Muchas gracias a las personas que leen mi fanfic, una disculpa si tardo en subir los capítulos. Aquí está el onceavo, felices fiestas :D
Los personajes (excepto Honey, ella es inventada por mi mente) no son míos, pertenecen a Masami Kuramada y Shiori Teshirogi.
Capítulo XI
Engaño.
"Desear no es querer. Se desea lo que se sabe que no dura. Se quiere lo que se sabe que es eterno".- Rousseau
"Me levanto con cuidado de no despertarte, me estiro debido al malestar que había dejado en mi cuerpo el duro piso, localizo mi pantalón a unos cuantos pasos de mí. Voy por él y me visto. Agarro unas cuantas hojas de papel, tinta y una pluma, me siento frente la mesa que se encuentra en mi alcoba y comienzo a escribir con detalle lo ocurrido en mi más reciente misión, como lo había ordenado el Patriarca. Me encontraba sumergido en mi tarea cuando siento tus brazos rodearme por el cuello.
─ Te he extrañado, El Cid─ besas con afecto mi mejilla y después me sueltas.
─ Tengo cosas que hacer, Sísifo─ te recargas en la mesita resignado, aunque para mí no pasa desapercibida tu desnudez.
─ ¿Es el reporte de tu misión?
─ Así es─ te respondo aunque tú ya habías regresado atrás de mí.
─ Primero el deber─ dices jugando con el lóbulo de mi oreja.
─ Primero Atenea─ dejo la pluma en el tintero, aún tenía unas horas antes de ir con el Patriarca... Puede que el deber y Atenea sean prioridad pero a veces, cuando nadie más veía, podía demostrar que Sísifo es quien más me importa".
Las caricias que habían comenzado hambrientas por el cuerpo del otro, ya se habían transformado en toques delicados, en caricias que deseaban reconocer esa piel. Milo degustaba de recorrer con sus yemas a aquellos rosados labios que tanto le gustaban, mientras compartían miradas... zafiros y turquesas volvían a provocarse. El escorpión se incorporó un poco para poder contemplar esas piedras preciosas con mayor facilidad. Recorrió la mejilla francesa con sutileza para después pasar a su cabello y descender al cuello, observando como Camus cerraba los ojos para poder disfrutar del contacto puro. Se aproximó a él lo más que le permitió el cuerpo que estaba encima del suyo, para besar sus comisuras y dirigirse a su verdadero objetivo.
─ Regresa a mí, aunque sea sólo por esta noche─ susurró en su oído. Permaneció junto al inerte acuariano esperando una respuesta que parecía no llegar.
Camus no se inmutó ante la petición, para él era evidente que Milo soñaba con una fantasía que él no podía cumplir. Enrolló sus brazos en el cuello griego, aferrándose a él con fuerza.
─ Si todo no fuera mentira─ le respondió desconcertando al escorpión.
─ ¡Plasma relámpago!
Los cristales de las ventanas se rompieron al instante provocando un fuerte estruendo, haciendo que Milo y Camus se pusieran en alerta: el ataque había sido lanzado sin duda por Aioria desde afuera de la casa. Velozmente el acuariano se colocó de nuevo su camisa siendo imitado por el griego y sin demora se dirigieron hacia el exterior.
─ ¡Que no se escape, Aioria!─ gritó Aldebarán.
Los dos santos trataban de comprender lo que ocurría mientras observaban como rápidamente sus dos compañeros perseguían a una figura negra y amorfa. Milo comenzó a correr tras ellos con el fin de alcanzarlos y acabar con el enemigo. Por otra parte, Camus se había dirigido hacia la zona boscosa, en donde podía sentir que se encontraban los verdaderos responsables de ese desorden. Se introdujo en la zona hasta encontrarse con la misma persona que lo había visitado en su habitación.
─ ¿Mi señora, qué ocurre?─ preguntó tratándose de explicar la razón del por qué estaban ahí─. Es peligroso que este aquí, todos... ─ se detuvo pues algo le comenzó a cerrar la garganta, impidiendo que pudiera respirar correctamente por lo que comenzó a tratar de tomar suficiente aire con fuertes inhalaciones.
─ ¿Ahora ni siquiera te arrodillas para dirigirte a mí?─ la mujer agitó su mano con desdén haciendo que el cuerpo de Camus saliera disparado contra un árbol.
─ Pasar tiempo con esos sujetos te ha hecho un irrespetuoso, Camus─ se mofó El Cid colocándose junto a su diosa.
El acuariano se levantó adolorido por el impacto, mientras se llevaba una mano a la garganta comprobando que la opresión había sido detenida. Viró para observar a la pareja sorprendiéndose de la rapidez con la que redujeron la distancia pues ya se encontraban a escasos pasos de él. La mano de la chica se volvió a mover pero ahora se había posado en la frente de Camus.
─ Te advertí que no cayeras en sus juegos─ recordó sin detener su labor a pesar de los gritos ahogados del galo.
─ ¡Cuidado!─ El Cid empujó con fuerza a la mujer derribándola para evitar que el ataque de Shura la dañase, ocasionando que el cuerpo inconsciente de Camus también cañera por haber roto el contacto─. ¡Huya!─ El Cid se incorporó con velocidad para ayudar a hacer lo mismo a su diosa. No habían corrido mucho cuando una flecha atravesó la pierna del Capricornio imposibilitándole escapar junto con la deidad, aunque ésta ya había desaparecido.
─ No te muevas─ advirtió Sísifo apuntándole con una flecha mientras mantenía el arco listo para atacar, mientras su mirada contraatacaba la de su compañero─. Shura, ¿cómo está Camus?─ preguntó a su compañero sin quitarle la vista a su enemigo.
─ Está inconsciente, necesitamos regresar─ cargó el cuerpo de Camus acomodándolo lo mejor que pudo entre sus brazos─. Quien sea que haya sido la otra persona ya se ha marchado─ el de Sagitario asintió.
─ Tú vendrás con nosotros─ movió su cabeza indicándole a su prisionero la dirección a seguir.
…
Un par de horas habían pasado desde el ataque. Después de discutir sobre los hechos, los santos se repartieron distintas tareas para reparar el desastre, y a él, tal vez por razones obvias, se le había asignado el interrogatorio de El Cid... Lo conocía bastante bien y sabía que no revelaría absolutamente nada. Caminó hasta llegar a donde lo tenían recluido, una pequeña biblioteca que contaba apenas con algunos libreros, un piano frente a las enormes cortinas corridas que cubrían el ventanal y en el espacio libre se encontraba el prisionero sentado en una silla atado con unas cadenas que estaban sujetas al suelo. Sísifo encendió la luz para poder apreciar con claridad a su antiguo amigo, un sentimiento de melancolía le invadió pero al ser visto con desprecio por el de capricornio lo hizo a un lado. Se aproximó hacia él seguido por la mirada del otro y al estar lo suficientemente cerca se arrodilló dejando un recipiente con material de curación junto a él.
─ Esto te dolerá─ informó justo antes de sacar la flecha del cuerpo del décimo guardián. El de Sagitario lo sintió contraerse y escuchó como El Cid había apaciguado un gemido pues no se mostraría débil ante nadie.
─ No necesito tu lástima─ murmuró tratando de amortiguar el dolor que le había causado la acción del arquero.
─ No es lástima, El Cid─ tomó algodón y unas gasas para controlar la sangre que salía de la herida descubierta─. Es mi turno de cuidarte─ el de Capricornio soltó uno sonido sarcástico ante el comentario que el castaño decidió pasar por alto. Continuó con su labor sin recibir ningún reproche hasta que colocó sus manos en el orificio del pantalón.
─ ¿Qué crees que haces?─ preguntó molesto al percatarse de que su acompañante pretendía desgarrar su pantalón.
─ Necesito vendar la herida─ explicó y, antes de recibir otro reclamo, rompió el oscuro pantalón. La respiración de El Cid dejaba en claro su enojo pero Sisifo no pensaba dejar que él controlara la situación porque sino nunca conseguiría lo que deseaba. Vendó lo mejor que pudo y se incorporó después de recoger los desechos─. Buenas noches.
─ ¿Eso es todo? ¿Sin tortura para hacerme hablar?─ preguntó antes de que el arquero saliera de la habitación.
─ Tal vez así acostumbren hacer las cosas ustedes pero nosotros no─ volteó sobre su hombro para mirarlo.
─ Por eso perderán todo.
Sísifo se percató de la mirada maliciosa de El Cid y sin hacerle caso a sus provocaciones se marchó. El de Capricornio intentó librarse de su atadura pero una vez más esta brilló con intensidad calándole en los ojos, bufó con coraje al confirmar que esas cadenas no eran mundanas. Cerró sus ojos en espera de un caos que no se tardaría en llegar.
…
Kanon había sido uno de los santos a los que se les asignó la tarea de vigilar el perímetro de la mansión y cumpliendo con lo indicado se encontraba recorriendo los alrededores. La armadura de Géminis se encontraba siendo portada por el otro custodio de la tercera casa y a él, para su protección, Poseidón le otorgó una vez más la armadura del Dragón Marino. Caminaba por el lugar donde ocurrió el ataque contra Manigoldo, aunque él no estuvo presente la mancha de los restos de sangre le indicaba que era el sitio.
─ ¿Acaso te perturba?─ preguntó Sorrento al notar cómo el geminiano veía aquella evidencia con tanto interés.
─ He visto cosas peores─ respondió con desinterés─. ¿Te ha llamado Poseidón?─ miró al General Marino que por un tiempo fue su compañero.
─ Escuché sobre lo ocurrido, por un momento creí que...─ se detuvo cayendo en cuenta que estaba hablando de más. Retiró su casco tratando de restarle importancia a lo que había dicho pero el gemelo no necesitó que le dijera más para saber a lo que se refería.
─ Será esta noche… es la ocasión perfecta.
─ Entiendo─ pronunció ocultando bien el vacío que le ocasionaba escuchar esas palabras. Hace muy poco, Kanon le había informado que la misión de Shaka era asesinarlo y que él se lo permitiría, por eso cuando llegó la noticia del ataque a los santos no perdió tiempo y se había dirigido al lugar─. ¿Ya se acercó a ti?
─ No... En ningún sentido─ continuó para dejaren claro la situación y así evitar problemas con el de cabellos lilas.
─ No sé a cuáles sentido te refieres─ se hizo el desentendido y fingió distraerse contemplando el quiosco que estaba cerca del lugar. Kanon simplemente sonrió mostrando un poco de ternura.
Cuando todo comenzó, al ser revivido, lo primero que hizo fue buscar a Sorrento y éste, después de reponerse de la sorpresa, lo había recibido con los brazos abiertos a pesar de que su relación no había sido del todo próspera. Sin embargo, cuando se lograron localizar al resto de los Caballeros de Atenea, supo por otras fuentes la manera en que tendría que devolverles la memoria y si bien Shaka había tenido una relación con Aioria, también había formado lazos con él y cabía la posibilidad que fueran precisamente esos lazos los que le regresaran los recuerdos. En el momento que aceptó acompañar a la diosa junto con los otros santos no sólo le había traído amenazas por parte del león sino también dificultades en su relación con Sorrento. Pero al final, éste comprendió que Kanon sólo lo hacía para dispersar las dudas que posiblemente Shaka aún conservaba sobre sus sentimientos.
─ Todo esto terminara pronto─ dijo, atrayendo la atención de Sorrento de nuevo hacia él─. ¿Podrías traerlo?─ preguntó ante la mirada resignada del otro.
Sorrento sacó su flauta y comenzó a tocar una melodía que sólo Shaka sería capaz de escuchar. Dejaba que el aire se llevara cada nota mientras él era incapaz de sostenerle la mirada al dragón marino pues él mismo le estaba trayendo a su asesino a la persona que amaba. Cuando finalizó su tarea, ninguno fue capaz de articular palabra alguna, ya se habían dicho todo y en ese momento estaba de más repetirlo. Los pasos de Shaka podían escucharse y eso era lo único que Sorrento necesitaba para entender que era hora de marcharse.
─ ¿Kanon?─ preguntó el rubio, confundido por su presencia en el lugar─. ¿Haz sido tú el que tocó esa música?
─ No sé a qué te refieres─ lo encaró dispuesto a no darle rodeos a la situación, se percató de la ropa casual que lucía el sexto custodio, nada comparado con su armadura─. Esta es la oportunidad que esperábamos─ sus miradas se encontraron unos breves segundos antes de que el rubio cerrara sus ojos como le era costumbre. Shaka se aproximó al gemelo sabiendo a que se refería su compañero─. Antes que nada, quiero pedirte una disculpa─ el sexto custodio se detuvo y le volvió a enfrentar con la mirada─. Sé que mis decisiones te hicieron sufrir en el pasado.
─ Eso, como tú has dicho, es parte del pasado.
─ Pero está afectando tú presente o más bien yo lo estoy haciendo y lo que menos quiero es ocasionarte problemas.
─ No lo haces, es sólo que…─ desvió la vista al no saber como expresar la confusión que el Dragón Marino le hacía sentir.
─ Puede que seas el caballero más cercano a Dios pero en cuestiones de amor eres un completo idiota.
El rubio regreso su mirada ofendido por el comentario pero Kanon no le había dado tiempo para reprochar pues lo abrazó tan rápidamente que Shaka no tuvo tiempo de reaccionar hasta que notó los brazos del griego aferrándose a su cintura. Mientras que oculto entre el quiosco, un herido Aioria contemplaba la escena.
─ Te lo dije─ viró para encontrarse con el dueño de la voz. Se sentía tan ofendido que era incapaz de hablar… le había advertido tantas veces a Kanon que se alejara de Shaka y ahora estaban allí protagonizando lo que para él era una escena romántica. Tomó una bocanada de aire para tranquilizarse, por primera vez no sería impulsivo, esperaría la oportunidad de enfrentarse al virginiano a solas y le diría todo lo que en ese momento tenía ganas de gritarle. Se marchó en silencio con el orgullo herido dejando a solas a quien lo había citado en ese lugar… Sorrento sólo lo miró marcharse sin decirle más.
─ Hazlo─ le susurró al sexto guardián─. Y arregla todo lo que tengas pendiente, no sabemos si saldremos con vida de esto.
Shaka asintió, hizo aparecer una daga de plata y con agilidad cortó el cuello de Kanon haciendo que la sangre saliera a chorros, se alejó unos pasos sin dejar de observar como el peliazul se arrodillaba mientras llevaba sus manos hacia la herida tratando de contener la hemorragia. El rubio miró el cuerpo de Kanon caer inconsciente al suelo y se marchó con rapidez hacia su habitación.
