Quiero agradecer a aquellas personas que leen mi fanfic :)

Los personajes (excepto Honey, ella es inventada por mi mente) no son míos, pertenecen a Masami Kuramada y Shiori Teshirogi.


Capítulo V

Enfrentamiento.

"Divide para reinar."- Nicolás Maquiavelo

"Había pasado ya un tiempo desde la primera vez que fui a tu templo en busca de algún consuelo y, siendo sincero, nunca creí que en ti, mi vecino, lo encontraría, pero así fue.

La muerte de Camus, de cierto modo, me tenía afectado, yo lo quería aunque no de la misma forma en que lo hacía Milo. A pesar de no hablar mucho con él, yo… yo deseaba tenerlo: él era tan atractivo. Pero eso nunca ocurrió y nunca ocurrirá. Pase triste por tu templo y tú, al verme así, me ofreciste platicar. Sin saber por qué, te conté todo lo que a mi mejor amigo no podía decirle. Después de eso, mis visitas a tu casa se hicieron más frecuentes, y no precisamente para hablar de Camus, sino porque había descubierto que tu compañía no era tan desagradable como lo imaginaba.

Entro al sexto templo y, para mi sorpresa, no te encuentro en tu clásica posición de meditación. Me dirijo hacia tus aposentos y es allí donde te encuentro, sentado en el borde de tu cama con la mirada perdida en el suelo.

¿Shaka?─ me acerco a ti con cautela─. ¿Te encuentras bien?─ te pregunto preocupado, me coloco frente a ti y levanto tu rostro.

Aioria─ pronuncias, dejándome apreciar la confusión de tus ojos azules.

Lo comprendo, ahora eres tú quien necesita mi ayuda y yo estoy dispuesto a brindártela… tú has hecho tanto por mí. Pero por primera vez te veo tan vulnerable, que me haces dudar sobre lo que debo hacer. Tú pareces percatarte de eso y mueves la mano con la que sujeto tu rostro hacia atrás de tu cuello mientras te incorporas despacio sin romper nuestro intercambio de miradas. Eliminas toda distancia que existe entre nosotros... comienzas a besarme con urgencia. Nuestras armaduras salen disparadas hacia un rincón de la habitación, dejándonos semidesnudos.

Tus manos se deslizan hacia mi cabello alborotándolo mientras yo succiono tu cuello. Nos dejamos caer sobre tu cama y, de nuevo, comienzo a besarte dejando explorar a mi lengua tu cavidad por completo.

Te siento queriéndome apartar pidiéndome que te deje respirar, así lo hago. Sin perder tiempo, me dirijo hacia tus tetillas comenzando a lamerlas por todo su diámetro hasta dejarlas erguidas. Recorro todo tu pecho y me entretengo unos minutos en tu ombligo, que ya se mueve con mayor rapidez debido a tu respiración.

Me incorporo y me quedo sosteniéndome sobre mis rodillas, tú levantas el rostro y me miras confundido.

Necesito saber si quieres continuar con esto.

Te incorporas hasta quedar a mi altura e inicias un beso, puedo sentir tus manos ansiosas queriéndome quitar el pantalón de entrenamiento… esa es la respuesta que en el fondo deseaba. Te ayudo y me deshago también de mi bóxer. Vuelves a acostarte, pero esta vez boca abajo. Con la yema de mis dedos reconozco tu espalda y voy descendiendo hasta encontrarme con la ropa que te cubre. La quito lentamente, admirando cada espacio de piel que deja al descubierto mientras tú sujetas la sábana con impaciencia.

Despacio, introduzco un dedo en tu entrada haciéndote gemir. Hago movimientos en tu interior para que te acostumbres, después introduzco el segundo y el tercero. Cuando ya no puedo contenerme, saco mis dedos de tu interior y meto mi miembro con lentitud, te veo curvarte y te escucho quejarte por el dolor, pero no me detengo. Comienzo a embestirte lentamente, sólo para que te acostumbres a mí. Te oigo intentando decir mi nombre y eso me enloquece. Abrazo tu pecho y te traigo hacia mí, dejándome caer sentado sobre el colchón.

Nos quejamos por el impacto. Deslizo mis manos hacia abajo disfrutando de tu acelerada respiración que le hace compañía a la mía. Encuentro tu duro miembro y comienzo a masturbarlo, mientras tú echas los brazos hacia atrás para sujetar mi cabeza, esforzándote en mover las caderas para seguir sintiéndome en tu interior, yo hago lo mismo para disminuir tu esfuerzo. Empiezo a besar tu cuello cuando te siento estremecer al llegar al clímax. Te agotas y te dejas caer sobre mi pecho, mientras yo disfruto de las contracciones en tu interior. Me vengo dentro de ti y suelto un último gemido.

Saboreo tu semilla, la cual tengo en mis manos. Te beso para que tú también disfrutes del sabor, pero rompes el contacto rápido para hacerte hacia adelante acostándote cansado. Tu acto me hace salir de tu interior y, al encontrarme en las mismas condiciones que tú, me recuesto a tu lado preguntándome qué pasará con nosotros ahora".

Milo no sabía cuanto tiempo había pasado desde que salió de ese lugar, en el que había visto a Aioria besar a Camus. Ahora, se encontraba en la calle que llevaba al estacionamiento viendo hacia el firmamento esperando encontrar la paz que en ese momento necesitaba. No sabía qué hacer ante la situación; Milo era consciente de que el gato sentía algo por Camus, aunque Aioria nunca se lo hubiera dicho y, ahora, el acuariano podría corresponderle.

─ Milo─ escuchó que lo nombraban a su espalda─. Lamento lo que ocurrió, no se que me sucedió. Yo, yo no…

─ No tienes que justificarte, sé lo que sientes por él y no creo que vayas a dejar pasar esta oportunidad─ comenzó a caminar hacia el estacionamiento.

─ Te equivocas si piensas que alguna vez estuve enamorado de Camus─ sostuvo con fuerza el hombro del escorpión para detenerlo─. Además, recuerda que tengo una relación con Shaka.

─ Una relación que iniciaste después de la muerte de Camus─ se quitó el agarre y lo encaró. Aioria frunció el cejo enfadado, no podía alegar eso, él sabía perfectamente que era verdad─. Porque mientras él estuviera con vida, guardarías la esperanza de que se fijara en ti, pero nunca ocurrió. Hasta ahora, que es incapaz de recordar─ Milo se quedó estático después de escupir esas palabras cargadas de sentimientos que creía imposibles de sentir hacia su mejor amigo, pero que ya lo estaban carcomiendo por dentro.

─ ¡Si tanto te molesta que Camus me haya besado a mí y no a ti, ve con él y ruégale como siempre lo has hecho!

Milo lo sujetó por la camisa, enojado por lo que Aioria acababa de decir. El león agarró las muñecas del escorpión y lo empujó hasta estrellarse con la pared; el peliazul a pesar del golpe, tiró al castaño cayendo los dos al suelo debido al agarre y, aunque sus cabezas chocaron contra un bote de basura tirándolo por el impacto, siguieron golpeándose.

─ ¡Milo! ¡Aioria!─ Mu los había visto desde el automóvil y se acercó para tratar de separarlos.

─ ¡¿Qué está pasando aquí?!─ Sus demás compañeros llegaron para auxiliar al ariano, logrando separar a los dos santos.

─ ¡Suéltame!─ le exigió Aioria al antiguo Aldebarán, quien lo traía sujeto de los brazos.

─ Vimos lo que pasó─ Kanon dijo comprensivo mientras aprisionaba al escorpión.

─ Escuchen, no debemos de pelear entre nosotros, eso no ayuda en nada a nuestra misión─ Sísifo hizo una seña para que los liberaran y los dos santos así lo hicieron

─ ¿Qué le paso a ese? ─ Aioria cambio de tema tratando de controlarse, mientras dirigía la mirada al santo que traía entre brazos el otro Aldebarán mientras respiraba hondo para tranquilizarse.

─ Bebió de más─ le informó el de Tauro.

─ ¿De quién es?─ Mu recogió un saco del suelo y lo mostró a sus compañeros, ya que la mayoría ya no traía el suyo, pero todos movieron la cabeza en negativa. Sacó un papelito que se asomaba por uno de los bolsillos, en caso de que proporcionara alguna información del dueño y así ocurrió. Sus ojos se abrieron a la par tras leer el mensaje que contenía─. Tenemos que irnos.

/

Julián había trasladado a la diosa a una habitación restringida de su hogar, ya que allí era donde la cabeza de la familia le oraba y se consagraba al dios Poseidón. La estancia contaba con diversas figuras de la deidad, así como diferentes artefactos relacionados con el comercio marítimo y una hermosa vista al área boscosa; justamente en el centro del lugar había una cama de cuarzo colocada especialmente para que el joven Solo realizara sus oraciones, pero ahora era ocupada por la chica pelilila. Saori yacía recostada e inconsciente, su largo cabello caía hacia el suelo debido a la gravedad, sus manos se hallaban cruzadas sobre el abdomen moviéndose ligeramente con cada respiración. Su rostro carecía del color rosado en sus mejillas haciéndola lucir pálida, sobre ella había un candelabro que alumbraba toda la estancia y sólo un poco de la iluminación era proporcionado por la luz de la luna que entraba por el ventanal, y que ahora Albafica custodiaba desde fuera.

─ Mi señor─ Sorrento entró a la habitación acompañado de una chica con cabello largo y azulado, vestida con un blanco vestido que se ajustaba a todo su torso y caía libremente a partir de la cintura pero sin tocar el suelo, dejando a la vista sus antiguas sandalias griegas.

─ Está bien, Albafica─ el dios dejó de contemplar a la joven y se dirigió al santo que escoltaba a los dos invitados. El de Piscis dirigió una última mirada al hombre que lucía una armadura de los Generales Marinos antes de retirarse, cerró el ventanal y se limitó a vigilar que nadie se acercara.

─ ¿Qué ha sucedido?─ la joven se dirigió a prisa hacia Saori para examinarla.

─ Ha ingerido algo, Eos─ le acercó la taza en la que aún quedaba un poco del líquido que había bebido Atenea. La diosa tomó el artefacto y comenzó a inspeccionarlo. Al no encontrar nada sospechoso en el exterior, inhaló el aroma que emitía el té y, posteriormente, mojó la yema de sus dedos esperando alguna reacción, pero nunca se presentó.

─ El contenido del té debía ser ingerido para que hiciera efecto─ concluyó mientras limpiaba sus dedos en su vestido y le entregaba la taza a su dueño─. Me pregunto, ¿por qué no te afectó a ti?─ se acercó al dios mirándolo con suspicacia.

─ Ella impidió que yo tomara de su contenido cuando se percató que lo habían adulterado─ miró severo a la diosa, sabiendo que con esa mirada lo estaba culpando de lo ocurrido.

─ El señor Julián es incapaz de hacerle daño a la señorita Saori─ defendió Sorrento desde el lugar donde la joven lo había dejado.

─ Pero Poseidón no─ Eos se dirigió de nuevo hacia Atenea tomando una de sus manos─. Está helada.

Los tres se quedaron en silencio, los dioses miraban tristes a su compañera mientras Sorrento se encontraba al lado del ventanal sin moverse para evitar que el Santo Dorado pensara que podría hacerle algún daño a la diosa. Habían permanecido sin emitir sonido alguno por un largo tiempo cuando, inexplicablemente, la luz del candelabro comenzó a parpadear. Las sombras de la habitación parecían moverse por sí solas y después de un breve instante en la oscuridad, la luz regresó a la normalidad.

─ No solucionarán nada si se siguen lamentando─ los dioses voltearon en todas direcciones en busca del origen de aquella voz hasta que la mirada de ambos se enfocó en una de las paredes, donde parecía que todas las sombras de los objetos se habían concentrado en una sola, formando la silueta de un hombre.

─ Hades tiene razón─ la voz de una joven se escuchó en la habitación poniendo en guardia al general pues las palabras habían salido de la luz de la luna que entraba por su costado.

─ ¡¿Artemisa?! ¡¿Hades?!─ exclamó Julián poniéndose frente al cuerpo de Saori para resguardarlo de los intrusos. La sombra del dios del Inframundo se movía rítmicamente con la risa emitida por su dueño, alterando al peliazul. La joven colocó sus manos en los hombros de Julián para relajarlo y él la miró confundido. ¿Cómo es que estaba tan tranquila? El Santo Dorado entró rápidamente al escuchar los nombres pronunciados y al haber abierto el ventanal la luz lunar pasó libremente comenzando a formar la silueta de la joven diosa.

─ No tenemos la intención de dañar a Atenea─ aseguró al formarse su figura por completo.

─ ¿Qué es lo que desean?─ Albafica se colocó cerca de su diosa dispuesto a luchar si era necesario.

─ ¡No te metas en esto, mortal!─ ordenó Hades molesto por la interrupción del santo.

─ ¡Hades!─ reprendió Eos─. ¿Es que acaso han venido a pelear?

─ No, Eos. Todo lo contrario, hemos venido a ayudar.

─ ¿Cómo?─ preguntó la peliazul desconfiando de su hermana.

─ Yo sé qué es lo que tiene Atenea─ los presentes se sorprendieron y miraron ansiosos a la figura de la diosa Artemisa.

─ Sólo se encuentra dormida. Ese sueño es producido por el polvo de Hipnos, que en contacto con la piel de nuestra cabeza produce somnolencia, pero ingerido…

─ Entonces, Hipnos…

─ No concluyas tan rápido, Poseidón─ sugirió una voz masculina proviniendo de la luz lunar.

─ Apolo tiene razón─ secundó su hermana gemela.

─ Hipnos y Thanatos se encuentran dormidos─ aseguró el dios del Inframundo.

─ Pudieron robárselo a Morfeo─ concluyó Eos.

─ Eso hicieron. Sin embargo, él no puede despertar a alguien de un sueño inducido por los polvos de Hipnos─ recordó Artemisa.

─ Entonces, ¿dormirá por siempre?

─ No seas dramático, Poseidón─ se burló Hades.

─ Sólo es necesario un poco de luz─ dijo Eos rápidamente para evitar una pelea entre los dioses─. Apolo, si nos hicieras el favor─ pidió la diosa señalando a Atenea.

─ No lo tomes tan literal, Eos─ continuó Apolo─. En ocasiones, "luz" se puede interpretar sólo como claridad y conocimiento.

─ Puesto que, la persona que hizo esto se tomó la molestia de borrarles la memoria y crearles una nueva a los Santos de Atenea, creemos que los quiere tener ignorantes sobre quiénes son y a quién sirven. Por lo que, en este caso, la luz que necesitan para despertar a Atenea sería que sus caballeros recuperen sus memorias─ continuó la diosa de la luna.

─ No entiendo el por qué dormirla y no matarla.

─ Nosotros creíamos que ese era el objetivo de todo esto, pero ahora…─ contestó Eos al dios Hades observando el cuerpo inconsciente de la pelilila.

─ Algunos dioses pueden llegar a ser tan ignorantes─ se bufó Hades antes de que todas las sombras se separaran y regresaran a sus respectivos dueños.

─ Gracias por ayudarnos─ Eos se acercó hacia la figura hecha con luz.

─ No lo hacemos por ella─ contestó el dios Apolo.

─ ¿Entonces?─ indagó Poseidón acercándose a Eos.

─ Apolo y yo consideramos que la misma persona que hizo esto ha mandado varios ataques contra nuestros templos. Claro, sin tener éxito─ contestó Artemisa después de un breve silencio.

─ ¿Ataques?─ la diosa sonó desconcertada a causa de lo que le había informado la gemela─. ¿Quién los atacó?

─ Ciertamente, no lo sabemos. Eran masas amorfas.

─ Nosotros sólo queremos fastidiarle el juego a quien esté detrás de todo esto─ dijo la voz de Apolo. La figura de Artemisa tembló unos segundos y se deshizo dejando intrigados a los otros dos dioses.

─ Siempre he pensado que al enemigo hay que tenerlo cerca─ Poseidón le sonrió cómplice a Eos.

─ Joven Julián, pero…─ Sorrento se acercó a él con esperanza de que el dios no hiciera algo precipitado.

─ Sorrento, ve y diles a todos los que estén dispuestos a ayudar que tienen quince horas para preparase, haremos una fiesta.

...

─ No encontré nada─ Asmita llegaba a su encuentro con Aspros que lo esperaba frente a la chimenea admirando la pintura de la familia Solo.

─ Yo tampoco─ dejó de apreciar el cuadro y miró al de Virgo─. Asmita, ¿pudiste reconocer al intruso?─ se aproximó al rubio bajando el tono de su voz, temiendo que alguien los escuchara.

─ ¿Y tú?─ preguntó para no dar una respuesta aprobatoria, aunque conocía perfectamente la respuesta. Ambos sabían quién le había hecho eso a Atenea.

─ ¿Asmita?─ lo nombró Dégel entrando a la casa para ubicarlo.

─ ¡Aquí están!─ gritó Aldebarán cuando los encontró en la sala, entró en el lugar y depositó a DM, que ya comenzaba a reaccionar, en uno de los sillones

─ Ha ocurrido algo─ informó Mu, cuando todos los caballeros se hallaron concentrados en la estancia. Sacó el pequeño papel y se lo entregó a Aspros.

─ "Por Atenea"─ leyó el geminiano─. ¿Qué significa?─ el peliazul miraba extrañado al ariano al igual que todos sus compañeros.

─ Esta frase es la que mi maestro me pidió utilizar cuando algo ha fallado en la misión. En sí, la frase significa que por Atenea daremos nuestra vida─ explicó haciéndolos comprender─. Necesitamos preguntarle a mi maestro a qué se refería, ¿en dónde está?

─ Aquí no está, caballero. Me temo que cuando Shion escribió eso, sabía que algo le iba a ocurrir y esa fue su manera de hacérnoslo saber. Sabía que tú le entenderías─ Asmita estiró su mano para que el santo de Aries le diera el saco de Shion mientras los demás compartían miradas de sorpresa y preocupación por el Patriarca.

─ Eso no es todo. Algo ha ocurrido─ la vista de todos se concentró en Aspros─. Alguien encontró la forma de llegar hasta Atenea y…

─ ¿Qué?─ interrumpió Sísifo desconcertado.

─ ¡Ustedes debían cuidarla!─ reprochó Shura dispuesto a buscar a la joven. Varios santos de su generación le siguieron, queriendo verificar el estado de su diosa. Para los antiguos caballeros, era muy evidente que, aún compartiendo la misma misión, estaban divididos los grupos, tanto como para llegar a convertirse en una fuerte debilidad ante el enemigo.


Bueno, ese es el capítulo cinco. Aclarando, la diosa Eos es la diosa del alba, conocida por los romanos como Aurora.