Muchas gracias por los reviews, me dan ánimo para seguir publicando más capítulos :)


Capítulo III

Le Sanctuaire.

"Te amo como se aman ciertas cosas oscuras, secretamente, entre la sombra y el alma."- Pablo Neruda

"Permanezco cerca de ti... contemplándote, mirándote dormir en absoluta calma, esa que no poseo ni en mis sueños. Sólo cuando estoy cerca de ti soy capaz de conseguir la tranquilidad que anhelo. Es por eso que me gustaría dormir a tu lado al menos una vez... alejado de aquella voz que me asecha cada noche. Claro que nunca te pediría algo así y lo que siento por ti tampoco es algo que expresaría en voz alta pues, tanto tú como yo, debemos de guardar una imagen y cierta compostura ante los demás. Debemos servir a Atenea y sólo eso. Por esa razón jamás me acerqué a ti con otra intención que no fuera educativa. Aun así, te contemplé todo el tiempo… en secreto, enamorándome de tu forma de ser, de tu manera de pensar… eres tan distinto a mí en tantos aspectos… Eres tan extraño. Tú eras el discípulo del Patriarca, acercarme a ti de una forma afectuosa hubiera sido peligroso para el futuro que quería. Pero eso se acabó hoy, ha nombrado a Aioros como su sucesor. Hay algo dentro de mi, pidiéndome hacer cosas que yo no quiero ejecutar… pero acabo de cometer una terrible. Por favor, ayúdame... Sálvame.

Me aproximo a ti. Mi mano comienza a acariciar tu rostro, aunque pronto la sustituyen mis labios que, ansiosos, rozan cada centímetro de esa suave piel expuesta, deleitándome con lo único que podré tener de ti.

Saga─ pronuncias mirándome extrañado.

Me alejo de tu lado, mientras tú te incorporas confundido por mi presencia en la casa de Jamir.

Lo siento─ me disculpo por mi estúpido comportamiento, a pesar de que yo, Saga de Géminis, nunca lo hago. En el fondo sé que no es sólo por esa razón que te ofrezco esas palabras, es probable que pronto te notifiquen de lo ocurrido con Aioros, con Atenea, con tu maestro.

Debí de verme triste e indefenso porque te acercaste a mí, mirándome con comprensión, pero la verdad es que no puedes entender lo que me azota en estos momentos.

Siento cómo colocas tus manos en mi nuca acortando tanto la distancia entre los dos que no puedo contenerme más y te beso, profundizándolo más a cada segundo. Te abrazó por la cintura pegándote completamente a mi… te deseo. Y tú… tú jamás podrás perdonarme lo que he hecho, alejo esa idea de mi mente y continúo besándote pero tú te has detenido. Te miro y me percato de que te has quedado dormido… un extraño sentimiento me invade… ¿desilusión?

No seas ridículo, él no te quiere y nunca lo hará... la persona que creíste sería tu salvadora no tiene interés en ayudarte.

De nuevo esa voz en mi cabeza. Te deposito en tu cama y me despido con un beso en tu frente… Mañana, cuando despiertes, todo habrá sido un sueño para ti… ya no sabrás nada de mí".

Habían subido por una escalera, siguiendo a la chica rubia, hasta el segundo piso en donde los guardaba un extraño lugar. En el centro del espacio se encontraba una larga pasarela donde varios jóvenes bailaban al ritmo que marcaba la música siendo iluminados por luces de colores; también se hallaban algunos hombres sentados alrededor de ésta degustando de una bebida mientras observaban a los bailarines. El lugar contaba con mesas dispersas en el área para aquellos que ya disfrutaban de una grata compañía y con varios meseros que iban y venían con bebidas para los clientes, aunque no se lograba divisar la barra donde se preparaban.

─ ¡Ed!─ gritó la rubia.

La vista de los santos, que se habían entretenido inspeccionando el lugar se enfocó en la chica que se acercaba: tenía cabello castaño y corto que apenas lograba recoger en una coleta, poseía ojos de color lila que resaltaban gracias al vestido blanco que llevaba y el cual dejaba al descubierto su espalda y sus pantorrillas. A pesar de que iba descalza parecía que nadie se percataba de ello pues se entretenían en observar la pequeña cintura que poseía y lo que dejaba ver su escote en "V".

─ Buenas noches, caballeros─ la joven llegó al lugar encontrándose con los santos, los cuales no dejaban de admirarla.

─ Buenas noches─ correspondió Aldebarán, siendo el primero en reaccionar. Esa chica se parecía tanto a la muchacha que había conocido en el pueblo cercano al santuario, pero era imposible que fuera ella, pues Europa y él habían salido en varias ocasiones desde su resurrección.

─ Clientes nuevos─ informó la rubia─. Trátalos bien─ le guiñó un ojo.

─ De acuerdo, Honey. Caballeros, síganme por favor.

La joven se adentró un poco más al lugar y fue acomodando a los jóvenes en las mesas que se hallaban desocupadas en su camino y a unos pocos los dejó en la pasarela que también servía como mesa.

─ Que extraño es este lugar─ dijo Dégel observando discretamente cómo el lugar estaba limitado por largas cortinas en vez de paredes por donde aparecían y desaparecían algunas parejas de hombres, ya que por ahí se accedía a las habitaciones.

─ Me recuerda a nuestros viejos tiempos─ le murmuró Aioria a Milo que se encontraba a su derecha.

─ Pues no sé a que lugares iban ustedes porque al menos a los que yo iba tenían mujeres─ bufó DM.

─ No finjas porque tú prefieres ver a Afrodita así─ reía Milo mientras señalaba a los jóvenes que se encontraban bailando sobre la pasarela.

DM se disponía a comenzar una pelea con Milo, pero en ese momento las luces se apagaron y la música cambió. Un reflector se encendió e iluminó una pequeña escalera que permitía subir a esa gran "mesa", los jóvenes que habían permanecido deleitando a los hombres bajaron, otorgándole todo el espacio a un hombre de cabello azul que subía por la escalera.

─ Sus bebidas, cortesía de la casa─ pronunció el mesero de melena salvaje colocando delante de los cuatro caballeros su respectivo licor. Sin embargo, parecía como si no hubiera dicho nada pues los chicos lo ignoraron, excepto uno que lo miraba con detenimiento, desde su rostro hasta su dorso desnudo─ ¿Algún problema?─

─ No, ninguno─ respondió Dégel. El mesero sonrió satisfecho, después se marchó─. Me retiro─ les informó a los jóvenes santos mientras se levantaba de su asiento dispuesto en seguir a Kardia, pero no obtuvo respuesta, los tres estaban estupefactos por el chico que comenzaba a bailar bajo las luces de colores.

El joven giraba suavemente su cabeza moviendo ligeramente su cabello azulado y meneaba sus caderas, mientras se deshacía de su saco negro aventándolo hacia un lado para después hacer lo mismo con su corbata. Comenzó a dar vueltas y, al detenerse, sacó un fuete que había tenido sujeto con su cinturón apuntando hacia el de cáncer.

Caminó hacia él sin quitarle la vista de encima, mientras desabotonaba su camisa. Cuando llegó a la orilla se agachó para quedar a su mismo nivel, lo miró descaradamente de abajo hacia arriba mientras que con el fuete trazaba el recorrido desde su barbilla hasta su entrepierna donde hizo unos cuantos movimientos con la punta del instrumento ejerciendo un poco de presión. Escuchó un peculiar sonido de un objeto siendo estampado en el suelo proveniente de uno de los laterales, sonrió y dedicó una última mirada a DM mordiéndose su labio inferior.

Se levantó lentamente moviendo su cuerpo de una manera seductora y se dirigió hacia el origen del sonido. Al llegar, un látigo se enrolló en su brazo izquierdo y él lo tomó fuertemente con su mano haciendo subir al dueño de éste: un joven de cabellos azul-verdosos.

Afrodita se deshizo del agarre de Camus y continuó bailando complaciendo con movimientos de su fuete a más de un hombre. El acuariano hizo girar el látigo en el aire y después lo estrelló contra el camino produciendo su sonido característico. Comenzó a caminar en la misma dirección que Afrodita había tomado anteriormente, mirando intensamente al escorpión. Sin embargo, cuando Milo estuvo a punto de tenerlo enfrente, Camus se dirigió a la izquierda de él donde estaba Aioria.

El acuariano soltó su látigo y se inclinó delante del castaño, donde agarró la bebida alcohólica del león y la bebió completa. Los tres santos se encontraban atónitos al encontrar a sus camaradas en esa situación en la que jamás creyeron llegarlos a ver. Camus simplemente sonrió y tomó la corbata de Aioria tirando de ésta hasta lograr besar al castaño.

DM y Milo quedaron sorprendidos ante la escena… Camus estaba besando al mejor amigo del escorpión y Aioria le correspondía. Fue hasta que el acuariano mordió el labio inferior del castaño cuando Aioria pareció entender lo que estaba haciendo. Camus terminó con el contacto y lamió la pequeña herida que le había hecho al griego.

─ Bien caballeros, ese fue el conocido Afrodita y uno de sus atractivos compañeros. Si quieren un poco más de estos hermosos chicos diríjanse conmigo─ habló Ed desde la pequeña escalera.

─ Mi nombre es Camus─ susurró el acuariano a Aioria.

Camus soltó a Aioria y dejó la pasarela junto con Afrodita, aunque no tardó para que otros bailarines ocuparan su lugar. Milo y DM se levantaron de sus asientos, tomando diferentes direcciones, dejando a un confundido Aioria.

...

Una pequeña nube de humo se había formado en el frío ambiente a causa de su bostezo, no dejaba de hacerlo: se encontraba realmente aburrido allí, sin hacer nada, sólo vigilando la puerta por donde Dohko había desaparecido con el peliverde por si algún intruso se acercaba.

─ Estoy harto─ bufó dispuesto a entrar, pero alguien llamó su atención.

Vio como un joven pelilila llegaba al carro en donde él había tenido su encuentro con el Patriarca, recargándose en éste con los brazos cruzados sin hacer movimiento alguno. Se acercó cautelosamente hasta llegar con él, pero aún así no pasó desapercibido.

─ ¿Estás bien?─ fue lo único que pudo decir al ser penetrado por esa mirada color esmeralda.

─ Sí─ se limitó a responder el ariano.

─ Deberías entrar, hace frío─ le sugirió.

─ No es de mi agrado el lugar.

─ Entonces, si el lugar no es de tu agrado, ¿por qué estás aquí?─ se recargó en un espacio junto a él.

─ Acompaño a unos amigos─ respondió sin importarle la presencia de Saga a su lado, pero no pudo evitar que sus sentidos se despertaran ante el inusual trato del otro.

─ Que amigos tan desconsiderados al obligarte a venir─ comentó mientras lo examinaba.

─ No me obligaron─ dijo mirándolo con reproche, incómodo por la familiaridad con la que estaba siendo tratado, después de todo nunca llegaron a ser amigos.

─ Entonces sí que es extraña tu presencia aquí.

─ ¿Es costumbre tuya interrogar a tus clientes?─ cuestionó Mu.

─ Nunca dije que trabajara aquí, pero si lo hiciera tú no serías un cliente pues no has consumido nada─ se defendió el geminiano─. Pero si te he molestado podría invitarte algo para disculparme─ dijo pensando en voz alta─. No puedo desaprovechar esta oportunidad, es extraño ver a alguien con tu aspecto físico─ Mu lo miró extrañado.

─ Tú tienes el cabello azul─ contraatacó el pelilila, tratando de evitar que una sonrisa se dibujara en sus labios.

─ Sí, no fue una buena excusa de mi parte─ bromeó Saga, sin saber de donde salían esas palabras─. Entonces, ¿aceptas?

─ Joven, discúlpenos─ les interrumpió la voz de un hombre─. ¿Tiene mucho esperando?─ preguntó uno de los conductores cuando arribaron al lugar.

─ No, descuiden.

─ De acuerdo─ dijo el otro chofer sonriendo─. Si me permiten abrir las puertas, por favor─ pronunció sacando las llaves. Los dos santos se apartaron un poco para dejar al hombre hacer su labor.

─ Soy Saga─ se presentó ofreciéndole la mano.

─ Mu─ dijo el ariano correspondiendo el gesto del geminiano.

─ Un placer conocerte, Mu─ admitió Saga al soltarse─. Toma─ dijo al entregarle una tarjeta que había sacado del bolsillo de su pantalón.

─ ¿Qué es?─ preguntó Mu pero el peliazul ya se había ido. Al indagar el papel encontró un número de teléfono anotado en él.

...

Caminaba despreocupado por un pasillo oscuro, iluminado por unas antorchas sujetas a la pared, produciendo sombras danzantes en las paredes de roca. Sus pasos resonaban por el eco del lugar siendo acompañado por el sonido de las llaves que movía en su mano. Se dirigió hasta una puerta de metal oxidada y la abrió. Se adentro a un lugar amplio pero cerrado, frío y ligeramente iluminado por la luz de la luna que lograba escabullirse por algunos huecos.

─ ¿Qué haces aquí?─ preguntó un hombre oculto entre las sombras.

─ Tenemos que comenzar con el plan─ respondió dejando las llaves en la mesa que estaba delante del joven.

El Cid bufó fastidiado pues tenían problemas para realizar lo que el otro le pedía. Tomó dos pequeños frascos de la mesa y se aproximó al centro del lugar. Allí se hallaba un hombre arrodillado sujetado de sus muñecas por gruesas cadenas que lo obligaban a tener sus brazos hacia arriba.

─ Ya escuchaste─ habló El Cid, jalando la cabeza del prisionero hacia atrás─. Es ahora o nunca, Deuteros─ le informó a un geminiano semiinconsciente.

─ Si lo haces, nosotros nos encargaremos personalmente de que nuestra diosa sepa lo que has hecho y, así, reviva a tu amigo Asmita y a tu hermano Aspros─ mintió Dohko.

─ Sólo tienes que hacer que esa chica beba esto─ el de Capricornio le mostró uno de los frascos─. ¿Lo harás?

─ Ya no tendrás otra oportunidad─ le advirtió el de Libra.

─ De acuerdo─ pronunció con dificultad Deuteros después de un momento de silencio.

El Cid soltó la cabeza del geminiano con brusquedad y colocó el recipiente que le había mostrado con anterioridad sobre la sombra de éste. Después se acercó de nuevo a él y le hizo beber el contenido de otro frasco.

─ No te preocupes, esta vez lo que te dio El Cid no dormirá tu cosmos, te dará la capacidad de transportar tu sombra al lugar que te indicamos con ayuda de tu técnica─ informó Dohko, mientras El Cid y él se apartaban del geminiano.

─ Otra dimensión─ mencionó su ataque, el cual, hizo desaparecer su sombra y, al mismo tiempo, lo dejó inconsciente.