Muy buenos días/tardes/noches/lo que sea; Aquí Orchid con una segunda entrega de Every Lord Needs his Lady. Pueden agradecerle este nuevo capítulo a Sakura Zala-sama, con quien no hace mucho hice un trato (Final de White Butterfly a cambio de este capítulo), y como la gran parte de ustedes sabrán, ésta tarde la mencionada subió aquel capítulo final.

Podría ser útil tener pañuelos cerca si van a leer dicho capítulo, por cierto. (No me hago responsable si este capítulo también resultó algo triste)

En fin, como lo prometido es deuda, aquí les traigo este capítulo. ¡Disfruten su lectura!


27 de Octubre de 2029

Lo primero que percibió al recuperar el conocimiento, fue un leve latir que identificó como ajeno al de su propio corazón, pero que a su vez sintió tan extrañamente reconfortante como alguna vez sintió el de su propia madre. Sus párpados se sentían pesados, y sentía como si no hubiese descansado en lo absoluto.

Sus párpados pronto hallaron la manera de abrirse por completo, después de varias sesiones de parpadeos, dando paso a sus irises, que una vez más eran de su color miel de siempre.

Y a pesar de que cada nervio de su cuerpo protestaba fuertemente con cada mínimo movimiento que realizaba, se halló a sí misma intentando sentarse.

Su cabeza daba vueltas, y su memoria se encontraba un tanto borrosa; Probablemente secuelas de su riesgosa hazaña del día anterior. Al tratar de recordar el resultado de sus esfuerzos, sintió una fuerte presión en la parte de atrás de su cabeza, misma que le obligó a cerrar sus ojos hasta que ésta remedió. Tomando ésto en cuenta, cesó su intento en recordar, en su lugar poniendo su mente en blanco, y se concentró en seguir levantándose.

Aparte del ligero pero fastidioso dolor que se asemejaba a aquél sentido tras haberse ejercitado más allá de la capacidad física propia, no había otro inconveniente para realizar la pequeña meta que se había propuesto en aquel momento. Sin embargo, cuando faltaba un poco menos de la mitad de su camino, sintió una fuerte punzada que la recorrió desde la espalda baja hasta la nuca, donde el dolor fue particularmente intenso.

Con un acallado alarido de dolor, intentó continuar, a manera de no desplomarse sobre las rígidas almohadas de lo que supuso, era el ala médica del castillo, pero fue interrumpida por alguien que se apresuró a su lado una vez percibió su movimiento.

Su corazón dio un salto ante la repentina esperanza de que fuera aquél a quien más necesitaba en el momento, pero cuando posó su cansada vista sobre su repentino visitante, no pudo evitar sentirse horriblemente decepcionada.

-No te sobre esfuerces, aún estás algo delicada por tus heridas- Le advirtió el muchacho, mientras le ayudaba a recostarse nuevamente, para la frustración de la joven.

Y una vez que su cabeza se hallaba reposando por completo sobre las blancas y pulcras sábanas de su cama, la cual le recordaba inmensamente a aquella de un hospital en el mundo real, nuevamente se permitió concentrar su mirada sobre aquel visitante desconocido una vez más.

Las holgadas mangas de su túnica azulada de hechicero colgaban de sus delgados brazos, que se asomaban por debajo de éstas, revelando la blanca tez que él poseía. Tenía una apariencia algo joven, pero no tanto como para ser de su misma edad o menor; Sus ligeramente joviales rasgos faciales se veían resaltados por contrastantes ojos color verde aguamarina que brillaban con sabiduría y se encontraban adornados por la presencia de unos lentes redondeados, de cristales algo gruesos, que se posaban sobre el puente de su nariz algo caídos; Y sus desordenados cabellos oscuros descendían en ligeras ondulaciones, enmarcando su joven rostro.

-¿Q-quién es usted? ¿Qué hago aquí?- Preguntó, una vez hubo aclarado su garganta por la falta de uso de sus cuerdas vocales, aunque su voz sonó algo extraña.

El le sonrió tranquilamente, extendiéndole un vaso con agua, la cual refrescó inmensamente su garganta.

Mientras ella ingería el líquido que se le había ofrecido, el muchacho decidió responderle a sus interrogantes -Soy el mago de la corte, señorita, mi nombre es Merlín.- Profirió, a lo que ella asintió casi imperceptiblemente en entendimiento -Y usted se encuentra en el ala médica por sus injurias, mismas adquiridas en el enfrentamiento de hace más de 12 horas.

Fue entonces en medio del silencio cuando notó de nuevo el suave palpitar proveniente de su mano izquierda, la cual levantó para inspección, dejando de lado el contenedor transparente. En su dedo anular, tal y como lo recordaba, se hallaba cómodamente ajustado su anillo de dragón, palpitando al ritmo del pulso actual de su amado. Las lágrimas se asomaron en los bordes de sus ojos, en cuanto volteaba al joven hechicero en busca de respuestas -¿P-pero cómo? Estoy segura de que lo perdí en cuanto lo usé para invocar a Pyrios...

-Cuando me llamaron para transportar a los heridos, a la primera que encontré fue a usted- Comenzó, mirándole de reojo mientras mezclaba algunos componentes desconocidos para ella -Estaba completamente desmayada al pie de un viejo cedro, con algunos moretones, uno que otro raspón, y una herida algo profunda en la frente por la caída. Tenía ese anillo entre las manos, pero estaba roto.- Explicó, acercándose con un tubo de ensayo lleno hasta la mitad con un líquido transparente y ligeramente azulado. -Pero bueno, nada que alguien con un poco de magia no pueda arreglar.

Ella inclinó su cabeza, dejando que una de sus lágrimas se deslizara por su mejilla, en cuanto murmuraba incontables agradecimientos a Merlín, quien solo le acarició la cabeza con cuidado, y secó sus lágrimas con un pañuelo, antes de entregarle el tubo -Aquí tiene, para el dolor.

Y una vez que terminó de vaciar el vial de cristal del líquido transparentoso que contenía, se atrevió a levantar la voz de nuevo, con su voz normal de vuelta -¿Y Kazuki-san?- Preguntó esperanzada.

-Como podrá saber, Silica-kun, usted no fue la única herida que he tenido que atender en las últimas horas, y definitivamente no era la de mayor gravedad...- La menor asintió, impulsandole a continuar su explicación -Kazuki-dono se encuentra visitando a otro de los heridos, Asuna-kun, quién recuperó la consciencia hace un par de horas, según tengo entendido.- Y cuando Keiko agachó la mirada, decepcionada, el joven mago trató de arreglar su elección de palabras -P-pero estoy seguro de que Kazuki-dono tuvo sus razones, después de todo, el fue quién encontró a Asuna-kun inconsciente y lastimada... Y como todos los heridos son personas cercanas a el, me imagino que debió ser difícil prioritizar a uno sobre los otros dos- Intentó una vez más, pero al notar que los ojos café de la muchacha seguían en su tono apagado, desistió.

Pero no por mucho, pues aparentemente se sintió inclinado a encontrar otro tema de conversación para distraer a su paciente -Por otro lado- Comenzó, aclarando su garganta para volver a obtener la atención de Keiko -Encontré a esta pequeña criatura reposando a su lado, y parecía bastante cercana a usted, por lo que la traje también- Dijo, señalando al emplumado ser que estaba enrollado a su lado en la camilla, y que le observaba atentamente con sus ojos color rubí, en contraste a su plumaje azulado.

-¡Pina...!- Se emocionó la Dragón Lady, extendiendo sus brazos al pequeño dragón que enseguida voló a su encuentro, acostándose sobre su vientre, y piando un leve pero alegre "Kyuruu~" en respuesta. -Sabía que dejarte con Rika-san era una buena idea; Me alegro tanto de que te encuentres bien y no hayas quedado lastimada en el cruce de fuego...

El joven pero sabio mago sonrió ante la escena, antes de retirarse para atender a sus otros dos pacientes.

~Every Lord Needs his Lady Ch2~

Keiko no logró ver a Kazuki, sino hasta que uno de los asistentes de Merlín le dio de alta, decidiendo que estaba lo suficientemente curada como para volver a su propia habitación, pudiendo moverse con tanta naturalidad como antes. El había estado esperándola dentro de su habitación.

Al ver su estado —Moretones en sus extremidades, raspones en sus rodillas y una de sus mejillas, y una venda ligeramente manchada de sangre seca en su frente—, Kazuki corrió a su encuentro, abrazandola con delicadeza, cual si se tratara de una frágil reliquia, antes de separarse de ella, y mirarle con lo que parecía ser reprobación pura.

-¿¡Por qué demonios te arriesgaste así!? Incluso sabiendo todo el peligro que conllevaba, ¿Por qué invocaste a Pyrios, eh? ¿¡Sabes siquiera lo preocupado que estaba!?- Le regañó, sacudiendo sus hombros ligeramente, tratando de no expresar tanto su enojo a través de sus acciones.

Ella titubeó por un momento, algo asustada al verlo actuar de aquella manera -E-era lo único que podía hacer... Te prometí que usaría la habilidad si la situación realmente lo necesitaba... Además de que tu ya la habías utilizado...

El no pareció completamente convencido por su explicación, por lo que le volvió a abrazar, con más fuerza. -Aún así, tratar de invocar a Pyrios por esa cantidad de tiempo es difícil hasta para mi, y sé que te sobre esforzaste para extender la duración de la invocación.

Ella bajó la vista, un tanto apenada -Si era lo necesario para ayudar a Kazuki-san...

El rió, levantando con delicadeza su rostro por la barbilla con una de sus manos. -Ay, mi adorada tontita, ¿Qué hice para merecerte?- Musitó, sin darle tiempo para que respondiera, en su lugar robando sus labios en un dulce y largo beso.

En aquel momento, una nota ingresó la habitación por debajo de la puerta, por lo que Keiko se deslizó fuera del abrazo de su novio para leerla en voz alta: -"Hey tórtolos, debido a su ausencia afuera, decidimos el horario de cuidado de Kirito entre los presentes,…- Y cuando presintió que Kazuki estuvo a punto de quejarse, continuó leyendo -Y antes de que digan nada, traté de avisarles por mi misma, pero no quise interrumpir su pequeño momento. Acá abajo les dejo el horario- Continuó, leyendo el horario en voz alta, y percatándose de que tanto su turno como el de Kazuki estaban cerca del final, siendo el suyo antes, justo después del de Asuna -...Posdata, diviértanse en su tiempo libre. Con amor, Lizbeth"

Al leer lo último, la menor se acercó a la puerta, y trató de girar el pomo, solo para confirmar que estaba asegurada desde afuera. Casi podía escuchar la juguetona risa de Rika mientras canturreaba las últimas palabras de su carta.

Kazuki suspiró, nada impresionado -¿Entonces estamos encerrados aquí hasta el turno de Liz?- Preguntó, inspeccionando la carta para revisar la hora de dicho turno -...Justamente antes del de Asuna, ¿eh?- Murmuró, mirando a su novia desde su nuevo asiento en la cama de su cuarto. -Ya que, más vale que nos pongamos cómodos; Según el horario, no parece que podremos salir por las próximas... Cinco horas y media que les corresponden a Shino, Sugu, Klein y Liz, aparentemente.

Luego, extendió uno de sus brazos, como invitándola a unirsele en la acolchada cama. Ella se sonrojó ligeramente, pero de todas maneras accedió, sentándose junto a él, cerrando sus ojos, y recostandose ligeramente sobre su costado.

El le sonrió ladinamente, mientras reacomodaba los mechones castaños que habían escapado de su peinado usual. Por pura frustración al no lograr nada, se rindió a media tarea, y con delicadeza removió los adornos que sostenían la forma de sus coletas, dejando que su cabello cayera libre sobre su hombros.

Pronto se encontró peinando la clara y fina cabellera entre sus dedos, a la par que admiraba el rostro relajado de su joven Dragon Lady.

Y antes de que se diera cuenta, ambos habían terminado cómodamente acostados en la cama que a él le pertenecía. Ella, acurrucada y somnolienta entre sus brazos, y el, acariciando su corta pero hermosa cabellera de una manera increíblemente relajante para la Dragon Tamer.

El leve perfume que nunca fallaba en recordarle jugosas fresas silvestres, desprendía sutilmente de la tez clara de la muchacha, y su estado de tranquilidad solo le hacía querer protegerla así entre sus brazos para siempre.

En ese momento, apartó los cabellos que conformaban el flequillo de Keiko, y sus labios se posaron en la ahora descubierta sien de la misma. Sus dedos prosiguieron a acariciar la suave mejilla que se hallaba un poco más abajo, antes de tomar la barbilla de la joven y besarle con ternura y cuidado, a sabiendas de su aún delicada condición. Los rosados y dulces labios le devolvieron la caricia, mientras sus ojos se cerraban, y el calor en sus mejillas aumentaba.

Sus frentes se juntaron al finalizar el gesto, mientras disfrutaban en su silencio cómplice los placeres de la compañía del otro.

-Nee, Kazuki-san.- Interrumpió el silencio la menor, mientras tomaba el rostro de su amado entre sus delgadas manos -Te quiero muchísimo, ojalá pudiéramos estar así para siempre...

El asintió, sonriendole como sólo lo hacía para ella, -Si... Nada me haría más feliz...- Murmuró, en silencio reconociendo que parte de sus palabras eran una vil mentira, por lo que continuó -Pero aún hay muchas cosas que no hemos hecho en el mundo real, y por eso quiero volver. ¿Recuerdas ese restaurante que admite gatos del cual me comentaste? Vayamos allá con tu gata Pina.

Ella asintió, ligeramente divertida, y le siguió el juego -Y también vayamos a comer Cheesecake en el café de siempre.

El rió, considerándolo -Aunque cuando fuimos en White Day no comimos más de la mitad- Bromeó, a lo que ella le codeó, fingiendo molestia.

-Vaya manera de romper el ambiente- Profirió, mirándole con fingida molestia.

En respuesta, el acercó su rostro peligrosamente al de ella, hasta que la misma pudo percibir la cálida respiración del contrario. Sus mejillas, ya previamente adornadas por un tierno arrebol rojizo que simulaba un tono casi rozando el color lila en la poco iluminada habitación, profundizó en tonalidad.

-Mis disculpas, Keiko; ¿Te parece bien si trato de recuperarlo?- Profirió, en un tono pícaro y juguetón, que hubiera logrado ruborizarle más si hubiera sido posible; Pues el cálido aliento que acompañaba sus palabras, rozaba su piel antes de desvanecerse, elicitando pequeños escalofríos a través de su piel.

Y a pesar de que la horrible y despiadada realidad que habían estado viviendo aún les rodeaba, se permitieron olvidarse de todo. De sus amigos, de los problemas, de las dificultades y del mundo que los rodeaba.

Para ellos, en ese momento solo existían ambos, su afecto mutuo, y lo demás estaba de sobra. Se permitieron compartir aquel líchigo instante de ataraxia, dejando de lado absolutamente todas sus preocupaciones, excepto una.

Y una vez que todo había terminado, se permitieron descansar, a lo que el muchacho casi inmediatamente cayó dormido, y ella poco después. Sin embargo, la joven que se hallaba recostada entre sus brazos, al despertar de su siesta no pudo evitar tener muy en mente aquel asfixiante pensamiento.

Lo que había sucedido hacia un par de horas definitivamente no había sido un sueño. La reconfortante presencia y cercanía de Kazuki lo confirmaba; Sin embargo, había algo que también había sucedido en el pasado, y que le había estado molestado todo el rato que había estado allí despierta.

Habían compartido aquel momento juntos, aquello era un hecho, pero el conocimiento de que su amado había compartido aquella experiencia previamente con la mujer que amaba, le carcomía por dentro, superando con creces el vorágine de sentimientos positivos que también le circuían.

Todo lo que se le había hecho sentir, antes se le había hecho sentir a otra mujer; Todo lo que ella había amado, había sido previamente amado por la otra; Todos los sentimientos que ella le había entregado, habían sido apreciados y recibidos, más no correspondidos. Pues aquella mujer era la que el más quería en su corazón.

Y el mismo lo había revelado, justo antes de invocar a Pyrios. Había revelado lo que había compartido con Asuna, y el hecho de que aún poseía fuertes sentimientos por la misma, incluso cuando ella, su novia, estaba justo allí.

Ante el pensamiento, sintió un ligero ardor proveniente de sus lagrimales; Por lo que trató de distraerse. Levantó levemente la mirada, y se encontró con el apacible rostro durmiente de Kazuki.

Notó con más detalle los rasgos que éste poseía, y no pudo evitar compararlo con Kazuto. Los oscuros cabellos que caían desordenados, y enmarcaban su rostro, aunque los de su amado eran mucho más largos, y solían cubrir su expresión casi por completo; Las grisáceas irises que en aquel momento se escondían tras sus párpados cerrados, aunque los ojos de Kazuki parecían ser más claros, asemejandose más al color plateado; La clara tez que contrastaba con sus cabellos azabache, y que era un tanto más pálida que la de su gemelo; Y los rasgos faciales ligeramente aniñados que ambos poseían.

Su tren de pensamiento se desvió hacia el Espadachín de mechones más cortos, y de como se había lastimado en su última batalla; Y por consiguiente recordó que su turno para cuidarlo era el siguiente, y que iba ya con más que solo un par de minutos de retraso.

Con rapidez pero cuidado de no despertar todavía a Kazuki, se levantó de la cama, saliendo al helado ambiente que circuía en el resto de la habitación y se terminó de adecentar lo más rápido que pudo. También rehízo su peinado de siempre, mientras se encaminaba hacia la puerta. Pero antes de girar el pomo, estuvo a punto de escabullir una mirada hacia atrás, pero se detuvo en el acto, al sentir el fantasma de aquel descuidado pensamiento, por lo que abrió con cuidado la puerta y al salir la cerró detras de sí.

Con pasos callados, se dirigió al ala médica, que por suerte no estaba tan lejos de la habitación de Kazuki, mientras mentalmente se preguntaba por qué Asuna no había ido a pedirle que le relevara. Consideró por un segundo que tal vez querían pasar un poco de tiempo juntos a solas, y al llegar a la habitación, descubrió que su pensamiento estaba en lo correcto, pues logró ver a la pareja dorada descansando pacíficamente. Sin tardar, cerró la puerta lentamente, y se devolvió por dónde había venido.

Sin ninguna otra distracción para alejar su mente del tema, su tren de pensamientos regresó a la tortura psicológica que representaba aquella línea de pensamiento, sintiéndose con cada paso más deprimida y humillada.

Pero no. No se dejaría caer por completo antes de escuchar la verdad del mismísimo Kazuki; Aunque para su mala suerte, encontró al mismo dormido, aunque ya adecentado, probablemente sabiendo que se había ido a ocupar su turno había vuelto a la cama. Silenciosamente, y cerrando la puerta detrás de sí, tomo la decisión de confrontarle.

~Every Lord Needs his Lady Ch2~

01 de Noviembre de 2029.

Frío.

Temor.

Y aquel profundo dolor que aún flagraba en su corazón.

No podía sentir más, y solo podía atisbar en silencio aquellas tres figuras que se encontraban de pie rodeando la espada...

Trataba con todas sus fuerzas en no pensar lo que había sucedido hacía tan poco, pero por la aína del momento parecía un recuerdo casi lejano. El mero fantasma del pensamiento traía consigo el leve ardor en la zona de sus lagrimales, y el silencio que inundaba su ser era frustrante.

Tal vez era otra terrible jugarreta del destino, que parecía traer solo mala suerte consigo; Y una vez más ambos habían caído presas a su manera.

Cuando había recuperado la consciencia, mareada, confundida y desubicada; No le había prestado atención. Pero al momento que se aproximaba a la escena, con cada paso que daba le hacía más falta la presencia de aquel reconfortante latido en su mano izquierda. Lágrimas, profunda tristeza y desesperación conformaron aquel horrible instante de descubrimiento, y aunque había logrado calmarse, el dolor aún hacia presencia.

Probablemente lo seguiría haciendo por un buen tiempo.

Y es que ni siquiera había podido pasar sus últimos momentos a su lado...

Su corazón se sentía apretujado en su pecho, y su mano, adornada por aquel precioso anillo de dragón, se sentía fría y pesada, mientras insistía en su sepulcral silencio.

Necesitaba respirar.

Necesitaba hacer cualquier cosa con tal de distraer su mente de ello.

Dejando sus pies llevarle a donde querían, terminó una vez más donde había fallecido su amado. La sangre seca aún marchaba el suelo, y había algo en el suelo, algo que había caído después de que se habían llevado a Kazuki.

Sin pensarlo, se arrodilló junto a aquel sitio, y lo recogió.

Era de color ónice y poseía bellos detalles carmesí que parecían la representación de una llamarada. Con una sonrisa triste, se levantó, aún examinando el familiar objeto.

-Verás, escuché una peculiar leyenda. Dice que cuando cae un Señor de los Dragones, su dragón correspondiente entra en un estado similar a la hibernación, hasta casi parecer un cadáver, para no despertar hasta el momento que encuentra un nuevo individuo digno y capaz de invocarle.

Las palabras que el una vez le había pronunciado hicieron presencia en su memoria, en tanto observaba con nostalgia aquel brazalete roto, mismo que el había utilizado todo ese tiempo...

-Mi nombre real es Ayano Keiko, aunque en este mundo es Silica. Soy la que alguna vez llamaron Domadora de Dragones, y una Dragon Lady, con el poder del llamado de los dragones. Soy más fuerte que esto, Kazuki-san. No voy a dejar que tu sacrificio sea en vano, eso jamás- Murmuró para sí, apretando el accesorio ligeramente -No me debilitare, y no dejaré que esto me afecte hasta tal punto, lo utilizaré como mi fuerza y seguiré viviendo. No te olvidaré, nunca, en su lugar te recordaré cada vez que pueda para no perder de vista la razón por la que estoy luchando... Y cuando vuelva al mundo real, visitaré el restaurante que admite gatos con Pina, e iré a comer Cheesecake en el café de siempre... Aunque tenga que hacerlo completamente sola...

Y dejando que aquellas palabra perdieran en el aire, guardó las piezas del objeto en su inventario, y se dirigió una vez más a donde sus amigos. Algo parecía haber caído allí de la nada; Era la espada Arondight.

Su mano derecha alcanzó la vaina en la cual guardaba su daga, y tomó entre sus dedos la guarda de la misma, mientras adoptaba una postura de batalla.

Su prevención probó útil cuando aquella barrera que los separaba de los dos espadachines y Vector fue destruida por la mismísima Arondight.

Sin hesitar por un instante, desenvainó la corta arma blanca, y la apuntó en dirección de quién suponía que sería su contrincante.

No sabía si podría cumplir todo lo que había prometido frente a aquel brazalete. No sabía si lograría regresar al mundo real siquiera. Pero si algo sabía, era que iba a a luchar. Lucharía a través de esa batalla, y emergería victoriosa. No por ella misma, ni siquiera por alguna razón noble como salvar a sus amigos. Lo haría por Kazuki, para finalizar lo que el había iniciado, perdiendo su propia vida en el intento.

Porque si bien no era la más poderosa de todas las Dragon Ladies anteriores, por lo menos durante aquel corto lapso de tiempo que habían pasado compartiendo el estatus matrimonial, había sido su Dragon Lady. Y la prueba encarnada se hallaba adornando su mano izquierda, en forma de un anillo de dragón.


Bueno, eso es todo por ahora. Espero que les haya gustado, y siéntanse libres de dejar un comentario con sus opiniones. Una vez más gracias a Sakura-sama por tan magnífico final que escribió para su historia (¿Shout out? ¿Donde?), y que inspiró a mi musa a finalizar este proyecto que tenía guardado a medio hacer XDDDDDDDDDDD.

Como podrán ver, la primera parte está ubicada en el capítulo 25, y la segunda entre los capítulos 30 y 31 de la línea canónica de White Butterfly (Mis disculpas si me equivoco).

Sin nada más que decirles sobre éste capítulo, me despido. Nos leemos luego!

~Orchid.