¡Muy buenas!~ ¡He vuelto! ^^ En el sitio donde estaba veraneando no tenía wifi con el que subir el capítulo, ni para leer, ni para nada... D: Pero bueno, volví :')
Antes de empezar, quiero recomendar una nueva obra de Noalovegood , se llama "Reflejos" y es un fic muy corto y ameno. Y bueno, no quiero decir mucho para no spoilear, pero si te gusta la pareja Zervis o quieres probar a leer algún fic de esta pareja o te encantan los fics bien narrados, te animo a pasarte a leertelo.
Dicho esto, quiero solo agradecer a todos los que tenéis la paciencia de esperar las actualizaciones de mi fic que últimamente me resulta complicado publicar. ¡Pero no desisto! En breves, espero tener otro fic nuevo que llevo adelantado pero que quiero perfeccionar.
Tengo muchos fics y comentarios aún por leer y responder; pero prometo ponerme al día y responderos y leeros a todos. :)
Finalmente, os dejo con el capítulo. Ni Fairy Tail ni sus personajes me pertenece, son de Mashima.
Capítulo 17 – Emprendiendo el vuelo
Olía a tierra mojada.
Un silencio ensordecedor se extendía por aquel bosque tan verde, el cual se turnaba lúgubre aquel día especialmente para las amazonas. Pocas eran las que habían decidido salir del poblado después de las noticias, y aún menos teniendo cachorros y ancianas que proteger. Sin embargo, algunas jóvenes debían enfrentar una importante misión.
Su pie descalzo se estrelló contra un charco, lo que provocó que varias lagartijas huyesen a sus respectivos refugios. La tormenta había cesado hacía varias semanas, pero la lluvia no había traído tras si la calma que se pronosticaba en casi todos los cuentos de su niñez.
Sentía sus pies ateridos por el frío.
Miró de reojo a la rubia despampanante que con gracia apartaba las ramas dejando un camino tras de sí, no podía sentir más que admiración hacia ella.
Su entrenamiento apenas había comenzado, y aunque sus habilidades no llegaban aún a la altura de la mayoría de amazonas, sus profesoras habían pronosticado un futuro brillante para ella. Un futuro un tanto diferente al que se le había dictado desde pequeña.
Observó sus manos, apretaban el mango de un cuchillo que había afilado justo antes de salir. Días antes si se las hubiese mirado probablemente hubieran encontrado algún paño o escoba.
Y no podía hallarse más feliz de sentir frío en sus pies.
Desde pequeña hasta mujer adulta, cumpliendo con el futuro que su padre le había impuesto. Siendo doblegada, humillada, violada o golpeada bajo las manos de su marido, hacía mucho tiempo que había dejado de pensar en el futuro.
Llegaron a su destino, volvían al pueblo de los gargarios.
Esta sería su primera incursión en su pueblo de origen. A pesar de que hacía relativamente poco tiempo desde que había abandonado su "hogar", la situación de emergencia había empujado a aquella mujer, que aún lamía sus heridas, a volver a su pueblo.
-¿Es aquí?- le preguntó Lucy en un breve susurro que fue casi silenciado por el ruido de las hojas al ser arrastrado por el insistente y caprichoso viento.
Kagura miró la fachada de aquella casa mientras varios flashbacks le hacían asentir con su cabeza. ¿Cómo no iba a reconocer aquella casa? Era la morada del mejor amigo de su marido.
Lucy inspiró varias veces antes de llamar a la puerta.
Hubo varios gritos en el interior, instigando a alguien a recibir la visita, aunque no con buenas palabras. Kagura siseó en silencio, al descubrir que quien abría la puerta no era otra que la menuda mujer del señor de la casa. Cabizbaja, saludó a las mujeres y tembló de miedo al pensar en la cólera de su marido al ver quien resultaba ser la visita.
-¡Rose! –una voz grave y gruñona gritó desde el interior.- ¿Quién es!
-Tuvo que ser el viento.- respondió la mujer mientras se instaba a cerrar la puerta, con las pupilas dilatadas de terror.
Lucy, ágilmente, colocó el pie entre esta y el marco para que no se cerrase del todo.
-Necesitamos hablar con su marido.- pidió la amazona más joven, intentando ignorar el sentimiento de tristeza que le invadía al comprobar como la mujer caía cada vez más en la desesperación.
-Por favor, váyanse, hoy no está de muy buen humor.- les pidió en un susurro, con ojos suplicantes y llorosos.
-¡ROSE!
-Es importante.- dijo Kagura, entrando en el campo de visión de la ama de casa.
Rose se quedó paralizada al reconocer a la mujer. Sí, ella había sido la mujer que había escapado hacía varias semanas al lado de las amazonas. Aún en shock por el encuentro, una mano la empujó fuera del marco de la puerta, pillándola desprevenida y haciéndola estrellarse contra la pared opuesta.
Un señor obeso con las mejillas rosadas apareció y contempló a las dos muchachas de arriba abajo, parándose especialmente en Kagura.
-Hombre Kagura, ¿ya vienes para que te follen bien duro como una buena amazona?- se rió, poniéndose aún más rosado, dando claras muestras de embriaguez.
La aludida, que contemplaba con asco al hombre, apretó sus manos con furia y bajó la mirada; conteniéndose para sí misma. Se veía capaz de acabar con él, pero no iba a fallar en la misión que ella le había encomendado. No iba a defraudarla.
Sin embargo, Lucy no consiguió la misma paciencia para reaccionar y se lanzó hacia el hombretón. Un olor a alcohol le provocó arcadas cuando se acercó para lanzarle un puñetazo que lo dejó contra el suelo.
-¿Quién te crees, pequeñaja?
La aludida se colocó de cuclillas y con un cuchillo comenzó a dibujar círculos sobre la grasa que se acumulaba en su cuello. Su mujer, al otro lado de la estancia, lloraba desconsolada mientras se abrazaba a sí misma.
-Pues esta pequeñaja tiene varias preguntas para ti, y espero que estés dispuesto a responderlas.
Presionó levemente la hoja, provocando varios grititos ridículos, y un fino hilo escarlata resbaló hasta la camisa desbotonada.
-Si no tendremos que tomar medidas, ¿verdad, Kagura?
La aludida entró en la estancia, cerrando tras de sí y observando con una mezcla de repugnancia y orgullo, la escena. Cerró la puerta lentamente, disfrutando de la cara de terror.
-Por supuesto.
Arrastró sus pies una vez más en aquel suelo enfangado, prometiéndose a sí misma que la aldea de los gargarios no debía de estar muy lejos de donde ella se hallaba.
Aquel comerciante le había dejado dos pueblos antes de su destino y con las provisiones que le habían dado en el burdel, planeaba no tener problema alguno de hambre ni sed.
Pero aquello no estaba resultando ser tan fácil como se lo había relatado a sus amigos de Blue Pegasus antes de partir. Con lágrimas y promesas de volver, les aseguraba que no tardaría más de tres días en llegar a la aldea de las amazonas. Y que intentaría hacerles saber que había conseguido llegar al poblado de mujeres, sana y salva.
Pero las constantes caravanas le hacían esconderse entre árboles, o piedras, para no ser reconocida.
A causa de que el comerciante había tomado una ruta desconocida a la que Obaba le había dado, no tenía refugio alguno durante las noches frías. Su capa le otorgaba protección ante el frío, pero no contra los ladrones. Y la misma noche que había pernoctado por primera vez en una cueva, le habían robado las pocas provisiones que llevaba.
Sin agua.
Sin mapa.
Sin comida.
Sin otra cosa más que un camino que seguir.
Al segundo día había buscado recuerdos dulces en su subconsciente para sobrellevar aquel mal momento.
Al tercer día había llegado al primer pueblo que antecedía a los gargarios, pero a causa de su suciedad, no había sido bien tratada. Es más, solo logró que la arrastraran hacia las afueras con gritos como "No queremos más niños mugrientos aquí". Aunque al menos había conseguido que le dieran un poco de agua.
Al cuarto día sus suelas se habían desgastado lo suficiente como para dejar de ser útiles y tener que tirarlas.
Al quinto día sus pies sangraron y se infectaron tanto que anduvo la mitad de lo que hubiese hecho un día normal.
Al sexto día dejó de apartarse cuando un carromato pasaba a su lado.
Al séptimo día pensó que se había equivocado de camino.
Pero el octavo día, fue mucho peor. Ahí estaba él.
Arrinconada en un árbol, observó que el albino que anteriormente había encontrado en la taberna de Blue Pegasus hablaba con el dueño de un carromato que permanecía estacionado cerca de la calzada.
Tras intercambiar varias palabras que la muchacha no pudo llegar a escuchar, le tendió un saquito que el conductor aceptó sin dudar. Y tras hacerlo sonar y palpar su interior, se subió al carromato para continuar su camino mientras Lyon desaparecía por la espesa maleza que colindaba con el camino.
No pudo ver el contenido del móvil pues se hallaba tapado con una gran manta beis. Aun así, era grande, tan grande como para que varias personas cupiesen en él.
Le resultaba muy raro encontrarse por aquellos pasajes.
Aunque sus piernas temblaban, y sus pies habían dejado de ser la única zona de su cuerpo con heridas e infectada, siguió al albino buscando un poco de información que pudiese ser útil.
Gray se tensó mientras escuchaba a sus amigos hablar entre ellos.
Todos parecían llegar a la conclusión que debían acabar cuanto antes la misión, y a pesar de que aún tenían la fecha máxima de Hades un tanto lejana, la situación de Zeref los empujaba a apresurarse.
-¿Cómo lo harás?- preguntó un tanto tenso Laxus.
Jellal miraba un punto fijo en la pared.
-Podemos intentar razonar con ellas y que nos cedan el cinturón, todo podría acabar bien.
-Sí, claro.- farfulló con ironía Laxus. Conociendo la personalidad de Mirajane, seguramente lo hincharía a patadas como respuesta.
-Lucy es razonable, pero no creo que sea capaz de robarle a su hermana... En todo caso, intentaría convencerla de ello.
-Intenté sacarle cualquier tipo de información a Erza sobre el cinturón, pero se ve reacia a soltar algo... Además de que ahora...
Gray rechinó sus dientes como única respuesta.
Lo había temido desde el momento en que todos se reunieron por primera vez para conversar sobre sus respectivos encuentros.
Jellal, para la sorpresa del peliazabache, derrochaba una ternura que en muy pocas ocasiones había visto utilizar para hablar de alguien. Y no solo era por su manera de hablar, sino de actuar alrededor de la misma. Como si él mismo estuviese en un sistema solar donde la estrella era ella.
Y su hermana, aun siendo una preocupación para Jellal, no resultaba darle la misma descarga de motivación al guerrero. Sabía que el peliazul se culparía por eso. Al igual que lo había hecho con todo, pues él era un mártir.
Laxus, por otro lado, vivía en una encrucijada mental y emocional. Lo veía cada vez que la albina desaparecía del hostal, y minutos después el rubio aparecía con un semblante serio y una mente ausente.
Le apenaba que su amigo hubiese encontrado a alguien con quien pasar página de tan amarga vida de aquella manera. Sospechaba que aquello no iba a traer más que un corazón aún más hundido si se marchaban sin ella.
Natsu había sido sin duda el que más le había sorprendido. A pesar de estar pasando por un momento tan duro para él, había encontrado a alguien con quien reír y ser feliz. Algunas noches que el pelirosado acababa durmiendo misteriosamente en su cuarto, sin razón alguna, lo escuchaba farfullar en sueños el nombre de aquella rubia que tanto tiempo compartía con él.
Su amigo, que siempre había sido calificado como solterón perpetuo, parecía encaminarse hacia su primer enamoramiento. Y sin embargo, no presagiaba mejor final que para el resto de sus amigos.
Y él...
-Voy a darme una vuelta.- dijo mientras se encaminaba fuera de la habitación, dejando a sus amigos proseguir con la discusión.
Tenía un mal presentimiento. De estos que hacen que tu corazón se asfixia y te pide huir a un lugar lejano hasta que todo se solucionase. Necesitaba aire fresco urgentemente y aquel hostal olía a alcohol y sudor. Sabía que aquello iba a doler, para él y para sus amigos.
No iban a conseguir hacer entrar en razón a las amazonas.
No conseguirían la misión.
Probablemente acabarían con el corazón roto, la hermana de Jellal violada por Zero, Zeref fuera de sus cabales y... ¿quién sabe? Quizá Iván les tenía algo preparado cuando volviesen.
Sintió sus músculos relajarse al sentir el gélido viento lamerle su cara. Aquello lo devolvía a sus orígenes. Tiernos y felices recuerdos envueltos en un viento helado acompañado de risas y besos paternales.
Sentía la responsabilidad de acabar la misión por sus amigos. Al fin y al cabo, él era frío y lo podía conseguir.
Pero ella había sido tan insistente. Y tan bondadosa. Buena. Gentil. Amable. Cariñosa. Y lo había hecho feliz. Habían reído en alto, tanto que les había dolido el pecho. Habían hablado. De cosas que nunca se hubiese atrevido a contar a nadie.
¿Por qué una niña como ella, lo había hecho sentir el hombre más dichoso?
Casi se imaginó su contestación, reprochándole que no era una niña. Y que sus edades tampoco distaban tanto.
Sin embargo, aquello no estaba destinado a suceder.
-¿Gray-sama?- se giró en dirección de la voz y su corazón se encogió.
Y ahí estaba, bombeando calor. ¿Dónde quedó el frío? ¿Dónde quedaron aquellas murallas de hielo que construyó con tanto esmero durante su infancia? ¿Se resquebrajaban por una chiquilla que no serviría más que para calentar su cama varias noches antes de desaparecer?
-¿Qué haces aquí Juvia?
Intentó no enfocar esos dos ojos azules tan profundos que lo observaban atentamente. Ni tampoco quiso ver como sus labios carnosos le sonreían con una de esas sonrisas que le aceleraban el pulso.
Estaba tan perdido como sus amigos. O puede que más.
-Juvia quería visitar a Gray-sama tras cumplir su misión.
Misión, esa palabra le trajo un agrio recuerdo.
Bajó la mirada y observó el vacío durante varios minutos, antes de responder.
-Juvia, deberías dejar de visitarme.
-Juvi...
-Esto no tiene sentido, no soy tu amante ni lo seré jamás.-mirando el suelo, sin poder cruzar la mirada con aquellos ojos en los que tantas veces se había perdido estas últimas semanas.-. Será mejor que vuelvas con tus hermanas y te concentres en la búsqueda. –Se giró, volviendo a la puerta de entrada del hostal, no sin antes añadir.-Olvídame.
Le pitaban los oídos. Cruzó entre las personas que se aglomeraban en la taberna, sin fijarse en aquellos a los que empujaba y que caían al suelo medio borrachos.
Llegó a su habitación y con las luces apagadas se desvistió. Ya tumbado en la cama, descubrió una cosa. Por primera vez desde hacía años, sentía frío.
Wendy volvía sobre sus pasos, horrorizada por el espectáculo que acababa de presenciar.
Su corazón acelerado y la adrenalina que corría por sus venas, hacían que sus heridos y cansados pies fueran lo más rápido posible. Rezaba a todos los dioses que por tantos años habían apartado la vista de ella, poder salir de allí sin ser vista.
Probablemente, si la capturaban, la matarían.
O mucho peor, volvería a estar en las manos de su amo.
Escuchó chasquidos a su alrededor y vislumbró una figura por donde planeaba escapar, con lo que giró hacia la izquierda, sin saber si aquello sería eficaz.
Tenía que intentarlo.
Sus pulmones le escocían y se quejaban, al igual que sus músculos (que le) quemaban.
Sintió sus rodillas estar a punto de ceder cuando escuchó chasquidos aún más cerca. Se sentía incapaz de continuar huyendo, y junto a sus últimas esperanzas y aliento, alguna que otra lágrima se escapaba.
¿Por qué el destino se había encaprichado con ella de aquella manera tan descabellada?
Lucy no se sentía muy segura de su decisión de dejar a Kagura a solas con aquel hombre regordete, al cual había resultado bastante fácil sacar información.
Se limpió en la fuente los nudillos adornados con rastros de sangre seca y observó el agua serenamente.
Lo notaba. Algo extraño estaba pasando. Esta temporada de apareamiento había trastornado su entorno, lo había distorsionado de tal manera que no sabía si al final debería despedirse de todo lo que ella quería.
Su familia.
Suspiró mientras proseguía su camino a su siguiente destino, no sin antes cubrir su rostro. A pesar de que tener amazonas deambulando por las calles fuera de la época de apareamiento cada vez fuese más normal, ella prefería mantener la costumbre y pasar desapercibida. Y mucho más con lo que estaba pasando.
No habían conseguido mucha información acerca de la desaparición de las demás mujeres del poblado. Aquel hombretón solo les había escupido varios nombres, los cuales pertenecían a propios habitantes de aquel pueblo.
¿Significaría esto que deberían partir de aquel asentamiento?
Sus antecesoras lo habían hecho al ser atacadas por los ciudadanos del pueblo vecino, luego ellas debían de tomar la misma decisión si quisieran continuar independientes.
Sin embargo, esa no era una decisión que le perteneciera a Lucy, sino a Erza. Su hermana, la cual parecía extrañamente ausente y culpable a su vez. Le había intentado hacer entrar en razón y explicarle que aquello que acontecía escapaba de su responsabilidad, pero no servía de nada ya que la pelirroja solía responder sobre su deber como líder de proteger a las demás amazonas.
Por sus ojeras, adivinaba lo poco que había dormido. Y tampoco la había visto comer lo suficiente.
Intentaba buscar apoyo en su hermana Mirajane, o en su hermana Juvia. Sin embargo, ambas no parecían estar dentro de sus cabales.
¿Era aquello el fin?
No lo quería admitir, pero en el fondo tenía miedo.
-¿Lucy?- un barítono la sobresaltó.
Al girarse advirtió la figura de Jellal y sintió un rastro de tristeza en su interior. Al fin y al cabo, su hermana Erza había cortado por completo el lazo con el guerrero tras ver como la situación con las desapariciones cada vez era más grave.
-Hola, Jellal.- saludó la amazona, guardándose algunos mechones rubios que habían salido de la capucha y habían delatado su identidad.- ¿Necesitas algo?
-Bueno, Natsu te estaba buscando...-mantuvo la mirada esmeralda del guerrero, valorando los aros oscuros que se formaban bajo sus ojos.
-Sí, le pedí que recorriéramos el perímetro con Happy en busca de algo.- respondió amablemente, recibiendo una sonrisa rota del guerrero. Sabía qué iba a ser lo siguiente, sabía lo que iba a preguntar después de aquel silencio incómodo.
-¿Está bien?-preguntó este sabiendo que la amazona conocía perfectamente a quien se refería.
-Están desapareciendo amazonas, Jellal... No puede estar bien.-dijo cabizbaja y notó la ansiedad en el peliazul.
-¿Por qué no nos deja ayudaros? Nosotros... Tenemos experiencia en localizar enemigos, solo debe de ponerse en contacto conmigo.
-Sabes de sobra por qué no quiere trabajar contigo...
-Somos profesionales, sin distracciones...
-Las amazonas no creemos en que trabajar con hombres sea efectivo.- dijo en tono monótono, la frase que desde pequeña le habían inculcado.
-Pero a ti te ayuda Natsu...
-Yo... Yo tengo la mente un poco más abierta en ese sentido, pero Erza no puede. Es la Reina de las amazonas. Por favor, trata de entenderlo aun resultando incomprensible para ti.
Jellal solo asintió y tras despedirse de la amazona, desapareció por las calles a oscuras. Si ella no cedía, le daría razones para acudir a él.
Era demasiado lo que se estaba jugando.
El cinturón le pesaba y quemaba la cintura. A pesar de solo portar varios cuchillos recién afilados, se sentía como si estuviese atado a una piedra gigante invisible que le hacía poner todo su ser en cada movimiento.
Trataba de no pensar en sí misma. En la fatiga que sentía cada vez que veía algún alimento. En las noches en vela que pasaba por culpa de las pesadillas.
Había resultado ser una vergüenza de líder, y sabía que así pensaban las ancianas que acudían a recibirla esperando nuevas buenas.
Sin embargo, no habían conseguido nada. Todos se cubrían la espalda en el pueblo de los Gargarios. Por ello, había aumentado el número de amazonas en búsqueda de las desaparecidas. Y también había pedido a las amazonas que se dedicasen a interrogar a sospechosos que aumentaran la brutalidad de sus entrevistas.
Pero eso había resultado ser un arma de doble filo, ya que al enviar amazonas a interrogar sospechosos podían resultar secuestradas en cualquier punto del pueblo.
"¿Cuan de fuerte es el enemigo para vencer a una amazona?", se preguntaba mientras continuaba haciendo la guardia del perímetro pues en momentos como ese era muy importante cerciorarse que nadie se acercara a las niñas ni a las ancianas.
Con toda la atención que su agotada cabeza le permitía, escuchaba cualquier crujido, cualquier paso en falso, cualquier cosa fuera de lo normal.
Pero no había nada.
Los energúmenos que atacaban a las amazonas debían de estar interesados solo en las jóvenes y solas.
Suspiró entristecida. No quería dar por perdidas a las amazonas desaparecidas, pero si no conseguía acabar con aquella amenaza solo le quedaría una opción. Se deberían marchar. Volverían a ser nómadas.
Rozó la hebilla de su cinturón con índice y sintió una quemazón. Sin queja alguna contempló su dedo enrojecido. Fue entonces cuando lo escuchó. Un chasquido a la lejanía.
Con habilidad, corrió en la dirección de aquel ruido y suplicó a los dioses poder encontrar lo que sea que se estuviese moviendo por aquellos terrenos. Sintió un rayo de esperanza en su escondido corazón. Corrió más rápido que nunca. Se alejó en demasía del poblado.
Pero fue así como consiguió llegar a una figura que acurrucada en aquel claro del bosque, se sorbía las lágrimas.
-¿Juvia?- preguntó con desesperación.
-¿Erza? ¿Qué haces aquí?- preguntó restregándose los ojos.
-Soy yo la que debería preguntarte eso...
-Es que Gray-Sama rechazó a Juvia.- gimió antes de volver a sollozar contra las palmas de su mano.
Erza se sentía incomoda. El tema de los guerreros era uno que había guardado en lo más profundo de su mente y que no esperaba tocar hasta que aquel asunto de las desapariciones se resolviese.
No quería tener que tratar con Jellal, el mero hecho de haber estado tonteando con él a la vez que algunas de sus hermanas desaparecía le hacía sentirse tremendamente culpable y aquel cinturón parecía estar a punto de asfixiarla.
Dejarlo atrás fue una obligación como líder, aunque debía admitir que le estaba costando más de lo acostumbrado. Y que en varias ocasiones había sentido la tentación de escaparse a los brazos de este.
Sin embargo, también era hermana de Juvia. Y debía de apoyarla en uno de sus arrebatos sentimentales que últimamente la estaban azotando con tanta fuerza.
-Le dijo a Juvia que no volviese jamás.- continuó, ante el silencio de su hermana.
-Juvia, ese guerrero no te merece, deberías olvidarte de él.- contestó con seriedad.
-Para Erza es fácil decirlo, no ha sentido esa necesidad de estar con otra persona...
Juvia continuó sollozando palabras doloridas a su hermana, sin embargo esta había desconectado. Ella sí había sentido esa necesidad, después de haber sentido aquella cima de sensaciones con él. Se había sentido completa, y la manera que había tenido de adorarla le había hecho olvidar los desprecios de su padre. Se había sentido en paz.
Pero esa Erza había quedado atrapada dentro, ahora era una nueva, distinta, la que debía actuar pues en aquella situación no había sitio para ella y los sentimientos que crecían en su interior.
No estaba destinada a vivir el amor con una pareja. Eso estaba tatuado en su destino, y ella ya lo había comprendido desde pequeña. Sin embargo, en el de su hermana aún no estaba escrito.
-...Estoy segura que no quiere nada conmigo porque sabe que lo nuestro es imposible, soy una amazona.
Ignorando su dolorido corazón, cortó a su hermana pequeña.
-Todas tenéis la posibilidad de decidir si continuar siendo una amazona o iniciar una nueva vida lejos del poblado. Si te vas, lo entenderé, espero que seas feliz y que te dé todo lo que te mereces.-tragó saliva en su garganta seca y añadió:- Espero que en la distancia recuerdes que aún tienes aquí a tus hermanas que siempre te querrán.
-Erza, Juvia no estaba diciendo que se va...
-Juvia, está claro donde se encuentra tu felicidad. No seas necia, él te quiere, pero está ciego para verlo. Solo pónselo un poco más fácil para que podáis estar juntos.
Juvia contempló la figura seria de su hermana, nublando su vista de lágrimas.
-Yo no puedo dejaros...
-No digas tonterías, nos veremos en el pueblo de los Gargarios de vez en cuando, ya no somos tan estrictas como anteriormente, ¿no?- preguntó con una sonrisa mientras varias lágrimas intentaban derramarse por su propio rostro.
-Pero, ¿y si os tenéis que ir por culpa de las desapariciones?
-No pienses en eso, tú solo trata de ser feliz.
-Er...
-Voy a continuar patrullando.- la interrumpió volviéndose sobre sus pasos.- Pase lo que pase, puedes contar con que estaré orgullosa de ti.
Juvia observó cómo desaparecía entre la maleza.
¿Tenía razón Erza? ¿Si abandonaba el poblado para unirse a Gray, este la aceptaría? Eso solo lo descubriría preguntándole a él mismo. Pero, ¿estaba dispuesta a abandonar a su familia por él?
Comenzó a llorar en silencio de nuevo.
Decidiese lo que decidiese, perdería algo que quería. Crearía un vacío en su pecho.
Un pajarillo captó su atención. En una rama, permanecía quieto y pacífico. Las plumas se convertían en un azabache en la oscuridad; sin embargo, sus ojos brillaban gracias a la luz de la luna. Sin darse cuenta, permaneció en silencio observando el pájaro durante media hora. Había conseguido tranquilizarse y se sentía lo suficientemente fuerte como para tomar una decisión que le cambiaría la vida.
Fue a levantarse, acabando así con la paz de aquel claro, cuando otro chasquido lo hizo por ella.
No pudo ni volverse antes de que un pañuelo apareciese en su rostro al que acompañaba un fuerte olor.
Y el pájaro azabache emprendiendo su vuelo fue lo último que vio.
Respondo a vuestros comentarios ^^
Lirio negro: Muchas gracias por comentar :) Sobre todo por tu sugerencia de cambiar la foto de Juvia! La verdad es que la imagen la hice muy pasada, con rapidez, porque hacer portadas precisamente no es mi fuerte... ¡Espero que te guste la nueva actualización!
Sabastu: Todos sabemos que Laxus acabará siendo el juguete sexual de Mirajane, en mi fic, en tus fics, en los fics de todo el mundo... ¡Y por supuesto en el manga de Mashima! jajajajajajaja Los pantalones vieron que la situación entre Jellal y Erza no avanzaba por lo que decidió actuar por su cuenta ewe jajajajaja Juvia va a tener que enfrentarse a serios problemas, si u_u ¡Muchas gracias por leer y comentar! *^* ¡Tengo muchísimas ganas de ponerme a leer tus fics al fin! *O*
lady-werempire: Sii, ¡espero que te gustase el capítulo! ^^
Ruka Jimotoraku: A mi también me fascina la mitología *^* Pues si Juvia es tu personaje favorito, ahora te va a tocar sufrir un poquito D: Pero bueno, es una amazona, y sabe como defenderse. Precisamente, independiente para defenderse. ¡Muchas gracias por leer y comentar! :3
Beln Heartphilia: Estoy estudiando Ingeniería en Tecnologías Industriales, una carrera bastante alejada de las letras jajajaja Pero aún así, eso nunca ha quitado que me encante la lectura y la escritura. :) ¡Me alegro que te gustase el capítulo! Muchas gracias por leer y comentar :D
DanaLovesOhana: Algún día, que espero que sea cercano, conoceremos la identidad de Eileen y su conexión con Erza u_u Me muero de la curiosidad DD: Los pantalones vieron que era el momento de hacer algo para que ambos diesen un paso adelante, sep ewe jajajajajaja Si, Juvia corre peligro u_u Va a tener que mostrar sus genes amazonas y ser fuerte... JAJAJAJAJA Me alegro que te gustase ese comentario xDDD Intenté que no se perdiese esa mentalidad amazona, al fin y al cabo, es con eso con lo que ha crecido xDDDDDDD ¡Muchas gracias por comentar y leer! *^*
Aly Zama:Si bueno, he de admitir que Natsu no es precisamente de los personajes que mejor controlo xDDD Pero estoy intentando progresar con eso :') ¡Me alegro que lo demás te gustase y muchas gracias por leer y comentar!
Bueno, pues aquí lo dejo. Espero poder actualizar en breves :3 Y también ponerme al día con comentarios. jajaajajaja *se va haciendo la croqueta del estrés*
*Vuelve brevemente* ¡En el siguiente habrá Nalu! *Se vuelve a ir*
¡Nos leemos!~
