Llegar al origen de la explosión fue fácil, incluso a pesar de la marea de gente que corría en dirección contraria. Largas horas de patrulla le habían dado a Miram un buen mapa de los callejones de Logue Town y en cuanto pudo empezó a cruzarlos, esta vez arrastrando ella a Lucy.

-¿Por qué quieres ir allí? –Le preguntó, casi gritando. Lucy no tuvo que detenerse para responder.

-Tengo un mal presentimiento y quiero llegar antes que la Marina.

Había algo muy erróneo en esa afirmación, sobretodo en ese momento.

-Lucy…

-Miram, por favor. –Le rogó. Qué típico, qué novelesco. Y qué poco podía negarle ella a Lucy.

La nube de polvo les cayó encima justo al doblar la esquina y a punto estuvo de aplastarles un montón de escombros que Miram esquivó de milagro. Cuando el aire se disipó el panorama era peor de lo que la marine esperaba: dos hombres en pie, uno de ellos con la cabeza rapada y unos brillantes ojos verdes que Miram había visto en algún cartel de "Se busca". El otro, no mucho mayor que Lucy, se agarraba a una viga y jadeaba, pero no tenía sangre visible.

Un nuevo vistazo reveló a tres figuras más detrás del tipo de los ojos verdes y una sombra saltó desde un edificio cercano que seguía en pie, pero en cuanto Lucy se lanzó al suelo Miram abandonó toda esperanza de intervenir. Si los dos combatientes tenían el poder para demoler un edificio es que estaban fuera de su liga y no iban a tardar en llegar más refuerzos. Lo importante ahora era una joven pelirroja a la que Lucy intentaba levantar sin demasiado éxito. Miram corrió hacia ella.

-¿Aún respira?

Lucy asintió y Miram le tomó el pulso. Estaba herida y perdiendo sangre, además de inconsciente.

-Lucy, ¿es tu compañera?

La joven asintió, se le cortaba la voz. –Y el que está ahí delante es mi capitán.

Cuando un grito inconfundible sacudió el aire y anunció la llegada de los marines, Miram suspiró, soltó uno de sus tacos más creativos y cargó a la chica inconsciente con toda la delicadeza que pudo en una circunstancia así. No había tiempo para atenderla allí.

-Debemos ir a un hospital.

-No. Si vamos a un hospital nos detendrá la marina. –Esta vez a Lucy no le tembló la voz. –Sígueme.

Y empezó a correr, obligando a Miram a esforzarse para mantener el ritmo. Había ruido tras ellas, pero pronto desapareció y la marine se obligó a ignorarlo. Si la habían visto los otros oficiales, que era una posibilidad, solo podía rezar por que no la hubieran reconocido. La prioridad ahora era la chica que cargaba a hombros y llegar adonde Lucy quisiera llevarla.

Si se hubiese tratado de otra persona, Miram no la habría seguido, mucho menos sin hacer preguntas ni dar una explicación necesaria. Pero la respiración de su carga era ahora más débil y, aunque ya no dejaban gotas de sangre a su paso, la joven capitana marine empezaba a notar que la cosa iba mal. Era demasiado posible que las estuvieran persiguiendo y ella no tenía equipamiento médico a mano. Si no lo lograba... Lucy era su hermana. No eran hermanas de sangre, pero eso nunca las había detenido y Miram no pensaba dejar morir a uno de sus compañeros.

En cuanto llegaron al puerto y Lucy señaló el barco, cuya bandera negra ondeaba con el orgullo inconfundible de la piratería, Miram supo que no habría hecho algo así por nadie más. Quizás ni por Kaminn.

Había un chico en el barco ya rubio, con un pañuelo rosa cubriéndole un ojo y una Katana al cinto. Al verlas se levantó de inmediato.

-¿Quién es…? –Fue a preguntarle a Lucy, pero Kamin lo cortó sin miramientos.

-¿La enfermería? ¿El doctor?

Medio minuto después Miram dejaba a la chica pelirroja sobre una camilla, dejaba la chaqueta en el suelo y se ponía unos guantes limpios de una caja bien etiquetada. La enfermería era pequeña, sí, pero bien ordenada. Nunca se había alegrado tanto de haber hecho el curso de primeros auxilios.

-¿Dónde está vuestro doctor, Lucy? –Preguntó, tomando el desinfectante y comprobando la respiración de la chica pelirroja. No parecía tener ninguna costilla rota, pero tampoco podría jurarlo. Cuando Lucy tardó en responder, se giró hacia ella y luego hacia la puerta en la que había aparecido el chico que minutos antes se había agarrado a una viga. Tenía el pelo oscuro y cortado hasta los hombros, con dos mechones ocultándole a ratos un ojo de color azul intenso. Tenía la camisa rota, se le empezaba a formar un buen moratón y fue él quien contestó a su pregunta.

-Está ahí, en la camilla. ¿Quién eres? –Su voz era firme y clara, pero no lo bastante autoritaria como para que Miram se cuadrara. Parecía más bien preocupado, aunque acababa de traer muy malas noticias y Miram maldijo por lo bajo y le cedió la palabra a su hermana. Tenía que centrarse en limpiar y coser la herida y rezar porque la chica recuperar la consciencia. Lucy no la defraudó.

-Es mi hermana, Miram.

Él asintió. –Bien, yo soy el capitán del Gato Negro. Puedes llamarme Jaden.

-Un placer. –Musitó la marine, antes de pedirle el bote de desinfectante. Él se lo pasó, esbozando la sombra de una sonrisa incluso a través de su preocupación.

-¿Sabes lo que haces?

Miram asintió sin detenerse.

-Puedo estabilizarla y parar la hemorragia. A partir de ahí…

Él suspiró. -Bien. Haz todo lo que esté en tu mano, te lo ruego.

Sintió la mano de Jaden sobre su hombro un segundo y luego él se retiró a una esquina de la enfermería para dejarla trabajar. Casi había terminado con las vendas cuando su paciente empezó a mover los dedos y a los pocos minutos abrió los ojos. Miram tuvo que sujetarle los hombros para que no se incorporara y, para su sorpresa, la chica se quedó quieta de inmediato, mirándola con los ojos muy abiertos.

-Quién…

Ahí Miram comprendió la situación y dio un paso atrás, dejando que fueran Lucy y Jaden quienes recibieran a su doctora y aprovechando para quitarse los guantes ensangrentados. No estaba bien que lo dijera ella, pero había hecho un buen trabajo.

Cuando levantó la vista se topó con la sonrisa de la doctora, a quien Lucy había ayudado a incorporarse. Le tendía una mano que Miram rápidamente estrechó. Tenía los ojos más sinceros que la marine había visto en mucho tiempo y se llamaba Shaima.

-Me alegro de que estés consciente. -Le dijo Miram. -Puede que tengas algunas contusiones, pero creo que no tienes nada roto.

La doctora se miró las vendas y pasó un dedo por los puntos antes de asentir con lo que parecía satisfacción. –No está nada mal.

Muy a su pesar Miram sintió que se sonrojaba. Probablemente ni siquiera fuera un cumplido sincero del todo, y era bien consciente de que quizás fueran unos puntos horribles, pero igualmente sintió cierto orgullo de haber podido hacer algo de ayuda.

El inconfundible sonido del teléfono caracol que tenía en la chaqueta la devolvió a la realidad y a su situación y por primera vez desde que se había puesto los guantes cayó en que estaba en un barco pirata, sin armas y con la espalda hecha polvo de cargar a otra persona. Quizás, solo quizás, acababa de meterse en un buen lodazal.


Y con esto acaba el capítulo de hoy :P

Mil gracias a Alhy Armstrong por su review '*-*