Capítulo XV:
Daisuke iba al frente de la expedición junto a Sesshomaru y Koga, los demás íbamos detrás.
Irasue estaba metida en sus pensamientos, Emiko y Ryu hablaban de cómo entrarían a la mansión y Aoki de vez en cuando asentía o mejoraba las ideas que estos daban.
Inuyasha saltaba de árbol en árbol para vigilar el terreno o más o menos para tenerlo contralado, ya que él, aparte de Kikyo, era uno de los más débiles en nuestro grupo.
Mientras tanto Kikyo y yo estábamos en silencio, cada una pensando en lo suyo.
¿Cómo inicio una conversación con ella?
Pensé mientras le daba vueltas a mi cerebro para hablar de algo.
– ¿Cómo te va con Sesshomaru?– la pregunta de Kikyo me cogió por sorpresa, teniendo en cuenta que ella no sabía nada de lo que había entre nosotros dos.
–Bien, supongo– miré el rostro de Kikyo, ella, al igual que Sesshomaru, Emiko e Irasue, no mostraba ninguna expresión.
– ¿Sabes que esta podría ser la última vez que le ves?– preguntó como si fuera lo más normal del mundo.
–Lo sé Kikyo, ¿has pensado tú lo mismo?
–Yo, a diferencia tuya, ya pasé bastante tiempo alejada de Inuyasha– aunque sus palabras sonaban frías muy en el fondo sentí como si tuviera miedo de volver a perder a Inuyasha.
–Bueno, ganaremos la batalla con Tatsuya y no perderemos a nadie, no debe ser tan difícil– dije con una sonrisa en la cara.
–Lo que menos deberías dejar de hacer es subestimar al enemigo.
–No lo subestimo Kikyo, sé de sobra que Tatsuya es bastante fuerte, incluso más que Naraku, pero tengo la esperanza de que Tatsuya cambie en el último momento.
– ¿Qué cambie? ¿Acaso Naraku cambió en el último momento?
Por mucho que me negara, Kikyo tenía razón, Tatsuya Hisashi tenía pocas oportunidades de cambiar en el último momento.
Me hubiera gustado ver a mi madre antes de todo esto.
Mientras pensaba eso miraba hacia Irasue, alguien tan fría y calculada como ella me era tan familiar y calidad como si fuera mi propia madre.
Llegada la noche nos sentamos todos alrededor del fuego. Como era obvio, los gobernantes e Irasue podían aguantar más sin dormir, pero Kikyo, Inuyasha, Koga y yo necesitábamos descansar.
Poco a poco cada uno de nosotros se fue durmiendo, excepto yo, yo me quedé pensativa mirando las estrellas.
– ¿Qué le ocurre mi reina?– la voz de Irasue me asustó un poco, pero luego me calmé.
–Estoy algo nerviosa, siento que algo malo va a pasar– Irasue se sentó a mi lado y alzó la mirada para ver el cielo.
–No debe pensar en eso mi reina– miré a Irasue.
–Por favor no me vuelva a decir mi reina, dígame Kagome– esta asintió. – Y es que yo he sido la primera en no pensar en ello, pero muy en el fondo de mí, presiento que se avecina algo oscuro– dije bajando la mirada y viendo mis manos.
–Kagome, te voy a contar una historia, la historia de un niño que perdió toda esperanza en la humanidad y que solo vivió con la oscuridad en su corazón– miré con detenimiento a Irasue.
–Una vez, un pequeño niño nació de la unión de dos grandes seres, ese niño desprendía poder y belleza desde cualquier lado que lo miraras. Un día el padre de la madre decidió abandonarles, él niño siempre culpó a la madre de que el padre se hubiera marchado. Él le declaró odio a la madre por ser débil y no proteger lo que es suyo, desde ese día el niño empezó a odiar a todo ser que pasaba por su vida, no dejaba que nadie se acercara a él. Hasta que un día una pequeña niña empezó a dejar luz en su oscuro corazón, poco después apareció una joven mujer, con una sonrisa radiante y un corazón puro como el mismo agua. Desde entonces el niño dejó de ver todo con rencor y odio. Ese niño Kagome, aun a día de hoy vacila de vez en cuando, no sabe cómo será su futuro, si esa joven mujer le dejara abandonado él quizás volvería a su oscuridad.
No entendí porque Irasue me contó esa historia, ya que no me explicó nada, solo me dejaba con más dudas.
Lo único que estaba claro era que ese niño, sin duda alguna, era Sesshomaru.
–Lo siento Irasue, tengo que ir a hablar con alguien– dije antes de levantarme.
Ella me sonrió y me dejó ir.
Con velocidad corrí entre los árboles para buscar a Sesshomaru, por muchas razones quería verle.
Después de correr le vi sentado a los pies de un árbol, tenía los ojos cerrados y su respiración era calmada.
Di un paso y este abrió los ojos al verme.
– ¿Te he despertado?– pregunté con ternura.
–No, no estaba durmiendo– me acerqué a él y me senté a su lado.
Le cogí de la mano, él la apretó.
Nos quedamos en silencio, solo estábamos viendo el cielo.
–Mañana llegaremos donde Tatsuya– dijo Sesshomaru.
Apreté mis dientes y miré a Sesshomaru.
–Prométeme que no me dejarás– él bajó la mirada y fijó su dorada mirada en mi.
Con su otra mano acarició mi mejilla.
Sonreí.
Después con sumo cuidado posó sus labios sobre los míos, su boca se movía profesionalmente, en un momento dado lamió mis labios y yo abrí mi boca.
Nuestras lenguas jugaban traviesas, una más torpe que la otra.
Solté la mano de Sesshomaru y me subí encima de él.
En ese momento cuando decidí hacerlo no estaba pensando en nada, solo cuando sus manos se posaron en mis muslos volví al mundo, pero la sensación que me producía era tan fuerte que no le di importancia.
Nuestras bocas todavía estaban en una fuerte batalla, mientras él me acariciaba el muslo y la cadera.
Un pequeño gemido salió de mi boca cuando posó su mano cerca de mi entrepierna.
Nos separamos y Sesshomaru me miró divertido.
Este no dijo nada y acercó su cabeza a mi cuello, el cual empezó a chupar y lamer. Dejé mi cabeza hacia atrás y disfruté del contacto que hacia su lengua con mi piel.
Cuando ya no sentí su lengua contra mí, me abracé a él.
–Te amo– susurró Sesshomaru, abrí mis ojos y apreté más mi abrazo.
–Hazme tuya– susurré con un fuerte sonrojo.
Pronto sentí como Sesshomaru me daba un dulce beso en mi hombro.
Me cogió de la espalda y me acostó en el suelo.
Desde ahí me di la libertad de verle, su rostro bajo la luz de la luna y las estrellas le daba un toque bastante hermoso.
Sesshomaru me desnudó con lentitud y delicadeza, yo me dejé hacer. Quedé medio desnuda delante de él.
Me puse de rodillas e hice lo mismo, le quité la armadura y el haori.
Nos volvimos a acostar sobre la nieve, que en ese momento ni me pareció fría.
Solté un gemido cuando Sesshomaru metió su dedo dentro de mi vagina.
Me abracé a él y apreté su cabello entre mis manos.
Sesshomaru besaba cada parte de mí con pasión, la delicadeza que segundos antes nos profesábamos había desaparecido.
Dejé caer mi cabeza con suavidad en la nieve, vi las estrellas y justo cuando una brilló Sesshomaru entró dentro de mí con delicadeza y suavidad.
Solté un pequeño grito de dolor, cogí nieve entre mis manos y la apreté.
Cuando me acostumbré a esa sensación Sesshomaru empezó a moverse, primero lento y con paciencia, pera cada vez que mis gemidos y los suyos aumentaban también lo hacia sus feroces embestidas.
Sesshomaru se acercó a mi cuello y lo mordió.
–Ahora eres completamente mía– susurró con deseo en mi oreja, yo me abracé a él y clavé mis uñas en su espalda.
De pronto sentí un espasmo de placer recorrerme y fue entonces cuando gemí como nunca lo había hecho en esa noche, había tenido mi primer orgasmo.
–Te amo, mi reina– dijo Sesshomaru terminando dentro de mí.
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Miré a todos con una sonrisa en mi rostro, todos parecían preparados para lo que nos esperaba hoy.
Sesshomaru apareció de entre los árboles.
–Nos vamos, hoy será un día largo– dijo, se paró a mi lado y me vio de reojo, le sonreí con dulzura.
Él empezó a caminar y se puso al frente.
Dos horas después Sesshomaru se paró delante de una mansión, esta estaba deteriorada y poco cuidada.
Me acerqué a Aoki.
– ¿Aquí vivía Miyuki?– pregunté con tristeza.
–Sí– respondió este serio.
Me puse al lado de Sesshomaru. Este desenfundó su espada y de la nada empezaron a salir monstruos de bastante nivel.
Creé un arco.
– ¿Listos?– pregunté, me di la vuelta para ver a todos en posición de ataque, miré uno por uno a cada ser que tenía delante de mí.
Emiko tenía dos dagas en la mano y tenía una pose bastante provocativa, Ryu que estaba a su lado tenía el rostro ensombrecido y una sonrisa traviesa mientras sacaba la espada de su funda, Kikyo cogió el arco en su mano, Irasue también desenfundó su espada y se colocó en posición de ataque, Aoki sacó su espada y miró al frente serio y seguro de sí mismo.
–Es una orden, no muráis ninguno– todos asintieron con una sonrisa en su rostro.
Miré a Inuyasha que estaba encima de un árbol y le sonreí.
Confío en tus manos la vida de Kikyo.
Intenté decirle con la mirada y creo que entendió muy bien el mensaje.
Me di la vuelta y me puse en medio de Sesshomaru y Koga.
–Vosotros tampoco muráis ¿de acuerdo?– Koga sonrió.
– ¿Con quién te crees que estás hablando? No voy a morir ni aunque quiera– respondió Koga.
Los enemigos empezaron a venir a por nosotros.
El plan era el siguiente.
Todos irían a por la distracción, mientras Sesshomaru y yo entraríamos en la mansión para ir directamente a por Tatsuya.
Mientras Sesshomaru y yo vimos como los demás nos abrían el camino pude ver la sed de sangre que tenía Ryu, su sonrisa ahora macabra, demostraba lo mucho que disfrutaba estar en el campo de batalla.
– ¡Ahora!– dijo Kikyo cuando lanzó una flecha purificadora bastante potente, Sesshomaru y yo empezamos a correr, algunos monstruos habían quedado intactos por la flecha de Kikyo, pero nosotros nos encargábamos de matarlos o si no lo hacía Kikyo desde la distancia.
Sesshomaru tocó primero la puerta y la derrumbó sin dudar ni un solo segundo.
Entré en la mansión y me paré al instante, la cabeza empezó a dolerme, Sesshomaru se dio la vuelta y me miró con preocupación.
Levanté mi mano.
–No te preocupes por mí, hay que cumplir la misión, suerte– dije separándome de él.
Empecé a correr con el dolor recorriendo mi cuerpo.
Toqué la pared con una mano y me paré, solté el arco que tenía en mi mano y la llevé a mi cabeza.
Miré a mi alrededor, lo pasillos antes oscuros y tenebroso ahora estaban bien iluminados y descargaban felicidad y paz por todos los lados.
Miré detrás de mí, vi a Miyuki andar con Tatsuya. Ambos estaban cogidos de la mano, una sacerdotisa se acercó a ellos con una sonrisa en el rostro.
–Buenos días querida– dijo Miyuki con tono delicado y lleno de felicidad.
–Buenos días mi reina– respondió la sacerdotisa.
Estas empezaron a hablar, pero mi vista y mi mente no se centraban en ellas, yo me estaba fijando en Tatsuya, su mirada estaba llena de amor, amor que había visto en los ojos de Inuyasha al ver a Kikyo y cuando Sesshomaru me miraba a mí.
Tatsuya sonrió y su brillante sonrisa me hizo plantearme si él en verdad era el malo.
Cerré los ojos y cuando los volví a abrir la oscuridad del pasillo había vuelto.
¿Qué ha sido eso?
Pensé, pero antes de que más dudas surgieran un fuerte estruendo de fuera hizo que me fijara en mi cometido.
Creé una espada y otra vez empecé a correr.
Pero poco duré, porque una vez más el dolor de cabeza me volvía a coger. Esta vez era más intenso que antes.
Caí al suelo y solté un grito agudo y doloroso.
En este mismo pasillo estaba Tatsuya, con las manos ensangrentadas, una daga y una espada llenas de sangre. Él estaba en el suelo, se llevó las manos al cabello y empezó a gritar.
– ¡¿Qué he hecho?!– gritó viendo la oscuridad que le envolvía, miró hacía una habitación, de ahí salía un rio de sangre.
Me levanté y me puse delante de la puerta, con mis pies pisé la sangre y con gran velocidad di unos pasos atrás. Miré entonces el cuerpo sin vida de Miyuki, en sus ojos había lágrimas y su cuerpo estaba más pálido.
Me di la vuelta y vi con horror a Tatsuya.
–Yo te amaba, te amo– susurró este con la cabeza agachada y golpeando el suelo una y otra vez, pero como si algo le poseyera se levantó y miró hacia adelante, ahí estaba la misma sacerdotisa que vi segundos atrás.
–Tú…– dijo Tatsuya con odio, rencor y venganza. – Tú me servirás de ahora en adelante y te harás llamar Akane– miré con más horror a esa chiquilla que en nada se parecía a la Akane que había visto días atrás.
Cuando cerré los ojos y los volví a abrir vi a Akane al final del pasillo.
–Vaya, pero si al final has venido aquí, reina Kagome– retrocedí un paso.
–Antes eras una sacerdotisa– dije con terror.
–Mmm, se podría decir que sí, mi reina– dijo con una sonrisa traviesa.
– ¿Por qué? No lo entiendo, sí él la amaba ¿por qué la mató?– pregunté desesperada.
Akane no me respondió, desenfundó la espada y vino directa hacia mí, entonces con rabia en mis venas esquivé su estocada con mi espada y la tiré al suelo.
–Mi batalla no es contigo, sacerdotisa– dije con oscuridad.
Dejé a Akane en el suelo perpleja y empecé otra vez a correr, seguí mi instinto y por un momento recordé el sueño que había tenido ese día.
Me paré y cogí la llave que tenía colgada al cuello.
– ¡Tatsuya!– empecé a gritar su nombre. – ¡Da la cara!– corrí y cuando casi me di por vencida el sonido del piano llegó a mí.
–Cuando llegue la hora sabrás como utilizarla–
Miré la llave y seguí el sonido del piano, me paré delante de una puerta de color marrón, esta estaba adornada con plumas de color blanco.
Metí la llave en la cerradura y abrí la puerta, al final de la sala en un sillón estaba sentado el ser al que buscaba.
Entré en la sala.
–Por fin nos vemos a la cara– dijo él levantando la cabeza, en la mano tenía una copa rellena de algo.
La música del piano seguía sonando, igual de melancólica y alegre que en mi sueño. Esta se repetía una y otra vez y esta vez sin una sola equivocación.
Apreté la mano donde tenía la espada.
La levanté y apunté hacia Tatsuya.
– ¿Por qué lo hiciste?– pregunté. – Si la amabas ¿por qué la mataste?– de mis ojos empezaron a salir las lágrimas.
Tatsuya se levantó y arrojó la copa lejos rompiéndose al tocar el suelo.
Este se quitó la capa negra que tenía y dejó ver unas alas negras.
Empezó a acercarse a mí.
Empuñé con más empeño la empuñadura de la espada y cuando Tatsuya estuvo a solo pasos de mí rozó la espada rozó su cuello. No me vi capaz de aprovechar esa oportunidad, algo en mi interior me hacia estar indecisa.
Él la apartó con la mano y se acercó aun más a mí. Con un dedo rozó mi mejilla y limpió una lágrima.
Justo en ese momento la puerta se abrió de par en par, me di la vuelta con la espada en alto, pero al ver a Sesshomaru me tranquilicé y me volví para ver a Tatsuya con una sonrisa macabra en su rostro.
–Porque la amaba demasiado, reina Kagome– respondió.
Abrí mi boca sin entender.
Sentí a Sesshomaru detrás de mí y algo afilado cayó a mi lado, miré con terror la espada de Sesshomaru a centímetros de mí.
– ¿Sesshomaru?– pregunté, este no me respondió y volvió a atacarme, le esquivé.
– ¿Te gusta ser reina?– preguntó Tatsuya. No tenía tiempo de ver que hacía él, solo estaba concentrada en esquivar a Sesshomaru. – Pues sufrirás lo que ella sufrió, morir por amor– abrí mis ojos al comprender lo que Tatsuya quería decir.
Sesshomaru se abalanzó sobre mí, le esquivé y salí de ahí.
Esto pinta muy mal.
Pensé corriendo.
Sesshomaru me pisaba los talones.
Entonces abrí la primera puerta que vi y entré en ella.
Regulé mi respiración.
Levanté mi mirada y vi la habitación.
Esta habitación, la he visto antes.
Entonces recordé las imágenes que viví antes, Miyuki y su sangre, Tatsuya en el pasillo llorando por matarla.
La habitación donde ella murió.
La puerta se abrió de un portazo.
Él lo tenía todo planeado desde el principio, nuestro plan, nuestra separación, nuestro reencuentro. Todo.
Miré con horror la mirada oscura de Sesshomaru.
–Sesshomaru, recapacita, por mi, por Rin– susurré retrocediendo.
Quiere que muera igual que lo hizo ella.
Con un plan suicida me abracé a él.
–Te amo Sesshomaru– susurré.
Y después me solté de él. Salí de la habitación y cerré la puerta, entonces la congelé con la esperanza de que él no saliera de ella.
Fui a por Tatsuya, él seguía ahí.
Sin pensármelo dos veces corrí a por él, cuando creí haberle herido él en realidad se había movido a la velocidad de la luz y se encontraba detrás de mí.
Me acarició el pelo, me di la vuelta con la espada en mano y sentí que rozaba algo.
Le miré con rabia.
– ¿Qué le has hecho?– él sonrió, se apartó y tocó su mejilla que tenía una línea roja.
–Nada en particular, solo le he envenenado un poco, nada más, pero solo si me derrotas te daré el antídoto– dijo sacando un bote pequeño de cristal de su chaqueta.
–Maldito– susurré haciendo un arco y disparándole flechas. – ¡Devuelve a Sesshomaru a la normalidad!– exclamé, la rabia me invadió de unos momentos a otros.
Tatsuya se puso serio.
–Esa es la actitud que estaba esperando, reina Kagome– y por una vez el que atacó fue él y no yo.
Abrió sus enormes alas negras y vino corriendo hacia mí, se giró sobre sí mismo y me lanzó lejos con sus enormes alas.
Me estrellé contra un pilar de mármol.
Escupí sangre cuando caí al suelo.
–No hay tiempo para descansos mi reina, cuando más tardemos más pronto morirá tu amado– abrí mis ojos y me elevé para ver con rabia a Tatsuya.
–Ser inmundo, matar porque amas a alguien demasiado no es amor, mereces morir e ir al infierno– dije mientras creaba una espada e iba a por Tatsuya.
– ¡Já! Que sabrás tú del amor– dijo mientras paraba mi ataque y lanzaba otro. – ¿Cuántas veces le has dicho que le amas, que quieres que se quede a tu lado? ¿Alguien más a parte de vosotros dos saben que sois pareja? ¿De verdad le amas, reina de hielo?– a cada pregunta que hacía nuestras espadas se encontraban una y otra vez.
– ¡Ya basta!– grité con odio hacia él.
Solté la espada y me acerqué a él.
Le cogí de las manos y empecé a congelarle.
–Yo le amo, aunque no se lo diga, aunque no le de besos, aunque no le diga a nadie más que es mi pareja y tu Tatsuya también la amabas, la amabas tanto que sufrías de amor y de celos– antes de apartarme de él cogí el antídoto del bolsillo de su chaqueta.
Este sonrió con melancolía.
–Tu gran error fue no confiar en ella y por eso la mataste Tatsuya– dije bajando la mirada, cada vez este se congelaba más, sus alas abiertas de par en par empezaban a congelarse.
Este alzó una mano como si quisiera tocarme.
–Ella era la luz dentro de mi oscuridad– dijo antes de quedar congelado para siempre.
Me derrumbé allí mismo, miré mis manos, una de ellas tenía sangre, mi sangre. Y en la otra estaba el antídoto.
Empecé a andar, cuando llegué a la puerta me di la vuelta para ver al ser que había en medio de la derruida sala, su esplendor era el único haz de luz que había en la sala.
–Adiós Tatsuya Hisashi– susurré cerrando la puerta. – Al final lograste tocar la melodia– susurré bajando mi cabeza y recordando el sonido del piano.
Con velocidad fui hacia la habitación donde estaba Sesshomaru, cuando llegué allí descongelé la puerta y la abrí.
Sesshomaru estaba medio inconsciente en el suelo, me acerqué a él y le di el antídoto.
Esperé unos minutos y cuando pensé que ya no despertaría abrió los ojos y me miró.
–Hola, mi reina– sin pensármelo dos veces le besé con amor y delicadeza.
Menos mal, estás bien.
Le levanté y empecé a andar con él. Tenía uno de sus brazos en mis hombros y le estaba agarrando de su cintura para que no se cayese.
Cuando salimos a fuera pudimos admirar el primer rayo de sol.
La primavera.
Pensé.
Bajé mi mirada y vi con terror a todos paralizados mirando a un solo punto.
Me acerqué a ellos, dejé a Sesshomaru en cuidado de Kikyo.
Aparté a Koga y Aoki, entonces los vi.
Ryu estaba empapado de sangre y Emiko le sostenía en brazos.
–No, despierta bobo, ¿quién será maleducado con la reina ahora?– preguntó ella entre sollozos.
Me derrumbé y vi la expresión de felicidad que tenía Ryu en la cara.
Koga puso una mano en mi hombro.
–Murió defendiendo lo que más amaba– susurró apartando la mirada.
–No puede ser– susurré imaginándome a Ryu despidiéndose de Emiko.
–Despierta, yo te amo– dijo Emiko cerca del rostro de Ryu, aparté mi mirada con las lágrimas en mis ojos.
Vi a todos, estaban en mal estado, cansados y destruidos mentalmente.
–Tatsuya Hisashi, ha muerto– dije levantando la mirada al cielo. – Nuestra misión ha acabado.
Ha pasado tres días desde la gran batalla, estamos en tierras del Este.
En el entierro del gobernante de esta maravillosa tierra.
Aquí es donde yo, la reina de todos los reinos diría quien gobernaría esta tierra.
Miré a todos con tristeza.
–La batalla ha acabado y como en toda batalla siempre hay pérdidas, esta vez hemos perdido a un ser maravilloso, un ser que deslumbraba solo con sonreír– hice una pausa para tragarme el nudo que tenía en mi garganta, pero no podía.– Ryu, gobernante de las tierras del Este ha sido un buen compañero en el campo de batalla y por eso hoy le recordaremos como un héroe, como un buen amante, como un buen gobernante– miré a Emiko esconder su rostro y llorar en silencio.– Quiero que todo el mundo deje escapar de él su grito de guerra más feroz, quiero que ese grito le llegue a Ryu y le mande el mensaje de que hemos ganado la guerra.– hice puño mi mano y la alcé.– Por ti Ryu– susurré mientras dejaba salir un grito de dolor y de felicidad, no tardé en oír al pueblo y a todas las personas que había gritar.
– ¡Por la victoria!– se oía de un lado.
– ¡Por el sacrificio de nuestro gobernante!– también se podía oír.
–Por ti amigo– susurré una vez más.
Miré de nuevo a Emiko, ella estaba expulsando todo lo que tenía en ese grito de dolor y de rabia.
–El gobernante de las tierras del Este será Emiko, gobernante de las tierras del Norte– dije cuando el silencio reinó en el lugar.
Emiko levantó la cabeza y me vio sorprendida, le sonreí y asentí.
Sesshomaru se acercó a mí y me tomó de la mano.
Le miré y en ese momento supe lo afortunada que había sido al tenerle a él a mi lado.
Fin.
Y con este dramático final le doy fin a este fic.
Le he metido ahí de por medio un lemon, que seguro muchas lo esperaban, es la primera vez que escribo lemon de Sesshomaru y Kagome, así que espero que me haya salido bien.
Quiero que sepáis que no me esperaba todo este apoyo al comenzar el fic, pero me alegro que de verdad haya gustado tanto.
Os lo agradezco, ya que sin vosotras yo no sería nada.
Ha sido un verdadero placer para mí que me hayáis acompañado en esta aventura.
Quiero a gradecer a:
Faby Sama
Mimato bombon kou
Yaelseishime
Okita Kagura
LoveSesshandTomoe
Veros
Roev86
Sayaamoes
02KaryYourGuardianAngel20
Florencia
Aeraexohunnie
Maria muoz
Alejandr
Miu-chan Dragneel
Bermone
Chizana Momo
Andy Taisho
Taurus95
Titita Taisho
Mikori
ChawGirl
Anixz
Loverbaby
Ahouvit
Raquel Taisho
Anglica
Teresap435
MaruRamoneStone
Skuro tabis
I.I.S.95
Yolo
Ripxo de Taisho
Aoi Dandelion
Y a todos los guest, por leer el fic:)
Y ahora viene el bombaso infogmativo (review si te suena de algo ajamajamsalseoyoutuberajmajam xD)
Gracias a una chica en particular que dejó un review en el antiguo capítulo me hizo pensar en varias cosas (esa persona es Yaelseishime)
Y es que, como os habéis dado cuenta el final es como que le sobra algo ¿verdad?
Bueno en septiembre llegará: La reina de la nieve: copos de cristal.
Segunda temporada.
Espero desde el fondo de mi corazón que os haya gustado.
Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, solo son de mi propiedad Miyuki Aimi, Daisuke, Emiko, Aoki, Ryu, Akane y Tatsuya Hisashi.
With love:
Mihaela-Taka.
