Love Live!

Dhe pawar pushun!

Algo extraño me está pasando

Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.

NdelA: Aquí está el segundo capítulo. Después de leer un par de KotoUmi's donde en el primero no hay KotoUmi por ningún lado y si UmiMaki en un matrimonio forzado donde no hay ningún tipo de atracción y luego el otro que está bellamente escrito a pesar de ser un angst que le he dado el voto de favorito ye he enamorado de él para que después de ocho capítulos el autor salga con dos notas de autor la primera para decir que le están copiando el fic y la otra para decir que se pone en espera, me va a dar algo. Este último es muy angst con un KotoUmi que parece evolucionar cual pokemon a HonoKoto y UmiTsuba (si leyó bien) no se que pensar. Me encantan los angst sobre todo cuando ando con unas cervezas encima. Eso lo hace más bohemio. La cosa es que reflexionando al respecto, no creo poder ser capaz nunca de hacer un angst decente, por el simple hecho de que mi vida personal ahora (no hablemos de la adolescencia que esa si era muy angst) no da para escribir eso, pero si para escribir smut. El cual llega a ustedes en este capítulo basura de mal smut. Se que soy mala comparandome con otros escritores de fanfic que escriben cosas increíbles, pero hago el intento y creo basura de mercado de buen peaje. Al menos eso espero, pero lo dudo. Mucho por aprender y seguro Raven y Rae que son mis máximas inspiraciones para el smut y el omegaverse se avergonzarian de mi, pero no importa. Desde que la musa me abandonó no tengo rumbo que seguir. Ojalá algún día la musa me quiera hablar de nuevo y guiar en los recónditos abismos del fanfic. Por mientras disfruten de la lectura.

— o —

El calor, el terrible calor la estaba matando. No podía con ese fuego en su interior que la estaba consumiendo lentamente. Su piel estaba completamente mojada, aunque, no era lo único. Podía sentir el dolor punzante entre sus piernas y el vacío inconmensurable en su interior.

Estaba acostada en su cama, en su cuarto, tapada con una ligera sabana que no podía seguir soportando por más tiempo. La alejó de su cuerpo quedándose expuesta. Se dio cuenta que no tenía ropa encima, estaba completamente desnuda. Su pecho se agitaba descontrolado a causa de la tortura a la que estaba siendo sometida. Cerró sus ojos azules llevándose las manos a la cabeza entrelazando sus dedos con su cabello de color jengibre.

Solo tenía un deseo, sólo quería que una persona satisficiera ese fuego y aplacara el dolor de su cuerpo.

Se estremeció al sentir el tacto firme de unas manos sobre sus muslos, aunque no se atrevió a abrir lo ojos por miedo. Miedo a saber quién era esa persona.

Unos delicados y suaves dedos vagaban por sus piernas, sus caderas y jugaban con su vientre. Aquello era una tortura demencial. Pequeños quejidos salieron de su garganta y se mordió los labios cuando una extraña, rasposa, cálida y húmeda cosa se inmiscuyo en los bordes de su intimidad.

Un rayo cruzó su cuerpo cuando esa lengua extranjera encontró su botón y miles de descargas se abalanzaron contra ella haciéndola temblar y estremecerse como una hoja en una tormenta. Se cubrió la cara con sus manos negándose vehemente a abrir los ojos y descubrir al intruso.

Solo que su voluntad se doblegaba a cada pasada frenética de esa lengua que ahora no se limitaba a sólo lamer, pequeños chupetones enviaban espasmos por su columna y pronto se vio gimiendo a causa de todos ellos.

No lo soporto más, tenía que quitarla, tenía que alejarla. Con eso en mente retiró sus manos de su cara y las llevó hasta el extraño entre sus piernas. Solo que su cuerpo la traicionó. En lugar de apartarla, hundió sus dedos en el sedoso cabello presionando para tener mayor contacto de esa boca que la estaba volviendo loca.

Al fin abrió los ojos y vio una hermosa cabellera roja moviéndose entre sus muslos. No tenía que ser un genio para saber a quién pertenecía ese color de cabello. En realidad lo había sabido desde antes, era la única persona que había deseado estuviera allí entre sus piernas. Aunque no entendía porque era ella el objeto de su deseo.

Los finos y delgados dedos de la pelirroja sujetaban sus muslos y su cadera dejando marcas rojas sobre su piel sensible afirmando su agarre ante el embate de estas que se revolvían frenéticas con cada roce de su lengua acercándola al borde del abismo de la lujuria.

Ma… Maki… —gritó a la noche.

De despertó jadeante, trastornada por lo que acaba de… ¿Soñar?

"¿Acaso eso a sido un sueño? Era pasmosamente real."

Su pecho subía y bajaba sin control y su cuerpo en general aún temblaba de excitación. No entendía que estaba pasando. Jamás había tenido una experiencia de ese tipo y mucho menos jamás pensó que sería con su compañera de grupo.

Se levantó de la cama como si esta estuviera maldita y se negó a entrar en ella de nuevo. Tenía pánico de que volviera a ocurrir ese sueño otra vez. Miró alrededor recelosa buscando en la oscuridad si había rastros de cierta pelirroja, tratando de convencerse que nada había sido real aunque así lo pareciera.

Comprobó su cuerpo y seguía teniendo su ropa de dormir, pero había una creciente incomodidad entre sus piernas. Las podía sentir pegajosas, húmedas y agitadas.

Sacudió sus pensamientos para espantar el fantasma de Maki de ellos y sin esperar más se fue directo a la ducha. Tenía que borrar cualquier indicio ficticio de ese maldito sueño.

Para su mala suerte, el desnudarse fue una cosa demasiado fastidiosa. No podía entrar a la ducha con la pijama puesta pero era muy lioso despojarse de sus prendas cuando aún estaba tan sensible al tacto.

Las gotas del agua caliente de la regadera tampoco ayudaron mucho a calmar su desazón. Podía sentir la hinchazón en sus pechos que dolían horriblemente anhelando atención y las pequeñas pringas de agua eran como agujas clavándose en su piel sin piedad.

Cambio la pulverización del agua de caliente a fría de súbito conteniendo el gritó que quería escapar de su garganta por el intempestivo cambio de temperatura. Después de unos minutos acostumbrándose al gélido tacto del agua por fin pudo sentir el deseo procedente de su sueño retroceder.

"¿Qué es lo que me está pasando?"

Preguntó a la nada y no obtuvo respuesta.

— o —

—¡Ho-no-ka! —una avergonzada Kotori intentaba despertar a su amiga que se había quedado dormida apoyando la cabeza sobre la mesa de su butaca.

Al haber pasado una mala noche, se sentía tan cansada que sin darse cuenta cayó rendida casi a mitad de una clase. Por suerte el profesor no le tuvo atención y al finalizar su cátedra sólo salió del salón. De eso hacía unos cinco minutos.

—Kotori, ¿qué es lo que pasa? —su otra amiga de la infancia vio la repentina pesadumbre que la asolaba y pronto supo porque.

Tal vez no hubiera sido tan grave si solo Honoka hubiera estado roncando, pero no, se escuchaba claramente como ligeros quejidos salían de su boca. Umi se escandalizó por lo que oía poniéndose completamente roja de vergüenza por eso.

—¡Honoka! —la sacudió con violencia para que despertara de una buena vez y dejara de avergonzarse frente al resto de la clase.

Algunas de las compañeras a su lado se habían dado cuenta y soltaban disimulada risitas de lo cómico de la situación.

—¡Aahh! —de un brinco toda asustada se despertó Honoka por segunda vez en ese día.

Miró a su alrededor parpadeando rápidamente destanteada tratando de ubicar donde se encontraba. Durante unos segundos no supo dónde estaba pero al enfocar sus ojos azules sobre su amiga de la infancia pareció volver a la realidad.

—¿Qué fue todo eso Honoka? —Umi le veía con enojo, aunque en el fondo estaba preocupada por ese comportamiento extraño que estaba teniendo Honoka.

No es que como que no se hubiera dormido antes en clase, de hecho le pasaba más a menudo que a una persona normal, lo que no era normal es que hicieron esos ruidos que no pertenecían a un simple ronquido.

—Yo… —al darse cuenta y recordar lo que momentos antes estaba soñando, se ruborizó escandalosamente.

De nuevo había caído en un sueño vergonzoso sobre ella y Maki en el salón de clases con la chica besándola y tocándola de manera impropia encima de una de las mesas del aula.

—Umi-chan, Honoka-chan debe estar cansada —Kototi salió a su rescate al ver la incomodidad en su amiga—. ¿Pasaste mala noche? —se acercó poniendo su mano sobre la frente de Honoka que se echó hacia atrás temerosa.

—¿Volviste a resfriarte? —la regaño Umi al ver su reacción y la mirada de preocupación de Kotori.

—Estás ardiendo Honoka-chan —Honoka se rascó la nuca, quizás Kotori tenía razón, se sentía caliente pero no debido a un resfriado como suponía Umi, sólo que no podía decirles la causa.

¿Cómo iba a explicar que tenía fantasías de índole sexual con la niña de primer año? Definitivamente no podía, así que mejor no dijo nada.

—Debe ser que me dormí con el cabello húmedo anoche, nada grave —tanto Umi como Kotori no se creyeron la explicación tan pobre que estaba dando su amiga.

—Honoka —las dos niñas se miraron y luego vieron a Honoka con preocupación y está cortó el sermón que venía de labios de Umi.

—Estoy bien, enserio estoy bien —afirmó efusivamente para quitar la ansiedad de sus ojos—. Después de lo que pasó la última vez aprendí la lección, sólo pase una mala noche y es todo chicas.

—Confiamos en ti Honoka —Kotori le dio el voto de confianza y Umi asintió a sus palabras no muy convencida.

— o —

Desde esta mañana, Nishikino-san se había sentido extraña. Con una sensación de sensibilidad latente que le ponía la piel de gallina tan sólo con el toque del viento. Además de ese dolor palpitante entre sus piernas que resultaba muy engorroso y molesto. Siendo hija de médicos lo atribuyó a que probablemente se debía a que su ciclo se había adelantado, aunque no creía que eso fuera posible si aún estaba a mitad de mes. Tal vez más tarde se iría a hacer un chequeo si lo creía necesario, claro después de cumplir con sus obligaciones diarias.

Toda la mañana pasó con esa incomodidad que no le permitía estar tranquila. Sin contar que parecía ruborizarse con mayor facilidad que de costumbre y notar ciertos detalles que antes pasaba por alto. Esto no mejoró cuando llegó la hora de la práctica de las chicas de Mu's en la azotea. Tenía sus sentidos demasiado alterados, muy perceptibles a los cambios.

A la práctica sólo asistieron las chicas de primer y segundo año. Faltaban las niñas de tercer año, quienes le avisaron a Umi que llegarían más tarde.

Umi la había puesto a hacer estiramientos con Honoka e inexplicablemente se sintió nerviosa estando a su alrededor. Desde que llegarán a la azotea no le había apartado la vista casi ni para parpadear, se detenía más tiempo del debido en ciertas áreas de su anatomía. Algo tenía la chica de cabello jengibre que no podía apartar sus ojos amatista de ella. Lo atribuyó a su hipersensibilidad, pues el aroma de cítricos que desprendía la chica invadía su nariz robándole la concentración. Ni hablar de la suavidad que pudo percibir al tocar sus manos. Le estaba costando demasiado el poder aclarar su mente con ella a su lado.

Las posiciones para hacer los estiramientos no estaban ayudando de nada a calmar su creciente nerviosismo. El sudor se hizo presente en su piel y no era a causa del calor de la tarde o el ejercicio. Sintió de nuevo el tirón en su entrepierna y el latente dolor que se acumulaba en la zona junto con su sangre.

Los roces entre ellas se hicieron más frecuentes, aunque eran simples toques inocentes debido al trabajo de estiramiento, parecían dejar grandes repercusiones en su cuerpo. Tan enfocada estaba en sus sensaciones que al tomar ambas manos de Honoka por detrás para ayudarla a estirar la espalda, no la sostuvo con fuerza y al echarse hacia adelante, está se fue de bruces con Maki cayendo encima de ella.

—¡Ay! —se quejó Honoka aunque de inmediato se congeló en su sitio.

Maki estaba sobre Honoka apoyando todo su peso encima de ella, y eso no era lo peor, al intentar levantarse las manos rebeldes de Maki fueron a dar a la cintura de la otra chica reteniendola en el sitio, aunque no había necesidad de ello pues Honoka no se había movido para nada al sentir un inusual bulto que estaba pegando a su trasero, eso le causó pánico y se quedó quieta sin que su cuerpo le respondiera. Maki estaba restregandolo de forma insistente contra ella, casi como una molienda que estaba empezando a disfrutar muy a su pesar.

—¡Aaahh! —un gemido salió de la boca de Honoka y el resto de la chicas voltearon a verla pues no habían puesto mucha atención antes cuando se cayeron ya que estaban al fondo a sus espaldas.

Como un relámpago Maki se quitó de encima completamente roja de la cara, pidiendo disculpas a una Honoka que no terminaba de procesar lo que estaba pasando y solo vio a Maki yendo por su mochila poniéndola delante de ella para ocultar el creciente montículo en sus pantalones.

—Lo siento, yo… recordé que tengo un asunto pendiente y… me tengo que ir —sin decir nada más salió corriendo hacia la puerta sin parar.

—Espera… Nozomi quiere hablar con nosotros después de la práctica —dijo Umi a una puerta que se estaba cerrando, dudó que la joven la escuchara siquiera.

— o —

Maki corrió como ladrón sin detenerse hasta llegar a los baños de chicas de la escuela. Quería irse a su casa, pero no podía hacerlo en esas condiciones, tenía que deshacerse de eso primero.

Entró sin mirar al par de chicas que platicaban cerca de los lavabos y ellas no le pusieron atención tampoco. Cerró con seguro la puerta colgando su mochila de un gancho y sin esperar más se bajó los pantalones deportivos dejando a la vista aquel extraño forastero.

Sabía suficiente de anatomía para darse cuenta que aquello debía ser un error. No era posible. Una chica, ella era una chica, pero esto no correspondía a una. Grande, duro y bastante firme saludando al cielo orgulloso. Maki se mordió el labio cuando su mano derecha fue sobre él rodeando toda su circunferencia con sus dedos.

Era real.

¡Tenía un pene entre las manos! ¿Cómo podía ser eso posible? Era físicamente imposible para ella tener uno, hasta donde recordaba hacía unas horas aquello no estaba allí.

La imagen de Honoka vino a su mente y aquella cosa dio un tirón que la asustó soltandolo yéndose hacia atrás como si pudiera realmente alejarse de él.

Las otras estudiantes cesaron su charla preguntándole si estaba bien, a lo que sólo respondió un escueto sí. Ellas no le prestaron más atención regresando a lo suyo. Sus voces volvieron a llenar el silencio.

Dolía, dolía demasiado. Pulsaba de una forma endemoniada y no sabía qué hacer con él, o más bien sí sabía pero tenía miedo de hacerlo. No es como que nunca antes lo hubiera hecho, al menos no con esa forma. Se ruborizó. Armándose con valor volvió a tomarlo con su mano derecha y comenzó a masajear moviendo de arriba a abajo su mano. De alguna forma tenía que deshacerse de él.

El alivio fue momentáneo, aunque no satisfactorio del todo. Hacía falta algo, algo que vino de nuevo a ella en la forma de Honoka Kousaka.

Todos los detalles que había percibido antes durante los estiramientos previo a la práctica se volcaron sobre ella. El olor de la chica, su cabello jengibre ondeando al viento, los bellos contornos de su cuerpo, los bien dotados pechos, la sensación de su trasero frotándose contra su entrepierna.

Pequeñas gotas de precome comenzaron a escurrir de la cabeza del pene pintando sus dedos del viscoso líquido ayudando a que la fricción fuera más placentera. El recuerdo de su vergonzoso roce con Honoka fue el detonante para que el placer culposo se tornará satisfactorio. Se mordió el puño de su mano libre para acallar sus pujantes gemidos y no ser descubierta por las chicas que platicaban afuera.

Bombeo con más fuerza apretando y aflojando en un ritmo irregular según las descargas de gozo que estaba experimentando. Jamás había tenido tal placer, ni siquiera cuando en alguna ocasión intentó masturbarse pensando en Nico. En aquella ocasión lo había dejado por considerarlo demasiado vergonzoso. Solo que ahora parecía no tener reparos usando a Honoka como su fuente de inspiración.

Se imaginó cómo sería sentir esos suaves y rosados labios sobre los suyos y de inmediato, como si eso tuviera vida propia, pulso deseoso. Pensó cómo podrían esos labios darle alivio a su dolor punzante. Con su dedo pulgar jugó con el orificio donde se derramaba el espeso líquido blanco esparciendolo por toda la cabeza tratando de recrear la sensación de una lengua lamiendo cada parte de piel sensible.

El meneó de sus caderas se volvió frenético al fantasear que los hermosos labios rosas de Honoka rodeaban su espesor y su lengua la recorría de arriba a abajo. No pudo soportar más tiempo. La sola idea de que fuera su superior quien le estuviera dando tal deleite de esa manera la estaba llevando al punto final.

Dio un fuerte tirón apretando la base del pene, conteniendo su quejido con el puño en su boca mientras todo su cuerpo se tensaba y grandes y viscosos chorros de líquido salieron disparados sobre todo el lugar haciendo tremendo desastre. No podía detenerlos, sólo dejar que aquello se vaciará hasta que no quedara más en su interior.

Su respiración era irregular, con un ligero dolor en el pecho y un ardor jodidamente delicioso en su miembro. Poco a poco su pene pareció ir descendiendo dejando que pequeñas gotas siguieran derramandose, sólo que ya sin la fuerza suficiente para ir más allá.

Tomó papel de un extremo del baño y procedió rápidamente a limpiar todo ese líquido que amenazaba con manchar su ropa, aunque ya pequeñas pringas habían ido a dar a sus pies.

Como pudo limpió el desastre que había dejado. Estaba tan apenada por todo eso. Jamás había perdido el control de sus emociones de esa manera. Su conducta era reprobable, con qué cara podría ver otra vez a Honoka sin pensar en esto. Era una terrible persona.

Se subió el pantalón acomodando el flácido miembro que parecía ir disminuyendo de tamaño hasta recuperar su forma normal.

Volvía a ser una chica.

Exhaló con alivio, al menos eso parecía estar resuelto.

Tiró los papeles al excusado, tomó su mochila y salió.

El par de chicas la miraron con cara de asombro y se sonrojo salvajemente. Tal vez había hecho demasiado ruido después de todo. No dijeron nada y no les dió oportunidad de comentar cualquier cosa, pues salió del baño sin siquiera ir al lavabo.

No paró hasta llegar al siguiente fregadero y sólo allí se detuvo para limpiar sus manos. Dejó que el agua corriera bastante tiempo para quitar toda la suciedad que tenía encima. Seguía sintiéndose mal, ya no tanto físicamente, sino moralmente. Cerró la llave. Ni toda el agua que pudiera gastar la ayudaría a quitarle esa sensación de suciedad que sentía en ella.

Estaba sumida en sus pensamientos cuando sintió una mano sobre su hombro.

—¡Kyaaaa! —pegó tremendo grito que Eli se tuvo que tapar los oídos.

—Lo siento por asustarte —se disculpó la chica de tercero—. Tenemos junta en el club, es necesario que estés presente —le dijo pero no le dio tiempo de hacer nada más cuando ya la estaba arrastrando hacia el salón.

—Yo… tengo que irme tengo un asunto importante en casa —trato de zafarse pero Eli no se lo permitió.

—Lo lamento, pero eso tendrá que esperar, esto es urgente —al ver que no tenía escapatoria Maki dejó de luchar.

— o —