Los personajes (excepto Honey y la diosa Eos) no son míos, pertenecen a Masami Kuramada y Shiori Teshirogi.

Muchas gracias a los que leen mi fanfic :)


Capítulo IX

Sin palabras.

"Un mundo nace cuando dos se besan."- Octavio Paz

"Te espero en la entrada de mi templo ansiando a que llegaras para platicar... Tú prometiste hacerlo. La guardia no se hace larga y arrivas a la décima casa tan pronto se ocultó el astro rey. Portabas la ropa de entrenamiento y tu magnífica armadura yacía guardada en su cofre, hecha del mismo material que la mía, pero por algún motivo la tuya parece tan gloriosa o... ¿eres tú el que tal vez se vea así? Sacudo disimuladamente mi cabeza para alejar ese pensamiento de mi mente, ya que no es el momento para dejarme llevar por esas locas ideas.

Buenas noches, Shura me saludas cortésmente, como si no fuéramos amigos desde hace tiempo.

Buenas noches, Aioros correspondo a tu formalismo. Los dos somos tan jóvenes y, aún así, siento que ya nos comportamos como adultos... Con tanta responsabilidad sobre nosotros. Tal vez es por esa razón que ninguno de los dos tiene tiempo para pensar en sostener una relación amorosa... Bueno, puede que eso ya haya cambiado─. Aioros tu atención se vuelve hacia mí. Comienzo a aproximarme hacia tu dirección. No puedo creer que lo vaya a decir... Esas palabras que han rondando por mi mente día y noche. Tú me...

Hola escucho a unos pasos de ambos una voz agitada─. Que bueno encontrarlos porque quiero preguntarles algo los dos miramos incrédulos al visitante el cual, evidentemente, había subido corriendo hasta mi templo─. ¿Tiene algo de malo que dos hombres se quieran? la pregunta me toma por sorpresa y puedo sentir como mis mejillas empiezan a arder.

¿A qué te refieres, Milo?pregunto. ¿Y si sabe lo que en verdad siento por Aioros?

Por supuesto que no, Milo te escucho responder tranquilamente, capturando mi atención─. ¿Por qué debería de tener algo de malo? preguntas mostrando una afectuosa sonrisa.

Camus me lo dijo justificas señalando afuera del templo, haciéndonos saber que el aludido estaba oculto.

No tiene nada de malo, es sólo que él cree eso. Deberías de hacerle cambiar de opiniónlo animas, haciendo que un brillo se apoderara de los ojos del escorpión.

¡Ya escuchaste! gritó el niño hacia la salida, pero aún así Camus no se atrevió a salir de su escondite─. Me tengo que ir lo despides aunque ya Milo había salido corriendo... Serías un gran patriarca.

¿Tú podrías amar a otro hombre?─ la pregunta me descarrila. Volteo hacia ti y me encuentro con tu mirada... De nuevo esa sensación en el estómago... Quiero gritarlo... necesito decírtelo─. Tenemos a Atenea, lo sé, pero eso no significa que no podamos...

Aioros─ no lo soporto más... lo diré.

Pido permiso para atravesar tu templo, Shura otra interrupción.

Pasa, Saga autorizo con rapidez y espero a que su presencia ya no se sienta en mi templo. ¿Lo nombraron patriarca?

Nome respondes a pesar de que en otras ocasiones te negabas a hablar de ese asunto─. Me tengo que retirarte disculpas y, posteriormente, te marchas dirigiéndote hacia las casas de arriba y no a tu templo.

Me dirijo hacia la salida con la única intención de verte hasta perderte de vista... Definitivamente, me enamoré de ti, Aioros... Tratar de decírtelo no es más que una locura. Sonrío. Mejor patriarca no puede tener el santuario... Sólo espero que sepas conducirlo por el camino correcto".

─ Necesito tu opinión sobre un asunto, Dégel─ comentó Milo llegando a las afueras de la habitación donde se encontraba Atenea, dándole descanso al Santo de Piscis que había cumplido con esa tarea.

─ ¿De qué se trata, Milo?

─ Es sobre Camus, él... esta fingiendo recordar. Aioria y yo creemos que trata de ocasionar alguna riña entre nosotros.

─ ¿Creen? Eso quiere decir que no estás seguro de lo que me dices─ opinó acercándose al escorpión─. ¿En qué te basas para decir eso?

─ Dégel, conozco a Camus y no es él─ aseguró─. No sé que hacer, si le digo que lo descubrí se irá y ya no tendré oportunidad alguna de devolverle sus memorias.

─ Entonces...

El acuariano acorraló al griego entre la pared y él y, sin darle tiempo a reaccionar, lo besó haciendo huso de toda la experiencia adquirida con los años. El beso estaba cargado con todo lo que ambos habían estado guardando durante los meses que estuvieron juntos en el Santuario... tan demandante que tomó por sorpresa a su único espectador: Camus de Acuario. El francés no supo cómo reaccionar ante la escena y sin pensarlo dos veces se marchó dejando a la pareja a solas.

─ ¿Estás seguro?─ preguntó Sísifo, sin detenerse para mirar al pelilila que estaba a sus espaldas.

─ Podría ser peligroso─ comentó Shura, acompañando al arquero en su inspección por los alrededores de la mansión─. Saga es peligroso.

─ Lo sé─ concordó Mu, siguiendo los pasos de la pareja─. Pero aún así quiero intentarlo, podría obtener información sobre el enemigo.

Se hizo el silencio. Tanto Sísifo como Shura analizaban el plan que el ariano les acababa de contar: acercarse a Saga y conseguir información. Sonaba sencillo. Si funcionaba, conocerían la identidad de su contrincante, pero si fallaban…

─ Ten cuidado─ dijo el de Sagitario, mirándolo con temor a perder a otro compañero─. ¿Dónde te reunirás con él?

─ Iré a buscarlo─ respondió retirando su casco.

─ Entonces, será mejor que lleves a alguien contigo─ sugirió Shura siendo secundado por el castaño─. Dile a Kanon que lo haga, después de todo es su hermano─ Mu asintió y dejó que los dos santos continuaran con su guardia.

─ Son muy jóvenes─ murmuró Sísifo retomando su caminata.

─ No es cuestión de edad… Nuestra diosa creció fuera del Santuario por causa de Saga, él asesino al patriarca y lo suplantó… cada quien creó una forma distinta de pensar.

─ ¿Y cuál es la tuya?─ inquirió mirando a quien ahora portaba la armadura de Capricornio.

─ Antes mi lealtad estaba con el más poderoso… ahora está con mis compañeros y con Atenea─ recibió una palmada en el hombro como prueba de satisfacción del otro… la compañía había resultado más grata de lo que imaginaron.

Veía la luz entrar libremente por la ventana… tan libre como ahora él ya no podía ser. Sus ropas ya estaban desgarradas y arrugadas a causa de los golpes que había recibido a manos de Dohko. Muchas veces quiso regresarle cada ultraje, contaba con la libertad corporal para hacerlo pues sus únicas ataduras estaban en los pies, pero aún así había decidido soportarlo, todo por el bien de sus camaradas, de la misión y, sobre todo, de su diosa.

El de Libra entró a la habitación trayendo consigo una jarra de cristal con agua, cerró la puerta tras él y depositó el objeto en la mesa frente a la cama, no sin antes servirse en uno de los vasos que se encontraban colocados en el mueble. Bebió la mitad del contenido y avanzó hacia su prisionero otorgándole el resto; Shion tomó despacio el líquido mientras veía al castaño deshacerse de su verde playera, la cual se estrelló contra el suelo.

─ Estás sucio─ observó Dohko al quitarle el vaso─. Levántate─ pidió colocando el recipiente en el mueble junto a la cama.

El Patriarca obedeció levantándose delicadamente y con lentitud, sin dejar de sostenerle la mirada al otro. El castaño lo contempló, notando algo distinto en la persona que tenía delante de él, algo que antes no había notado; tal vez admiración, pues ese ariano podía verse tan imponente aún en esas desfavorables condiciones, o tal vez era algo que simplemente no se podría expresar con palabras. Acarició la suave piel del rostro de Shion, dejando a su pulgar separar un poco sus labios, brillantes a causa del agua. Una sed invadió al de Libra, una sed que parecía sólo se saciaría en esas temblorosas carnosidades… las tomó.

Empujó hacia atrás al Patriarca mientras ambos satisfacían aquella necesidad que ya los consumía, las piernas de Shion chocaron contra el mueble derribando el vaso rompiéndolo en varios fragmentos. Dohko, ante el ruido, se distanció mordiendo el labio inferior del peliverde dejándole un pequeño recordatorio de ese acontecimiento. Shion recorrió con delicadeza todo su pecho, notando la ligera aceleración de su respiración.

─ Tómame─ exigió al llegar a la hebilla del pantalón.

Dohko tomó esa mano traviesa entre las suyas y besó la palma. Después dejó que sus labios se curvaran.

─ Lo haría con gusto, Patriarca─ lo soltó─. Pero no caeré en ese juego como lo hizo Kardia─ se alejó dirigiéndose a la puerta que conducía el baño─. Rejunta el tiradero─ estampó la entrada.

Ya en el interior, siguió el camino trazado por la mano del peliverde deteniéndose en el inicio de su prenda inferior… De nuevo, un calor lo inundó.

─ Demonios─ gruñó al sentir una aglomeración en su entrepierna. Comenzó a atenderla con la esperanza de que esos toques fueran suficientes….

Terminó de reunir todos los trozos de cristal encima del mueble café. Se recargó de lado en la cama, suspirando con decepción, "Tómame" le había pedido al de Libra, algo que, obviamente, no haría. Ocultó su rostro tras su mano, reprendiéndose por su petición. Perdió la cuenta de cuantos minutos permaneció así pero, conforme pasaba el tiempo, el deseo que Dohko le causaba iba incrementándose… "Tómame" le había pedido y era algo que en verdad quería.

Abandonó sus pensamientos al escuchar los pasos del castaño detenerse frente a él, le prestó atención siendo inevitable notar la protuberancia entre sus piernas. Dohko le ofreció una mano produciéndole un vuelco en el corazón.

─ Eres mi prisionero, pero no pienso obligarte.

Shion sonrió, "Ante todo, un caballero" pensó. Aceptó lo que el otro le ofrecía, quedando en pocos segundos de pie frente a frente. Las manos de Dohko se colocaron sobre el cierre del sucio pantalón, comenzando a abrirlo con una velocidad que, a percepción de Shion, era sumamente calmada para la situación.

La sensación que lo recorrió al caer su ropa inferior fue completamente agradable. El de Libra se agachó para liberar al ariano de las ataduras que lo mantenían cautivo, aprovechando su ascenso para recorrer con sus comisuras y sus yemas las formadas piernas. Al tenerlo de nuevo frente a sí, Shion se abalanzó sobre él rodeándole por el cuello. Cayó sobre el borde del colchón, aprisionando al castaño entre sus extremidades, el beso sólo se rompió para que Dohko pudiera librarse de sus prendas volviendo a surgir con mayor intensidad.

Entre esa degustación, Dohko no reparó en introducirse en su amante, quien se quejó entre sus labios. Se incorporó un poco colocando cada mano hacia un lado de Shion para poder moverse con mayor facilidad; pasaron así un tiempo, el castaño entraba y salía en repetidas ocasiones sin darle oportunidad al otro de acostumbrarse a él.

─ Dilo─ ordenó tragando pesadamente su saliva, posicionando la punta de su miembro en la entrada de Shion─. Dilo─ pidió en su oído.

─ Dohko─ pronunció, soltando un gemido al sentir como el aludido se introducía en él.

─ De nuevo─ dijo mordiendo el tierno lóbulo mientras salía del caliente interior.

─ Doh…ko─ repitió entrecortado, pues esta vez Dohko no había esperado a que terminara de decir su nombre para sumergirse.

Las embestidas rápidas se volvieron a presentar, acompañadas de gemidos, sonoras exhalaciones, el rechinido de la cama… Llevó sus dedos a los fuertes brazos, incrustándolos ahí para amortiguar la sofocante sensación.

─ Aquí no─ murmuró Dohko entre sus jadeos, tomando las manos que se aferraban a sus músculos─. Se darán cuenta de lo que hice con usted.

"Usted" repitió en su mente dejando que sus manos fueran colocadas en la nuca del castaño; esa palabra le gustaba, le hacía sentir que ambos realizaban algo prohibido.

─ Dilo─ le pidió al borde del climax.

─ Dohko─ pronunció como un fuerte gemido.

El peliverde se vino al realizar aquella petición, haciendo más estrecha aquella cavidad que Dohko no dejaba de invadir. Unas cuantas embestidas y el orgasmo lo alcanzó.

─ Espero lo haya disfrutado─ dijo con su respiración acelerada─. Es lo único que tendrá.

─ Lo sé─ le contestó Shion, aún resguardando el cuerpo de Dohko entre sus brazos y piernas─. Lo sé─ repitió, sintiendo la verdad como un balde de agua helada, agua que extinguía todas las llamas que habían encendido. Porque a pesar de todo lo que intentara, él conocía el final… Acercó más el cuerpo del de Libra, agradeciendo que no se apartara, quería tenerlo así con él el mayor tiempo que le permitiera.

Cerró con brusquedad las cortinas de la habitación para impedir que la luz entrara, dejando el lugar en una ligera penumbra. Su cuerpo se encontraba invadido por un sentimiento que él no se explicaba cómo había surgido. Recargó sus manos en el tocador tratando de que su respiración lo calmara, se miró en el espejo tratando de entender la situación… el escorpión no lo quería. Llevó su vista hacia los labios que la noche anterior habían probado los griegos, dirigió sus dedos hacia sus carnosidades rozando con lentitud como si trataran de revivir la sensación que el beso causó.

─ ¿Qué ha sucedido?

La voz a su espalda lo hizo virarse con rapidez a causa de la sorpresa. En la cama, se encontraba una chica cubierta por una capa negra, la cual no dejaba ver ni una parte de la cabeza. Lucía un vestido azul oscuro corto de adelante y largo de la parte trasera, en la parte de la cintura se ubicaba un cinto plateado adornado con una piedra redonda de color azul. Se levantó e inmediatamente el acuariano se arrodilló ante ella, caminó hasta el caballero y le alzó el rostro cuando lo tuvo en frente.

─ Te he preguntado algo, Camus.

─ Mi señora, ha surgido algo improvisto… el escorpión sostiene una relación con el de Acuario.

─ ¿En serio?─ el galo asintió con dificultad debido al agarre que la joven tenía sobre su rostro─. Bueno, Camus, tú eres inteligente podrás con la situación. Aprovecha el parecido que hay entre ambos y enamóralo, así estará completamente a tu disposición.

─ Pero…

─ ¿Pero?─ repitió con molestia soltando el rostro del acuariano─. Conmigo no hay peros─ advirtió señalando la perla azulada que adornaba su vestido.

─ ¿Ese es…?

─ En efecto… Manigoldo obtuvo su merecido por traicionarnos─ la figura de la mujer se turbio─. Serénate, Camus. Esos dos santos no podrán contigo, así que no pierdas tiempo... enamora al escorpión y después...─ sonrió─. Mátalo.

─ Así será mi señora.

─ Dime, ¿ya están tras Apolo y Artemisa?

─ Me temo que ese plan no funcionó, Kanon fue el causante─ informó─. Él podría ser un estorbo en nuestros planes.

─ Eso es cierto, pero descuida, ya enviaré a alguien para que se encargue de él. Y tú... No me descepciones.

─ No lo haré─ respondió decidido mientras la joven desaparecia.

─ Así que... ¿intentarás sacarle información a mi hermano?─ empezó la conversación el geminiano con aquel que en esos momentos era su acompañante.

─ Entendería si quieres ser tú─ respondió el ariano.

─ ¿Bromeas? Si me odiaba cuando sabía de nuestra hermandad...

─ Supongo que sería más sencillo. Son gemelos─ recordó mientras continuaban con su caminata hacia la tienda de trajes─. Eso es prueba suficiente, ¿no crees?

─ Es sólo apariencia, no es algo que lo haría recordar. En cambio tú... ─ se mordió ligeramente el labio para evitar continuar al ver que Mu lo veía confuso por lo que acababa de decir─. Tal vez logres algo, después de todo dices que te invitó a salir─ terminó de hablar y abrió la puerta del local.

─ Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarlos?─ preguntó Honey desde el mostrador en cusnto los jóvenes entraron.

─ Buenas tardes─ se adelantó Kanon─. Mi compañero y yo queremos preguntarle algo. Ayer vinimos junto con otros amigos─ inició la explicación sin importarle si la mujer quería cooperar o no.

─ ¿Se les ha olvidado algo?─ interrumpió dispuesta a ir a la parte superior del lugar.

─ No se trata de eso.

─ Kanon─ le advirtió Mu para evitar que hablara de más.

─ ¿Sucede algo malo?─ indagó preocupada.

─ Ayer desapareció un amigo nuestro y queremos saber si alguno de ustedes lo vio anoche─ prosiguió─. El llegó con nosotros, el de cabello verde, no sé si lo recuerdes.

─ Sí, por supuesto. Jóvenes tan guapos como ustedes son difíciles de olvidar─ dijo un tanto entusiasmada por conocer a los hombres de quienes hablaba─. Pero su amigo ya no volvió.

─ ¿Está segura?─ cuestionó Mu.

─ Claro─ aseguró─. Después de llevarlos con Ed, regresé a aquí.

─ ¿Y si regresó cuando estabas con nosotros?─ propuso Kanon.

─ Contamos con cámara de seguridad, si gustan puedo mostrarles el video─ ofreció dirigiéndose hacia la cortina que separaba el lugar de las escaleras.

─ Me parece perfecto─ sonrió satisfecho el peliazul─. ¿Por qué no me esperas afuera?─ le preguntó al pelilila dándole la excusa perfecta para buscar a Saga. El ariano asintió y salió del lugar.

─ He venido a relevar al Caballero de Acuario─ mintió Camus al llegar a donde Milo y Dégel se encontraban. El aludido se retiró del ventanal que custodiaba y se dirigió al octavo custodio.

─ Recuerda lo que hablamos─ susurró al oído del escorpión mientras era vigilado por el otro acuariano─. Nos vemos─ le dirigió a Camus cuando pasó por su lado.

─ Veo que te llevas bien con él─ observó mientras se aproximaba a Milo.

─ Así es─ encaró al onceavo custodio.

─ Me disculpo por lo de esta mañana─ el de Escorpio lo miró incrédulo─. Pero debes de aceptar que ese comportamiento es infantil.

─ Tienes razón─ pronunció cansino─. Ya no es lo mismo a cuando comenzamos─ retiró su casco─. Necesito decirte algo.

─ ¿De qué se trata?

─ Creo que… me estoy enamorando de Dégel. Considero que decírtelo es lo mejor, lo nuestro…

─ ¿Lo nuestro?─ se acercó a Milo, enrollando su cuello entre sus brazos─. Déjame demostrarte que soy al único al que amas─. Juntaron sus labios, moviéndolos a un ritmo que ya estaba grabado en ellos desde tiempo atrás. El acuariano se entretenía degustando aquella cavidad, aquella que inexplicablemente le hacia sentir una corriente eléctrica recorriéndole todo el cuerpo, mientras que las manos de Milo dejaban caer el caso para perderse en la camisa gala─. Por favor, permíteme recuperarte─ pronunció con dificultad mientras continuaba besando al griego.

─ Lamentamos la interrupción─ dijo Shura llegando al lugar junto con el arquero─. Es nuestro turno para cuidar a Atenea.

─ Claro─ respondió Milo, saliendo del transe en el que había caído como causa del beso─. Lo siento, Camus─ apartó al mencionado y sin dirigirle la mirada al de Acuario, rejuntó su casco del suelo y se retiró.

─ Con permiso─ se disculpó Camus con los dos santos antes de irse en la dirección opuesta.

─ Ellos dos…

─ Han estado juntos desde siempre─ finalizó Shura sin poder evitar que una sonrisa se dibujara en su rostro.