brazos y asintió solemnemente, aún con la mirada fija en la pareja que en la plaza se habían separado al fin. Para la paz de la reina Amazona.
-Pero, es tu hermana... Y además, Gray no le haría daño alguno, puedes estar tranquila.
-No es porque le pueda hacer daño, Jellal.- se giró hacia el guerrero y como si fuera algo muy lógico añadió.- Si tu amigo se atreviera a hacerle algo a Juvia, podría dejarlo estéril de por vida de una patada.
-¿Entonces?- inquirió el peliazul aguantando la carcajada que le había ocasionado aquel comentario.
-No quiero que se quede embarazada.
-Pero, ella no sería la primera amazona que se quedase embarazada joven... Además os tiene a vosotras, podríais criar a la niña, ¿no?
-No es eso...- Erza se mordió el labio, afligida que algunos de los recuerdos más tristes que guardaba con ella, floreciesen de nuevo. Y es que el dolor causado había sido solo un poco más de un año atrás.- ¿Sabes que si es varón es el padre biológico quien debe de hacerse cargo del bebe?- preguntó la amazona, recibiendo un asentimiento del guerrero.- Yo... No sé si ella podría soportarlo. Mira... Sabes que Mira expira fuerza y confianza en sí misma; sin embargo, estuvimos a punto de perderla.-se giró entristecida hacia Jellal.- No sé si Juvia sería capaz. Ella es demasiado sentimental y aún demasiado niña como para sobrellevar aquello. No la quiero perder, ni quiero volver a vivir lo que tuvimos que pasar con Mirajane.
-Nunca lo había visto de esa manera...- respondió el peliazul durante un lapso de silencio.
Jellal siempre había visto a las amazonas como unas figuras femeninas llenas de fuerza y espíritu inquebrantable. Pero aun siendo fuertes, eran madres ¿y a qué madre no le dolía dejar a sus hijos atrás? Él mismo había visto el dolor que su madre tuvo que vivir al separarse de su hermanita Wendy. Al momento, se sintió un estúpido por haber sido tan insensible. Justo cuando planteaba disculparse por su comentario deshumanizado, la peliescarlata se le adelantó.
-No sé mucho de ti.
-¿Qué quieres saber de mí?- preguntó, cauteloso, manteniendo intacta su característica aura de tranquilidad.
La amazona se encogió de hombros, y se giró hacia el guerrero.
-¿De dónde vienes? ¿En qué trabajas? ¿Qué te hizo ven...?
-Esas son muchas preguntas.- interrumpió el peliazul que había identificado con antelación cuál iba a ser esa última. La amazona sonrió y esperó animada a que él comenzara, no adivinando la verdadera causa de su interrupción.- Nací y vivo en la ciudad de Argos. Mi padre era un guerrero, uno no muy reconocido, pero ganaba lo suficiente como para mantener a nuestra familia. Seguí sus pasos y hoy en día soy un guerrero.
-¿No tienes hermanos?- preguntó Erza no muy satisfecha de no haber recibido los suficientes detalles.
-Una hermana, Wendy.- respondió mientras una pequeña sonrisa, empujada por el recuerdo de su hermana, se dibujaba en su rostro.- Es más pequeña que yo. Y muy tímida, tanto que solía esconderse detrás de mí cuando alguien desconocido comenzaba a hablarle en alguno de nuestros paseos.
-¿Qué es de ella ahora?
Jellal se quedó un momento en silencio, pensando en la manera correcta de contestar aquella pregunta a una amazona. Una pregunta que tocaría el tema de la esclavitud.
-Es complicado.- se aclaró la garganta, mientras Erza, confundida, esperaba.- Mi familia atravesó malos momentos económicos tras la muerte de mi padre en la guerra. Acabamos endeudados, y a mí no me daban el suficiente dinero en mi trabajo como para mantener una familia de tres. Fue entonces cuando mi madre decidió vender a mi hermana como esclava y así poder pagar todas las deudas...
-¿Cómo una madre puede...!- exclamó Erza aterrada, echándose hacia atrás.
Jellal levantó las manos para tranquilizarla.
-No te equivoques, mi madre tomó esto como último recurso. En un principio quiso venderse ella misma, pero no daban el dinero suficiente para que mi hermana y yo nos mantuviésemos durante los años que necesitaba para poder llegar a tener un sueldo más elevado. Hasta llegó a prostituirse para ello.- arrugó la nariz, rememorando aquellas noches llenas de ruidos que aún notaba demasiado cercanas- Pero nunca era suficiente. La deuda siempre iba a más. Y si no conseguíamos el dinero en breves, los tres acabaríamos como esclavos.
Erza negó en silencio, aún sin creer que vender a una hija pudiese ser la mejor opción. La amazona pensaba que hasta la misma muerte era preferible.
-Fue devastador, nuestra familia había quedado rota para siempre. Y mi madre... Mi madre no tardó en irse a causa de una epidemia que devastó a más de la mitad de la población de Argos. –suspiró mientras el guerrero se restregaba la frente. La amazona se sintió mal por él. Había reaccionado cruelmente hacia el guerrero que solo demostraba arrepentimiento y dolor ante todos los hechos. Con inseguridad de no saber si hacia lo correcto, le agarró la mano que reposaba en su rodilla y la apretó. Jellal se giró hacia ella y le mostró una sonrisa triste.- Me sentía impotente. Yo era el hombre de la familia, y debía de haber sido yo quien pagase el resto de la deuda y la mantuviese.- Erza arrugó la nariz, gesto que fue ignorado por el peliazul.- Sin embargo, no me daban más dinero. Podía trabajar durante 24 horas seguidas que seguiría recibiendo la misma miseria de siempre. El truco siempre está en los contactos. No puedes llegar más alto en la carrera de guerrero si no eres hijo o amigo de alguien reconocido. Eso fue lo que no le permitió a mi padre ascender, y eso era lo que estaba destinado que a mí me ocurriera. Aun así, lo intenté. Trabajé hasta que me obligaban a volver a casa y descansar; sin embargo, mi casa no se me antojaba un hogar como años atrás. Nadie me esperaba allí, solo había recuerdos que no me dejaban dormir más de cuatro horas como máximo. Así pasé muchos años de mi vida. Hasta que el viejo Makarov me encontró en uno de esos turnos interminables en los que gastaba mi vida. Él fue quien me apoyó y me brindó contactos para comenzar a ascender. Tras años en los que ahorré todo el dinero que me ganaba, conseguí el suficiente como para ir a recuperar mi hermana.
Las palabras de Jellal se ahogaron en ese punto, en el que los recuerdos de aquella fría tarde de enero en la que perdió toda la esperanza que tenía de recuperar la libertad de Wendy.
-¿La rescataste?
Un silencio afirmaron las peores sospechas de la amazona.
-No puedes dejar a tu hermana, no debes perder la esperanza.- le dijo, intentando transmitirle fuerza al guerrero.
Reflejándose en los ojos castaños de la amazona, sintió su comprensión. Le daban la calidez que lo animaba a ser fuerte y seguir peleando por su hermana. Sin embargo, lo que la amazona no sabía era que él ya había encontrado la forma de liberarla, y que esta estaba en sus manos.
Jellal se llenó de esperanza. Al ver que la peliescarlata había simpatizado con su situación, se sintió más feliz. La posibilidad de que la amazona le cediera su cinturón aumentó para el guerrero, por lo que decidió seguir preparando el terreno
-Bueno, aún no la he perdido, investigué nuevas maneras para librarla de la esclavitud.
-¿Y qué descubriste?- preguntó Erza esperanzada.
-Necesito más poder, el suficiente como para poder estar por encima de aquel hombre.
La amazona, no muy convencida de que el poder fuera la solución, meditó durante varios segundos la situación.
-¿Y por qué no la ayudas a escapar? Aquí podríamos protegerla.- respondió con un deje de emoción por tener al guerrero cerca de ella. Con su familia en su poblado, ¿qué obligación iba a separarlo de ella?
-Es más complicado que eso, ellos sabrían que algo tuve que ver con el suceso y rastrearían mis pasos hasta topar con mi hermana. Sin tener en cuenta lo difícil que sería escapar sin ser cogidos.
-Ya...- musitó entristecida. Jellal se sintió mal de haber destruido la ilusión de la amazona de aquella manera.
En un principio, se había impresionado del carácter aniñado que escondía Erza, mostrando momentos tan dulces como aquel. Y sí, eran aquellos momentos en los que el peliazul no podía evitar sonreír enternecido. Se llevó la mano de la amazona a los labios y la besó con suavidad, ganándose un sonrojo de su acompañante.
-Daré todo lo necesario para recuperar a mi hermana, si hace falta, la misma corona del Rey.- bromeaba el peliazul.
-¿Corona?
-El Rey lleva diademas de oro, así es como se les reconoce.
-¿No lo conocen sus ciudadanos?-preguntó confundida.
Jellal se rió.
-Es distinto, un Rey normalmente no se dejan ver por sus súbditos.
-Es raro.- Erza arrugó su nariz.- Yo conozco a todas las amazonas, y me sería muy raro gobernar a personas que ni siquiera conozco. ¿Cómo sabe el Rey de vuestras necesidades?
-No las sabe.- contestó el peliazul, encogiéndose de hombros.- Viven en una burbuja de oro llena de lujos, separada del vulgo de ciudadanos que mueren de hambre a diario.
-Entre esto y la esclavitud... No haces más que darme razones por las que huir de aquel lugar.
El peliazul se rió mientras acariciaba la mano de la peliescarlata.
-Oye, ya que se fueron Gray y Juvia, podríamos ir a dar una vuelta.
-¿Se fueron!- La amazona se levantó de un salto y oteó la plaza en busca de su hermana y aquel exhibicionista.-¡Tenemos que buscarlos!
-¿Los buscamos dando un paseo?
-¡Te estoy diciendo que no deberías haberle dicho eso a tu hermana!-exclamó el rubio. Oficialmente, por segunda vez en la noche, había vuelto a acabar con su paciencia.
-¿Porqué! Que una mujer decida cuando mantener relaciones sexuales con un hombre y no al revés, no debería ser un problema.
-Debe de ser el hombre quien decida si acostarse con la mujer o no.-respondió a la albina que lo miraba con el entrecejo fruncido.
-¿Y por qué!
-Porque si aceptas acostarte con ella, aceptas el hecho de que si sale varón, cargas con el bebé.- Mirajane guardó el dolor de aquellas palabras, le había quedado perfectamente claro aquello cuando tuvo que entregar a su pequeño.
-¡Bueno, si dices "no" y no te acuestas con ella, no cargarías con esa obligación!- le respondió tras recuperarse.
-Vamos, ¿qué hombre se va a contener cuando le ponen enfrente a una mujer desnuda atractiva?
-¿Piensas en mi hermana como una mujer atractiva?- preguntó al momento, sonrojándose segundos después. Había dicho en alto una pregunta que hubiera preferido quedarse para ella misma.
-¿Celosa?- la tensión se había disipado al instante, una sonrisa traviesa asomaba por la comisura de los labios del guerrero.
-¡No te desvíes Dreyar!
-¡Eres tú la que se ha desviado!
-¡Es muy fácil lanzar la primera piedra!
-¿Pero qué dices...?
-¡Que comparas a los hombres como animales! Veis a una mujer desnuda y no os podéis contener. ¿Y si ella no quiere, la violáis?
-Desnuda y atractiva.- apuntó el rubio.
-¡Responde a mi pregunta!
-¿Cómo podría aparecer de la nada una mujer desnuda!
-¡Que respondas a mi pregunta!
-¡Es que no tiene sentido!
-Imagínatelo, es un hipotético caso.
-Supongo que no, no la violaría.- respondió con los ojos en blanco, aún sin imaginarse qué caso, por hipotético que fuera, le traería a una mujer desnuda.
-¡Pues entonces os podéis contener! No hay necesidad de que sea el hombre el que lleve a la mujer a la cama.
-En realidad, no va a ser Erza quien lleve a Jellal a la cama. Más bien soy yo, porque me estas pidiendo que encuentre la manera de que Jellal la lleve a su cuarto.
-¿Estás diciendo que tu llevarás a Jellal a la cama?-la albina, la cual no pudo evitar reírse de su propia ocurrencia, dejó que el rubio la fulminase con la mirada.- Perdón, perdón, me voy del tema. Tú piensa que Erza hará el resto. Y yo seré una amazona con un peso menos en la espalda.
-¿Y por qué no es mejor esperar a que el propio Jellal se la lleve a su habitación?- preguntó Laxus, intentado convencer a aquella diablesa que lo miraba apoyada contra la pared.
-¡Es que no se despegan de esos estúpidos tejados!
-¿Tejados?- Laxus levantó una ceja. A veces se preguntaba donde se metía aquella pareja, y resultaron esconderse en el único sitio en el que el guerrero nunca hubiera pensado buscar.
-Sí, tejados...
-Bueno, en serio, no debes de preocuparte. Llegará un momento en el que el propio Jellal la lleve a su cuarto.
-¡Es que van tan lento!
-¿Qué prisa hay!- preguntó exaltado, sin entender a aquella mujer de ojos azules que, furiosa, lo acribillaba a miradas intensas.
-Es por lo de que no quieres que una mujer lleve a un hombre a la cama, ¿verdad?- inquirió Mirajane, acercándose con pasos lentos hacia el rubio que, sentado en la cama, la observaba contonear sus caderas.
-No es por eso.
-Sí es por eso. Te voy a demostrar como sí es posible, Dreyar.
A Mirajane le bastó un movimiento ágil para llegar a donde el rubio la esperaba, empujándolo contra el duro colchón. El susodicho, aún sorprendido por la fuerza de la mujer que ahora trepaba por él, no tuvo tiempo de reaccionar antes de que sus labios se juntaran con los de la amazona en un acalorado beso.
Ella, con necesidad, lamió el labio inferior del rubio pidiendo entrada. Sin demora, le concedió apertura y ambos unieron sus lenguas con una pasión que embriagó a ambos. Explorando con lentitud la cavidad del guerrero, y no quedándose este atrás, permanecieron durante varios minutos. El calor de sus alientos, las caricias mutuas y los gemidos que a veces escaparon de sus ya roncas gargantas, tendieron a subir la temperatura, provocando en ellos el mismo pensamiento: la ropa sobraba.
Mirajane comenzó a desabrochar la camisa del guerrero que se había convertido en un verdadero incordio para ambos. Y lo mismo hizo el rubio que buscaba a tientas los botones que mantenían esa dichosa falda que no le permitía poder acariciar aquellas sedosas e interminables piernas.
Luchando por apartar las prendas que se interponían entre ambos, fueron rodando por la cama, sin querer parar aquel beso que les robaba el aire y asfixiaba. Sus lenguas se acariciaban. Sus caricias se abrasaban. Tanto se perdieron en aquel beso que la rivalidad quedó aparte por un lapsus.
Un lapsus que duró el mismo tiempo en el que ambos, vestidos únicamente con su respectiva ropa interior, decidieron dar el siguiente paso.
Laxus, acostumbrado a ser el dominante durante las relaciones sexuales, intentó tumbar a la amazona y así tener pleno control. Sin embargo, no tuvo efecto alguno en ella que, con un empujón, volvió a sentar a Laxus, haciendo que el beso acabase.
Tras mostrar una sonrisa seductora, la mano que minutos antes se había encargado de dibujar y acariciar el estómago de este, continuó bajando hasta llegar al miembro viril que palpitó sobre su palma. El rubio tragó mientras sentía como la suave mano de Mirajane lo hacía estremecerse con un vaivén lento y sensual.
La amazona parecía disfrutar del control. Como si acabara de domar a un caballo salvaje, el orgullo la colmaba. Sin embargo, el guerrero no estaba dispuesto a dejarse llevar por aquella mujer con tanta facilidad.
Sus manos ascendieron por sus muslos lentamente, provocando varios estremecimientos a la mujer que lo desafiaba con la mirada mientras aceleraba el ritmo con el que lo masajeaba. Laxus, a sabiendas que no duraría mucho, llegó hasta el punto deseado donde una humedad lo animaba a pensar que aún había esperanza de ganar esa batalla. Con la sabiduría de alguien que había compartido varias veces lecho con una mujer, atinó con el hinchado punto que hizo a la albina gemir, desconcentrándola de su labor. La sonrisa que había crecido en el rostro de Laxus la animó continuar. Sin embargo, cada vez que el rubio decidía torturarla presionando ese punto, sus rodillas tendían a temblar. Sujetándose a él con la mano que le quedaba libre, prosiguió acelerando el ritmo.
El rubio, agarró a la mujer de la cadera antes de introducir dos dedos que hicieron suspirar a la albina. Y así, con miradas intensas, se declararon otro tipo de guerra.
Y para el desconsuelo de ambos, llegaron al climax a la vez.
Sudorosos y recuperando la respiración, permanecieron en silencio. Un silencio que fue cortado por un beso que inició la segunda ronda. Optaron esta vez por eliminar la ropa interior, quedando completamente desnudos, y completamente dispuestos a darlo todo. Laxus consiguió quedar encima de la amazona durante un breve instante, el cual aprovechó para entrar en ella, ganándose un gemido ronco.
Las uñas de la albina se clavaron en su espalda mientras el guerrero comenzaba a entrar y salir de ella. Con fuerza, rozando puntos demasiado sensibles. Rodaron, pudiendo ella llevar el ritmo, sintiéndose poderosa de nuevo. Volvieron a rodar y entre pieles resbaladizas, besos y gemidos, acabaron diciendo ambos nombres.
Sí, lo volvieron a hacer. Olvidaron aquello de lo que debían de demostrar al otro. En ese momento solo les importaba el movimiento en el que sus cuerpos friccionaban como uno. Cuando sus bocas se buscaban. Cuando todo se mezclaba.
Y entonces todo explotó.
Mirajane sintió como un calor enorme la invadía mientras el hombre que minutos había hecho que perdiese la razón, recuperaba el aliento. Era un tanto distinto al que había sentido con Sting entre sus brazos. Y eso la atemorizaba.
Laxus se sentía confuso. Entre los brazos de la amazona se sentía demasiado cómodo. Y como si encariñarse de la albina fuese un pecado, se separó de ella y se mantuvieron la mirada durante varios minutos.
Mirajane fue la que ingeniosamente se acercó al guerrero y rompió el silencio:
-¿Ves cómo tenía razón?- preguntó con la voz ronca.
El rubio, olvidándose de sus preocupaciones, se rió y volvió a besarla. Un beso que dio comienzo a la tercera ronda.
-Así que... ¿odias el invierno?
Lucy aprovechaba uno de los pocos momentos de tranquilidad que el pelirosado le otorgaba. Este, tumbado en el césped, contemplaba el cielo nocturno.
-Odio todo lo relacionado con el frío.
-¿Y eso por qué?
-Cuando era pequeño, vivía en una cabaña en el bosque con mi padre y mi hermano. Cuando hacía mucho frío, mi padre nos obligaba a quedarnos en casa, cuidando de que el fuego permaneciese encendido. Era muy aburrido permanecer ahí quieto...
Lucy pensó que Igneel debía de ser una figura realmente imponente como para hacer que un niño tan alocado como Natsu permaneciese sosegado.
-¿Vivías en una cabaña?- preguntó interesada Lucy.
-Viví allí hasta que mi padre murió- respondió en un tono neutro.
-Oh, vaya, lo siento... ¿Y tu hermano?
Natsu sintió aflorar el odio hacia Acnologia en lo más profundo de su estómago. Tan solo el recuerdo de que aquel hombre seguía existiendo, lo ponía enfermo.
-Es complicado...-comenzó Natsu, recordando en el día en que su hermano decidió abandonarlo, sin ni siquiera despedirse. O el día que descubrió quien era su tutor Tomó una decisión incorrecta en su vida, y ahora las personas que lo queremos estamos sufriendo las consecuencias.
-Bueno, seguro que hay alguna solución...
"Sí, la muerte de aquel malvado ser", pensó Natsu "Aunque el daño ya está hecho...". Sin darse cuenta que llevaba varios segundos en silencio, prefirió desviar el tema a uno un tanto distinto.
-Le he hablado de ti.- se incorporó al instante, ofreciéndole una mano a la rubia para ayudarla a levantarse. Ella lo miró boquiabierta.
-¿A tu hermano!
-¿Qué? No.- negó entre risas.- Aunque prácticamente lo defino como mi propio hermano.
-Explícate mejor, Natsu.
-Vamos a ir a que lo conozcas.- contestó, ignorando a la rubia que, confundida, se dejaba arrastrar de nuevo.
Lucy, sonrojada y confundida, no pensaba precisamente en el hecho de que le pasaba por la cabeza a su alocado compañero. No, su pensamiento iba encabezado a que extrañamente la mano del pelirosado se le antojaba más caliente que de costumbre.
"Hoy hace frío", se repetía como excusa. Sin embargo, ella no era tan ingenua. Y conocía demasiado bien gracias a las tantas historias que había leído con Levy, aquellos síntomas. Historias que en su poblado eran tomadas como objeto de burlas, en aquel momento para Lucy cobraran sentido. En su mente volaban versos, pequeñas partes de historias donde dos amantes se declaraban, ¿era eso?
Y si lo era, ¿Qué pasaría?
Ella era amazona.
Él era un guerrero.
¿Podría quedarse en el pueblo Gargario y convertirse en su amante? No, él tenía familia que lo esperaba. Y ella no podría abandonar a sus hermanas ¿Estaban destinados a verse únicamente una vez al año? Definitivamente, esa le parecía la única solución...
"¿Qué estás pensando Lucy? No saques conclusiones precipitadas cuando está demasiado claro que Natsu no siente nada hacia ti.", pensó negando con la cabeza. En realidad, no estaba segura si quiera si dentro de la lista de sentimientos de Natsu existiese uno reservado para ese tipo de amor...
-¡Ya estamos aquí!- exclamó el pelirosado.
Habían vuelto a la posada, solo que esta vez se habían adentrado por el extremo derecho, llegando a un edificio un tanto apartado del resto. Con la oscuridad, no se podía ver con detalle la edificación; sin embargo, se le antojaba de gran tamaño. Cuando el guerrero abrió el portón de madera, Lucy adivinó por el olor qué guardaba el lugar.
Tras saludar al hombre que debía vigilar el sitio, pero que estaba durmiendo hasta que ambos entraron, prosiguieron su camino. Le entrada daba a un pasillo enorme en el que había centenares de puertas cada una con su propia cerradura.
Casi llegando al final del que parecía un interminable pasillo, Natsu sacó una llave de su bolsillo y se apresuró a abrir la puerta que lo llevaría a su mejor amigo y casi hermano.
Cedió rápidamente, provocando un resoplido en el hasta entonces aburrido caballo que se levantó al ver aparecer a su animado amigo.
-¡Happy! Te presento a Lucy.- acarició su cabeza apremiante y a Lucy le extrañó que no se asustara del nivel alto de voz de Natsu.
"Debe de estar acostumbrado", pensó la amazona. Entró insegura en el cubículo, sin creerse que le diese tanta importancia a... un caballo. El guerrero quien parecía expectante a que la rubia le dijese algo a su amigo le acercó a su amigo.
-Etto... Hola...-dijo moviendo la mano mientras sentía la mirada del animal.
-Happy.- le recordó el guerrero con un guiño.
-Hola, Happy.- añadió la rubia con los ojos en blanco, luego se giró hacia Natsu- ¿Es a él a quien me querías presentar?
-¡Happy eso no se come!- se empezó a carcajear, ignorando a la amazona.
Lucy sintió un leve cosquilleo en su cuero cabelludo. Se giró para encontrarse que su coleta estaba siendo masticada por el caballo.
-¡Eh!- grito, haciendo que el caballo se apartase y replicase.
-Creo que le gustas.
-¡Juuuvia! Ten cuidado- el guerrero había agarrado a la amazona antes de que cayese dentro del oscuro pozo.
-Juvia lo tenía todo controlado.- respondió está colocándose la falda que se le había subido por su temeraria acción.
-Te estoy diciendo que allí abajo solo hay agua.
-¡Juvia ha escuchado un ruido!
-Es solo el agua...-luego, una idea maliciosa pasó por la mente del joven.- Además, ¿Sabes que hay historias de miedo sobre gente muriendo en los pozos atrapadas para siempre?- le preguntó Gray con media sonrisa, intentando asustar a la muchacha que lo observaba con sus grandes ojos azules atentamente.
-¡Gray-sama no tiene por qué tener miedo, Juvia está con él!- acto seguido lo abrazó.
El peliazabache suspiró, esas tácticas no funcionaban con la amazona por supuesto. Y aunque sus reacciones hacia su efusividad no eran otra cosa que frías, su mente sugería el apelativo "adorable" para describir a la peliazul que ahora lo cogía de la mano y lo llevaban de vuelta por donde habían venido.
-Juvia, ¿no habíamos venido aquí porque la plaza estaba abarrotada y querías aire libre? Dime porqué volvemos...- preguntaba mientras era arrastrado.
-No, era porque Gray no hacía más que mirar a todos lados buscando a Erza-san.
-¡No estaba buscando a Erza...!
Juvia paró en seco y se giró hacia el guerrero que la miraba con sorpresa.
El rostro de la amazona, adornado a su alrededor por rizos azules, se acercó al del guerrero con un sonrojo.
-Buscaba a Erza-san, pero quedará entre Juvia y Gray-sama.- dijo con una sonrisa llena de dulzura.
Gray, ensimismado por la belleza que nunca se había parado a mirar, no se inmutó cuando las dos suaves manos de ella acoplaron sus mejillas en un gesto cariñoso.
Le habían advertido que la misión de Natsu, Laxus y él mismo sería de distracción únicamente. Y se prometió que no llegaría a más. Suficiente daño le harían a aquellas inocentes quitándoles un bien preciado, como para hacerles a su vez daño sentimental.
Sin embargo, incumplió su promesa en el momento en que bajó su rostro, buscando el de la muchacha que aún lo miraba fijamente a los ojos. Ella de puntillas, se acercó a él dispuesta a recibirlo.
-Se avecina tormenta.- se escuchó una voz de fondo femenina, haciendo que ambos se apartasen, sonrojados.
-¿Cómo lo sabes?- preguntó en respuesta otra masculina.
-Mis huesos lo sienten, querido.
La pareja eran dos ancianos que, con dificultad, caminaban cogidos de la mano. Dieron las buenas noches a la joven pareja que dejaron atrás, y volvieron a su conversación animada. Fue solo una sonrisa la que recibieron de aquella pareja; sin embargo, Gray vio reflejada en ella la verdadera felicidad. Aquella que el trabajo no le traería. Ni la venganza. Ni la soledad.
-Últimamente es muy difícil ver finales felices como ellos...- comentó Gray por lo bajo, llegando a ser oído únicamente por la amazona.
-¡Juvia quiere llegar a estar así con Gray-sama!
Sin embargo, con la mirada aún puesta en la silueta de aquellos ancianos, se dejó abrazar por Juvia sin rechistar. Siempre había sido una persona fría, ¿sería ese el calor necesitaba en la vida?
-¡Ehem!- tosió una voz a sus espaldas.
Sin girarse, sintió la mirada de cierta peliroja recorrerlo haciendo que un escalofrío recorriese su columna vertebral de arriba abajo.
Tras muchas indecisiones y marchas atrás, Wendy había decidido dejar su habitación atrás. Para su sorpresa, el burdel del que anoche rebosaba vida y calor se encontraba vacío. El silencio era interrumpido por el ruido de la escoba al arañar el suelo de madera y del escurrir de los trapos. Bajó las escaleras hacia el primer piso, cruzándose con varios hombres que salían de las habitaciones con las ropas revueltas y los ojos inyectados en sangre a causa del cansancio.
Sin necesidad de imaginarse qué le habría acontecido a aquellos hombres para hallarse en aquel estado resacoso, continuó su camino hacia el centro o como le gustaba llamar a Bob "el corazón" del burdel.
Allí las sillas que anoche eran ocupadas por clientes, se hallaban encima de la mesa mientras una mujer de exuberantes curvas y un pelo rosa recogido en un semimoño, fregaba el suelo canturreando una cancioncilla. Ajena a que una niña la miraba desde su espalda, sin saber si interrumpir su actividad para preguntarle sobre el paradero de Obaba.
Prefirió buscar a alguien que no estuviese ocupado, por lo que pasó con cuidado de no pisar lo fregado, y viendo que el camino hacia la barra estaba vedado, se encaminó hacia el único lugar que le era posible aproximarse: el escenario.
Allí, un muchacho castaño claro apareció de la nada.
-Tú debes de ser la hija de Obaba.- le ofreció una sonrisa amable.
La muchacha iba a responder cuando fue interrumpida.
-*Snif* ¡Ese es el parfum de la juventud!- exclamó un pelinaranja que salió del fondo del escenario. Adoptó varias poses sin sentido, ganándose los aplausos del otro joven. "Deberá de estar ensayando una obra...", pensó Wendy asustada del comportamiento de aquel hombre menudo.
-H-hola.- solo atinó a responder la muchacha.
-Apartate de ella, Hibiki, ¿no ves que la asustas?- le dijo una rubia de ojos azules que llevaba consigo un cubo lleno de sábanas sucias.
-¡Ni se os ocurra pisar donde he fregado!- exclamó la pelirosada mujer que hasta ese momento había permanecido ajena al encuentro.
La rubia suspiró dispuesta a esperar, dejando el cubo encima del escenario, donde el pelinaranja continuaba haciendo poses extrañas. "¿Soy la única que se extraña del comportamiento de este hombre?", se preguntaba Wendy sin poder despegar la mirada de él.
-Yo soy Jenny, soy cantante junto a él, Hibiki.- señaló al compañero pelicastaño.- El del escenario es Ichiya, sirve bebidas.
-Men~
-Y la que está fregando es Sherry, es nuestra mejor bailarina.- acabó la rubia. Acto seguido, sin dejar que la niña respondiera, se giró hacia Hibiki.-Llévala con Chelia, debe de estar haciendo sus tareas matutinas y necesitará ayuda.- le ordenó la rubia a Hibiki, el cual sonreía ampliamente a la pequeña algo que se le antojo... extraño.
-Acompáñame, pequeña.- con un gesto ostentoso, le señaló hacia una puerta blanca que quedaba cercana a la larga barra de madera de cedro.
Wendy, sin decir ni una palabra más, puso camino hacia la puerta. Dejando atrás el inicio de una pelea en la que Sherry, la cual se encontraba ya acabando de fregar, descubría que su limpio y aún mojado suelo había sido mancillado por Ichiya. Y todo porque había caído del escenario, tras tropezar con el cubo de sábanas sucias, y en un intento de llegar al botiquín de medicamentos, había topado con suelo mojado.
"Un final triste, morir a base de golpes de fregona", pensó Wendy mientras cerraba la puerta tras de sí.
La estancia en la que se encontraba era mucho más caliente, y luminosa. Se trataba de la cocina, la cual se antojaba antigua y gastada de tanto uso. Pero hubo algo que llamó más la atención de la niña, olía divinamente. Las tripas de Wendy rugieron notar el aroma que desprendían las ollas, recordándole a esta que no había tomado bocado desde hacía más de catorce horas.
Fue tal el ensimismamiento en aquel caldo burbujeante que invitaba a ser probado, que no notó la presencia de una niña que la contemplaba divertida en una mesa opuesta a la cocina. Allí, se ocupaba de pelar el saco de patatas que Bob le había encomendado.
-¿Wendy?
La aludida se giró asustada y se riñó por haberse dejado llevar. Sonrojada se inclinó en modo de saludo hacia aquella niña que al igual que Sherry, tenía un brillante pelo rosa recogido en dos coletas. Una sonrisa aniñada floreció en el rostro de la muchacha junto con una risilla aguda. Dejando el cuchillo y la patata aún lado, se secó las manos en el delantal.
-Mi nombre es Chelia, Obaba me dijo que me ayudarás con las tareas mientras te alojes aquí.- dijo con una sonrisa amable. Luego, buscó en una alacena cercana, donde sabía que encontraría lo que Wendy necesitaba para su labor.- Toma, necesitarás esto.
La peliazul se acomodó el delantal de flores y asintió a la que sería su jefa hasta que el tiempo le permitiese volver a emprender su camino. Le parecía mejor aquello que sentirse una aprovechada que se alojaría sin dar nada a cambio.
-No estés triste, no es un trabajo tan malo.-Wendy bajó la cabeza y con un cuchillo, comenzó a pelar patatas con Chelia.
Se dio cuenta que tenía razón, llevaba sin sonreír muchísimo tiempo, ¿cómo iba a sonreír cuando se encontraba tan lejos de su hogar? ¿Cuando la mujer a la que le debía su libertad había sido asesinada vilmente por su culpa?. ¿Cuando la única posibilidad de volver a reunirse con su hermano había desaparecido?. ¿Cuando había tantos hombres de Brain en su búsqueda?. ¿Cuando...
-Casi todos los que estamos aquí también tenemos un pasado duro.- había comenzado a decirle Chelia una vez que vio aflorar las lágrimas y la clasificaba como su nueva amiga.- Muchos nos toman como desafortunados por tener que trabajar en un burdel, algo que consideran indigno... Sin embargo, yo me considero muy suertuda por haber sido comprada por Bob.- Wendy se giró hacia la muchacha confundida. Esta, sin apartar la mirada de su trabajo, continuó trabajando.- Hace muchos años, vivía en un pueblecito del Norte con mi hermana, Sherry. Hubo una rebelión en mi pueblo y los ciudadanos nos alzamos con el poder. Sin embargo, un codicioso señor llamado Deliora no nos permitió vivir en paz y se hizo con el poder a base de muertes. Muchos de los niños que aconteció aquel enfrentamiento quedamos huérfanos, entre ellos mi hermana, Lyon, Gray...- pronunciaba los nombres aún a sabiendas que la persona que la escuchaba no tenía ni idea de quien se trataba. ¿Y por qué lo hacía? Para recordar. Chelia se prometía que llegaría el día en que se volvería a encontrar con ellos y los llamaría por su nombre, nunca se olvidaría de ellos. No después de todo lo que pasaron juntos.- En el mercado de esclavos, las mujeres son un objeto muy codiciado, y más cuando se trataba del pack de una joven adolescente como mi hermana y yo, una niña. Tuvimos suerte que Bob insistiese tanto en la puja. No quiero llegar a pensar en qué manos hubiésemos acabado si no fuera por él... Y ahora, soy libre, trabajo y tengo una familia enorme.- acabó con una sonrisa.
Wendy calló. Ella no pasó por la puja. Desde un principio, su madre había sabido en qué manos acabaría su hija, en las del hombre con el que tenía aquella gran deuda. Sin embargo, ella era consciente de lo que una puja conllevaba. A veces veía llegar a algún nuevo esclavo recién salido del mercado. Desnudos. Sucios. Con los ojos tristes y vacíos. Personas rotas.
Inmersa en sus pensamientos, no dio respuesta a la muchacha, que se rió. Levantó la mirada hacia su acompañante, extrañada de que se riera justo cuando le acababa de contar semejante historia.
-Yo aquí contándote historias tan tristes, y tú mientras tanto muriéndote de hambre. Lo siento mucho.- "Me han sonado las tripas de nuevo", suspiró Wendy para sus adentros. Chelia dejó a un lado su tarea y fue a buscar un trozo de pan con el que poder saciar el hambre de la muchacha.- Toma, está recién hecho.
Aún caliente, Wendy lo cogió entre sus manos.
-Gracias.- contestó mientras devoraba el trozo. Luego miró de nuevo a la pelirosa que había vuelto a su tarea.
Nunca había tenido amigos aparte de Obaba. Y su relación había sido más fraternal que amistad. ¿Podría tener una niña tan rota y especial como ella una amiga? La miró de nuevo confusa.
-¿Sabes qué pasó con ellos?- Chelia la miró confundida.- De tus amigos, Gray y Lyon.
-De Gray sé que acabó en Argos, y de Lyon no sé nada...
-Solo ha sido sexo.- dijo en alto Laxus. Aunque en cierta manera, era para autoconvencerse. Sí, aquello no había podido ser real. La sensación que le producía tenerla entre sus brazos no podía llenarlo de felicidad. No podía perderse de aquella manera con alguien. No él.
Mirajane, sintiendo una punzada de dolor que prefirió ignorar, se apartó de él. Poniéndose de espaldas al guerrero y fingiendo indiferencia contestó:
-Pues claro que ha sido solo sexo, idiota.
En fin, aquí se acabó el capítulo de esta semana. ^^
Antes de dejaros quería hacer una recomendación muy interesante. Se trata de la sensei de toda escritora Jerza (aunque también escribe sobre muchos otros ships de Fairy Tail), Sabastu . Ella además de ser quien se dio cuenta de mi error con Ultear, algo de lo que le estoy muy agradecida *^*, escribe muy bien. Demasiado bien *mirada intensa* jajajajajaja No, ya en serio, tiene fics que son geniales. Desde "Mi Maid", donde Erza se convertirá en la criada de los Heartfilia y deberá tratar con el señor Fernandes (jojojojo). Hasta su fic "Dulce Destino" donde Erza es una reconocida actriz que se enfrenta al reto de aprender a cocinar, pidiendo ayuda a un cocinero peliazul que ya todos sabéis bien quien puede ser 7w7. Las situaciones cómicas y los momentos pícaros entre aquellos dos, unidos con un poco de Gale, te hacen esperar con ansias a que suba el siguiente capítulo. "In den Schatten" es un fic que se separa de los otros fics esta autora que escribe demasiado bien *vuelve a hacerle una mirada intensa* y que sin duda es mi favorito, o casi (¡hay tantos demasiados buenos! T-T). En este fic nos encontramos a Erza y Jellal esta vez como dos espías que se ven envueltos en unas situaciones muy arriesgadas donde sus vidas correrán mucho peligro. Podría también contaros sobre "Baby & me", "Heterochromia Iridum", "27 de Diciembre", "El Chalet", "Tatuaje", etc... Pero es mejor que os acerquéis a su cuenta y os leáis cada uno de sus fics y le dejéis comentarios para animarla a seguir escribiendo más y más fics *^*
Y ya que estoy mencionando grandes escritoras y magníficos fics, es necesario que mencione a DanaLovesOhana *^* Su fic "Crime Socière" se desarrolla en una comisaría donde se investigan dos casos muy interesantes y que te mantendrán pegado al fic hasta que lo acabes. Además, el Jerza, el Gale, el Gruvia y el Lami son perfectos. Las historias que cuentan cada personaje, los lazos que los unen... Sin duda no es lo típico que uno se suele encontrar cuando lee fics, por eso mismo os recomiendo que os paséis a leerlo *^* Y también tengo que recomendar, por supuestísimo, un fic que me tiene completamente atrapada. Sí, el fic Jerza, "El origen de los cazadores oscuros" lo tiene todo. Humor. Sexo. Amor. Amistad. Dolor. Tristeza. Traición. Y sexo. Mucho sexo. ¿Os he mencionado que el sexo es importante? jajajajaja Vale, me he pasado. Como os iba diciendo, esta adaptación que la autora está haciendo, gira entorno al personaje de Jellal, un dios maldito que... No sé como decirlo sin dar spoilers, asi que es preferible que lo leáis por vosotros mismos *^* No os defraudara, os lo aseguro. Y si de paso le dejáis varios comentarios, animandola a que publique con la mayor rapidez posible, me hacéis un favor enorme *^*
Ahora paso a responder vuestros comentarios:3
Sabastu: canonicé la pareja Zervis... *^* Aunque tampoco están en una situación muy fácil, pero bueno... Están juntos xDD Gray después de este capítulo, oficialmente, se queda eunuco jajajajaja Al final no fue lemon Jerza debido a que Erza tenía cierto deber que cumplir hacia sus hermanas XD Pero bueno, a diferencia de ellos, Laxus y Mirajane aprovecharon la noche. x'D
Giuly De Giuseppe: Graciaas ^^ Espero que te guste la continuación :3
AmeliaCipri: no soy tan malvada como para matar a Wendy jajaja Aunque, puede que me entre la vena G.R.R. Martin y haga algo en su intento de llegar al pueblo de las amazonas... *risa malvada* Jellal sabe cuando tiene que callar y Gray sabe que siempre lo estarán observando jajajaja Aquí hay lemmon, je ewe Espero que te haya gustado la continuación *^*
DanaLovesOhana: Te he notado preocupada porque Wendy y Chelia trabajaran en el burdel como prostitutas JAJAJAJAJAJ Aunque en realidad, lo correcto hubiera sido poner a Chelia como prostituta ya que por aquel entonces, desde que se tiene el primer sangrado eres tratada como una mujer. Pero a ver, soy cruel con muchos personajes, pero tampoco quiero ser tan sádica. Pobrecilla :') Gray mostró sus dotes de bailarín profesional en el anime, solo si Juvia lo hubiera visto... JAJAJAJJA Me puedo imaginar perfectamente su reacción de fangirl histérica. xDD
Florecita1008JG: Este capítulo esta centrado en todos las parejas :33 Es hora de que demuestren que verdaderamente es la época de apareamiento e.e jajajajajaja Wendy se salvó, ahora solo le queda llegar a el pueblo de las amazonas sana y salva jujuju Por ahora Mirajane y Laxus se lo están pasando muy muuy muy bien 7w7
Mucha suerte con vuestros exámenes, citas, trabajos, exposiciones, etc...
Nos leemos~
