Lo sé, entendería que me queráis matar ahora mismo. Siento mucho haber estado ausente casi tres meses pero... ¡ACABÉ LOS EXÁMENES! *^* Hoy, tras 5 horas de examen, soy libre. Y lo primero que he hecho no ha sido salir con mis amigos. No. Me aislé en mi habitación para preparar este capítulo. A mi defensa diré que este capítulo llevaba desde Mayo escrito, pero que mi amiga, la cual corrige los capítulos antes de subirlos, estaba de exámenes y tampoco pudo corregirlo. En fin... ¡Que ya estoy de vuelta! Y sé que tengo que responder a 351654 comentarios y leer 648646854 fics. Intentaré ponerme al día lo más pronto que pueda, pero si pasa el tiempo y no he leído/respondido vuestros comentarios, no dudéis en recordarmelo vía mensaje privado o comentario o como sea. Yo lo atenderé de inmediato. :3
Que bien sabe la libertad...
Y ahora necesitaba comentaros algo desde hace mucho tiempo...
*SI NO VAS AL DÍA CON FAIRY TAIL NO LEAS DESPUÉS DE ESTO*
QUE FUERTEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE. ¿Quien será Eileen? ¿Que relación tendrá con Erza? ¿Qué pasará con Gajeel y Zera? ¿Qué pasará con Zeref y Mavis? ¿No os estáis muriendo de la curiosidad como yo? TTT^TTT
********YA******
Fairy Tail no me pertenece, es de Mashima.
Aquí os dejo (por fin) con el capítulo ^^
Capítulo 16 – La Tormenta
Laxus paseó la mirada por la solitaria taberna donde varios borrachos yacían dormidos en la barra. El dueño, trataba despertarlos de diversas maneras no muy gentiles, mas no obtenía respuesta alguna.
El guerrero había bajado a por su cena, ya que su escasez de apetito había hecho que atrasara la hora de cenar hasta aquellas altas horas de la madrugada. Se sentía tan extraño y vacío. Siempre había pensado que, tras mantener relaciones sexuales con aquella amazona, su interés hacia la misma fallecería con tanto éxito como el de ella aumentaría. Sin embargo, ¿por qué había sucedido lo contrario? ¿Estaba él tomando su propia medicina?
Siempre las mujeres le habían rogado permanecer a su lado, que las tomara como esposas. Cosa que siempre había negado con desprecios y llegando a ciertos extremos, humillaciones. En su mente iban pasando las humillaciones o palizas que su madre había recibido de manos de su explosivo padre. Y es que, aun siendo pocos los recuerdos que él atesoraba de ella, la mayoría resultaban ser desagradables. No le extrañó que en uno de aquellos arrebatos que normalmente sufría su padre, ella falleciera.
Las mujeres le parecían tan débiles... Y justo como su padre le había enseñado de tan dura manera, tendía a repelerle todo lo que pudiese serlo. Mas ella era la fuerza. Ella era la única persona que llevaba en su cabeza desde que lo abandonó para volver a su poblado. Ella fue la que se marchó aclarándole en varias ocasiones que aquello no llegaba a ser más que un revolcón. Había sido la única mujer que lo había tratado como un simple juguete sexual. Y eso lo irritaba. ¡Ese era su papel en cada encuentro sexual!
Se aventuraba a imaginar que ocurriría en el hipotético caso que Ivan Dreyar conociera a Mirajane. No creía que algo bueno pudiese surgir de aquello. A veces, aquella imagen era reemplazada por otras nuevas, unas donde su padre ya no fuese un problema y quizá, y solo quizá, pudiese trabajar en esa milésima parte de su ser capaz de tener una relación estable. Pero rápidamente se desquitaba, aquello le parecían ensoñaciones propias de un adolescente y aquella etapa la había pasado hace tiempo. Digamos que en el mismo día que entró en la fase rebelde propia de esta etapa, Ivan hizo lo suyo para acabar con ella.
Y no es que no quisiera intentarlo, sino que sabía con seguridad que separar a la Mirajane de su tribu le parecía algo imposible. Y además, sería un imprevisto demasiado grave en su misión y que conllevaría a tener varias consecuencias. Misión que parecía ser algo que había quedado fuera de la conversación de los guerreros hace bastante tiempo.
¿Y por qué ninguno de ellos preguntaba cómo iban los avances? Esa era la costumbre. Siempre habían sido profesionales con respecto a todo lo relacionado con su trabajo, hasta el mismísmo y extrovertido Natsu estaba completamente atento a cualquier lucha de la que pudiera ser partícipe. Ponerse al día antes de acostarse solía ser una rutina durante las misiones. Sin embargo, últimamente algo raro estaba pasando... y no solo a él.
Caminaba silencioso por el oscuro pasillo cuando vislumbró una silueta cerca de la puerta de Jellal. Alarmado, se palmeó con la mano libre donde guardaba su puñal para poder defenderse del intruso. No tenía idea de quien podría querer algo de su amigo. Quizá podría ser uno de los hombres que aquella mañana habían buscado... O un simple ladrón.
La poca luz le dejaba entrever una figura alta y, aunque no tan robusta como él, musculada.
-Hola, Laxus- saludo un barítono desde la lejanía.
Le alegró escuchar la voz de su amigo y saber que no había peligro, ni para él ni para su sopa que humeante bailaba en el cazo.
-¿Por qué estas fuera?- preguntó mientras volvía a colocar su puñal en su sitio. Su amigo pareció pensar su respuesta antes de contestar.
-Erza está dentro.
Al principio, Laxus se puso muy nervioso. Recordó la última discusión antes de acabar en la cama con la albina, sabía perfectamente cuál era el plan de la peliescarlata. Y sobre todo, sus métodos.
Pero, si se suponía que se iba a quedar desnuda ante él, ¿qué le había hecho salir fuera? Intranquilo, se repitió varias veces que había probado la masculinidad de su amigo. Lo había visto compartir lecho con mujeres en varias ocasiones. No podría ser eso. No.
-¿Y qué?
-Bueno, es que tenía la ropa mojada y le estoy dejando que se cambie a unas secas.
Laxus se rió. Y entendió el porqué de la urgencia de Mirajane por ayudar a aquella pareja tan lenta. Al fin y al cabo, aquella mujer siempre solía tener la jodida razón.
Tras darle dos palmadas en el hombro, prosiguió su camino en dirección a la habitación de Natsu.
-¡Suerte!- le dijo mientras se alejaba.
-¿No me vas a preguntar porque está aquí?- preguntó el azulado que se masajeaba el hombro con una mueca.
-¿Para qué si ya lo sé?- preguntó aun riéndose mientras llamaba a la puerta del pelirosado.
El guerrero peliazul se quedó pensativo en la puerta, y observó cómo desaparecía dentro de la habitación de Natsu.
Olía a quemado, eso fue lo primero que captó Laxus al entrar en aquella habitación casi a oscuras.
-¿Qué habéis hecho?- suspiró Laxus mientras se hacía un hueco en una mesita apartada para poder comer a gusto entre tanta ropa tirada por el suelo. Cosa que al rubio no le importaba dado que él vivía justo en un desorden semejante.
Gray y Natsu permanecían en la cama jugando en una especie de tablero con circunferencias de madera, donde intentaban demostrar cuál de los dos era el mejor estratega. El pelirosa, concentrado en colocar su pieza en una posición que comprometiera a su contrincante, ignoró a su amigo.
-Natsu se enfadó por haber perdido,-comenzó a aclararle el peliazabache sin retirar la mirada de la partida.- tiró las piezas haciendo que una cayese en el fuego.- dijo señalando la pieza de manera, la cual ahora se hallaba negra, y la llama de la vela cercana a la cama.
-¡No muevas esa pieza exhibicionista!- se quejó el pelirosa que se vio interrumpido.
-No la hubiese movido si no hubieras formado aquel escándalo.
-Es porque hiciste trampa.
-Pruébalo.
-Lo que vas a probar es mi puño.
-Y tu culo, mi pie.
Laxus miró a su alrededor resoplando. No estaba Jellal para pararlos, cierto. Suspiró y se giró hacia sus compañeros.
-Oye Natsu,- ambos ya habían tirado el tablero al suelo y se encontraban forcejeando. Giraron sus cabezas para prestar atención a su amigo.
-¿Qienrv?- intentó decir Natsu con la palma de Gray en su boca, impidiéndole vocalizar correctamente.
-No nos contaste que había en esa carta que recibiste hace varios días.
Natsu se revolvió inquieto en su sitio. El peliazabache, captando el cambio de humor de su amigo, volvió a su posición inicial, liberándolo a su vez de aquel agarre.
-Bueno... -comenzó, indeciso al no saber cómo abarcar el tema que tanto había guardado para sí mismo.- No pensé en contároslo debido a que ya estabais bastante preocupados con lo de Wendy, pero ya que todo está solucionado... Debería...
-Natsu, ve al grano.- le instó Gray.
Este fulminó con la mirada a su amigo, antes de proseguir.
-La carta era de Mavis.
-¿Qué hizo esta vez Zeref...?- preguntó entre un suspiro Gray.
-Verás, resulta que esta vez se trata de algo bastante gordo, por lo cual me instó a acabar o abandonar esta misión y volver cuanto antes.
Erza Scarlet no tenía ni idea de técnicas de seducción.
De hecho, las pocas técnicas que sabía se las había enseñado su hermana mayor y su difunta madre. Sin embargo, esos pocos consejos los exprimiría al máximo.
Si el desnudo no fue eficaz, lo sería el segundo consejo que le dio su hermana.
Intentaba anudarse el cordón interior de los pantalones, porque prácticamente le quedaban el doble de grande. Y es que encima de que se sentía muy rara sin ropa interior, existía la posibilidad de que aquellos pantalones se cayesen en cualquier momento. Por todos los medios posibles intentaba que aquello no sucediese.
"Un momento Erza, ¿no es eso lo que quieres?", se preguntó tras finalizar un nudo extremadamente difícil que utilizaba para crear trampas de animales.
Con un suspiro de exasperación comenzó a deshacerlo con dificultad ya que, para su disgusto y orgullo, había hecho una gran labor. Y justo acababa de deshacer aquel nudo cuando dos golpes la instaron a darse prisa. Hizo uno improvisado, el más básico posible, y movió las caderas para comprobar la resistencia de este.
-¿Erza? ¿Acabaste?- preguntó una voz desde el otro lado de la puerta.
-No,- contestó automáticamente mientras daba una vuelta sobre sí, dándose por satisfecha- ¡SÍ SÍ!
-¿Puedo entrar?
Miró el nudo y miró la puerta. Según sus cálculos: aguantaría, lo suficiente como para llegar al acto. Y además, aquel hecho la aventuraría a ir más rápido seduciendo al guerrero.
-Sí
El peliazul entró, cerrando la puerta tras de sí, y sonrió a la joven que lo observaba atentamente a los pies de la cama. Justo donde la había dejado minutos atrás. Varios truenos resonaron de fondo mientras se acercaba a ella.
-¿Y bien?-preguntó Jellal tras un breve lapsus de tiempo en el que la mirada de la peliescarlata le hacía pensar que esperaba algo de él. Él estaba ansioso y curioso por saber el porqué de la visita de aquella amazona en un día como tal, y sobre todo el por qué Laxus lo sabía. Erza lo miró sin comprender y con una pizca de esperanza, "¿acaso el finalmente se percató de mis intenciones?", se preguntó.- Viniste porque necesitabas algo, ¿no?
Las mejillas de Erza se colorearon, rosadas, al momento, pero la estancia en penumbra no le dio la oportunidad de ser descubierta. Trastabilló entre palabras hasta dar con las adecuadas
-Necesitaba algo de ti...
Entonces, Jellal creyó encontrar la unión entre la amazona y Laxus.
-Lo sé, estaba esperando a que me lo comentaras.-Su rostro se tornó serio; sorprendiendo a la amazona que lo miró expectante.- Sé que el hecho de que muchas mujeres de este pueblo estén desapareciendo y que Lucy y Natsu atraparan a aquel hombre planeando secuestrar amazonas con aquel especie de somnífero, deben de estar estrechamente relacionados.- las pupilas de la amazona se dilataron de terror, era la primera vez que escuchaba sobre aquellas noticias. En un primer momento sintió enfado, por no haber sido informada aun siendo la líder. Luego vino la furia hacia aquellos hombres. Y, por último, el miedo.- Los habitantes se están movilizando para conseguir información, de hecho esta misma tarde estuvimos rastreando el pueblo en busca de algo sospechoso y de las mismas desaparecidas. Pero no hay ni rastro... Aun no así no pararemos hasta obtener algo nuevo.
Erza se quedó pensativa varios instantes.
-¿Qué sabéis sobre ellos?
-Pues lo único que sabemos con seguridad es lo que tu hermana y Natsu consiguieron sonsacar al hombre que capturaron. Intentaron averiguar más información, pero un soldado de Argos se lo llevó al poco tiempo... Todo lo demás son suposiciones. –al ver que le instaba a continuar informándola, prosiguió.- Por lo que Lucy y Natsu averiguaron, se trata de un grupo de hombres de los cuales uno fue capturado y el otro huyó. Utilizan una droga que es como un somnífero que hace caer inconsciente a la víctima. Por lo que pudieron escuchar, sus planes estaban enlazados con el contrabando de esclavos.
Erza apretó la mandíbula, meditando durante varios segundos. Ahora mismo su lado amazonas lo pedía despedazar a aquellos individuos; sin embargo, su paradero aún era desconocido. Por ahora.
-¿Estáis completamente seguros que no están en este poblado?
-Casi completamente, ayudamos a peinar la zona pero no hubo ni rastro.
La amazona meditó dando un pequeño paseo durante varios segundos, antes de volverse hacia el guerrero con seguridad y un movimiento brusco.
-Eso solo puede significar una cosa, sean quienes sean esos individuos se esconden en el bosque. Pero debe de ser una zona alejada de nuestro poblado porque si no habrían sido descubiertos por nosotras...
El guerrero, no la miraba con seriedad sino con sorpresa y nerviosismo. Confusa, tardó en percatarse que tenía frío en las piernas. Los pantalones habían caído y aunque la camisa tapara la zona más privada de su ser, su falta de ropa interior quedaba en evidencia.
Esperando respuesta alguna del peliazul, clavó su mirada en el hombre que mantenía sus ojos fijos en su rostro, obligándose a no mirar abajo. En un primer impulso quería taparse y huir de allí cuanto antes. Pero ella era Erza Scarlet, y aquello iba a superarlo. Ella nunca huía de un reto.
Juntó toda la valentía que por su sangre corría y acercó su cara a la del guerrero. Jellal, sorprendido por el movimiento, acunó su rostro en respuesta, acercándose a ella. Pero fue la amazona la que dio el primer paso y apretó sus labios contra los del peliazul. Sin experiencia y con nervios, experimentó lo que por tanto tiempo había querido hacer.
Tras romper el beso para recuperar el aire, a ambos se le escapó una sonrisa la cual se vio interrumpida por culpa de otro beso que los hizo caer sobre la cama.
Lyon había hecho un largo camino bajo la lluvia, pensando en diversas torturas que infligir a quienes tenían la culpa de que él hubiese tenido que hacer aquel viaje con tanta urgencia. Cansado, resfriado y con un mal humor acumulado desde el primer día que inició su camino; miraba bien el papel arrugado donde tenía las indicaciones para llegar a aquel lugar perdido de la mano de los dioses.
La humedad pegajosa. Los mosquitos. Los múltiples insectos que acudían a él en manada. Pero aun así no se iba a quejar, en su duro pasado tuvo que vivir experiencias peores. Aquella posición cómoda se la había ganado con mucha sangre y sudor.
Según aquel dibujo que ahora estaba un poco corrido, debía de estar a pocos pasos para llegar a su destino. Y cuando escuchó varios golpes a parte del ruido incesante de la lluvia, lo supo. Había llegado.
La choza estaba hecha una pocilga. El musgo se acumulaba en las tablas de madera, camuflándola a su alrededor. A simple vista, parecería una pequeña casa ya abandonada. Y así había sido como la habían encontrado en un principio. Sin embargo, ahora los insectos no eran los únicos que daban vida a aquella sucia vivienda.
Otros golpes hicieron temblar la casita que volvió a quedar en silencio segundos después. Cada vez que se acercaba más, podía atisbar otros ruidos muy familiares para él. Escuchó sollozos. Y muchos más gritos furiosos de sus subordinados.
-¡Que dejes de llorar, perra!
Un nuevo golpe sacudió la casita.
Suplicó a los dioses para que sus subordinados, novatos en la profesión de secuestradores, no estuviesen infligiendo heridas en los rostros de las muchachas. Aunque en su tiempo se lo hubiese dejado claro, tenía el miedo que algún golpe se les hubiese escapado. Sin embargo, una herida como aquella podría significar que las muchachas fuesen feas para la vista de los compradores. Y bien se sabía que la mayoría de las esclavas eran vendidas como objeto sexual. Su amo podría perder mucho dinero, y aquello le traería a él muchas consecuencias.
Entró en la casa con rabia en la mirada, haciendo que sus dos subordinados, Yuka y Toby, saltasen del susto, susurrando un saludo acompañado de una mirada de miedo. A su alrededor, todo seguía igual de asqueroso como lo había dejado meses atrás. Pero había algo nuevo en el sucio cuartillo del fondo donde tres mujeres acurrucadas y maniatadas, temblaban.
Ignorando las falsas adulaciones de sus subordinados quienes querían contentar a su superior, caminó hacia las muchachas que se encogieron aún más sobre el frío y húmedo suelo. Asustadas, mantenían la cabeza entre las rodillas; escondiendo su desnudez y buscando desaparecer de aquel lugar.
Con movimientos bruscos levantó los rostros de las mujeres para comprobar para su alivio que ningún golpe había afectado a los rasgos que pudiesen resultar atractivos de estas. Las heridas o moratones en cualquier otra parte podrían cubrirse, aunque era preferible la desnudez. Sin embargo, la cara...
Una vez hubo comprobado el estado de cada uno de sus productos, se giró hacia los subordinados, cerrando la puerta del cuartillo tras de sí.
-Mañana vendrán a recogerlas y llevárselas al Puerto de Nafplio, donde Cobra se las llevara a Egipto para ser vendidas.- se acercó a sus subordinados con tono amenazante.
-Lo entendemos, las tendremos preparadas para entonces.- ambos asintieron y continuaron esperando. Ambos sabían que lo peor estaba por llegar, pues habían fallado en su misión.
-¿Dónde están los demás?-preguntó aparentemente calmado.
-Patrullando, están camuflados como clientes de hostales, atentos al movimiento de las amazonas.
-¿Seréis capaces de atrapar al menos una?- preguntó mientras se frotaba las sienes.
-Sí, señor.- respondieron a la vez cabizbajo.
-¡Entonces porque me han mandado aquí?- preguntó cabreado.- ¡Sois unos inútiles!- comenzó a mover las palmas de las manos, exasperado.- ¿Cómo pudieron ser descubiertos dos hombres de una manera tan...?- miró con ira a los dos hombres que bajaron la mirada.- ¿Qué sois como mujeres cotilleando en la esquina?–él que tenía unas cejas enormes fue a responder cuando un severo Lyon le paró.- ¡Silencio! ¡En el pueblo no se menciona sobre nuestros planes! ¿Sabes todo los problemas que nos habéis ocasionado! ¡Hemos tenido que mover demasiados contactos para liberar a Tem! ¿Puedes imaginarte lo que podría pasar si el rey Hades se llegase a enterar sobre nuestras sucias maneras de encontrar esclavos!
Continuó desahogando la furia en sus cabizbajos subordinados que asentían sin parar.
-Quiero al menos a una hermana de sangre de la reina Amazonas. –finalizó fríamente.
Comenzaba a pillarle el truco a aquello de besar.
Había presenciado en varias ocasiones desde el tejado cómo muchas amazonas habían comenzado a besar a hombres, para luego desaparecer por algún callejón en su compañía.
Ella sabía que aquello era importante antes de proceder a introducir el aparato reproductor de él dentro de ella y así poder "regar la semilla", como solía decirle su madre. Aunque su hermana solía utilizar palabras un tanto más vastas.
Una nueva confianza florecía en su interior tras no haber sido rechazada por Jellal y notaba un ligero cosquilleo que aparecía por cada zona de su piel que era acariciada por las yemas de los dedos del guerrero. Una vez segura, Erza decidió dar un paso más y comenzar a explorar por su cuenta.
El peliazul había esperado pacientemente a que la amazona se relajase a pesar de que sus ganas de desnudarla y hacerla suya no hacían más que aumentar. Al ver como la amazona se sentía más desenvuelta, decidió aprovechar el momento para situarse encima de ella y poder así comenzar a besar su tierno y tan apetitoso cuello.
Erza, quien solo había llegado a tocar sus omoplatos, se quedó inmóvil de la sorpresa. No entendió el movimiento hasta que algo nuevo se aventuró en ella. Era una sensación completamente nueva. Y placentera. Tantas veces había tocado su cuello... ¿y por qué en ninguna se había sentido así?
Las manos de Jellal acariciaban sus desnudos muslos mientras la mujer dejaba escapar un suspiro de sus rosados e hinchados labios. Las manos de la amazona resbalaron por la ancha espalda del guerrero, agarrando la tela cuando el guerrero comenzó a bajar hacia su blusa.
No le gustó que parase, y se lo hizo saber al guerrero en una simple mirada. Este solo le sonrió y le dio un casto beso en los labios antes de incorporarse para deshacerse de su camisa.
La amazona contempló el torso del guerrero con detenimiento. Le agradó que no fuese tan musculado como su compañero Laxus, o como el mismo Ares. Aun así, con cada paso que daban, sentía que perdía cada vez más el control. Las manos de él demostraban ser expertas y decididas, sabían que puntos tocar y que hacer. Sin embargo, las suyas navegan a la deriva. O al menos eso pensaba ella, pues por más que lo acariciaba tal y como él hacía con ella, no escuchaba respuesta alguna. Y eso la estaba comenzando a poner nerviosa.
Angustiada y aportando más de la fuerza que debía, dio la vuelta al guerrero en la cama. Se situó sobre el peliazul, confundido por el empujón inesperado.
Erza le besó la barbilla y luego los pómulos, antes de volver a sus labios. Sin embargo, al tener que bajar hacia su boca, su entrepierna chocó con un bulto inesperado.
Ella sabía que debía estimular al hombre lo suficiente como para que su miembro estuviese preparado para copular. Por lo que volvió a repetir varias veces ese movimiento, apretando más la zona, ganándose un gruñido entre besos del guerrero. Jellal, agarró las nalgas con fuerza apretándola contra él. Notó lo que parecía ser su miembro, largo y duro, justo como lo describió su hermana Mirajane.
La amazona recuperó toda la confianza en segundos. Tras percatarse de lo sensible que era la zona para el guerrero, no dudó en repetir el movimiento varias veces, notando como la excitación crecía entre ambos.
Se incorporó, triunfante, y se dispuso a deshacerse de los pantalones del guerrero, pues había comprobado que estaba preparado. Y ella también se sentía preparada.
Él se incorporó para ayudarla y a su vez quitarle la última prenda que le faltaba para quedar completamente desnuda.
No era la primera vez que veía un miembro viril. Varias veces lo habían cortado a modo de amenaza para futuros visitantes. Sin embargo, aquel no era como aquellos trozos de carne frío y gris. Y eso la inquietaba y le daba curiosidad al mismo tiempo.
El guerrero, inmerso en las buenas vistas, la tumbó de nuevo bajo suya, dispuesto a explorar con detenimiento. Erza, por su parte, esperó el beso que nunca llegó, pues los labios del peliazul fueron a parar a uno de sus rosados pezones. Se estremeció ante la sensación que se extendió hacia su entrepierna. Gimió con sorpresa cuando sintió cómo un dedo tocaba su centro ahí abajo. Eran tantas las descargas eléctricas que le recorrían que por un momento olvidó todos sus problemas. Él había cambiado de pecho, y aunque su pulgar seguía masajeando su clítoris, el índice entraba y salía de ella. A él le encantaba oír como susurraba su nombre, y ver el rostro lleno de placer que ahora plasmaba la amazona.
Quería adorarla más, pero cuando comenzó a notar un temblor en las piernas de la peliescarlata, supo que el fin estaba cerca. Y así fue. Le temblaban tanto que no sabría si podría mantener el equilibrio si estuviese en pie. Y se sonrojó al pensar en los gemidos que había podido proferir inconscientemente antes.
-Erza, voy a entrar.- le susurró con palabras roncas el guerrero al oído. Y es que la hinchazón que se extendía por su miembro comenzaba a resultarle dolorosa. No podría aguantar mucho más.
Aquellas palabras trajeron a Erza del éxtasis a la realidad.
-¡Espera!- exclamó la amazona dando un empujón suave al guerrero para pararlo. Este la miró asustado. Esperaba no tener que quedarse a medias, no estando como estaba en ese momento...-Yo encima.
La miró confuso.
-¿No es tu primera vez? Puede doler... Yo podría...
-No, déjame.-le interrumpió muy segura.
Él obedeció, tumbándose sobre la cama y dejando a la amazona colocarse. Esta, aun teniendo las piernas un poco dormidas, consiguió colocarse y con seguridad, se introdujo el miembro en un solo movimiento. No era doloroso, más bien incómodo. Y en un sitio que hasta ese momento no le había hecho falta utilizar. Comenzó a cabalgar lentamente al peliazul, que la ayudaba a seguir el ritmo con las manos en sus caderas.
Sabía que él era el único que estaba disfrutando de aquello, pues con sus movimientos no llegaba a tocar el punto sensible que había dentro de ella. Jellal se incorporó, estando aún ella encima y la ayudó a entrar más, pudiendo así disfrutar ambos.
Se besaron sin perder el ritmo.
Se acariciaron sin perder el ritmo.
Se nombraron, aumentando el ritmo.
Se fundieron, aumentando aún más el ritmo.
Se abrazaron tirados en la cama, poniéndole fin a aquel ritmo.
Y finalmente se durmieron, soñando porque aquella tormenta no cesara para así poder permanecer juntos.
-¿Y cuándo pensabas decírnoslo!- preguntó Gray, exasperado porque su amigo no le hubiese dado importancia alguna a algo tan importante.-¡Esto hay que contárselo a Jellal!
-Deja a Jellal en paz por esta noche.- respondió Laxus meditando aún la historia de Natsu.-Así que según la carta de Mavis, Zeref está haciendo negocios con Zero... Pero, ¿Qué quiere querer un hombre como Zero de alguien como tu hermano?
-Un cruel traficante de esclavos de un antisocial camuflado en el bosque.- corrigió Gray con rabia en su voz.
-No lo sé, pero tiene mala pinta...
-¿Y desde cuando tu hermano tiene trato con Zero?-preguntó Laxus.
-Desde que todos nosotros comenzamos a cobrar fama y dinero. Zeref y Acnologia se han empecinado en ser más ricos y más famosos... Ese estúpido Acnologia... Viniendo de él, me puedo esperar cualquier negocio sucio para ganar una de las dos cosas.
-Y Zero le puede proporcionar ambas...-añadió Gray echándose hacia atrás para poder tumbarse completamente en la cama del pelirosado.
Natsu, quien no mantenía recuerdos muy claros de su estancia en el bosque, ni de mucho menos la noche en la que tuvo que huir con su hermano de aquel asesino; recordaba muchas de las anécdotas que su padre le había contado sobre su "joven amigo dragón". No era un hombre que jugase limpio. Su padre se lo había advertido. Y él lo había experimentado. Había conseguido que ambos hermanos, una vez inseparables, acabaran divididos. Y enfrentados.
Aún recordaba con dolor cada una de las múltiples acusaciones que había hecho su hermano contra él. Todas sin duda habían sido calumnias que el propio Acnologia había plantado en la ahora vacía cabeza de su hermano. Él no mató a su hijo, ¿cómo podría él matar a su sobrino? Él no maldijo a Mavis para que no pudiese conceder a más niños, si adoraba a la esposa de su hermano. Él no envenenó su ganado durante su visita. Y sobre todo, él no había matado a su padre.
Aquella acusación lo carcomía por dentro. Pero, llegaría algún día en el que podría demostrar su inocencia. Lo conseguiría. Y entonces, recuperaría a su hermano.
Bueno, espero que os haya gustado el capítulo. Y haber completado las expectativas lemon Erza-Jellal. u_u Dicho esto, me voy a leer todo lo que tengo atrasado. ^^U
Responderé a las reviews vía mensaje privado porque tengo la bandeja de entrada de mi correo un poco desastre. ^^U Sin embargo, los guest serán respondidos en el siguiente capítulo.
¡Nos leemos!~
