Los personajes (excepto Honey y la diosa Eos) no son míos, pertenecen a Masami Kuramada y Shiori Teshirogi.
Capítulo VI
Movimientos.
"La vida es una partida de ajedrez y nunca sabe uno a ciencia cierta cuándo está ganando o perdiendo."- Adolfo Bioy Casares
"Fue poco el tiempo que tuvimos para tratamos, yo tuve que irme a la India y tú te quedaste en Grecia haciéndole compañía a tu hermano. Desde la primera vez que nos encontramos pude sentir algo extraño hacia a ti, algo inexplicable… como si te conociera de otra vida.
El tiempo fue pasando y los dos crecimos, yo trataba de convencerte, cada vez que platicábamos, de ser una persona diferente a la que estabas destinada a convertirte; estaba seguro de que tú lo intentabas… pero al final el destino ganó. Supe que tu hermano te había encerrado en la prisión de Cabo Sounion y no pasó mucho tiempo para que tú te pusieras en contacto conmigo con la esperanza de que fuera yo quien te liberara. Pero no podía hacerlo y tú no lo comprendiste… esa fue la última vez que nuestros cosmos se contactaron. Sin embargo, yo aún sintiendo algo por ti, esos sentimientos de los que no lograba deshacerme ni con la más extensa meditación, te salvé la vida en varias ocasiones… Pero un día ya no te encontré.
Había pasado un tiempo desde que la batalla en el Santuario finalizó y yo me vi extrañamente relacionado con mi vecino. Me sentía bien con su compañía, incluso se había ganado mi cariño. Todo estaba perfectamente, hasta que un día te volví a sentir… te habías convertido en un General Marino.
Fue estúpido cómo eso me hizo sentir, yo, el caballero más cercano a dios, me encontraba terriblemente confundido… jamás creí que podría llegar a experimentar algo así.
Cuando vi a Aioria entrar en mi habitación pensé que su sola presencia iba a ser capaz de tranquilizarme, pero nunca creí que algo así pudiera pasar. Aioria permanecía dormido a mi lado y completamente desnudo, igual que yo. ¿Qué fue lo que hice? Me pregunté, no por el hecho de no recordar, más bien pensando en las consecuencias que lo ocurrido pudiera ocasionar… ¿Y si sentías algo por mí? Entonces, yo no podría corresponderte, estaba muy confundido, aunque esta noche, aparentemente, te haya demostrado lo contrario. Me senté en la cama, recargando mi cabeza en la cabecera, cerré los ojos pensando en lo que pasaría cuando despertaras.
─ ¿Te arrepientes?─ te escuchó preguntar mientras te acercas caminando hacia mí. Estaba tan sumergido en mis pensamientos que no noté cuando te levantaste.
─ No.
─ Yo tampoco─ te sentaste en el borde de la cama en donde yo estaba meditando, observándome, esperando mi reacción.
─ Aioria, yo…
─ No te preocupes, Shaka. Yo también estoy en la misma situación─ me mostraste una hermosa sonrisa haciéndome saber que me entendías. Te levantaste en busca de tu pantalón y me arrojaste el mío al encontrarlo primero─. Pero… ¿se repetirá?
Miro tu sonrisa pícara y yo te sonrió de igual forma, olvidándome de todas las preocupaciones, tal vez estando junto a ti…
─ Podríamos intentar tener una relación─ abrí mis ojos y te vi observarme perplejo─. Fue sólo una idea.
─ Me parece bien─ terminaste de vestirte y comenzabas a cubrir tu cuerpo con la armadura de Leo sin incomodarte por mi mirada. Te acercas a mí cuando acabas, poniéndote a escasos centímetros de mí─. Pero si no funciona aún seguiremos siendo amigos.
Me incliné hacia delante, hallando tus labios que me recibían ansioso… desde ese momento fuimos confidentes… fuimos todo".
Ambos trataban de recuperarse del impacto producido por el choque entre sus cuerpos. Segundos antes, Shaka había derribado al geminiano evitando que lo atropellaran. Kanon se encontraba confundido por lo ocurrido mirando hacia la calle, intentando asimilar la situación. Podía sentir la lluvia mojar su cuerpo y humedecer su azulado cabello, unos brazos lo ayudaban a levantarse mientras la persona le preguntaba constántemente sobre su estado.
─ ¿Se encuentra bien?─ cuestionó un testigo de lo ocurrido que, preocupado, se había acercado para auxiliar al joven geminiano.
─ Sí─ el peliazul hizo un movimiento de hombros para que el señor lo soltara, el hombre lo hizo y examinó una última vez su condición antes de dirigirse con el otro joven que aún yacía en el cemento.
El hombre trataba de ayudar al rubio que permanecía a gatas sobre el mojado suelo, realizó otro intento para levantarlo pero el virginiano hizo uso de su fuerza y apartó al señor, quien se marchó indignado. Kanon dirigió su atención hacia la rubia melena sorprendiéndose de haberse encontrado con el santo de Virgo en esas circunstancias. Se aproximó a Shaka, que aún permanecía en el piso sujetando su cabeza con las manos... un fuerte dolor en la cabeza lo había invadido.
─ ¿Shaka?─ el aludido se paralizó al escuchar la voz del geminiano. Con cautela viró su rostro hacia la persona que lo había nombrado encontrándose con Kanon─. ¿Te encuentras bien?─ preguntó el peliazul, al percatarse de que Shaka lo miraba confundido.
─ Sí─ respondió, después de comprender lo sucedido, se puso en pie con dificultad rechazando la ayuda ofrecida por el otro. Ambos se colocaron en la banqueta para resguardarse de la lluvia, a pesar de que ya se encontraban completamente empapados─. Deberías tener más cuidado, no siempre estaré para salvarte─ Kanon lo miró desconcertado por el comentario. Si Shaka no podía recordarlo entonces, para el rubio, esa sería la única ocasión en que lo haya salvado. A menos que…
─ Créeme, eso ya lo entendí─ respondió frío mirándolo con malicia─. Toma─ sacó un sobre de uno de sus bolsillos del pantalón─. Es para una fiesta esta noche, Julián quiere que vayan todos ustedes─ el rubio a penas había tocado el húmedo papel cuando la otra mano de Kanon lo sujetó por la muñeca y lo atrajo hacia él─. A mí no me engañas─ susurró en su oído.
─ No te preocupes, estaremos ahí─ dijo el virginiano apartando a Kanon con brusquedad─. Gracias por la invitación─ hizo un movimiento con el sobre y caminó en dirección contraria.
"Ahora mi lealtad está con Atenea" le hizo saber Kanon al Santo de Virgo, comunicándose con él como hace mucho tiempo no lo hacia, a través de sus cosmos.
...
─ Entiendo─ pronunció como producto de su meditación.
─ ¿El qué?─ cuestionó Dohko, entrando a la habitación donde tenía prisionero al Patriarca.
─ Nada, creo que sólo dormía─ fingió, sentándose con las piernas cruzadas en el suelo.
─ ¿Qué es esto?─ mostró la invitación con la que Shaka había llegado hace un par de horas─. ¿Alguna trampa?
El castaño le entregó el papel para que el peliverde lo examinara; éste lo tomó entre sus manos y leyó el contenido, el cual citaba a los integrantes del "Le Sanctuaire" a una fiesta en la casa de la familia Solo. Sus labios se curvaron en una sutil sonrisa.
─ No lo creo, tal vez sólo desean conocer su plan─ respondió devolviendo la invitación al de Libra─. Ustedes deberían hacer lo mismo.
─ Nosotros sabemos perfectamente su plan.
─ Pero no los conoces, en cambio, nosotros sabemos todo sobre ustedes─ recordó bajo la atenta mirada del otro─. Al enemigo es mejor tenerlo cerca y estudiarlo.
─ Parece que te urge nuestra asistencia─ colocó la invitación sobre el colchón.
─ Una característica del Patriarca es la sabiduría─ comentó sabiéndose en evidencia.
─ También su lealtad hacia Atenea─ lo sujetó con brusquedad del brazo para obligarlo a levantarse─. ¿Qué planeas?─ lo tomó por la cintura mientras su otra mano sujetaba el mentón de Aries; aproximó sus rostros, lo suficiente como para rozar sus narices.
─ Sobrevivir otra Guerra Santa─ respondió ante la dolorosa cercanía de su amante─. Probé la juventud gracias a Hades y no quiero perderla siendo esclavo de una niña.
─ ¿Piensas que me creeré esa basura?
─ No espero que lo creas, pero si tú y tu señora quieren terminar con la Orden Dorada de Atenea no les queda otra opción─ sonrió un poco, era evidente que su patética escusa no funcionaría con él.
─ Entonces─ murmuró en los labios de Shion─, dime algo para terminar con ellos.
Compartieron miradas. La mano del ariano recorrió el brazo firme del castaño hasta posicionarse detrás de su cuello, Dohko liberó el rostro del otro, inconsciente de que su interior exigía que el Patriarca buscara algo más. Shion se percató de que su amante cedía y aproximó sus labios hasta la mejilla de Libra, rozando el recorrido hasta su oído.
─ Aioria y Milo─ susurró a su pesar. Deseaba estar con Dohko pero debía mantenerse atento a la misión. Se separaron cayendo en cuenta de cuales eran los motivos principales de esa reunión─. Ellos son muy queridos en las Doce Casas, si inicias una disputa entre los dos, los otros apoyarían a uno o al otro, se dividirían. Así será más sencillo corromperlos y lograrán su cometido.
─ ¿Cómo?─ Dohko agarró la invitación, abandonada momentos antes.
─ Si Camus sedujera a Aioria…
─ Comprendo─ interrumpió. Caminó hacia la salida.
─ Espera─ dio un par de pasos antes de que las cadenas en sus tobillos lo detuvieran. Dohko se volvió para verle─. Recuerda, Kanon…
─ Si él hace algo para arruinar nuestro plan, será eliminado─
Se escucharon unos golpecitos en la puerta, se abrió y en el marco apareció Shaka.
─ El Cid quiere saber lo que conseguiste de él.
─ Me dirigía hacia allá.
El rubio se apartó un poco para que el otro pudiera salir de la habitación, cerciorándose de que se marchara. Cerró la entrada y dirigió su vista hacia el Gran Maestro.
─ Patriarca, ¿usted…?─ inició a preguntar sobre su estado al ver sus ropas desgarradas e, incluso, manchas de sangre.
─ Me alegro de que tu memoria esté de vuelta, Shaka─ respondió mediante su cosmos─. Irán a esa fiesta─ aseguró─. Necesito que trates de comunicarte con tu predecesor lo antes posible y le informes lo que te contaré…─ pidió, pues en sus planes necesitaba de su ayuda.
...
El tiempo había pasado con rapidez, ahora el astro plateado se encontraba en el firmamento iluminando la solitaria y oscura noche, como siempre lo hacía cuando el sol se ocultaba. Las nubes que habían bloqueado a su hermano, se esparcieron en el transcurso del día permitiendo que la contemplaran en todo su esplendor. Los santos la observaron tan imponente en la bóveda celeste que se sintieron espiados y sin perder tiempo se introdujeron en la limusina, que desde hace unos minutos los esperaba fuera del local. Se acomodaron en el vehículo y el conductor no tardó en emprender el camino indicado.
─ No cometan indiscreciones─ indicó Camus presionando un botón el cual alzó el cristal que separaba la parte del conductor y del pasajero─. Aprovechen esta noche, invítenlos a salir y asegúrense de que nadie más se entere.
─ Camus, creo que no será necesario tanto secreto. Ellos ya sospechan de nosotros, por eso nos han invitado a esa fiesta tan repentina─ comentó Dohko desparramándose en el asiento de forma desinteresada.
─ Te equivocas, Dohko─ hizo saber el joven Aioros─. Esos sujetos ya debieron de encontrar la forma de despertar a esa mujer… quieren asesinar a nuestra señora y eso no lo podemos permitir, recuerden que aún está muy débil, si ellos se enteran que queremos eliminarlos sería muy peligroso para ella y no podemos correr ese riesgo, por lo que les pido discreción al acercarse a su víctima─ suspiró─. Lograron su cometido con Kardia.
─ ¿Qué?─ preguntó Afrodita igual de sorprendido que sus compañeros.
─ Despertó hace poco diciendo incoherencias, cree que nosotros fuimos santos de Atenea─ explicó El Cid, cruzándose de brazos mientras cerraba los ojos analizando la situación─. Ahora está igual que nuestro prisionero, el tal Defteros y el niño que los cuida, Regulus.
─ Por eso, queremos que al mismo tiempo se cuiden, no caigan en sus engaños─ pidió Aioros, mirando a sus compañeros.
─ No tiene que preocuparse, nos encargaremos de ellos─ Manigoldo cruzó sus brazos atrás de la nuca─. Nosotros desde fuera y Camus desde dentro.
─ Confiamos en que el escorpión te creerá fácilmente, de ser así, háznoslo saber─ El Cid ató un listón negro en el cabello del acuariano, quien se hallaba a su lado, recogiéndolo en una floja coleta─. Espero que actúes mejor que Dohko─ pronunció mirando severo al aludido.
─ Él siempre actúa─ respondió molesto por el comentario de la cabra.
El vehículo se detuvo, dándoles a conocer a los pasajeros que ya habían llegado a su destino y algunos aprovecharon para ajustar los últimos toques a sus atuendos.
─ No eliminen a nadie─ ordenó El Cid aprovechando que el conductor había salido.
─ Recuerden, ellos son el enemigo─ recalcó el de Acuario mientras el chofer les abría la puerta de la limusina.
...
La música comenzó a sonar en el salón desde que notaron a la limusina acercase. La estancia había sido condicionada con dos grandes mesas a los costados donde se hallaban aperitivos para la ocasión, también se podían observar algunos meseros llevando bebidas a los elegantes invitados, quienes habían decidido ayudar al dueño de la casa, en su mayoría eran ninfas y sirenas con forma humana. El centro de la habitación sería el lugar para bailar, bajo las luces de diversos candelabros, pero ahora se encontraba vacío. Sólo en el momento en que los asistentes escucharon el sonido de la puerta de un carro cerrarse, se pusieron en marcha varias parejas para hacerle compañía a la música.
─ Recuerden, tienen que hacerlos recordar─ dijo Julian a los santos, concentrándose en una esquina─. Enfóquense sólo en eso y no se preocupen por Atenea, Albafica la está cuidando─ los caballeros asintieron y, al escuchar la puerta abrirse, se separaron.
El encargado de la puerta les había dado pase a los recién llegados quienes, tras ser recibidos por el anfitrión, se dispersaron por la estancia teniendo pláticas cordiales con algún invitado que les mostrara interés, aunque en realidad estuviesen buscando a su "presa".
─ Buenas noches─ saludó Aioria, interrumpiendo el interrogatorio que una joven sostenía con Shaka sobre el punto en su frente. La mujer le sonrió y se alejó dándole un sorbo al contenido de su copa─. Lamento la interrupción─ se disculpó con el rubio quien, sin dirigirle palabra alguna, dio media vuelta con la intención de alejarse de él─. Espera─ lo sujetó del brazo por inercia haciendo que el virginiano lo girase a ver desconcertado.
─ ¿Sucede algo malo?─ escucharon una voz conocida detrás de Shaka.
─ No sé qué le pasa─ respondió el rubio finalizando con el atrape del león─. Esta es la primera vez que lo veo─ continuó dirigiendo su vista a Camus el cual llegaba a su lado.
─ Lo siento─ emitió tras recibir las últimas palabras de Shaka como un balde de agua fría.
─ No se preocupe─ Camus se aproximó a él bloqueando la vista que tenía del rubio─. De hecho, lo estaba buscando─ comentó cerca de su oreja mientras entrelazaba los dedos de ambos.
Shaka cerró su mano con fuerza ante la escena. Dio un paso hacia delante, dispuesto a despegar al acuariano de Aioria, siendo víctima de un ataque repentino de celos, pero otra persona lo sujetó del brazo jalándolo al centro del salón. Con sutileza, Kanon utilizó su mano para desempuñar la del rubio y aprovechó la confusión de éste para rodearlo por la cintura atrayéndolo hacia sí para comenzar a bailar.
─ Tranquilízate, haz uso de todos tus años de meditación─ susurró acercando sus labios al oído del otro. Shaka pareció hacerlo en cuestión de segundos estando en los brazos del geminiano e, indeciso, recorrió el brazo que lo sujetaba por debajo hasta llegar al hombro, dejándose llevar por el ritmo que marcaba el peliazul─. Es mejor que estés de ese lado y no de éste─ comentó descendiendo el volumen de su voz, asegurándose que nadie más pudiera escucharlo.
─ ¿Puedes asegurar que estás de nuestro lado?
─ Protegeré a Atenea con mi vida y… también a ti.
─ Kanon… No puedo hacerle esto a Aioria, yo… lo quiero.
─ Querer no es lo mismo que amar, tú lo sabes muy bien… Al menos, concédeme el resto de esta pieza.
El rubio eliminó la unión de sus manos, permitiendo que las extremidades griegas lo abrazaran, en un contacto que anhelaba desde hace mucho tiempo. Sus manos se colocaron en la nuca del gemelo, intentando preservar ese momento tanto como fuese posible y, por ese instante, todo desapareció para ellos, las personas, la música… la culpa.
─ Parece que Shaka ya encontró compañía─ le comentó a Aioria, mientras ambos observaban la escena que protagonizaban Kanon y Shaka─. ¿Hay algún lugar más privado al que podamos ir?─ preguntó al oído haciendo reaccionar al otro.
─ Lo siento, pero en estos momentos no soy una grata compañía─ se justificó antes de abandonar al acuariano.
─ Si ese gato no quiere tu compañía, yo sí─ se acercó Milo desde la dirección opuesta ofreciéndole una copa de vino blanco─. Soy Milo.
─ Mucho gusto, Milo─ el acuariano tomó la bebida que le ofrecía el escorpión, ocultando su disgusto por haber sido ignorado por el castaño─. Mi nombre es Camus.
─ Escuche que querías ir a un lugar mas privado─ dijo ofreciendo su brazo para que el galo lo sujetara. El de Acuario así lo hizo y se dejó conducir por el octavo custodio, aprovechando que no lo miraba para dejar la bebida en una mesita y así poder soltar su cabello dejando caer el listón al piso.
