Capítulo 5: Empieza una carrera contra el reloj
Matthew no dejaba de atacar a Cian. Siempre en ofensiva, nunca en de defensiva. Gritó dando un ataque lateral con el palo de hockey: ―¡Me las vas a pagar, maldito desquiciado!
―Thank you, thank you very much, Mattie! ―Un contraataque con flechas ―. It's an honour play with you!
Y seguían las burlas. Los mellizos utilizaban arco y flechas, pero en determinado momento ya no pudieron usar el arco. Ocuparon únicamente las flechas como arma de corto alcance.
A diferencia de Matthew, Francis utilizaba dos armas de fuego para atacar y no se encontraba en un estado emocional tan fuerte como el menor. Los mellizos, pues, ¿qué les parece tener unos risueños cazadores con un fino sentido del humor y gran habilidad para burlarse de alguien en cualquier situación? Bueno, les gustara o no, Francis y Matthew debían soportar a esos dos en un momento de crisis. Y digamos, sólo por la necesidad de saber, que ninguno de estos dos se encontraba en óptimas condiciones. ¿Por qué? Simplemente algo no estaba bien.
El canadiense tenía heridas en los brazos a punta de flechas y ni así dejaba de tener la misma energía para luchar contra el morocho, Cian. Por otra parte el francés no tenía más que golpes y rapones por estar de un lado a otro, disparando y esquivando al moreno de la cicatriz, Liam.
―Eres una verdadera molestia… ―decía Francis detrás del sofá volcado, apuntando a Liam, quien estaba al otro lado de la sala detrás de una pared y con sólo la cabeza y sus armas asomándose― . ¿Por qué no te quedas quieto y te comes mis balas?
―Mejor te hago acupuntura extrema con mis flechas. Apuesto a que te sentirás mucho mejor y podrás sonreír algún día, hahaha.
―¿Y volverme como tú y los otros imbéciles? Lo siento, llevo años luchando para que no se me contagie su maldita locura.
―¿Dices locura? ¡Yo diría paraíso! Vamos, Francis, no tengas miedo y únete.
No dejó responder, de inmediato lanzó con velocidad sorprendente flecha tras flecha; todas dirigidas hacia su contrincante. Y estas flechas no eran normales, estaban cubiertas por magia, la cual las volvía tan filosas y sólidas que atravesaban los muebles y caían sobre el suelo de concreto con gran estrépito. Esto no le dejó a Francis atacar y tuvo que correr por toda la casa, esquivando más que atacando.
Sin embargo Liam y Cian sólo podían sonreír, no importaba en absoluto el ataque de los otros dos. Frustración e ira por parte de Matthew y Francis. Regocijo y burla orgullosa poseían Cian y Liam.
Y el francés no aguantó más, no sólo estaba cansándose mucho —sin saber bien el motivo— sino que no necesitaba ni quería seguir lidiando con esos. Guardó sus armas y se dispuso a sacar un par de granadas en medio del ataque de Liam y cuidando que no lo viera hacerlo. Fastidiado por todo corrió, esquivando por milímetros los ataques, rápidamente donde Matthew y pateó a Cian por la espalda, haciendo que callera al suelo estrepitosamente.
Matthew se molestó, nadie le quitaba su presa. Pero antes que pudiera decir palabra alguna Francis lo jaló del brazo diciendo: —Tenemos que salir, lo están haciendo a propósito.
No esperó respuesta haciendo que corriera con él mientras lanzaba las dos granadas al salir por la puerta corriendo, sabía que Matthew entendió que su compañero tenía la cabeza lo suficientemente fría como para no dejarse llevar por la distracción de los británicos. Dos segundos después de salir se escucharon las dos explosiones, olvidándose de los mellizos…al menos por unas horas.
Mientras tanto en la dimensión alterna.
Ludwig, Kiku y Feliciano se encontraban en la casa, perteneciente ahora, del italiano; felizmente jugando a la piñata. Lo cuál sería un poco normal si no fuera porque la piñata no era cartón cubierto de papel de color, oh no. ¡Damas y caballeros, nuestro nuevo producto innovador está hecho de carne y hueso! ¿Qué tal si colgamos una red en un árbol con alguien metido adentro? Y por supuesto que no será cualquiera, sino una nación, para que aguante. Este juego fue patentado por Arthur y en Second Parallel tuvo tanto éxito que Feliciano adoptó el juego.
Y esa nación resultaba ser China. Entre los tres intrusos se las arreglaron para poder divertirse un rato con el contraparte de su compañero Yao. Pero claro, Ludwig, Feliciano y Kiku no sólo estaban con energía, sino que el humillar y torturar a un enemigo los hacía sonreír y sentirse más superiores. Cada vez más fuerza, cada vez más poder.
Aunque de China no podríamos decir lo mismo. Él estaba hecho un ovillo dentro de la red colgante; magullado, adolorido y humillado. ¡¿Cómo pudo dejarse vencer?! ¡¿Cómo?, por amor a lo sagrado! Un experto en armas y artes marciales fue capturado en menos de una hora por un trío de locos, es totalmente absurdo.
Por la mente del chino sólo pasaba la desesperación y la impotencia cargada de ira.
—Maldición…no puedo liberarme y ¡Agh!... Estos tipos tienen la mente podrida, aru…
—¡China! —Llamó Feliciano—. ¿No te estás divirtiendo?
El trío de ojos brillantes y maldosos empezaron a reír. En sus manos sostenían katanas sin desenfundar, préstamo del japonés, las cuales tenían la funda manchada de la sangre de China, el cual, a pesar de tener más moretones que otra cosa, también tenía partes de su cuerpo sangrando sin parar. El mencionado los miró con desprecio, pero esto sólo los hizo sentirse mejor, sólo les levantó el ego verlo con el rostro hinchado y sangrando, logró hacerlos reír con burla y orgullo desmesurado porque su rostro demostraba cansancio y derrota.
Pero él no dijo nada, abrazado dentro de la red colgante se limitó a mirarlos fijamente. Así que las burlas siguieron, esta vez por parte de Kiku: —Creí que te gustaban las cosas lindas y divertidas.
—Hasta yo me divierto —siguió Ludwig con una sonrisa arrogante—. ¿Por qué tú no?
Entonces los golpes continuaron cual fiesta.
—Me divertiré cuando ¡agh! …ustedes se larguen y mis compañeros logren hacer justicia, aru…
Por otro lado las seis ex naciones todavía debían luchar por mantenerse con vida, costara lo que costara. El problema es que debían apresurarse, sólo era cuestión de tiempo para que más naciones de 2P se enteraran de la presencia de ellos en ese mundo. Lograron llegar hasta un callejón oscuro y baldío. Gracias a Francis y Matthew pudieron olvidarse de los hermanos de Arthur; así que por el momento debían recobrar algo de energía. Es aquí, donde regresamos al inicio.
Inglaterra consolaba a Estados Unidos. Todos se encontraban refugiándose de la tormenta bajo una lámina que colaba el agua de la lluvia, cayendo ésta sobre sus cabezas; sentados contra la pared. Aún se escuchaba el mascullo y las maldiciones lanzadas al aire por parte de la mayoría; los más débiles de carácter debían consolarse. No era para menos que estuviesen perturbados tras la "bienvenida" que se les dio en aquel caótico lugar y todo lo que habían vivido hasta ahora.
La fría lluvia lavaba poco a poco los temblorosos cuerpos manchados de sangre. Estados Unidos lloraba acurrucándose en los brazos del británico, repitiendo que lo sentía y que de no ser por él no estarían viviendo tal pesadilla. Estados Unidos no se sentía un héroe, sabía bien que, a propósito o no, manipulado o no, el hechizo detonante lo realizó él.
―Ya deja de culparte, idiot, lo que necesitamos ahora es buscar la forma de volver, en lugar de andar lloriqueando― lo regañó Inglaterra, estaba cansado de las horas que había pasado diciendo todo eso.
―Pero es que si yo no…
―La culpa no es toda tuya, es mía y de los locos que gobiernan este asqueroso lugar.
―Dejen de lamentarse entonces ―les dijo Iván desde otro extremo del lugar.
Estados Unidos lo miró de reojo y solamente volvió a acurrucarse en el mayor. No hubo más palabras. El único sonido era la lluvia imponente y el eco del desastre que los rodeaba. Una escena rara, todavía no concordaba la apariencia con el alma.
Unos minutos después escucharon unos pasos, vacilantes y algo torpes. Miraron con impaciencia la entrada del callejón, listos para quien viniese. Sin embargo el alivio vino al darse cuenta que se trataba de Matthew y Francis. El mayor no se veía tan bien como antes ¿cómo verse bien si se está apoyado al hombro de alguien y caminando como con dos pies izquierdos? Matthew al menos podía mantenerse, pero Francis parecía estar muy débil aunque las heridas que presentaba no eran de gravedad.
―Inglaterra.
Lo llamó Matthew, sentándose frente a él para verlo mejor mientras dejaba a Francis recostarse a su lado. El aludido lo miró detenidamente, separándose de Estados Unidos. El resto guardó silencio, con atención e interés completo.
―¿Sabes, aproximadamente, cuánto te tardarías en hallar una manera de abrir el portal hacia First Parallel, si te diéramos todos los utensilios?
―No sabría decírtelo, pienso que podrían ser tres horas como mínimo.
―¿Por qué tanto tiempo? Habías logrado mandarnos de regreso a este lugar.
―Eso fue porque pude leer la mente de Arthur y encontrar el contra-conjuro. Además…no tengo memorizado el "Alius Dimensionem".
Ante aquella respuesta una duda asaltó la mente de Estados Unidos. ¿Por qué él sí pudo activar el hechizo si no maneja la magia o tan si quiera creía en ella? Inglaterra le respondió. Estaban metidos en un problema basado en magia negra, magia prohibida la cual está hecha para causar caos. Sin embargo esta sólo puede ser utilizada adecuadamente por personas que sepan usarla. Entonces ¿por qué Estados Unidos pudo usarla si no tenía ese conocimiento? Respuesta: Arthur manejaba la magia negra con maestría, creó ese hechizo específicamente para que cualquiera pudiera activarlo.
Inglaterra, mirando nuevamente a Matthew, le pidió el motivo de la primera pregunta, este simplemente mencionó: ―Siento a Canadá sufrir y Francis está teniendo pequeños colapsos desde hace rato.
Ante esto el resto se miraron unos a otros, alterados.
―¿N-No estaba dormido? —Pregunó Inglaterra mirando al castaño junto a Matthew.
―No, por eso te pregunté, al parecer nuestros queridos compañeros se están divirtiendo en 1P. Tal parece que hicieron que hasta nosotros resintiéramos lo que les hacen a sus ex compañeros. Aunque eso no es tan preocupante, al menos no para nosotros… Pero ustedes ¿no se sienten cada vez más débiles?
Los orbes celestinos del británico se abrieron de par en par, totalmente asustado. Susurró para sí mismo: ―¿Acaso… no era un efecto secundario?
―¡Oye, Veneciano! ―Se escuchó de Romano quien estaba al lado de ellos―. ¡Maldición! ¡¿Qué demonios sucede?!
Yao y Alemania de inmediato se levantaron para auxiliar a los italianos. Inglaterra se levantó siguiéndolos, temiendo lo peor que pasó por su mente.
El menor de los italianos se encontraba peor que antes, pálido, apenas respiraba y su rostro sólo mostraba dolor. El resto de las ex naciones presentes se encontraban atónitos. Los nativos del lugar no; ellos, aunque fuera por alguna idea o noción, sabían lo que ocurría. Inglaterra se tomó la cabeza con ambas manos, desesperado y casi entrando en pánico. No podía creerlo, se lo repetía una y otra vez "no, no, no, no. Esto no puede estar pasando, no". Negaba con su cabeza, agachándose y restregando sus manos en su empapado cabello.
Sus compañeros exigieron una respuesta rápida y clara. Él, temblando más por el sentimiento que por la fría lluvia, respondió: ―Es-Estamos muriendo, no sólo nos quitaron nuestro poder como naciones… Nos están robando nuestra vida.
El pánico invadió a sus compañeros, ninguno presentaba más que una expresión que denotaba sorpresa y un estado de shock. Ahora la carrera contra el reloj se había iniciado, sus vidas entraron en el famoso y curioso juego de la vida y la muerte.
...
Thank you, thank you very much, Mattie! It's an honour play with you!: ¡Gracias, muchas gracias, Mattie! ¡Es un honor jugar contigo!
