Capítulo IV

Estrategia.

"El beso es una sed loca, que no se apaga con beber, se apaga con otra boca que tenga la misma sed."- Anónimo

"Salgo despacio de mi habitación, apoyándome en cada cosa que encuentro a mi paso, pues me cuesta ponerme de pie: de nuevo mi maldito corazón. Cuando al fin puedo llegar a la entrada de mi templo, te encuentro de pie ahí, con tus ojos cerrados, disfrutando de la brisa nocturna, mientras admiraba cómo tu cabello se meneaba sutilmente a causa de ésta.

Dégel─ te nombro sacándote de tus pensamientos.

Te dije que te quedaras en cama─ me reprendes abriendo tus orbes pero sin mirarme, te dejas hipnotizar por esos frescos alrededores del Santuario.

Con mi cuerpo cansado y la temperatura de mi cuerpo aumentando poco a poco, decido recargarme en el pilar más cercano a ti para hacerte compañía. Alzo mi rostro tratando de que la brisa refresque mi cuello y puedo percatarme de que pequeñas cosas comienzan a caer sobre mí: nieve.

Que romántico resultaste, Dégel─ bromeo mirándote, pero tú pareces más interesado en el exterior de mi templo─. Si quieres puedes irte, no necesito que me cuides─ te recuerdo indignado por tu falta de atención, aunque la verdad ya debería de estar acostumbrado a eso, al menos en esta ocasión no era vencido por un estúpido libro.

Me miras molesto mientas te acercas a mí. Rodeas mi cuello y agradezco el que me estés abrazando y no puedas ver mi sonrojo. Correspondo al gesto tomándote por la cintura… no sabes lo mucho que me gusta estar así contigo… respirando tu aroma.

Eres la razón más importante por la que yo sigo con vida─ te confieso aprovechando la unión para ocultar mi rostro en tu hombro.

Por supuesto, ¿Qué harías sin mi aire congelado?─ bromeas disminuyendo de esa forma la vergüenza que siento por lo que te acabo de decir y de la que eres consciente.

Me gustan tus besos─ te digo dejando mi escondite para mirarte a los ojos, permitiéndote ver mi lado más sentimental, así como me dejas ver el tuyo.

¿Ahora quién es el romántico?─ sonríes triunfal pero sin burlarte, pues conoces lo mucho que me cuesta decir ese tipo de cosas.

Sujeto tu rostro entre mis manos y lo acerco a mí. Comenzamos a besarnos, dejando nuestras lenguas jugar como otras veces; desciendo mis manos por tu espalda, encontrándome con tu estorbosa camiseta, con la que te volviste a vestir. Saco mi aguja escarlata y voy desgarrándola a su paso. Nos separamos debido a la falta de oxígeno e inhalo una vez más ese aire congelado que amo respirar mientras me besas.

Me sorprende la capacidad que tienes para resistir el veneno del escorpión, me pregunto... ¿hasta donde eres capaz de soportar?─ te digo insinuante.

A mi me impresiona el hecho de que tus pulmones no estén congelados.

Estas muy bromista hoy─ te comento mientras observo una ligera herida que te hice en el cuello hace unas horas─. He de ser muy bueno en el sexo─ concluyo.

Te veo alzar una ceja mientras apartas mis brazos de tu cuerpo, quise moverme pero habías congelado mis pies al suelo sin que me diera cuenta. Tu boca comienza a devorar mi cuello con rapidez y me estremezco al sentir tus ardientes mordidas.

¿Qué haces?─ te pregunto con dificultad.

Tú no eres mejor en el sexo que yo─ te siento decir cerca de mi oído.

Alguien nos puede ver─ te recuerdo mientras me quitas mi camiseta. La verdad es que no me importa, pero sé que a ti sí.

Todos están dormidos a esta hora─ me dices─. Relájate y disfruta.

Muerdes uno de mis labios y comienzas a acariciar mi cuerpo.

Esta será una noche larga─ digo al aire pues tú ya te encuentras entretenido en otra cosa".

El calor aumentaba conforme pasaba más tiempo en esa habitación, en parte se debía al fuego con el que las velas alumbraban la estancia y el que las ventanas estuvieran obstruyendo el paso del aire, pero la situación en la que se encontraban el cangrejo y el pez era la mayor causante del sofocante ambiente.

Habían bebido una copa de vino y sin esperar más tiempo, Afrodita y él, se dedicaron a otorgarse caricias y a eliminar la estorbosa ropa. El de piscis lo tenía atado a la cabecera de la cama por medio de unas esposas y se había colocado sobre su pelvis haciendo movimientos giratorios para despertar la hombría del otro. DM trataba de tocar el cuerpo de Afrodita pero la atadura se lo impedía y sólo lograba arquearse cuando la boca de éste entraba en contacto sobre la piel de su pecho.

La lengua de Afrodita comenzó con un recorrido desde la cadera del cangrejo hasta sus tetillas, dedicándoles lamidas y succiones que erizaban la piel y hacían gemir a DM. El de piscis recorrió un poco su cuerpo para dejar el miembro del otro al descubierto y tomarlo entre sus manos, sintiendo al de cáncer temblar, lo miró interrogante; DM no dejaba de temblar y comenzó a presentar convulsiones. Afrodita bajó del cuerpo del cangrejo suspirando con hastío.

─ Ya puedes salir─ informó colocándose una toalla en su cintura para cubrir la parte baja de su cuerpo.

─ ¡Por fin!─ exclamó molesto Manigoldo, saliendo del baño de la habitación.

─ Esa cosa tardó mucho en hacer efecto─ se excusó Afrodita sentándose en una silla para tranquilizar su respiración y dirigió una mirada al cuerpo ya quieto de DM.

─ No mientas, te estaba gustando─ bromeó el de cáncer al percatarse de la condición del otro.

─ Deja de decir estupideces y mátalo de una vez.

─ ¿Seguro? Podrías divertirte mucho con él.

Afrodita se levantó con pereza de su lugar y se dirigió a una mesa que estaba frente a él. Allí se encontraba las dos copas en donde habían tomado el vino, la botella del licor y un pequeño gotero con el que le había añadido a la bebida de DM un somnífero. Abrió el cajón del mueble y sacó una daga plateada con diversos grabados en color azul.

─ Hazlo de una vez para que pueda dormir─ dijo, entregándole el arma al de cáncer. El la agarró y se dirigió a su sucesor, pero su misión fue interrumpida por alguien que acababa de ingresar a la habitación.

─ Shaka.

─ Suelta eso, Manigoldo─ ordenó el rubio─. Si lo asesinan aquí, seremos los principales sospechosos─ explicó─. Cuando lo maten, sus compañeros no deben de saber que estuvo aquí─ continuó el de Virgo, haciendo que Manigoldo se alejara de mala forma de su presa─. Además, ya inició todo─ caminó por la habitación recogiendo la ropa de que se encontraba inconsciente─. Vístanlo y díganle a sus compañeros que bebió de más─ dijo, arrojándole las prendas al de piscis─. Manigoldo, ven conmigo, tenemos que buscar a Kardia.

...

─ Te advierto que nadie ha logrado mantener mi ritmo─ el escorpión le dijo a su acompañante viéndolo acercarse amenazante con su mirada fija en él. No pudo evitar perderse en esos ojos, le reflejaban tantas cosas que el griego no pudo descifrar qué eran, pero aún así lo habían hipnotizado.

─ Ya apareció quien lo haga─ Dégel jaló del cinturón del otro y lo atrajo hacia él.

─ Tienes demasiada ropa ─ le susurró cuando se acercó a oler el cabello del acuariano, todo en ese chico inexplicablemente le atraía.

─ ¿Y que harás al respecto?─ mordió el lóbulo de la oreja del escorpión.

Apartó un poco al acuariano para poderle romper la camisa, quitándosela en un ágil movimiento. Lo empujó sobre la cama y se tiró sobre él, comenzando a saborear su cuello, dedicaba en esa zona fuertes mordidas para después lamer la poca sangre que escapaba por las lesiones, mientras el acuariano emitía varios jadeos debido al placentero dolor que las atenciones del griego le provocaba… jamás se cansaría de ese juego. Dégel rasguñó la espalda del otro, tan fuerte que Kardia se enderezó dejando escapar un gemido como resultado de la herida superficial que acababan de hacerle, momento que aprovechó Dégel para tumbarlo sobre el colchón, sentándose sobre Kardia. Movía sus caderas ejerciendo presión en el miembro del escorpión mientras que sus dientes y lengua jugaban salvajemente con sus pezones, entreteniéndose unos momentos antes de que el escorpión lo sujetara de ambas muñecas moviéndolo hacia a un lado para derribarlo, cayendo al suelo. Kardia se acomodó entre las piernas del acuariano aprovechando que éste se dolía por el impacto y sin espera abrió el cierre de su pantalón.

─ Si te mueves te dolerá─ lo amenazó con su dedo índice, aunque por éste no había rastro de su aguja escarlata.

─ Estoy acostumbrado─ confesó irguiéndose un poco para lograr tocar el caliente pecho del escorpión─. La cuestión es, ¿tú podrás soportarlo?─ preguntó aprovechando el toque para refrescar la ardiente piel de Kardia, quien disfrutó del frio contacto.

El escorpión lo miró con recelo, indignado por la pregunta del otro y lo arrojó con su mano hacia el suelo para que quedara por completo en la alfombra. Comenzó a romper lo que restaba de las prendas de Dégel para poder rasgar y marcar esa tersa piel que tanto lo tenía cautivado, provocándole leves heridas. El acuariano sólo se mordía los labios para no emitir algún quejido que le diera el gane a Kardia, pero sus ganas de hacerlo no pudieron ser contenidas cuando la lengua de Escorpio encontró su miembro. Las manos de Dégel hallaron los cabellos de Kardia y empezó a jalarlos cada vez que su cuerpo se curvaba a consecuencia de las succiones del escorpión.

Kardia encontró extrañamente excitantes los jadeos de Dégel, lo que aumentaba aquel placentero estado. Sabía que por su condición no tardaría en llegar al clímax, así que sin previa preparación se introdujo en él, sintiendo contraerse al otro por la inesperada invasión. Comenzó a embestirlo profundo y con fuerza sin esperar a que el acuariano se acostumbrara a él ocasionando amplios jadeos por parte de ambos. Dégel empezó a rasguñar fuertemente los hombros y brazos de Kardia dejando marcas rojizas a su paso e incluso algunas aberturas. El escorpión gimió profundo, eso le gustaba. Apoyó sus brazos en el suelo para hacer sus entradas más rápidas y profundas; su cuerpo temblaba con cada movimiento que realizaba, pues su temperatura se disparaba, se sintió frustrado: quería estar más tiempo así con él… en verdad deseaba a ese hombre. Las manos de Dégel se colocaron en su espalda y una extraña sensación lo invadió, el ambiente le pareció más soportable, parecía que su calor comenzaba a controlarse.

Ambos perdían el control de sus movimientos, sus respiraciones eran aceleradas, también su corazón funcionaba con rapidez… varios espasmos y un último golpe de calor los invadió, seguido de una gran tranquilidad. Kardia se apartó del acuariano se sentía demasiado cansado y no paraba de temblar.

─ Kardia─ lo llamó notando la condición en la que se encontraba─. Acércate─ pronunció en voz baja mientras lo abrazaba bajando la temperatura del ambiente, pero parecía no ser suficiente, Kardia aún se encontraba mal. Colocó sus manos detrás de la nuca del escorpión y lo besó, como hace mucho tiempo no lo hacía. Introdujo un aliento frío y refrescante en su boca y Antares lo respiraba. La temperatura del escorpión comenzó a disminuir y su respiración empezaba a normalizarse, pero aún así Kardia terminó quedando inconsciente─. Kardia─ lo nombró dulcemente, en su tiempo como santos ya se había acostumbrado a las reacciones que su aliento frío tenía en él. Se disponía a cargarlo pero unos golpes llamando a la puerta lo detuvieron─. Adelante─ dijo mientras quitaba la sábana de la cama y los cubría con ella.

─ Mis disculpas─ dijo Shaka adentrándose en la habitación estremeciéndose por la baja temperatura de la habitación─. Pero el tiempo ha terminado y Kardia debe seguir con su trabajo.

─ Está inconsciente─ informó el acuariano mientras lo cargaba para colocarlo en la cama y lo cubría con la sábana, quedando su cuerpo al descubierto, algo que evidentemente le desagradaba pero mejor que lo vieran a él que a Kardia.

─ Entiendo─ Shaka se acercó al escorpión examinando su temperatura corporal mientras Dégel se perdía en el baño buscando algo para cubrirse.

─ Dégel─ pronunció Kardia débilmente.

"Saca al intruso."

─ Manigoldo─ el aludido entró a la habitación mientras Dégel salía del baño con una bata puesta─. Acompaña al señor y consíguele un tuxedo, cortesía de la tienda.

─ Sígame─ dijo el de cáncer tratando de ocultar su mal humor.

─ Espero que se mejore─ le dijo cortésmente al rubio inclinando su cabeza a manera de despedida, pues aunque no le gustaba dejar a Kardia en ese estado sabía que esos dos no lo dejarían quedarse.

─ Por aquí─ Manigoldo salió de la alcoba seguido del acuariano.

"Lleva a Kardia con El Cid".

─ ¿En qué problema te habrás metido?─ dijo para un inconsciente Kardia mientras lo acomodaba en sus brazos.

...

El fuego de la chimenea disminuía el frío de la noche y, con ese clima, una taza de té era el complemento perfecto. Saori colocó la tetera y el par de tazas en la bandeja junto con los endulzantes. Se dirigió con cuidado a la estancia donde Julian la esperaba frente al fuego; era un lugar acogedor, con dos sillones frente a la chimenea y grandes ventanales que dejaban ingresar al área verde de la propiedad, por toda la casa se sustituían las paredes por esos largos cristales, aunque algunas daban vista al mar. El joven se percató de la presencia de la chica y se acercó a auxiliar a la diosa.

─ Gracias─ dijo Atenea, mientras Julián acomodaba la charola en la mesita que estaba entre los sillones.

Ambos dioses se acomodaron en el par de asientos de terciopelo rojo con bordes dorados, preparándose para los asuntos que tenían que tratar. La diosa tomó una de las tazas para servirle té al peliazul y preparó la bebida de Julian.

─ Gracias al cosmos que conservo del dios Poseidón he conseguido información valiosa, pero me temo que no es muy grato lo que vengo a contarte─ aceptó la taza que contenía el líquido caliente que la pelilila le ofrecía.

─ Aún así, quiero saber─ dijo Atenea, terminando de preparar su bebida.

─ Saori, Eos cree que alguien está utilizando a tus santos para eliminarte, no sabe quién es pero está tratando de averiguarlo junto con el dios del Sol y la diosa de la Luna─

─ ¿Apolo y Artemisa?─ preguntó intrigada─. ¿Ahora ellos quieren ayudarme?─ dijo irónica.

─ Escucha, Atenea, quien esté haciendo esto, es realmente poderoso. Incluso el débil cosmos Hades se siente nervioso. Quiero que sepas que él nunca autorizó la resurrección de todos tus santos, sólo se los permitió a aquellos que pueden recordar, no sabemos el verdadero motivo del porqué los otros están con vida, pero creemos que es para asesinarte.

─ Confió en que mis santos podrán hacerlos recordar─ bebió un poco de té tratando de ocultar su preocupación.

─ Pero…

─ Yo confió en ellos, por eso no quiero que les digas el supuesto motivo de su resurrección─ pidió la diosa─. Si ellos se enteran, por mucho que se quieran, querrán matar a sus compañeros. No quiero que vuelvan a pasar por eso─ comentó recordando la batalla que sus santos sostuvieron con sus camaradas cuando les creyeron unos traidores.

─ Como gustes, Atenea─ dijo Julián complaciendo a la joven acercando la taza a su rostro para disfrutar del aroma de la bebida.

─ Julian─ pronunció con dificultad─. El té─ murmuró estirando su brazo para evitar que el joven bebiera del líquido.

─ ¿Atenea?─ nombró preocupado dejando su taza en la mesita─. ¿Qué te sucede?─ preguntó levantándose de su asiento y, a su vez, ayudando a que la chica se pusiera de pie─. ¡Saori!─ Julián la sujetó antes de que la pelilila cayera inerte al piso.

─ ¿El plan se ha puesto en marcha?─ se encontró con el castaño en una habitación oscura, iluminada por la escasa luz nocturna.

─ Así es─ le aseguró Dohko sentado en una silla delante de la cama.

─ Tienes que lavar el automóvil.

─ Descuida─ rió el castaño─. Ese chico fue muy inteligente, me descubrió─ señaló a Shion que se hallaba inconsciente en el suelo al lado del lecho.

─ Que incompetente, si hubieras hecho bien tu trabajo no tendríamos que haberlo raptado y de esa manera levantar sospechas─ le reprimió sin mirarlo.

─ Tal vez me diste mal la información, Camus─ se defendió el de Libra─. Además, ya nos deshicimos de la chica, es una menos.

─ Eso no es suficiente, tenemos que acabar con todos─ tomó un látigo de la mesa frente a Dohko─. Perdimos a Kardia.

─ ¿Qué? ¿Quién lo hizo?─ frunció el seño molesto por lo que el francés le informó.

─ Fue el de Acuario─ lo observó esperando su reacción mientras jugaba con el látigo─. Aún está inconsciente pero creemos que le han modificado la memoria.

─ Esos estúpidos─ gruño el castaño levantándose dando un golpe a la mesa─. Al menos haré que él pague por todo─ se dirigió hacia el Patriarca volteándolo con su pie, haciendo que las cadenas que sujetaban al peliverde de los tobillos sonaran.

─ Te lo encargo─ dejó el látigo en su lugar y se retiró mientras sus labios se curvaban ligeramente… todo iba de acuerdo al plan.

Shion se incorporó poniéndose de rodillas… el golpe lo había hecho "reaccionar", ya que nunca había estado dormido. Vio las ataduras y las examinó analizando la situación en la que se encontraba: él encadenado al suelo, Dohko al frente mirándolo con odio mientras jugueteaba con un látigo en sus manos... Adivinar lo que vendría no fue difícil.

─ Necesito información de todos tus compañeros─ alzó el rostro del peliverde con brusquedad─. Te irá mejor si cooperas.

─ No diré nada─ un golpe impacto su rostro con tanta brusquedad que hizo ladear su cuerpo. Dohko esperó unos segundos y al no percibir un cambio de opinión, comenzó a azotar el cuerpo del Patriarca. Los golpes eran rápidos y fuertes provocando que la ropa donde llegaban se rompiera. Shion necesitaba recibir los suficientes para que su castigador creyera su rendición… uno tras otro… cada vez eran más veloces─. Está bien─ los golpes cesaron.

─ Habla entonces.

─ Tu compañero... Saga, podrá manejar fácilmente a Mu de Aries… él es muy ingenuo, por decirlo de cierto modo─ comenzó sentándose en la alfombra, recargando su espalda en el mueble detrás suyo─. Hay un chico en nuestro grupo, Kanon, él se convertirá en un obstáculo para ustedes si no lo eliminan, Shaka sería el indicado para llevar a cabo esa tarea─ sugirió─. Por otra parte, Camus es la debilidad del escorpión dorado, si lo mandas con él no te arrepentirás pero… tiene que cuidarse de no caer en sus juegos─ advirtió, colocando las bases de su telaraña.

Los siglos que estuvo vivo lo habían hecho sabio, por eso en su supuesto descanso repasó la situación… sabía que le pedirían información y él se las daría, porque con los datos adecuados sería él quien, bajo las sombras, controlara la situación a su favor.