Los personajes (excepto Honey y la diosa Eos) no son míos, pertenecen a Masami Kuramada y Shiori Teshirogi.
Muchas gracias a los que leen mi fanfic :)
Capítulo VIII
Contacto.
"Nada sucede por casualidad. En el fondo las cosas tienen su plan secreto, aunque nosotros no lo entendamos."- Platón
"No conozco el grado de evolución de la noche, simplemente me dirigí a tu templo. Aprovechando que mi hermano está ausente para poder verte sin tener que dar alguna explicación… él ha cambiado. Aspros ya no es el mismo y hoy me dio pruebas para que mis sospechas se confirmaran.
Lo sucedido aún ronda en mi cabeza, tratando de encontrar alguna explicación que no convierta a mi hermano en un traidor… pienso en eso una y otra vez mientras observo, desde la entrada de tu templo, la casa de los gemelos.
─ Hoy tuve un encuentro con el Caballero de Acuario─ digo, sin mirar hacia la dirección donde te encuentras meditando.
─ ¿En serio?─ me preguntas, incrédulo.
─ Es muy amable─ prosigo─. Incluso me auxilió cuando lo necesitaba.
─ ¿Algo más?.
─ Sé que tú también lo sentiste… fue mi hermano─ pronuncio con dificultad la última frase.
─ Aspros ha cambiado mucho─ repites lo mismo que mi mente.
─ Todo en él ha cambiado, excepto… lo que siente por ti─ aseguro mientras un sentimiento de culpa comienza a revivir.
─ Lo que tu hermano siente por mí no es amor.
Me pierdo en la vista que estaba contemplando dejándome llevar por los sentimientos que me inundaban… yo no era digno de Asmita, eso lo tenía claro desde hace mucho… Aspros podía ofrecerte más cosas que yo, y aún así…
─ Estás sucio.
Puedo sentir, a través de mi delgada ropa, el frío de tu armadura en mi espalda… un cosquilleo me invade cuando colocas tus manos en mi abdomen.
─ No puedes ir así por el Santuario─ me dices, esquivando mi melena hasta encontrar mi oreja.
─ ¿Desde cuando es un crimen?─ pregunto divertido colocando mis manos sobre las tuyas.
─ Debes bañarte.
Me sujetas y comienzas a guiarme por un camino que ya conocía muy bien, aquel que lleva a tu habitación. Entramos en tus aposentos, me sueltas sin previo aviso y me dejas inspeccionar si hay algún cambio en tu cuarto… todo igual, en orden como la última vez. Me acercó a un mueble donde se hace presente la única diferencia: una taza con restos de té.
─ Deuteros─ mencionas mi nombre y viro para mirarte─. Ayúdame, por favor─ me pides dándome la espalda, apartando la melena rubia de tu espalda.
Me aproximo sin tapujos. Empiezo a quitar tu armadura, ya no necesitaba de tu ayuda, conozco perfectamente por cuál pieza iniciar y en cuál terminar. Das, media vuelta entre mis brazos cuando tu torso está desnudo y me liberas de la máscara que detesto. Tus manos no se detienen allí… inicias a deshacerte de mi ropa, tanteando cada parte de mi cuerpo.
─ Vamos.
Tomas mi mano y me introduces en el cuarto de baño. Adelanto unos pasos mientras tú te entretuviste en quitar el delgado pantalón que aún te cubría, yo miro hacia otra parte para brindarte una privacidad que no necesitas. Apartas mi cabellera para que te deje libre mi espalda… la recorres con lentitud… reconociendo otra vez cada espacio, cada centímetro… mi respiración comienza a acelerarse y mi piel erizarse con cada meticuloso toque… te imagino sonreír.
─ Creí que tomaríamos un baño─ digo girando para quedar frente a ti.
─ Eso haremos.
Una caricia… una sonrisa cómplice… un beso. Me deleito con esa divina cavidad que posees como si en ella pudiese encontrar todos los placeres del mundo que eran prohibidos para mí. Y es que yo sólo debo de ser la sombra de mi hermano, pero aún así, siendo sólo una sombra, cometí el peor atrevimiento de todos: enamorarme de un dios".
El sol comenzaba a asomarse en el este, ahuyentando a la oscuridad nocturna y todos los males que ésta había traído; la niebla empezaba a levantarse otorgando una visión mas clara de bosque en donde varios santos estaban haciendo guardia. Milo se había unido a Camus desde el inicio para formar una pareja de vigilantes, así podría cumplir con su deber y a la vez pasar tiempo con el onceavo custodio. La zona donde se encontraban aún conservaba el aroma de tierra mojada, consecuencia de la lluvia del día anterior, los arboles eran de tronco grueso y vasto follaje, aunque éstos no lograban obstruir por completo la luz del amanecer. Con su andar, podían escuchar hojas viejas y ramas pequeñas tronar debajo de sus pies, siendo el escorpión quien las rompía con más facilidad debido al peso de su armadura, mientras que el acuariano vestía un flojo pantalón gris y una playera blanca.
─ Camus─ pronunció, abrazando al aludido por la espalda como lo hacía cuando eran más jóvenes, recargó su cabeza en el hombro del acuariano haciéndolo suspirar cansado.
─ Hemos pasado toda la madrugada juntos, no es necesario que hagas eso─ se zafó de los brazos griegos.
─ Camus, voltea─ el galo obedeció y, ante la cercanía de los labios del escorpión, dio un paso hacia atrás para evadir el beso.
─ No me gusta que hagas eso, no eres un niño─ regaño con desdén, desconcertando al octavo custodio─. Si quisiera que me besaras yo me acercaría a ti─ se giró sin decir más y continuó con su camino.
─ No te engañes, Milo─ el mencionado viró hacia un costado encontrándose con la figura de Aioria recargada en un árbol.
─ Aioria, yo…─ trató de justificar las palabras que le había dicho la noche que pelearon, mientras se quitaba la protección de la cabeza para cargarla con su brazo izquierdo.
─ No tienes que disculparte─ dijo, el quinto custodio imitando el acto del otro, mientras daba unos pasos para aproximarse─. En todo caso, sería yo quien debe ofrecer una disculpa, no debí corresponder ese beso.
─ ¿En verdad crees que le ruego?─ preguntó, recordando lo que le había gritado el gato.
─ No─ respondió, casi inmediatamente─. Tú eres así, le colmas la paciencia a todos hasta que cumples con tu cometido─ sacudió la melena azulada como si se tratase de un niño pequeño, produciendo una sonrisa en ambos.
─ ¿Me creerá tan tonto?─ cuestionó el de Escorpio mirando el sendero por el cual Camus había desaparecido.
─ El enemigo ha de pensar que tu amor por él te nubla el juicio.
─ ¿Tú que opinas, gato? ¿Cuál es su juego?─ regresó la vista hacia su acompañante.
─ Al principio no sabía que pensar, pero ayer en el baile, cuando se acercó a mí y después lo vi aceptar tu invitación con tanta facilidad, creo que lo comprendí… no me gustan las discusiones contigo, bicho… yo no siento nada por Camus, quiero que eso quede claro para las situaciones futuras─ explicó Aioria.
─ Así que es eso─ dijo el peliazul, entendiendo lo que el otro trataba de hacerle comprender─. Ayer, cuando actuó como si hubiera recordado, le seguí el juego, pero ahora no sé cómo proceder… Si le digo que lo he descubierto, se marchará y no podré hacerlo recordar, pero si se queda nuestros planes no estarán seguros ni Atenea.
─ Necesitamos a alguien neutro y que sea capaz de pensar con la cabeza fría─ concluyó Aioria.
─ Sé quién es la persona adecuada─ sonrió poniéndose de nuevo el casco─. Regresemos a la casa.
...
El pasillo, que conducía a las pocas habitaciones ubicadas en el primer piso, se hallaba parcialmente iluminado por la luz que entraba por la ventana como si esa fuera su casa, siempre siendo una intrusa para aquellos durmientes que aún deseaban seguir en su letargo, pero para el Santo de Virgo era justamente lo que necesitaban, así que había corrido la cortina desde muy temprano, aunque sin descuidar su posición de vigilante, incluso cuando el Caballero de Aries le había llevado la sexta armadura permaneció custodiando la puerta del cuarto donde descansaba un convaleciente Manigoldo. Oscuridad… eso era lo único que deseaba ver mientras meditaba… un rayo de luz apareció entre esa penumbra en la que su mente se encontraba.
─ ¿Quién eres? ¿Qué deseas?─ cuestionó al resplandor cuando éste había tomado forma humana.
─ Lamento interrumpir con tu meditación, pero éste es el único medio por el cual me puedo comunicar contigo, Asmita de Virgo─ explicó el cosmos dorado─ Soy Shaka de Virgo, tu sucesor y necesito que me escuches.
...
Los rayos lograban atravesar el cristal con facilidad, esparciéndose por toda la habitación haciendo resplandecer la armadura de Piscis cuando chocaban con el duro metal. El santo dorado dormía en una silla junto a la ventana, cansado de pasar la noche en vela vigilando la evolución de aquel que descansaba en la cama. Manigoldo conservaba el pantalón de su atuendo nocturno pero, en el lugar donde debería de estar el saco y la camisa, había varios vendajes resguardando la herida. Despegó los parpados con pesadez, encontrándose frente al hombre que lo cuidaba. Le sonrió a pesar de que el otro estaba en el sueño de Hipnos… lo había hecho llorar, podía verlo en las ojeras y los párpados ligeramente hinchados.
─ Alba-chan─ lo nombró con voz baja y dulce, queriendo dejarlo descansar un poco más pero necesitaba hablar con él─. Alba-chan─ repitió más fuerte. El llamado logró su cometido y despertó al pez, haciendo que éste se despabilara rápidamente y dejara su asiento.
─ Manigoldo─ pronunció con alivio al verlo despierto, cruzándose de brazos tratando de soportar las ganas de abrazarlo.
─ Alba-chan─ estiró su mano con la intención de que el otro la tomara, pero el último custodio no lo hacía, sólo veía dudoso la extremidad ofrecida─. Albafica, por favor─ pidió con voz cansada. El peliazul suspiró, no quería empeorar la condición del italiano, aunque sabía que no habría recuperación… se aproximó al cangrejo con el rostro entristecido y tomó la fría mano entre las suyas.
─ ¿Cómo te encuentras?─ preguntó sentándose en el borde de la cama.
─ Ambos sabemos cómo estoy─ respondió tratando de sonreír─. Por eso, no debemos perder tiempo, necesito que escuches con atención─ Albafica asintió mientras apretaba el contacto que sostenía con el cangrejo─. La información que puedo proporcionarte sobre el enemigo es limitada, cuando desperté ya no recordaba mi vida en el Santuario ni a ustedes, se me había dado una memoria falsa donde ustedes eran nuestros enemigos… no se a quien servíamos o protegíamos. A mi sólo me daban órdenes, quienes estaban directamente en contacto con la persona que nos revivió eran Dohko, El Cid y alguien llamado Camus, ellos tres son los líderes… Nos dieron la tarea de asesinarlos─ tomó una bocanada de aire─. Necesitan sacar a Regulus de la prisión en la que se encuentra, él puede ver cosas que nosotros no… él puede ver a través de la oscuridad─ tragó con dificultad─. Recuerdo que teníamos prohibido matar a la mujer llamada Saori... Es todo lo que sé, espero que le sea de utilidad a Atenea.
─ Los dos le seremos de utilidad─ dijo el de Piscis observando el semblante pálido del cangrejo dejando escapar una de las lágrimas que ya invadían sus ojos.
─ Esta vez no seremos los dos─ pronunció sintiéndose más cansado con cada segundo que pasaba─. No llores─ liberó su mano del agarre a la que había estado sometida y limpió la gota cristalina que comenzaba a resbalar por la mejilla del pez, después de terminar su tarea la dejó descansar en su regazo.
─ ¿Acaso tu no lloraste cuando morí?─ preguntó viéndolo a los ojos.
─ Eso fue diferente.
─ Es lo mismo─ aclaró su garganta al sentir el nudo que se formaba en ella y el vacío que inundaba su estómago─. Dolerá mucho, ¿verdad?─ preguntó recordando haber pasado por un momento igual cuando falleció su maestro.
─ Es el peor de los dolores─ respondió triste mientras las lágrimas que había intentado contener comenzaron a salir… él había pasado por eso en la Guerra Santa… había perdido a Albafica.
Dicho eso, Albafica lo besó con urgencia como si tratara de mantener así el alma de Manigoldo en su cuerpo. Se besaban con desesperación… necesitándose... "Si no fueras una niña tan bonita ya te hubiera hecho tragarte tus palabras" le había dicho el cangrejo cuando se conocieron en aquel río… las lágrimas comenzaron a caerle de nuevo por el rostro al recordar los momentos vividos juntos: el río, el Santuario, el consuelo que le dio al morir su maestro, el primer beso… la noche en Venecia. No podía evitar llorar, así como tampoco pudo evitar que los labios de Manigoldo dejaran de moverse por completo… había respirado su último aliento de sus labios.
El de Piscis continuó con sus ojos cerrados, incapaz de afrontar lo que se encontraría si los abría. Recargó la cabeza en el inmóvil pecho de Manigoldo mientras abrazaba el cuerpo inerte, tratando de contener los sollozos para impedir que Asmita lo escuchara, pero no lo consiguió. El rubio entró a la habitación y le colocó una mano en el hombro tratando de darle consuelo.
─ Desde que lo conocí traté de impedir esto… traté de impedir que él muriera en mis brazos y yo no pudiera hacer nada… No dejo que nadie se me acerque para protegerlos y él… ¡él está muerto!─ gritó con impotencia entre sus sollozos sin despegarse del cadáver─ ¡Siempre lo protegí de mí… de mi sangre!
─ Te preocupaste tanto por protegerlo de ti… pensaste tanto en el final que dejaste de disfrutar el trayecto─ dijo Asmita tomándolo con sutileza por el cuello para apartarlo del cuerpo─. La muerte es inminente… la muerte es un nuevo comienzo.
─ Asmita─ lo mencionó─. ¿Qué haces?─ preguntó viéndose rodeado por los brazos del rubio y su cosmos… Su respiración se tranquilizaba… las lágrimas dejaban de abandonar sus ojos.
─ Tranquilizo tu espíritu… no quisiera hacerlo, pero tenemos que reunirnos con los otros caballeros.
─ Entiendo─ dijo libre de lágrimas y nudos en la garganta, aunque el sentimiento aún continuaba dentro de sí, parecía que algo le impedía exteriorizarlo─. Iré a limpiarme.
Asmita soltó a Albafica. El de Piscis acarició el pálido rostro italiano y se despidió de él dándole a Manigoldo un último beso… por más que quisiera estar a su lado, no podía, tenía que cumplir con sus obligaciones así como Manigoldo lo hizo en la Guerra Santa. Se concedió una última mirada y salió de la habitación.
─ Sólo espero que su muerte no sea en vano─ dijo el rubio aprovechando su soledad.
"No lo será, Asmita de virgo".
...
Los representantes de las doce constelaciones del zodiaco se concentraron en la cocina del hogar esperando el té que preparaban Mu y Asmita, el aroma se esparcía por todos los rincones de la habitación invadiendo incluso los pulmones de los presentes. Aioria asaltó la alacena y puso en la mesa central de mármol varias galletas para acompañar la bebida, mientras los de Tauro repartían tazas a sus camaradas, la primera fue para el sombrío Albafica, el único de los presentes que tuvo la necesidad de sentarse… esa era la primera reunión que sostenían sin su diosa como intermediaria, a pesar de tener una causa en común, las dos generaciones estaban claramente divididas.
─ ¿Manigoldo dijo algo?─ preguntó Sísifo intentando no hacer sentir mal a su compañero, pues se notaba que estaba sufriendo en secreto.
─ No me dijo mucho, él sólo obedecía órdenes de Dohko, El Cid y un tal Camus─ dio un sorbo al líquido para aclarar su garganta─. También comentó que tienen prohibido matar a la señorita Atenea.
─ ¿Por qué?─ indagó Aspros.
─ Lo ignoraba.
─ Camus, ¿tú sabes algo?─ cuestionó Shura, mientras la vista del escorpión y el león se enfocaban en el acuariano.
─ No.
─ Manigoldo dijo que tú eras uno de los líderes─ comentó el pez mirando al galo.
─ Tal vez se confundió de nombre─ se defendió─. Recuerdo lo mismo que su compañero.
─ Es posible que así lo deseen los dioses, Apolo y Artemisa─ reflexionó Mu.
─ Julián nos aseguró que estaban de nuestro lado… al parecer no es así─ comentó Milo.
─ Ese tal Julián, ¿quién es realmente?─ preguntó Aspros a los más jóvenes.
─ Poseidón habitó su cuerpo, pero ahora sólo queda un poco de ese cosmos en él. El resto fue sellado por nuestra diosa─ explicó el de Aries.
─ Entonces es peligroso tener a la señorita Atenea en este lugar.
─ Nosotros también creíamos eso, Caballero de Tauro─ le aseguró Shura al antiguo santo─. Por eso, la otra noche, cuando tus compañeros nos informaron que la habían dejado con él, nos alteramos. Pero ahora nos ha explicado sus intenciones con la joven Saori… podemos confiar en él.
─Además, Eos también se encuentra en esa habitación─ les recordó Sísifo.
─ Eso no será un gran consuelo si también nos traiciona─ dijo DM provocando una risa en Kanon─. ¿Algún problema?─ miró hacia el rincón donde se hallaba de brazos cruzados el geminiano.
─ ¿En serio creen que un enemigo, que se ha esforzado en mantenerse oculto, decida utilizar sus armas de un día para otro? Es evidente que los tratan de incriminar─ les hizo saber sin perder su tranquilidad
─ Nosotros no tenemos un pensamiento guiado por la maldad─ respondió el cangrejo.
─ No eres quien para decir eso─ escupió el gemelo.
─ ¡Basta! Pelear no soluciona nada─ pronuncio Dégel colocándose entre los dos santos evitando que se tocaran.
─ Considero que es muy peligroso tener a Kanon aquí, después de todo el fue quien causó la locura de Saga… es un traidor─ dijo DM. La situación se había transformado en una pelea, las tazas yacían ignoradas sobre la mesa y los santos ya se encontraban tensos, incluso Albafica había dejado de lado su tristeza para incorporarse.
─ ¿Traidor?─ preguntó Dégel observando sobre su hombro a Kanon, quien no se había inmutado por la discusión.
─ ¡DM!─ reprendió Mu.
─ Les hace falta madurar─ concluyó el pez.
─ ¿Madurar?─ repitió el cangrejo viendo a sus predecesores─. Nosotros no somos quienes nos pasamos deprimidos, llorando la muerte de un santo.
─ ¡Cierra la boca, Death Mask!─ ordenó el de Capricornio─. Eso no tiene nada que ver con la madurez.
Los santos se quedaron en silencio, mirándose unos a otros, sabían que las palabras dichas por el cuarto custodio habían afectado a los antiguos caballeros pero en especial al peliazul. Tan sumergidos estaban en el pensamiento de qué decir que no se percataron del cosmos dorado que invadía el suelo del lugar, excepto Camus, quien había permanecido al margen de la discusión y miraba fulminante al de Virgo.
─ ¿Sucede algo, caballero?─ preguntó Asmita, siendo él el origen del tranquilo cosmos.
─ No sabía que tuviera esa habilidad─ respondió cordial suavizando su mirada.
─ No tendría por qué hacerlo, nos acabamos de conocer─ recordó desapareciendo su energía.
─ Me disculpo en nombre de mi compañero, sentimos mucho su pérdida─ habló el pelilila.
─ Es nuestra pérdida─ corrigió Sísifo─. Somos compañeros ahora.
─ No hemos actuado como tal─ continuó Aldebarán─. Es momento de empezar.
─ Deberíamos de hacer guardia, en vez de estar aquí─ comentó Camus interrumpiendo la convivencia entre las dos generaciones.
─ Tienes razón─ concordó Aspros─. Podemos continuar con esto después.
Los demás asintieron. Comenzaron a abandonar la estancia, algunos tomaban algunas galletas antes de salir, como provisión, ya que el desayuno se había frustrado por la discusión. Camus unificaba las tazas en un grupo para que fuera más sencillo para la sirvienta recogerlas, no porque él quisiera sino porque había sido seleccionado desde el comienzo. Cuando finalizó con su tarea, se encontraba solo, incluso Milo se había ido.
...
El templo de Virgo no se encontraba tal y como la recordaba, con los siglos, los santos a quienes se les concedió el honor de protegerlo, le habían hecho algún cambio. Se dirigió ansioso al interior, sabía que eso era un sueño y sabía quién lo estaba originando, esa era la causa de su emoción.
─ Estás vivo─ pronunció al encontrarse con la figura del santo de Virgo en su posición de meditación.
─ ¿Es por eso que lo hiciste?─ cuestionó Asmita sin cambiar su pose.
─ Lo hice para proteger a Atenea, consideré que era lo mejor para ella, no presenciar lo que está por venir… no dejarse corromper por la sombras como ellos quieren hacerlo─ Deuteros guardó silencio esperando respuesta por parte del otro─. Yo sabía que mi hermano y tú estaban con vida cuando realicé lo que ellos me pidieron… No lo hice por ti, lo hice por Atenea─ respondió con firmeza, algo que jamás creyó poder utilizar en contra del rubio.
─ ¿Te encuentras bien?─ preguntó rompiendo su posición para aproximarse al gemelo─. ¿Por qué no te habías comunicado conmigo?─ colocó una mano en la mejilla de Deuteros, dejando que él disfrutara del contacto.
─ Estoy cansado─ respondió inclinando la cabeza hacia el lado donde descansaba la mano de Asmita─. El enemigo duerme nuestros cosmos.
─ ¿En plural?─ Deuteros asintió─. ¿Quién más está contigo?
─ Kardia y Regulus─ respondió cerrando los ojos.
─ Deuteros─ nombró dulcemente─. Despierta─ el aludido abrió sus orbes con somnolencia─. Escuché a Manigoldo decir que Regulus es capaz de ver a través de la oscuridad donde se encuentran… es por esa razón que el enemigo no se quiso a arriesgar dejándolo sin recuerdos, si él recuperaba sus memorias y se unía a Atenea su identidad hubiera sido revelada fácilmente─ el geminiano dejó caer su cabeza sobre la frente del virginiano─. ¿Me escuchaste?─ Deuteros asintió─. Dile a Regulus que mire a través de ese encierro, que descubra al enemigo, pronto saldrán de ahí… tenemos un aliado en ese lugar.
─ De acuerdo, Asmita─ sus labios descendieron hasta las carnosidades del mencionado.
─ Espera─ puso distancia entre ambos ayudándose de sus manos─. Necesito que me escuches.
