Capítulo II
Secuestro.
"Es casi ley, los amores eternos, son lo más breves."- Mario Benedetti
"Llevábamos unos minutos en completo silencio, rodeados por ruinas y escombro, en eso quedó reducido nuestro alrededor después del encuentro entre nuestros ataques. Dejé caer todo mi peso en una columna derrumbada detrás de mí, completamente confundido… Te había creído un traidor, a ti que habías llevado el título de Patriarca.
─ ¿Me odias?
Me incorporo un poco para dirigir mi vista hacia ti y verte por completo, sentado en el suelo sin siquiera mirarme por miedo a la respuesta. Voy hacia donde tú estas y levanto tu rostro para que puedas ver la felicidad que me invade por tenerte conmigo una vez más.
─Nunca podría hacerlo─ dije sonriéndote.
No te odio, no sé como puedes siquiera pensarlo. Me agacho para quedar a tu nivel y tú me recibes entre tus piernas con una sonrisa perfectamente dibujada en tu boca… igual a tantas que me regalaste en el pasado. Te beso despacio para poder reconocer aquella suavidad característica de tus labios… no tienes idea de lo mucho que te he extrañado. Separas tu boca de la mía y con tus manos diriges mi rostro hacia tu cuello, comienzo a besarlo mientras te voy quitando esa armadura oscura que portas y que ahora te marca como mi enemigo… tú empiezas a hacer lo mismo con mi armadura dorada. Me aparto de tu cuello para observarte una vez más… aún no puedo creer que estés aquí.
─ Perdóname─ digo llamando tu atención─. No estuve contigo cuando me necesitaste.
─ Tú no tuviste la culpa, Dohko. Nadie podía imaginar hasta donde era capaz de llegar Saga… Tú siempre estuviste cuando te necesité, incluso ahora.
Me besas con un poco de urgencia, como si quisieras alejar aquel pensamiento de mí. No me resisto, pues también ansío nuestra cercanía… aún te deseo como la primera vez.
Y es que tal vez… sólo tal vez, en otra vida, seré capaz de mantenerte a mi lado".
Era una noche fría la que había caído en el pueblo inglés, muy pocas personas andaban por las calles y los automóviles eran escasos, por lo que los caballeros habían rentado un par de vehículos para llegar a su destino. Los conductores los dejaron en la entrada del "Le Sanctuaire" no sin antes indicarles que los estarían esperando en el estacionamiento.
Al bajar de los vehículos se reunieron en la entrada del local que tenían enfrente. Un letrero de neón se encontraba en la parte superior de la puerta cristalina, las palabras "Le Sanctuaire" brillaban en él, resaltando la letra "L" formada por el perfil de una figura masculina. Las grandes ventanas permitían observar el interior del lugar, estaba lleno de gran variedad y cantidad de tuxedos, así como de todos sus componentes. El Patriarca examinó las afueras del lugar siendo su atención atraída por la sombra de una persona que los asechaba, la cual se ocultó en un callejón tras ser descubierta.
─ ¿Una tienda de trajes?─ preguntó DM, sacando al Patriarca de su inspección.
─ Como si nos faltara algo en el disfraz─ ironizó Kanon, aflojó un poco el moño atado alrededor de su cuello.
─ Se ven bien─ les aseguró Shion─. Además, es el atuendo perfecto para la ocasión.
─ Si teníamos que venir a comprar un traje de esos no era necesario traer uno puesto─ se quejó Aioria.
─ No venimos a comprar un tuxedo─ dijo el peliverde, cansado de escuchar la queja sobre usar un esmoquin─. Se van a sorprender.
El Patriarca se dirigió hacia la entrada seguido por los demás, al entrar sonó una campanita que anunciaba el abrir de la puerta al vendedor. Una joven de vestido blanco y cabello rubio salió detrás de una cortina oscura con una amplia sonrisa.
─ Bienvenidos, caballeros─ saludó la chica ─ ¿En qué puedo servirles? ─ se colocó detrás del mostrador.
─ Buenas noches─ Shion sacó una tarjeta de su saco, proporcionada por el joven Solo, y se lo entregó a la rubia.
─ ¿Clientes nuevos?─ cuestionó la muchacha examinando el pedazo de papel, después echó un vistazo a los jóvenes─. Que lástima, tan guapos que están─ se encogió de hombros─ Síganme.
Los jóvenes se vieron entre sí, inseguros al no saber que se encontrarían al cruzar la cortina por donde había desaparecido la vendedora, después de todo, esa situación no era igual que sus pasadas misiones.
─ Adelante chicos─ animó el Patriarca─. No tengan miedo, yo los alcanzaré en unos minutos─ se dirigió apresurado hacia la salida─. Pórtense bien.
─ Patri…─ comenzó a decir Milo, pero el peliverde ya no estaba.
...
Estaba oscuro aquel lugar, un callejón cuya salida estaba bloqueada por una reja y que colindaba con el estacionamiento perteneciente al local. Un carro negro de cuatro puertas estaba estacionado ahí y recargado en éste se encontraba un joven de cabello castaño, traía la parte inferior de un esmoquin y su camisa estaba abierta mostrando su bien formado abdomen… definitivamente la presencia que había sentido, y la sombra que había visto cuando llegaron, eran de él.
─ Creí que no me reconocerías─ dijo sonriéndole al peliverde.
─ ¿Cómo podría no hacerlo?─ se acercó al griego examinándolo… era tal y como lo recordaba. Por inercia, acarició el pecho del castaño, recordando otras situaciones en las que lo había hecho. Miró a Dohko y sin esperar más, le hizo caso al deseo surgido en su interior desde que lo sintió, dedicándole una mirada al otro.
El santo de Libra amplió su sonrisa y abrió la puerta trasera del vehículo, Shion se deslizó al interior seguido del castaño. En el interior, los dos se acomodaron de la mejor manera que pudieron en el asiento; la cadera del peliverde había quedado atrapada entre las piernas de Dohko cuando éste se sentó sobre sus piernas.
El ariano se apoyo sobre sus codos para erguirse un poco y quedar más cerca del otro. Dohko, intuyendo lo que el otro quería, lo atrajo hacia él jalándolo de la camisa y comenzó a besarlo con urgencia. Shion correspondió de igual manera mientras sus manos comenzaban a acariciar la espalda y el pecho del castaño haciéndolos caer recostados.
Dohko rompió con el húmedo contacto y se dirigió al oído de Shion soltando un poco de aire cuando llego a éste, provocando que la respiración del peliverde se agitara ansiosa.
─ Por fin te tengo carnero─ le susurró Dohko al oído, mientras la agitación del peliverde caía en picada, una sonrisa suspicaz se dibujó en sus labios ante aquellas palabras.
─ Creí que te gustaba que yo tuviera "el control"─ Shion separó un poco sus cuerpos para que se pudiera tranquilizar.
─ Por supuesto─ el de Libra se apartó del otro un poco incómodo aunque no se lo demostró a su acompañante─. Sólo quería probar algo nuevo.
"Mientes", pensó el peliverde.
─ No creo que haya suficiente espacio aquí para algo nuevo ─ Shion dejó escapar una risita mientras se incorporaba ─. Dime, Dohko, ¿en verdad puedes recordar toda tu vida en el Santuario?─ preguntó Shion, mientras los dos se sentaban uno al lado de otro calmando su respiración que apenas había tenido la oportunidad de acelerarse.
─ Recuerdo mi vida como caballero dorado, recuerdo todo.
─ ¿Cómo?─ cuestionó mirando hacia el exterior del automóvil, oyendo suspirar al castaño.
─ Esperé mucho tiempo para estar contigo y nada de lo que hagan los dioses podrá impedírmelo.
"Sé que mientes pero, ¿por qué lo haces?", Shion trataba de hallar una respuesta en su cabeza.
─ Entonces, ¿vendrás con nosotros?─ preguntó Shion, tratando de indagar un poco más, ocultando con éxito su melancolía.
─ No─ respondió tratando de acariciar una mano del patriarca, pero el peliverde la apartó de forma sutil─. Tengo que cuidar de los santos que están en este lugar, debo evitar que les pase algo que ponga en riesgo nuestra misión─ continuó antes de que Shion preguntara la razón.
"Me has descubierto", pensó Dohko.
─ Entiendo─ emitió decepcionado por la respuesta─. Debo irme, no quiero que aquellos hagan una locura─ el Patriarca abrió la puerta del carro dispuesto a irse pero el castaño se lo impidió sujetándole de la muñeca.
─ Cuídate─ sugirió el castaño más en tono de advertencia que de preocupación.
─ Tú también deberías cuidarte, Dohko─ se soltó del agarre y salió del vehículo.
El Patriarca regresó a la tienda de tuxedos, pero esta vez la chica rubia no hizo su aparición con el sonar de la pequeña campana, se acercó al mostrador y lo observó detenidamente hasta localizar los objetos que buscaba. Tomó un pedazo de papel y con una pluma comenzó a escribir un breve mensaje.
Dejó la pluma en el lugar donde la había tomado y guardó el recado dentro de su saco. Salió del local y se dirigió al estacionamiento encontrándose en su camino un pequeño bote de basura, se quitó su abrigo y lo colgó en el borde del recipiente.
Continuó con su andar hasta llegar a su destino. Los dos vehículos que los habían llevado hasta allí se encontraban a unos escasos metros de la entrada del solitario estacionamiento. Se dirigió hacia uno de ellos y abrió la puerta del copiloto.
─ Hay que regresar─ Shion cerró la puerta del carro.
─ Me temo que no puedo cumplir esa orden─ contestó el conductor deshaciéndose del quepí con el que apenas lograba ocultar su largo cabello azulado─. Yo no obedezco sus mandatos ─ volteó a ver al Patriarca con una sonrisa maniaca.
─ ¡Saga!─ exclamó Shion sorprendido de encontrarse con su asesino en esas circunstancias. Estaba decidido a combatir de ser necesario pero por alguna razón no podía moverse, todo comenzaba a darle vueltas. Sintió como alguien lo cargaba y él no podía resistirse, ni siquiera se había dado cuenta de cuando se había abierto la puerta del vehículo… Todo pasó tan rápido.
─ No tardó en hacer efecto esa sustancia─ Dohko examinó al peliverde que yacía desmayado entre sus brazos.
─ Llegaste justo a tiempo, estaba a punto de matarlo─ Saga salió del automóvil desabrochándose el saco.
─ No seas idiota─ gruño el castaño─. Si lo hubieras asesinado dentro del carro hubieras levantado sospechas sobre este lugar─ explicó─. Ahora, infórmales a las chicas que ya pueden dejar de distraer a los conductores y limpia bien el resto del líquido, no queremos darles ninguna pista de lo ocurrido.
─ ¿Qué harás con él?─ indagó curioso el peliazul mientras limpiaba con el quepí la manija interna del copiloto.
─ No te preocupes, ya tengo planes para él─ le informó acomodándose mejor a Shion. Saga le miró curioso pero el castaño ya no dijo más. Dohko se dirigió hacia una entrada trasera del local adentrándose en el oscuro lugar con Shion entre sus brazos.
